martes, 8 de noviembre de 2016

El Gozo, parte 23

Capítulo 6 (continuación)

Las personas se enamoran genuinamente y experimentan la alegría de la entrega en forma temporaria. No perdura porque era más necesidad que amor, pero esto no explica el hecho de que la persona enamorada lo viva como verdadero cariño. Yo podría explicarlo diciendo que el enamoramiento tiene un componente regresivo que proviene de la infancia, cuando ese amor era un compromiso cabal. La persona vuelve a experimentar el amor que una vez sintió por la madre o el padre, pero al hacerlo retrocede en una parte de su personalidad hasta llegar a ser un niño nuevamente. En este aspecto de su personalidad, busca el apoyo y el estimulo que entonces necesitaba. Así, si bien el sentimiento del amor es genuino, no proviene de una entrega al cuerpo y al self, sino del abandono de la posición adulta, que implica valerse por si mismo, solo, y asumir con responsabilidad los buenos sentimientos propios.

Creo que es responsabilidad del terapeuta confrontar al paciente con la verdad de su actitud, por supuesto, con un sentimiento de empatía, que lo ayude a comprender.

El varón está atrapado en una constelación edípica y se erige como un rival de su padre. Si se entrega de lleno al amor que siente por su madre, se arriesga a que ella se apodere de él y lo convierta en “el bebé de mamá”, apartándolo del padre. Si la rechaza, se arriesga a que se muestre hostil con él y le retire su amor y el apoyo que todavía necesita.

Cuando un hijo se erige como rival de su padre, se vuelve vulnerable a los celos y la ira de este ultimo. Comienza a temerle, porque siente que competir con él provoca su hostilidad. No competir implica perder el amor de su madre. El interés sexual de ésta por él alaba su ego y excita su cuerpo, y resulta muy difícil resistirse, pero ceder a la seducción y entregarse a la excitación lo conduciría a una relación sexual con su madre, perspectiva aterradora y peligrosa. Esto es lo que le sucedió a Edipo, quien ignorando su verdadera identidad, mató a su padre y se caso con su madre. Su sino fue trágico. Para evitar este peligro, el niño debe cortar todo deseo sexual por su madre y, como consecuencia, se siente psicológicamente castrado.

La inocencia perdida no se recobra, pero si se puede eliminar la culpa devolviendo a la autoexpresión su plenitud y libertad, incluso la expresión del deseo sexual.

La conciencia de uno mismo es una fuerza alienante, por cuanto lo obliga a uno a ser consciente de su separatividad. En el hogar uno era parte de la familia y encontró su identidad a partir de la posición que ocupaba en ese grupo. Esa identidad pierde relativamente significado en la escuela, donde el niño es uno más entre muchos. En este ámbito, entablará con uno o más de sus pares nuevos lazos, basados en el hecho de que comparten una situación común e intereses y sentimientos similares. Estos vínculos pueden ser muy fuertes, así como el sentimiento de amor entre dos niños. El niño todavía conserva el apego por su familia, pero este amor, si es sano, lo libera y sostiene en su proceder para entablar relaciones con sus pares. Si el niño está aferrado a su familia, no puede relacionarse con sus pares. Si se vio privado de amor en el hogar, se volverá dependiente e inseguro con sus nuevos amigos. Si lo hicieron sentirse especial en el hogar, competirá con sus nuevas relaciones y buscara dominarlas. En uno u otro caso, sus amistades no le ofrecerán la felicidad que anhela.

El amor en una relación sana y amistosa entre dos niños fortalece el sentido individual del self. Se diferencia del amor que siente el niño por el padre del sexo opuesto, en el cual, como hemos visto, hay una entrega del self. El sexo no está ausente en estas relaciones ya que es un hecho de la vida, pero su impulso se reduce en gran medida, de manera que el nuevo sentido consciente del self puede desarrollarse y alcanzar su madurez.

En los primeros tiempos de la teoría psicoanalítica, Freud postuló la existencia de dos instintos antitéticos que describió como el instinto de autopreservación o instinto egoico y el de preservación de la especie o instinto sexual. No se puede negar que estas dos fuerzas existen en la personalidad, no importan como se las describa. En un adulto, son fuerzas polares que representan una carga energética del cuerpo que palpita entre los polos superior e inferior, entre la cabeza con sus funciones egoicas y la pelvis con sus funciones sexuales. Como cualquier actividad pendular, en ningún extremo la carga puede ser mayor que en el otro. Así, en términos de la carga energética, el ego no puede ser mas fuerte que su contrapartida, la sexualidad.

Este principio parecería refutado por los individuos narcisistas, en quienes un egoísmo exagerado se asocia con una potencia sexual disminuida. Sin embargo, su grandiosidad no demuestra una verdadera fuerza del ego, todo lo contrario. La imagen del ego pomposo se agranda para compensar la impotencia sexual.
La verdadera fuerza del ego se manifiesta en la mirada, que es directa, sostenida y fuerte. Esta mirada proviene de una fuerte carga energética en los ojos y se corresponde con una carga similar en el segmento genital. Dicha equivalencia está expresada en un dicho popular “Ojos ardientes, cola caliente”. Los ojos brillantes también denotan un ego fuerte, que esta enraizado con el cuerpo y que proviene de los sentimientos de placer y gozo que experimenta la persona. Siempre se adivina cuando alguien esta enamorado por el brillo de sus ojos.

El amor adulto no es una entrega del self, sino una entrega al self.  El ego entrega su hegemonía sobre la personalidad al corazón, pero en esta entrega no se ve eliminado. Más bien se ve reforzado, porque sus raíces en el cuerpo se alimentan de la alegría que éste siente. Cuando decimos “(yo)te amo”, el “yo” se vuelve tan fuerte como el sentimiento de amor. Se puede decir que el amor maduro es una autoafirmación.

Es imposible tener una relación amorosa madura a menos que uno sea una persona madura, capaz de valerse por si mismo, solo, si fuera necesario, y de expresar los sentimientos libre y completamente. Este amor no es egoísta, porque la persona se comparte entera. Se centra en el self, pero esto hace que la relación sea apasionante, pues cada una de las partes es un individuo con un self único que comparte con su pareja. En tal relación, la gratificación sexual es mutuamente satisfactoria y agradable.

Este punto de vista va en contra de la famosa idea de que en el amor uno, debe estar siempre dispuesto para el otro. Esto conduce a que ambos se sirvan en lugar de compartirse. Uno comparte con un igual, pero sirve a un superior. Estas relaciones amorosas pierden pronto la excitación y la parte que es servida termina buscando fuera la pasión amorosa que le falta en su matrimonio. Cuando esto ocurre, el cónyuge abandonado intenta con ahínco servir mejor, hacer que la relación funcione, ser lo que su pareja necesita.

La entrega no es algo que uno puede realizar por un acto de la voluntad, ya que requiere renunciar a ella. La voluntad es un mecanismo de supervivencia.
Así como uno se enamora, puede desenamorarse y eso ocurre muy a menudo, porque nos desilusionamos si la otra persona no puede satisfacemos. No nos damos cuenta de que nadie más que nosotros mismos puede satisfacernos y de que nuestra gratificación proviene de estar totalmente abiertos a nosotros mismos y a la vida. Cuando la flecha del amor atraviesa nuestra coraza y llega a nuestro corazón, nos abrimos a la vida y la alegría, pero no nos mantenemos abiertos.

Nuestro ego reafirma su poder con fuerza, cuestiona, desconfía y controla. Vemos la apertura como una brecha o herida en nuestra posición de defensa, que debemos cerrar o sanar. Enamorarse no es la respuesta, si lo es estar enamorado, es decir, estar abierto. Primero es necesario abrimos a nosotros mismos, a nuestros más profundos sentimientos, y para ello necesitamos estar libres de miedo, vergüenza o culpa.

El miedo socava la capacidad para entregarse al amor. No es un miedo racional, sino que se origina y cobra sentido solo en términos de la experiencia individual de la infancia. Sin embargo, seguirá siendo poderoso en tanto sigamos actuando como si nos encontráramos en la misma situación de la niñez.

La madurez es la etapa en la vida en la que uno se conoce y se acepta a si mismo. Conoce sus miedos, debilidades y maniobras, y los acepta. No creo que llegue alguna vez al punto en que se sienta completamente libre de los efectos traumáticos del pasado, pero ya no está pendiente de ellos. Aceptar no significa ser impotente. Debido a que los problemas están estructurados en el cuerpo en forma de tensiones crónicas, uno puede trabajar con el cuerpo para liberarlas. Los diferentes ejercicios bioenergéticos que empleamos en la terapia pueden practicarse en el hogar. Esto es posible si la persona ha trabajado con terapia bioenergética y sabe como aplicarlos. Aceptar también significa que uno pierde toda vergüenza acerca de sus dificultades o problemas.

La vergüenza se asemeja a la culpa en que restringe la libertad de ser uno mismo y de expresarse a si mismo. Todos nosotros, habitantes de países civilizados, sentimos cierta vergüenza de nuestro cuerpo y sus funciones animales, principalmente de la sexualidad, pero son pocos los pacientes que hablan de su vergüenza. Se sienten muy avergonzados de hablar de su vergüenza y, como son seres complicados, la niegan. La expresión de sí mismo no se limita a los sentimientos de tristeza y de rabia. La mayoría de las personas tienen algunos secretos oscuros que tienen vergüenza de revelar, y en ocasiones llegan incluso a esconderlos de sí mismos. Los miedos, la envidia, la aversión, las repulsiones y las atracciones, cuando se esconden por vergüenza, se convierten en importantes barreras que impiden entregarse al amor.

La culpa se diferencia de la vergüenza en que está relacionada con sentimientos y acciones mal vistos moralmente, en lugar de relacionarse con algo sucio o inferior. Pero la mayoría de las personas que vienen a la terapia hoy en día son sofisticadas desde un punto de vista psicológico y niegan todo sentimiento de culpa. Luego de ésta negación, uno no puede hablar de ello, lo cual le vuelve difícil liberarse de sus obsesiones. Se les hace creer a los niños que los sentimientos de ira y sexualidad, cuando se dirigen a los padres, son malos moralmente. El miedo se vincula tanto con la culpa como con la vergüenza.

La entrega al amor involucra la capacidad de compartirse enteramente con el otro. El amor no es una cuestión de dar sino de estar abierto; pero esa apertura tiene que iniciarse por uno mismo, para luego pasar al otro. Implica estar en contacto con los sentimientos mas profundos de uno y expresarlos en forma adecuada.



miércoles, 26 de octubre de 2016

El Gozo, parte 22


6. La entrega al amor

Casi todos hemos experimentado la felicidad de estar enamorados en algún momento de nuestra vida. El amor ha sido descrito como el sentimiento mas fabuloso y el mas tierno, como el misterio que da a la vida su significado más rico. Pero también se lo reconoce como la fuente de nuestro dolor más intenso, cuando el amor que sentimos es rechazado o se pierde. Esto es comprensible ya que el amor es un vinculo vital con una fuente de vida y de gozo, ya sea que esa fuente esté representada por un individuo, una comunidad, la naturaleza, el universo o Dios. La disolución de este vínculo se vive, por lo tanto, como una amenaza a la vida, puesto que el amor también es una apertura y una expansión del self para incluir al mundo; la pérdida del amor trae como consecuencia una contracción y un aislamiento que resultan tan dolorosos como fue gozoso el amor. Al dolor de esta perdida del amor lo he llamado desconsuelo. Desafortunadamente, puede durar y a menudo dura más tiempo que el gozo del amor, porque el individuo se vuelve temeroso de abrirse y buscar el amor otra vez. El anhelo de amor permanece en el corazón pero no se puede satisfacer mientras persiste el miedo a la pérdida o al rechazo .

La relación que mejor simboliza un vinculo amoroso es la que existe entre una madre y su hijo. En el mundo natural una pérdida de este vinculo es fatal para el bebé si no encuentra una madre sustituta. Cuando la relación es segura, el bebé se siente satisfecho en su ser y se convertirá en un adulto que puede establecer un vinculo positivo similar de vida con otro individuo en el proceso de formación de pareja.

Una persona no puede ordenarse a si misma amar ni enamorarse. Sucede de modo espontáneo, cuando los individuos que se encuentran notan de pronto que sus corazones laten al mismo ritmo y sus cuerpos vibran en el mismo grado. Puede ocurrir por contacto visual o de algún otro tipo, pero solo cuando la carga de ese contacto es lo suficientemente fuerte como para hacer que el corazón lata, que se acelere el pulso y vibre el cuerpo con una agradable excitación.
Es la excitación de haber encontrado un paraíso perdido, el paraíso que se perdió cuando el vinculo amoroso con nuestra madre se quebró por primera vez.

Ningún niño puede conservar el vinculo amoroso con su madre en forma indefinida. Su destino lo forzará a separarse, a salir al mundo, a buscar una pareja con la cual restablecer un vínculo amoroso que se verá satisfecho en el abrazo sexual y la llegada de la progenie. El niño satisfecho en su etapa oral estará abierto al amor y pasará con facilidad a la posición genital.

El pasaje a la adultez se produce luego de un periodo latencia durante el cual el individuo establece vínculos positivos con amigos, y luego en la adolescencia, cuando entabla relaciones amorosas románticas con el sexo opuesto. Pero, satisfechos o no, todos debemos pasar a una posición adulta por los imperativos biológicos de nuestra naturaleza. Si estamos insatisfechos o hemos sido profundamente lastimados en nuestra infancia, nuestra actitud hacia una relación amorosa madura y nuestro salir al mundo serán vacilantes, y nuestra apertura a la vida se vera  reducida. Podremos enamorarnos, porque el amor es nuestro recurso vital, pero la entrega será solo temporaria. Un aflojamiento momentáneo del control del ego en nuestra continua lucha por la supervivencia.

Esta falta de capacidad para entregarse al amor, al corazón, es la raíz de todos los problemas emocionales que tienen las personas y que presentan en la terapia. El individuo que salió lastimado en sus primeras relaciones con los padres ha erigido una serie de defensas para no ser lastimado nuevamente. A esta amenaza la percibe como una amenaza a la vida. Esas defensas no se encuentran solo en su vida consciente ya que, si así fuera, él podría renunciar a ellas a voluntad. Como ha convivido con ellas desde su niñez, se han convertido en parte de su personalidad, estructuradas en la dinámica energética de su cuerpo. Se ha encerrado en su coraza como un caballero de antaño para que la flecha del amor no pueda atravesar su corazón.

Para describirlo mejor, podemos decir que vive en un mundo cerrado, como un rey en su castillo, y aparentemente se encuentra seguro y resguardado mientras conserva su poder, pero está aislado del mundo de la naturaleza o los sentimientos naturales. Podrá aventurarse en la vida, pero lo hará como una incursión, acompañado por sus soldados de guardia. No tendrá fe en el amor de su gente porque la amarga experiencia le enseño que la traición es un peligro constante. Como todos los seres humanos, necesita del amor, pero también cree que necesita, en igual o incluso mayor medida, del poder. Para un rey, enamorarse es como caerse del caballo. Si eso ocurre, volverá a montar rápidamente para recobrar su posición de poder.

La analogía es valida, ya que en la jerarquía de las funciones de la personalidad, el ego se ve a sí mismo como un rey. El rey podría decir: “Soy el siervo de mi pueblo”, pero en realidad su pueblo lo sirve a él. El ego debería servir al corazón, pero en la mayoría de los individuos el amor se encuentra al servicio del ego, con el fin de aumentar su poder y su sensación de seguridad. Para mucha gente, el amor es tanto la búsqueda del placer y la felicidad como la búsqueda de la seguridad. Siempre que una persona se siente necesitada, insegura o asustada, su búsqueda del amor se ve contaminada con deseos orales o infantiles insatisfechos, y no comparte el placer y la vida con el corazón.

Por otro lado, existen individuos que renuncian a su ego demasiado pronto. Estas personas no encuentran la gratificación que el amor promete porque se rinden a otra persona, no al self. Sin un ego, la persona se convierte en un niño que ve al otro como a un padre o madre para la satisfacción de sus necesidades, es decir, para su gratificación. Este tipo de entrega se ve en los cultos donde, como señalé con anterioridad, el miembro renuncia a su ego y a su self ante un líder todopoderoso y omnisapiente, que por supuesto es un padre o madre sustituto. Si bien la entrega le permite a la persona sentirse libre y feliz, se basa en su negación de que es un adulto, y el líder del culto, un niño emocional cuyo ego está agrandado con la ilusión de la omnisciencia y la omnipotencia. El derrumbe de este culto es inevitable y deja a todos sus integrantes desolados y desilusionados. Esto también ocurre en los matrimonios y las relaciones amorosas, donde la necesidad que el otro debe satisfacer es un aspecto fundamental del apego. Dichas relaciones son descritas como dependientes o codependientes, ya que cada uno necesita al otro. Esto no significa que no haya amor en ellas, sino que ese amor es infantil.

El miedo a entregarse al amor proviene del conflicto entre el ego y el corazón. Amamos con el corazón pero cuestionamos, dudamos y controlamos con el ego. El corazón puede decir “entrégate”, pero el ego dice “cuidado”, “no te descontroles”, “te abandonaran y te lastimaran”. El corazón, como órgano del amor, es también el órgano de la gratificación. El ego es el órgano de la supervivencia, lo cual es positivo, pero cuando el ego y la supervivencia dominan nuestra conducta, la verdadera entrega se hace imposible. Anhelamos el contacto que hace que nuestro espíritu se eleve, que nuestro corazón palpite más rápido y nuestros pies comiencen a bailar, pero el anhelo no se satisface porque nuestro espíritu está destrozado, nuestro corazón está encerrado y nuestros pies no tienen vida. La excitación y el calor del amor producen un efecto de derretimiento en el cuerpo. Uno puede experimentar de hecho esa sensación de derretimiento en la base del vientre cuando el amor es un componente principal del deseo sexual.

El amor ablanda a una persona; pero ser blando es ser vulnerable. De las personas que no pueden ablandarse con el amor se dice que tienen un corazón de piedra, pero el corazón no puede ser de piedra si debe bombear sangre por todo el cuerpo. La rigidez se encuentra en el sistema de la musculatura voluntaria, que encierra al cuerpo en una armadura como la que usaban los antiguos caballeros, e impide a la persona llorar profundamente, entregarse a su tristeza y, por lo tanto, entregarse al amor. Debido a que los niños pueden llorar profundamente, es que pueden amar en forma completa.

Cuando se nos aleja del niño que fuimos, del niño que hay en nosotros, quedamos aislados de la capacidad de amar. Pero esto no significa que debamos comportarnos como niños.
La entrega del ego representa la renuncia a sus defensas inconscientes, que bloquean la apertura y el salir a la vida. Sin embargo, no creo que exista ningún individuo por completo incapaz de sentir amor.
Mientras el corazón siga latiendo, el amor no esta muerto. El impulso de amar puede estar enterrado muy profundo y fuertemente suprimido, pero no puede estar del todo ausente.

La mayoría de las personas sienten algún deseo de amar y pueden salir en búsqueda de ese amor en alguna medida. Esto les permite sentir amor, pero debido a que su deseo es limitado y su búsqueda vacilante, no se ven colmados de la excitación que los elevaría hacia el gozo. Están demasiado asustados para entregarse por completo aunque, en la mayoría de los casos, no están en contacto con su miedo o su limitación. No son conscientes de la tensión de sus cuerpos, que restringe su capacidad para amar. Lo que sienten es un anhelo de amar, que no es lo mismo que la capacidad para amar.  Cuando conocen a alguien que responde a este anhelo, se aferran a esa persona como un adicto o un miembro de un culto. Sienten y creen que el otro tiene la llave que abrirá la puerta de su gratificación y, a pesar del dolor o la humillación que puedan sufrir en la relación, se les hace muy difícil liberarse. En mi opinión, este es el patrón normal en nuestra cultura, ya que la relación amorosa típica es insegura e incierta. Además, como no cumple la promesa de gozo que el amor ofrece, se convierte a la larga en desilusión y recriminación.

El que busca suele obsesionarse con una persona que se parece en algunos aspectos al “buen” progenitor, pero que también personifica muchas de las características del progenitor “malo”, que rechazó al niño o abuso de él. La gratificación no se puede lograr por medio de la regresión por más que ésta ayude a conectarse con el pasado y el niño que lleva dentro. Sin embargo, una vez que el niño despierta y se libera, debe integrárselo a la vida adulta.

 Para la mayor parte de las personas la cuestión no es si aman o no aman, sino si pueden amar con todo su ser. Eso seria esperar demasiado en una cultura como la nuestra, en la que la entrega al cuerpo es vista como un signo de debilidad. Esta entrega a medias al amor nos frustra pero, en lugar de reconocer la causa de nuestro fracaso, culpamos a nuestra pareja. Cierto es que el compromiso de esa pareja con la relación también fue a medias, por lo cual también ella nos culpara a nosotros. Desafortunadamente, no hay manera de lograr que estas relaciones descubran la felicidad que están buscando .

Las relaciones prosperan solamente cuando cada uno de sus integrantes vuelca un sentimiento de gozo en ellas. Intentar encontrar ese gozo a través de otro nunca funciona, a pesar de todas las canciones de amor que venden ese sueño. Amar es compartir, no es dar. El que ama comparte su propio ser por completo con la persona amada. Esto incluye tanto compartir el gozo como el sufrimiento. Como un placer compartido se duplica, al compartir el gozo el sentimiento se acrecienta hasta llegar al éxtasis en el abrazo sexual. Al compartir el sufrimiento, se divide el dolor. La alegría que uno comparte proviene de la entrega al propio cuerpo, no de la entrega al otro.

lunes, 17 de octubre de 2016

El Gozo, parte 21

Capítulo 5 (continuación)

De hecho, el trabajo bioenergético con las piernas comienza desde el principio de la terapia. Luego de los ejercicios de respiración sobre la banqueta, de inmediato sigue lo que se denomina un ejercicio de enraizamiento, en el cual el paciente se inclina hacia adelante hasta tocar el suelo con las puntas de los  dedos. Hemos descrito este ejercicio en el capitulo 2. Aquí lo menciono una vez más por su importancia para mantener al paciente conectado con su realidad, principalmente el suelo en el cual está parado, su cuerpo y la situación en la que se encuentra.

El enojo es un sentimiento muy vehemente y puede abrumar a algunas personas cuyo ego no es capaz de integrar la fuerte carga. Los pacientes esquizofrénicos pueden quedar escindidos si los desborda un sentimiento de enojo. Los fronterizos pueden volverse muy ansiosos. Esto es evitable si se presta constante atención al enraizamiento del paciente. Cuando siento que la carga emocional del ejercicio se vuelve tan intensa que puede tener dificultad para mantenerse en contacto con su realidad, detengo el ejercicio y lo hago enraizarse. Esto reduce la carga del cuerpo, de la misma manera que un cable a tierra en un circuito eléctrico impide que se funda un fusible.

También podemos usar las piernas para expresar enojo por medio de la patada, pero no es una expresión que empleen los adultos en general. Los niños pequeños patean a sus padres o amigos cuando se enojan, pero los adultos rara vez lo hacen.
Sin embargo, la patada cumple una función más importante, que es la de protestar. Me ocupe de esta acción expresiva en el capitulo 3. Es tan básica para el trabajo bioenergético que practico con mis pacientes que me extenderé sobre ella en este capítulo, ya que también constituye una expresión de enojo. En el lenguaje corriente, “patalear una situación” implica protestar acerca de ella. Todos tenemos muchos motivos para protestar por lo que nos hicieron, y es importante expresar esa protesta.

En la terapia bioenergética, se practica la patada como protesta de la siguiente manera: el paciente se tiende en la cama, estira las piernas, y patea la cama con las pantorrillas manteniendo cierto ritmo, una pierna tras la otra. Por lo general, pido a mis pacientes que utilicen palabras al tiempo que patean. La forma mas simple de protestar es preguntar “¿por qué?” Este sencillo ejercicio demuestra vividamente la capacidad de un paciente para expresar sus sentimientos. A muchos les resulta difícil al principio y algunos practican pero con poco sentimiento.
La incapacidad de estos pacientes para realizar el ejercicio en forma adecuada debe analizarse en términos de su historia. Puede mostrárseles que proviene de una infancia en la cual la expresión de protesta no estaba permitida.

Este ejercicio es fundamental en la terapia bioenergética. Si un individuo no puede protestar contra la violación de su derecho innato de autoexpresión, se transforma en una víctima cuya meta es la supervivencia, no la alegría. Una vez que el paciente acepta que tiene derecho a protestar, el siguiente paso es desarrollar su capacidad para que esa protesta sea efectiva.

Algunos pacientes emplean con fuerza la voz, pero la acción de sus piernas es débil e inoperante. En otros pacientes, la patada es bastante adecuada pero la voz es débil y poco convincente. Esta dificultad para coordinar la voz y el movimiento denota una separación de la personalidad entre el ego y el cuerpo, entre las funciones de la mitad superior del cuerpo y las de la mitad inferior. Ningún ejercicio es tan apto para este problema como el de la patada. Se emplea en forma regular en el transcurso de la terapia para ayudar al paciente a desarrollar la coordinación entre las dos mitades del cuerpo y adquirir libertad para expresar con vigor este sentimiento.

El problema de la apertura de la voz se analizo y se trato en el capitulo 3, donde el foco era la incapacidad para llorar; pero no es menos importante que una persona pueda gritar. A través del llanto, uno puede movilizar sentimientos en la boca del estomago, que vienen de lo mas profundo. Este tipo de llanto tiene gran resonancia y es de un tono bajo, profundo, asociado con la “rendición” o la entrega. El grito es un sonido de gran intensidad y de tono alto, que resuena con fuerza en las cámaras de aire de la cabeza. Es lo opuesto a la entrega y, por lo tanto, pertenece al reino de los sentimientos de enojo.

Al gritar, uno “vuela la cabeza”. La carga energética que asciende y termina en un grito inunda el ego y por un momento lo desborda. Es en ciertos aspectos opuesta a la carga que desciende como excitación sexual y culmina en el orgasmo. En ambas acciones, el cuerpo se libera del control del ego y ambas representan, por tanto, una rendición del mismo. Los niños pequeños no tienen mucho problema para gritar porque sus egos todavía no han asumido el pleno control de sus reacciones. Por igual razón, las mujeres gritan con mas facilidad que los hombres, aunque muchas temen soltar el control del ego. El grito es como una válvula de seguridad que permite la descarga de una excitación que no puede manejarse racionalmente. Puede emplearse de esta manera para reducir un estrés intolerable. Yo les aconsejo a mis pacientes que griten siempre que sientan demasiada presión en su interior.

Sin embargo, el objetivo de la terapia no es solo liberar la voz, sino coordinar la libertad de expresión vocal con una libertad igual de expresión física en el movimiento. El ejercicio de protesta es ideal para este propósito. Se le pide al paciente que patee con firmeza, ritmo y fuerza, al par que pregunta “¿por qué?”, sosteniendo el sonido tanto tiempo como le sea posible. Si se queda sin aire, debe continuar pateando mientras respira dos o tres veces y se prepara para decir nuevamente “¿por qué?”. En esta segunda expresión de su “¿por qué?”, la voz se eleva tanto en tono como en intensidad, y la patada se vuelve mas fuerte. Una vez más, al final de la respiración, continuará pateando mientras recupera el aliento. En la tercera repetición, el sonido del ¿por qué? se eleva hasta convertirse en un grito, mientras la patada llega al máximo de su velocidad y fuerza, con esta acción se busca aflojar la expresión de protesta. Si se lo logra, la liberación es completa y el resultado es un sentimiento de alegría.

No obstante, no es fácil lograrlo; la mayoría de las personas están demasiado asustadas para entregarse por completo al cuerpo. En otros casos, el ego se ve desbordado con rapidez y, si bien el paciente llega a gritar, es una expresión disociada, como una reacción histérica, que lo deja mas asustado aun. En este caso, puede replegarse por un momento, acurrucarse y llorar como un niño, luego de lo cual recobrara el autocontrol. Tal experiencia no es negativa ya que le permite darse cuenta de que su regresión y retraimiento son temporarios y de que necesita trabajar más para fortalecer el ego. Los pacientes que han sufrido abusos sexuales durante su niñez tienden a retraerse o a abandonar el cuerpo cuando los sentimientos se vuelven abrumadores. Si se practica este ejercicio de protesta con regularidad, se fortalece el ego conectándolo mejor al cuerpo, lo cual reduce la tendencia a la escisión.

Si la patada, y el grito se integran, el paciente no se escinde de su cuerpo. Pero para que la patada sea libre y efectiva, las piernas deben encontrarse relativamente libres de tensión crónica. Esto no es común, ya que la mayoría de las personas no sienten lo suficiente en las piernas y los pies y no están bien enraizadas. Su energía queda detenida en la cabeza y usan las piernas en forma mecánica. Caminan sobre las piernas y los pies en lugar de caminar con ellos. Sus piernas son muy delgadas o muy pesadas.

Patear es uno de los mejores ejercicios para obtener mas energía y mayor sensación en las piernas. Como ejercicio, pido a cada uno de mis pacientes que patee en forma regular en su casa como lo hace en mi consultorio donde, tendido en la cama, patea 200 veces rítmicamente, contando cada pierna por separado. Las rodillas se mantienen derechas pero sin rigidez, y la patada se da con la pantorrilla, no con el talón. La pierna debe elevarse tan alto como sea posible antes de cada golpe. Debido a que este es un ejercicio para abrir la pelvis, no es necesario acompañarlo de ninguna expresión vocal. La mayor parte de las personas no pueden ejecutar 200 patadas sin parar, y algunas tienen dificultades para llegar a las 100. Su respiración no es la adecuada para este ejercicio, pero con la practica, se vuelve mas profunda y mas libre y se facilitan los movimientos.

Como al correr, este ejercicio promueve la respiración y, por lo tanto, es aeróbico, pero, a diferencia del correr, no exige sostener peso alguno ni ejerce ninguna presión sobre las rodillas. Además, se puede practicar en la casa. Las personas que lo han realizado con regularidad han notado cambios importantes en las piernas y en el cuerpo. Disminuye la pesadez de los muslos, que muchas mujeres sufren, y las piernas cobran mejor forma. También la respiración mejora en gran medida con este ejercicio.

“¿Por qué?” no es la única frase que puede usarse mientras se patea. Decir “no” de la misma manera en que se dice “¿por qué?” es otro excelente medio para promover la autoexpresión. Muchas personas tienen dificultad para decir “no”, lo cual socava su sentido del self. Al decir “no” se crea un limite que protege el espacio y la integridad propios. Otra buena manera de autoexpresión son las palabras “¡Déjame en paz!”. Esta frase se refiere al sentimiento de muchos pacientes respecto al hecho de que sus padres no les dieron libertad para desarrollarse naturalmente.
Los pacientes que han pasado por tales experiencias necesitan vocalizar su protesta violentamente. Si se pronuncia con fuerza frases como “¡déjame en paz!” y “¿qué pretendes de mi?”, éstas ayudan a devolver a los pacientes el sentimiento de que tienen derecho a ser libres, a ser ellos mismos, a realizar su propio ser y no el de sus padres.

Si no goza de ese derecho, la capacidad de amar de una persona se ve seriamente impedida. Muy a menudo, el amor que los pacientes dicen sentir hacia sus padres deriva de la culpa en lugar del placer y la alegría en su relación con sus padres. Uno no se sentirá gozoso en una relación en la cual no puede ser sincero consigo mismo. Cuando los padres dan a sus hijos esa libertad, reciben a cambio su verdadero amor. Pero solo los padres que sienten gozo en la relación con sus hijos pueden darles el amor que sirva de sostén al niño acompañándolo en su crecimiento hacia la realización de su ser.

Aconsejo a los pacientes no actuar sentimientos negativos contra sus padres, ya que dicha actuación no es adecuada ni los ayuda. Los traumas que sufrieron en la infancia pertenecen al pasado y no se pueden reparar mediante acciones del presente. El pasado no puede cambiarse, pero la terapia puede liberar a una persona de las restricciones y limitaciones de su ser que son consecuencia de los traumas del pasado.

Si bien estas limitaciones pueden reducirse en gran medida liberando y expresando los impulsos aprisionados, ello debe realizarse en un marco terapéutico y no debe volcarse en actuaciones presentes contra los padres u otros. Un individuo que se encuentra física y psicológicamente mutilado debido a la supresión forzada de sus impulsos naturales se libera y siente gozo cuando su cuerpo recupera su libertad y su gracia. Puede entonces amar de verdad y, de hecho, sentir un poco de amor hacia sus padres, que abusaron de él pero también le dieron la vida.

viernes, 7 de octubre de 2016

El Gozo, parte 20

Capítulo 5 (continuación)

Otro ejercicio que utilizo en situaciones grupales consiste en hacer que los participantes dirijan su enojo contra mi. En este caso, el grupo se sienta en circulo mientras yo me paro o me acuclillo ante cada uno por turno, le pido al participante que levante los dos puños, proyecte la mandíbula hacia adelante, abra mucho los ojos y diga, mientras sacude los puños contra mi: “¡Te mataria!”. Este ejercicio apunta a causar una mirada de enojo, que resulta muy difícil a la mayoría de las personas. Si alguien dice que no siente rabia hacia mi, le contesto que no me lo tomo como algo personal. Digamos que es como estar actuando, pero los actores deben poder volcar sentimientos reales en lo que hacen. Nunca nadie me ha atacado, pero me mantengo fuera del alcance de los golpes y el hecho de que ellos estén sentados me ofrece mas protección. Cuando practico este ejercicio incluso estando solo, de inmediato siento que se me eriza el pelo en el cuello y en la cabeza. Las orejas se mueven hacia atrás, mi boca gruñe y siento con cuanta facilidad podría atacar a alguien. Cuando abandono la expresión, al momento el sentimiento se desvanece. Esto me ha convencido de que sentir equivale a activar la musculatura adecuada. La falta de capacidad de algunas personas para movilizar los músculos es lo que provoca la ausencia del sentimiento de enojo. Igualmente cierto es que la falta de capacidad para activar los músculos que producen los sonidos del llanto les dificulta sentir tristeza.

Los ojos cumplen un papel muy importante en el sentimiento del enojo. He comprobado que las personas cuyos ojos lucen relativamente sin vida, es decir, opacos y sin chispa, tienen gran dificultad para sentir enojo. Una vez tuve un paciente que se encontraba en estas condiciones. Era muy difícil despertarle cualquier sentimiento fuerte. Era una persona muy brillante y siempre en pleno dominio de sus actos y palabras. Este rasgo lo había hecho triunfar en su profesión, pero lo llevo a la depresión.
Todo músculo contracturado, toda parte del cuerpo congelada retiene los impulsos de enojo que constituyen, fundamentalmente, la agresión necesaria para restablecer la integridad y la libertad corporal. Los brazos y las manos son nuestros principales órganos agresivos y el niño aprende muy temprano en la vida a usarlos para expresar su enojo. Pero golpear no es la única forma de esa expresión. Se puede arañar y hay muchos niños que lo hacen. Es mas probable que las mujeres expresen su rabia arañando.

 A menudo, para ayudar a un paciente a movilizar la energía y el sentimiento de sus ojos, lo hago mirarme a los ojos mientras me inclino sobre el cuando está tendido en la cama. Puedo cambiar la expresión de mis ojos a voluntad y pasar de una mirada suave a una dura y enojada, de una expresión burlona a una fría. La mayoría de los pacientes reaccionan en forma acorde a estas expresiones. De vez en cuando, cuándo dejo que, frente a una paciente femenina, mis ojos adopten una mirada seductora y burlona o una muy hostil, levantará sus manos como garras y me dirá: “!Te voy a sacar los ojos a arañazos!”. No debemos subestimar el poder de una mirada para asustar a un niño.

Una tercera forma que tiene el niño de expresar rabia es morder. Algunos niños pequeños son mordedores, lo cual en la mayoría de los casos lleva a una reprimenda cortante y dura por parte de los padres. Pueden tolerar que el niño golpee, aunque no lo acepten, pero nunca toleran que muerda. Evoca un miedo muy primitivo en las personas. El niño que muerde es considerado como un animal salvaje que debe ser domesticado. Sin embargo, debemos reconocer que es un impulso sumamente natural y que la mejor manera de controlar a un niño es a través de la educación, no del castigo. Algunos padres incluso muerden a sus niños para que éstos sepan como duele, pero también para asustarlos y que no lo repitan. Así, el miedo a morder queda bloqueado en la personalidad como una tensión crónica en la mandíbula. En el capitulo 3 vimos que esta tensión esta relacionada también con la inhibición del llanto. Es la forma mas común de tensión crónica en las personas y es la causa del dolor en la articulación temporomandibular, del rechinamiento de los dientes y, en mi opinión, de la falta de oído para los tonos. Cuando la tensión en los músculos de la mandíbula es grave, puede afectar tanto la agudeza visual como la auditiva. La tensión en la mandíbula demuestra que hay retención. Colocamos la mandíbula en una actitud resuelta a no soltar, no renunciar, no rendirse.

Si bien se puede disminuir esta tensión por medio de técnicas de relajación, alentar al paciente a que muerda es el enfoque más directo del problema. Con este propósito, facilito una toalla. En algunos casos el hecho de morder la toalla puede provocar bastante dolor en los músculos mandibulares apretados, pero el dolor desaparece tan pronto como se detiene la acción. Este dolor no es una señal negativa. El paciente intenta movilizar músculos espásticos, lo cual es necesariamente doloroso; pero si practica en la casa la acción de morder y de mover la mandíbula hacia adelante y hacia atrás y de un lado al otro, los músculos se ablandan y el dolor se desvanece. Cesa el rechinamiento de dientes durante la noche y los pacientes comprueban que pueden abrir la boca en forma mas completa y con mayor libertad que antes.

A veces me trabo en una competencia con un paciente. Cada uno de nosotros muerde con fuerza con las muelas traseras un extremo de una toalla y, como dos perros, tirábamos y tratamos de arrebatarla uno al otro. Este ejercicio no pone en peligro la dentadura si se muerde con los molares. Por lo general, uno puede sentir como la tensión se extiende desde la articulación temporomandibular a la base del cráneo. Esta tensión es la principal resistencia a la entrega y el principal mecanismo por el cual una persona mantiene el autocontrol. Le impide perder la . cabeza y, por lo tanto, perder el control del ego. Dicho control, cuando es consciente, resulta positivo, pero en la mayoría de los casos es inconsciente y representa una retención del miedo. Por desgracia, el miedo también es inconsciente, lo cual hace que el problema se vuelva inaccesible a un abordaje verbal.

A menudo, pasa cierto tiempo en un proceso terapéutico hasta que el paciente se pone en contacto con su propio enojo o siente el problema que tiene al respecto.
Si una persona sufre una tensión muscular crónica en alguna parte del cuerpo, se mueve de manera tal de no sentir el dolor de la tensión. A medida que uno se pone en contacto con su cuerpo por medio de los ejercicios bioenergéticos, estas partes tensionadas se vuelven conscientes.

El sentimiento de enojo no pueden abrirse si se encuentra bloqueada la agresión sexual. En la medida en que un hombre o una mujer se sienta psicológicamente castrado por haber cercenado su agresividad sexual, su capacidad para expresar el enojo se vera de igual manera impedida. Si bien el enojo, que se expresa golpeando, mordiendo o arañando, es una función de la parte superior del cuerpo, su expresión eficaz requiere una fuerte base de seguridad en si mismo. De una persona que siente que no tiene piernas fuertes sobre las cuales apoyarse, difícilmente se puede esperar que se sienta cómoda con sus sentimientos de enojo. La tensión en la parte inferior de la espalda, que rodea al cuerpo y cercena todo deseo sexual en la pelvis, también interrumpe el flujo de energía hacia las piernas y los pies. 152


viernes, 30 de septiembre de 2016

El Gozo, parte 19

Capítulo 5 (continuación)

 Yo me había dado cuenta en mi trabajo con Reich, de que mi capacidad para expresar enojo era limitada. Por lo general, evitaba las confrontaciones y me retiraba de una pelea a menos que me pusieran contra la pared. Sentía que guardaba bastante miedo dentro de mi y solo podría liberarme de él si aprendía a pelear. Ese miedo era el causante de mi falta de capacidad para mantenerme alegre, como pude experimentarlo durante mi terapia con Reich. Cuando era estudiante de medicina en la Universidad de Ginebra, golpear la cama se convirtió en una practica regular de todas las mañanas. Puedo decir que este ejercicio redujo en gran medida el miedo que de otro modo habría sentido al tener que estudiar y dar mis exámenes en una lengua extranjera, y que, en general, produjo un efecto positivo en mi salud y mi humor, e hizo que mi estadía en Ginebra resultase placentera.

Cuando regrese a Estados Unidos y comencé a desarrollar el análisis bioenergético, continué con la practica de golpear la cama todas las mañanas. Pero este ejercicio no me ayudo mucho, ya que no trataba de lastimar a nadie, ni me sentía enojado. Solo intentaba liberar mis brazos y recobrar mi capacidad para pelear. Suponía que con esa capacidad no me seria difícil expresar mi rabia en forma adecuada.
Mas tarde aprendí que la razón por la cual no sentía rabia era que ésta se encontraba trabada en la parte superior de mi espalda, una parte de mi cuerpo con la que no tenia contacto. Tome conciencia de ella cuando vi unas cintas de video filmadas mientras yo enseñaba y trabajaba con mis pacientes.

De vez en cuando me había descrito a mi mismo como un hombre enojado, pero justificaba mi enojo relacionándolo con la destrucción sin sentido de la naturaleza y el medio ambiente, que realmente me encolerizaba. También me enojaba la dificultad de las personas para ver la verdad de su condición.

Pero ese enojo tenia raíces mas profundas que yo no quería enfrentar. Había intentado demostrar al mundo que tenia razón en mi forma de ver las cosas, que era superior y que debía ser reconocido como tal. Pero tener la razón, sentirme superior y haber alcanzado el éxito no me conducían a la alegría, solo a librar una lucha continua. Y me daba rabia haberme visto forzado a llegar a eso para sobrevivir. Necesitaba aceptar mi fracaso, renunciar a mi ambición, reconocerme y aceptarme a mi mismo. De esta manera seria libre y no me enojaría. Pero esto no ocurrió de la noche a la mañana. Las viejas pautas de conducta y las formas de ser cambian muy lentamente, aunque los cambios lentos pueden tener un efecto notorio.

Al no ser ya una persona que vive enojada, siento que estoy mas moderado, soy mas paciente y más tratable. Pero por extraño que parezca, ha aumentado en gran medida mi capacidad para enojarme, para pelear. Una vez que el enojo se expresa, se desvanece. Una persona enojada es una persona tensionada, lo cual implica que toda persona tensionada está enojada. Si la tensión es crónica, la persona no es consciente de su enojo, aunque puede salir a flote como irritación ante frustraciones pequeñas o como rabia ante las importantes. No se expresa en forma adecuada en las situaciones en que sería necesario . Y también puede volcarse en contra del self en una conducta autodestructiva, o ser negada, y dejar así a la persona en una posición pasiva y sumisa.

Los niños sanos se enojan con facilidad y rápidamente golpean cuando se sienten lastimados o frustrados. A medida que uno crece, puede contener el enojo si es aconsejable y no actuar de inmediato. Además, como ya hemos dicho, el enojo puede expresarse en una mirada o con palabras sin necesidad de recurrir la acción física. La capacidad para contenerlo es la contrapartida de la capacidad para expresarlo de manera efectiva. El control consciente necesario para contenerlo es equivalente a la coordinación y fluidez necesarias para su expresión. En consecuencia, una persona no puede desarrollar la capacidad para controlar a menos que también desarrolle la capacidad para expresar. El ejercicio de golpear la cama puede adaptarse a ambos propósitos.

La contención y el control se desarrollan cuando uno aprende a retener la excitación a un nivel alto antes de descargarla. Esta es una capacidad propia del adulto: Los niños no cuentan con la fuerza de ego o el desarrollo muscular para retener una fuerte carga de energía. Cuando se lastima a un niño sano, su enojo sale en llamaradas y se expresa de inmediato. Los adultos deben contar con la capacidad para retener su enojo hasta que se encuentran en el momento y el lugar adecuados para su expresión.

Para contener el enojo mientras se practica el ejercicio de los golpes en la cama,se mantiene la posición arqueada durante dos o tres respiraciones. Se echa la mandíbula hacia adelante a fin de movilizar el sentimiento agresivo y se abren los ojos. En esta posición, uno inhala profundamente por la boca al tiempo que los codos y los brazos se estiran hacia atrás para dar el golpe. Sin embargo, en lugar de golpear, uno exhala y libera con soltura parte de la tensión de los brazos y los hombros. Con la segunda inhalación, se estira un poco mas y otra vez libera en la exhalación. Cuando inhala por tercera vez, estira al máximo los brazos, contiene la respiración y frena el estiramiento por un momento, y luego deja caer el golpe. No se requiere esfuerzo ya que el golpe es un acto de liberación. Si se pretende golpear con fuerza, surgen tensiones y se reducen la fluidez y la efectividad de la acción. Es importante mantener los codos tan cerca de la cabeza como sea posible durante el estiramiento para involucrar y movilizar los músculos que se encuentran entre los hombros. Si los codos permanecen separados, la acción se ve limitada a los brazos y no libera la tensión de la parte superior de la espalda. Casi todos los pacientes necesitan bastante practica para coordinar los movimientos y llegar a un balanceo libre y suelto en el cual participe todo el cuerpo. Cuando alcanzan este punto, sienten placer y satisfacción al golpear.

Para practicar este ejercicio no es necesario estar enojado. Cuando los boxeadores profesionales practican golpes como parte de su entrenamiento disfrutan del ejercicio; nosotros también podemos encontrar placer en el uso de nuestro cuerpo para expresar nuestras funciones naturales.

No obstante, cuando el ejercicio se emplea en la terapia para restablecer la capacidad de sentir y expresar el enojo, debe ir acompañado de palabras apropiadas. Las palabras exteriorizan el sentimiento y ayudan a realzar la acción. Decir “¡tengo tanto rabia!” cuando uno golpea la cama permite integrar la mente con la acción corporal. También en este caso el tono de la voz refleja y determina la calidad de la experiencia. Si se golpea con fuerza pero se habla débilmente, se nota una escisión en la personalidad. El uso de la voz resuena en el tubo central del cuerpo, lo cual aumenta en gran medida la carga energética de la acción. Desde hace mucho tiempo, los japoneses han estado familiarizados con este efecto y utilizan sonidos fuertes para ejecutar acciones enérgicas. Así, pueden quebrar una pieza sólida de madera con la mano si pronuncian un enérgico “¡Ha!” en el momento del impacto. La energía con la cual uno diga “!Estoy enojado!” determinará la fuerza con que la sienta. No es el volumen del sonido el que produce este efecto, sino la resonancia y la intensidad del tono. “¡Estoy tan enojado!”, dicho con calma pero con intensidad, tiene una mayor carga de sentimiento que un grito fuerte.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Gozo, parte 18


Capítulo 5 (continuación)

Todos los niños tienen esta capacidad natural para proteger su integridad y su libertad. Desafortunadamente, las condiciones modernas de vida a menudo obligan a los padres a frustrar los impulsos espontáneos de un niño, lo cual le provocará enojo y golpeará a su progenitor; y a pesar de que tales golpes no son dañinos, no muchos padres pueden aceptar o tolerar ese comportamiento. La mayoría de los padres reprimen violentamente a un niño enojado y muchos lo castigan por lo que consideran un comportamiento inadecuado. El poder que tienen a raíz de la dependencia del niño respecto de ellos, puede forzar al mismo a suprimir su enojo. Este es un caso desafortunado ya que el niño que tiene miedo de expresar enojo ante sus padres se transforma en un adulto mutilado. El enojo suprimido no desaparece. Los niños volcaran el impulso prohibido contra niños más pequeños, y los lastimarán deliberadamente. O, cuando el niño cuyo enojo fue suprimido llega a adulto, lo actuará contra sus propios hijos indefensos y los castigará.

Castigar a un niño por su expresión de enojo puede ser visto como una manera de enseñarle comportamiento social, pero el efecto que tiene es el de quebrar su espíritu y convertirlo en una persona sumisa ante la autoridad. Un niño necesita aprender los códigos del comportamiento social, pero esto debe ocurrir de manera tal que no se dañe su personalidad. En Japón vi a un niño de tres años golpear a su madre, que no hizo el menor esfuerzo por detenerlo o reprenderlo. En la cultura tradicional japonesa, no se controla a un niño hasta la edad de seis anos, ya que su comportamiento hasta entonces se considera natural e inocente.

Los niños cuya capacidad de expresar enojo no se ve socavada no se transforman en adultos iracundos. A pesar de que tienen su carácter, suelen ser personas apacibles hasta que se abusa de ellos o son tratados con violencia. Por lo general, su enojo es apropiado para la situación que viven ya que no se origina en conflictos no resueltos y heridas del pasado. Las personas arrebatadas o que pierden los estribos están sentadas sobre una gran montaña de enojo suprimido que está cerca de la superficie y, por tanto, fácilmente saldrá a flote. El enojo que se libera por medio de la provocación contribuye en pequeña medida a la solución del conflicto subyacente, que es el miedo de identificarse con el enojo mismo. Una persona realmente enojada a menudo es considerada como loca.

Muchos niños son educados con la idea de que el enojo es malo desde el punto de vista moral. Debemos ser comprensivos, entender la posición de la otra persona, ofrecer la otra mejilla, perdonar al otro, etc. Hay mucho por decir en favor de esta filosofía, siempre que como consecuencia de la misma no quedemos mutilados ni anulados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, entender la posición del otro implica una autonegación, que proviene del miedo. Perdonar es un signo de gracia, pero la elección debe ser auténtica. El individuo que no puede enojarse no obra por propia elección sino por miedo. Ningún paciente se siente capaz de expresar su enojo en forma libre y completa.

Muchos pacientes relatan que se sienten culpables por expresar enojo contra sus progenitores, en especial su madre. Muchas son las madres que inculcan culpa en sus hijos por cualquier sentimiento negativo que abriguen hacia ellas. Pero la culpa tiene su fundamento en el miedo y la supresión del enojo. Si a un niño se le permite expresar sus sentimientos con libertad, conserva su sentimiento de inocencia.

Uno de los ejercicios que sugiero a mis pacientes en su hogar es el de golpear la cama. Yo mismo he puesto en practica este ejercicio a lo largo de los años, para liberar la tensión en los hombros y desarrollar un movimiento suelto de los brazos, que considero esencial para expresar el enojo. Al principio, era consciente de que, aunque sentía poder en mi brazo derecho, el izquierdo parecía débil e impotente. Nadie puede ser un buen luchador con un solo brazo. Solía dar de 50 a 75 golpes todas las mañanas. Con el tiempo, mi brazo izquierdo se liberó y los golpes de ambos brazos se igualaron en fuerza y fluidez. Golpear la cama no es solo un ejercicio terapéutico para liberar los brazos de una tensión crónica: también sirve para liberar las tensiones que se acumulan a consecuencia del estrés de la vida cotidiana.

No siempre estamos en condiciones de expresar nuestro enojo en el momento de la herida o el insulto. En ocasiones, no sentimos el enojo en el momento del insulto porque nos encontramos en estado de shock, pero luego, cuando este estado desaparece, nos damos cuenta de cuán enojados quedamos por lo que ocurrió. En algunos casos, es demasiado tarde o se hace imposible expresar el enojo a la persona causante de nuestra herida, pero podemos desahogarnos golpeando la cama en nuestra casa. De esa manera, recobramos nuestra integridad y el buen sentimiento que se había perdido.

Con frecuencia, los padres arden de rabia contra sus niños, que insisten en hacer lo que desean a pesar de que ellos les ordenan lo contrario. En nuestra cultura, los niños pueden enloquecer a sus padres cuando se pierde el control sobre ellos. En parte este es el resultado de la sobreestimulación que reciben por el exceso de objetos excitantes en los supermercados y en el hogar. En parte proviene del hecho de que los padres se encuentran bajo considerable presión para mantener un poco de orden en el hogar y en su vida. También ellos se ven sobrestimulados y abrumados por el ambiente que los rodea. La tensión que se acumula en los padres se descarga a menudo por medio de algún castigo corporal impuesto al niño. Luego de haber desahogado su rabia en el niño, los padres pueden sentirse culpables o arrepentirse, pero el daño ya esta hecho. Reich sugiere que, en tales situaciones, los padres se dirijan a su habitación y descarguen su enojo golpeando la cama en lugar de golpear al niño. He recomendado esa acción a todos mis pacientes. Alivia a los padres y salva al niño.

Una emoción puede experimentarse solo cuando todo el cuerpo está excitado e involucrado en la acción. Esto significa que el estiramiento de los brazos por encima de la cabeza debe ser tan completo que fuerce los brazos en su articulación con los hombros. Describo esta acción a mis pacientes como tratar de alcanzar un rayo. Pero para que todo el cuerpo participe, el estiramiento debe venir en realidad desde el suelo. A fin de lograrlo, se flexiona las rodillas, se elevan ligeramente los talones y se estira el cuerpo hacia arriba y hacia atrás desde la almohadilla de los pies. El cuerpo se dobla como un arco que encuentra su soporte en la planta de los pies y en los puños elevados.
Cuando uno alcanza esta posición, el golpe es un movimiento suelto.

Golpear la cama no implica mayor esfuerzo que lanzar una flecha. Así como el poder de una flecha depende del grado en que se curve el arco, el poder de un golpe depende del grado de estiramiento del cuerpo. Esto coincide con la ley fisiológica que dice que el poder de una contracción muscular es directamente proporcional al grado de estiramiento. Para la mayoría de las personas, no resulta fácil alcanzar tal naturalidad al golpear la cama. A veces se producen grandes tensiones en los músculos de los hombros, entre los hombros y la escápula y entre ésta y la columna vertebral, lo cual denota cuán grave es el bloqueo de la expresión del enojo. Cuando se utiliza este ejercicio en la terapia, es necesario conectar la tensión con el problema psicológico de la culpa. Sin embargo, esta conexión puede establecerse con mayor facilidad luego de que la persona ha experimentado su enojo.

En los talleres donde el grupo participa en todas las actividades, es posible que los miembros liberen su rabia en forma bastante rápida. En estos talleres, se intensifican todos los sentimientos a causa de la excitación que invade al grupo cuando un miembro tras otro expresan una emoción fuerte. Así, cuando un individuo practica el ejercicio de golpear la cama con rabia, los otros se ven motivados a seguirlo. Uno tras otro se turnan para golpear y desahogar la rabia contra sus padres por los traumas que sufrieron durante su infancia. En la mayoría de los casos, la rabia es asesina, pero desaparece con rapidez y el individuo se siente liberado. Es una liberación catártica. La persona siente todo su enojo pero no lo descarga, hasta que no se libera la tensión en los músculos de la parte superior de la espalda y los hombros, que actúan para suprimir el enojo, éste no se descarga por completo; pero es un paso importante en esa dirección.

Debe quedar entendido que el enojo, si bien se asocia con el pasado, proviene directamente de las tensiones musculares crónicas, que limitan el organismo y reducen su libertad de movimiento. El enojo es la reacción natural contra la perdida de la libertad. Esto significa que cualquier tensión muscular crónica en el cuerpo está asociada con él. De más está decir que si uno no siente la tensión, uno no siente enojo alguno. Uno acepta la limitación de sus movimientos y la perdida de la libertad como normales, tanto como un esclavo podría aceptar su esclavitud sin enojarse.
Una vez que uno siente y comprende la tensión, es consciente de su enojo y se da cuenta de que golpear la cama para expresarla no es un ejercicio que deba practicar una sola vez. Se lo debe practicar en forma regular tanto en las sesiones de terapia como en el hogar, si es posible, hasta que los brazos y hombros adquieren movimientos libres y se restablezca por completo la capacidad para expresar el enojo.

El enojo puede expresarse por medio de la voz, con palabras o con la mirada, pero estos modos de expresión resultan para la mayoría tan difíciles como golpear la cama. Para que el enojo se refleje en una mirada es necesario que uno lo sienta en todo el cuerpo, lo cual hace que la onda de excitación llegue a los ojos. Los ojos de algunas personas arden cuando están muy enojados. Los ojos fríos y mezquinos son hostiles, no son ojos enojados, y los ojos ennegrecidos expresan odio en lugar de enojo. Uno también puede comunicar que se siente enojado con palabras, pero éstas no expresaran el enojo a menos que sean pronunciadas con un tono de enojo. Ese tono puede ser un sonido agudo y penetrante, un grito fuerte o un alarido. Para expresar verdadera rabia, el sonido debe ser acorde con la situación. Dar un alarido o gritar, por ejemplo, a menudo expresa rabia y frustración en lugar de enojo. Debe tenerse en cuenta que el enojo no se utiliza para controlar a otros sino para salvaguardar la propia integridad y los buenos sentimientos.

Como adultos, por lo general no necesitamos gritar, dar un alarido o golpear a alguien para expresar nuestro enojo. Podemos expresarlo con calma, siempre que lo sintamos fuertemente. Este ejercicio y otros están destinados a ayudar a los pacientes a liberar su enojo, a alcanzar la libertad de expresarlo para luego aprender a contenerlo y controlarlo. El control consciente de los sentimientos depende de la conciencia que se tenga de ellos.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El Gozo, parte 17


5. El enojo: otra emoción sanadora

¡Estoy tan enojado!


Hemos visto que todos los pacientes necesitan llorar para desahogar el dolor y la tristeza ocasionados por las “heridas” físicas y emocionales de su niñez. Por lo general, a los niños se les enseña a no llorar y, en muchos casos, se los castiga o se les grita por hacerlo. La inhibición del llanto provoca una seria tensión crónica en los músculos del tubo interno del organismo relacionado con las funciones respiratoria y alimenticia. Estas tensiones producen contracturas en el tubo respiratorio y de esta manera limitan la respiración de la persona, reducen su energía y disminuyen su expresión vocal. Pero no es este el único efecto de los traumas de la infancia. También se producen tensiones serias en el tubo externo, entre cuyas principales funciones se encuentra la de trasladar el cuerpo en el espacio. Una historia dolorosa se refleja en la pérdida de gracia del cuerpo, en las divisiones que separan sus segmentos principales: la cabeza del tronco, o la pelvis del tórax.  Estos cortes destruyen la integridad de la personalidad, que no se puede restablecer simplemente llorando.

La emoción que restaura o protege es el enojo. Todos los pacientes tienen enojo suprimido, y en muchos casos esto implica una furia asesina que no pudieron expresar cuando de niños fueron lastimados. Estos sentimientos deben expresarse en un lugar seguro para que el cuerpo recupere su vitalidad y su unidad. Sin embargo, al igual que con el llanto, los pacientes tienen gran dificultad en expresar su enojo de manera eficaz y apropiada. Sin esta capacidad, el individuo resulta victima o victimario.

El enojo es una emoción importante en la vida de todo ser, ya que sirve para conservar y proteger la integridad física y psicológica del organismo. Sin el enojo nos encontramos indefensos ante los ataques a que la vida está expuesta. Las crías de las especies mas desarrolladas carecen de la coordinación motriz necesaria para expresar el enojo, y por tanto necesitan la protección de los padres. Esto es particularmente valido para el ser humano, que requiere mas tiempo que la mayoría de los otros mamíferos para adquirir esta capacidad. Pero decir que un bebé no puede enojarse no es del todo cierto. Si se sujeta a un bebé se puede percibir su esfuerzo por liberarse, que representa una respuesta colérica aunque inconsciente. Si se le retira el pecho a un bebé, se sentirá como muerde con las encías para retener el pezón si aún no esta listo para soltarlo. Como la mayoría de los padres saben, morder es una clara expresión de enojo.

A medida que el niño crece y aumenta su coordinación motriz, se desarrolla su capacidad para expresar rabia y responde con enojo a cualquier violación de su integridad o de su espacio, que incluye sus posesiones personales. Si con su enojo no logra proteger su integridad, el niño llora, ya que se siente indefenso ante la situación traumática. La emoción del enojo es parte de la función mas amplia de la agresión, que literalmente significa “avanzar”. La agresión es lo opuesto a la regresión, que significa “retroceder”. En psicología es lo opuesto a la pasividad, que denota una actitud de inmovilidad o de espera. Podemos avanzar hacia otra persona por amor o por enojo. Ambas acciones resultan agresivas y ambas son positivas para el individuo. Por lo general, no nos enojamos con la gente que no significa nada para nosotros o que no nos ha herido. Si son simplemente personas negativas, las evitamos. Cuando nos enojamos con las personas que nos importan, lo hacemos para restablecer una relación positiva con ellas. En mi opinión, todos hemos vivido una situación en la cual, luego de una pelea con un ser amado, se restablecen los buenos sentimientos.

En un seminario dictado en la casa de Reich en l945, éste declaró que la personalidad neurótica solo se desarrolla cuando la capacidad de un niño de expresar rabia ante un insulto a su personalidad se ve bloqueada. Señaló que la frustración de la  búsqueda del placer conduce a un retiro del impulso que lleva a la pérdida de la integridad corporal. Dicha integridad solo puede  reestablecerse por medio de la movilización de la energía agresiva, y su expresión como enojo. Esto reestablecería los límites naturales del organismo y su capacidad para salir al mundo nuevamente.

El ser humano vive el enojo como una onda de excitación que asciende por la  espalda y se transmite a los brazos, que se cargan de energía para golpear. La excitación también fluye hacia la parte superior de la cabeza y desciende hacia los caninos superiores que también se cargan de energía para morder. Yo he sentido este flujo de excitación en mi canino durante un ejercicio con el enojo. Cuando  dicha excitación recorre los músculos de la espalda, éstos se encorvan en posición de ataque. Al mismo tiempo se puede sentir cómo se eriza el pelo en la cabeza y en la espalda. Muy rara vez ocurre esto en los seres humanos, pero es común observarlo en los perros.
En la Figura 2A se puede apreciar esta excitación en el enojo. En la figura 2B el flujo de excitación se  encuentra invertido, en consecuencia, los ojos están muy abiertos y las cejas arqueadas, la cabeza echada hacia atrás y los hombros levantados. Este es el movimiento energético al sentir miedo. Si un individuo no puede enojarse queda inmovilizado en una posición de miedo. Las dos emociones son antitéticas: cuando uno está enojado, no tiene miedo, y viceversa.

Por el mismo motivo, cuando una persona está muy atemorizada, podemos suponer que tiene una cantidad igual de enojo potencial o suprimida en su personalidad. Expresar el enojo libera el miedo, así como llorar libera la tristeza. En la mayoría de los casos, el miedo se niega y se suprime en la misma medida, y como resultado la persona queda inmovilizada o insensibilizada. En esta situación, es importante encontrar una manera de ayudar a la persona a entrar en contacto con su enojo suprimido.
Hablar con un paciente acerca de sus problemas le permite en ocasiones ponerse en contacto con un sentimiento de enojo que puede expresar en el ejercicio de golpear. El llanto permite expresar lo mismo en forma más directa. Si un paciente comienza a llorar como consecuencia del ejercicio descrito en el capítulo anterior, sentirá su herida y su dolor. La tristeza se transformará en enojo que puede expresarse golpeando la cama.

Así como no liberamos la tristeza si lloramos una sola vez, ningún paciente liberará todo su enojo suprimido golpeando la cama una vez.
En el transcurso de la terapia, a medida que el llanto se hace más profundo,
el enojo se vuelve mas fuerte, y se le comprende mejor.
También es posible movilizar el sentimiento de enojo golpeando en forma mecánica al principio, enfoque que puede compararse con el cargar una bomba de agua: la acción misma puede inducir el sentimiento de enojo ya que éste se encuentra inserto en el movimiento mismo. En el ejercicio de golpear, la persona usa los puños si es hombre o una raqueta de tenis, si es mujer. La raqueta otorga a una mujer una mayor sensación de poder. Los hombres tienen más   fuerza en los brazos y pueden romper la raqueta si la utilizan para golpear la cama. Se le indica al paciente que acompañe la acción con palabras que también expresen su sentimiento. Podría decir, por ejemplo: “Tengo tanta bronca”, “Te aplastaría”, “Te mataría”. Combinar las palabras con la acción física realza el sentimiento.

Así como todos los pacientes tienen algún motivo por el cual llorar o patear a causa del trato que recibieron en la infancia, también tienen muchos motivos para estar enojados. Pero su enojo puede provenir de su situación actual, que no pueden abordar en forma adecuada por miedo a una represalia. El ejercicio libera la tensión de los músculos que habían bloqueado la expresión del enojo, y en consecuencia facilita y promueve, la capacidad de expresar el enojo en todas las situaciones de la vida. Según mi experiencia, nunca conduce a la “actuación” (acting-out), es decir, a la expresión irracional del enojo. Y en todos los años que he utilizado este ejercicio con mis pacientes, nadie salio lastimado ni se rompió nada en mi lugar de trabajo. Si siento que un paciente está perdiendo el control, lo detengo y le muestro como controlar sus acciones sin dejar de expresar su enojo.

Cuando digo que el enojo no es una emoción destructiva, hago una distinción
Entre enojo, rabia y furia. La rabia implica una acción destructiva. Tiene intención de lastimar, de herir a alguien o de romper algo. También enceguece y el ataque se vuelca a menudo sobre algún inocente, alguien indefenso, o un niño. Decimos de una persona que se encuentra enceguecido de rabia. Además, la rabia es explosiva, de manera que una vez que se desata no puede ser controlada. Se puede controlar el enojo, pero no la rabia. Como señalara en mi libro “El Narcisismo”, la rabia crece cuando una persona siente que su poder se ve bloqueado o frustrado. Un niño que persistentemente se resiste a una exigencia de su padre puede provocar en éste una rabia que apunte a doblegar la resistencia del niño forzándolo a obedecer.
Cuando un niño no obedece una orden de su padre, lo conduce a enfrentarse con su sentimiento de impotencia, que proviene del hecho de que durante su infancia fue a su vez obligado a obedecer sin poder expresar su propio enojo por miedo. Ese enojo suprimido se convierte en rabia y actúa en el presente sobre el niño u otra persona a quien el padre no teme. Muchos de mis pacientes fueron obligados a someterse al poder de sus padres cuando eran niños y eran a menudo castigados con una paliza en las nalgas, castigo en particular humillante, ya que socava el sentido de dignidad y privacidad del niño. Otros han relatado como se los obligaba a ir buscar el arma de su castigo, ya fuera una correa, una vara, etc., lo cual aumenta el miedo del niño y lo humilla. Si éste sufre un abuso grave, la rabia que sentiría normalmente queda enterrada bajo una montaña de miedo y se transforma en una rabia asesina cuando se libera. Sin embargo, esa rabia debe ser liberada para que la persona pueda sentir y expresar enojo genuino.

Cuando pido a mis pacientes que golpeen la cama con los puños o con una raqueta, lo que a menudo sale a flote es rabia, no enojo. En un principio, por lo general se rehúsan a expresar algún sentimiento en sus golpes, que son golpes impotentes, pero una vez que comienzan a soltarse, golpean rápida y desconsoladamente, como si quisieran aplastar o matar. Este tipo de acción es histérica por cuanto no está integrada al ego y no es efectiva. Cuando les pregunto porqué o con quién están enojados, o contra quién esta dirigida la acción con frecuencia responden que no lo saben. En consecuencia, tiene poco valor para promover el proceso terapéutico de autodescubrimiento, aunque sirve para descargar una parte de la furia contenida. Estas acciones son catárticas y constituyen una válvula de seguridad, pues permiten desahogarse. A medida que la terapia progresa, tanto analítica como físicamente, el paciente se pone en contacto con los motivos de su rabia, sus golpes se concentran más y puede sentir su enojo. Si se acompañan los golpes con las I palabras adecuadas, la acción se vuelve ego sintónica (acorde con el ego).

Más intenso que la rabia es la furia. “Estoy furioso” expresa un sentimiento extremo de enojo, simbolizado por el remolino o el tornado que destruye todo lo encuentra en su camino. Una de mis pacientes tuvo un sueño en el que sentía que un viento crecía dentro de ella y la levantaba del suelo. También sentía que sus mejillas se hinchaban, como se ve en las películas cuando sopla un fuerte viento norte. Mientras flotaba en el aire, movía las manos en señal de amenaza a unas personas que se encontraban en la habitación con ella. Interpreté este sueño como un viento creciente que nunca se liberó, nunca llegó a ser remolino.

Sentimos un odio profundo por aquellos a quienes alguna vez amamos profundamente pero que, según sentimos, nos han traicionado. No obstante, el odio puede proyectarse (transferirse) a otros con quienes no hemos tenido una relación Íntima ni ningún trato personal.
Un estado de congelamiento solo puede cambiar por medio del calor; específicamente el calor que emana del enojo. La rabia, cuando es suprimida, por oposición al enojo, es un sentimiento frío. Un individuo puede sentir como el calor de su enojo crece en su cabeza a medida que crece la excitación. Sentirá calor en la cabeza debido al aumento de flujo de sangre, lo cual puede, literalmente, hacerlo “ver todo rojo” (enfurecerse). El enojo es una fuerza vital positiva que tiene poderosas propiedades curativas.
Cabe señalar que la terapia apunta a restablecer la capacidad del individuo para sentir y expresar enojo, respuesta natural a las situaciones que hieren o amenazan su integridad o libertad.