viernes, 5 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 10



El sentimiento sexual

El amor es un estado de excitación placentera que varía de intensidad según la situación. Cuando nuestro espíritu interviene plenamente en cualquier acto, ese acto asume una cualidad espiritual, debido a la trascendencia del yo.

Desde luego, la excitación que sienten dos amantes contiene una dimensión adicional, que fluye hacia abajo y excita con fuerza los órganos genitales. Tras una fuerte descarga orgásmica, la persona siente una profunda calma.
Tanto en la experiencia mística como orgásmica, hay una sensación de comunión con las fuerzas superiores de la naturaleza.
Pero para tener una sensación tan poderosa, hay que controlar la creciente excitación hasta que abarque todo el cuerpo. Ello requiere un “yo” fuerte, pues uno débil se atemoriza.
Convertir la carne en espíritu, en eso consiste la trascendencia.

La persona que tiene sentimientos sexuales fuertes posee un mayor sentido del “self”, y un ego más fuerte, que le dan contención.
Para aumentar el sentimiento sexual, se ha de respirar profundamente, hasta que el aire llegue al fondo pélvico, donde están los sentimientos sexuales. El principal mecanismo para lograrlo es el llanto profundo. También ayuda estar más “enraizado” mediante ejercicios que movilicen las sensaciones de las pierna

La trascendencia puede lograrse también por actos que no sean sexuales, como cuando nos anima una gran pasión o nos conmueve una experiencia significativa. Ya no sentimos que tenemos un espíritu, sino que estamos poseídos por él.
Todo acto creativo tiene cierto grado de trascendencia. Se requiere inspiración y pasión. Estas creaciones parecen tener vida propia.
La excitación sexual puede ser muy fuerte, pero para muchos hombres terminará en una eyaculación prematura debido a que la rigidez de la pelvis limita su capacidad de contener la carga hasta que abarque todo el cuerpo.

La libertad interior.

La libertad interior se manifiesta en la vivacidad del cuerpo. Corresponde a la libertad respecto de la culpa, la vergüenza y la autoconciencia. Es una manera de actuar espontánea, sin engaños, fiel al propio ser.
Hemos perdido contacto con el espíritu remolineante que anima nuestro ser y da sentido a nuestra vida.
Cualquiera que sea el medio empleado para establecer una conexión sensible con lo infinito, debe incluir al cuerpo, si se pretende que sea algo más que una idea que se tiene en la cabeza

Sólo con humildad y franqueza es posible enfrentar al manantial de sentimientos que fluye de todo ser humano.

Necesitamos comprender nuestro cuerpo como manifestación exterior de nuestro espíritu.
Trabajemos sobre nosotros mismos, agotemos nuestros potenciales, desarrollemos nuestras metas y nuestra moral por nosotros mismos, inventemos el sentido de nuestras vidas.. Definamos los principios según los cuales deseamos vivir.

Cuando no hay bloqueos que perturben el flujo, las emociones tienen un signo o calidad positivo.
El sentimiento de fe, es el sentimiento de la vida fluyendo en el cuerpo, de un extremo a otro.

El estado de vivacidad es la base física de la experiencia de alegría. La alegría es una experiencia religiosa.
La alegría pertenece al ámbito de los sentimientos corporales positivos. No es una actitud mental.
El sentimiento de alegría pertenece al mundo animal, y no al mundo de los intelectuales civilizados.
Solo sentimos alegría cuando somos fieles a nosotros mismos.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 9



Los sentimientos, la vida del cuerpo.

Los sentimientos son la vida del cuerpo, igual que los pensamientos son la vida de la mente.
Una persona debería ser lo bastante libre para poder expresar físicamente su ira cuando sea apropiado.
Una persona agresiva es alguien que se mueve hacia el cumplimiento de sus necesidades.
Toda acción expresiva es un acto agresivo en el sentido de que es “moverse hacia afuera”. Abrirse para amar, o buscar amor es una acción agresiva.
Por otro lado, tener un sentimiento que no somos capaces de expresar es un signo de pasividad.

Para curarse, el paciente debe llegar a la conclusión de que existe algo mayor que él mismo, sea lo que fuere.
El camino espiritual genuino nos conecta con nuestra totalidad, así como con la unidad de los demás. Los caminos insalubres provocan un sentimiento de separación.

Condenar los sentimientos es condenar la vida.

El sentimiento, es la percepción de un movimiento interior del cuerpo.
Cada tensión impone un límite a la capacidad del individuo para expresarse.
Las tensiones musculares crónicas se presentan en todo el cuerpo como signos de impulsos bloqueados y sentimientos reprimidos.
La tensión muscular crónica, es el lado físico de la culpa. La culpa corresponde a carecer del derecho a ser libre, de hacer lo que uno quiere.  En sentido general, la culpa es la sensación de no estar uno  a sus anchas en su cuerpo, de no “sentirse bien”.
Por otro lado, uno no puede sentir culpa si esta “bien”, contento o alegre. Los dos estados -sentirse bien= sentir alegría; sentirse mal= sentirse culpable - son mutuamente excluyentes.
La culpa esta directamente conectada con la supresión del enojo. Esta supresión debilita los buenos sentimientos del cuerpo. La sensación de que algo esta mal constituye la base del sentimiento de culpa

La entrega al self y al cuerpo es un proceso muy doloroso al principio. Debido a eso, hay que trabajar lentamente con el cuerpo. Cada paso en la expansión o crecimiento implica una experiencia inicial de dolor, que desaparece a medida que la relajación o expansión se integra a la personalidad.
Por lo general, el dolor emocional, que es menos concreto, resulta más difícil de aceptar y tolerar que el dolor físico. El dolor emocional se siente en todo el cuerpo, en todo nuestro ser; es siempre la pérdida de amor. Cuando se corta una conexión de amor, nos quedamos sin una fuente de vida y de excitación placentera.
Los individuos que sobrevivieron a la pérdida de un amor durante la niñez, tienen mucho miedo de romper una conexión. La mera idea de estar solos es aterradora para muchas personas.; despierta sentimientos que tenían en la niñez. (si nuestro “self” es débil, inseguro y dubitativo, no nos resultará agradable estar a solas con él.

No tiene sentido buscar a alguien que nos devuelva la dicha de la niñez, la inocencia y la libertad. Debemos construir un “self” más fuerte, energizando el cuerpo y sintiendo nuestro enojo. Si no tenemos capacidad para luchar, nos convertimos en victimas cuyo objetivo es la sobrevivencia y no la alegría.
Los modelos neuróticos se mantienen gracias a la ilusión de que alguien pueda darnos el amor que deseamos con toda desesperación.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 8



La expresión de sentimientos.

Si una persona está bloqueada en su capacidad de expresar sentimientos, traerá muerte a su cuerpo y reducirá su vitalidad.
Al igual que a una persona se le anima a expresar sus sentimientos en un ejercicio apropiado, también se le ayuda a obtener un control consciente sobre su expresión. El propósito de dicho control no es el inhibir o limitar el sentimiento, sino el de hacer su expresión efectiva, económica y apropiada.
El control de uno mismo denota la capacidad de responder apropiadamente a una situación. El cronometraje es de la misma importancia: cuando actuar y cuando hablar, resulta tan crítico como lo hagamos o digamos.

Lo que vuelve loco al niño es el doble mensaje: seducción y rechazo; amor y odio
Contener es lo contrario de “soportar”. Aprendemos a soportar situaciones dolorosas o perturbadoras cercenando los sentimientos. En el caso de la contención, aceptemos el  sentimiento, y lo integramos a la personalidad; y esto le cuesta mucho trabajo a aquellas personas cuya personalidad está condicionada por la sobrevivencia., puesto que la sobrevivencia depende de la supresión de sentimientos.

Los sentimientos son la vida del cuerpo, igual que los pensamientos son la vida de la mente.
Una persona debería ser lo bastante libre para poder expresar físicamente su ira cuando sea apropiado.
Una persona agresiva es alguien que se mueve hacia el cumplimiento de sus necesidades.
Toda acción expresiva es un acto agresivo en el sentido de que es “moverse hacia afuera”. Abrirse para amar, o buscar amor es una acción agresiva.
Por otro lado, tener un sentimiento que no somos capaces de expresar es un signo de pasividad.

Para ser plenamente auto expresivos, el cuerpo ha de verse libre de sus tensiones. Dado que nuestra agresividad ha sido bloqueada desde la infancia, se requiere un considerable esfuerzo para liberarla.

El control consciente

La imposición de un control consciente permite que la persona adapte su comportamiento para lograr objetivos mayores.
Cuando actuamos de acuerdo a nuestros pensamientos, no somos espontáneos, lo que elimina la alegría y limita el placer.
Como el control consciente se hace con el fin de obtener un mayor placer en el futuro, constituye un modo de reacción sano y natural. Se convierte en una pauta neurótica, cuando el control se vuelve inconsciente y arbitrario, y no se lo puede entregar.
El control inconsciente afecta a muchos individuos a los que les resulta muy difícil expresar sus sentimientos o hacer valer sus deseos. Tienden a ser pasivos.
El núcleo de las neurosis es la supresión de sentimientos.
El desarrollo del control consciente de las sensaciones es un factor importante del dominio de sí mismo.
La contención le permite al individuo expresar los sentimientos en forma positiva y constructiva, pero solo se logra si los acepta plenamente.
La actuación sexual o airada, por ejemplo, deriva del temor de no poder contener la excitación de ese momento intenso, a no soportarla. El comportamiento compulsivo no es signo de pasión, sino de temor: temor a la demencia, que es lo mismo que temor a la intimidad.

viernes, 29 de agosto de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 7

El enraizamiento

El trabajo debe comenzar con una actitud vibratoria de las piernas. Tarde o temprano esto se extenderá hacia arriba, hasta incluir a la pelvis. A continuación, es importante desarrollar el sentimiento de estar tomando tierra., esto da un sentimiento de independencia y madurez que hace de su expresión sexual una actividad responsable de su ser total. La respiración del individuo ha de ser abierta y profunda en el vientre, de modo que los movimientos pélvicos estén coordinados con las ondas respiratorias.

No basta con saber que uno tiene los pies en el suelo. Lo que se requiere es el proceso energético en el que la onda de excitación descienda por el cuerpo hasta las piernas y los pies.
La toma de tierra, de modo que la persona sienta sus pies sólidamente sobre el suelo, es un requisito previo para descargar las tensiones en cadera y pelvis.
La pelvis no se moverá de un modo natural, esto es, libre y espontáneamente, salvo que quede suspendida entre la cabeza y los pies. Este es el principio del arco.
Este principio se aplica al movimiento de la pelvis. Si los pies se hallan plenamente en contacto con el suelo, sólo es necesario empujar la pelvis hacia atrás, para crear la carga que la moverá espontáneamente hacia delante.
La energía para la carga es producida por los procesos metabólicos del cuerpo, en conexión con la respiración. Por consiguiente, cualquier tensión en el cuerpo que restrinja la respiración o impida la toma de tierra, limita la motilidad pélvica.
Las tensiones pélvicas se desarrollan para limitar la sensación sexual, por lo que no podremos liberar la pelvis si estamos inhibidos acerca de la sensación sexual.

La calidad de las sensaciones sexuales dependen de la cantidad de energía o excitación,  del grado de armonía y de lo conectado que el individuo esté el individuo con la tierra.
Los individuos desarraigados corren el riesgo de que las sensaciones fuertes los sobrecarguen y abrumen.
Cuando decimos que un individuo está enraizado, o que tiene los pies en la tierra, significa que sabe quien es y donde esta parado.
Nos sentimos enraizados cuando la onda de excitación llega al suelo, invierte su dirección y fluye hacia arriba, como si la tierra nos empujara para erguirnos.
La  calidad del enraizamiento de un individuo determina su sensación interna de seguridad.
No hay que tener miedo a los dolores del crecimiento, en especial cuando el objetivo es dejar que la vida fluya libremente por el cuerpo.
Es aconsejable hacer un viaje retrospectivo en el tiempo hasta nuestros primeros años. Es un viaje penoso, pues despierta recuerdos atemorizantes y evoca sentimientos dolorosos; pero al levantar la represión y anular la supresión del sentimiento, poco a poco cobrará vida plena el cuerpo que Dios creó.

Amigarse con la sombra

El infierno es el inconsciente reprimido; el submundo donde están enterrados los terrores del pasado: la desesperanza, el tormento, las manías.
El infierno solo existe en las tinieblas de la noche. Los sentimientos supuestamente vergonzantes, peligrosos e inaceptables, son reacciones naturales frente a situaciones anormales.
El inconsciente es la parte del cuerpo que uno no siente. Dichas zonas representan conflictos emocionales reprimidos.
Vivir en las honduras del propio ser puede ser penoso y aterrador al principio, pero también gratificante y gozoso si tenemos el coraje de atravesar el infierno que nos lleva al paraíso. “El paraíso se encuentra en el centro del infierno”.

Fuimos inocentes y libres y conocimos la alegría, hasta que nuestro espíritu fue quebrantado cuando se nos hizo avergonzar y sentir culpa por nuestros impulsos naturales.
Para hallar al niño sepultado, debemos entrar en esas zonas obscuras de nuestro ser, en las tinieblas de lo inconsciente. Debemos hacer frente a los temores y peligros que implica ese descenso.
Un viaje al submundo, donde yacen  enterrados nuestros más grandes temores, como el miedo a la demencia y a la muerte. Si uno tiene el coraje de enfrentar esos temores,  ingresará a un nuevo mundo de luz donde se han esfumado las nubes del pasado.
Todo lo que nosotros no queremos admitir en nuestro ser, conforma nuestra sombra.
La parte rechazada,(la sombra), por ley natural busca expresarse a través  del síntoma.
El camino del hombre es integrar aspectos de la sombra a la conciencia, y ser uno.
La única solución es amigarnos con la sombra
Quien cumpla con su destino, gozará de paz interior y plenitud.
La sanación nace desde dentro, es un despertar, un renacimiento interior.
Sanación es la toma de conciencia de que nuestro espíritu es, fue, y será siempre sano.

La salud emocional consiste en la capacidad para aceptar la realidad, no para huir de ella.

La única manera de lograr una liberación significativa que influya en el comportamiento es que la persona enfrente su temor y descubra que no guarda relación con su vida actual.

La civilización actual nos impide experimentar la alegría de entregarnos al cuerpo; pero si no podemos confiar en nuestros sentimientos, perdemos contacto con la vida interior del cuerpo, la única capaz de darle riqueza y sentido a la vida.

En esta cultura es imposible ir más despacio o calmarse. La hiperactividad se nutre de la misma frustración que impulsa al niño hiperactivo; es decir, de la incapacidad de permanecer en contacto con el núcleo profundo e interno del propio ser, el alma o espíritu.

La nuestra es una cultura dirigida hacia afuera, puesto que tratamos de encontrar el sentido de la vida en la sensación, y no en el sentimiento.; en el hacer, y no en el ser; en poseer cosa y no en el propio “self”. Es una locura, y nos vuelve locos, porque nos cercena de nuestras raíces, que se hallan en la naturaleza, el suelo que nos sostiene, la realidad.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 6

Para recobrar el cuerpo.

Decir que el temor se encuentra estructurado en el cuerpo, no significa que no se le pueda liberar. Es preciso que la persona tome conciencia de él, y halle alguna forma de descargar la tensión

El odio no es malo, así como el amor no es bueno. Son emociones naturales que resultan apropiadas en determinadas situaciones.
Son pocos los padres que toleran el enojo de un hijo, y mucho menos los que toleran la expresión del odio.
Si es posible expresar el odio, se rompe el hielo y se reestablece el flujo de sentimientos positivos.
Al no poder expresar el odio, el niño se siente mal y se considera “malo”, no se siente un buen niño. La sumisión pasa a substituir al amor.
El enojo suprimido congela el amor del niño, que se convierte en odio y hace que el niño se sienta culpable y se vuelva sumiso.
El odio se convierte en una fuerza maligna solo cuando se le niega y se proyecta sobre otras personas inocentes.

El sentido del yo de un individuo se asienta sobre su sexualidad. La ansiedad, sentido
de culpa o inseguridad sexual, debilitan este asiento, y minan la fuerza de nuestro ego.
La sexualidad, es la función biológica de expansión (fuera del “yo“), desde el centro a la periferia
Para formar nuestro ego de un modo saludable, es necesario trabajar sobre nuestros problemas sexuales. Pero es igualmente necesario trabajar con el dominio de uno mismo y la expresión de sí mismo.

Dado que la actividad sexual, como la defecación y la micción, están estrechamente ligadas con nuestra naturaleza animal, tal vez resulte difícil aceptar que existe una conexión entre la espiritualidad y la sexualidad.
Un principio bioenergético básico establece que: la corriente de excitación es pulsátil, lo que significa, en lo que atañe a la sensibilidad, que no podemos ser más espirituales de lo que somos sexuales.
En otras palabras, la espiritualidad, disociada de la sexualidad, se convierte en una abstracción; y la sexualidad, disociada de la espiritualidad, en un acto puramente físico. El amor es la clave de esta fusión.
Es fundamental quitarnos la culpa que sentimos respecto a los sentimientos sexuales.
La espiritualidad es la otra cara de la sexualidad; ambas surgen del corazón.
Si ponemos nuestro corazón totalmente en cualquier actividad, esta se convierte en una expresión espiritual

Muchos sentimos vergüenza de nuestra sexualidad porque no se nos permitió desarrollarla como una expresión de amor, un deseo de estar cerca y unido a otra persona.
Escondemos, retenemos y negamos una parte de nosotros mismos por sentir culpa, vergüenza y miedo. Esa parte que retenemos, el enojo y el odio, es como un cáncer en la relación que la corroe lentamente.

Cuando se llega a adulto, se tiene tan arraigado el hábito de mantener oculta la sexualidad, que se pierde cualquier esperanza de encontrar a alguien a quien amar plenamente.
Las experiencias infantiles en sí mismas no son patológicas, pueden, debido a la inhibición actual, cargarse de un exceso de energía sexual.
Frenar nuestras emociones produce ansiedad neurótica.

A mi entender, un factor fundamental en el afán de tener éxito y poder es el deseo básico de ser amado. Pero el éxito, aunque pueda producir admiración, no reditúa verdadero amor. Para ser amado uno tiene que ser digno de amor, ser humilde, recurrir a los demás, abrir su corazón y ser vulnerable. Pero el individuo voluntarioso es altivo. Como lo hirieron de niño cuando era abierto y vulnerable, está ahora resuelto a no volver a sufrir ese dolor y esa humillación. Impondrá amor por medio de su poder y su posición. Probará su superioridad, y no llorará ni suplicará que lo amen. La intensidad de su afán es directamente proporcional a su avidez de amor, pero no sirve sino para frustrar ese deseo.

El individuo neurótico que suprimió sus sentimientos sexuales, se ve impulsado a actuar sexualmente buscando excitación y sentimientos. Esto se traduce en pornografía, promiscuidad, violaciones, abuso infantil, etc.
Tanto el consumo de pornografía, como la necesidad de prostitución, incluida la necesidad de promiscuidad, son síntomas de retraso psicosexual.
No podemos tratar este problema con sermones o enseñanzas morales, ya que procede de una pérdida de contacto con la naturaleza, y con nuestra verdadera naturaleza: la vida del cuerpo.

La mayoría de la gente mantiene rígida la base pélvica por el temor inconsciente de que al aflojarla podría producirse una descarga inesperada. Este temor se deriva de las experiencias primarias del entrenamiento para el control de los esfínteres.

Es sumamente importante no poner rígido el trasero. Estas tensiones representan el temor a “abandonarse”. Originadas en el entrenamiento de nuestra más tierna infancia en pos de una limpieza de excrementos, estas tensiones son ahora inconscientes, y bloquean la entrega total a la descarga sexual.
El individuo educado en una atmósfera de negación a la vida y al sexo,  contrae angustia de placer (miedo a la excitación placentera).

Un cuerpo sexualmente vivo se halla caracterizado por una pelvis de balanceo libre. La pelvis debe moverse espontáneamente con cada respiración. Igualmente, con cada paso que damos.
El modo en que una persona sostiene su pelvis, es pues un tema de estudio tan importante como el modo en que lo hace con su cabeza.

Las ansiedades y problemas sexuales afectan seriamente la salud física, emocional y mental de una persona.
No es suficiente con liberar a una persona de las ansiedades sexuales que pueda tener en su mente, es también necesario liberar a su cuerpo de la tensión, y restaurar la movilidad de su pelvis.

Para resolver el conflicto, en el nivel psicológico, el individuo tiene que adquirir una comprensión de su persona y de sus antecedentes. Físicamente, necesita movilizar la mitad inferior del cuerpo hasta sentirlo

lunes, 25 de agosto de 2014

la entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 5


La castración psicológica

Además, por lo general, cualquier respuesta sexual de parte del niño, lo expondrá a la reprobación y la humillación. Como forma de autodefensa, los niños suspenden sus sensaciones sexuales. Con esto, el amor queda desconectado del deseo sexual.

El niño que vive temeroso esta tenso, contraído, ansioso. Es un estado que genera dolor, y para no sentir ese dolor y ese temor, el niño se adormece a sí mismo. El proceso se convierte en una modalidad de vida para el sujeto. El placer queda subordinado . Se genera división entre cuerpo y ego.
La mayoría de la gente no se da cuenta de lo aterrada que está.  Cada músculo crónicamente tenso es un músculo aterrado. Es además, un músculo enojado, ya que el enojo es la reacción natural a la contención forzada y a la privación de la libertad. Y tiene tristeza, por la pérdida de su estado de excitación placentera.

El niño que teme a sus padres no tiene escapatoria; por consiguiente, tiene que negar y suprimir el dolor. Moviliza su voluntad en contra de ese sentimiento. Aprieta los músculos de la mandíbula, como diciendo: “no voy a tener miedo”. Al mismo tiempo, se disocia en alguna medida del cuerpo y de la realidad y niega el hecho de que sus padres sean hostiles.
Son medidas de sobrevivencia que por un lado permiten al niño seguir creciendo, y “llevar la fiesta en paz”, y, por otro, se convierten en una forma de vida, puesto que se estructuran en el cuerpo. El niño, lo sienta o no,  vive en estado de temor.
La rigidez se convierte en un mecanismo psicológico de supervivencia. La idea de aflojarla provoca temor.

Al igual que cualquier otra sensación, las sexuales se suprimen a través de una tensión muscular crónica que evita que la excitación invada la pelvis, o que la pelvis se mueva en caso de una sensación excitante.
De sobra esta decir, que se considera a la propia sexualidad como algo “sucio”, sensación que se localiza en la parte inferior del cuerpo.
Cuando la mitad superior del cuerpo domina la personalidad, perdemos la armonía natural. Debemos reestablecerla moviéndonos desde el suelo en respuesta al sentimiento.

Cuando uno vive en la cabeza, el cuerpo es visto como un instrumento de yo. La actividad sexual se convierte en una actuación, destinada a demostrar habilidad. No se experimenta como una expresión de amor.

Los niños suprimen muchos de sus sentimientos a fin de adaptarse a la situación en su hogar. Empiezan por contener la expresión del temor, la ira, la tristeza y hasta el gozo, pues creen que sus padres nos son capaces de enfrentarse con estos sentimientos. Como resultado se vuelven sumisos o rebeldes, ninguna de estas actitudes representa una genuina expresión de sentimiento. La rebelión, es a menudo una tapadera para la necesidad; la sumisión, una negación de la ira y el temor.

El objetivo de cualquier tipo de tortura es quebrantar el espíritu, la mente o el cuerpo de una persona. A muchos niños se les critica constantemente, lo que termina por quebrantar su espíritu.
Al cercenar nuestra agresión natural, perdemos la pasión. Sin pasión, no puede haber alegría.
A medida que nos conectamos con sí mismos y con los acontecimientos de la niñez, tomamos también conciencia de que nos sentimos traicionados por nuestros padres, lo que provoca un enojo intenso.
Es necesario cierta disciplina para mantener algún tipo de orden en el hogar. Pero disciplinar es una cosa, y quebrantar es otra.
Sin darse cuenta, la mayoría de los padres tratan a sus hijos de la misma forma en que sus padres los trataron a ellos.( a pesar de oír una voz interna que les dice que eso no esta bien).
Lo que más daña la personalidad del niño, es el impacto emocional de la experiencia.
El niño puede decir “amo a mi madre”, pero es posible ver en su cuerpo la falta de amor, de calidez, de entusiasmo placentero, de apertura. Es un “amor” que surge de la culpa y no de la alegría.

Dejamos atrás la niñez con la fuerte sensación de que hay algo malo en nosotros, de no ser lo que deberíamos ser. Intentamos satisfacer al otro y es un gran golpe ver que esto no funciona.
La actitud de estar atento -o ser consciente de uno mismo sin sentirse presionado- lo ayuda a uno a aprovechar su armonía natural.
En el mundo moderno, el tiempo es oro. Sólo en la infancia, y sólo para unos pocos niños que no son apremiados, el tiempo es placer.

viernes, 22 de agosto de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 4



La Autoconciencia

La armonía es un atributo natural de todas las criaturas que viven en estado de inocencia. Sin embargo, el hombre, a lo largo de su evolución, y a causa del desarrollo de su  extraordinaria corteza cerebral; al adquirir conocimientos sobre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, ante la necesidad de decidir, fue perdiendo poco a poco su armonía natural, ya no fue libre de obedecer a sus instintos ni de confiar en sus sentimientos sin estar seguro de que éstos no lo traicionarían.

Según la Biblia, antes de comer el fruto prohibido del árbol del conocimiento, el hombre vivía en el paraíso terrenal sin autoconciencia , igual que cualquier otro animal. Era inocente y conocía el júbilo de vivir en un estado de plenitud.

Parejo al conocimiento sobre el bien o del mal, sobrevino la necesidad de “decidir”, el hombre perdió su inocencia y se volvió autoconsciente. Una vez que comió el fruto del árbol de conocimiento, el hombre se hizo consciente de sí mismo. La armonía que había existido entre el hombre y la naturaleza comenzó a deteriorarse.

La autoconciencia es a la vez la gloria y la maldición de la humanidad. Es el rasgo que lleva al hombre a crear y también el que hace aflorar su deshumanización, su crueldad y su codicia. Al ser consciente de sí mismo, el hombre se ha convertido, hasta el momento, en un extraño en el mundo natural.

Se entiende, que la verdadera armonía no es algo que se aprende; es una de las dotes naturales del hombre, en tanto que también es otra creación de la vida.. Una vez perdida, sin embargo, para recuperarla, tenemos que entender por qué y cómo se ha perdido.

La armonía es la señal distintiva de la persona auténticamente amorosa. Esto implica un cuerpo flexible en el que hay una corriente de excitación y una sensación de vitalidad y de placer en la capacidad de moverse

La falta de armonía es una señal de “mal-estar”. Aunque los estudios han mostrado que la enfermedad mental está muy extendida en nuestra cultura, la mayoría de la gente no considera que sus síntomas personales de depresión, ansiedad, e inseguridad sean problemas emocionales graves, y si que lo son.

Definir la salud como la ausencia de enfermedad es una perspectiva negativa porque implica contemplar al cuerpo tal como un mecánico contempla un automóvil, cuyas partes pueden reemplazarse sin perturbar la máquina. Esto no es verdad en el caso de los organismos vivos y no lo es en consecuencia para los seres humanos. Nosotros tenemos sentimientos, cosa que ninguna máquina tiene; nos movemos espontáneamente, cosa que ninguna máquina es capaz de hacer, y estamos conectados de un modo muy profundo con otros organismos vivos y con la naturaleza. Nuestra espiritualidad se deriva de esta sensación de unión con una fuerza o un orden superior a nosotros mismos. Poco importa que nombre le demos, o que no lo mencionemos.

De lo que se ha dicho hasta ahora puede desprenderse, que la clave de la armonía radica en permitir que el cuerpo se mueva a sí mismo.  Si embargo, este proceso es destruido muy temprano en la vida porque en general, los progenitores desconfían de la vida, y por tanto de la capacidad del cuerpo en autorregularse.

 La disyuntiva que se nos presenta como Humanidad  es trascendente. Si podemos vivir en armonía con la naturaleza y con nosotros mismos, podremos vivir en armonía con nuestros hijos. Si en cambio pretendemos explotar a la naturaleza, inevitablemente explotaremos a nuestro hijos.
“El hombre es la única criatura que se afana al extremo de perder su conexión con Dios, con la vida y la naturaleza”.

La historia de la pérdida de armonía se repite con el nacimiento de cada individuo. Al igual que cualquier otro mamífero, el ser humano nace en un estado de armonía animal. Ya en sus primeros meses de vida, el recién nacido produce movimientos llenos de armonía. El más evidente es el de abrir la boca y extender los labios para succionar del pecho de su madre. A los pocos meses de nacer, el bebe extiende su brazo para tocar el cuerpo de la madre con un movimiento flexible y suave lleno de gracia.

Tarde o temprano, sin embargo, a lo largo de su desarrollo, los niños pierden la gracia en tanto se les obliga a amoldarse a expectativas externas en lugar de seguir sus impulsos internos.

Por ejemplo: cuando los impulsos propios del niño van en contra de los mandatos paternos se les enseña que esa conducta es mala. Si persiste en ella, es tildado de malo. Estaremos de acuerdo, en que casi todos los casos, los impulsos y la conducta de los niños pequeños son inocentes; el niño está siendo fiel a su propia naturaleza.
Por otro lado, mientras el chico pueda llorar abiertamente, su cuerpo se mantendrá flexible. Pero ha de llega un momento en que al niño se le reprende por llorar, y debe contener los sollozos y tragarse las lágrimas. Es en ese momento cuando el niño se ve privado de su armonía para convertirse en un individuo que “ya no es libre de perseguir su felicidad”.

Actividades tan inocentes como correr, hacer ruido o desplegar cualquier actividad pueden irritar a algunos padres, que exigirán  al niño que se calme, se porte bien y se quede quieto.
Sin duda, es necesario cierto control para criar a los hijos, pero muchas veces lo que se toma en cuenta no es lo mejor para el niño, sino lo mejor para el progenitor. A menudo, el conflicto se convierte en una lucha de poderes. Quienquiera que sea el que gane, ambas partes salen perdiendo. Ya se someta o se revele el chico, la unión afectuosa entre padre e hijo se deteriora

Por otro lado, durante el periodo oral, si un niño es destetado prematuramente, experimentará la pérdida de su mundo. Si esta pérdida se reafirma a través de respuestas inapropiadas por parte de los padres, puede conducir a la sensación de que “nunca voy a tener lo que quiero”.

Como forma de sobrevivencia, el niño se acoraza contra este sentimiento reteniendo el aliento y tensando los músculos del pecho, limitando la capacidad al amor y a la entrega de un vínculo íntimo.
A los tres años, muchos niños ya han sufrido una marcada pérdida de vivacidad.