lunes, 3 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 41

 CAPITULO 11

Un enfoque creativo de la vida

¿QUE ES LA CREATIVIDAD?

Este libro se ocupa de dos temas: placer y creatividad. Ambos están estrechamente relacionados, dado que el placer brinda la motivación y la energía para el proceso  creativo, lo cual a su vez acrecienta el placer y la alegría de vivir. Con placer, la vida es una aventura creativa; sin placer, es una lucha por sobrevivir. En los capítulos  precedentes analicé la naturaleza del placer y su rol en la determinación del comportamiento. Dedicaré este capítulo al tema de la creatividad en la vida.

Un enfoque creativo de la vida implica respuestas nuevas e imaginativas a las numerosas situaciones que una persona enfrenta cotidianamente. Se necesitan  urgentemente nuevas respuestas, ya que los valores y formas sociales que han regido las relaciones y regulado el comportamiento en las generaciones anteriores ya no ofrecen un marco satisfactorio para la vida moderna. Esta observación es ineludible, tanto en relación con la vida personal y familiar de las personas como con el escenario social y político más amplio. Las nuevas respuestas que buscamos no pueden limitarse al rechazo de los conceptos establecidos. La rebeldía pura no es una actitud creativa y sólo conduce a una condición caótica en la cual la búsqueda de placer y significado termina con frecuencia en desdicha y  desesperación.

El colapso de los códigos y patrones tradicionales ofrece una promesa de mayor placer y alegría de vivir, pero también plantea graves peligros. La promesa consiste en que hay un área más amplia de la vida abierta a un enfoque creativo; los peligros se deben a la falta de comprensión de lo que es la creatividad.

 Confundidas, las personas tienden a adoptar todas las ideas populares que les prometen una solución, suponiendo ingenuamente que la validez de una idea se mide por su popularidad. Dado que la popularidad está generalmente determinada por la publicidad y por los medios de masas, se opone al concepto de creatividad, que es una solución individual a un problema único. No hay dos artistas que pinten el mismo cuadro.

Otro peligro que enfrentamos es creer erróneamente que la experiencia es el único valor verdadero en la vida. Son demasiadas las personas que, creyendo esto, se  exponen a situaciones que son destructivas para su vida y bienestar. Con frecuencia se defiende el consumo de drogas con el argumento de que no se deberían limitar las propias experiencias. El comportamiento sexual indiscriminado y promiscuo se justifica en forma similar. Una experiencia en sí misma y por sí misma no necesariamente contribuye al crecimiento y al desarrollo. Para que lo haga, se la debe integrar en la personalidad. Se la debe asimilar en forma creativa; es decir, se debe profundizar la autocomprensión, ampliar la apreciación del placer y, como en el crecimiento, expandir todo el ser. Las experiencias que no se asimilan en forma creativa aumentan la confusión y disminuyen el sentido de identidad.

¿Qué significa ser creativo? La persona creativa tiene una visión fresca del mundo. No intenta resolver nuevos problemas con viejas soluciones. Parte de la premisa de que no conoce las respuestas. En consecuencia, enfoca la vida con la curiosidad y el asombro del niño, que todavía no está estructurado en su forma de ser y de pensar. El individuo cuya personalidad no es rígida tiene libertad para utilizar su  imaginación para enfrentar las circunstancias de la vida, que están en constante cambio.

Ser creativo es ser imaginativo, pero no todos los actos de la imaginación son actividades creativas. Las ensoñaciones, las fantasías y las ilusiones que llenan la  mente y ocupan el pensamiento de muchas personas no son expresiones creativas. La imagen del tipo Walter Mitty*, pueden ser  una compensación mental por la incapacidad de una persona de resolver sus conflictos internos. Dichas imágenes compensatorias guardan escasa relación con la realidad y, dado que no pueden realizarse, dejan a la persona en un elevado estado de tensión. 

La imaginación creativa comienza con una apreciación y aceptación de la realidad. No busca transformarla, haciendo que se adapte a su ilusión, sino que, por el contrario, busca profundizar la comprensión de la realidad a fin de enriquecer su propia experiencia de ella. El impulso creativo , comienza con la imaginación del niño pero apunta a la satisfacción de las  necesidades del adulto.

La fusión del realismo del adulto con la imaginación del niño es la clave de toda acción creativa. Encama el principio básico de la creatividad, a saber: que el acto creativo es la fusión de dos visiones aparentemente contradictorias en una visión única. En su libro The Act of Creation, Arthur Koestler hace de este tema el punto central de su estudio y lo ilustra con numerosos ejemplos: “El acto creativo, al  conectar dimensiones de la experiencia previamente desvinculadas entre sí, le permite (al hombre) alcanzar un nivel más elevado de evolución mental. Es un acto de liberación, el triunfo de la originalidad sobre el hábito” El principio según el cual la creatividad es la fusión e integración de aspectos opuestos no se limita a la expresión creativa en la ciencia o en el arte, se aplica también a todas las formas de expresión en la vida. Ilustraré su aplicabilidad a una situación común de la vida moderna.

Hoy, el trato de la mayoría de los padres con sus hijos está marcado por el conflicto entre disciplina y permisividad. No pueden ejercer la autoridad que tenían los  padres de antes con la seguridad de que dará buen resultado. A pesar de sus mejores intenciones, el ejercicio de la autoridad arbitraria sólo provoca sentimientos de rebeldía y desafío en los jóvenes. No obstante, la falta de autoridad y la actitud de permisividad resultante parecen producir una situación igualmente desesperante. Hoy, muchos jóvenes se sienten más confundidos que liberados por una actitud de completa permisividad y el resultado es generalmente una mayor separación entre generaciones.

No es ni puede ser una cuestión de autoridad contra permisividad. Ninguna de ellas es una respuesta creativa a una relación basada en el amor. Al padre que ama a su hijo le gustaría que éste fuera feliz; quiere que el niño goce de la vida. El bienestar y el placer del niño son sus consideraciones primarias. Al apoyar el deseo de placer de su hijo, no está siendo permisivo sino afectuoso. El niño, a su vez, respetará al padre que se comporta de esta manera y escuchará los consejos de su padre por respeto y no debido a su autoridad.

No obstante, el padre afectuoso tiene autoridad. No es una autoridad arbitraria basada en el poder y en la suposición de que sabe más (niega mejor). Es una autoridad basda en la responsabilidad que tiene un padre con el bienestar y el placer del niño. Esta responsabilidad le da al padre la autoridad para fijar reglas para el funcionamiento ordenado de la vida familiar. Estas reglas necesariamente  imponen cierta disciplina sobre los miembros de la familia, pero la disciplina, al igual que la autoridad, no es arbitraria.

Está destinada a aumentar el disfrute de cada miembro de la familia y pierde su validez cuando pierde este fin. En consecuencia, un padre afectuoso es un padre responsable que no es ni castigador ni permisivo. Criar a un niño de manera que se sienta amado, respetado y seguro es un acto creativo. Y debido a que es un acto creativo, no es posible realizarlo siguiendo una fórmula. Los padres deben comprender el deseo de placer y la necesidad de autoexpresión del niño. Sólo pueden hacerlo si están libres de culpas personales en cuanto al placer y pueden expresar sus propios sentimientos abierta y honestamente. Cuando un padre se siente culpable respecto del placer, su permisividad estará teñida de ansiedad, que  será percibida por el niño. Esta ansiedad socava el placer del niño y lo convierte en un ser inquieto e irritable que no  puede calmarse aumentando la permisividad o la disciplina.

La crianza de un niño con amor por su ser y respeto por su individualidad requiere una actitud creativa de los padres. Estos no pueden seguir los patrones de crianza  utilizados por sus padres, ya que su estilo de vida es diferente. Los padres de hoy son psicológicamente más sofisticados y muchos de ellos se han vuelto conscientes de los errores en su propia educación. No obstante, la psicología no da respuestas, sólo advertencias.

Consecuentemente, cada padre se enfrenta con la necesidad de desarrollar una nueva forma de relación padre-hijo. Esto requiere sensibilidad, imaginación,  autoconciencia y autoaceptación, cualidades que caracterizan a la persona sana y al individuo creativo. La necesidad de una actitud creativa no ejerce más presión sobre la relación padre-hijo que sobre otras áreas de la vida. Encontramos la misma confusión en la esfera sexual, donde las alternativas parecen ser la moral antigua o ninguna moral. El estándar doble que durante siglos rigió las actividades y comportamientos sexuales se ha derrumbado bajo el impacto del psicoanálisis, los  antibióticos, los anticonceptivos, el automóvil y otras fuerzas. Su desaparición no ha conducido a la satisfacción sexual esperada sino al caos y a la desdicha sexual. 

Esta evolución está explicada en mi libro Love and Orgasm.Ni el viejo código moral ni el nuevo —la moral de la diversión— ofrecen una respuesta significativa al problema del comportamiento sexual en el mundo de hoy. Obviamente, no hay respuesta. Cada individuo tiene que desarrollar un código de moral personal basado en una actitud creativa hacia el amor y el sexo.

La gran pregunta es: ¿cómo sabemos si nuestra actitud es creativa o destructiva? Una actitud creativa es aquella que integra los aspectos opuestos y necesidades de la personalidad en una sola expresión, una respuesta unitaria. Una actitud destructiva es aquella que fragmenta la unidad de la personalidad, colocando una necesidad en contra de otra. Consideremos, por ejemplo, el conflicto entre placer y  logro. A pesar de que pongo énfasis en el placer, no se puede hacer de la mera persecución del placer la meta de la vida.

Cuanto más lo buscamos, más elude nuestra búsqueda; ésa es la naturaleza del placer. El placer está indisolublemente unido al logro, y una vida en la que no hay logros está igualmente privada de placer. Sin embargo, todos estamos  familiarizados con personas cuya lucha compulsiva por el logro y el éxito les ha quitado el placer e impedido disfrutar de la vida. Existe una antítesis entre placer y logro que nace del hecho de que el logro requiere autodisciplina. El compromiso con una meta o tarea necesariamente implica el sacrificio de algunos placeres inmediatos. Si una persona no puede postergar la satisfacción inmediata de sus  placeres es como un niño, cuyos logros son todavía nulos y cuyos placeres sólo tienen sentido en su dimensión infantil.

El conflicto entre placer y logro no puede resolverse distribuyendo el tiempo entre estas dos necesidades. Una combinación de este tipo aumenta el conflicto: nos  resentiremos por el tiempo utilizado en el trabajo y, en consecuencia, no podremos disfrutar plenamente de las horas de ocio. Si no hay placer en el trabajo ni posibilidades de creatividad en el placer, el resultado será un sentimiento de frustración, no una sensación de alegría. Incluso el proceso creativo requiere un mínimo de esfuerzo y de trabajo para obtener la alegría que promete.

Todo trabajo debería proporcionar a quien lo hace la oportunidad de utilizar su imaginación creativa. No hay ninguna actividad que no pueda realizarse mejor, más fácilmente o con más placer. Sólo se necesita un poco de imaginación creativa. Pero la creatividad florece sólo en una atmósfera de libertad donde el placer es la fuerza motivadora. Si la productividad, en forma de bienes o salarios, es lo único que se considera en un proceso de trabajo, los individuos vinculados con ese proceso se transforman en máquinas humanas incapaces de imaginación creativa alguna. Tal situación se da en nuestra economía actual y lo que demuestra es que ni los bienes ni los salarios fomentan la alegría de vivir.

Impulsos antitéticos tales como los mencionados arriba son fenómenos polares. Dentro del marco de la personalidad completa, cada, impulso se complementa con su polo opuesto. En consecuencia, cuanto más placer se experimente, mayor puede ser el logro. Cuando más se logre, mayor será el sentimiento de placer. Los impulsos polares se oponen entre sí sólo cuando se disocian de la función total de la persona. La búsqueda del placer como fin en sí mismo demuestra ser decepcionante. Nadie ha experimentado nunca placer buscándolo. De igual modo, un logro que no guarda relación con la vida de una persona es un gesto vacío.

En una persona sana, la necesidad de seguridad y la necesidad de desafíos se complementan. El individuo que acepta desafíos inherentes a cualquier exploración activa de la vida se siente más seguro que el individuo que evita estos desafíos. La persona segura sale al mundo y mediante esta misma acción amplía su seguridad interna, mientras que la persona atemorizada que se aísla y erige defensas contra sus temores aumenta su sensación de inseguridad.

Los impulsos polares y las necesidades están biológicamente conectados por un movimiento rítmico y pulsátil de sensaciones entre los dos polos. La ilustración más simple de este concepto es la relación entre el sueño y la vigilia. Cada noche hay una descenso hacia el sueño y cada día hay un ascenso a la conciencia. El bienestar de una persona depende de esta oscilación rítmica. Sin una adecuada cantidad de sueño, la conciencia de una persona se embota y se reduce su actividad. Sin una vida diurna activa y llena de energía, el sueño tiende a alterarse. 

Cada impulso polar fomenta el movimiento hacia el otro. En un individuo sano, estas dos necesidades polares se equilibran y se adaptan a su estilo de vida; un individuo así disfruta durmiendo tanto como estando despierto. La pulsación que  une las fuerzas polares y crea un movimiento de sentimientos entre ellas es también evidente en la relación entre el amor y el sexo. Tanto el amor como el sexo reflejan la necesidad de proximidad e intimidad con otro ser. Sin embargo, el amor ocupa una posición antitética con respecto al sexo. El sentimiento de amor fluye hacia arriba dentro del cuerpo cuando extendemos los brazos para tomar contacto. 

En el sexo, el sentimiento fluye hacia abajo, cargando los órganos genitales. El amor aumenta la tensión de una relación elevando el nivel de excitación. El sexo reduce la tensión descargando la excitación. El amor es inspirador; su placer es previsor. El sexo colma; su placer satisface. Lógicamente puede parecer que con el placer del sexo termina el sentimiento de amor, pero en realidad se da lo contrario. De la misma manera que los elevados sentimientos de amor aumentan el placer del sexo, el placer de la descarga sexual refuerza el amor que se siente por la pareja sexual. Wilhelm Reich señaló que en el orgasmo se produce un flujo inverso, ya que la energía y los sentimientos que estaban concentrados en los genitales inundan todo el cuerpo. En consecuencia, la pulsación biológica entre el amor y el sexo es un proceso continuo que asegura el crecimiento de una relación.

El sexo sin amor brinda el placer mínimo que puede conseguirse con varias parejas sexuales. Es una experiencia que ofrece pocas o ninguna posibilidades de desarrollo creativo. El amor que no se satisface biológicamente en el sexo u otras formas de contacto placentero es una ilusión, una ensoñación o una fantasía. La madre que habla de amor pero no le da el pecho a su hijo, no lo sostiene afectuosamente en sus brazos o no lo cuida tiernamente es una impostora. El enamorado que no le ofrece a la persona amada un regalo para expresar su sentimiento es deshonesto. Y el esposo que proclama su amor a su esposa pero no experimenta deseos sexuales con ella, es falso. 

El amor es una promesa que debe cumplirse con acciones. El sexo es la satisfacción que renueva la promesa. La disociación de amor y sexo y de sexo y amor se debe a la interrupción del movimiento pulsátil que une los diferentes aspectos de la personalidad del hombre. El resultado es una división de la naturaleza unitaria del hombre en categorías opuestas; carne y espíritu, naturaleza y cultura, mente inteligente y cuerpo animal. Estas distinciones existen, pero sólo como conceptos racionales.

 Cuando se estructuran en actitudes corporales y comportamientos, producen un estado esquizoide. En la personalidad esquizoide, el flujo de sentimientos entre las mitades superior e inferior del cuerpo  está bloqueado por tensiones en el área diafragmática. Este problema se explora de forma más completa en The Betrayal of the Body. Amor y sexo pueden oponerse sólo a expensas del placer y la alegría. Unidos por el flujo rítmico de sensaciones en el cuerpo, el amor y el sexo forman un potencial creativo. Los verdaderos enamorados sexuales no están satisfechos con el statu quo; se ven impelidos a hacer cosas el uno por el otro, a embellecer lo que los rodea y a construir juntos un futuro. 

Con certeza, la creación de una nueva vida que encarnará la alegría que experimentan juntos formará parte de ese futuro. Esta alegría llena su medio y enriquece a todos los que entran en él. En esta atmósfera de amor y sexo, los niños crecen bellos y fuertes, mientras la personalidad de cada uno de sus padres se  expande en sabiduría y comprensión.


 

lunes, 27 de julio de 2026

La Experiencia del Placer, parte 40

 

EL RITMO DEL AMOR

Hablar del amor como raíz del placer es poético pero ilógico. En la jerarquía de las funciones de la personalidad, el amor es una emoción que nace del placer. No obstante, como todos sabemos, placer y alegría derivan de amar y ser amado. 

Hasta aquí, he descrito las raíces del placer en cuanto a la relación con el universo, con la madre como representante de la tierra y con el mundo que nos rodea. Si buscamos la raíz del placer dentro de nosotros mismos, la encontraremos en el fenómeno del amor. En este capítulo he clasificado las actividades rítmicas del cuerpo en tres categorías y las he descrito por separado. Esta clasificación no implica la independencia de una categoría con respecto a otra. Las funciones del tubo interno, digestión y respiración, están íntimamente conectadas con los movimientos del tubo externo, o músculos voluntarios. Y ambos tubos dependen de las actividades rítmicas de los órganos y tejidos que mantienen la integridad interna del organismo. 

En la mayoría de las situaciones de la vida, sin embargo, nuestra atención se concentra en una u otra categoría. Generalmente, no asociamos el funcionamiento de los órganos vitales con el placer. No somos mayormente conscientes de su actividad rítmica. Si el corazón se salta un latido o repentinamente aumenta su ritmo, inmediatamente nos alarmamos. En consecuencia, estamos satisfechos si no sucede nada que despierte nuestra conciencia. Sin embargo, estos órganos, especialmente el corazón, juegan un importante rol en la experiencia del placer y en la alegría. El corazón participa  directamente en el fenómeno del amor. La relación del corazón con el amor fue explorada profundamente en mi libro Love and Orgasm.Aquí me gustaría tratar el amor como un ritmo que se inicia con una excitación en el corazón que se extiende y abraza a todo el cuerpo. Este es el ritmo del amor.

En cuanto a su actividad rítmica, el corazón es único entre los órganos del cuerpo. Anteriormente he mencionadoque un trozo del músculo del corazón sumergido en una solución fisiológica salina manifestará contracciones rítmicas espontáneas. Un corazón de sapo aislado, al que se le inyecta sangre oxigenada, continuará latiendo sin estimulación nerviosa. Esto significa que el ritmo cardíacoes inherente a su tejido, el músculo cardíaco. El músculo cardíaco es único en cuanto a que es una combinación de músculo voluntario con involuntario. Posee estrías como la  musculatura voluntaria, pero está inervado por el sistema nervioso autónomo, que, salvo en este caso, activa sólo los músculos lisos del cuerpo.  En consecuencia, tiene un grado de motilidad que no posee ningún otro órgano del cuerpo.

El amor y la alegría son sentimientos que pertenecen al corazón. La alegría del amor y el amor a la alegría son respuestas corporales a una excitación que llega al corazón y lo abre. La conexión entre estos dos sentimientos y el corazón se expresa en la Novena Sinfonía de Beethoven, también denominada Sinfonía Coral porque termina con una ejecución coral del poema Oda a la alegría, de Schiller. El  coro, como en una tragedia griega, está destinado, creo, a representar a la audiencia. Beethoven quería que cada oyente experimentara el sentimiento de alegría de la naturaleza y de la fraternidad entre los hombres. Para lograrlo, debía llegar con su música a los corazones de su audiencia. Debía conseguir que cada oyente sintiera el ritmo de su propio corazón latiendo al unísono con los corazones de los demás. Beethoven alcanzó su objetivo en los tres primeros movimientos de la sinfonía. El primer movimiento expresa, tal como yo lo siento, la súplica de amor del hombre y la respuesta del universo: “¡Alégrate!”.

Es tan poderoso, que uno de mis amigos observó: “Me desgarra abriendo mi pecho y exponiendo mi corazón”. El segundo movimiento está marcado de tanto en tanto por dos golpes de timbal. Estos sonidos son tan similares a los sonidos del corazón que está claro el significado de este movimiento. Se puede sentir el ritmo del corazón, latiendo tranquila y suavemente en algunos pasajes, con entusiasmo y expectación en otros. Todos los corazones están expuestos; y a medida que cada instrumento empieza a ejecutar el tema, sentimos que ningún corazón late solo. 

El tercer movimiento lírico expresa, a mi juicio, el carácter emocional del corazón. Es el órgano del amor. El amor mora en el corazón. Una vez que el corazón está abierto y se ha revelado su amor, la audiencia puede compartir la expresión de la alegría, que es el tema del último movimiento. La ejecución coral transforma la sinfonía de una presentación objetiva en una expresión subjetiva y traduce la experiencia del nivel dramático al personal. En esta sinfonía, Beethoven, a través de su genio, abrió nuestros corazones a la alegría y así trajo la alegría a nuestros corazones.

El amor sexual comienza con una excitación que acelera la sangre hacia los órganos genitales, produciendo erección en el hombre y lubricación en la vagina de la mujer. Durante el coito, esta excitación produce dos patrones rítmicos de  movimiento, uno voluntario y el otro involuntario. Durante la primera fase del coito, los movimientos pelvianos del hombre y de la mujer son conscientes y están bajo el control del ego. En esta etapa, la excitación corporal es relativamente superficial, aunque se profundiza gradualmente a través del contacto por fricción y los  movimientos pelvianos. La respiración es bastante tranquila, aunque profunda y el latido cardíaco está sólo levemente acelerado.

Cuando la excitación alcanza su punto más alto, inunda los órganos genitales, introduciendo el clímax. En el hombre las vesículas seminales, la próstata y la uretra comienzan una pulsación que culmina con la eyaculación del semen. En la mujer la pulsación se manifiesta en las contracciones del útero y de los labios menores extendidos. Si la excitación sigue limitándose al área genital, se produce sólo un orgasmo parcial. Si se extiende hacia arriba y llega al corazón, todo el cuerpo entra en una reacción convulsiva en la cual todo control voluntario se rinde ante una pulsación primitiva.

En el orgasmo completo, los movimientos pelvianos, cuya frecuencia ha ido en aumento, se vuelven involuntarios y más rápidos. Su ritmo se coordina con el ritmo de las pulsaciones genitales. La respiración se profundiza y acelera para entrar a formar parte de este ritmo general. El corazón acelera su latido, se vuelve  consciente, y sentimos el pulso de la vida en todas las células del cuerpo.

Existen muchas maneras de interpretar lo que sucede en el orgasmo completo. En este contexto puede decirse que en la reacción convulsiva del orgasmo todo el cuerpo se convierte en un gran corazón. Este es el éxtasis.

El éxtasis del orgasmo es una respuesta corporal única a la excitación sexual que comienza en el corazón y termina con el corazón tan abierto que abraza al mundo. Todo sentimiento de amor se inicia en el corazón e irradia a la persona. Todas las personas que han conocido el amor han experimentado esta excitación en su corazón. El amor nos hace sentir el corazón ligero. La pérdida del amor nos hace  sentir que el corazón nos pesa por la pena. No creo que éstas sean metáforas vacías Un corazón excitado es ligero. Brinca de alegría. Pero no sólo el corazón salta de alegría. El enamorado salta y baila por la calle. No puede contener la  excitación de su corazón. Llena todo su ser.

El latido del corazón es el ritmo del amor.

martes, 21 de julio de 2026

La Experiencia del Placer, parte 39


RITMOS DE MOVIMIENTO

La tercera gran raíz del placer reside en nuestra relación con el mundo exterior. Esto incluye todos nuestros contactos con las personas, el trabajo que realizamos y las condiciones ambientales en que vivimos. Generalmente somos actores conscientes en esta relación, percibiendo estímulos y respondiendo con movimiento. La parte del cuerpo que más participa en estas actividades es el tubo  externo del organismo. Este está compuesto por la piel, los tejidos subyacentes, la musculatura estriada y la lisa. Estas estructuras forman una capa que cubre al cuerpo y constituyen un verdadero tubo. El organismo de los mamíferos está construido sobre la base del principio del gusano. Es un tubo dentro de otro tubo.

El tubo externo está directamente involucrado en la percepción y en la respuesta a los estímulos ambientales. Para cumplir estas funciones está abundantemente provisto de terminaciones nerviosas. En consecuencia, somos más conscientes de las sensaciones, particularmente de las de placer o dolor, en esta parte del cuerpo que en cualquier otra.

Todos los estímulos que rozan la superficie del cuerpo y son percibidos por el organismo son placenteros o dolorosos. No hay ningún estímulo indiferente, ya que un estímulo que no provocara una sensación no sería percibido.

Podemos preguntarnos: ¿Qué cualidad del estímulo determina si la respuesta será placentera o dolorosa? ¿Por qué, por ejemplo, algunos sonidos son agradables al oído, mientras que otros son cacofónicos y aun dolorosos? El simple conocimiento superficial de la naturaleza humana nos indica que tales preguntas no pueden responderse objetivamente. Las personas reaccionan de forma diferente a estímulos idénticos. El placer de un hombre puede ser el dolor de otro; depende tanto del temperamento como de los modales del individuo que recibe la impresión sensorial.

Existe una enorme diferencia entre una caricia y una bofetada; sin embargo, a veces una caricia puede no ser placentera o una bofetada no ser dolorosa. Los niños se niegan a que los acaricien cuando están activos y una palmada en la espalda puede recibirse como una expresión de aprecio.

Hablando en general, hallamos placer sensorial en los estímulos que armonizan con los ritmos y con el tono de nuestros cuerpos. La música para bailar es agradable cuando queremos bailar, pero puede ser perturbadora cuando estamos tratando de pensar. Incluso nuestra sinfonía favorita puede distraernos cuando estamos conversando seriamente. Lo mismo ocurre con otros sentidos. Una comida bien preparada es una delicia para una persona con hambre, pero no para la persona que no tiene apetito. Un encantador paisaje campestre es agradable de contemplar cuando estamos tranquilos y satisfechos, pero no si estamos inquietos e impacientes. Las impresiones sensoriales placenteras no sólo levantan el ánimo sino que aumentan la actividad rítmica de nuestros cuerpos. Son, por decirlo simplemente, excitantes.

Aparentemente todos podríamos experimentar placer sensorial de una forma u otra. Pero pensemos en la persona que está "contrariada” y no experimenta placer con lo que ve y oye a su alrededor. Está, como decimos, en desacuerdo consigo misma. Está contrariada porque en este momento no disfruta de un estado de armonía interna. Carente de un tono coherente o patrón de actividad rítmica, no puede responder abiertamente a ningún estímulo del medio. La persona deprimida o retraída está en una situación similar.

Los placeres sensoriales o sensuales no están a su alcance, ya que no puede responder al estímulo. Ahora bien, lo que está deprimido en la persona retraída es la actividad rítmica de su cuerpo. Sin ritmo, no hay placer.

La relación del ritmo con el placer se ve más claramente en la función motora del tubo externo, es decir en los movimientos voluntarios del cuerpo. Toda actividad motora que se realiza rítmicamente es placentera. Si se la realiza mecánicamente, sin sentir el ritmo, es dolorosa. El mejor ejemplo es caminar. Caminar es agradable cuando lo hacemos rítmicamente. Cuando caminamos hacia un destino tan rápido como podemos, la actividad física se convierte en una tarea. Incluso empleos tediosos como rastrillar hojas o barrer el suelo pueden ser actividades placenteras cuando los movimientos son rítmicos. El placer o la falta de placer en las vidas de las personas pueden medirse por la forma en que éstas se mueven. 

Los movimientos rápidos, bruscos y compulsivos de la mayoría de las personas de nuestra cultura delatan la ausencia de alegría en sus vidas. Un recorrido por cualquiera de las calles principales de la ciudad de Nueva York puede ser una  experiencia chocante. Nos aprietan, empujan y pisan personas que se apresuran a llegar a algún lugar, casi sin pensar en las cosas y las personas que las rodean. La  persona que vive placenteramente se mueve con ritmo, sin esfuerzo, con gracia.

Si una persona siente placer porque sus movimientos son rítmicos o si sus movimientos son rítmicos porque ella se halla en estado de placer carece de importancia. El placer es ritmo y el ritmo es placer. El motivo de esta identidad es que el placer es la percepción del flujo rítmico de excitación en el cuerpo. Es el modo natural y saludable de funcionamiento del cuerpo. Si nos identificamos con el cuerpo y con su búsqueda de placer, nuestros movimientos se vuelven rítmicos, al igual que los movimientos de un animal. Todos los movimientos de un animal tienen esta hermosa rítmica.

Bailar es, por supuesto, el ejemplo clásico de placer del movimiento rítmico. La música enciende el pulso en nuestros cuerpos, que luego se traduce en el patrón rítmico del paso de baile. Es doloroso ver que no nos movemos al compás de la música y es perturbador ver que la música no está en armonía con nuestro pulso interior. Las marchas musicales son al paso lo que la música bailable es al baile.

Al intensificar el pulso y centrar nuestra atención en el ritmo, la música aumenta el placer que experimentamos al movemos. Es importante advertir que la música no crea el ritmo. La música es, en realidad, una expresión del ritmo del cuerpo del compositor, que encuentra eco en el cuerpo del que escucha. Sería correcto decir que la música evoca los ritmos que se encuentran en nuestro interior. Toda actividad corporal es intrínsecamente rítmica; los movimientos voluntarios no son la excepción, aunque estén bajo el control de la conciencia. Pero debido a que están sometidos al ego, podemos movemos arrítmicamente si el ego ignora la sensación de placer del cuerpo e impone una meta dominante.

Los movimientos voluntarios, en contraposición a los involuntarios, requieren un alto grado de coordinación antes de ser rítmicos. El bebé, cuyos movimientos de succión son coordinados cuando nace, realiza esta actividad de forma rítmica y placentera. Necesitará bastante práctica del desarrollo de la coordinación para realizar actividades tales como caminar, correr, hablar y manejar herramientas en  forma rítmica. Cuando adquiere mayor coordinación en sus movimientos corporales, éstos también se vuelven rítmicos y se convierten en una fuente de placer para él. Observe a un niño pequeño saltar sobre una cama o a una niña más grande saltar con la comba y tendrá alguna idea del placer que estas actividades rítmicas simples proporcionan a los jóvenes. Deberíamos recordar que el ego es importante para la adquisición de éstas y otras habilidades, ya que fija las metas y mantiene el esfuerzo.

Los adultos, que tienen más coordinación, buscan ritmos más complejos para excitar sus cuerpos. Encuentran estos ritmos en los deportes. Sea cual fuere el deporte que se prefiera, es el carácter rítmico de sus movimientos en el deporte el que les proporciona placer. Esquiar y nadar, dos deportes que me gustan, son buenos ejemplos. Ambos requieren considerable coordinación. Cuando ésta se logra y el esquí o la natación adquieren ritmo, el placer es enorme.

En el momento en que se pierde el ritmo, la actividad se transforma en una lucha penosa. Los deportes juegan un rol tan importante en la vida de las personas porque sus actividades cotidianas han perdido su carácter rítmico. Las personas caminan mecánicamente, trabajan compulsivamente y hablan monótonamente, sin  ritmo y a veces sin rima ni razón. Es posible que la falta de ritmo se deba a una ausencia de placer en estas actividades. Es igualmente cierto que la falta de placer se debe a la pérdida del ritmo.

Hemos dividido nuestro mundo en las cosas que realizamos seriamente, con algún propósito o con fines de lucro, y las cosas que hacemos por diversión o por placer. La actividad espontánea y rítmica parece no caber en los asuntos serios de la vida. Buscamos la fría eficiencia de la máquina. Luego intentamos, esperanzados,  recuperar nuestro ritmo y nuestro calor en los deportes, juegos y otras formas de recreación. Pero aquí también muchas veces nos sentimos frustrados por el impulso compulsivo del ego hacia el éxito o hacia la perfección.

Al hombre le fascina la eficiencia productiva de la máquina, que puede realizar cualquier operación mejor que él. La máquina adquiere su eficiencia limitándose a un patrón rítmico único. Por supuesto, una serie de máquinas pueden realizar operaciones más complejas, en las que cada unidad realiza sólo su operación única. En cambio, el hombre tiene un número casi ilimitado de patrones rítmicos  que corresponden a diferentes estados de ánimo y deseos. Es capaz de modificar ritmos cuando varía su excitación. Es capaz de tejer complejos patrones de ritmos para aumentar su placer y alegría. Está, en otras palabras, biológicamente estructurado para el placer, no para la eficiencia. 

El hombre es un ser creativo, no un ser productivo. No obstante, de sus placeres han surgido grandes logros. Desafortunadamente, en sus logros ha encontrado escasa alegría, porque la productividad se ha vuelto más importante que el placer.


 

lunes, 29 de junio de 2026

La Experiencia del Placer, parte 38

 RITMOS DE FUNCIONES NATURALES

Filogenéticamente, la vida comenzó en el mar y para la mayoría de las personas regresar a la playa es una ocasión de bienestar y placer. Cerca del océano, nos sentimos liberados y más en contacto con las fuerzas elementales de la naturaleza. Generalmente, no se aprecia que ontogenéticamente cada vida se inicia también en un medio acuático que se asemeja a la composición química de los antiguos mares. Durante nueve meses, el embrión humano se desarrolla en un medio fluido en el cual se mece suavemente con los movimientos del cuerpo de la madre.

Pasa progresivamente de la etapa unicelular por todas las fases del desarrollo evolutivo hasta convertirse en un feto humano. Al nacer sufre una transición catastrófica, cuando se convierte en un mamífero que respira aire en un medio  seco.

La transición se suaviza en alguna medida por el hecho de que no pierde contacto con la fuente de su fortaleza, el cuerpo de su madre. Ésta lo coloca junto a su seno para que succione. Lo sostiene cerca de su cuerpo, donde siente su calor y se mece al compás del latido del corazón. En las guarderías se ha utilizado una grabación del sonido del corazón humano para mecer a los niños que están privados del contacto con sus madres. Sin embargo, debería reconocerse que el mejor biberón, la temperatura apropiada y la grabación de los sonidos del corazón son sucedáneos imperfectos de lo real. El cuerpo de una madre afectuosa es la raíz más importante del placer y la alegría del niño.

Las actividades rítmicas del cuerpo se clasifican en tres categorías. Algunas son completamente involuntarias y están fuera del control de la conciencia. El corazón late y la sangre circula sin la dirección o control de la voluntad. La digestión, la asimilación, la producción de orina y la secreción de hormonas y enzimas son otros ejemplos de actividades completamente involuntarias. Existen otras actividades que se encuentran en el límite entre las involuntarias y las voluntarias. Normalmente no son actividades voluntarias, aunque se puede ejercer algún grado de control sobre ellas. Las funciones de alimentación y deglución, respiración y sueño pertenecen a esta categoría. Podemos evitar la deglución conscientemente,  podemos inhibir nuestra respiración y podemos evitar dormirnos. Esta segunda categoría está fuertemente influida por la relación de la persona con su madre. 

Hay una tercera categoría de actividades, en la cual la conciencia juega un rol dominante. Ninguna forma de autoexpresión que implique movimiento corporal, tal como bailar, cantar, trabajar o jugar, se produciría sin intención consciente. La afirmación según la cual la respiración está vinculada con la relación a la madre se basa en la observación de que en la respiración sana, el aire es literalmente succionado por los pulmones. He visto que el paciente cuyo impulso de succión  está deprimido respira pasiva y superficialmente. Y Margaretha Ribble, en su importante estudio The Rights of Infants demostró que todo debilitamiento del impulso de succión deprime la función respiratoria. En el paciente esquizoide típico, cuya dinámica de la personalidad y del cuerpo se analiza en The Betrayal of the Body, el pecho está constreñido y la inspiración se reduce marcadamente. Bajo  este trastorno subyace un sentimiento de desesperación que comúnmente se expresa como: “¿De qué sirve? No había nadie”. Ese “nadie” es siempre la madre.

Se cree erróneamente que respiramos sólo con los pulmones, pero de hecho la respiración se realiza con todo el cuerpo. Los pulmones juegan un rol pasivo en el proceso respiratorio. Su expansión se produce por un ensanchamiento de la cavidad torácica y su contracción cuando la cavidad se reduce. En una respiración correcta participan todos los músculos de la cabeza, cuello, tórax y abdomen, además de la musculatura involuntaria de la laringe, tráquea y bronquios. La inspiración es un estiramiento activo para inhalar el medio gaseoso, tal como un pez abre la boca para succionar su medio líquido. La calidad de nuestra respiración depende de cómo ejercitemos estos movimientos de succión con todo nuestro  cuerpo.

Es necesario acentuar enfáticamente la importancia de la respiración. Proporciona oxígeno para los procesos metabólicos; literalmente mantiene el fuego de la vida. A unnivel más profundo, el aliento, como pneuma es también el espíritu o alma. Vivimos en un océano de aire como un pez en un espacio de agua. A través de nuestra respiración, nos adaptamos a la atmósfera. En todas las filosofías orientales y místicas, el aliento guarda el secreto de la suprema felicidad.

El sistema respiratorio está estrechamente relacionado con el sistema digestivo, dado que los pulmones se desarrollan embriológicamente como una protuberancia del primitivo tubo alimentario y permanecen conectados con él durante toda la vida por la abertura común de la boca y la faringe. Ambas funciones tienen como base común los movimientos de succión y ambas están asociadas con la madre. Se reconoce la comida como símbolo de la madre.

Muchas madres expresan su amor dándole comida a un niño y consideran su aceptación de la comida como equivalente al amor a la madre. Generalmente los problemas alimentarios pueden rastrearse analíticamente hasta encontrar perturbaciones en la relación madre-hijo. Yo señalé, en The Betrayal of the Body,que ponerse a régimen siempre produce bienestar porque representa un rechazo simbólico de la madre.

Las funciones corporales relacionadas con la comida — ingestión, digestión y eliminación— normalmente siguen un patrón rítmico regido por las necesidades de energía del organismo y su estado de desarrollo. Los bebés muy pequeños maman cada dos horas y mueven el intestino varias veces al día. En el adulto, el patrón tiende a estabilizarse en tres comidas y un movimiento intestinal por día. Comer es un placer cuando se adecúa a un ritmo interno. 

Sin embargo, hay demasiados comedores impulsivos. Sus hábitos de alimentación guardan escasa relación con su ritmo metabólico. Comen antes de tener hambre, probablemente para evitar esa sensación, dado que ésta está vinculada a sensaciones de vacío que atemorizan a los individuos hambrientos de afecto. El tubo alimentario que va de la boca al ano es un sistema de órganos con pulsaciones rítmicas que funciona según el principio del gusano. La comida se mueve de un extremo al otro del tubo mediante ondas peristálticas similares a las  que pasan por el cuerpo de un gusano u oruga mientras avanza. A lo largo del canal alimentario hay reducciones y ensanchamientos, tales como el estómago, que facilitan el proceso digestivo y modifican la frecuencia y forma del bolo pero no cambian su carácter esencial. Dado que esta actividad peristáltica está siempre presente, hay una excitación constante en las vías digestivas, que es mayor en las horas de comida y menor durante el sueño. Cuando esta excitación se mantiene dentro de los límites, la persona experimenta bienestar en el cuerpo. Un estado hiperactivo en cualquier lugar del sistema, hiperacidez o colitis, por ejemplo, produce sensaciones dolorosas. La hipotonicidad, o pérdida del tono, en cualquier segmento conduce a la inflamación y producción de gases, con el consecuente  sentimiento de angustia.

Generalmente una persona no es consciente del funcionamiento normal del canal alimentario, que se extiende desde el esófago hasta el recto. El placer consciente de comer se debe a su capacidad de excitar los receptores olfatorios, las yemas gustativas, las glándulas salivales y el reflejo de la deglución, es decir, el área desde la nariz y la boca hasta el esófago. Esta excitación, sin embargo, pasa por el canal alimentario, agilizando sus ritmos y estimulando sus secreciones. En consecuencia, el placer inicial del gusto se transforma en el gozo de la comida. 

Cuando hay tensiones en el tubo, el flujo constante de ondas peristálticas se altera y la persona se niega esta satisfacción. Puede incluso perder su apetito o tener malestar estomacal.

Pocos estados hacen que una persona se sienta tan desdichada como las sensaciones de náuseas. El cuerpo parece revolverse al intentar vomitar una sustancia nociva. Las náuseas provocan fuertes ondas peristálticas en sentido  contrario, que aumentan su intensidad hasta que el cuerpo expulsa la sustancia ofensiva. El vómito produce una sensación de alivio que generalmente es tan grande como el malestar anterior. El procedimiento, sin embargo, nunca es placentero, porque las ondas peristálticas se mueven en contra de su dirección normal.

El mecanismo del vómito es un reflejo protector contra sustancias dañinas o perturbadoras que han sido tragadas por error. Pero el reflejo puede ser provocado también por estados de tensión, especialmente por el malestar dé un conflicto emocional provocado durante la comida. Casi todos hemos tenido experiencias de este tipo. La sabiduría del cuerpo se revela en un incidente que le ocurrió a mi hijo  cuando tenía un año. Habíamos terminado un almuerzo apresurado y estábamos saliendo apurados hacia una cita. Mientras mi esposa vestía al bebé, él repentinamente se introdujo un dedo en la boca y vomitó la comida. Me sorprendió que un niño tan pequeño supiera cómo aliviar su malestar provocándose arcadas.

Muchos pacientes de la terapia bioenergética desarrollan sensaciones de náuseas durante sus esfuerzos por respirar más profundamente. La respiración más  profunda activa tensiones musculares crónicas en el diafragma y en el estómago, que el cuerpo busca aliviar vomitando. En esta situación, le recomiendo al paciente tomar un vaso lleno de agua y luego vomitarlo, utilizando el pulgar para estimular las arcadas. A algunos pacientes les resulta difícil vomitar. Generalmente es necesario un trabajo considerable con el reflejo nauseoso y la respiración antes  de que las tensiones de la garganta y el diafragma se liberen lo suficiente como para permitir que esta función se cumpla normalmente. Puede ser necesario que sigan este procedimiento todas las mañanas antes del desayuno durante un breve período para quebrar este bloqueo.

El valor de este procedimiento se ilustra con el siguiente caso. Vi que un joven homosexual que me consultó tenía el cuerpo duro y rígido. Su mandíbula estaba tensa, su respiración restringida, su tez lívida y su aliento tenía olor amargo. Después de trabajar con su respiración durante untiempo, le hice tomar un poco de agua y vomitar. El efecto inmediato fue una sensación de liberación y una respiración más fácil. Siguiendo mi recomendación, estimuló el reflejo nauseoso todas las mañanas durante aproximadamente un mes. Cuando lo vi nuevamente, el olor amargo había desaparecido, su tez había mejorado algo y su cuerpo estaba más flojo. Uno de los resultados de este procedimiento es la eliminación de la acidez estomacal crónica, que sufren tantas personas. En la mayoría de los casos, la liberación de estas tensiones con esta maniobra restablece el placer que producen las actividades básicas de alimentación y digestión y facilita una respiración más profunda.

El origen de estas tensiones está, en parte, en experiencias de alimentación en la infancia. Generalmente se fuerza a los niños a comer alimentos que no les gustan o en cantidades que no quieren. Se han hecho muchas bromas sobre madres que sobrealimentan a sus hijos en nombre del amor. En otros hogares, como me relataron mis pacientes, se les prohibía levantarse de la mesa hasta que no hubieran acabado toda la comida que había en sus platos. Con frecuencia no sólo se obliga al niño a ingerir comida en contra de su voluntad, sino que se lo avergüenza y castiga si la vomita. Para mantenerla en su interior, el niño debe poner en tensión la garganta y el diafragma para bloquear el impulso de vomitar.

La comida no es lo único que una persona puede tener que tragar contra su voluntad. Traumas psicológicos tales como insultos y humillaciones pueden también tener que ser “tragados” cuando se teme a quien insulta. La expresión “No puedo tragarlo” indica el efecto del sometimiento a situaciones dolorosas, sobre el estómago. Además, generalmente, se fuerza a los niños a tragarse sus lágrimas o a contener su llanto, lo cual conduce a tensiones crónicas en la garganta y el diafragma. El vómito es un rechazo de la comida y, en consecuencia, un rechazo simbólico de los aspectos negativos de la madre. Elimina los bloqueos a la        experiencia plena de placer de la función básica de alimentarse.

Tanto el funcionamiento del extremo superior del canal alimentario como el del extremo inferior del tubo se ven afectados por experiencias traumáticas de la infancia. Un entrenamiento para ir al retrete demasiado temprano o severo conduce a tensiones crónicas en el colon, el recto y el ano. El estreñimiento, la diarrea y las hemorroides son síntomas comunes que se derivan de tales circunstancias. A mi juicio, el entrenamiento del intestino no debería iniciarse antes de los dos años y medio. Dado que el nervio que rige el esfínter anal no está completamente mielinizado hasta esa edad, el patrón normal de control anal no está desarrollado y deben utilizarse mecanismos sustitutivos. Estos incluyen tirar hacia arriba la superficie pelviana y contraerlos músculos del glúteo. Su efecto es la perturbación de las funciones del placer del extremo inferior del cuerpo, incluyendo la sexualidad. 

Otra actividad rítmica que pertenece a esta categoría, debido a que en ella interviene la relación del niño con su madre, es el sueño. Durante el día estamos conscientes y activos; de noche la conciencia se rinde y se reduce la actividad. El cuerpo se renueva con el sueño, pero el fenómeno del sueño es aún  un misterio. En algunos aspectos el sueño es como un regreso a la existencia intrauterina.

El sueño es un estado de excitación difusa y reducida. Durante el sueño, muchas funciones vitales manifiestan un ritmo reducido: el corazón late más lentamente, la presión sanguínea baja, el ritmo respiratorio disminuye, baja el nivel de azúcar en la sangre y hay un descenso de la temperatura corporal. Los electroencefalogramas indican que existen ciclos en el sueño, un sube y baja rítmico en el nivel de excitación que cambia la profundidad del sueño. Si no se  altera el proceso del sueño, la persona se despierta con la sensación de haberse refrescado, con ganas de comenzar las actividades del día y, normalmente, con deseos de comer. Al levantarse después de haber dormido bien durante la noche, la persona siente una clara sensación de placer, como si el cuerpo fuera consciente de su funcionamiento armonioso. De igual modo, irse a dormir cuando uno está cansado pero relajado es una sensación deliciosa.

El simple placer de dormir escapa a muchas personas, a juzgar por la demanda de píldoras inductores del sueño. Estas personas se quejan de estar cansadas y su necesidad de dormir es evidente, pero no concilian fácilmente el sueño cuando se van a dormir. En estos casos, obviamente sucede algo malo con los procesos autorreguladores del cuerpo. La incapacidad de dormir es una forma de ansiedad; el temor a entregarse, una preocupación por la pérdida de la conciencia. Para un niño pequeño la transición del estado de conciencia al de inconciencia puede ser atemorizante. El ego inmaduro del niño experimenta la rendición de la conciencia como una vuelta a la oscuridad y esto da origen al temor a la muerte, la gran desconocida.

Los bebés de pecho se duermen sobre el seno, sintiéndose seguros en este contacto con su madre. Y aun después de finalizado el amamantamiento, el niño quiere que haya alguien cerca de él o en la misma habitación mientras pasa por la zona sombría entre la conciencia y la inconciencia. Dado que el sueño es una rendición al inconsciente, la Gran Madre, se necesita alguna seguridad de que “ella’’ será cálida y acogedora. Las pesadillas que tantos niños tienen sugieren que esta seguridad no existe.

Es una seguridad que la madre le da a su hijo a través de su aceptación y apoyo. Los temores de un niño respecto a su madre se ocultan durante el día, pero surgen mientras duerme, en los sueños. Otros temores, tales como un padre hostil, puede perturbar el sueño de un niño, pero estos temores pueden ser mínimos si el niño se siente seguro en su relación con su madre.

La incapacidad de dormir refleja fácilmente la persistencia de un estado de excitación en las capas conscientes de la personalidad. A veces, esta excitación es  una tensión sexual no descargada, pero con más frecuencia se debe a conflictos no resueltos que no están completamente reprimidos. A pesar de los mejores  esfuerzos del individuo por distraer su mente, ésta vuelve una y otra vez al problema, incapaz de triunfar, pero no dispuesta a aceptar la derrota.

Cuando se reprimen los conflictos se desarrolla un foco de excitación en el inconsciente y en el cuerpo, que posteriormente surge en los sueños. Freud señaló que los sueños tienen la función de proteger el estado de sopor liberando esta excitación. Sin  embargo, la excitación puede ser tan fuerte que la persona se despierta debido al sueño, o la tranquilidad de su reposo se ve alterada por la intensidad del sueño. La persona que conoce el placer del reposo inalterado y tranquilo es bienaventurada.