lunes, 24 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 44 (final)

 AUTORREALIZACIÓN

Ningún paciente resuelve nunca todos sus conflictos ni libera todas sus tensiones en la terapia. Esto es así por dos razones. La primera es que los mecanismos psíquicos y físicos de represión están tan profundamente estructurados en la personalidad que no se los puede eliminar completamente. En más de una ocasión le he demostrado a un paciente que no se puede borrar totalmente una línea  trazada con lápiz de un papel. Siempre queda un rastro. Nuestras experiencias están grabadas de forma similar en nuestros cuerpos. 

La segunda razón es que las experiencias traumáticas de un individuo forman parte de su ser y no es posible eliminarlas o ignorarlas. Sin embargo, se las puede  reprimir o aceptar. Si se las reprime, la persona tiene problemas. Si se las acepta y comprende, pueden servir para ampliar su visión y profundizar su sensibilidad y   pueden convertirse en la materia prima del proceso creativo.

Afortunadamente, los pacientes no piden que se los haga de nuevo. Buscan una renovación del sentimiento de que la vida puede disfrutarse. Alguna vez tuvieron este sentimiento, dado que sus sueños de felicidad están basados en él. Aun pensar que es posible presupone que la persona sabe lo que es. No creo que un ser humano pueda sobrevivir si no tuvo momentos de alegría cuando era niño.

El recuerdo de esas experiencias, aunque sea borroso, sostiene su espíritu en su tormento posterior. Todos los pacientes que he tratado, por muy desesperados o  perturbados que estuvieran, podían recordar dichos momentos. Quieren sentir esa alegría nuevamente, no como recuerdo sino en relación con su situación actual. Quieren comprender qué fue lo que les hizo perder ese sentimiento y saber cómo evitar que se repita la pérdida.

La dificultad para alcanzar estas metas radica en el proceso de renovación. Un paciente debe revivir su vida en el sentimiento y en el pensamiento, en la acción. La recorre nuevamente, pero retrocediendo del presente al pasado. Este retroceso le asegura un punto de apoyo en la realidad. Debe saber lo que es ahora, para descubrir cómo llegó a serlo. El presente sólo puede entenderse en términos  del pasado, pero el pasado sólo tiene sentido porque ha determinado el presente. 

Destaco esto porque la tendencia de los pacientes y de la mayoría de las personas es ignorar el pasado o vivir en él. Ambas actitudes menoscaban el presente y en consecuencia el sí-mismo. Se debe aceptar lo que ocurrió en el pasado y no confundirlo con el presente.

En el retroceso de adulto a joven, a niño, a bebé, se debe hallar la inversión que sustituyó al verdadero sí-mismo con la imagen del ego. La secuencia que transformó el sentimiento de inocencia del niño en el de culpa comenzó con la oposición a sus padres. En esta oposición, el niño, al principio, se siente bien. Sin embargo, este sentimiento da paso a una sensación de estar equivocado cuando no logra modificar la actitud de sus padres. La sensación de estar equivocado es intolerable; al someterse a la autoridad paterna el niño gana en corrección, pero pierde en honradez. La inversión (de sentirse bien a sentirse equivocado, de sentirse inocente a sentirse culpable) no fue una decisión consciente. Sucedió gradualmente cuando se reprimieron los sentimientos negativos y hostiles y se los  reemplazó por pensamientos y actitudes más aceptables para los padres. 

En consecuencia, no se la recuerda como un solo hecho y se la debe reconstituir a partir del recuerdo de experiencias pasadas. Sin embargo, estos recuerdos están vinculados con sentimientos reprimidos y no se los puede evocar hasta que no se reactiven esos sentimientos.

Reactivar los sentimientos reprimidos es la parte difícil de la terapia. El proceso encuentra la oposición de las defensas del ego, por un lado, y del temor a estos  sentimientos, por el otro. El ego ha establecido un grado relativo de seguridad en la personalidad reprimiendo el sentimiento y no está preparado para arriesgar esa  seguridad por evocar conflictos del pasado. Esta posición del ego está apoyada por el temor del paciente a la intensidad del sentimiento. El paciente teme que su ira se salga de control y se transforme en cólera o furia asesina.

Teme que la pena lo agobie y teme hundirse en la desesperación. Teme que su miedo se convierta en pánico o terror y lo paralice. Cuando se reactivan estos sentimientos, tienen una realidad inmediata que hace que el temor a ellos parezca válido.

La dificultad crece por el sentimiento de impotencia que también surge en este proceso, dado que formaba parte de la situación original que condujo a la represión del sentimiento. El niño tuvo que abandonar su oposición a sus padres o arriesgarse a que éstos lo abandonaran. Los padres lo despojan del cariño o amenazan con hacerlo como medio para controlar al niño. El sentimiento de impotencia da lugar nuevamente al tema de la supervivencia, un tema que está aún sin resolver en el inconsciente del paciente.

Dado que la autonegación aseguró la supervivencia, la autoafirmación parece amenazarla. No obstante, es necesario algún grado de autoafirmación para la  supervivencia en el mundo.

Para liberar los sentimientos reprimidos y abrirse paso hacia el niño que hay dentro de un paciente, se necesita un trabajo coherente a nivel psíquico y físico. Deben analizarse las defensas del ego que inhiben la aceptación de las  respuestas emocionales naturales de un niño al placer y al dolor. Deben liberarse las tensiones musculares crónicas que bloquean la gama completa de expresión emocional.

Esta meta no puede alcanzarse con un enfoque dirigido a un solo nivel. La psicoterapia, analítica o de otro tipo, que no estimula la expresión de los sentimientos reprimidos, fomenta el control a expensas de la espontaneidad y  fortalece el ego a expensas del cuerpo. Si su trabajo terapéutico se limita a la expresión de sentimientos, se alienta la impulsividad a expensas de la integración.

La creatividad en la terapia, como en la vida, es el resultado de la fusión de fuerzas polares. La capacidad de expresar un sentimiento y la capacidad de controlar su expresión son las dos caras de una misma moneda: el individuo madura. Al principio de la terapia, este control lo ejerce el terapeuta. Se alienta al paciente a “entregarse”, con la seguridad de que el terapeuta puede manejar la  situación. La ira se expresa en el diván y nunca se vuelve destructiva. El paciente puede entregarse a la tristeza, sabiendo que no está solo y que tiene un oyente  comprensivo. Puede expresar su temor gritando, sabiendo que cuenta con apoyo. 

Puede soportar sentirse impotente porque cree que su terapeuta es poderoso. Gradualmente, el control se traslada al paciente cuando éste aprende que cuando acepta y confía en sus sentimientos, éstos pierden su carácter de fuerzas extrañas que amenazan su ego.

Comprende que sus sentimientos negativos y hostiles son una respuesta al dolor y que sus sentimientos afectuosos son una respuesta al placer. Los pasos desde la posición defensiva de control del ego a la posición expuesta de una actitud creativa se dan a medida que el paciente se apoya en la realidad. El primer paso hacia la realidad que da un paciente es su identificación con su cuerpo. A través de la terapia, llega a verse a sí mismo en términos de su cuerpo, no de una imagen del ego que está en conflicto con su cuerpo. Se hace consciente de sus tensiones musculares y siente el efecto de éstas sobre sus actitudes y comportamiento. 

Aprende cómo reducir estas tensiones a través de los movimientos físicos apropiados. Esta identificación con el cuerpo es también el primer paso hacia la autorrealización.

El segundo paso hacia la realidad es el reconocimiento del principio del placer como la base de las propias actividades conscientes. La motivación para todas nuestras acciones es luchar por el placer y evitar el dolor. Podemos seguir diferentes caminos en la persecución de este objetivo, pero estamos impulsados por un deseo. El individuo que no reconoce que sus acciones están motivadas por el deseo de placer o que está inhibido por el temor al placer (la culpa) no está en contacto con la realidad de su naturaleza animal.

El tercer paso es una aceptación de los propios sentimientos. Los sentimientos son la respuesta espontánea de un organismo a su medio. No se pueden alterar los  propios sentimientos; no están sujetos a la voluntad o a la mente. Un individuo puede expresar un sentimiento o retener su expresión, según la situación. Si se vuelve contra sus sentimientos, se vuelve contra sí mismo. Si una persona rechaza sus sentimientos, se rechaza a sí misma.

El cuarto paso es comprender la interdependencia de todas las funciones de la personalidad. La persona que está apoyada en la realidad tiene una actitud subjetiva. Sabe que su pensamiento está relacionado con sus sentimientos y  determinado por sus respuestas corporales. Puede ser objetivo porque es consciente de su subjetividad. Aun en lo más abstracto, su pensamiento no está disociado de su participación en la condición humana. No dice: “Pienso, luego existo”. Si dijera algo, sería: “Existo, luego pienso”.

El quinto paso es la humildad. La humildad es darse cuenta del propio desamparo relativo en el universo. Es lo contrario del engreimiento del ego. Somos impotentes en todos los asuntos importantes de la vida. No podemos comprar el verdadero amor ni con todo el dinero del mundo. No podemos producir placer ni con todo el poder de nuestra avanzada tecnología. La vida humana fluye espontáneamente desde el vientre de una mujer y termina inexorablemente en las entrañas de la tierra. Nosotros no la creamos y no podemos preservarla eternamente. Nuestra  preocupación consciente debería ser vivirla plenamente.

La humildad es la marca de una persona que se acepta a sí misma. Dicha persona no es ni sumisa ni arrogante. No es egotista ni retraída. Aunque reconoce que es un individuo único, sabe también que forma parte de un orden mayor. Y si bien advierte que su existencia está sujeta a fuerzas externas a su personalidad, siente que estas fuerzas, naturales y sociales, están también dentro de él mismo y  forman parte de su ser. En consecuencia, es sujeto y objeto, actor y “actuado”, en el taller de la vida.

La condición del ser humano es un estado de aparentes contradicciones que se resuelven espontáneamente en el proceso creativo de la vida. Todo ser humano es al mismo tiempo un animal y un portador de cultura. Cuando estas dos fuerzas opuestas se fusionan creativamente en su personalidad, se convierte en un animal cultivado. Su cultura es una superestructura erigida sobre la base de su naturaleza animal y está destinada a ampliar y glorificar esa naturaleza. Esta fusión no se produce cuando el proceso cultural, o proceso civilizador, intenta modificar y controlar la naturaleza animal de la persona. Si éste triunfa, la persona se convierte en un animal domesticado cuyo potencial creativo ha sido subvertido con fines productivos.

Si fracasa, deja a la persona con una naturaleza animal atormentada y enfurecida que generalmente rompe la fachada de la sofisticación cultural con su comportamiento rebelde y destructivo.

En realidad, el intento de modificar la naturaleza animal de un individuo sólo tiene éxito parcialmente. El proceso de domesticación apenas puede llegar a alguna profundidad.

Detrás de una actitud de sumisión siempre se encuentra una capa de desafío y rebeldía asociada con sentimientos negativos y hostiles reprimidos. Y detrás de la abierta rebeldía y destrucción de muchos jóvenes de hoy, hay una capa de sumisión asociada con sentimientos reprimidos de temor y de desesperación. En los adultos, la actitud sumisa es una defensa contra sentimientos internos de rebeldía y hostilidad, mientras que la rebeldía externa es una reacción contra la sumisión interna. Ninguna de ellas es una actitud creativa y en ningún caso hay auto aceptación.

Para tener éxito, la terapia debe abrirse paso por estas capas hasta el corazón del individuo. Para abrir el corazón de una persona a la alegría debe restablecerse su inocencia.

Debe restablecerse su fe en sí misma y en la vida. Debe, en otras palabras, volver al estado en el cual su existencia se caracterizaba por esas cualidades. Ese estado es la infancia.

La persona que puede aceptar al niño que hay en su interior, tiene la capacidad de gozar la vida. Tiene la capacidad de asombro que la abre a nuevas experiencias.

Tiene la excitabilidad para responder con entusiasmo fresco.

Y tiene la espontaneidad necesaria para la autoexpresión. Los niños pequeños están próximos a la alegría, ya que aún retienen algo de la inocencia y fe de que fueron dotados. Es por eso que Jesús dijo: “De ellos es el Reino de los Cielos”.

La persona creativa no es un niño. Los adultos que intentan ser niños en su búsqueda de la diversión no son realistas, son autodestructivos. Su comportamiento es infantil, su motivación es la huida y su actitud es afectada.

El adulto maduro está próximo a la sabiduría dado que ha vivido y sufrido. A pesar de su sufrimiento y conocimiento del mundo, está en contacto con el niño que fue y que hasta cierto punto todavía es. Nuestros sentimientos hacia la vida,

el amor y el placer no cambian cuando crecemos. Aunque nuestros modos de expresar estos sentimientos cambien, en nuestro corazón todavía somos niños pequeños. En una persona creativa no hay separación o barrera entre el niño y el adulto, entre el corazón y la mente, entre el ego y el cuerpo.

De alguna manera, toda terapia termina en un fracaso. No alcanzamos nuestra imagen de perfección. El paciente advierte que siempre tendrá defectos. Sin embargo sabe que su crecimiento no está completo y que el proceso creativo iniciado en la terapia es ahora su responsabilidad personal. No sale de la terapia en una nube —los que lo hacen están destinados a caer—, siente que sus pies están sobre la tierra, ha obtenido una apreciación de la realidad y ha desarrollado una actitud creativa hacia los problemas que afrontará. Ha experimentado alegría, pero también pena. Sale con un sentimiento de autorrealización que incluye el respeto a la sabiduría del cuerpo. Ha recuperado su potencial creativo.


martes, 18 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 43


 LA PERDIDA DE LA INTEGRIDAD

La dualidad de la naturaleza del hombre, que es la responsable de su autoconocimiento y de su potencial creativo, es también la causa que lo predispone a sus actitudes de autonegación y autodestrucción. Al actuar conscientemente y responder inconscientemente en el drama de la vida, el hombre está sujeto a una tensión interna cuando se separan estos dos lados de su personalidad. El grado de tensión que puede tolerar una personalidad antes de que se quiebre su unidad depende de su energía vital, que es la fuerza cohesiva del organismo.

Una personalidad cuyo nivel de energía es bajo se dividirá ante un grado de tensión que una personalidad más fuertemente  cargada puede soportar. Cuando se produce una división, un aspecto de la personalidad se vuelve contra el otro, provocando un comportamiento autodestructivo.

El ego es el aspecto de la personalidad que funciona como actor consciente, mientras que el cuerpo es el aspecto de la personalidad que responde involuntariamente a las situaciones. Generalmente, estas dos modalidades  diferentes de comportamiento, actuar y reaccionar, están armónicamente integradas. Cuando una persona come, por ejemplo, participan ambas modalidades de comportamiento. Su respuesta inmediata al olor y al sabor de la comida es puramente involuntaria. Será placentera o desagradable. Si es placentera, actuará conscientemente llevándose la comida a la boca. Si es desagradable, alejará el plato. Estas últimas acciones se realizan conscientemente, es decir, están dirigidas por el ego.

Normalmente no surge ningún conflicto entre ellas. Pero imaginemos que la persona sentada a la mesa es un niño al que no le gustan las verduras y que está sentado frente a él un padre que insiste en que debe comerlas porque le hacen  bien. En esta situación, el niño afronta un dilema. Si no come las verduras, tendrá un conflicto con su padre. Si las come, tendrá un conflicto con sus sentimientos. Este simple ejemplo ilustra el tipo de tensión a la que generalmente está sujeta una persona en nuestra cultura. La diferencia entre el comportamiento humano y el comportamiento animal en una situación similar está representada en el aforismo según el cual se puede llevar un caballo al agua, pero no hacer que la beba.

La civilización es un proceso que supone la imposición de frenos conscientes a las respuestas involuntarias del cuerpo. Sin embargo, no es un fenómeno antinatural; todos los aspectos del aprendizaje, sean de una habilidad motora o de una comprensión intelectual, dependen de él. En el capítulo seis señalé que gran parte de nuestro pensamiento consciente requiere una inhibición preliminar de las  respuestas involuntarias (“de tente a pensar”). Sin embargo, existen límites en la cantidad de tensión que puede tolerar una personalidad. Cuando se exceden  estos límites, las fuerzas polares de la personalidad rompen su unidad y se transforman en funciones independientes. Esto produce un estado esquizofrénico.

Para comprender esta evolución imagine que el ego (actor consciente) y el cuerpo (procesos involuntarios) son dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas de un resorte. Generalmente, la cantidad de fuerza ejercida por el ego no es constante y, en consecuencia, la tensión en el resorte fluctúa. Incluso puede estar  completamente ausente en algunos momentos, por ejemplo durante el orgasmo total, cuando los procesos involuntarios del cuerpo toman posesión de toda la personalidad. El aumento y disminución normal de la tensión en el resorte corresponden al aumento y disminución del nivel de excitación. Si las dos fuerzas  están adecuadamente equilibradas, el ascenso y descenso de la tensión produce sentimientos de placer.

Si el resorte se estirara más allá de su nivel de tolerancia perdería su elasticidad. Esto puede suceder cuando se estira demasiado el resorte o cuando la tensión  apenas tolerable se mantiene durante demasiado tiempo. Si desaparece la elasticidad del resorte, se rompe la conexión vital entre el ego y el cuerpo. Ya no tienen una relación dinámica. Esta analogía quedaría incompleta si no señalara  que puede debilitarse la fuerza elástica del resorte, lo cual correspondería a una reducción de la fuerza cohesiva entre el ego y el cuerpo, en la personalidad humana.

La dualidad de la naturaleza del hombre tiene muchas facetas. Estas pueden agruparse bajo los títulos “Ego” y “Cuerpo”. Sigue una lista parcial.

Ego:

a) Respuestas involuntarias

b) Logro

c) Pensamiento

d) Adulto

e) Individualidad

f) Cultura

Cuerpo:

a)Actividad consciente

b) Placer

c) Sentimiento

d) Niño

e) Comunidad

f) Naturaleza

Ya hemos estudiado la relación polar que existe entre b

y c. En esta sección trataré a), d), e) y f).

a) No existe ninguna persona cuyo comportamiento esté enteramente controlado por la conciencia. No obstante, hay algunos individuos en quienes las respuestas involuntarias del cuerpo están tan reprimidas que tienen aspecto de autómatas y actúan como tales. Los casos más extremos se encuentran en instituciones mentales. 

En mi libro The Betrayal of the Body se describen casos menos perturbados como individuos esquizoides. Esta perturbación se manifiesta por una falta de espontaneidad, un embotamiento de la personalidad y una capacidad disminuida de sentir placer. La depresión es bastante común y los sentimientos suicidas están frecuentemente presentes.

Estas personas comúnmente se quejan de un vacío interno, que es bastante comprensible en vista de la reducida motilidad de sus cuerpos y de la correspondiente ausencia de sensibilidad.

Lo que es menos comprensible es la visión ampliamente difundida según la cual tales perturbaciones son puramente mentales y el problema es puramente psíquico. Cuando la personalidad se identifica con la mente o el ego, el cuerpo se reduce a un mecanismo. Esta actitud destruye la integridad de la personalidad, dado que niega la interrelación de todas las funciones de la personalidad.

Imposibilita cualquier esfuerzo terapéutico significativo de cambiar la estructura de la personalidad. Este no es un enfoque creativo de la terapia ni de la vida. Es igualmente desastroso que una persona pierda totalmente el control consciente de su comportamiento, es decir que pierda el autodominio y se reduzca a una masa temblorosa de protoplasma. He visto esto y no es una imagen placentera. No puede ser la meta terapéutica. Lo que se quiere es una interacción de lo consciente y lo involuntario y esto sólo puede suceder cuando todos los actos conscientes estén imbuidos de sentimiento y cuando se perciban conscientemente y se comprendan todas las respuestas involuntarias. 

Este es el significado de la expresión “estar en contacto con el cuerpo” y es la vía hacia el autodominio.

d) La polaridad adulto-niño es la clave de la Personalidad creativa. Asociamos con el adulto todas las cualidades del ego: autoconciencia, logro, racionalidad,  individualidad y cultura. El niño es el símbolo de las cualidades asociadas al cuerpo: espontaneidad, placer, sentimientos, comunidad y naturaleza. En el fondo de la personalidad de todo adulto está el niño que fue. Su madurez es sólo una capa superficial que, con mucha frecuencia, se transforma en una rígida fachada  estructurada. Cuando esto sucede, una persona pierde el contacto con el niño que hay dentro de ella. Se evidencia que el niño aún está vivo, sin embargo, por las ocasionales regresiones al comportamiento infantil que se producen cuando la fachada cede ante el estrés. Estos arranques infantiles son de carácter destructivo y representan, hablando poéticamente, la ira del niño por estar aprisionado por un ego atemorizado pero dictatorial.

En la personalidad integrada, el adulto y el niño están en comunicación permanente, el niño a través del sentimiento y el adulto a través de la inteligencia. Se apoyan y fortalecen mutuamente, el niño agregando imaginación al realismo del adulto y este último proporcionando el conocimiento que aclara las respuestas  intuitivas del niño. Puede interpretarse que la afirmación de que la persona creativa busca en lo profundo de su inconsciente respuestas imaginativas a los problemas,  significa que consulta al niño que hay dentro de ella. Y dado que el niño se identifica con el cuerpo, estar en comunicación con el niño es lo mismo que estar en contacto con el cuerpo.

Es significativo que casi todos los pacientes de la psicoterapia tienen muy pocos recuerdos de su infancia. En algún momento de su crecimiento se formó una barrera alrededor de las experiencias de la infancia y los sentimientos asociados a ellas. Las experiencias se reprimen de la memoria. Los sentimientos se suprimen de la conciencia. El bloque se produce porque se hizo que el niño se sintiera mal a causa de sus sentimientos. Nació como un animal inocente de todos los deseos pero para sentir placer y ser dichoso. Pero la civilización, representada por sus   padres, demandaba que desarrollara el control, se volviera racional y se sometiera a la autoridad. La lucha entre voluntades que se libra en la crianza de la mayoría de los niños es demasiado conocida para que sea necesariorepetirla. En esta lucha, el niño siempre pierde y su sumisión está marcada por la negación de su naturaleza animal.

En aras de la supervivencia, un niño no tiene otra alternativa que reprimir sus sentimientos y erigir una fachada de comportamiento que sea aceptable. La fachada se estructura en el cuerpo y la mente; en el cuerpo como postura y en la mente como imagen del ego. El ego se identifica con esta imagen y se disocia del cuerpo.

Enmascarado por esta imagen, el individuo se ve a sí mismo como una persona inocente, que no sabe que en su inconsciente abriga sentimientos hostiles y negativos asociados a las experiencias traumáticas de su niñez temprana. Las emociones reprimidas se manifiestan y ocasionalmente salen a la luz, haciéndose necesaria una serie completa de racionalizaciones y autojustificaciones para sostener la imagen. 

Estas son las defensas de su ego, mientras que sus tensiones musculares representan lo que Wilhelm Reich denominaba “armadura del cuerpo”.

Habiendo logrado pasar de sentirse mal a sentirse bien y habiéndose atrincherado tras los muros de su fortaleza, el ego se ve a sí mismo como amo de su dominio, el sí-mismo consciente. Ha abandonado el cuerpo, al niño y al inconsciente en su retirada. Esta imagen de dominio que desarrolla el ego es una presunción. Se la encuentra en todas las personas perturbadas emocionalmente. En el  esquizofrénico paranoico llega a delirios de grandeza. En la personalidad esquizoide se manifiesta como arrogancia. Se expresa como un orgullo exagerado en el individuo narcisista y como fariseísmo en el masoquista.

El ego engreído, aparentemente seguro en su fortaleza imaginaria, domina la personalidad como un tirano. Al igual que un tirano, lucha por eliminar todas las fuerzas que podrían amenazar su poder. No obstante, la persona siente su aislamiento, su alienación y su soledad. Estos sentimientos la fuerzan a someterse a una terapia. Sin embargo, su sumisión es condicional. Su ego no está dispuesto a exponer sus simulaciones, bajar sus defensas y enfrentarse a la negatividad subyacente. En cambio, intenta dominar sus debilidades con la ayuda del terapeuta.

Fracasará en este esfuerzo. Sólo frente al fracaso, la persona abandonará una posición del ego que aparentemente aseguraba su supervivencia. Cuando se enfoca la personalidad desde el punto de vista del cuerpo, se llega directamente al niño. Cuando se moviliza el cuerpo a través de la respiración, lo primero que se produce es un temblor involuntario que generalmente comienza en las piernas y se extiende por el cuerpo. En general, el temblor se transforma casi espontáneamente en sollozo y el paciente comienza a llorar. Puede no saber siquiera por qué llora. El sonido parece brotar desde dentro, sorprendiendo al paciente. Este llanto se producirá muchas veces durante la terapia hasta que se vuelve infantil y el  paciente puede sentir el gemido del niño aprisionado.

Cada tensión muscular crónica representa la inhibición de un impulso. La contracción está destinada a impedir que se expresen estos impulsos. El impulso inhibido tiene una valencia negativa, por lo cual primero se lo reprime. Los sentimientos de ira, temor y tristeza están vinculados con todas las tensiones musculares crónicas. Los impulsos que se liberan durante la terapia son: llanto, grito, chillido, golpe, pataleo, mordisco, etcétera. Estos se canalizan hacia el diván y no se hace víctima de ellos a otra persona. Lo que siempre emerge es un niño herido e irritado que necesita expresar sus sentimientos negativos antes de poder  expresar honestamente los positivos.

La espasticidad muscular crónica es una limitación inconsciente de la motilidad y de la autoexpresión que dice en realidad: “No puedo”. Transformando esto en un “No lo haré” expresado conscientemente, la tensión se libera. De igual modo, hacer que un paciente sienta y exprese su hostilidad con un “Te odio”, le hace posible decir “Te amo” con sinceridad. Cuando estos sentimientos llegan a la superficie vuelven los recuerdos reprimidos de la infancia.

En consecuencia, el trabajo con el cuerpo debe ir acompañado por un análisis apropiado para llenar el vacío entre el pasado y el presente.

Penetrar a ambos niveles simultáneamente, el físico y el psíquico, permite al paciente identificarse con el niño perdido, aceptarlo e integrarlo con la comprensión adulta de la vida.
Esto profundiza su autoconocimiento y libera su potencial creativo.

e) La persona que está en contacto con el niño que tiene adentro es un verdadero ser comunitario. No es casual que los hombres primitivos, que tienen un fuerte sentido de la vida comunitaria, sean infantiles. Los niños tienen una mayor capacidad natural de proximidad e identificación que los adultos. El sentido de la individualidad es una función del ego que apunta a promover la unicidad y la
independencia de la persona. Cuando el ego está disociado del cuerpo, el adulto está divorciado del niño que fue. En este estado, la individualidad se transforma en aislamiento, la unicidad en alienación y la independencia en soledad.

La conciencia social es el sustituto, elaborado por el ego, de la cualidad infantil de pertenecer y formar parte de un grupo o comunidad. Es una compensación de la
alienación y aislamiento del hombre moderno y no es un verdadero recambio del sentimiento de comunidad que tanta falta hace hoy. El sentimiento de comunidad tiene un elemento personal basado en la participación física en un esfuerzo común. Los pioneros, soldados y grupos militantes pueden tenerlo, pero es algo muy diferente de una identificación basada en la culpa y la donación de dinero.

f) Los niños están también más adaptados a la naturaleza que los adultos. Están más próximos en espíritu a los fenómenos naturales, ya que aún se sienten parte del mundo natural. La explotación de la naturaleza para satisfacer los deseos del ego no forma parte de su modo de vida. Cuando el hombre pierde su conexión vital con el niño que hay en su interior, pierde también la consideración y la admiración que siente el niño por la vida natural.

Todo amante de la naturaleza tiene un corazón de niño. Todo artista creativo es en parte un niño. Toda persona alegre es un niño en éxtasis. Pues la alegría y la creatividad se encuentran en el corazón de la naturaleza.

Una persona creativa tiene un sentimiento cálido por los niños, dado que reconoce el candor de su espíritu y el de ellos. Se regocija con los niños, propios y ajenos, porque todo niño es un nuevo ser, cuyos entusiasmos frescos añaden excitación a la propia vida. Comparte sus placeres con los niños, ya que esto aumenta su propio placer. Quiere que todos los niños conozcan la alegría de vivir que fluye
espontáneamente cuando nos sentimos libres para seguir nuestros impulsos naturales. Ha conocido esta alegría. No puede ver a un niño herido sin sentir su dolor, pues él tiene un corazón de niño.


 

lunes, 10 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, pare 42

 

CREATIVIDAD Y AUTOCONOCIMIENTO

La fusión creativa de los aspectos antitéticos de la personalidad no puede ser el resultado de un esfuerzo consciente. Koestler destacó que el acto de creación es una función del inconsciente. A mí también me gustaría llamar la atención sobre este hecho. La conciencia sólo puede actuar con imágenes que ya están en ella. Por definición, el acto creativo es la formación de una imagen que no existía  previamente en la mente. Esto no significa que la conciencia no juegue ningún papel en el proceso creativo. El problema se percibe siempre conscientemente, la solución nunca. Si se conoce la respuesta a un problema determinado, se puede acertar, pero la respuesta correcta nunca es un acto creativo.

Un enfoque creativo de la vida es posible sólo para la persona cuyas raíces se prolongan dentro de las capas inconscientes de su personalidad. El pensador creativo se sumerge profundamente en las fuentes del sentimiento para encontrar las soluciones que busca. Puede hacerlo debido a que posee un mayor autoconocimiento que la persona normal. Cada vez se advierte más la necesidad de conocerse más. Los numerosos libros de psicología y la creciente demanda de psicoterapia reflejan esto. No obstante, son demasiadas las personas que aún creen que se hallará una fórmula que resolverá sus dificultades sin necesidad de la prueba interna que implica el autoconocimiento. Creoque esas personas se encaminan a la depresión cuando se derrumba su ilusión. 

Si podemos aceptar que nadie conoce las respuestas, entonces el camino hacia la alegría está abierto. Este camino conduce, a través del autoconocimiento y la comprensión de la personalidad, a una actitud creativa hacia la vida. El propósito de este libro es proporcionar algo de esta comprensión y la esperanza del autor es que sirva para profundizar el autoconocimiento del lector.

En los capítulos precedentes intenté mostrar algunas de las interrelaciones que existen entre los diferentes aspectos de la personalidad. La oposición entre poder y placer nos condujo a una discusión sobre la antítesis entre ego y cuerpo. El ego es el representante del Sí-mismo consciente, mientras que el cuerpo es el representante del Sí-mismo inconsciente. Estos dos aspectos de la personalidad no están drásticamente separados. Al igual que un corcho que flota en medio del océano, la conciencia sube y baja con cada ola de sentimientos que pasa por el cuerpo. 

Un autoconocimiento que se limita a las percepciones conscientes es muy superficial. Un autoconocimiento más profundo nos permite comprender que estas percepciones conscientes están fuertemente influidas e incluso determinadas por procesos inconscientes. Prolongando nuestra conciencia hacia el cuerpo, a veces podemos ser conscientes de cuáles son estos procesos. 

El autoconocimiento de una persona está determinado por la medida en que está en contacto con su cuerpo.

Los seres humanos tienen una naturaleza dual. Actúan conscientemente y responden inconscientemente. Caminan con dos pies y, cuando se mueven, su atención pasa de una pierna a la otra. Cuando dan un paso hacia adelante, la  atención se concentra momentáneamente en la pierna que presiona el suelo, luego pasa a la pierna que se acerca al piso. Esta oscilación de la atención subyace al sentimiento de seguridad que «caracteriza a la persona cuya manera de andar es suave y armonioso. También puedo ilustrar este concepto con el ejemplo de un orador público. Cuando se enfrenta al público debe estar en contacto con dos  realidades: su público y él mismo. Si se concentra demasiado en lo que debe decir o en la forma de decirlo, perderá su público. Si es demasiado consciente de su  público perderá su sentido de sí mismo y se confundirá. Un buen orador puede alternar su atención rápidamente entre estas dos realidades de manera tal que, mientras él está un instante concentrado en una, el efecto general es que se  mantiene en contacto con ambas realidades. 

Cuanto más autodominio tenga un orador, más retiene y posee a su audiencia.

En la relación entre el ego y el cuerpo, los aspectos conscientes e inconscientes del sí-mismo, actúa el mismo principio. El ego es tan fuerte como vivo está el cuerpo. En un cuerpo reprimido, el ego se halla en estado de colapso.Para decirlo de otra manera, la persona que deja que sus respuestas inconscientes se expresen libremente es en realidad un individuo más consciente que la persona que le teme a sus respuestas inconscientes. En consecuencia, “entregarse” al inconsciente fortalece la conciencia y las funciones del ego. Pero este principio es una calle de doble dirección que va tan lejos en un sentido como en el otro.

Como un péndulo cuya oscilación es igual en ambas direcciones, una persona puede “entregarse” sólo en la medida en que también pueda contenerse  conscientemente. Este principio pasa “inadvertido” para quienes abogan por una vida dionisíaca de abandono a la sensualidad como forma de existencia llena de sentido.

Este énfasis en el cuerpo, el placer y la “entrega” no está destinado a negar el valor del ego, el logro y la contención. Sin polaridad no hay movimiento. Sin movimiento, la vida es chata y aburrida. Si negáramos los valores asociados a la función cerebral, la disciplina y el prestigio, estaríamos cometiendo el mismo error que  aquellos que exaltan las virtudes superiores de las funciones del ego a expensas de los procesos corporales o inconscientes.

La otra gran polaridad en el funcionamiento de la personalidad que estudiamos anteriormente es la relación entre pensamiento y sentimiento. Intenté demostrar que la calidad del pensamiento de una persona está determinada por sus sentimientos. El aspecto específico que ilustra más claramente esta polaridad es la relación entre subjetividad y objetividad. Enfaticé que la objetividad verdadera es  imposible sin una adecuada subjetividad. La persona que no sabe lo que siente no puede ser objetiva consigo misma y es altamente improbable que pueda ser objetiva con respecto a otra persona. Su falta de autoconocimiento necesariamente limita su conocimiento de los demás. Pero esta afirmación es también aplicable a la inversa. La persona que no conoce a los demás no puede conocerse totalmente a sí misma. Su insensibilidad lo debilita ante todos los aspectos de la realidad.

Conocerse a uno mismo es una función cognitiva tanto como sensorial. Las sensaciones deben interpretarse correctamente si han de tener sentido. Si se divorcia el sentimiento del pensamiento, la personalidad está tan dividida como cuando se divorcia el pensamiento del sentimiento. Un cuerpo sin cabeza no vivirá mejor que una cabeza sin cuerpo. El hecho de no sobrevalorar la función cerebral no debe considerarse como una negación del valor de ésta. La capacidad de pensar claramente es tan importante para la personalidad como la capacidad de  sentir profundamente. Si se confunden los sentimientos, se nubla el pensamiento, pero es igualmente cierto que el pensamiento confuso embota los sentimientos. 

Sea cual fuere el aspecto de la personalidad que miremos, veremos que se manifiesta el mismo principio de polaridad. A nivel emocional, se expresa en la polaridad afecto-hostilidad, ira, temor, alegría- tristeza, etcétera. Y a nivel de las  sensaciones primarías, se refleja en el espectro placer-dolor.

Esto significa que la persona que reprime su conciencia del dolor reprime su percepción del placer. La explicación de esta observación es muy simple. Si adormecemos el cuerpo para sentir menos el dolor, también reducimos, con la  misma maniobra, la capacidad del cuerpo de experimentar placer.

El autoconocimiento, en contraposición al conocimiento en sí mismo, requiere un enfoque dual de todas las experiencias. Primero, una experiencia debe percibirse a nivel del cuerpo, donde representa la respuesta inconsciente del organismo a un estímulo o situación. Estas experiencias corporales pueden ser sensoriales o motoras, y con más frecuencia, de ambos tipos. El olor a comida puede hacer que se me haga agua la boca. Ver a un bebé puede provocar un impulso de tocarlo. 

Tales reacciones indican un conocimiento del medio. El autoconocimiento nace cuando se polariza una experiencia, es decir cuando se la relaciona e integra con una experiencia de signo contrario. En consecuencia, el olor a comida se transforma en un elemento de autoconocimiento cuando evoca la sensación de hambre. La claridad comida-hambre nos hace conscientes de la relación del sí-mismo con el mundo exterior y, en consecuencia, del sí— mismo y del mundo  exterior. La polarización de la experiencia es el segundo elemento en el proceso de autoconocimiento. Es la función del ego que relaciona todas las experiencias con la historia de la vida del individuo.

Volvamos a la relación entre pensamiento y sentimiento para comprender mejor el autoconocimiento. Conocer sólo nuestros pensamientos o nuestros sentimientos es un tipo limitado de autoconocimiento. El individuo que se conoce totalmente es consciente de cómo se relacionan sus pensamientos con sus sentimientos y de cómo los sentimientos están condicionados por sus pensamientos. Su atención o percepción oscila entre su mente y su cuerpo.

Tiene, en efecto, un doble conocimiento de lo que sucede, aunque en cada momento se concentra en uno u otro aspecto de su experiencia. La imagen de un profesor distraído cuya concentración compulsiva en sus actividades intelectuales lo conduce a ignorar la realidad de su cuerpo y sus sensaciones representa lo opuesto. La polaridad amor- sexo es otro buen ejemplo de cómo el reconocimiento de las relaciones polares aumenta el autoconocimiento. El sexo, en sus aspectos puramente fisiológicos, no requiere ningún conocimiento de la otra persona. Sin embargo, existen dudas sobre si la respuesta sexual humana es puramente  fisiológica. La imagen y la fantasía no pueden eliminarse del comportamiento consciente y, en consecuencia, debemos suponer que en este acto hay siempre algún grado de autoconocimiento. 

Pero cuando el amor se experimenta  conscientemente en relación con el acto sexual, la claridad se intensifica mucho. El amor nos hace conscientes del otro y fuerza a la atención a oscilar entre el sí-mismo y el otro aumentando la conciencia del sí-mismo en relación con el otro. En consecuencia, el enamorado que es más consciente del otro se conoce más. Su autoconocimiento aumenta su excitación y amplía el placer de su descarga.

El autoconocimiento contiene el potencial para la expresión creativa. Es el estado del ser que posibilita la fusión de los opuestos dentro del sí-mismo y entre éste y el  mundo exterior. Toda acción creativa es el reflejo del autoconocimiento, el cual consiste en una expresión de la fuerza creativa que hay dentro de la personalidad. Toda persona creativa tiene autoconocimiento en el área de su talento creativo. Y toda persona que se conoce tiene un potencial creativo en todas las áreas de su conocimiento.

Sería tentador afirmar que sólo el hombre, como animal creativo único, posee autoconocimiento. Pero no creo que esto sea así. Es más correcto decir que tanto el autoconocimiento como la creatividad están más desarrollados en el hombre que en otros animales. Es lógico afirmar que existe una relación polar entre  autoconocimiento y creatividad. Cuanto más se conozca una persona a sí misma, más creativa será, y viceversa.


lunes, 3 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 41

 CAPITULO 11

Un enfoque creativo de la vida

¿QUE ES LA CREATIVIDAD?

Este libro se ocupa de dos temas: placer y creatividad. Ambos están estrechamente relacionados, dado que el placer brinda la motivación y la energía para el proceso  creativo, lo cual a su vez acrecienta el placer y la alegría de vivir. Con placer, la vida es una aventura creativa; sin placer, es una lucha por sobrevivir. En los capítulos  precedentes analicé la naturaleza del placer y su rol en la determinación del comportamiento. Dedicaré este capítulo al tema de la creatividad en la vida.

Un enfoque creativo de la vida implica respuestas nuevas e imaginativas a las numerosas situaciones que una persona enfrenta cotidianamente. Se necesitan  urgentemente nuevas respuestas, ya que los valores y formas sociales que han regido las relaciones y regulado el comportamiento en las generaciones anteriores ya no ofrecen un marco satisfactorio para la vida moderna. Esta observación es ineludible, tanto en relación con la vida personal y familiar de las personas como con el escenario social y político más amplio. Las nuevas respuestas que buscamos no pueden limitarse al rechazo de los conceptos establecidos. La rebeldía pura no es una actitud creativa y sólo conduce a una condición caótica en la cual la búsqueda de placer y significado termina con frecuencia en desdicha y  desesperación.

El colapso de los códigos y patrones tradicionales ofrece una promesa de mayor placer y alegría de vivir, pero también plantea graves peligros. La promesa consiste en que hay un área más amplia de la vida abierta a un enfoque creativo; los peligros se deben a la falta de comprensión de lo que es la creatividad.

 Confundidas, las personas tienden a adoptar todas las ideas populares que les prometen una solución, suponiendo ingenuamente que la validez de una idea se mide por su popularidad. Dado que la popularidad está generalmente determinada por la publicidad y por los medios de masas, se opone al concepto de creatividad, que es una solución individual a un problema único. No hay dos artistas que pinten el mismo cuadro.

Otro peligro que enfrentamos es creer erróneamente que la experiencia es el único valor verdadero en la vida. Son demasiadas las personas que, creyendo esto, se  exponen a situaciones que son destructivas para su vida y bienestar. Con frecuencia se defiende el consumo de drogas con el argumento de que no se deberían limitar las propias experiencias. El comportamiento sexual indiscriminado y promiscuo se justifica en forma similar. Una experiencia en sí misma y por sí misma no necesariamente contribuye al crecimiento y al desarrollo. Para que lo haga, se la debe integrar en la personalidad. Se la debe asimilar en forma creativa; es decir, se debe profundizar la autocomprensión, ampliar la apreciación del placer y, como en el crecimiento, expandir todo el ser. Las experiencias que no se asimilan en forma creativa aumentan la confusión y disminuyen el sentido de identidad.

¿Qué significa ser creativo? La persona creativa tiene una visión fresca del mundo. No intenta resolver nuevos problemas con viejas soluciones. Parte de la premisa de que no conoce las respuestas. En consecuencia, enfoca la vida con la curiosidad y el asombro del niño, que todavía no está estructurado en su forma de ser y de pensar. El individuo cuya personalidad no es rígida tiene libertad para utilizar su  imaginación para enfrentar las circunstancias de la vida, que están en constante cambio.

Ser creativo es ser imaginativo, pero no todos los actos de la imaginación son actividades creativas. Las ensoñaciones, las fantasías y las ilusiones que llenan la  mente y ocupan el pensamiento de muchas personas no son expresiones creativas. La imagen del tipo Walter Mitty*, pueden ser  una compensación mental por la incapacidad de una persona de resolver sus conflictos internos. Dichas imágenes compensatorias guardan escasa relación con la realidad y, dado que no pueden realizarse, dejan a la persona en un elevado estado de tensión. 

La imaginación creativa comienza con una apreciación y aceptación de la realidad. No busca transformarla, haciendo que se adapte a su ilusión, sino que, por el contrario, busca profundizar la comprensión de la realidad a fin de enriquecer su propia experiencia de ella. El impulso creativo , comienza con la imaginación del niño pero apunta a la satisfacción de las  necesidades del adulto.

La fusión del realismo del adulto con la imaginación del niño es la clave de toda acción creativa. Encama el principio básico de la creatividad, a saber: que el acto creativo es la fusión de dos visiones aparentemente contradictorias en una visión única. En su libro The Act of Creation, Arthur Koestler hace de este tema el punto central de su estudio y lo ilustra con numerosos ejemplos: “El acto creativo, al  conectar dimensiones de la experiencia previamente desvinculadas entre sí, le permite (al hombre) alcanzar un nivel más elevado de evolución mental. Es un acto de liberación, el triunfo de la originalidad sobre el hábito” El principio según el cual la creatividad es la fusión e integración de aspectos opuestos no se limita a la expresión creativa en la ciencia o en el arte, se aplica también a todas las formas de expresión en la vida. Ilustraré su aplicabilidad a una situación común de la vida moderna.

Hoy, el trato de la mayoría de los padres con sus hijos está marcado por el conflicto entre disciplina y permisividad. No pueden ejercer la autoridad que tenían los  padres de antes con la seguridad de que dará buen resultado. A pesar de sus mejores intenciones, el ejercicio de la autoridad arbitraria sólo provoca sentimientos de rebeldía y desafío en los jóvenes. No obstante, la falta de autoridad y la actitud de permisividad resultante parecen producir una situación igualmente desesperante. Hoy, muchos jóvenes se sienten más confundidos que liberados por una actitud de completa permisividad y el resultado es generalmente una mayor separación entre generaciones.

No es ni puede ser una cuestión de autoridad contra permisividad. Ninguna de ellas es una respuesta creativa a una relación basada en el amor. Al padre que ama a su hijo le gustaría que éste fuera feliz; quiere que el niño goce de la vida. El bienestar y el placer del niño son sus consideraciones primarias. Al apoyar el deseo de placer de su hijo, no está siendo permisivo sino afectuoso. El niño, a su vez, respetará al padre que se comporta de esta manera y escuchará los consejos de su padre por respeto y no debido a su autoridad.

No obstante, el padre afectuoso tiene autoridad. No es una autoridad arbitraria basada en el poder y en la suposición de que sabe más (niega mejor). Es una autoridad basda en la responsabilidad que tiene un padre con el bienestar y el placer del niño. Esta responsabilidad le da al padre la autoridad para fijar reglas para el funcionamiento ordenado de la vida familiar. Estas reglas necesariamente  imponen cierta disciplina sobre los miembros de la familia, pero la disciplina, al igual que la autoridad, no es arbitraria.

Está destinada a aumentar el disfrute de cada miembro de la familia y pierde su validez cuando pierde este fin. En consecuencia, un padre afectuoso es un padre responsable que no es ni castigador ni permisivo. Criar a un niño de manera que se sienta amado, respetado y seguro es un acto creativo. Y debido a que es un acto creativo, no es posible realizarlo siguiendo una fórmula. Los padres deben comprender el deseo de placer y la necesidad de autoexpresión del niño. Sólo pueden hacerlo si están libres de culpas personales en cuanto al placer y pueden expresar sus propios sentimientos abierta y honestamente. Cuando un padre se siente culpable respecto del placer, su permisividad estará teñida de ansiedad, que  será percibida por el niño. Esta ansiedad socava el placer del niño y lo convierte en un ser inquieto e irritable que no  puede calmarse aumentando la permisividad o la disciplina.

La crianza de un niño con amor por su ser y respeto por su individualidad requiere una actitud creativa de los padres. Estos no pueden seguir los patrones de crianza  utilizados por sus padres, ya que su estilo de vida es diferente. Los padres de hoy son psicológicamente más sofisticados y muchos de ellos se han vuelto conscientes de los errores en su propia educación. No obstante, la psicología no da respuestas, sólo advertencias.

Consecuentemente, cada padre se enfrenta con la necesidad de desarrollar una nueva forma de relación padre-hijo. Esto requiere sensibilidad, imaginación,  autoconciencia y autoaceptación, cualidades que caracterizan a la persona sana y al individuo creativo. La necesidad de una actitud creativa no ejerce más presión sobre la relación padre-hijo que sobre otras áreas de la vida. Encontramos la misma confusión en la esfera sexual, donde las alternativas parecen ser la moral antigua o ninguna moral. El estándar doble que durante siglos rigió las actividades y comportamientos sexuales se ha derrumbado bajo el impacto del psicoanálisis, los  antibióticos, los anticonceptivos, el automóvil y otras fuerzas. Su desaparición no ha conducido a la satisfacción sexual esperada sino al caos y a la desdicha sexual. 

Esta evolución está explicada en mi libro Love and Orgasm.Ni el viejo código moral ni el nuevo —la moral de la diversión— ofrecen una respuesta significativa al problema del comportamiento sexual en el mundo de hoy. Obviamente, no hay respuesta. Cada individuo tiene que desarrollar un código de moral personal basado en una actitud creativa hacia el amor y el sexo.

La gran pregunta es: ¿cómo sabemos si nuestra actitud es creativa o destructiva? Una actitud creativa es aquella que integra los aspectos opuestos y necesidades de la personalidad en una sola expresión, una respuesta unitaria. Una actitud destructiva es aquella que fragmenta la unidad de la personalidad, colocando una necesidad en contra de otra. Consideremos, por ejemplo, el conflicto entre placer y  logro. A pesar de que pongo énfasis en el placer, no se puede hacer de la mera persecución del placer la meta de la vida.

Cuanto más lo buscamos, más elude nuestra búsqueda; ésa es la naturaleza del placer. El placer está indisolublemente unido al logro, y una vida en la que no hay logros está igualmente privada de placer. Sin embargo, todos estamos  familiarizados con personas cuya lucha compulsiva por el logro y el éxito les ha quitado el placer e impedido disfrutar de la vida. Existe una antítesis entre placer y logro que nace del hecho de que el logro requiere autodisciplina. El compromiso con una meta o tarea necesariamente implica el sacrificio de algunos placeres inmediatos. Si una persona no puede postergar la satisfacción inmediata de sus  placeres es como un niño, cuyos logros son todavía nulos y cuyos placeres sólo tienen sentido en su dimensión infantil.

El conflicto entre placer y logro no puede resolverse distribuyendo el tiempo entre estas dos necesidades. Una combinación de este tipo aumenta el conflicto: nos  resentiremos por el tiempo utilizado en el trabajo y, en consecuencia, no podremos disfrutar plenamente de las horas de ocio. Si no hay placer en el trabajo ni posibilidades de creatividad en el placer, el resultado será un sentimiento de frustración, no una sensación de alegría. Incluso el proceso creativo requiere un mínimo de esfuerzo y de trabajo para obtener la alegría que promete.

Todo trabajo debería proporcionar a quien lo hace la oportunidad de utilizar su imaginación creativa. No hay ninguna actividad que no pueda realizarse mejor, más fácilmente o con más placer. Sólo se necesita un poco de imaginación creativa. Pero la creatividad florece sólo en una atmósfera de libertad donde el placer es la fuerza motivadora. Si la productividad, en forma de bienes o salarios, es lo único que se considera en un proceso de trabajo, los individuos vinculados con ese proceso se transforman en máquinas humanas incapaces de imaginación creativa alguna. Tal situación se da en nuestra economía actual y lo que demuestra es que ni los bienes ni los salarios fomentan la alegría de vivir.

Impulsos antitéticos tales como los mencionados arriba son fenómenos polares. Dentro del marco de la personalidad completa, cada, impulso se complementa con su polo opuesto. En consecuencia, cuanto más placer se experimente, mayor puede ser el logro. Cuando más se logre, mayor será el sentimiento de placer. Los impulsos polares se oponen entre sí sólo cuando se disocian de la función total de la persona. La búsqueda del placer como fin en sí mismo demuestra ser decepcionante. Nadie ha experimentado nunca placer buscándolo. De igual modo, un logro que no guarda relación con la vida de una persona es un gesto vacío.

En una persona sana, la necesidad de seguridad y la necesidad de desafíos se complementan. El individuo que acepta desafíos inherentes a cualquier exploración activa de la vida se siente más seguro que el individuo que evita estos desafíos. La persona segura sale al mundo y mediante esta misma acción amplía su seguridad interna, mientras que la persona atemorizada que se aísla y erige defensas contra sus temores aumenta su sensación de inseguridad.

Los impulsos polares y las necesidades están biológicamente conectados por un movimiento rítmico y pulsátil de sensaciones entre los dos polos. La ilustración más simple de este concepto es la relación entre el sueño y la vigilia. Cada noche hay una descenso hacia el sueño y cada día hay un ascenso a la conciencia. El bienestar de una persona depende de esta oscilación rítmica. Sin una adecuada cantidad de sueño, la conciencia de una persona se embota y se reduce su actividad. Sin una vida diurna activa y llena de energía, el sueño tiende a alterarse. 

Cada impulso polar fomenta el movimiento hacia el otro. En un individuo sano, estas dos necesidades polares se equilibran y se adaptan a su estilo de vida; un individuo así disfruta durmiendo tanto como estando despierto. La pulsación que  une las fuerzas polares y crea un movimiento de sentimientos entre ellas es también evidente en la relación entre el amor y el sexo. Tanto el amor como el sexo reflejan la necesidad de proximidad e intimidad con otro ser. Sin embargo, el amor ocupa una posición antitética con respecto al sexo. El sentimiento de amor fluye hacia arriba dentro del cuerpo cuando extendemos los brazos para tomar contacto. 

En el sexo, el sentimiento fluye hacia abajo, cargando los órganos genitales. El amor aumenta la tensión de una relación elevando el nivel de excitación. El sexo reduce la tensión descargando la excitación. El amor es inspirador; su placer es previsor. El sexo colma; su placer satisface. Lógicamente puede parecer que con el placer del sexo termina el sentimiento de amor, pero en realidad se da lo contrario. De la misma manera que los elevados sentimientos de amor aumentan el placer del sexo, el placer de la descarga sexual refuerza el amor que se siente por la pareja sexual. Wilhelm Reich señaló que en el orgasmo se produce un flujo inverso, ya que la energía y los sentimientos que estaban concentrados en los genitales inundan todo el cuerpo. En consecuencia, la pulsación biológica entre el amor y el sexo es un proceso continuo que asegura el crecimiento de una relación.

El sexo sin amor brinda el placer mínimo que puede conseguirse con varias parejas sexuales. Es una experiencia que ofrece pocas o ninguna posibilidades de desarrollo creativo. El amor que no se satisface biológicamente en el sexo u otras formas de contacto placentero es una ilusión, una ensoñación o una fantasía. La madre que habla de amor pero no le da el pecho a su hijo, no lo sostiene afectuosamente en sus brazos o no lo cuida tiernamente es una impostora. El enamorado que no le ofrece a la persona amada un regalo para expresar su sentimiento es deshonesto. Y el esposo que proclama su amor a su esposa pero no experimenta deseos sexuales con ella, es falso. 

El amor es una promesa que debe cumplirse con acciones. El sexo es la satisfacción que renueva la promesa. La disociación de amor y sexo y de sexo y amor se debe a la interrupción del movimiento pulsátil que une los diferentes aspectos de la personalidad del hombre. El resultado es una división de la naturaleza unitaria del hombre en categorías opuestas; carne y espíritu, naturaleza y cultura, mente inteligente y cuerpo animal. Estas distinciones existen, pero sólo como conceptos racionales.

 Cuando se estructuran en actitudes corporales y comportamientos, producen un estado esquizoide. En la personalidad esquizoide, el flujo de sentimientos entre las mitades superior e inferior del cuerpo  está bloqueado por tensiones en el área diafragmática. Este problema se explora de forma más completa en The Betrayal of the Body. Amor y sexo pueden oponerse sólo a expensas del placer y la alegría. Unidos por el flujo rítmico de sensaciones en el cuerpo, el amor y el sexo forman un potencial creativo. Los verdaderos enamorados sexuales no están satisfechos con el statu quo; se ven impelidos a hacer cosas el uno por el otro, a embellecer lo que los rodea y a construir juntos un futuro. 

Con certeza, la creación de una nueva vida que encarnará la alegría que experimentan juntos formará parte de ese futuro. Esta alegría llena su medio y enriquece a todos los que entran en él. En esta atmósfera de amor y sexo, los niños crecen bellos y fuertes, mientras la personalidad de cada uno de sus padres se  expande en sabiduría y comprensión.