lunes, 3 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 41

 CAPITULO 11

Un enfoque creativo de la vida

¿QUE ES LA CREATIVIDAD?

Este libro se ocupa de dos temas: placer y creatividad. Ambos están estrechamente relacionados, dado que el placer brinda la motivación y la energía para el proceso  creativo, lo cual a su vez acrecienta el placer y la alegría de vivir. Con placer, la vida es una aventura creativa; sin placer, es una lucha por sobrevivir. En los capítulos  precedentes analicé la naturaleza del placer y su rol en la determinación del comportamiento. Dedicaré este capítulo al tema de la creatividad en la vida.

Un enfoque creativo de la vida implica respuestas nuevas e imaginativas a las numerosas situaciones que una persona enfrenta cotidianamente. Se necesitan  urgentemente nuevas respuestas, ya que los valores y formas sociales que han regido las relaciones y regulado el comportamiento en las generaciones anteriores ya no ofrecen un marco satisfactorio para la vida moderna. Esta observación es ineludible, tanto en relación con la vida personal y familiar de las personas como con el escenario social y político más amplio. Las nuevas respuestas que buscamos no pueden limitarse al rechazo de los conceptos establecidos. La rebeldía pura no es una actitud creativa y sólo conduce a una condición caótica en la cual la búsqueda de placer y significado termina con frecuencia en desdicha y  desesperación.

El colapso de los códigos y patrones tradicionales ofrece una promesa de mayor placer y alegría de vivir, pero también plantea graves peligros. La promesa consiste en que hay un área más amplia de la vida abierta a un enfoque creativo; los peligros se deben a la falta de comprensión de lo que es la creatividad.

 Confundidas, las personas tienden a adoptar todas las ideas populares que les prometen una solución, suponiendo ingenuamente que la validez de una idea se mide por su popularidad. Dado que la popularidad está generalmente determinada por la publicidad y por los medios de masas, se opone al concepto de creatividad, que es una solución individual a un problema único. No hay dos artistas que pinten el mismo cuadro.

Otro peligro que enfrentamos es creer erróneamente que la experiencia es el único valor verdadero en la vida. Son demasiadas las personas que, creyendo esto, se  exponen a situaciones que son destructivas para su vida y bienestar. Con frecuencia se defiende el consumo de drogas con el argumento de que no se deberían limitar las propias experiencias. El comportamiento sexual indiscriminado y promiscuo se justifica en forma similar. Una experiencia en sí misma y por sí misma no necesariamente contribuye al crecimiento y al desarrollo. Para que lo haga, se la debe integrar en la personalidad. Se la debe asimilar en forma creativa; es decir, se debe profundizar la autocomprensión, ampliar la apreciación del placer y, como en el crecimiento, expandir todo el ser. Las experiencias que no se asimilan en forma creativa aumentan la confusión y disminuyen el sentido de identidad.

¿Qué significa ser creativo? La persona creativa tiene una visión fresca del mundo. No intenta resolver nuevos problemas con viejas soluciones. Parte de la premisa de que no conoce las respuestas. En consecuencia, enfoca la vida con la curiosidad y el asombro del niño, que todavía no está estructurado en su forma de ser y de pensar. El individuo cuya personalidad no es rígida tiene libertad para utilizar su  imaginación para enfrentar las circunstancias de la vida, que están en constante cambio.

Ser creativo es ser imaginativo, pero no todos los actos de la imaginación son actividades creativas. Las ensoñaciones, las fantasías y las ilusiones que llenan la  mente y ocupan el pensamiento de muchas personas no son expresiones creativas. La imagen del tipo Walter Mitty*, pueden ser  una compensación mental por la incapacidad de una persona de resolver sus conflictos internos. Dichas imágenes compensatorias guardan escasa relación con la realidad y, dado que no pueden realizarse, dejan a la persona en un elevado estado de tensión. 

La imaginación creativa comienza con una apreciación y aceptación de la realidad. No busca transformarla, haciendo que se adapte a su ilusión, sino que, por el contrario, busca profundizar la comprensión de la realidad a fin de enriquecer su propia experiencia de ella. El impulso creativo , comienza con la imaginación del niño pero apunta a la satisfacción de las  necesidades del adulto.

La fusión del realismo del adulto con la imaginación del niño es la clave de toda acción creativa. Encama el principio básico de la creatividad, a saber: que el acto creativo es la fusión de dos visiones aparentemente contradictorias en una visión única. En su libro The Act of Creation, Arthur Koestler hace de este tema el punto central de su estudio y lo ilustra con numerosos ejemplos: “El acto creativo, al  conectar dimensiones de la experiencia previamente desvinculadas entre sí, le permite (al hombre) alcanzar un nivel más elevado de evolución mental. Es un acto de liberación, el triunfo de la originalidad sobre el hábito” El principio según el cual la creatividad es la fusión e integración de aspectos opuestos no se limita a la expresión creativa en la ciencia o en el arte, se aplica también a todas las formas de expresión en la vida. Ilustraré su aplicabilidad a una situación común de la vida moderna.

Hoy, el trato de la mayoría de los padres con sus hijos está marcado por el conflicto entre disciplina y permisividad. No pueden ejercer la autoridad que tenían los  padres de antes con la seguridad de que dará buen resultado. A pesar de sus mejores intenciones, el ejercicio de la autoridad arbitraria sólo provoca sentimientos de rebeldía y desafío en los jóvenes. No obstante, la falta de autoridad y la actitud de permisividad resultante parecen producir una situación igualmente desesperante. Hoy, muchos jóvenes se sienten más confundidos que liberados por una actitud de completa permisividad y el resultado es generalmente una mayor separación entre generaciones.

No es ni puede ser una cuestión de autoridad contra permisividad. Ninguna de ellas es una respuesta creativa a una relación basada en el amor. Al padre que ama a su hijo le gustaría que éste fuera feliz; quiere que el niño goce de la vida. El bienestar y el placer del niño son sus consideraciones primarias. Al apoyar el deseo de placer de su hijo, no está siendo permisivo sino afectuoso. El niño, a su vez, respetará al padre que se comporta de esta manera y escuchará los consejos de su padre por respeto y no debido a su autoridad.

No obstante, el padre afectuoso tiene autoridad. No es una autoridad arbitraria basada en el poder y en la suposición de que sabe más (niega mejor). Es una autoridad basda en la responsabilidad que tiene un padre con el bienestar y el placer del niño. Esta responsabilidad le da al padre la autoridad para fijar reglas para el funcionamiento ordenado de la vida familiar. Estas reglas necesariamente  imponen cierta disciplina sobre los miembros de la familia, pero la disciplina, al igual que la autoridad, no es arbitraria.

Está destinada a aumentar el disfrute de cada miembro de la familia y pierde su validez cuando pierde este fin. En consecuencia, un padre afectuoso es un padre responsable que no es ni castigador ni permisivo. Criar a un niño de manera que se sienta amado, respetado y seguro es un acto creativo. Y debido a que es un acto creativo, no es posible realizarlo siguiendo una fórmula. Los padres deben comprender el deseo de placer y la necesidad de autoexpresión del niño. Sólo pueden hacerlo si están libres de culpas personales en cuanto al placer y pueden expresar sus propios sentimientos abierta y honestamente. Cuando un padre se siente culpable respecto del placer, su permisividad estará teñida de ansiedad, que  será percibida por el niño. Esta ansiedad socava el placer del niño y lo convierte en un ser inquieto e irritable que no  puede calmarse aumentando la permisividad o la disciplina.

La crianza de un niño con amor por su ser y respeto por su individualidad requiere una actitud creativa de los padres. Estos no pueden seguir los patrones de crianza  utilizados por sus padres, ya que su estilo de vida es diferente. Los padres de hoy son psicológicamente más sofisticados y muchos de ellos se han vuelto conscientes de los errores en su propia educación. No obstante, la psicología no da respuestas, sólo advertencias.

Consecuentemente, cada padre se enfrenta con la necesidad de desarrollar una nueva forma de relación padre-hijo. Esto requiere sensibilidad, imaginación,  autoconciencia y autoaceptación, cualidades que caracterizan a la persona sana y al individuo creativo. La necesidad de una actitud creativa no ejerce más presión sobre la relación padre-hijo que sobre otras áreas de la vida. Encontramos la misma confusión en la esfera sexual, donde las alternativas parecen ser la moral antigua o ninguna moral. El estándar doble que durante siglos rigió las actividades y comportamientos sexuales se ha derrumbado bajo el impacto del psicoanálisis, los  antibióticos, los anticonceptivos, el automóvil y otras fuerzas. Su desaparición no ha conducido a la satisfacción sexual esperada sino al caos y a la desdicha sexual. 

Esta evolución está explicada en mi libro Love and Orgasm.Ni el viejo código moral ni el nuevo —la moral de la diversión— ofrecen una respuesta significativa al problema del comportamiento sexual en el mundo de hoy. Obviamente, no hay respuesta. Cada individuo tiene que desarrollar un código de moral personal basado en una actitud creativa hacia el amor y el sexo.

La gran pregunta es: ¿cómo sabemos si nuestra actitud es creativa o destructiva? Una actitud creativa es aquella que integra los aspectos opuestos y necesidades de la personalidad en una sola expresión, una respuesta unitaria. Una actitud destructiva es aquella que fragmenta la unidad de la personalidad, colocando una necesidad en contra de otra. Consideremos, por ejemplo, el conflicto entre placer y  logro. A pesar de que pongo énfasis en el placer, no se puede hacer de la mera persecución del placer la meta de la vida.

Cuanto más lo buscamos, más elude nuestra búsqueda; ésa es la naturaleza del placer. El placer está indisolublemente unido al logro, y una vida en la que no hay logros está igualmente privada de placer. Sin embargo, todos estamos  familiarizados con personas cuya lucha compulsiva por el logro y el éxito les ha quitado el placer e impedido disfrutar de la vida. Existe una antítesis entre placer y logro que nace del hecho de que el logro requiere autodisciplina. El compromiso con una meta o tarea necesariamente implica el sacrificio de algunos placeres inmediatos. Si una persona no puede postergar la satisfacción inmediata de sus  placeres es como un niño, cuyos logros son todavía nulos y cuyos placeres sólo tienen sentido en su dimensión infantil.

El conflicto entre placer y logro no puede resolverse distribuyendo el tiempo entre estas dos necesidades. Una combinación de este tipo aumenta el conflicto: nos  resentiremos por el tiempo utilizado en el trabajo y, en consecuencia, no podremos disfrutar plenamente de las horas de ocio. Si no hay placer en el trabajo ni posibilidades de creatividad en el placer, el resultado será un sentimiento de frustración, no una sensación de alegría. Incluso el proceso creativo requiere un mínimo de esfuerzo y de trabajo para obtener la alegría que promete.

Todo trabajo debería proporcionar a quien lo hace la oportunidad de utilizar su imaginación creativa. No hay ninguna actividad que no pueda realizarse mejor, más fácilmente o con más placer. Sólo se necesita un poco de imaginación creativa. Pero la creatividad florece sólo en una atmósfera de libertad donde el placer es la fuerza motivadora. Si la productividad, en forma de bienes o salarios, es lo único que se considera en un proceso de trabajo, los individuos vinculados con ese proceso se transforman en máquinas humanas incapaces de imaginación creativa alguna. Tal situación se da en nuestra economía actual y lo que demuestra es que ni los bienes ni los salarios fomentan la alegría de vivir.

Impulsos antitéticos tales como los mencionados arriba son fenómenos polares. Dentro del marco de la personalidad completa, cada, impulso se complementa con su polo opuesto. En consecuencia, cuanto más placer se experimente, mayor puede ser el logro. Cuando más se logre, mayor será el sentimiento de placer. Los impulsos polares se oponen entre sí sólo cuando se disocian de la función total de la persona. La búsqueda del placer como fin en sí mismo demuestra ser decepcionante. Nadie ha experimentado nunca placer buscándolo. De igual modo, un logro que no guarda relación con la vida de una persona es un gesto vacío.

En una persona sana, la necesidad de seguridad y la necesidad de desafíos se complementan. El individuo que acepta desafíos inherentes a cualquier exploración activa de la vida se siente más seguro que el individuo que evita estos desafíos. La persona segura sale al mundo y mediante esta misma acción amplía su seguridad interna, mientras que la persona atemorizada que se aísla y erige defensas contra sus temores aumenta su sensación de inseguridad.

Los impulsos polares y las necesidades están biológicamente conectados por un movimiento rítmico y pulsátil de sensaciones entre los dos polos. La ilustración más simple de este concepto es la relación entre el sueño y la vigilia. Cada noche hay una descenso hacia el sueño y cada día hay un ascenso a la conciencia. El bienestar de una persona depende de esta oscilación rítmica. Sin una adecuada cantidad de sueño, la conciencia de una persona se embota y se reduce su actividad. Sin una vida diurna activa y llena de energía, el sueño tiende a alterarse. 

Cada impulso polar fomenta el movimiento hacia el otro. En un individuo sano, estas dos necesidades polares se equilibran y se adaptan a su estilo de vida; un individuo así disfruta durmiendo tanto como estando despierto. La pulsación que  une las fuerzas polares y crea un movimiento de sentimientos entre ellas es también evidente en la relación entre el amor y el sexo. Tanto el amor como el sexo reflejan la necesidad de proximidad e intimidad con otro ser. Sin embargo, el amor ocupa una posición antitética con respecto al sexo. El sentimiento de amor fluye hacia arriba dentro del cuerpo cuando extendemos los brazos para tomar contacto. 

En el sexo, el sentimiento fluye hacia abajo, cargando los órganos genitales. El amor aumenta la tensión de una relación elevando el nivel de excitación. El sexo reduce la tensión descargando la excitación. El amor es inspirador; su placer es previsor. El sexo colma; su placer satisface. Lógicamente puede parecer que con el placer del sexo termina el sentimiento de amor, pero en realidad se da lo contrario. De la misma manera que los elevados sentimientos de amor aumentan el placer del sexo, el placer de la descarga sexual refuerza el amor que se siente por la pareja sexual. Wilhelm Reich señaló que en el orgasmo se produce un flujo inverso, ya que la energía y los sentimientos que estaban concentrados en los genitales inundan todo el cuerpo. En consecuencia, la pulsación biológica entre el amor y el sexo es un proceso continuo que asegura el crecimiento de una relación.

El sexo sin amor brinda el placer mínimo que puede conseguirse con varias parejas sexuales. Es una experiencia que ofrece pocas o ninguna posibilidades de desarrollo creativo. El amor que no se satisface biológicamente en el sexo u otras formas de contacto placentero es una ilusión, una ensoñación o una fantasía. La madre que habla de amor pero no le da el pecho a su hijo, no lo sostiene afectuosamente en sus brazos o no lo cuida tiernamente es una impostora. El enamorado que no le ofrece a la persona amada un regalo para expresar su sentimiento es deshonesto. Y el esposo que proclama su amor a su esposa pero no experimenta deseos sexuales con ella, es falso. 

El amor es una promesa que debe cumplirse con acciones. El sexo es la satisfacción que renueva la promesa. La disociación de amor y sexo y de sexo y amor se debe a la interrupción del movimiento pulsátil que une los diferentes aspectos de la personalidad del hombre. El resultado es una división de la naturaleza unitaria del hombre en categorías opuestas; carne y espíritu, naturaleza y cultura, mente inteligente y cuerpo animal. Estas distinciones existen, pero sólo como conceptos racionales.

 Cuando se estructuran en actitudes corporales y comportamientos, producen un estado esquizoide. En la personalidad esquizoide, el flujo de sentimientos entre las mitades superior e inferior del cuerpo  está bloqueado por tensiones en el área diafragmática. Este problema se explora de forma más completa en The Betrayal of the Body. Amor y sexo pueden oponerse sólo a expensas del placer y la alegría. Unidos por el flujo rítmico de sensaciones en el cuerpo, el amor y el sexo forman un potencial creativo. Los verdaderos enamorados sexuales no están satisfechos con el statu quo; se ven impelidos a hacer cosas el uno por el otro, a embellecer lo que los rodea y a construir juntos un futuro. 

Con certeza, la creación de una nueva vida que encarnará la alegría que experimentan juntos formará parte de ese futuro. Esta alegría llena su medio y enriquece a todos los que entran en él. En esta atmósfera de amor y sexo, los niños crecen bellos y fuertes, mientras la personalidad de cada uno de sus padres se  expande en sabiduría y comprensión.