BELLEZA Y GRACIA
Las personas tienen la sensación de que la verdad es bella y de que la falsedad y la deshonestidad son feas. También se cree que lo bello es verdadero. En esta sección trataré la relación entre la belleza y la salud, ya que la salud puede considerarse la verdad del cuerpo.
Generalmente no se considera que la belleza esté dentro del campo de la psiquiatría. La idea de que la belleza esté de alguna manera conectada con la salud mental parece un pensamiento extraño. Numerosos psiquiatras han afirmado que hay mujeres aparentemente bellas y hombres aparentemente guapos entre los insanos. Mi experiencia me indica lo contrario. Ni una sola de las pacientes esquizoides que he tratado sentía que su cuerpo era bello y yo coincidiría con esa autoapreciación. Realmente sería extraño que no existiera una relación entre lo bello y lo sano. Es posible que necesitemos revisar nuestras ideas sobre belleza y salud.
Los niños sanos nos parecen bellos, admiramos sus ojos brillantes, su tez clara y sus jóvenes cuerpos bien formados y ágiles. Nuestra respuesta a un animal está basada en las mismas cualidades: su vitalidad, su gracia y su exuberancia. Vemos a un animal sano como un objeto de belleza, sea un gato, un perro, un caballo o un pájaro. A la inversa, la enfermedad nos produce repulsión. Es difícil ver belleza en la enfermedad. En la descripción de la utopía que Samuel Butler hace en su libro Erewhon, la enfermedad era el único delito por el cual se encarcelaba a las personas. Esta es una visión extrema de la enfermedad, que hiere nuestra sensibilidad. Somos reacios a pensar que una persona enferma sea fea. Nos compadecemos de su infortunio, especialmente si está cercana a nosotros y en consecuencia negamos toda la repugnancia que pueda causarnos la enfermedad. Tales sentimientos son particularmente humanos; los animales salvajes destruyen a los enfermos.
Si se disocia la belleza de la salud, se la divorciará del aspecto más significativo de la existencia. Creará un mundo de valores opuestos, uno de los cuales fomenta el bienestar físico de los individuos, mientras que el otro trata con los conceptos abstractos de la belleza que no tienen nada en común con la salud. Los griegos, cuya cultura es uno de los fundamentos de la nuestra, no efectuaban esta distinción. Admiraban la belleza corporal como una expresión de la salud mental y física. Sus filósofos identificaban lo bello con lo bueno. En su escultura y arquitectura muestran la reverencia que le debían a lo bello por ser un atributo de la divinidad.
La tradición griega de la belleza, que se trasladó a la cultura romana, puede contrastarse con la actitud religiosa de los antiguos judíos que impedía todo culto a la forma y a la imagen. El Dios hebreo era una abstracción a la cual nadie podía aproximarse físicamente. Sus mandamientos eran una ley moral que sólo podía percibirse mental o psíquicamente. La buena vida para el hebreo consistía en cumplir la Ley, que, en la medida en que promovía el bienestar de los miembros de la comunidad hebrea, agregaba un elemento de belleza a sus vidas. Pero la belleza era secundaria para la moral.
A la larga, ambas culturas entraron en conflicto en la era cristiana. La cristiandad incorporó elementos de ambas culturas e intentó sintetizarlas en la figura de Cristo, que encarnaba en su persona el concepto de belleza junto con las ideas de justicia y moral que procedían de los hebreos. Esta síntesis, sin embargo, nunca se logró totalmente, ya que el cuerpo era considerado inferior al espíritu. La opresión romana impidió una vida de placer en la tierra para los primeros cristianos. Su salvación estaba en el Reino de los Cielos, que podía alcanzarse mediante la devoción y la fe. Cuando la Iglesia cristiana creció y ganó poder, se volvió en contra del cuerpo y del placer corporal. La belleza se convirtió en un concepto espiritual.
La división entre cuerpo y espíritu, o entre cuerpo y mente, se ha convertido en parte de nuestra cultura occidental. Es la responsable de la dicotomía que existe en la medicina moderna, que ve la enfermedad física y la enfermedad mental como dos fenómenos que no se relacionan entre sí. La mente del médico está entrenada para pensar en la enfermedad como fenómeno accidental que no guarda relación con la personalidad. Esta actitud se desarrolló como reacción contra el misticismo de la cristiandad, que veía la enfermedad como un castigo por un pecado. Sin embargo, esto conduce a una visión mecanicista del cuerpo en la cual la belleza física es también una cualidad accidental que no está relacionada con la salud.
La medicina define la salud como la ausencia de enfermedad, así como ve el placer como la ausencia de dolor. Y debido a que sospechan que se puede simular una enfermedad, los médicos son reacios a describir un trastorno como una enfermedad, a menos que exista una lesión comprobable que justifique esta denominación. En su deseo de evitar la subjetividad, ignoran lo que sus sentidos les indican y confían en los instrumentos. Estos constituyen una ayuda en las mediciones fisiológicas y se los puede utilizar para determinar la eficiencia mecánica de un órgano o sistema. Pero ningún instrumento puede medir las condiciones de funcionamiento de un organismo.
Para esto necesitamos un concepto de la salud. Y al formular este concepto no podemos ignorar la significación del placer, de la belleza y de la gracia. Cuando observamos a un niño sano, no vemos su estado de salud. Lo que vemos es un niño que causa impresión en nuestros sentidos por su energía, gracia y atractivo. Interpretamos estas señales físicas como manifestaciones de un cuerpo sano. La determinación de salud o enfermedad es un juicio. La persona normal efectúa este juicio sobre la base de las impresiones de sus sentidos.
¿Tiene validez este juicio?
Una de las tesis de este estudio consiste en que el placer es la manifestación de un organismo en condiciones sanas de funcionamiento. Si esto es así, entonces la belleza es también una manifestación de salud, siempre que se establezca la conexión entre lo bello y lo placentero.
Pensamos en la belleza como algo placentero para los ojos: una mujer bella, por ejemplo, o un cuadro bello. La belleza, en su significado más simple, representa la armonía de los elementos de una escena o un objeto. Se destruye por la presencia de una desproporción o desorden evidentes. Pero una imagen estática no es bella. La armonía u orden debe derivar de una emoción interna que el objeto irradia y que unifica sus diversos elementos. Esta cualidad que hace que el objeto parezca bello a los ojos se ve también en la música, cuando ésta resulta placentera para nuestros oídos. La cacofonía, o incluso una nota discordante, puede hacemos retorcer de dolor.
El placer de lo bello reside en su capacidad de excitar nuestros propios ritmos corporales y de estimular el flujo de sensaciones en nuestro cuerpo. Si respondemos con placer a un objeto bello es porque la emoción que contiene se transmite a nosotros. También nosotros nos emocionamos. Si falta esta respuesta, no sentimos placer. Es válido decir que no encontramos belleza en el objeto. Esto puede deberse a una deficiencia en nuestros sentidos o puede ser que el objeto no sea emocionante. Es difícil ver cómo un objeto sin emoción puede considerarse como un objeto bello o cómo una persona que no siente emoción puede experimentar la belleza.
Nuestra respuesta a las personas es similar a nuestras reacciones ante todos los objetos de nuestro medio. Nos excita una persona bella porque es excitante. Sentimos placer en compañía de una persona bella porque ella se siente bien consigo misma. En consecuencia, estamos justificados si la vemos como sana. Una persona enferma no podría impresionarnos de la misma manera. Carecería de la emoción interna para estimularnos y del sentimiento de placer para hacemos sentir bien. En todo caso, ejercería una influencia deprimente. Sólo mediante un enorme esfuerzo de la imaginación se la podría considerar bella.
La excitación y el flujo de sensaciones vinculadas al placer se manifiestan físicamente en la gracia. La gracia es la belleza del movimiento y sirve de complemento a la belleza de la forma en un organismo sano. Al igual que la belleza, es una manifestación de placer. En un estado de placer nos movemos con gracia. El dolor produce un efecto perturbador sobre nuestros movimientos.
La palabra “gracia” tiene connotaciones que sugieren cualidades personales superiores. Se la utiliza como expresión de reverencia. El saludo “Su Gracia”, dirigido a quienes exigen respeto, es equivalente a “Su Excelencia”. Sugiere que la persona a quien así nos dirigimos tiene un poder personal especial, una gracia, que deriva, en última instancia, de su parentesco con una divinidad. En la antigüedad se creía que los reyes ejercían su autoridad por derecho divino, que confería a estas personas el atributo especial de la gracia.
La Biblia nos dice que el hombre fue creado a imagen de Dios y presuntamente cada hombre poseía una parte de la gracia; es decir, era Divino. Freud intentó demostrar que el hombre creó a Dios a imagen de su padre. Pero para cada niño, su padre es una persona de virtud superior, un hombre de gracia y, a los ojos del niño, Divino. Según la Biblia, el hombre perdió la gracia de Dios cuando comió la fruta del árbol de la sabiduría y conoció el bien y el mal. Cuando el hombre comenzó a pensar en lo bueno y en lo malo, debe de haberse sentido como el ciempiés que se quedó paralizado cuando intentó decidir qué pie mover primero.
En el momento en que tenemos que pensar en movemos, se interrumpe el flujo espontáneo de sensaciones del cuerpo. La ruptura del movimiento rítmico produce un estado de falta de gracia.
Todos los animales son graciosos en sus movimientos. Cuando miramos un pájaro nos impresiona como un objeto bello en movimiento. El brinco de un ciervo y el salto de un tigre inspiran admiración. Los hombres primitivos conservan mucha de esta gracia animal, que se pierde progresivamente en el proceso civilizador. Se pierde cuando una persona no es libre para seguir sus instintos y sentimientos.
Con la pérdida de gracia hay una pérdida de gentileza. La persona que está dotada de gracia es gentil. Es abierta, cálida y comunicativa. Es abierta porque ninguna tensión restringe su flujo de sentimientos. No ha desarrollado ninguna defensa neurótica ni esquizoide contra la vida. Es cálida porque su energía no está atada a conflictos emocionales. Tiene más energía y, en consecuencia, más sentimientos. Les brinda placer a los demás sin esfuerzo, ya que todos los movimientos de su cuerpo son una fuente de placer para sí misma y para los demás.
En un ser humano, la falta de gracia física se debe a que las tensiones musculares crónicas bloquean los movimientos rítmicos involuntarios del cuerpo. Cada forma de tensión representa un conflicto emocional que se resolvió mediante la inhibición de ciertos impulsos. Esta no es una verdadera solución, ya que los impulsos reprimidos encuentran el camino hacia la superficie en formas distorsionadas. La tensión muscular, la inhibición y el comportamiento distorsionado son señales de que el conflicto está aún activo, a nivel inconsciente. La persona que sufre tales conflictos no es graciosa ni gentil. No está mentalmente sana y, en vista del estrés físico que crean las tensiones musculares, no puede ser considerada físicamente sana.
El argumento que se presenta contra este concepto es que muchas personas aparentemente graciosas están emocionalmente perturbadas. Se hace referencia a los bailarines y atletas, cuyos movimientos se consideran graciosos. Pero la gracia de estos artistas es una reacción adquirida y no es, en absoluto, igual a la gracia de un animal salvaje. Los artistas parecen graciosos sólo cuando realizan la actividad especial que dominan. Aun así, su actuación no carece de esfuerzo. Sólo parece así a la distancia. Fuera de escena, estos artistas son a menudo bastante torpes en su comportamiento. La verdadera prueba de gracia está en los movimientos cotidianos de la vida: caminar, hablar, cocinar o jugar con un niño.
La belleza de la forma del cuerpo y la gracia de sus movimientos corporales son manifestaciones exteriores u objetivas de salud. El placer es la experiencia interna o subjetiva de la salud. La salud es indivisible; incluye la idea de salud mental y de bienestar físico. Una persona no puede estar mentalmente sana y físicamente enferma o físicamente bien y mentalmente enferma. Sólo se puede llegar a tales juicios divididos si se ignora el conjunto de la personalidad. El médico común que realiza un examen físico de rutina no ve los ojos vacíos, la mandíbula rígida y el cuerpo helado que caracterizan a la personalidad esquizoide. O, si ve estas expresiones de perturbación emocional, no las relaciona con la salud física.
Generalmente su examen se limita a controlar los diferentes sistemas de órganos, que revelarían una lesión orgánica pero no un trastorno funcional de la personalidad total. El psiquiatra común, por otra parte, no mira los cuerpos de sus pacientes. No ve su respiración restringida, sus cuerpos inmovilizados y sus ojos atemorizados. O si ve estos signos de perturbación emocional, no los relaciona con los problemas que exponen los pacientes. Sin criterios positivos de salud, no es posible juzgar las condiciones del funcionamiento total de un individuo. Los criterios que yo considero como los más válidos para mis propósitos son la belleza y la gracia corporales.
Las personas tienen un sentido innato de la belleza y de la gracia. Los niños son particularmente sensibles a estas cualidades. Cuando un niño ve una mujer bella exclama: “Eres bella”. Sin embargo, hay demasiadas personas que son como la muchedumbre del cuento de la nueva vestimenta del emperador, que se negaba a hacerle caso a sus sentidos y aplaudía la vestimenta invisible del emperador, hasta que un niño comentó que estaba desnudo. Se ha lavado el cerebro a las personas para que acepten los dictados de la moda aun cuando éstos contradigan la evidencia de sus sentidos. El individuo que es un esclavo de la moda ha sometido su gusto personal a laconformidad. Esta situación se ha vuelto tan grave que el delgado y enjuto cuerpo esquizoide se ha transformado en el modelo de belleza femenina. Puedo atribuir este estado de cosas sólo al hecho de que la mayoría de las personas se haya desentendido de sus sentidos.
La belleza y la gracia son las metas hacia las cuales se dirige gran parte de nuestro esfuerzo consciente. Queremos ser más bellos y graciosos, ya que sentimos que estas cualidades conducen a la alegría. La belleza es el objetivo de toda acción creativa, a nivel personal en nuestro hogar y en nuestro medio, y artísticamente en nuestro trabajo. A pesar de este interés en la belleza, el mundo se vuelve cada vez más feo. Creo que esto se debe a que la belleza se ha convertido en un adorno en lugar de una virtud, en un símbolo del ego en lugar de una forma de vida. Estamos comprometidos con el poder —no con el placer— como forma de vida y, en consecuencia, la belleza ha perdido su verdadero significado como imagen de placer.