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martes, 19 de marzo de 2019

¿Qué nos hace falta? parte 22 (final)

Condenar los sentimientos es condenar la vida.

El sentimiento, es la percepción de un movimiento interior del cuerpo.
Las tensiones musculares crónicas se presentan en todo el cuerpo como signos de impulsos bloqueados y sentimientos reprimidos.
Cada tensión impone un límite a la capacidad del individuo para expresarse.
La tensión muscular crónica, es el lado físico de la culpa. La culpa corresponde a carecer del derecho a ser libre, de hacer lo que uno quiere.  En sentido general, la culpa es la sensación de no estar uno  a sus anchas en su cuerpo, de no “sentirse bien”.
Por otro lado, uno no puede sentir culpa si esta “bien”, contento o alegre. Los dos estados -sentirse bien= sentir alegría; sentirse mal= sentirse culpable - son mutuamente excluyentes.

La culpa esta directamente conectada con la supresión del enojo. Esta supresión debilita los buenos sentimientos del cuerpo. La sensación de que algo esta mal constituye la base del sentimiento de culpa.
La libertad interior se manifiesta en la vivacidad del cuerpo. Corresponde a la libertad respecto de la culpa, la vergüenza y la autoconciencia. Es una manera de actuar espontánea, sin engaños, fiel al propio ser.

Hemos perdido contacto con el espíritu remolineante que anima nuestro ser y da sentido a nuestra vida.
Cualquiera que sea el medio empleado para establecer una conexión sensible con lo infinito, debe incluir al cuerpo, si se pretende que sea algo más que una idea que se tiene en la cabeza.

Es aconsejable hacer un viaje retrospectivo en el tiempo hasta nuestros primeros años. Es un viaje penoso, pues despierta recuerdos atemorizantes y evoca sentimientos dolorosos; pero al levantar la represión y anular la supresión del sentimiento, poco a poco cobrará vida plena el cuerpo que Dios creó.
No hay que tener miedo a los dolores del crecimiento, en especial cuando el objetivo es dejar que la vida fluya libremente por el cuerpo.

El infierno solo existe en las tinieblas de la noche. Los sentimientos supuestamente vergonzantes, peligrosos e inaceptables, son reacciones naturales frente a situaciones anormales.
El infierno es el inconsciente reprimido; el submundo donde están enterrados los terrores del pasado: la desesperanza, el tormento, las manías.

El inconsciente es la parte del cuerpo que uno no siente. Dichas zonas representan conflictos emocionales reprimidos.
Vivir en las honduras del propio ser puede ser penoso y aterrador al principio, pero también gratificante y gozoso si tenemos el coraje de atravesar el infierno que nos lleva al paraíso. Curiosamente, “El paraíso se encuentra en el centro del infierno”.

Fuimos inocentes y libres y conocimos la alegría, hasta que nuestro espíritu fue quebrantado cuando se nos hizo avergonzar y sentir culpa por nuestros impulsos naturales.
Para hallar al niño sepultado, debemos entrar en esas zonas obscuras de nuestro ser, en las tinieblas de lo inconsciente. Debemos hacer frente a los temores y peligros que implica ese descenso.

Un viaje al submundo, donde yacen  enterrados nuestros más grandes temores, como el miedo a la demencia y a la muerte. Si uno tiene el coraje de enfrentar esos temores, 
ingresará a un nuevo mundo de luz donde se han esfumado las nubes del pasado.

Todo lo que nosotros no queremos admitir en nuestro ser, conforma nuestra sombra.
La parte rechazada,(la sombra), por ley natural busca expresarse a través  del síntoma.
El camino del hombre es integrar aspectos de la sombra a la conciencia, y ser uno. La única solución es amigarnos con la sombra
Quien cumpla con su destino, gozará de paz interior y plenitud.

La sanación nace desde dentro, es un despertar, un renacimiento interior.
Sanación es la toma de conciencia de que nuestro espíritu es, fue, y será siempre sano.
La salud emocional consiste en la capacidad para aceptar la realidad, no para huir de ella.

El objetivo de cualquier tipo de tortura es quebrantar el espíritu, la mente y el cuerpo de una persona. A muchos niños se les critica constantemente, lo que termina por quebrantar su espíritu.
Al cercenar nuestra agresión natural, perdemos la pasión. Sin pasión, no puede haber alegría.

El odio no es malo, así como el amor no es bueno. Son emociones naturales que resultan apropiadas en determinadas situaciones.
Son pocos los padres que toleran el enojo de un hijo, y mucho menos los que toleran la expresión del odio.
Si es posible expresar el odio, se rompe el hielo y se reestablece el flujo de sentimientos positivos.
Al no poder expresar el odio, el niño se siente mal y se considera “malo”, no se siente un buen niño. La sumisión pasa a substituir al amor.El enojo suprimido congela el amor del niño, que se convierte en odio y hace que el niño se sienta culpable y se vuelva sumiso.

El odio se convierte en una fuerza maligna solo cuando se le niega y se proyecta sobre otras personas inocentes.
El niño puede decir “amo a mi madre”, pero es posible ver en su cuerpo la falta de amor, de calidez, de entusiasmo placentero, de apertura. Es un “amor” que surge de la culpa y no de la alegría.

Dejamos atrás la niñez con la fuerte sensación de que hay algo malo en nosotros, de no ser lo que deberíamos ser. Intentamos satisfacer al otro y es un gran golpe ver que esto no funciona.
Muchos sentimos vergüenza de nuestra sexualidad porque no se nos permitió desarrollarla como una expresión de amor, un deseo de estar cerca y unido a otra persona.

Todo nuestro sistema educativo padece este mal: se inculca en el estudiante una actitud exageradamente competitiva, y se le induce a reverenciar el triunfo en términos adquisitivos y hacer de ello su objetivo profesional.
Es necesario desarrollar un sentido de responsabilidad hacia sus congéneres, en lugar de glorificar el poder y el éxito.

Si queremos ayudar a que las personas se liberen de sus emociones negativas, es necesario comprender las fuerzas que dan origen a tales emociones; y para eso, primero debemos aceptar la realidad de esos sentimientos y no juzgarlos.
Al sacar a la luz la experiencia enterrada, se reduce la vergüenza, lo que permite sentir la herida y su miedo.

Escondemos, retenemos y negamos una parte de nosotros mismos por sentir culpa, vergüenza y miedo. Esa parte que retenemos, el enojo y el odio, es como un cáncer en la relación que la corroe lentamente.

Si buscamos en nosotros mismos los buenos sentimientos que son posibles cuando estamos en contacto con nosotros mismos, y nos entregamos al cuerpo, nadie podrá engañarnos ni maltratarnos. Nadie nos engañará porque no dependemos del otro para tener buenos sentimientos, y el respeto por nosotros mismos no permitirá que aceptemos el maltrato. Con esta actitud, todas las relaciones resultan positivas, porque, si no es así, les ponemos fin.
Nadie esta libre del dolor y las heridas, pero es necesario apartarse de aquellas situaciones donde se nos lastima constantemente.

La entrega al self y al cuerpo es un proceso muy doloroso al principio. Debido a eso, hay que trabajar lentamente con el cuerpo. Cada paso en la expansión o crecimiento implica una experiencia inicial de dolor, que desaparece a medida que la relajación o expansión se integra a la personalidad.
Por lo general, el dolor emocional, que es menos concreto, resulta más difícil de aceptar y tolerar que el dolor físico. El dolor emocional se siente en todo el cuerpo, en todo nuestro ser; es siempre la pérdida de amor. Cuando se corta una conexión de amor, nos quedamos sin una fuente de vida y de excitación placentera.

Los individuos que sobrevivieron a la pérdida de un amor durante la niñez, tienen mucho miedo de romper una conexión. La mera idea de estar solos es aterradora para muchas personas; despierta sentimientos que tenían en la niñez. Y si nuestro “self” es débil, inseguro y dubitativo, no nos resultará agradable estar a solas con él.

No tiene sentido buscar a alguien que nos devuelva la dicha de la niñez, la inocencia y la libertad. Debemos construir un “self” más fuerte, energizando el cuerpo y sintiendo nuestro enojo. Si no tenemos capacidad para luchar, nos convertimos en victimas cuyo objetivo es la sobrevivencia y no la alegría.
Los modelos neuróticos se mantienen gracias a la ilusión de que alguien pueda darnos el amor que deseamos con toda desesperación.

Para curarse, el paciente debe llegar a la conclusión de que existe algo mayor que él mismo, sea lo que fuere.El camino espiritual genuino nos conecta con nuestra totalidad, así como con la unidad de los demás. Los caminos insalubres provocan un sentimiento de separación.

El ser humano completo es aquel que de un estado enfermo, transmuta y trasciende hacia un estado de salud y sanación. Aquel que encuentra después del laberinto de la vida, su luz interior.
Aunar la razón y el corazón y formar así el corazón inteligente, para comprender y experimentar la realidad.


martes, 21 de junio de 2016

El Gozo, parte 3

Cap. 1 (continuación)

Dado que constituyen la vida del cuerpo, cuando se juzga buenos o malos a los sentimientos, se está juzgando a los individuos, no sus acciones.
Esto es lo que a menudo hacen los padres, cuando le dicen al niño que es bueno o malo por albergar determinados sentimientos. Se aplica en especial a los sentimientos sexuales, pero también a muchos otros. Los padres suelen hacerlo para avergonzar al niño por sentirse atemorizado, lo que lo obliga a negar su temor y a mostrarse valiente. Pero no sentir temor no implica que uno sea corajudo... lo único que significa es que uno no siente. Ningún animal salvaje distingue el bien del mal, siente vergüenza o culpa. Ningún animal en la naturaleza tiene un superego o es consciente de sí mismo. Está libre de toda coerción interna derivada del temor.
El sentimiento es la percepción de un movimiento interior; Si no hay movimiento, no hay sentimiento. Así, si uno deja caer inmóvil el brazo durante varios minutos, pierde la sensación del brazo; decimos que está “como muerto”. El mismo principio es valido para todos los demás sentimientos. La ira, por ejemplo, es el sentimiento correspondiente a un estallido de energía corporal que activa los músculos capaces de ejecutar la acción airada. Ese estallido es un impulso, que al ser percibido por la mente consciente crea un sentimiento. No obstante, la percepción es un fenómeno de superficie, lo cuál significa que el impulso solo origina el sentimiento cuando alcanza la superficie del cuerpo, incluyendo el sistema muscular involuntario.  Muchos pulsos del cuerpo no generan sentimientos a raíz de que permanecen confinados en el interior. No sentimos de ordinario el latido del corazón pues no alcanza la superficie. Si se hiciera muy intenso, su efecto se sentiría en ésta y seriamos conscientes de nuestro corazón.

Cuando un impulso llega a un músculo, este se predispone a actuar. Si es un músculo voluntario, la acción queda bajo, el  control del ego y puede ser limitada o modificada por la mente consciente. El bloqueo de la acción genera un estado de tensión en el músculo, que se carga energéticamente para actuar, pero no
lo hace debido al mandato de restricción que le envía la mente. Esta tensión es consciente, o sea que puede liberarse ya sea retrayendo el impulso o dándole otra forma de descarga (p. ej., pegar un puñetazo sobre la mesa en vez de pegárselo a otra persona en la cara). Sin embargo, en la medida en que el agravio
o la afrenta que provoco la ira continúe como elemento irritante perturbador, el impulso colérico no se retirará. Esto es lo que ocurre en las peleas entre padres e hijos, ya que estos últimos no pueden huir y librarse de la hostilidad de aquellos, y en la mayoría de los casos no tienen otra forma de descargar el impulso sin provocar mas ira y hostilidad aun en el progenitor. En estas circunstancias, la tensión se torna crónica y dolorosa. Solo se logra alivio anestesiando la zona, inmovilizándola a fin de que pierda todo sentimiento.

Los individuos que suprimieron la ira contra sus padres como consecuencia del temor muestran una marcada tensión en los músculos de la parte superior de la espalda, que en muchos casos se eleva y forma una curva, creando una figura parecida a la de un perro o gato cuando se disponen a atacar. Pero el sujeto no está en contacto con su actitud corporal ni con la ira potencial que subyace: esta ira está congelada y el individuo, anestesiado. Puede estallar la furia ante la menor provocación sin percibir que lo que esta ventilando es una ira suprimida mucho tiempo atrás. Lamentablemente, esta reacción airada no libera la tensión, pues es una explosión más que una verdadera expresión de la ira subyacente.

Estas tensiones musculares crónicas se presentan en todo el cuerpo como signo de impulsos bloqueados y de sentimientos perdidos. Cada tensión impone un limite a la capacidad del individuo para expresarse. La mayoría de los miembros de nuestra cultura padece considerables tensiones crónicas en su musculatura (en el cuello, el pecho, la parte inferior de la espalda y las piernas, por nombrar solo algunas zonas), que los mantienen atados, restringiendo la gracia de sus movimientos y anulando su capacidad para expresarse libre y plenamente.

La tensión muscular crónica es el lado físico de la culpa, pues indica el mandato que ha promulgado el ego contra ciertos sentimientos y acciones. Algunos sujetos que padecen estas tensiones crónicas sienten, de hecho, culpa, pero la mayoría no se da cuenta o no sabe porque la siente. En un sentido especifico, la culpa corresponde a carecer del derecho de ser libre, de hacer lo que uno quiere. En un sentido general, es la sensación de no estar uno a sus anchas en su cuerpo, de no “sentirse bien”. Cuando uno no se siente cómodo con su propio self‘ la idea subyacente es: “Debo haber hecho algo malo o equivocado”.
Por ejemplo, si uno miente, se siente mal o culpable porque ha traicionado a su verdadero self, a sus sentimientos auténticos. Es natural sentir culpa por la mentira. Hay gente, empero, a la que eso no le pasa, y es porque en realidad no sienten: han suprimido el sentimiento. Por otro lado, uno no puede sentir culpa si esta “bien”, contento o alegre. Los dos estados — sentirse bien = sentir alegría; sentirse mal = sentirse culpable — son mutuamente excluyentes.
En la mayoría de los casos un fruto prohibido provoca sentimientos mezclados. Sabe bien — una de las razones por las que se lo ha prohibido: como es obvio, no es necesario ningún
mandato contra un objeto o actividad indeseable o desagradable — pero como lo ha vedado el superego, o sea, la parte de la mente consciente que incorpora los mandatos parentales, no podemos entregarnos al placer que nos produce. Esto da origen a un “gusto amargo”, que pasa a ser el núcleo de nuestros sentimientos de culpa. Por supuesto, la sexualidad es el fruto prohibido de nuestra cultura y casi todos los seres civilizados padecen, en alguna medida, de culpa o de vergüenza en torno de sus sentimientos y fantasías sexuales. En los individuos narcisistas hay una negación y disociación de los sentimientos, con la consecuencia de que no sienten culpa ni vergüenza, pero tampoco amor. Estos sujetos parecen desinhibidos y libres en su comportamiento sexual, pero su libertad es externa, no interna; es una libertad en la acción pero no en los sentimientos. Sus actos sexuales constituyen una “actuación” mas que una entrega al amor. Para ellos el sexo es un acto, no una experiencia gozosa. Sin la libertad interna de sentir profundamente y de expresar con plenitud esos sentimientos, no puede haber gozo.

La libertad interior se manifiesta en el donaire del cuerpo, su suavidad y vivacidad. Corresponde a la libertad respecto de la culpa, la vergüenza y la autoconciencia. Como ya dije, es una característica del ser que todos los animales salvajes poseen, algo que está ausente en la mayoría de los seres civilizados. Es la expresión física de la inocencia, de una manera de actuar espontánea, sin engaños, fiel al propio ser.

Lamentablemente, una vez que se pierde la inocencia, no puede recuperarse. Al adquirir el conocimiento de lo correcto y lo incorrecto, al saber sobre la sexualidad, ¿estaremos condenados a ser pecadores? ¿Tendremos que vivir en la falsedad, la manipulación y el autoengaño?
Todas las religiones predican la salvación y nos dicen que no estamos condenados al infierno, ni siquiera al purgatorio, aunque en esta vida muchas personas viven en ese plano. La salvación exige la entrega a Dios, el abandono del egotismo, el compromiso con una vida moral. Pero es mas fácil decirlo que hacerlo. Hemos perdido contacto con Dios porque hemos perdido contacto con el Dios que está dentro nuestro: el espíritu remolineante que anima nuestro ser, el centro pulsante del self interno que aviva y da sentido a nuestra vida. El objetivo de la terapia es conectamos con el Dios interior, y este Dios reside en el self natural, en el cuerpo que ha sido, creado a imagen y semejanza de Dios. El self natural esta enterrado dentro de éste bajo muchas capas de tensión, que representan los mandatos del superego y los sentimientos suprimidos. Para alcanzarlo, el paciente debe hacer un viaje retrospectivo en el tiempo hasta sus primeros años. Es un viaje penoso, pues despierta recuerdos atemorizantes y evoca sentimientos dolorosos; pero al levantar la represión y anular la supresión del sentimiento, poco a poco cobrara vida plena el cuerpo que Dios creo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 9



Los sentimientos, la vida del cuerpo.

Los sentimientos son la vida del cuerpo, igual que los pensamientos son la vida de la mente.
Una persona debería ser lo bastante libre para poder expresar físicamente su ira cuando sea apropiado.
Una persona agresiva es alguien que se mueve hacia el cumplimiento de sus necesidades.
Toda acción expresiva es un acto agresivo en el sentido de que es “moverse hacia afuera”. Abrirse para amar, o buscar amor es una acción agresiva.
Por otro lado, tener un sentimiento que no somos capaces de expresar es un signo de pasividad.

Para curarse, el paciente debe llegar a la conclusión de que existe algo mayor que él mismo, sea lo que fuere.
El camino espiritual genuino nos conecta con nuestra totalidad, así como con la unidad de los demás. Los caminos insalubres provocan un sentimiento de separación.

Condenar los sentimientos es condenar la vida.

El sentimiento, es la percepción de un movimiento interior del cuerpo.
Cada tensión impone un límite a la capacidad del individuo para expresarse.
Las tensiones musculares crónicas se presentan en todo el cuerpo como signos de impulsos bloqueados y sentimientos reprimidos.
La tensión muscular crónica, es el lado físico de la culpa. La culpa corresponde a carecer del derecho a ser libre, de hacer lo que uno quiere.  En sentido general, la culpa es la sensación de no estar uno  a sus anchas en su cuerpo, de no “sentirse bien”.
Por otro lado, uno no puede sentir culpa si esta “bien”, contento o alegre. Los dos estados -sentirse bien= sentir alegría; sentirse mal= sentirse culpable - son mutuamente excluyentes.
La culpa esta directamente conectada con la supresión del enojo. Esta supresión debilita los buenos sentimientos del cuerpo. La sensación de que algo esta mal constituye la base del sentimiento de culpa

La entrega al self y al cuerpo es un proceso muy doloroso al principio. Debido a eso, hay que trabajar lentamente con el cuerpo. Cada paso en la expansión o crecimiento implica una experiencia inicial de dolor, que desaparece a medida que la relajación o expansión se integra a la personalidad.
Por lo general, el dolor emocional, que es menos concreto, resulta más difícil de aceptar y tolerar que el dolor físico. El dolor emocional se siente en todo el cuerpo, en todo nuestro ser; es siempre la pérdida de amor. Cuando se corta una conexión de amor, nos quedamos sin una fuente de vida y de excitación placentera.
Los individuos que sobrevivieron a la pérdida de un amor durante la niñez, tienen mucho miedo de romper una conexión. La mera idea de estar solos es aterradora para muchas personas.; despierta sentimientos que tenían en la niñez. (si nuestro “self” es débil, inseguro y dubitativo, no nos resultará agradable estar a solas con él.

No tiene sentido buscar a alguien que nos devuelva la dicha de la niñez, la inocencia y la libertad. Debemos construir un “self” más fuerte, energizando el cuerpo y sintiendo nuestro enojo. Si no tenemos capacidad para luchar, nos convertimos en victimas cuyo objetivo es la sobrevivencia y no la alegría.
Los modelos neuróticos se mantienen gracias a la ilusión de que alguien pueda darnos el amor que deseamos con toda desesperación.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Las bases biológicas de la fe y la realidad, parte 10

El sentimiento de fe
 
La pulsación y relación entre los dos polos puede mostrarse con un esquema, en términos del cuerpo, o dialécticamente. En el cuerpo, estas dos direcciones de flujo se localizan en el movimiento de la sangre, que después de salir del corazón, fluye hacia arriba, a través de la aorta ascendente y hacia abajo por la aorta descendente. Sabemos que en un momento de enfado,  o excitación muy fuerte la sangre se agolpa en la cabeza y cuando hay una excitación genital se agolpa en esa zona. Se sabe que si no llega riego suficiente de sangre a la cabeza puede causar la pérdida de la conciencia. Las figuras 1 y 2 muestran algunas de estas relaciones:



Si nos imaginamos que el cuerpo está dividido en su sección central por un anillo de tensión en el área diafragmática, los dos polos se transformarían en campos opuestos, en vez de ser dos extremos opuestos de una sola pulsación que se mueve en ambas direcciones simultáneamente o como los puntos extremos de un balanceo pendular que se mueve entre ellos. Pues bien, es una realidad que la mayoría de la gente tiene cierto grado de tensión diafragmática. Ya lo señalé anteriormente al referirme a la pérdida de sensaciones en el vientre, hara, debido a tener restringida la respiración abdominal profunda. Y también es cierto que casi todos los occidentales tienen cierto grado de “escisión”. El efecto de esta división, es una pérdida de la percepción de la unidad. Las dos direcciones opuestas de flujo se transforman en dos fuerzas antagónicas. La sexualidad se experimenta como un peligro para la espiritualidad, igual que la espiritualidad se contemplaría como una negación del placer sexual.
Se ha introducido un bloque en las figuras 3 y 4 para simular  donde se interrumpe el flujo de excitación.



Cuando no hay bloqueos que perturben el flujo, las emociones tienen un signo o calidad positivo. Cuando el flujo es bloqueado por tensiones musculares crónicas, dentro de cada zona hay un estancamiento de la excitación, que produce sentimientos de flujo negativo.

El sentimiento de fe es el sentimiento de la vida fluyendo en el cuerpo de un extremo a otro, desde el centro a la periferia y vuelta de nuevo. El individuo se siente como una unidad, como un continuo. Los diferentes aspectos  de su personalidad están integrados. No es una persona espiritual en tanto que opuesta a una persona sexual; no es sexual el sábado por la noche y espiritual el domingo en la mañana. No tiene dos caras. Su sexualidad es una expresión de su espiritualidad, porque es un acto de amor. Su espiritualidad tiene un sabor terrenal; es el espíritu de la vida, que respeta tal y como se manifiesta en todas las criaturas de la tierra. No es una persona cuya mente domine a su cuerpo, ni un cuerpo sin mente.

Pero igual de importante es su sentido de continuidad. La persona viene del pasado, existe en el presente, pero pertenece al futuro. La vida es un proceso continuo, un constante desvelar posibilidades y potencialidades que están ocultas en el presente. Si no se tuviera alguna esperanza y compromiso hacia el futuro, la propia vida se paralizaría, que es lo que les ocurre a los deprimidos. Biológicamente cada organismo está comprometido con el futuro a través de las células germinales que lleva en su cuerpo.

El sentido de continuidad también es horizontal. Estamos metabólicamente conectados con todos los seres vivientes de la tierra, desde los gusanos que orean el suelo hasta los animales que nos proporcionan nuestra diaria alimentación. Sentir esta sensación de estar conectado y actuar de acuerdo de acuerdo con él es la característica del hombre de fe, de un hombre que tiene fe en la vida. La propia fe es tan fuerte como la propia vida, porque es una expresión de la fuerza vital dentro de cada persona.

La gente que tiene verdadera fe se distingue por una cualidad que cualquiera reconoce: la gracia. Una persona con fe está llena de gracia en sus movimientos, porque su fuerza vital fluye fácil y libremente a través de su cuerpo, con la vida y con el universo. Su espíritu está encendido y la llama de la vida brilla dentro de ella. Tiene un lugar en su corazón para cada niño, porque cada niño es su futuro, y tiene respeto por los “mayores” porque ellos son la fuente de su ser y el fundamento de su sabiduría.


lunes, 7 de octubre de 2013

Bioenergética y Gestalt una visión integradora, parte 2

Mecanismos de defensa y carácter: 

Los tipos bioenergéticos.

Las defensas van apareciendo en el curso de la vida.
Se van estructurando en capas defensivas como círculos concéntricos.
La primera capa, empezando desde afuera, es la capa del ego, que contiene las defensas psíquicas: negación, proyección, reproche, desconfianza, racionalizaciones. Le sigue la capa muscular que es donde se encuentran las tensiones musculares crónicas que apoyan y justifican las defensas del ego y al mismo tiempo protegen al individuo contra la capa interior de sentimientos reprimidos que no se atreve a expresar. Después esta la capa emocional o de sentimientos, donde se incluyen las emociones reprimidas de ira, pánico o terror, desesperación, tristeza, dolor….y por último llegamos a la capa del corazón, de donde emana el sentimiento de amar y ser amado.

La terapia no puede limitarse a la primera capa. Aunque el individuo adquiera conciencia de sus tendencias a negar, proyectar, etc., este conocimiento rara vez afecta las tensiones musculares crónicas o libera los sentimientos reprimidos.

En Bioenergética, los distintos tipos de defensa se estudian bajo la estructura del carácter prevaleciente. El carácter se define como un modelo fijo de comportamiento, el modo típico en que un individuo lleva a cabo su lucha por el placer. Se estructura en el cuerpo bajo la forma de tensiones musculares crónicas y normalmente inconscientes, que bloquea o limitan los impulsos.

El carácter es también una actitud psíquica que se apoya en un sistema de negaciones, proyecciones y racionalizaciones y se adapta al ideal de un ego que afirma su valor. Ambas cosas, la actitud mental y la coraza muscular, constituyen el carácter o tipo bioenergético. Así, el carácter tiene dos aspectos: uno psicológico, y otro somático o muscular.

En Bioenergética, las diferentes estructuras de carácter o tipos de defensa se clasifican en cinco básicos:

Carácter esquizoide: usa su fuerza muscular para reprimir sus impulsos. Con todo, esa energía puede estallar si la represión es demasiado fuerte. La energía se vuelve hacia el centro del organismo. Muestra una personalidad dividida disociando el pensamiento con los sentimientos.
Lowen atribuye esto al rechazo y hostilidad de la madre al nacer el niño, de tal manera que éste siempre siente que se atenta contra su vida y  bienestar.    Esquizoide= la existencia frente a la necesidad.

 Carácter oral: Tipo débil emocional y somáticamente. La energía fluye del centro a la periferia pero no es abundante y va más hacia la parte superior y la cabeza que hacia los genitales y piernas. La parte superior de su cuerpo es más fuerte que la inferior. Es un niño grande que anhela constantemente atención, ayuda y cariño de los demás. Se cansa fácilmente y carece de constancia y perseverancia para realizar lo que quiere, porque espera como niño que le venga de afuera lo que desea. Su respiración es superficial, su contacto con el mundo es tímido e inseguro.
Lowen atribuye esto a la privación de una madre cariñosa sea por ausencia prolongada, por muerte, o por tener demasiado trabajo ya sea en casa o afuera. Por ese abandono o descuido primario, el tipo oral no pide ni busca lo que necesita por temor a ser rechazado.
Oral= la necesidad frente a la independencia.

Carácter masoquista: Estas personas están completamente cargadas, pero mantienen esa carga en su lugar para sentir como si estallaran. Tienen la energía embotellada. Son sumisos hasta el punto de no producir sus sentimientos interiores de ira, hostilidad y superioridad. El masoquista ha aprendido a humillarse y sujetarse externamente doblando la espalda y metiendo el trasero como perro regañado, pero interiormente esta lleno de resentimiento y negatividad. Las tensiones somáticas se encuentran principalmente en la garganta y en el ano de tal manera que el masoquista habla con quejas continuas y defeca con esfuerzo.
Lowen atribuye su causa a los cuidados excesivos y a las restricciones exageradas de los padres, especialmente de una madre dominante que impone su voluntad a la fuerza, aplastando toda la resistencia de parte del niño, o haciéndose la víctima para obligar al niño a doblarse con sentimientos de culpa.
Masoquista= la cercanía frente a la libertad.

Carácter psicopático: Este tipo niega sus sentimientos. Hace hincapié en el control y la fuerza. Energéticamente hay un serio desplazamiento de la energía hacia la cabeza. Su mayor temor es que se aprovechen de él. Carece de seguridad interna por lo que se esfuerza constantemente por sujetar servilmente y dominar a otros a fin de tener la ilusión de fuerza. Por eso niega todo sentimiento y hace alarde de fuerza, incluso en la actividad sexual.
Lowen dice que de pequeño sintió violada su dignidad por la seducción solapada de uno de los padres. Al crecer, trata de desarrollar la parte superior de su cuerpo para sujetar y abusar de otros como lo hicieron con él.

Carácter Rígido: el tipo rígido tiene un cuerpo bien desarrollado y lleno de vitalidad, pero carece de libertad de entrega y de descarga. Su estructura semeja un tubo rígido cargado de energía especialmente en sus extremidades por lo que el rígido se muestra frecuentemente obstinado en su modo de pensar y compulsivo en su sexualidad y en toda su conducta, ahogando toda expresión de sentimientos y amor. Tiene miedo a entregarse.
La causa la pone Lowen en la frustración que tuvo cuando niño al expresar su amor a sus padres y no recibir respuesta ni reciprocidad. Rígido= la libertad frente al sometimiento.

La personalidad de un individuo se determina por su vitalidad o sea por la fuerza de sus impulsos y las barreras que ha levantado para controlarlos.
Los terapeutas bioenergéticos consideran al paciente como un individuo único que esta luchando por los placeres