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lunes, 17 de octubre de 2016

El Gozo, parte 21

Capítulo 5 (continuación)

De hecho, el trabajo bioenergético con las piernas comienza desde el principio de la terapia. Luego de los ejercicios de respiración sobre la banqueta, de inmediato sigue lo que se denomina un ejercicio de enraizamiento, en el cual el paciente se inclina hacia adelante hasta tocar el suelo con las puntas de los  dedos. Hemos descrito este ejercicio en el capitulo 2. Aquí lo menciono una vez más por su importancia para mantener al paciente conectado con su realidad, principalmente el suelo en el cual está parado, su cuerpo y la situación en la que se encuentra.

El enojo es un sentimiento muy vehemente y puede abrumar a algunas personas cuyo ego no es capaz de integrar la fuerte carga. Los pacientes esquizofrénicos pueden quedar escindidos si los desborda un sentimiento de enojo. Los fronterizos pueden volverse muy ansiosos. Esto es evitable si se presta constante atención al enraizamiento del paciente. Cuando siento que la carga emocional del ejercicio se vuelve tan intensa que puede tener dificultad para mantenerse en contacto con su realidad, detengo el ejercicio y lo hago enraizarse. Esto reduce la carga del cuerpo, de la misma manera que un cable a tierra en un circuito eléctrico impide que se funda un fusible.

También podemos usar las piernas para expresar enojo por medio de la patada, pero no es una expresión que empleen los adultos en general. Los niños pequeños patean a sus padres o amigos cuando se enojan, pero los adultos rara vez lo hacen.
Sin embargo, la patada cumple una función más importante, que es la de protestar. Me ocupe de esta acción expresiva en el capitulo 3. Es tan básica para el trabajo bioenergético que practico con mis pacientes que me extenderé sobre ella en este capítulo, ya que también constituye una expresión de enojo. En el lenguaje corriente, “patalear una situación” implica protestar acerca de ella. Todos tenemos muchos motivos para protestar por lo que nos hicieron, y es importante expresar esa protesta.

En la terapia bioenergética, se practica la patada como protesta de la siguiente manera: el paciente se tiende en la cama, estira las piernas, y patea la cama con las pantorrillas manteniendo cierto ritmo, una pierna tras la otra. Por lo general, pido a mis pacientes que utilicen palabras al tiempo que patean. La forma mas simple de protestar es preguntar “¿por qué?” Este sencillo ejercicio demuestra vividamente la capacidad de un paciente para expresar sus sentimientos. A muchos les resulta difícil al principio y algunos practican pero con poco sentimiento.
La incapacidad de estos pacientes para realizar el ejercicio en forma adecuada debe analizarse en términos de su historia. Puede mostrárseles que proviene de una infancia en la cual la expresión de protesta no estaba permitida.

Este ejercicio es fundamental en la terapia bioenergética. Si un individuo no puede protestar contra la violación de su derecho innato de autoexpresión, se transforma en una víctima cuya meta es la supervivencia, no la alegría. Una vez que el paciente acepta que tiene derecho a protestar, el siguiente paso es desarrollar su capacidad para que esa protesta sea efectiva.

Algunos pacientes emplean con fuerza la voz, pero la acción de sus piernas es débil e inoperante. En otros pacientes, la patada es bastante adecuada pero la voz es débil y poco convincente. Esta dificultad para coordinar la voz y el movimiento denota una separación de la personalidad entre el ego y el cuerpo, entre las funciones de la mitad superior del cuerpo y las de la mitad inferior. Ningún ejercicio es tan apto para este problema como el de la patada. Se emplea en forma regular en el transcurso de la terapia para ayudar al paciente a desarrollar la coordinación entre las dos mitades del cuerpo y adquirir libertad para expresar con vigor este sentimiento.

El problema de la apertura de la voz se analizo y se trato en el capitulo 3, donde el foco era la incapacidad para llorar; pero no es menos importante que una persona pueda gritar. A través del llanto, uno puede movilizar sentimientos en la boca del estomago, que vienen de lo mas profundo. Este tipo de llanto tiene gran resonancia y es de un tono bajo, profundo, asociado con la “rendición” o la entrega. El grito es un sonido de gran intensidad y de tono alto, que resuena con fuerza en las cámaras de aire de la cabeza. Es lo opuesto a la entrega y, por lo tanto, pertenece al reino de los sentimientos de enojo.

Al gritar, uno “vuela la cabeza”. La carga energética que asciende y termina en un grito inunda el ego y por un momento lo desborda. Es en ciertos aspectos opuesta a la carga que desciende como excitación sexual y culmina en el orgasmo. En ambas acciones, el cuerpo se libera del control del ego y ambas representan, por tanto, una rendición del mismo. Los niños pequeños no tienen mucho problema para gritar porque sus egos todavía no han asumido el pleno control de sus reacciones. Por igual razón, las mujeres gritan con mas facilidad que los hombres, aunque muchas temen soltar el control del ego. El grito es como una válvula de seguridad que permite la descarga de una excitación que no puede manejarse racionalmente. Puede emplearse de esta manera para reducir un estrés intolerable. Yo les aconsejo a mis pacientes que griten siempre que sientan demasiada presión en su interior.

Sin embargo, el objetivo de la terapia no es solo liberar la voz, sino coordinar la libertad de expresión vocal con una libertad igual de expresión física en el movimiento. El ejercicio de protesta es ideal para este propósito. Se le pide al paciente que patee con firmeza, ritmo y fuerza, al par que pregunta “¿por qué?”, sosteniendo el sonido tanto tiempo como le sea posible. Si se queda sin aire, debe continuar pateando mientras respira dos o tres veces y se prepara para decir nuevamente “¿por qué?”. En esta segunda expresión de su “¿por qué?”, la voz se eleva tanto en tono como en intensidad, y la patada se vuelve mas fuerte. Una vez más, al final de la respiración, continuará pateando mientras recupera el aliento. En la tercera repetición, el sonido del ¿por qué? se eleva hasta convertirse en un grito, mientras la patada llega al máximo de su velocidad y fuerza, con esta acción se busca aflojar la expresión de protesta. Si se lo logra, la liberación es completa y el resultado es un sentimiento de alegría.

No obstante, no es fácil lograrlo; la mayoría de las personas están demasiado asustadas para entregarse por completo al cuerpo. En otros casos, el ego se ve desbordado con rapidez y, si bien el paciente llega a gritar, es una expresión disociada, como una reacción histérica, que lo deja mas asustado aun. En este caso, puede replegarse por un momento, acurrucarse y llorar como un niño, luego de lo cual recobrara el autocontrol. Tal experiencia no es negativa ya que le permite darse cuenta de que su regresión y retraimiento son temporarios y de que necesita trabajar más para fortalecer el ego. Los pacientes que han sufrido abusos sexuales durante su niñez tienden a retraerse o a abandonar el cuerpo cuando los sentimientos se vuelven abrumadores. Si se practica este ejercicio de protesta con regularidad, se fortalece el ego conectándolo mejor al cuerpo, lo cual reduce la tendencia a la escisión.

Si la patada, y el grito se integran, el paciente no se escinde de su cuerpo. Pero para que la patada sea libre y efectiva, las piernas deben encontrarse relativamente libres de tensión crónica. Esto no es común, ya que la mayoría de las personas no sienten lo suficiente en las piernas y los pies y no están bien enraizadas. Su energía queda detenida en la cabeza y usan las piernas en forma mecánica. Caminan sobre las piernas y los pies en lugar de caminar con ellos. Sus piernas son muy delgadas o muy pesadas.

Patear es uno de los mejores ejercicios para obtener mas energía y mayor sensación en las piernas. Como ejercicio, pido a cada uno de mis pacientes que patee en forma regular en su casa como lo hace en mi consultorio donde, tendido en la cama, patea 200 veces rítmicamente, contando cada pierna por separado. Las rodillas se mantienen derechas pero sin rigidez, y la patada se da con la pantorrilla, no con el talón. La pierna debe elevarse tan alto como sea posible antes de cada golpe. Debido a que este es un ejercicio para abrir la pelvis, no es necesario acompañarlo de ninguna expresión vocal. La mayor parte de las personas no pueden ejecutar 200 patadas sin parar, y algunas tienen dificultades para llegar a las 100. Su respiración no es la adecuada para este ejercicio, pero con la practica, se vuelve mas profunda y mas libre y se facilitan los movimientos.

Como al correr, este ejercicio promueve la respiración y, por lo tanto, es aeróbico, pero, a diferencia del correr, no exige sostener peso alguno ni ejerce ninguna presión sobre las rodillas. Además, se puede practicar en la casa. Las personas que lo han realizado con regularidad han notado cambios importantes en las piernas y en el cuerpo. Disminuye la pesadez de los muslos, que muchas mujeres sufren, y las piernas cobran mejor forma. También la respiración mejora en gran medida con este ejercicio.

“¿Por qué?” no es la única frase que puede usarse mientras se patea. Decir “no” de la misma manera en que se dice “¿por qué?” es otro excelente medio para promover la autoexpresión. Muchas personas tienen dificultad para decir “no”, lo cual socava su sentido del self. Al decir “no” se crea un limite que protege el espacio y la integridad propios. Otra buena manera de autoexpresión son las palabras “¡Déjame en paz!”. Esta frase se refiere al sentimiento de muchos pacientes respecto al hecho de que sus padres no les dieron libertad para desarrollarse naturalmente.
Los pacientes que han pasado por tales experiencias necesitan vocalizar su protesta violentamente. Si se pronuncia con fuerza frases como “¡déjame en paz!” y “¿qué pretendes de mi?”, éstas ayudan a devolver a los pacientes el sentimiento de que tienen derecho a ser libres, a ser ellos mismos, a realizar su propio ser y no el de sus padres.

Si no goza de ese derecho, la capacidad de amar de una persona se ve seriamente impedida. Muy a menudo, el amor que los pacientes dicen sentir hacia sus padres deriva de la culpa en lugar del placer y la alegría en su relación con sus padres. Uno no se sentirá gozoso en una relación en la cual no puede ser sincero consigo mismo. Cuando los padres dan a sus hijos esa libertad, reciben a cambio su verdadero amor. Pero solo los padres que sienten gozo en la relación con sus hijos pueden darles el amor que sirva de sostén al niño acompañándolo en su crecimiento hacia la realización de su ser.

Aconsejo a los pacientes no actuar sentimientos negativos contra sus padres, ya que dicha actuación no es adecuada ni los ayuda. Los traumas que sufrieron en la infancia pertenecen al pasado y no se pueden reparar mediante acciones del presente. El pasado no puede cambiarse, pero la terapia puede liberar a una persona de las restricciones y limitaciones de su ser que son consecuencia de los traumas del pasado.

Si bien estas limitaciones pueden reducirse en gran medida liberando y expresando los impulsos aprisionados, ello debe realizarse en un marco terapéutico y no debe volcarse en actuaciones presentes contra los padres u otros. Un individuo que se encuentra física y psicológicamente mutilado debido a la supresión forzada de sus impulsos naturales se libera y siente gozo cuando su cuerpo recupera su libertad y su gracia. Puede entonces amar de verdad y, de hecho, sentir un poco de amor hacia sus padres, que abusaron de él pero también le dieron la vida.

viernes, 7 de octubre de 2016

El Gozo, parte 20

Capítulo 5 (continuación)

Otro ejercicio que utilizo en situaciones grupales consiste en hacer que los participantes dirijan su enojo contra mi. En este caso, el grupo se sienta en circulo mientras yo me paro o me acuclillo ante cada uno por turno, le pido al participante que levante los dos puños, proyecte la mandíbula hacia adelante, abra mucho los ojos y diga, mientras sacude los puños contra mi: “¡Te mataria!”. Este ejercicio apunta a causar una mirada de enojo, que resulta muy difícil a la mayoría de las personas. Si alguien dice que no siente rabia hacia mi, le contesto que no me lo tomo como algo personal. Digamos que es como estar actuando, pero los actores deben poder volcar sentimientos reales en lo que hacen. Nunca nadie me ha atacado, pero me mantengo fuera del alcance de los golpes y el hecho de que ellos estén sentados me ofrece mas protección. Cuando practico este ejercicio incluso estando solo, de inmediato siento que se me eriza el pelo en el cuello y en la cabeza. Las orejas se mueven hacia atrás, mi boca gruñe y siento con cuanta facilidad podría atacar a alguien. Cuando abandono la expresión, al momento el sentimiento se desvanece. Esto me ha convencido de que sentir equivale a activar la musculatura adecuada. La falta de capacidad de algunas personas para movilizar los músculos es lo que provoca la ausencia del sentimiento de enojo. Igualmente cierto es que la falta de capacidad para activar los músculos que producen los sonidos del llanto les dificulta sentir tristeza.

Los ojos cumplen un papel muy importante en el sentimiento del enojo. He comprobado que las personas cuyos ojos lucen relativamente sin vida, es decir, opacos y sin chispa, tienen gran dificultad para sentir enojo. Una vez tuve un paciente que se encontraba en estas condiciones. Era muy difícil despertarle cualquier sentimiento fuerte. Era una persona muy brillante y siempre en pleno dominio de sus actos y palabras. Este rasgo lo había hecho triunfar en su profesión, pero lo llevo a la depresión.
Todo músculo contracturado, toda parte del cuerpo congelada retiene los impulsos de enojo que constituyen, fundamentalmente, la agresión necesaria para restablecer la integridad y la libertad corporal. Los brazos y las manos son nuestros principales órganos agresivos y el niño aprende muy temprano en la vida a usarlos para expresar su enojo. Pero golpear no es la única forma de esa expresión. Se puede arañar y hay muchos niños que lo hacen. Es mas probable que las mujeres expresen su rabia arañando.

 A menudo, para ayudar a un paciente a movilizar la energía y el sentimiento de sus ojos, lo hago mirarme a los ojos mientras me inclino sobre el cuando está tendido en la cama. Puedo cambiar la expresión de mis ojos a voluntad y pasar de una mirada suave a una dura y enojada, de una expresión burlona a una fría. La mayoría de los pacientes reaccionan en forma acorde a estas expresiones. De vez en cuando, cuándo dejo que, frente a una paciente femenina, mis ojos adopten una mirada seductora y burlona o una muy hostil, levantará sus manos como garras y me dirá: “!Te voy a sacar los ojos a arañazos!”. No debemos subestimar el poder de una mirada para asustar a un niño.

Una tercera forma que tiene el niño de expresar rabia es morder. Algunos niños pequeños son mordedores, lo cual en la mayoría de los casos lleva a una reprimenda cortante y dura por parte de los padres. Pueden tolerar que el niño golpee, aunque no lo acepten, pero nunca toleran que muerda. Evoca un miedo muy primitivo en las personas. El niño que muerde es considerado como un animal salvaje que debe ser domesticado. Sin embargo, debemos reconocer que es un impulso sumamente natural y que la mejor manera de controlar a un niño es a través de la educación, no del castigo. Algunos padres incluso muerden a sus niños para que éstos sepan como duele, pero también para asustarlos y que no lo repitan. Así, el miedo a morder queda bloqueado en la personalidad como una tensión crónica en la mandíbula. En el capitulo 3 vimos que esta tensión esta relacionada también con la inhibición del llanto. Es la forma mas común de tensión crónica en las personas y es la causa del dolor en la articulación temporomandibular, del rechinamiento de los dientes y, en mi opinión, de la falta de oído para los tonos. Cuando la tensión en los músculos de la mandíbula es grave, puede afectar tanto la agudeza visual como la auditiva. La tensión en la mandíbula demuestra que hay retención. Colocamos la mandíbula en una actitud resuelta a no soltar, no renunciar, no rendirse.

Si bien se puede disminuir esta tensión por medio de técnicas de relajación, alentar al paciente a que muerda es el enfoque más directo del problema. Con este propósito, facilito una toalla. En algunos casos el hecho de morder la toalla puede provocar bastante dolor en los músculos mandibulares apretados, pero el dolor desaparece tan pronto como se detiene la acción. Este dolor no es una señal negativa. El paciente intenta movilizar músculos espásticos, lo cual es necesariamente doloroso; pero si practica en la casa la acción de morder y de mover la mandíbula hacia adelante y hacia atrás y de un lado al otro, los músculos se ablandan y el dolor se desvanece. Cesa el rechinamiento de dientes durante la noche y los pacientes comprueban que pueden abrir la boca en forma mas completa y con mayor libertad que antes.

A veces me trabo en una competencia con un paciente. Cada uno de nosotros muerde con fuerza con las muelas traseras un extremo de una toalla y, como dos perros, tirábamos y tratamos de arrebatarla uno al otro. Este ejercicio no pone en peligro la dentadura si se muerde con los molares. Por lo general, uno puede sentir como la tensión se extiende desde la articulación temporomandibular a la base del cráneo. Esta tensión es la principal resistencia a la entrega y el principal mecanismo por el cual una persona mantiene el autocontrol. Le impide perder la . cabeza y, por lo tanto, perder el control del ego. Dicho control, cuando es consciente, resulta positivo, pero en la mayoría de los casos es inconsciente y representa una retención del miedo. Por desgracia, el miedo también es inconsciente, lo cual hace que el problema se vuelva inaccesible a un abordaje verbal.

A menudo, pasa cierto tiempo en un proceso terapéutico hasta que el paciente se pone en contacto con su propio enojo o siente el problema que tiene al respecto.
Si una persona sufre una tensión muscular crónica en alguna parte del cuerpo, se mueve de manera tal de no sentir el dolor de la tensión. A medida que uno se pone en contacto con su cuerpo por medio de los ejercicios bioenergéticos, estas partes tensionadas se vuelven conscientes.

El sentimiento de enojo no pueden abrirse si se encuentra bloqueada la agresión sexual. En la medida en que un hombre o una mujer se sienta psicológicamente castrado por haber cercenado su agresividad sexual, su capacidad para expresar el enojo se vera de igual manera impedida. Si bien el enojo, que se expresa golpeando, mordiendo o arañando, es una función de la parte superior del cuerpo, su expresión eficaz requiere una fuerte base de seguridad en si mismo. De una persona que siente que no tiene piernas fuertes sobre las cuales apoyarse, difícilmente se puede esperar que se sienta cómoda con sus sentimientos de enojo. La tensión en la parte inferior de la espalda, que rodea al cuerpo y cercena todo deseo sexual en la pelvis, también interrumpe el flujo de energía hacia las piernas y los pies. 152


viernes, 30 de septiembre de 2016

El Gozo, parte 19

Capítulo 5 (continuación)

 Yo me había dado cuenta en mi trabajo con Reich, de que mi capacidad para expresar enojo era limitada. Por lo general, evitaba las confrontaciones y me retiraba de una pelea a menos que me pusieran contra la pared. Sentía que guardaba bastante miedo dentro de mi y solo podría liberarme de él si aprendía a pelear. Ese miedo era el causante de mi falta de capacidad para mantenerme alegre, como pude experimentarlo durante mi terapia con Reich. Cuando era estudiante de medicina en la Universidad de Ginebra, golpear la cama se convirtió en una practica regular de todas las mañanas. Puedo decir que este ejercicio redujo en gran medida el miedo que de otro modo habría sentido al tener que estudiar y dar mis exámenes en una lengua extranjera, y que, en general, produjo un efecto positivo en mi salud y mi humor, e hizo que mi estadía en Ginebra resultase placentera.

Cuando regrese a Estados Unidos y comencé a desarrollar el análisis bioenergético, continué con la practica de golpear la cama todas las mañanas. Pero este ejercicio no me ayudo mucho, ya que no trataba de lastimar a nadie, ni me sentía enojado. Solo intentaba liberar mis brazos y recobrar mi capacidad para pelear. Suponía que con esa capacidad no me seria difícil expresar mi rabia en forma adecuada.
Mas tarde aprendí que la razón por la cual no sentía rabia era que ésta se encontraba trabada en la parte superior de mi espalda, una parte de mi cuerpo con la que no tenia contacto. Tome conciencia de ella cuando vi unas cintas de video filmadas mientras yo enseñaba y trabajaba con mis pacientes.

De vez en cuando me había descrito a mi mismo como un hombre enojado, pero justificaba mi enojo relacionándolo con la destrucción sin sentido de la naturaleza y el medio ambiente, que realmente me encolerizaba. También me enojaba la dificultad de las personas para ver la verdad de su condición.

Pero ese enojo tenia raíces mas profundas que yo no quería enfrentar. Había intentado demostrar al mundo que tenia razón en mi forma de ver las cosas, que era superior y que debía ser reconocido como tal. Pero tener la razón, sentirme superior y haber alcanzado el éxito no me conducían a la alegría, solo a librar una lucha continua. Y me daba rabia haberme visto forzado a llegar a eso para sobrevivir. Necesitaba aceptar mi fracaso, renunciar a mi ambición, reconocerme y aceptarme a mi mismo. De esta manera seria libre y no me enojaría. Pero esto no ocurrió de la noche a la mañana. Las viejas pautas de conducta y las formas de ser cambian muy lentamente, aunque los cambios lentos pueden tener un efecto notorio.

Al no ser ya una persona que vive enojada, siento que estoy mas moderado, soy mas paciente y más tratable. Pero por extraño que parezca, ha aumentado en gran medida mi capacidad para enojarme, para pelear. Una vez que el enojo se expresa, se desvanece. Una persona enojada es una persona tensionada, lo cual implica que toda persona tensionada está enojada. Si la tensión es crónica, la persona no es consciente de su enojo, aunque puede salir a flote como irritación ante frustraciones pequeñas o como rabia ante las importantes. No se expresa en forma adecuada en las situaciones en que sería necesario . Y también puede volcarse en contra del self en una conducta autodestructiva, o ser negada, y dejar así a la persona en una posición pasiva y sumisa.

Los niños sanos se enojan con facilidad y rápidamente golpean cuando se sienten lastimados o frustrados. A medida que uno crece, puede contener el enojo si es aconsejable y no actuar de inmediato. Además, como ya hemos dicho, el enojo puede expresarse en una mirada o con palabras sin necesidad de recurrir la acción física. La capacidad para contenerlo es la contrapartida de la capacidad para expresarlo de manera efectiva. El control consciente necesario para contenerlo es equivalente a la coordinación y fluidez necesarias para su expresión. En consecuencia, una persona no puede desarrollar la capacidad para controlar a menos que también desarrolle la capacidad para expresar. El ejercicio de golpear la cama puede adaptarse a ambos propósitos.

La contención y el control se desarrollan cuando uno aprende a retener la excitación a un nivel alto antes de descargarla. Esta es una capacidad propia del adulto: Los niños no cuentan con la fuerza de ego o el desarrollo muscular para retener una fuerte carga de energía. Cuando se lastima a un niño sano, su enojo sale en llamaradas y se expresa de inmediato. Los adultos deben contar con la capacidad para retener su enojo hasta que se encuentran en el momento y el lugar adecuados para su expresión.

Para contener el enojo mientras se practica el ejercicio de los golpes en la cama,se mantiene la posición arqueada durante dos o tres respiraciones. Se echa la mandíbula hacia adelante a fin de movilizar el sentimiento agresivo y se abren los ojos. En esta posición, uno inhala profundamente por la boca al tiempo que los codos y los brazos se estiran hacia atrás para dar el golpe. Sin embargo, en lugar de golpear, uno exhala y libera con soltura parte de la tensión de los brazos y los hombros. Con la segunda inhalación, se estira un poco mas y otra vez libera en la exhalación. Cuando inhala por tercera vez, estira al máximo los brazos, contiene la respiración y frena el estiramiento por un momento, y luego deja caer el golpe. No se requiere esfuerzo ya que el golpe es un acto de liberación. Si se pretende golpear con fuerza, surgen tensiones y se reducen la fluidez y la efectividad de la acción. Es importante mantener los codos tan cerca de la cabeza como sea posible durante el estiramiento para involucrar y movilizar los músculos que se encuentran entre los hombros. Si los codos permanecen separados, la acción se ve limitada a los brazos y no libera la tensión de la parte superior de la espalda. Casi todos los pacientes necesitan bastante practica para coordinar los movimientos y llegar a un balanceo libre y suelto en el cual participe todo el cuerpo. Cuando alcanzan este punto, sienten placer y satisfacción al golpear.

Para practicar este ejercicio no es necesario estar enojado. Cuando los boxeadores profesionales practican golpes como parte de su entrenamiento disfrutan del ejercicio; nosotros también podemos encontrar placer en el uso de nuestro cuerpo para expresar nuestras funciones naturales.

No obstante, cuando el ejercicio se emplea en la terapia para restablecer la capacidad de sentir y expresar el enojo, debe ir acompañado de palabras apropiadas. Las palabras exteriorizan el sentimiento y ayudan a realzar la acción. Decir “¡tengo tanto rabia!” cuando uno golpea la cama permite integrar la mente con la acción corporal. También en este caso el tono de la voz refleja y determina la calidad de la experiencia. Si se golpea con fuerza pero se habla débilmente, se nota una escisión en la personalidad. El uso de la voz resuena en el tubo central del cuerpo, lo cual aumenta en gran medida la carga energética de la acción. Desde hace mucho tiempo, los japoneses han estado familiarizados con este efecto y utilizan sonidos fuertes para ejecutar acciones enérgicas. Así, pueden quebrar una pieza sólida de madera con la mano si pronuncian un enérgico “¡Ha!” en el momento del impacto. La energía con la cual uno diga “!Estoy enojado!” determinará la fuerza con que la sienta. No es el volumen del sonido el que produce este efecto, sino la resonancia y la intensidad del tono. “¡Estoy tan enojado!”, dicho con calma pero con intensidad, tiene una mayor carga de sentimiento que un grito fuerte.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Gozo, parte 18


Capítulo 5 (continuación)

Todos los niños tienen esta capacidad natural para proteger su integridad y su libertad. Desafortunadamente, las condiciones modernas de vida a menudo obligan a los padres a frustrar los impulsos espontáneos de un niño, lo cual le provocará enojo y golpeará a su progenitor; y a pesar de que tales golpes no son dañinos, no muchos padres pueden aceptar o tolerar ese comportamiento. La mayoría de los padres reprimen violentamente a un niño enojado y muchos lo castigan por lo que consideran un comportamiento inadecuado. El poder que tienen a raíz de la dependencia del niño respecto de ellos, puede forzar al mismo a suprimir su enojo. Este es un caso desafortunado ya que el niño que tiene miedo de expresar enojo ante sus padres se transforma en un adulto mutilado. El enojo suprimido no desaparece. Los niños volcaran el impulso prohibido contra niños más pequeños, y los lastimarán deliberadamente. O, cuando el niño cuyo enojo fue suprimido llega a adulto, lo actuará contra sus propios hijos indefensos y los castigará.

Castigar a un niño por su expresión de enojo puede ser visto como una manera de enseñarle comportamiento social, pero el efecto que tiene es el de quebrar su espíritu y convertirlo en una persona sumisa ante la autoridad. Un niño necesita aprender los códigos del comportamiento social, pero esto debe ocurrir de manera tal que no se dañe su personalidad. En Japón vi a un niño de tres años golpear a su madre, que no hizo el menor esfuerzo por detenerlo o reprenderlo. En la cultura tradicional japonesa, no se controla a un niño hasta la edad de seis anos, ya que su comportamiento hasta entonces se considera natural e inocente.

Los niños cuya capacidad de expresar enojo no se ve socavada no se transforman en adultos iracundos. A pesar de que tienen su carácter, suelen ser personas apacibles hasta que se abusa de ellos o son tratados con violencia. Por lo general, su enojo es apropiado para la situación que viven ya que no se origina en conflictos no resueltos y heridas del pasado. Las personas arrebatadas o que pierden los estribos están sentadas sobre una gran montaña de enojo suprimido que está cerca de la superficie y, por tanto, fácilmente saldrá a flote. El enojo que se libera por medio de la provocación contribuye en pequeña medida a la solución del conflicto subyacente, que es el miedo de identificarse con el enojo mismo. Una persona realmente enojada a menudo es considerada como loca.

Muchos niños son educados con la idea de que el enojo es malo desde el punto de vista moral. Debemos ser comprensivos, entender la posición de la otra persona, ofrecer la otra mejilla, perdonar al otro, etc. Hay mucho por decir en favor de esta filosofía, siempre que como consecuencia de la misma no quedemos mutilados ni anulados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, entender la posición del otro implica una autonegación, que proviene del miedo. Perdonar es un signo de gracia, pero la elección debe ser auténtica. El individuo que no puede enojarse no obra por propia elección sino por miedo. Ningún paciente se siente capaz de expresar su enojo en forma libre y completa.

Muchos pacientes relatan que se sienten culpables por expresar enojo contra sus progenitores, en especial su madre. Muchas son las madres que inculcan culpa en sus hijos por cualquier sentimiento negativo que abriguen hacia ellas. Pero la culpa tiene su fundamento en el miedo y la supresión del enojo. Si a un niño se le permite expresar sus sentimientos con libertad, conserva su sentimiento de inocencia.

Uno de los ejercicios que sugiero a mis pacientes en su hogar es el de golpear la cama. Yo mismo he puesto en practica este ejercicio a lo largo de los años, para liberar la tensión en los hombros y desarrollar un movimiento suelto de los brazos, que considero esencial para expresar el enojo. Al principio, era consciente de que, aunque sentía poder en mi brazo derecho, el izquierdo parecía débil e impotente. Nadie puede ser un buen luchador con un solo brazo. Solía dar de 50 a 75 golpes todas las mañanas. Con el tiempo, mi brazo izquierdo se liberó y los golpes de ambos brazos se igualaron en fuerza y fluidez. Golpear la cama no es solo un ejercicio terapéutico para liberar los brazos de una tensión crónica: también sirve para liberar las tensiones que se acumulan a consecuencia del estrés de la vida cotidiana.

No siempre estamos en condiciones de expresar nuestro enojo en el momento de la herida o el insulto. En ocasiones, no sentimos el enojo en el momento del insulto porque nos encontramos en estado de shock, pero luego, cuando este estado desaparece, nos damos cuenta de cuán enojados quedamos por lo que ocurrió. En algunos casos, es demasiado tarde o se hace imposible expresar el enojo a la persona causante de nuestra herida, pero podemos desahogarnos golpeando la cama en nuestra casa. De esa manera, recobramos nuestra integridad y el buen sentimiento que se había perdido.

Con frecuencia, los padres arden de rabia contra sus niños, que insisten en hacer lo que desean a pesar de que ellos les ordenan lo contrario. En nuestra cultura, los niños pueden enloquecer a sus padres cuando se pierde el control sobre ellos. En parte este es el resultado de la sobreestimulación que reciben por el exceso de objetos excitantes en los supermercados y en el hogar. En parte proviene del hecho de que los padres se encuentran bajo considerable presión para mantener un poco de orden en el hogar y en su vida. También ellos se ven sobrestimulados y abrumados por el ambiente que los rodea. La tensión que se acumula en los padres se descarga a menudo por medio de algún castigo corporal impuesto al niño. Luego de haber desahogado su rabia en el niño, los padres pueden sentirse culpables o arrepentirse, pero el daño ya esta hecho. Reich sugiere que, en tales situaciones, los padres se dirijan a su habitación y descarguen su enojo golpeando la cama en lugar de golpear al niño. He recomendado esa acción a todos mis pacientes. Alivia a los padres y salva al niño.

Una emoción puede experimentarse solo cuando todo el cuerpo está excitado e involucrado en la acción. Esto significa que el estiramiento de los brazos por encima de la cabeza debe ser tan completo que fuerce los brazos en su articulación con los hombros. Describo esta acción a mis pacientes como tratar de alcanzar un rayo. Pero para que todo el cuerpo participe, el estiramiento debe venir en realidad desde el suelo. A fin de lograrlo, se flexiona las rodillas, se elevan ligeramente los talones y se estira el cuerpo hacia arriba y hacia atrás desde la almohadilla de los pies. El cuerpo se dobla como un arco que encuentra su soporte en la planta de los pies y en los puños elevados.
Cuando uno alcanza esta posición, el golpe es un movimiento suelto.

Golpear la cama no implica mayor esfuerzo que lanzar una flecha. Así como el poder de una flecha depende del grado en que se curve el arco, el poder de un golpe depende del grado de estiramiento del cuerpo. Esto coincide con la ley fisiológica que dice que el poder de una contracción muscular es directamente proporcional al grado de estiramiento. Para la mayoría de las personas, no resulta fácil alcanzar tal naturalidad al golpear la cama. A veces se producen grandes tensiones en los músculos de los hombros, entre los hombros y la escápula y entre ésta y la columna vertebral, lo cual denota cuán grave es el bloqueo de la expresión del enojo. Cuando se utiliza este ejercicio en la terapia, es necesario conectar la tensión con el problema psicológico de la culpa. Sin embargo, esta conexión puede establecerse con mayor facilidad luego de que la persona ha experimentado su enojo.

En los talleres donde el grupo participa en todas las actividades, es posible que los miembros liberen su rabia en forma bastante rápida. En estos talleres, se intensifican todos los sentimientos a causa de la excitación que invade al grupo cuando un miembro tras otro expresan una emoción fuerte. Así, cuando un individuo practica el ejercicio de golpear la cama con rabia, los otros se ven motivados a seguirlo. Uno tras otro se turnan para golpear y desahogar la rabia contra sus padres por los traumas que sufrieron durante su infancia. En la mayoría de los casos, la rabia es asesina, pero desaparece con rapidez y el individuo se siente liberado. Es una liberación catártica. La persona siente todo su enojo pero no lo descarga, hasta que no se libera la tensión en los músculos de la parte superior de la espalda y los hombros, que actúan para suprimir el enojo, éste no se descarga por completo; pero es un paso importante en esa dirección.

Debe quedar entendido que el enojo, si bien se asocia con el pasado, proviene directamente de las tensiones musculares crónicas, que limitan el organismo y reducen su libertad de movimiento. El enojo es la reacción natural contra la perdida de la libertad. Esto significa que cualquier tensión muscular crónica en el cuerpo está asociada con él. De más está decir que si uno no siente la tensión, uno no siente enojo alguno. Uno acepta la limitación de sus movimientos y la perdida de la libertad como normales, tanto como un esclavo podría aceptar su esclavitud sin enojarse.
Una vez que uno siente y comprende la tensión, es consciente de su enojo y se da cuenta de que golpear la cama para expresarla no es un ejercicio que deba practicar una sola vez. Se lo debe practicar en forma regular tanto en las sesiones de terapia como en el hogar, si es posible, hasta que los brazos y hombros adquieren movimientos libres y se restablezca por completo la capacidad para expresar el enojo.

El enojo puede expresarse por medio de la voz, con palabras o con la mirada, pero estos modos de expresión resultan para la mayoría tan difíciles como golpear la cama. Para que el enojo se refleje en una mirada es necesario que uno lo sienta en todo el cuerpo, lo cual hace que la onda de excitación llegue a los ojos. Los ojos de algunas personas arden cuando están muy enojados. Los ojos fríos y mezquinos son hostiles, no son ojos enojados, y los ojos ennegrecidos expresan odio en lugar de enojo. Uno también puede comunicar que se siente enojado con palabras, pero éstas no expresaran el enojo a menos que sean pronunciadas con un tono de enojo. Ese tono puede ser un sonido agudo y penetrante, un grito fuerte o un alarido. Para expresar verdadera rabia, el sonido debe ser acorde con la situación. Dar un alarido o gritar, por ejemplo, a menudo expresa rabia y frustración en lugar de enojo. Debe tenerse en cuenta que el enojo no se utiliza para controlar a otros sino para salvaguardar la propia integridad y los buenos sentimientos.

Como adultos, por lo general no necesitamos gritar, dar un alarido o golpear a alguien para expresar nuestro enojo. Podemos expresarlo con calma, siempre que lo sintamos fuertemente. Este ejercicio y otros están destinados a ayudar a los pacientes a liberar su enojo, a alcanzar la libertad de expresarlo para luego aprender a contenerlo y controlarlo. El control consciente de los sentimientos depende de la conciencia que se tenga de ellos.