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martes, 8 de noviembre de 2016

El Gozo, parte 23

Capítulo 6 (continuación)

Las personas se enamoran genuinamente y experimentan la alegría de la entrega en forma temporaria. No perdura porque era más necesidad que amor, pero esto no explica el hecho de que la persona enamorada lo viva como verdadero cariño. Yo podría explicarlo diciendo que el enamoramiento tiene un componente regresivo que proviene de la infancia, cuando ese amor era un compromiso cabal. La persona vuelve a experimentar el amor que una vez sintió por la madre o el padre, pero al hacerlo retrocede en una parte de su personalidad hasta llegar a ser un niño nuevamente. En este aspecto de su personalidad, busca el apoyo y el estimulo que entonces necesitaba. Así, si bien el sentimiento del amor es genuino, no proviene de una entrega al cuerpo y al self, sino del abandono de la posición adulta, que implica valerse por si mismo, solo, y asumir con responsabilidad los buenos sentimientos propios.

Creo que es responsabilidad del terapeuta confrontar al paciente con la verdad de su actitud, por supuesto, con un sentimiento de empatía, que lo ayude a comprender.

El varón está atrapado en una constelación edípica y se erige como un rival de su padre. Si se entrega de lleno al amor que siente por su madre, se arriesga a que ella se apodere de él y lo convierta en “el bebé de mamá”, apartándolo del padre. Si la rechaza, se arriesga a que se muestre hostil con él y le retire su amor y el apoyo que todavía necesita.

Cuando un hijo se erige como rival de su padre, se vuelve vulnerable a los celos y la ira de este ultimo. Comienza a temerle, porque siente que competir con él provoca su hostilidad. No competir implica perder el amor de su madre. El interés sexual de ésta por él alaba su ego y excita su cuerpo, y resulta muy difícil resistirse, pero ceder a la seducción y entregarse a la excitación lo conduciría a una relación sexual con su madre, perspectiva aterradora y peligrosa. Esto es lo que le sucedió a Edipo, quien ignorando su verdadera identidad, mató a su padre y se caso con su madre. Su sino fue trágico. Para evitar este peligro, el niño debe cortar todo deseo sexual por su madre y, como consecuencia, se siente psicológicamente castrado.

La inocencia perdida no se recobra, pero si se puede eliminar la culpa devolviendo a la autoexpresión su plenitud y libertad, incluso la expresión del deseo sexual.

La conciencia de uno mismo es una fuerza alienante, por cuanto lo obliga a uno a ser consciente de su separatividad. En el hogar uno era parte de la familia y encontró su identidad a partir de la posición que ocupaba en ese grupo. Esa identidad pierde relativamente significado en la escuela, donde el niño es uno más entre muchos. En este ámbito, entablará con uno o más de sus pares nuevos lazos, basados en el hecho de que comparten una situación común e intereses y sentimientos similares. Estos vínculos pueden ser muy fuertes, así como el sentimiento de amor entre dos niños. El niño todavía conserva el apego por su familia, pero este amor, si es sano, lo libera y sostiene en su proceder para entablar relaciones con sus pares. Si el niño está aferrado a su familia, no puede relacionarse con sus pares. Si se vio privado de amor en el hogar, se volverá dependiente e inseguro con sus nuevos amigos. Si lo hicieron sentirse especial en el hogar, competirá con sus nuevas relaciones y buscara dominarlas. En uno u otro caso, sus amistades no le ofrecerán la felicidad que anhela.

El amor en una relación sana y amistosa entre dos niños fortalece el sentido individual del self. Se diferencia del amor que siente el niño por el padre del sexo opuesto, en el cual, como hemos visto, hay una entrega del self. El sexo no está ausente en estas relaciones ya que es un hecho de la vida, pero su impulso se reduce en gran medida, de manera que el nuevo sentido consciente del self puede desarrollarse y alcanzar su madurez.

En los primeros tiempos de la teoría psicoanalítica, Freud postuló la existencia de dos instintos antitéticos que describió como el instinto de autopreservación o instinto egoico y el de preservación de la especie o instinto sexual. No se puede negar que estas dos fuerzas existen en la personalidad, no importan como se las describa. En un adulto, son fuerzas polares que representan una carga energética del cuerpo que palpita entre los polos superior e inferior, entre la cabeza con sus funciones egoicas y la pelvis con sus funciones sexuales. Como cualquier actividad pendular, en ningún extremo la carga puede ser mayor que en el otro. Así, en términos de la carga energética, el ego no puede ser mas fuerte que su contrapartida, la sexualidad.

Este principio parecería refutado por los individuos narcisistas, en quienes un egoísmo exagerado se asocia con una potencia sexual disminuida. Sin embargo, su grandiosidad no demuestra una verdadera fuerza del ego, todo lo contrario. La imagen del ego pomposo se agranda para compensar la impotencia sexual.
La verdadera fuerza del ego se manifiesta en la mirada, que es directa, sostenida y fuerte. Esta mirada proviene de una fuerte carga energética en los ojos y se corresponde con una carga similar en el segmento genital. Dicha equivalencia está expresada en un dicho popular “Ojos ardientes, cola caliente”. Los ojos brillantes también denotan un ego fuerte, que esta enraizado con el cuerpo y que proviene de los sentimientos de placer y gozo que experimenta la persona. Siempre se adivina cuando alguien esta enamorado por el brillo de sus ojos.

El amor adulto no es una entrega del self, sino una entrega al self.  El ego entrega su hegemonía sobre la personalidad al corazón, pero en esta entrega no se ve eliminado. Más bien se ve reforzado, porque sus raíces en el cuerpo se alimentan de la alegría que éste siente. Cuando decimos “(yo)te amo”, el “yo” se vuelve tan fuerte como el sentimiento de amor. Se puede decir que el amor maduro es una autoafirmación.

Es imposible tener una relación amorosa madura a menos que uno sea una persona madura, capaz de valerse por si mismo, solo, si fuera necesario, y de expresar los sentimientos libre y completamente. Este amor no es egoísta, porque la persona se comparte entera. Se centra en el self, pero esto hace que la relación sea apasionante, pues cada una de las partes es un individuo con un self único que comparte con su pareja. En tal relación, la gratificación sexual es mutuamente satisfactoria y agradable.

Este punto de vista va en contra de la famosa idea de que en el amor uno, debe estar siempre dispuesto para el otro. Esto conduce a que ambos se sirvan en lugar de compartirse. Uno comparte con un igual, pero sirve a un superior. Estas relaciones amorosas pierden pronto la excitación y la parte que es servida termina buscando fuera la pasión amorosa que le falta en su matrimonio. Cuando esto ocurre, el cónyuge abandonado intenta con ahínco servir mejor, hacer que la relación funcione, ser lo que su pareja necesita.

La entrega no es algo que uno puede realizar por un acto de la voluntad, ya que requiere renunciar a ella. La voluntad es un mecanismo de supervivencia.
Así como uno se enamora, puede desenamorarse y eso ocurre muy a menudo, porque nos desilusionamos si la otra persona no puede satisfacemos. No nos damos cuenta de que nadie más que nosotros mismos puede satisfacernos y de que nuestra gratificación proviene de estar totalmente abiertos a nosotros mismos y a la vida. Cuando la flecha del amor atraviesa nuestra coraza y llega a nuestro corazón, nos abrimos a la vida y la alegría, pero no nos mantenemos abiertos.

Nuestro ego reafirma su poder con fuerza, cuestiona, desconfía y controla. Vemos la apertura como una brecha o herida en nuestra posición de defensa, que debemos cerrar o sanar. Enamorarse no es la respuesta, si lo es estar enamorado, es decir, estar abierto. Primero es necesario abrimos a nosotros mismos, a nuestros más profundos sentimientos, y para ello necesitamos estar libres de miedo, vergüenza o culpa.

El miedo socava la capacidad para entregarse al amor. No es un miedo racional, sino que se origina y cobra sentido solo en términos de la experiencia individual de la infancia. Sin embargo, seguirá siendo poderoso en tanto sigamos actuando como si nos encontráramos en la misma situación de la niñez.

La madurez es la etapa en la vida en la que uno se conoce y se acepta a si mismo. Conoce sus miedos, debilidades y maniobras, y los acepta. No creo que llegue alguna vez al punto en que se sienta completamente libre de los efectos traumáticos del pasado, pero ya no está pendiente de ellos. Aceptar no significa ser impotente. Debido a que los problemas están estructurados en el cuerpo en forma de tensiones crónicas, uno puede trabajar con el cuerpo para liberarlas. Los diferentes ejercicios bioenergéticos que empleamos en la terapia pueden practicarse en el hogar. Esto es posible si la persona ha trabajado con terapia bioenergética y sabe como aplicarlos. Aceptar también significa que uno pierde toda vergüenza acerca de sus dificultades o problemas.

La vergüenza se asemeja a la culpa en que restringe la libertad de ser uno mismo y de expresarse a si mismo. Todos nosotros, habitantes de países civilizados, sentimos cierta vergüenza de nuestro cuerpo y sus funciones animales, principalmente de la sexualidad, pero son pocos los pacientes que hablan de su vergüenza. Se sienten muy avergonzados de hablar de su vergüenza y, como son seres complicados, la niegan. La expresión de sí mismo no se limita a los sentimientos de tristeza y de rabia. La mayoría de las personas tienen algunos secretos oscuros que tienen vergüenza de revelar, y en ocasiones llegan incluso a esconderlos de sí mismos. Los miedos, la envidia, la aversión, las repulsiones y las atracciones, cuando se esconden por vergüenza, se convierten en importantes barreras que impiden entregarse al amor.

La culpa se diferencia de la vergüenza en que está relacionada con sentimientos y acciones mal vistos moralmente, en lugar de relacionarse con algo sucio o inferior. Pero la mayoría de las personas que vienen a la terapia hoy en día son sofisticadas desde un punto de vista psicológico y niegan todo sentimiento de culpa. Luego de ésta negación, uno no puede hablar de ello, lo cual le vuelve difícil liberarse de sus obsesiones. Se les hace creer a los niños que los sentimientos de ira y sexualidad, cuando se dirigen a los padres, son malos moralmente. El miedo se vincula tanto con la culpa como con la vergüenza.

La entrega al amor involucra la capacidad de compartirse enteramente con el otro. El amor no es una cuestión de dar sino de estar abierto; pero esa apertura tiene que iniciarse por uno mismo, para luego pasar al otro. Implica estar en contacto con los sentimientos mas profundos de uno y expresarlos en forma adecuada.



lunes, 30 de junio de 2014

El Arte de Amar, parte 6

Amor a Dios.

La forma religiosa del amor, lo que se denomina amor a Dios, desde el punto de vista psicológico, surge igualmente, de la necesidad de superar la separatidad y lograr la unión.
En todas las religiones teístas, Dios representa el valor supremo, el bien más deseable. Por tanto, el significado de Dios, depende de cuál sea el bien supremo para una determinada persona. En consecuencia, para comprender el concepto de Dios, comenzaremos con un análisis de la estructura caracterológica de la persona que ama a Dios.

Hasta donde se tiene conocimiento, el desarrollo de la raza humana se caracteriza por la emergencia del hombre de la naturaleza, de la madre, de los lazos de la sangre y del suelo. En el comienzo de la historia humana, si bien el hombre se encuentra expulsado de la unidad original con la naturaleza, aún se aferra todavía a esos lazos primarios. Muchas religiones primitivas son manifestaciones de esa etapa evolutiva. Un animal se transforma en un tótem; se usan máscaras de animales en los actos religiosos o en la guerra.

 En la etapa siguiente, cuando la habilidad humana alcanza la del artesano o el artista, cuando el hombre no depende ya exclusivamente de los dones de la naturaleza, el hombre transforma el producto de su propia mano en un dios. Es la etapa de la adoración de ídolos hechos de arcilla, plata u oro.

En la próxima fase evolutiva, el hombre da a sus dioses la forma de seres humanos. Esto sucede cuando el hombre se ha tornado más consciente de sí mismo, y se descubre como el bien supremo en su mundo. En esta fase de un dios antropomórfico, encontramos una evolución de dos dimensiones. Una se refiere a la naturaleza femenina o masculina de los dioses, la otra, al grado de madurez alcanzado por el hombre, y que se refleja en la naturaleza de sus dioses y la naturaleza de su amor a ellos.

Hablemos en primer término del paso de las religiones matriarcales a las patriarcales. En la fase matriarcal, el ser superior es la madre. Es la diosa, y a la vez, la autoridad en la familia y la sociedad. Para comprender la esencia de la religión matriarcal, basta recordar lo dicho sobre la esencia del amor materno. Es incondicional, omni protector y envolvente. Su presencia da a la persona amada la sensación de dicha; su ausencia produce un sentimiento de abandono y profunda desesperación. El amor materno se basa en la igualdad, ya que una madre ama a todos sus hijos por igual. Todos los hombres son iguales, puesto que todos somos hijos de una madre, porque todos somos hijos de la Madre Tierra.

Con el desarrollo de etapa patriarcal, la madre pierde su posición suprema y el padre se convierte en el ser superior, tanto en la religión como en la sociedad. La naturaleza del amor del padre le hace tener exigencias, establecer principios y leyes, y a que el amor al hijo dependa de la obediencia de éste a sus demandas. Cabe recordar, que el desarrollo de la sociedad patriarcal es paralelo al desarrollo de la propiedad privada.
Así, la igualdad de los hermanos se transforma en competencia.
Sin embargo, puesto que es imposible arrancar del corazón humano el anhelo del amor materno, no es sorprendente que la figura de la madre amante perdure, en la religión católica, por ejemplo, la Iglesia y la Virgen simbolizan a la Madre.

El otro factor, es el grado de madurez alcanzado por el individuo.
Al comienzo de la religión patriarcal, encontramos a un Dios despótico, celoso, que considera que el hombre que ha creado es de su propiedad. Es la fase en la que Dios decide destruir a la raza humana mediante el diluvio. Pero al mismo tiempo comienza una nueva etapa; Dios, según la Biblia, hace un pacto con Noé, por el cual le promete no volver a destruir la raza humana, un pacto en el que compromete su propio sentido de justicia.
La evolución va más allá, y tiende a que Dios deje de ser la figura de un padre y se convierta en el símbolo de sus principios, los de justicia, verdad y amor. Dios deja de ser una persona, un hombre, un padre; se convierte en el símbolo del principio de unidad detrás de todas las cosas, de la visión de la flor que crecerá de la semilla espiritual, que alberga el hombre en su interior. Dios se convierte en “el Uno sin nombre”; Dios se torna verdad, amor, justicia. Dios es yo, en la medida en que soy humano. La persona verdaderamente religiosa, no ama a Dios como un niño a su padre o a su madre; ha adquirido la humildad necesaria para percibir sus limitaciones, hasta el punto de saber que no sabe nada acerca de Dios. Dios se convierte en un símbolo del reino del mundo espiritual, del amor, la verdad, la justicia.

En todas las religiones, existe el supuesto de la realidad del mundo espiritual, que trasciende al hombre, que da significado y validez a los poderes espirituales del hombre y a sus esfuerzos por alcanzar el nacimiento interior.
El reino del amor, la razón y la justicia existe como una realidad únicamente porque el hombre ha podido desenvolver esos poderes en sí mismo a través del proceso de evolución. En este sentido, el hombre está completamente solo, salvo en la medida en que ayuda a otro.

Otra dimensión del amor a Dios que conviene analizar, es la diferencia fundamental en la actitud religiosa entre Oriente (China e India) y Occidente.
Para Oriente, el amor a Dios no es el conocimiento de Dios mediante el pensamiento, sino el acto de experimentar la unidad con Dios. Por tanto, lo más importante es la forma correcta de vivir. La finalidad fundamental de las religiones orientales no es la creencia correcta, sino la acción correcta. Tal actitud llevó a la tolerancia por un lado, y a dar más importancia al hombre en transformación que al desarrollo del dogma y de la ciencia.
La tarea religiosa del hombre no consiste tanto en pensar bien, sino en obrar bien, y en llegar a ser uno con el Uno en el acto de la meditación concentrada.

En lo que toca a la corriente principal del pensamiento occidental, cabe afirmar lo contrario. Puesto que se espera encontrar  la verdad fundamental en el pensamiento correcto, se otorga especial importancia al pensar, aunque también se valore la acción correcta. Tal actitud condujo a la formación de dogmas, y a la intolerancia frente al “no creyente” o hereje. Así, la persona que creía en Dios -aunque no viviera a Dios- sentíase superior a los que vivían a Dios, pero no creían en él.

Es oportuno volver a un importante paralelo entre el amor a los padres y el amor a Dios. Dijimos que al comienzo, el niño está ligado a la madre como “fuente de toda su existencia”. Luego se vuelca hacia el padre como nuevo centro de sus afectos. En la etapa de plena madurez, se ha liberado de las personas de la madre y el padre como poderes, ha establecido en sí mismo los principios materno y paterno. Se ha convertido en su propio padre y madre.

En la historia de la raza humana observamos idéntico desarrollo, desde el comienzo del amor a Dios; como la consagrada relación con una Diosa madre, a través de la obediencia a un Dios paternal, hasta una etapa madura en la que Dios deja de ser un poder exterior, en la que el hombre ha incorporado en sí mismo los principios de amor y justicia, en la que se ha hecho uno con Dios.

De tales consideraciones se deduce que el amor a Dios no puede separarse del amor a los padres. Si una persona no emerge de la relación incestuosa con la madre, el clan, la nación; si mantiene su dependencia infantil de un padre que castiga y recompensa, o de cualquier otra autoridad, no puede desarrollar un amor maduro a Dios; su religión corresponde entonces, a la primera fase, en la que se experimenta a Dios como una madre protectora o un padre que castiga y recompensa.
Cada individuo conserva en si mismo, en su inconsciente, todas las etapas desde la de infante desvalido en adelante. La cuestión es hasta que punto se ha desarrollado. Una cosa es segura: la naturaleza de su amor a Dios corresponde a la naturaleza de su amor al hombre.

Sin embargo, el amor al hombre, si bien directamente arraigado en sus relaciones con su familia, está determinado, en última instancia, por la estructura de la sociedad en que vive. Si la estructura social es de sumisión a la autoridad, su concepto de Dios será infantil y muy alejado del concepto maduro.

martes, 17 de junio de 2014

El Arte de Amar, parte 1

Resumen del conocido libro de Erich Fromm

“El Arte de Amar” 

¿Qué es el Amor? ¿Por qué nos parece tan familiar y a la vez tan extraño? ¿Por qué si todos lo buscamos, casi nadie lo tenemos? ¿Cómo es que empezamos nuestra vida buscando y pidiendo amor, y las terminamos frecuentemente tristes y solitarios?…….
Y más extraño es que a pesar de este evidente conflicto, nadie voltea a ver cuales son las causas. ¿Qué esta fallando en nosotros, y aún en la sociedad, que nos está condenando a vivir encerrados en nosotros mismos?.A pesar de la franca deshumanización que sufrimos, nadie parece hacer nada por remediarlo. Nadie dedica un tiempo a meditarlo. Todo parece tener más importancia: éxito, prestigio, dinero; dedicamos toda nuestra energía a conseguir tales objetivos, y no dejamos nada para entender los problemas del amor.”¿Será acaso que el “amor”, que sólo beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no conviene invertir muchas energías?”

Investiguemos un poco: ¿Por qué no encontramos el amor?. Si hacemos caso a Erick Fromm, que nos advierte de antemano.        “Todos los intentos de amar están condenados al  fracaso, a menos que procuremos, del modo más activo, desarrollar nuestra personalidad total”. Y luego continúa: “ la satisfacción en el amor individual, no puede lograrse sin la capacidad de amor al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina”.
¿Qué significa todo esto?. Visto así, el amor ya no parece un problema tan sencillo.

El primer paso es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir.
Casi todos piensan que no hay nada que aprender en el amor, que el amor es una experiencia placentera, cuya ocurrencia es cuestión de azar, algo con lo que se tropieza si hay suerte.
De igual forma, se cree ilusamente que el problema consiste en conseguir el objeto; que amar es sencillo y lo difícil es encontrar un objeto para amar. Tal actitud puede compararse con la de un hombre que quiere ser Pintor, pero que en lugar de aprender el arte, sostiene que debe esperar el objeto adecuado, y que pintará maravillosamente bien cuando lo encuentre.

 Se cree similarmente, que lo importante es ser amado, y no tanto aprender a amar. Todos queremos que se nos ame, y por eso buscamos el éxito, el poder y las riquezas; buscamos ser atractivos; perseguimos popularidad y sex appeal casi a cualquier precio.
Por otro lado, vivimos en una cultura basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. Una mujer o un hombre atractivos  son los premios que se quieren conseguir. Se pretende lograr un buen negocio. Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado “el mejor objeto disponible en el mercado”. Buscamos un partido ventajoso.

Otra evidente causa de lo escaso del amor en nuestra sociedad, es que muchos confunden la experiencia inicial de “enamorarse”, con la de permanecer enamorados. “Dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al principio no saben todo esto: en realidad consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar “locos” el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando solo muestra el grado de su soledad anterior.

Comencemos el aprendizaje de éste tan vital arte, con el estudio de la teoría:

El  duelo esencial, el conflicto fundamental en la existencia del hombre, es el hecho de que ha emergido del reino animal, ha trascendido a la naturaleza, a progresado sobre su adaptación instintiva. Esto queda representado simbólicamente en el mito de Adán y Eva, expulsados del paraíso terrenal.  Y trascendido el  estado primario, el hombre solo puede ir hacia adelante, desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana, que está irremediablemente perdida.
Desde que el hombre toma conciencia de sí mismo como una entidad separada, toma conciencia de su soledad, de que ha de morir,  de que morirán sus seres queridos, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión.
La vivencia de esta “separatidad”, provoca angustia, es por cierto, la fuente de toda angustia. Por otra parte produce vergüenza y un sentimiento de culpa. “La conciencia de la separación humana- sin la reunión por el amor- es la fuente de la vergüenza, es al mismo tiempo la fuente de la culpa y la angustia.

La necesidad más profunda del hombre es entonces, superar su separatidad, abandonar la prisión de su soledad. El fracaso absoluto en el logro de tal finalidad significa la locura.
El hombre de todas las edades y culturas enfrenta el mismo problema; como lograr la unión, como trascender la propia vida individual y encontrar compensación. Las respuestas han variado a lo largo del tiempo, aunque en forma general, pueden resumirse en las siguientes tres.

La primera que analizaremos consiste en diversas formas de “estados orgiásticos” . En un estado de transitoria exaltación, el mundo exterior desaparece, y con él, el sentimiento de separatidad con respecto al mismo. En nuestra sociedad actual, las adicciones al alcohol, las drogas, el sexo, etc., son los medios a disposición. Cuando la experiencia orgiástica concluye, se sienten más separados aún, y ello los impulsa a recurrir a tal experiencia con frecuencia e intensidad crecientes.

Otro intento de unión, que está lejos de ser la solución, es la relación basada en la conformidad con el grupo. En la sociedad occidental contemporánea, la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el  ser individual desaparece en gran medida y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Los sistemas dictatoriales utilizan amenazas y el terror para inducir esta conformidad. La mayoría de la gente ni siquiera tiene conciencia de su necesidad de conformismo.
De sobra decir,  que la unión por la conformidad, dictada por la rutina, suele resultar insuficiente para aliviar la angustia de la separatidad.

La tercera respuesta que en forma general a dado el hombre para superar su desolación, consiste en la “actividad creadora”, sea la del artista o la del artesano. En cualquier tipo de actividad creadora, la persona que crea se une con su material, que representa el mundo exterior a él.
La unidad alcanzada en la fusión orgiástica es transitoria; la proporcionada por la conformidad es solo pseudo unidad; la que se logra por el trabajo productivo  no es interpersonal, no involucra a  nuestros semejantes. Por tanto, constituyen meras respuestas parciales al problema de la existencia.

La solución plena está en el logro de la unión interpersonal, la fusión con otra persona, en el amor. “Este deseo de fusión interpersonal constituye la pasión fundamental del hombre, es la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia, a la sociedad”. la incapacidad de alcanzarlo significa insania o destrucción.

martes, 26 de junio de 2012

El Arte de Amar, parte 1

¿Que es el Amor? ¿Porque si todos lo buscan casi nadie lo encuentra? La gran mayoría piensa que no hay nada que aprender en el amor. Que el amor es una experiencia placentera, cuya ocurrencia es cuestión de azar, algo con lo que se tropieza si hay suerte. El Libro escrito por Erick Fromm, "El Arte de Amar", es una pequeña Biblia. En él se encuentra todo lo que hay que saber para vivir alegres y en paz . Desafortunadamente, pocos lo leen, menos aún lo comprenden, y casi nadie lo pone en práctica. Por ello el esfuerzo de resumirlo y ponerlo en "audio". Dividido en siete partes. En esta  primera, encontramos los principales motivos del fracaso en la búsqueda del anhelado sueño..https://www.dropbox.com/s/9qispvlvd6lg4fb/amar%2C%20la%20respuesta%201%20%282%29.mp3

El texto completo:

 “El Arte de Amar” 

¿Qué es el Amor? ¿Por qué nos parece tan familiar y a la vez tan extraño? ¿Por qué si todos lo buscamos, casi nadie lo tenemos? ¿Cómo es que empezamos nuestra vida buscando y pidiendo amor, y las terminamos frecuentemente tristes y solitarios?…….
Y más extraño es que a pesar de este evidente conflicto, nadie voltea a ver cuales son las causas. ¿Qué esta fallando en nosotros, y aún en la sociedad, que nos está condenando a vivir encerrados en nosotros mismos?.A pesar de la franca deshumanización que sufrimos, nadie parece hacer nada por remediarlo. Nadie dedica un tiempo a meditarlo. Todo parece tener más importancia: éxito, prestigio, dinero; dedicamos toda nuestra energía a conseguir tales objetivos, y no dejamos nada para entender los problemas del amor.”¿Será acaso que el “amor”, que sólo beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no conviene invertir muchas energías?”

Investiguemos un poco: ¿Por qué no encontramos el amor?. Si hacemos caso a Erick Fromm, que nos advierte de antemano. “Todos los intentos de amar están condenados al  fracaso, a menos que procuremos, del modo más activo, desarrollar nuestra personalidad total”. Y luego continúa: “ la satisfacción en el amor individual, no puede lograrse sin la capacidad de amor al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina”.
¿Qué significa todo esto?. Visto así, el amor ya no parece un problema tan sencillo.

El primer paso es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir.
Casi todos piensan que no hay nada que aprender en el amor, que el amor es una experiencia placentera, cuya ocurrencia es cuestión de azar, algo con lo que se tropieza si hay suerte.
De igual forma, se cree ilusamente que el problema consiste en conseguir el objeto; que amar es sencillo y lo difícil es encontrar un objeto para amar. Tal actitud puede compararse con la de un hombre que quiere ser Pintor, pero que en lugar de aprender el arte, sostiene que debe esperar el objeto adecuado, y que pintará maravillosamente bien cuando lo encuentre.

 Se cree similarmente, que lo importante es ser amado, y no tanto aprender a amar. Todos queremos que se nos ame, y por eso buscamos el éxito, el poder y las riquezas; buscamos ser atractivos; perseguimos popularidad y sex appeal casi a cualquier precio.
Por otro lado, vivimos en una cultura basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. Una mujer o un hombre atractivos  son los premios que se quieren conseguir. Se pretende lograr un buen negocio. Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado “el mejor objeto disponible en el mercado”. Buscamos un partido ventajoso.

Otra evidente causa de lo escaso del amor en nuestra sociedad, es que muchos confunden la experiencia inicial de “enamorarse”, con la de permanecer enamorados. “Dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al principio no saben todo esto: en realidad consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar “locos” el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando solo muestra el grado de su soledad anterior.

Comencemos el aprendizaje de éste tan vital arte, con el estudio de: La Teoría del Amor

El  duelo esencial, el conflicto fundamental en la existencia del hombre, es el hecho de que ha emergido del reino animal, ha trascendido a la naturaleza, a progresado sobre su adaptación instintiva. Esto queda representado simbólicamente en el mito de Adán y Eva, expulsados del paraíso terrenal.  Y trascendido el  estado primario, el hombre solo puede ir hacia adelante, desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana, que está irremediablemente perdida.
Desde que el hombre toma conciencia de sí mismo como una entidad separada, toma conciencia de su soledad, de que ha de morir,  de que morirán sus seres queridos, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión.
La vivencia de esta “separatidad”, provoca angustia, es por cierto, la fuente de toda angustia. Por otra parte produce vergüenza y un sentimiento de culpa. “La conciencia de la separación humana- sin la reunión por el amor- es la fuente de la vergüenza, es al mismo tiempo la fuente de la culpa y la angustia.

La necesidad más profunda del hombre es entonces, superar su separatidad, abandonar la prisión de su soledad. El fracaso absoluto en el logro de tal finalidad significa la locura.
El hombre de todas las edades y culturas enfrenta el mismo problema; como lograr la unión, como trascender la propia vida individual y encontrar compensación. Las respuestas han variado a lo largo del tiempo, aunque en forma general, pueden resumirse en las siguientes tres.

La primera que analizaremos consiste en diversas formas de “estados orgiásticos” . En un estado de transitoria exaltación, el mundo exterior desaparece, y con él, el sentimiento de separatidad con respecto al mismo. En nuestra sociedad actual, las adicciones al alcohol, las drogas, el sexo, etc., son los medios a disposición. Cuando la experiencia orgiástica concluye, se sienten más separados aún, y ello los impulsa a recurrir a tal experiencia con frecuencia e intensidad crecientes.

Otro intento de unión, que está lejos de ser la solución, es la relación basada en la conformidad con el grupo. En la sociedad occidental contemporánea, la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el  ser individual desaparece en gran medida y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Los sistemas dictatoriales utilizan amenazas y el terror para inducir esta conformidad. La mayoría de la gente ni siquiera tiene conciencia de su necesidad de conformismo.
De sobra decir,  que la unión por la conformidad, dictada por la rutina, suele resultar insuficiente para aliviar la angustia de la separatidad.

La tercera respuesta que en forma general a dado el hombre para superar su desolación, consiste en la “actividad creadora”, sea la del artista o la del artesano. En cualquier tipo de actividad creadora, la persona que crea se une con su material, que representa el mundo exterior a él.
La unidad alcanzada en la fusión orgiástica es transitoria; la proporcionada por la conformidad es solo pseudo unidad; la que se logra por el trabajo productivo  no es interpersonal, no involucra a  nuestros semejantes. Por tanto, constituyen meras respuestas parciales al problema de la existencia.

La solución plena está en el logro de la unión interpersonal, la fusión con otra persona, en el amor. “Este deseo de fusión interpersonal constituye la pasión fundamental del hombre, es la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia, a la sociedad”. la incapacidad de alcanzarlo significa insania o destrucción.

Pero además, esta fusión puede lograrse de distintas formas, y existen formas inmaduras de amor, que preferimos llamar “uniones simbióticas”, y reservar el término “amor”, a una forma específica de unión, que ha sido la virtud ideal de todas las grandes religiones y sistemas filosóficos humanísticos en los cuatro mil años de historia occidental y oriental.

En la unión simbiótica, existe psicológicamente una dependencia. La forma pasiva de la unión simbiótica es la sumisión (o masoquismo), aquí, la persona escapa del intolerable sentimiento de aislamiento convirtiéndose en parte de la otra persona, que la dirige y protege, pero carece de integridad, no ha nacido completamente. Un mecanismo similar a la idolatría.
La forma activa de la fusión simbiótica es la dominación (o sadismo). La persona sádica quiere escapar de su soledad y de su sensación de estar aprisionada haciendo de otro individuo parte de sí misma. La persona sádica es tan dependiente de la sumisa como ésta de aquella, ninguna de las dos puede vivir sin la otra.

En contraste con la unión simbiótica, el “amor” maduro significa “unión a condición de preservar la propia integridad”, la propia individualidad.
El amor es un poder activo en el hombre, un poder que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separatidad y no obstante le permite ser él mismo, mantener su integridad.
El amor es la práctica de un poder humano que solo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una represión, o compulsión.