CAPITULO 10
Las raíces del placer
RITMOS ESPONTÁNEOS
En el capítulo tres se definió el placer como la percepción consciente de la actividad rítmica y pulsátil del cuerpo. Todo tejido vivo se halla en constante movimiento, producido por su carga o por su excitación interna. Aun dormido o en reposo un cuerpo no está inmóvil. El corazón late, los vasos sanguíneos se dilatan y contraen, la respiración es continua y la actividad celular nunca se detiene. Estas actividades involuntarias tienen un ritmo que varía según el estado de excitación del organismo y sus partes. Los diferentes ritmos armonizan entre sí y los movimientos separados fluyen juntos para crear una motilidad espontánea en todo el organismo.
El flujo de sensaciones en el cuerpo es como un río que se forma por la influencia de muchos torrentes, cada uno de los cuales a su vez nace de numerosos arroyos. Al mirar el río, no podemos distinguir los torrentes separados; al mirar un torrente, no vemos sus fuentes de origen en los pequeños hilos de agua que emergen de la tierra. Pero el proceso de formación del río es sólo una parte de un ciclo natural que mueve el agua desde el mar hasta la montaña y de regreso al mar.
Las raíces del placer se internan en las relaciones del hombre con la naturaleza. En el nivel más profundo formamos parte de la naturaleza; en el nivel más alto somos los únicos organismos que experimentamos conscientemente el placer y el dolor, la alegría y la pena de nuestra relación con la naturaleza. Por ejemplo, sentimos dolor en un período de sequía, cuando no llueve y la tierra está resquebrajada. La llegada de la lluvia nos produce un sentimiento de alegría. Nos afligimos cuando la lluvia es torrencial y destructiva y nos complacemos cuando el ciclo de lluvias y sol es regular y sin perturbaciones.
La sensación de placer que se origina en un ritmo de vida natural sin perturbaciones abarca todas nuestras actividades y relaciones. Hay un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar, un tiempo para jugar y un tiempo para comportarnos con seriedad, un tiempo para estar acompañado y un tiempo para estar solo. La excesiva compañía puede ser tan dolorosa como la excesiva soledad y el exceso de juego puede ser tan tedioso como el exceso de trabajo. Los ritmos que rigen la vida son inherentes a ella; no pueden ser impuestos desde fuera.
Cada individuo sabe cuál es su ritmo y sabe, por sus sentimientos de dolor o de falta de placer, cuándo se ha perturbado su ritmo. Sin embargo, los ritmos biológicos de un individuo no son completamente diferentes de los de otro. Existen diferencias únicas, por supuesto, pero hay muchos ritmos que son comunes a los miembros de cada especie. Sólo se necesita observar una bandada de pájaros para ver qué sutilmente sincronizado está el ritmo de cada pájaro con el de los demás. Entre los seres humanos, en quienes el sentido de la individualidad está más desarrollado, las diferencias son más manifiestas.
El concepto de que cada organismo contiene un reloj biológico que regula sus actividades es un desafío. Se ha observado que en personas que viajan largas distancias en avión, se alteran sus patrones de ritmo normales. Se vuelven irritables, se sienten incómodas y se perturba su agudeza. Un desplazamiento de cinco horas o más ha demostrado ser crítico. Se produce un desfase entre los mecanismos de tiempo que regulan las actividades del cuerpo y el tiempo ambiental o solar. La adaptación puede durar varios días. Todos hemos experimentado la alteración en el equilibrio de nuestro cuerpo, causada por un cambio importante en nuestros hábitos de sueño. La persona que habitualmente duerme ocho horas cada noche se siente incómoda cuando las circunstancias limitan su sueño a seis horas durante varias noches. De igual modo, la persona que está acostumbrada a dormir seis horas, se siente desganada y cansada cuando duerme ocho horas o más cada noche.
Aparentemente, una vez establecido, el ritmo corporal se convierte en una fuerza que compele a continuarlo. Al respecto, tiene una importancia relativamente escasa que comamos tres veces al día debido a una costumbre o a la necesidad de sustento del cuerpo. Para la persona que está acostumbrada a comer tres veces al día, saltarse una comida puede desequilibrar su cuerpo.
El concepto del reloj biológico destaca la importancia del ritmo en la vida, una función que los seres vivos comparten hasta cierto punto con la naturaleza inorgánica. Toda materia está en constante movimiento. Teóricamente, el punto en que se detiene todo movimiento en la materia es −273 grados Fahrenheit, es decir cero absoluto en la escala Celsius. Este movimiento es un fenómeno vibratorio. Las moléculas de la materia se mueven de un lugar a otro, influidas por la fuerzas de atracción y repulsión que hay dentro de la sustancia. El movimiento de las moléculas en un cuerpo sólido está mucho más restringido que su movimiento en un líquido, que a su vez es mucho más limitado que en un gas. Este movimiento vibratorio de las moléculas puede describirse como un estado de excitación en la materia. Podamos o no discernir el patrón, el movimiento de las moléculas debe, creo, seguir algún patrón y manifestar algún grado de periodicidad rítmica.
Hemos descubierto algunos de los patrones y conocemos algunas de las periodicidades de los cuerpos celestes, el macrocosmos. Con mejores técnicas, estoy seguro, veremos que estos patrones y periodicidades se repiten en el microcosmos a una escala diferente. El protoplasma es un caso especial de materia en movimiento. Es especial en cuanto a su composición y en cuanto a que está envuelto en una membrana para formar una célula. Las funciones de la membrana en cuanto a la percepción y a la conciencia del sí-mismo fueron exploradas en el capítulo siete. El protoplasma de la célula presenta una actividad rítmica y pulsátil que puede considerarse como una prolongación del movimiento vibratorio inherente a las moléculas. Alain Reinberg y Jean Ghata han observado las vacuolas pulsátiles que se encuentran en los organismos unicelulares. “Estas vacuolas pulsátiles tienen una membrana gruesa, principalmente adiposa, que se contrae según un ritmo que depende de las condiciones ambientales y del estado de la célula.”
Wilhelm Reich, utilizando un microscopio Reichert con ampliación óptica de 5000 X, descubrió la actividad pulsátil de los glóbulos rojo humanos. A nivel celular, la periodicidad también ha sido observada en la acción ciliar de las células de la mucosa a lo largo de las vías respiratorias y en los animales unicelulares que nadan. El movimiento de los cilios, diminutas estructuras semejantes a cabellos que se prolongan desde la periferia de la célula, ha sido comparado con el movimiento ondulante de un campo de trigo producido por el viento. Los cilios ondean hacia adelante y hacia atrás, aunque su efecto real consiste en mover partículas extrañas hacia arriba y hacia afuera de los pulmones. Se impide así que el polvo y diminutas partículas de comida que pueden inadvertidamente entrar en los bronquios, se depositen en los pulmones. Esta acción puede estar bajo control nervioso, aunque se considera que el movimiento es independiente de los impulsos nerviosos. J. L. Cloudsley-Thompson informa: “Esta pulsación es continua a lo largo de la vida animal y el estímulo para esto nace en forma endógena en el protoplasma de la célula bajo el control de los gránulos básales”.
El tejido nervioso muestra una periodicidad intrínseca en su funcionamiento. El paso de un impulso por un nervio despolariza la membrana y produce un período refractario durante el cual ningún otro impulso puede pasar por el área despolarizada. Después de un breve período de descanso, la membrana se repolariza espontáneamente. Se sabe que las células nerviosas del cerebro “disparan” ráfagas de impulsos repetidos. Estos se reflejan en el ritmo de las ondas cerebrales, que se graban en el electroencefalograma. Esta actividad aparentemente espontánea de las células del cerebro es la responsable del mantenimiento armonioso del tono muscular, de la postura y de otras funciones fisiológicas.
De todos los tejidos del cuerpo, el músculo cardíaco es el que muestra el ritmo más espontáneo. Si bien el latido del corazón está coordinado, junto con otras actividades corporales, por el sistema nervioso vegetativo, tiene sus propios marcapasos: el nudo sinoauricular y el nudo atrioventricular. Pero un trozo común de músculo cardíaco separado del corazón continuará contrayéndose espontáneamente si está sumergido en una solución fisiológica salina. Esta prueba del ritmo a nivel de las células y los tejidos apoya la tesis según la cual el ritmo es una cualidad inherente a la vida.
En los reinos animal y vegetal, la función sexual es un fenómeno periódico, desde la floración de las plantas hasta la menstruación mensual de la mujer. Se conoce bien el paralelismo entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar, sin embargo, la relación entre ambos es un misterio, como lo son tantas actividades rítmicas de la vida. No obstante, se sabe que las condiciones climáticas influyen sobre el ciclo menstrual. Entre las mujeres esquimales, la menstruación se produce aproximadamente cuatro veces por año. La mayoría de los autores que tratan el tema de la menstruación, afirman que aproximadamente las dos terceras partes de las mujeres que entrevistaron manifestaron que experimentan aumentos de sensaciones sexuales antes y después de la menstruación.
El flujo de tales sensaciones puede ser el responsable de muchos de los síntomas emocionales y físicos que perturban a las mujeres antes del comienzo de sus períodos. Las mujeres que han tenido relaciones sexuales satisfactorias antes de la menstruación generalmente manifiestan ausencia de dolor, calambres e irritabilidad. La tensión premenstrual, expresión aplicada a esta condición, es generada por la incapacidad de descargar la excitación sexual que se desarrolla en ese momento.
En las culturas antiguas de Grecia y Roma, el festival de la flor de Dioniso se celebraba en la época del equinoccio de primavera. Esta era una ocasión para el baile, la bebida y la actividad sexual. Los festivales dionisíacos tuvieron su origenen ritos primitivos asociados al regreso de la primavera. La primavera es proverbialmente el tiempo para el amor, la época en que la savia comienza a fluir en los árboles y en que la sangre se excita en los jóvenes. A través de nuestro ritmo, formamos parte del reino animal y estamos en relación con el reino vegetal. Los ritmos de nuestras actividades están fuertemente influidos por el ritmo de la naturaleza: día y noche, verano e invierno, mañana y tarde. Esta armonía entre los ritmos interiores de una persona y los ritmos externos de la naturaleza es la base del propio sentido de identificación con el cosmos, la raíz más profunda del placer y de la alegría.
RITMOS DE FUNCIONES NATURALES