CREATIVIDAD Y AUTOCONOCIMIENTO
La fusión creativa de los aspectos antitéticos de la personalidad no puede ser el resultado de un esfuerzo consciente. Koestler destacó que el acto de creación es una función del inconsciente. A mí también me gustaría llamar la atención sobre este hecho. La conciencia sólo puede actuar con imágenes que ya están en ella. Por definición, el acto creativo es la formación de una imagen que no existía previamente en la mente. Esto no significa que la conciencia no juegue ningún papel en el proceso creativo. El problema se percibe siempre conscientemente, la solución nunca. Si se conoce la respuesta a un problema determinado, se puede acertar, pero la respuesta correcta nunca es un acto creativo.
Un enfoque creativo de la vida es posible sólo para la persona cuyas raíces se prolongan dentro de las capas inconscientes de su personalidad. El pensador creativo se sumerge profundamente en las fuentes del sentimiento para encontrar las soluciones que busca. Puede hacerlo debido a que posee un mayor autoconocimiento que la persona normal. Cada vez se advierte más la necesidad de conocerse más. Los numerosos libros de psicología y la creciente demanda de psicoterapia reflejan esto. No obstante, son demasiadas las personas que aún creen que se hallará una fórmula que resolverá sus dificultades sin necesidad de la prueba interna que implica el autoconocimiento. Creoque esas personas se encaminan a la depresión cuando se derrumba su ilusión.
Si podemos aceptar que nadie conoce las respuestas, entonces el camino hacia la alegría está abierto. Este camino conduce, a través del autoconocimiento y la comprensión de la personalidad, a una actitud creativa hacia la vida. El propósito de este libro es proporcionar algo de esta comprensión y la esperanza del autor es que sirva para profundizar el autoconocimiento del lector.
En los capítulos precedentes intenté mostrar algunas de las interrelaciones que existen entre los diferentes aspectos de la personalidad. La oposición entre poder y placer nos condujo a una discusión sobre la antítesis entre ego y cuerpo. El ego es el representante del Sí-mismo consciente, mientras que el cuerpo es el representante del Sí-mismo inconsciente. Estos dos aspectos de la personalidad no están drásticamente separados. Al igual que un corcho que flota en medio del océano, la conciencia sube y baja con cada ola de sentimientos que pasa por el cuerpo.
Un autoconocimiento que se limita a las percepciones conscientes es muy superficial. Un autoconocimiento más profundo nos permite comprender que estas percepciones conscientes están fuertemente influidas e incluso determinadas por procesos inconscientes. Prolongando nuestra conciencia hacia el cuerpo, a veces podemos ser conscientes de cuáles son estos procesos.
El autoconocimiento de una persona está determinado por la medida en que está en contacto con su cuerpo.
Los seres humanos tienen una naturaleza dual. Actúan conscientemente y responden inconscientemente. Caminan con dos pies y, cuando se mueven, su atención pasa de una pierna a la otra. Cuando dan un paso hacia adelante, la atención se concentra momentáneamente en la pierna que presiona el suelo, luego pasa a la pierna que se acerca al piso. Esta oscilación de la atención subyace al sentimiento de seguridad que «caracteriza a la persona cuya manera de andar es suave y armonioso. También puedo ilustrar este concepto con el ejemplo de un orador público. Cuando se enfrenta al público debe estar en contacto con dos realidades: su público y él mismo. Si se concentra demasiado en lo que debe decir o en la forma de decirlo, perderá su público. Si es demasiado consciente de su público perderá su sentido de sí mismo y se confundirá. Un buen orador puede alternar su atención rápidamente entre estas dos realidades de manera tal que, mientras él está un instante concentrado en una, el efecto general es que se mantiene en contacto con ambas realidades.
Cuanto más autodominio tenga un orador, más retiene y posee a su audiencia.
En la relación entre el ego y el cuerpo, los aspectos conscientes e inconscientes del sí-mismo, actúa el mismo principio. El ego es tan fuerte como vivo está el cuerpo. En un cuerpo reprimido, el ego se halla en estado de colapso.Para decirlo de otra manera, la persona que deja que sus respuestas inconscientes se expresen libremente es en realidad un individuo más consciente que la persona que le teme a sus respuestas inconscientes. En consecuencia, “entregarse” al inconsciente fortalece la conciencia y las funciones del ego. Pero este principio es una calle de doble dirección que va tan lejos en un sentido como en el otro.
Como un péndulo cuya oscilación es igual en ambas direcciones, una persona puede “entregarse” sólo en la medida en que también pueda contenerse conscientemente. Este principio pasa “inadvertido” para quienes abogan por una vida dionisíaca de abandono a la sensualidad como forma de existencia llena de sentido.
Este énfasis en el cuerpo, el placer y la “entrega” no está destinado a negar el valor del ego, el logro y la contención. Sin polaridad no hay movimiento. Sin movimiento, la vida es chata y aburrida. Si negáramos los valores asociados a la función cerebral, la disciplina y el prestigio, estaríamos cometiendo el mismo error que aquellos que exaltan las virtudes superiores de las funciones del ego a expensas de los procesos corporales o inconscientes.
La otra gran polaridad en el funcionamiento de la personalidad que estudiamos anteriormente es la relación entre pensamiento y sentimiento. Intenté demostrar que la calidad del pensamiento de una persona está determinada por sus sentimientos. El aspecto específico que ilustra más claramente esta polaridad es la relación entre subjetividad y objetividad. Enfaticé que la objetividad verdadera es imposible sin una adecuada subjetividad. La persona que no sabe lo que siente no puede ser objetiva consigo misma y es altamente improbable que pueda ser objetiva con respecto a otra persona. Su falta de autoconocimiento necesariamente limita su conocimiento de los demás. Pero esta afirmación es también aplicable a la inversa. La persona que no conoce a los demás no puede conocerse totalmente a sí misma. Su insensibilidad lo debilita ante todos los aspectos de la realidad.
Conocerse a uno mismo es una función cognitiva tanto como sensorial. Las sensaciones deben interpretarse correctamente si han de tener sentido. Si se divorcia el sentimiento del pensamiento, la personalidad está tan dividida como cuando se divorcia el pensamiento del sentimiento. Un cuerpo sin cabeza no vivirá mejor que una cabeza sin cuerpo. El hecho de no sobrevalorar la función cerebral no debe considerarse como una negación del valor de ésta. La capacidad de pensar claramente es tan importante para la personalidad como la capacidad de sentir profundamente. Si se confunden los sentimientos, se nubla el pensamiento, pero es igualmente cierto que el pensamiento confuso embota los sentimientos.
Sea cual fuere el aspecto de la personalidad que miremos, veremos que se manifiesta el mismo principio de polaridad. A nivel emocional, se expresa en la polaridad afecto-hostilidad, ira, temor, alegría- tristeza, etcétera. Y a nivel de las sensaciones primarías, se refleja en el espectro placer-dolor.
Esto significa que la persona que reprime su conciencia del dolor reprime su percepción del placer. La explicación de esta observación es muy simple. Si adormecemos el cuerpo para sentir menos el dolor, también reducimos, con la misma maniobra, la capacidad del cuerpo de experimentar placer.
El autoconocimiento, en contraposición al conocimiento en sí mismo, requiere un enfoque dual de todas las experiencias. Primero, una experiencia debe percibirse a nivel del cuerpo, donde representa la respuesta inconsciente del organismo a un estímulo o situación. Estas experiencias corporales pueden ser sensoriales o motoras, y con más frecuencia, de ambos tipos. El olor a comida puede hacer que se me haga agua la boca. Ver a un bebé puede provocar un impulso de tocarlo.
Tales reacciones indican un conocimiento del medio. El autoconocimiento nace cuando se polariza una experiencia, es decir cuando se la relaciona e integra con una experiencia de signo contrario. En consecuencia, el olor a comida se transforma en un elemento de autoconocimiento cuando evoca la sensación de hambre. La claridad comida-hambre nos hace conscientes de la relación del sí-mismo con el mundo exterior y, en consecuencia, del sí— mismo y del mundo exterior. La polarización de la experiencia es el segundo elemento en el proceso de autoconocimiento. Es la función del ego que relaciona todas las experiencias con la historia de la vida del individuo.
Volvamos a la relación entre pensamiento y sentimiento para comprender mejor el autoconocimiento. Conocer sólo nuestros pensamientos o nuestros sentimientos es un tipo limitado de autoconocimiento. El individuo que se conoce totalmente es consciente de cómo se relacionan sus pensamientos con sus sentimientos y de cómo los sentimientos están condicionados por sus pensamientos. Su atención o percepción oscila entre su mente y su cuerpo.
Tiene, en efecto, un doble conocimiento de lo que sucede, aunque en cada momento se concentra en uno u otro aspecto de su experiencia. La imagen de un profesor distraído cuya concentración compulsiva en sus actividades intelectuales lo conduce a ignorar la realidad de su cuerpo y sus sensaciones representa lo opuesto. La polaridad amor- sexo es otro buen ejemplo de cómo el reconocimiento de las relaciones polares aumenta el autoconocimiento. El sexo, en sus aspectos puramente fisiológicos, no requiere ningún conocimiento de la otra persona. Sin embargo, existen dudas sobre si la respuesta sexual humana es puramente fisiológica. La imagen y la fantasía no pueden eliminarse del comportamiento consciente y, en consecuencia, debemos suponer que en este acto hay siempre algún grado de autoconocimiento.
Pero cuando el amor se experimenta conscientemente en relación con el acto sexual, la claridad se intensifica mucho. El amor nos hace conscientes del otro y fuerza a la atención a oscilar entre el sí-mismo y el otro aumentando la conciencia del sí-mismo en relación con el otro. En consecuencia, el enamorado que es más consciente del otro se conoce más. Su autoconocimiento aumenta su excitación y amplía el placer de su descarga.
El autoconocimiento contiene el potencial para la expresión creativa. Es el estado del ser que posibilita la fusión de los opuestos dentro del sí-mismo y entre éste y el mundo exterior. Toda acción creativa es el reflejo del autoconocimiento, el cual consiste en una expresión de la fuerza creativa que hay dentro de la personalidad. Toda persona creativa tiene autoconocimiento en el área de su talento creativo. Y toda persona que se conoce tiene un potencial creativo en todas las áreas de su conocimiento.
Sería tentador afirmar que sólo el hombre, como animal creativo único, posee autoconocimiento. Pero no creo que esto sea así. Es más correcto decir que tanto el autoconocimiento como la creatividad están más desarrollados en el hombre que en otros animales. Es lógico afirmar que existe una relación polar entre autoconocimiento y creatividad. Cuanto más se conozca una persona a sí misma, más creativa será, y viceversa.