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miércoles, 19 de diciembre de 2018

¿Qué nos hace falta? parte 9

Supresión frente a negación de los sentimientos

Una emoción es un movimiento, - moción - significa acción y efecto de moverse o ser movido; el prefijo -e-  indica que el movimiento es en dirección hacia fuera. Todo movimiento se produce desde el centro hacia la periferia, donde se expresa en una acción. El sentimiento de amor, por ejemplo, se experimenta como un impulso para llegar hasta alguien; la ira, como el impulso de golpear; la tristeza, como el impulso de llorar. El impuso de la emoción debe alcanzar la superficie del cuerpo para que se pueda experimentar como un sentimiento. Sin embargo, cuando no es así, se produce una acción abierta.

La inhibición del movimiento a causa de la tensión muscular  crónica tiene el efecto de ahogar los sentimientos. Tal tensión produce una rigidez en el cuerpo, una muerte parcial del mismo. No es sorprendente que los soldados tengan que ponerse firmes y rígidos cuando se requiere su atención. Como hemos visto, un buen soldado tiene que suprimir gran parte de sus sentimientos y convertirse en realidad, en una máquina de matar.
Puede saberse cuales son los sentimientos que se han reprimido estudiando el patrón de las tensiones. Cuando ésta se concentra, por ejemplo, en los músculos de la mandíbula, se está inhibiendo el impulso de morder. Sin embargo, tales impulsos pueden salir a la superficie en forma de un sarcasmo mordaz. Una mandíbula apretada puede también bloquear el impuso de succionar, reprimiendo así el deseo de cercanía y contacto. El nudo que oprime la garganta impide llorar y así la persona ahoga los sentimientos de tristeza. La rigidez de la espalda y los hombros disminuye la intensidad de una reacción de ira.

La rigidez corporal general mata el cuerpo al restringir la respiración y disminuir la motilidad. Sin embargo, muchos narcisistas tienen un cuerpo bastante ágil y flexible. Su cuerpo aparenta tener vida y gracia, pero actúan sin sentimientos, lo que significa que para recortar los sentimientos existe otro mecanismo distinto al bloqueo del movimiento. Éste es el bloqueo de la función perceptiva.
Puesto que la percepción es una función de la conciencia, está generalmente sujeta al control del ego. Normalmente percibimos aquellas cosas que nos interesan e ignoramos las demás. También centramos deliberadamente la atención en ciertos objetos o situaciones cuando queremos percibirlos con mayor claridad. Pero, por el mismo proceso, rechazamos verlos o los ignoramos. A menudo ésta es una decisión subliminal, al margen de la conciencia. Por ejemplo, pocos son los padres que advierten la infelicidad en la cara de sus hijos. Y los niños aprenden con rapidez a no ver la ira y la hostilidad en los ojos de sus padres. No queremos ver la expresión de nuestra propia cara cuando nos miramos al espejo. Es posible que un hombre se recorte el bigote sin ver cuán apretados y crueles son los labios que hay debajo. En efecto, no vemos lo que no queremos ver.

No queremos ver aquellos problemas que nos parecen sin solución. Verlos nos colocaría en un intolerable estado de estrés y de dolor, que representaría una amenaza  para nuestra salud mental. De hecho, bloqueamos o negamos ciertos aspectos de la realidad a modo de autodefensa. Sin embargo, esta negación implica un reconocimiento previo de la situación. En primer lugar, vemos la situación que nos resulta dolorosa y, después, nos damos cuenta de que no podemos estar a su favor ni tampoco cambiarla, así que negamos su existencia. Cerramos los ojos a ella.
Al principio, pues, la negación es consciente. No obstante, con el tiempo, esa negación se vuelve inconsciente. En su lugar, creamos una imagen de una situación feliz o agradable, que nos permite ir tirando como si todo fuera estupendamente. El punto clave de tal tensión está en la base del cráneo, en los músculos que ligan la cabeza al cuello. Dicha tensión parece bloquear el flujo de las emociones que va desde el cuerpo hasta el interior de la cabeza, que queda así desconectada del sentimiento corporal.

La terapia es un proceso mediante el cual se amplía la conciencia, la expresión y la posesión del yo, que es la capacidad de contener y mantener los sentimientos intensos. La rigidez y las tensiones corporales tienen que irse reduciendo gradualmente, de forma que el cuerpo llegue a tolerar el alto nivel emocional que va asociado a la intensidad de los sentimientos. La mejor forma de enfocar este objetivo es combinar el análisis con el trabajo corporal intensivo.

El grado de sentimiento  

 La expresión de los sentimientos en los individuos narcisistas suele tomar dos formas: la rabia irracional y la sensiblería o sentimentalismo.
Probablemente, los padres que maltratan físicamente a sus hijos han pasado ellos mismos por una situación similar cuando eran niños. Han negado los sentimientos que generó aquella experiencia y por eso no los tienen ante sus hijos.

La terapia es un proceso de conexión con el yo. El enfoque que tradicionalmente se ha utilizado para ello ha sido el análisis. Toda terapia debe incluir un análisis exhaustivo de la historia del paciente para poder descubrir las experiencias que han moldeado su personalidad y determinado su conducta. Por desgracia, trazar la línea de la historia no es fácil. La supresión y negación de los sentimientos también lleva consigo la represión de los recuerdos significativos. La fachada que levanta una persona esconde su verdadero yo ante sí misma y ante el mundo. No obstante, el análisis puede trabajar con otras cosas, además de con los recuerdos. El análisis de los sueños es una forma de conseguir más información. Y también está el análisis de la conducta actual.

Conectar con el yo requiere algo más que el análisis. El yo no es un constructo mental, sino un fenómeno corporal. Estar conectado con el yo significa ser consciente de los sentimientos y conectar con ellos. Para conocer los propios sentimientos hay que experimentarlos en toda su intensidad, y esto sólo se consigue cuando se expresan. Si la expresión de los sentimientos está bloqueada o inhibida, estos se suprimen o se minimizan. Una cosa es hablar del miedo y otra sentirlo. Decir Estoy enfadado, no es lo mismo que notar como esta emoción agita el cuerpo. Para poder sentir plenamente la tristeza, por ejemplo,  hay que llorar.

martes, 26 de julio de 2016

El Gozo, parte 9

Capítulo 3 (continuqación)

La voz es el resultado de las vibraciones producidas en la columna de aire cuando atraviesa las cuerdas vocales. Las variaciones en el sonido son generadas por el diámetro de la abertura de la garganta, cuyas cámaras de aire son utilizadas para crear resonancia, y por la cantidad de aire.  La voz humana tiene una gama muy amplia de expresiones, correspondientes a todo lo que una persona es capaz de sentir. No solo la voz puede expresar todas las emociones mencionadas, sino que puede modificar la intensidad del sonido en consonancia con la intensidad del sentimiento. La voz es uno de los canales principales para la expresión del sentimiento, y por ende para la expresión de sí; toda limitación impuesta a la voz es una limitación a la autoexpresión y constituye una merma en el sentido del self. En el lenguaje corriente esta relación se indica cuando se afirma que alguien “no tiene voz” en sus propios asuntos.

 Dado que todos los pacientes sufren una merma de su autoestima o de su sentimiento de sí, en lo que atañe a su derecho a “tener voz”, en una terapia tendiente a enaltecer el self es importante trabajar con la voz. Muchos niños han atravesado experiencias penosas o aterradoras que les hicieron perder la voz.

 El hecho de gritar tiene siempre, por su propia índole, un elemento de histeria, por cuanto es una expresión incontrolada. Uno puede aullar sin dejar de controlarse, pero no gritar. Gritar es “perder la chaveta”; es cuando el ego es desbordado por el estallido emocional. Esta reacción catártica sirve para aliviar la tensión. En tal sentido, actúa como la válvula de seguridad de una maquina de vapor, que lo suelta si la presión se vuelve demasiado grande. En general, la persona gritara cuando el dolor o estrés de una situación se le torna intolerable. En tales circunstancias, si no puede gritar de hecho puede “perder la chaveta” o enloquecer.

El sollozo y el llanto también reducen la tensión y alivian el estrés, pero por lo común uno llora cuando el trauma o daño ha terminado. El grito, en cambio, es un intento de evitar el trauma o, al menos, de atemperar la gravedad del ataque. Gritar y llorar son reacciones involuntarias, aunque en la mayoría de los casos el sujeto puede iniciar la acción o detenerla. A veces escapa a su control, y entonces gritara o llorara histéricamente, como si no pudiese parar; pero siempre se detendrá cuando se le pase la furia. En nuestra cultura tenemos un gran tabú respecto de la conducta descontrolada porque nos produce miedo; es un signo de carácter débil o infantil. Y es cierto que, en algún sentido, al gritar o llorar uno vuelve a un tipo de conducta mas infantil, pero esa regresión puede ser indispensable para proteger al organismo de los efectos destructivos de la supresión de los sentimientos.

La capacidad de soltar el control en el momento y lugar apropiados es un signo de madurez y de dominio de sí, pero cabria preguntarse: si uno decide conscientemente soltarse y entregarse al cuerpo y a sus sentimientos, ¿está realmente fuera de control? ¿Qué control tiene sobre sí un individuo al que le aterra gritar y bloquea a tal punto su llanto que no puede expresar estos sentimientos? La capacidad de soltar el control del ego incluye la de restablecerlo cuando es aconsejable o necesario. El paciente que se suelta en un ejercicio bioenergético, pateando y gritando en una aparente perdida de su control, suele darse cuenta perfectamente de lo que ocurre y puede detener la acción a voluntad. Es como montar a caballo. Si el jinete tiene miedo de entregarse al animal, si procura controlar todos y cada uno de sus movimientos, pronto comprobara que no lo controla en absoluto. La persona aterrada de soltar su control no controla nada: es controlada por su temor. Cuando uno aprende a abandonarse a sus sentimientos intensos a través de la voz y el movimiento, pierde el miedo de entregarse a su self.

Los niños nacen inocentes, sin inhibiciones ni culpas respecto de sus sentimientos. Muchos, en ese temprano estadio de beatitud, sienten gozo. Cuando establezco contacto visual con niños de uno a dos años, veo que sus ojos se iluminan y aparece en su rostro una mirada de placer. Invariablemente se dan vuelta, llevados por la timidez o la cohibición, pero a los pocos minutos me miran otra vez con el fin de recobrar la excitación y el placer que les provoco ese contacto. Vuelven a apartar la vista, pero esta vez por menos tiempo. El niño podría seguir jugando a este juego durante mucho tiempo; mis ocupaciones y responsabilidades adultas me obligan a dejarlos. No se si la vida de ellos estará o no llena de gozo. Algunos tienen el rostro y sobre todo los ojos tan relucientes, que estoy seguro de que si. Otros parecen tristes o afligidos, pero aun ellos se encienden cuando se establece un contacto visual placentero.

También he visto a los adultos encenderse con este contacto visual, aunque de un modo tan provisorio y fugaz que uno puede percibir su embarazo y su culpa. Pero hay muchos cuyos ojos no se encienden ni pueden hacerlo porque se ha enfriado gravemente ese fuego interno del espíritu que llamamos pasión. Se lo advierte en la oscuridad de la mirada, la tristeza de la expresión facial, la adustez del mentón y la tiesura del cuerpo. Perdieron su capacidad de gozo en su infancia, cuando se aniquilo su inocencia y su libertad.

A varios les he oído decir: “Soy un sobreviviente”. Creo que esto es digno de merito si se han atravesado situaciones amenazadoras como la de los campos de concentracióon nazis; pero esa declaración suele acarrear consecuencias presentes y futuras. De hecho, es como si el sujeto dijera: “Puedo tolerarlo. Soy capaz de sobrevivir en situaciones que harían sucumbir a otros. Puedo soportar "ataques agresivos o destructivos”. Si uno esta atendiendo a su supervivencia, no prevé que pueda haber gozo y no reacciona frente a éste. Un caballero armado con su escudo y su coraza no se pone a bailar un vals. La actitud que lo predispone a uno a enfrentarse con una catástrofe no lo predispone a disfrutar de la vida. Esto no quiere decir que esos individuos que se autotitulan “sobrevivientes” no desean disfrutar: pero una cosa es querer gozar y otra es estar abierto al gozo. Si la vida gira en torno de la supervivencia, no está abierta al placer. Si uno se acoraza contra un posible ataque, no estará abierto al amor.

La apertura a la vida, a una persona así, la hace sentirse muy vulnerable, y su temor hace que vuelva a cerrarse.
Si el camino hacia el gozo pasa por la entrega al self, o sea, por los propios sentimientos, el primer paso del proceso terapéutico consiste en percibir y expresar la tristeza.
“¡Dios mío, Dios!” Estas palabras son el mas profundo y espontáneo pedido de ayuda de una persona. Todos las decimos en alguna ocasión, cuando llegamos al punto en que sentimos que la presión o el dolor es excesivo. No es el llanto de un sobreviviente que piensa que no debe dejarse quebrar bajo ninguna circunstancia. Las emitimos cuando sentimos que ya “no damos más”, que “es demasiado”. Lo sorprendente es que si se dicen con sentimiento, fácilmente conducen al llanto. La palabra “Dios”, con dos consonantes a cada lado del diptongo, se asemeja al sonido de un sollozo. Cuando la gente se echa a llorar profundamente, o sea, cuando solloza, a menudo dirá de manera espontánea “!Oh Dios, oh Dios!”.

Si el llanto es ahogado, uno no puede respirar, porque ha sofocado el flujo de aire al constreñir la garganta.
La capacidad de hablar y de gritar es la base para que un individuo sienta que “tiene algo que decir” en sus asuntos personales. Los prisioneros y los esclavos, que no son gente libre, no tienen “nada que decir”; pero también los niños pueden caer en esta categoría si los han amedrentado tanto que no pueden emitir ningún sonido fuerte. Aunque no se conviertan en esclavos, aprenden a someterse y a quedarse quietos como técnica de supervivencia. Esta técnica suele perdurar en la vida adulta y no se la abandona a menos que la persona experimente que, por mas que grite y aúlle, no la castigaran. Por otro lado, hay individuos para los que el gritar es casi un modo de vida (conducta histérica). Creo que ambas pautas se desarrollan en familias donde los padres se caracterizan por su violencia real o potencial. Si el niño no queda aterrado, puede identificarse con el padre y adoptar su misma pauta de conducta; si en cambio ésta lo aterra, se replegara en si mismo y se quedara quieto y sometido.

martes, 19 de julio de 2016

El Gozo, parte 8

3. ¡Oh Dios!
El llanto: la emoción liberadora

Las tensiones musculares crónicas que ahogan y aprisionan el espíritu se desarrollan en la niñez por la necesidad de controlar la expresión de las emociones intensas (temor, tristeza, ira y pasión sexual). Desde luego, estos controles no siempre son eficaces, ya que el sentimiento es la vida del cuerpo y a veces la vida se afirma a sí misma pese a los intentos de control del individuo.
Originariamente, el temor a la expresión se vinculaba con el temor a las consecuencias que esa expresión podría acarrear, pero en el adulto, si tal temor persiste, es irracional. Por ejemplo, expresar en una sesión terapéutica la ira que a uno le provoco el modo en que lo trataron cuando era chico no puede, por cierto, causar ningún castigo ni tener ninguna consecuencia seria. Lo que se teme son los sentimientos mismos, vividos como amenazadores. Muchos abrigan una cólera asesina porque su espíritu fue quebrantado de niños y temen que en caso de perder el control pudieran matar a alguien.

No es suficiente saber que uno está enojado, hay que sentirlo; y lo mismo es valido para el temor, la tristeza, el amor o la pasión sexual.
Uno no puede sentir una emoción si no la expresa en un gesto, una mirada, el tono de la voz o un movimiento corporal. Ello se debe a que el sentimiento es la percepción del movimiento o impulso; Como ya he dicho, distingo entre la expresión emocional y el estallido histérico. En éste último, el ego (que es el órgano de la percepción) no está conectado con la acción, y el resultado es que a ésta no se la percibe como una emoción. No es raro ver que alguien tiene un ataque de furia pero niega estar enojado.
Creo que la gente le tiene mas temor a su tristeza que a cualquier otra emoción. Esto puede parecer extraño, ya que la tristeza no parecería ser un sentimiento aterrador. El temor se vincula con la profundidad de la tristeza. En la mayoría, se aproxima a la desesperanza, y temen, consciente o inconscientemente, que si abandonan su afán de contenerse, podrían sumirse en un pozo de desesperación sin esperanzas de salir.

Ahora bien: si no se permiten sentir esa desesperación, pasarán toda la vida luchando por mantenerse erguidos, sin seguridad alguna y por cierto sin que les sobrevengan sentimientos positivos. Si se dejan caer en la desesperación, advertirán que ésta emana de situaciones infantiles y ya no tiene relevancia en la vida actual del adulto. Por supuesto, si uno usa toda su energía en sostener su  self, o presentar una fachada negadora positiva, jamás alcanzará la seguridad, la paz y alegría que a vida ofrece.

El hecho es que algunos pacientes no puede llorar y la mayoría no lo puede hacer intensamente, lo que les impide sentir su aflicción y es un obstáculo para que logren gozar. Si se quiere ayudarlos, hay que comprender la estructura tensionante que bloquea su expresión y conocer las técnicas corporales que podrán permitirles salir de su bloqueo.
Un cambio profundo y significativo solo tiene lugar cuando hay entrega al cuerpo, por haber revivido el pasado emocionalmente. En este proceso, la primera etapa consiste en llorar.
Llorar es aceptar la realidad presente y pasada. Al llorar sentimos nuestra tristeza y nos damos cuenta de lo heridos que estamos, de cuánto hemos sido heridos. Si un paciente me confiesa: “No tengo de qué llorar”, como algunos lo han hecho, lo único que puedo responderle es: “Entonces, ¿por que está aquí?” Todos tienen algo de que llorar en nuestra cultura. La mera falta de gozo en la vida ya es un motivo suficiente. Algunos me han dicho: “He llorado mucho, pero no me hizo bien”. No es verdad. El llanto no cambiará, sin duda, el mundo exterior; no les traerá amor ni éxito, pero si cambiara su mundo interno. Aflojara la tensión y el dolor.

Esto se comprende mejor si se observa lo que le sucede a un bebe cuando empieza a llorar. El bebé llora cuando siente alguna aflicción o congoja. Su llanto es un llamado a la madre para que ésta elimine la causa de su aflicción, que hace que su cuerpo se contraiga y ponga rígido — la reacción natural ante el dolor y el malestar —. El cuerpo del bebé reacciona más intensamente porque está mas vivo, más sensible y más tierno. Además, carece de la capacidad del ego para tolerar el dolor. Incapaz de soportar la tensión, comienza a temblar; el mentón se le frunce, y un instante después el cuerpo se estremece con un sollozo profundo. Los sollozos son convulsiones que recorren todo el cuerpo en un intento de aliviar la tensión provocada por la aflicción. El bebé seguirá llorando en la medida en que esta última continúe, o hasta que se agote. En ese momento, cuando ya no tiene mas energía y no puede seguir llorando, se duerme para proteger su vida.

Existe la creencia generalizada de que un buen episodio de llanto lo hace sentir mejor a uno. Un “buen llanto” es lo bastante sostenido y profundo como para aliviar un monto significativo de la tensión generada por alguna aflicción. Verter lagrimas es también un mecanismo para aflojar tensiones de los ojos y, en alguna medida, del resto del cuerpo, ya que éste se suaviza con el sentimiento de tristeza. Los ojos se congelan par el temor, se contraen por el dolor y se vuelven turbios por la tristeza. El proceso de echar a rodar las lagrimas es como un ablandamiento y fusión, semejante a la que se produce con el hielo o la nieve en la primavera. Los ojos que no lloran se ponen duros, secos y quebradizos, lo cual puede perjudicar sus funciones. Llorar derramando lagrimas es una acción muy humana; ningún otro animal más que el hombre la realiza. Refleja su capacidad para advertir la tristeza, dolor o aflicción de otro ser.
De ahí que la mayoría de la gente llore cuando ve una película triste, en tanto que rara vez solloza. Cuando uno solloza, lo que expresa es su propio pesar y dolor. Creo, pues, que la capacidad de verter lagrimas, de llorar, es la base de la capacidad para sentir compasión.

El sollozo no es la única forma de expresión vocal que deriva de sentimientos de tristeza, pesar o aflicción. Si el dolor es intenso y aparentemente no tiene fin, el llanto toma la forma de un quejido. El quejido es un sonido más continuo y más agudo. Expresa una herida profunda, sentida en el corazón, como la que produce la muerte de un ser querido; de ahí que el quejido sea la reacción típica de las mujeres a quienes se les muere su amado. Otro sonido relacionado con el llanto es el lamento, que en contraste con el quejido, es más grave o de más baja frecuencia. Uno se lamenta ante un dolor incesante y de antigua data.

Hay en el lamento un factor de resignación que está ausente en el quejido o el sollozo. Estos sonidos se asocian con el dolor, la aflicción, la herida y la pérdida; son los sonidos del pesar y la tristeza, no del gozo, que tiene su propia gama de expresiones vocales. La risa, verbigracia, se parece al sollozo pero tiene un tono positivo, un final “dinámico”. Y hay gritos de deleite así como hay gritos de tormento. Uno puede cantar las melodías mas alegres y las mas tristes.

Como este estudio se refiere a los sentimientos, importa reconocer que la voz es el medio de expresión de muchos de ellos. También podemos expresar sentimientos mediante acciones, pero en tal caso la expresión proviene de otro lugar, a saber, la musculatura, que es el mecanismo que tiene el cuerpo para la acción. Una sonrisa, un abrazo, un golpe, una caricia, expresan sentimientos. Si un individuo no experimenta el sentimiento correspondiente a una acción, es porque la acción es mecánica y está disociado de ella.
Lo mismo cabe decir de la voz. Muchas personas hablan en un tono seco y mecánico que no transmite sentimiento alguno. También en este caso están disociados de su cuerpo, al que han sometido al control del ego. Muchos, por ejemplo, son incapaces de sollozar a raíz de que suprimieron esta expresión del sentimiento mediante tensiones crónicas de la garganta. Otros no pueden sentir o expresar la ira. Son inválidos emocionales, que tampoco podrán sentir jubilo ni ninguna otra emoción intensa. En mi opinión, una terapia que no ayuda a recuperar la expresión de sí como función natural es una terapia fracasada.




viernes, 15 de julio de 2016

El Gozo, parte 7


CAp. 2 (continuación)

Todo terapeuta se percata de la necesidad de traer a la conciencia tales sentimientos negativos para poder elaborarlos.
En el psicoanálisis clásico el paciente está tendido en el diván y el acento recae en las palabras que pronuncia. El principal material del proceso analítico son los pensamientos, al par que la pasividad y quietud de la situación analítica elimina o disminuye toda otra forma de expresión de sí. Cuando un sujeto se pone de pie adopta una posición adulta que permite que el foco se desplace al presente, que es donde se encuentran sus problemas. Por su postura, el terapeuta puede inferir como se sostiene y se presenta ante el mundo. La postura mas común que he visto expresa pasividad: el individuo traba las rodillas y todo su peso recae sobre los talones, como si estuviera esperando que le digan que debe hacer. En esa posición está tan desequilibrado, que bastaría un leve empujón para hacerlo caer hacia atrás. Uno percibe que fue educado de niño para ser bueno y obediente. Si se le pide que flexione las rodillas y desplace su peso hacia la parte delantera de los pies, la expresión cambia y se lo ve mas acometedor, mas preparado a avanzar o a actuar. La postura de pie permite al terapeuta evaluar el grado de enraizamiento del paciente, físicamente en relación con el piso y psicológicamente en relación con su cuerpo.

En la terapia bioenergética el paciente no siempre esta de pie. Al comienzo de la sesión paciente y terapeuta se sientan frente a frente para que el primero pueda contarle que le sucede. A partir de ahí, el paciente puede trabajar sus sentimientos ya sea acostado o parado. La tristeza, por ejemplo, se expresa por lo general mucho mejor cuando uno está acostado, en tanto que en ésta postura se dificulta la expresión de la ira.

Uno puede enojarse sentado, pero en tal caso la expresión de su ira se limitara a las palabras y ademanes. Si uno observa a una persona golpear la cama estando parada, en cambio, nota que su acción está bien enraizada en la realidad de su enojo. El individuo que golpea indiscriminadamente y con toda furia, en lugar de hacerlo con enojo simplemente y de manera más focalizada, no siente nada en las piernas y pies que lo mantenga conectado con su cuerpo y el suelo. La expresión de furia no ayuda a descargar la tensión, y mantiene al paciente “colgado” y desconectado de la irrealidad.

Cuando comencé mi practica clínica, trabaje con un psicólogo gravemente deprimido. Se recupero tan bien que luego vino a verme su esposa, y me dijo: “Usted fue el único terapeuta capaz de lograr que mi marido “se apoyase de vuelta sobre sus propios pies”. Le conteste que lo había logrado... haciendo que se apoyara sobre sus propios pies. Esto no significa que el hecho de que una persona se pare le permitirá superar su depresión, pero es un avance en ese sentido. En mi opinión, mantenerla sentada en una silla o acostada en un diván, solamente hablando, es una desventaja para el proceso terapéutico.

Si se quiere que la alegría caracterice a la propia vida, ella no puede depender de ninguna experiencia especial. Estoy seguro de que todos han conocido momentos de gozo como resultado de la irrupción de alguna emoción intensa, que origina un sentimiento de libertad o de liberación. Es como cuando el sol irrumpe a través de las nubes durante un corto tiempo, y luego vuelve a cubrirse. Admitamos que no es posible que el sol brille todo el tiempo... Pero nos gustaría que por lo menos lo hiciese la mayor parte del tiempo. Demasiadas personas viven en medio de las tinieblas de su pasado, causadas por imágenes aterradoras que no ven con  claridad y que asedian su inconsciente produciéndoles sueños perturbadores en la noche y vagas ansiedades durante el día. El psicoanálisis surgió como una técnica destinada a traer a la conciencia esos recuerdos reprimidos a fin de hacer su abreacción y descargarlos.

Creo que esto esencial en toda terapia. Para que el sol pueda brillar y calentarnos, debe precederlo el amanecer. En análisis lo llamamos la “comprensión intuitiva” (insight), que uno adquiere cuando la luz de la conciencia disipa la oscuridad del alma.

Muchas personas no se conectan con su cuerpo, o a lo sumo solo lo hacen con algunas partes de él. No están enraizadas en la realidad de su cuerpo. Las partes con las que uno no se conecta contienen los sentimientos aterradores que son el equivalente de las imágenes mentales aterradoras. Por ejemplo, la mayoría de la gente no siente su espalda, pese a que ésta desempeña un papel trascendental al respaldar al individuo y sustentarlo cuando sufre presiones. Esta función se vincula con el hecho de tener una espina dorsal, o sea, con el hecho de no ser un “gusano” ni un “flojo”. La columna vertebral solo puede cumplir dicha función si el individuo la vivencia como una estructura energética viva. Si es demasiado débil o dócil, el individuo carecerá de la capacidad para “respaldar” su posición y los demás lo verán como un “flojo”. Si es demasiado rígida, puede quedar inmovilizado en una postura de resistencia que bloquee su capacidad para responder al amor y a la vida. La tensión crónica es el equivalente del temor. Como éste inmoviliza al individuo, inmovilización es sinónimo de temor. Si uno percibe su rigidez o tensión, puede darse cuenta de su temor, lo que liberara sus recuerdos infantiles.

Sea cual fuere el grado en que una persona está desconectada de su cuerpo, de lo que esta desconectada es del sentimiento vinculado con la movilidad de esa parte. Una mandíbula o garganta contraídas impedirán sentir tristeza, porque el sujeto no podrá llorar. Si todo el cuerpo está rígido, no tendrá sentimiento alguno de ternura. En un plano más profundo, mucha gente carece de sentimientos amorosos porque sus corazones están encerrados en una rígida caja torácica que bloquea la conciencia del corazón y la expresión de los sentimientos cariñosos.

El objetivo de la terapia es el autodescubrimiento, que implica recuperar el alma propia y liberar el espíritu. A ese objetivo se llega en tres etapas. La primera es la conciencia de si, que significa percibir todas las partes del cuerpo y los sentimientos que en ellas puedan surgir. Me sorprende comprobar cuanta gente ignora la expresión de su rostro y su mirada, pese a que se mira en el espejo todos los días. Por supuesto, la razón es que no quieren verse. Piensan que no pueden hacerse frente, y que los demás tampoco podrán. Se ponen entonces una mascara, una sonrisa estereotipada que proclama al mundo que todo anda bien, cuando no es así. Si dejan caer la mascara, generalmente se asiste a una expresión de tristeza, dolor, depresión o temor. En la medida en que la llevan puesta no pueden sentir su propio rostro, pues esta congelado en la sonrisa fija.
Sentir dicha tristeza, dolor o temor no produce gozo, pero si esas emociones suprimidas no se sienten, tampoco se las podrá liberar. Uno queda aprisionado detrás de una fachada que impide que el sol llegue a su corazón. Cuando el individuo avanza y deja atrás esa oscura celda, tal vez al principio el sol sea enceguecedor para él, pero una vez que se habitúa, ya no quiere volver mas a su prisión tenebrosa.

La segunda etapa es la expresión de si. Si los sentimientos no se expresan, se los suprime y uno pierde contacto con el self.
Cuando a los niños se les veda expresar ciertos sentimientos, como la ira, o se los castiga si lo hacen, los ocultan y a la larga pasan a formar parte del sombrío mundo subterráneo de la personalidad. Gran cantidad de gente está aterrada de sus propios sentimientos, a los que considera peligrosos, atemorizantes o alocados. Muchos tienen una furia asesina que, según piensan, deben mantener sepultada por el temor a su destructividad potencial. Esta furia es como una bomba que no ha explotado y uno no se atreve a tocar; pero tan pronto se la hace estallar en un sitio seguro, se torna inocua; uno puede liberar los sentimientos asesinos en el seguro medio terapéutico, y de hecho yo lo estimulo todo el tiempo. Una vez liberada, la furia puede manejarse por vía racional.

La tercera etapa es el adueñamiento de sí. Implica que el individuo conoce lo que siente, que está en contacto consigo mismo. Que es capaz además de expresarse apropiadamente para promover sus mejores intereses. Que es dueño de sí. Han desaparecido los controles inconscientes que provenian del temor a ser el mismo. Han desaparecido la vergüenza y la culpa sobre lo que él es o siente. Han desaparecido las tensiones musculares de su cuerpo que bloqueaban su expresión de sí y limitaban su conciencia. En su lugar hay autoaceptación y libertad para ser.

A lo largo de este volumen explicare como se arriba a esa etapa mediante el proceso terapéutico. Este involucra la indagación analítica del pasado del sujeto para comprender cómo y por qué se perdió o fue dañado su self. Puesto que el cuerpo registra y estructura las experiencias infantiles que dieron origen a los problemas y dificultades de la persona, la lectura del cuerpo brinda información básica sobre su pasado. Esto, más lo que se aprende mediante la interpretación de los sueños, el análisis de la conducta y el intercambio verbal con el terapeuta, debe ser vinculado por el paciente con lo que él siente y con su sensación del cuerpo. Solo así mente y cuerpo se integran en una persona total.
La terapia es un viaje de autodescubrimiento. No es rápido ni sencillo, y en el no faltan los momentos de miedo. En algunos casos puede llevar toda la vida, pero su retribución es saber que no se ha vivido ésta en vano. Uno descubre el sentido de la vida en la experiencia profunda del gozo.




martes, 8 de diciembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 17

Capítulo IX

Los ejercicios expresivos  

Estos ejercicios están destinados a ayudar a la persona a que exprese sus sentimientos, mientras que los ejercicios estándar se concentran en entrar en contacto con el cuerpo, y en relajar sus tensiones sin una carga emocional acompañante. Inhibir la expresión del sentimiento conduce a menudo a la pérdida del mismo, y la pérdida de sentimiento es una pérdida de viveza. Los sentimientos son la vida del cuerpo igual que los pensamientos son la vida de la mente.

Los niños suprimen muchos de sus sentimientos a fin de adaptarse a la situación en su hogar. Empiezan por contener la expresión del temor, la ira, la tristeza y el gozo, pues creen que sus padres no son capaces de enfrentarse a estos sentimientos. Como resultado se vuelven sumisos o rebeldes; ninguna de estas actitudes representa una genuina expresión del sentimiento. La rebelión es a menudo una tapadera para la necesidad; la sumisión, a menudo una negación de la ira y el temor.

Los sentimientos surgen como impulsos o movimientos espontáneos procedentes del núcleo del individuo. Para suprimir un sentimiento, hay que frenar o restringir la viveza o motilidad del cuerpo. Por tanto, el esfuerzo de suprimir un sentimiento sirve para disminuir todo sentimiento. Sin embargo, mientras haya vida en el cuerpo, hay el potencial de sentir.

Trabajar con la expresión del sentimiento en la terapia, o en una clase de ejercicios, o en casa, ayuda a una persona a entrar en contacto con algunos de sus sentimientos suprimidos de su personalidad. La pregunta importante es: ¿puede manejar estos sentimientos conforme surgen a través del trabajo corporal? Existe cierto peligro, pero hay también una salvaguarda inherente: la mayoría de la gente no consentirá que se desarrolle más sentimiento del que puedan manejar.
Estar bajo terapia es otra salvaguarda, dado que un terapeuta competente ayudará a una persona a contener y manejar sentimientos que son nuevos y atemorizantes. Puede ayudar a una persona a entender de dónde vino el sentimiento, impidiendo así que sea puesto en acción.

Un sentimiento es puesto en acción cuando surge en un contexto pero es expresado en otro. Por ejemplo, si un hombre es humillado por un superior en el trabajo y no se atreve a expresar su resentimiento, puede ir a casa y golpear a sus hijos. Sentimientos que surgieron en situaciones de la infancia son a menudo puestos en acción en la vida adulta para detrimento de todas las personas envueltas. Una mujer que se resintió de la indiferencia de su padre hacia ella cuando era niña puede expresarlo sobre su marido.

Expresar un sentimiento en la situación controlada de una sesión de terapia a menudo descarga suficientemente la excitación como para que el sentimiento pueda ser mantenido dentro de límites apropiados.
He aquí un ejemplo de cómo esto puede también hacerse en el hogar. Muchas de las mujeres que se encargan del hogar encuentran intolerables las frustraciones y desilusiones de sus vidas diarias. A menudo vierten esta ira sobre sus hijos. Las madres que siguen una terapia bioenergética han descubierto que ir a un dormitorio y sacudir la cama con una raqueta de tenis descargará su desazón o enojo sin dañar a personas inocentes. Una vez descargado el sentimiento, su comportamiento se vuelve más razonable. De este modo evitan volverse extremadamente tensas tratando de contener su ira. Esta es una práctica corriente de la bioenergética. Uno de los mejores consejos que la bioenergética ofrece es el de golpear sobre una cama con una raqueta de tenis o los puños , en vez de sentarse a incubar los sentimientos o chillar a los niños.

Ejercicio 70. Pataleando desde la cadera

También este ejercicio se realiza desde la misma posición.
Las rodillas son alzadas al pecho.
Agarrando la manta con las manos, patea fuertemente hacia delante con el talón izquierdo.
Lleva la rodilla del mismo lado hacia atrás y patea con el talón derecho.
Repite una serie de veces, alternando cada pierna. La patada debe ser hacia delante en línea con el cuerpo, no hacia arriba.


  •  ¿Vino el movimiento de la cadera en vez de la rodilla? Para conseguir el necesario movimiento de la cadera, lleva tu rodilla hacia atrás hasta el pecho.
  •  ¿Te sentiste como si estuvieses diciendo “Vete”? Utilizando estas palabras, se convierte en un ejercicio expresivo.
Ejercicio 71. Extensión hacia fuera

La posición para este ejercicio es la misma que la del primer ejercicio de esta sección, el ejercicio respiratorio.
Extiende ambos brazos hacia arriba, como un bebe que solicita a su madre.
Haz un esfuerzo por alargar cada vez más la extensión a cada expiración.
  •  ¿Sentiste que te contenías?
  •  ¿Decaen tus manos, como en un gesto de futilidad?
  •  ¿Sientes que te abres hacia fuera con tus brazos?
Ejercicio 72. Extendiéndose hacia fuera con los labios

Deja que tus brazos te caigan a los lados, y extiende los labios hacia fuera como para succionar, igual que el ejercicio 62, fig. 39.
Mantén la boca abierta y las mandíbulas colgando sueltamente.
Retrae los labios y extiéndelos de nuevo hacia fuera.
  •  ¿Cuándo los labios van hacia delante, va tu mandíbula también hacia delante con una expresión de desafío?
  •  ¿Puedes mantener tu respiración profunda y fácil mientras te extiendes hacia fuera con los labios?
  •  ¿Vibran tus labios o sientes algún hormigueo en ellos?
  •  ¿Evoca el ejercicio algún sentimiento de anhelo?
Muchos de los ejercicios estándar del capítulo 8 pueden funcionar como ejercicios expresivos si añades a tus movimientos un sentimiento vocal apropiado. El ejercicio de extenderse hacia fuera, por ejemplo, se vuelve expresivo (y puede volverse m uy emocional) si decimos “mamá” o “papá” mientras hacemos la extensión. El los seminarios de introducción que hemos hecho, este ejercicio suele hacer que muchos individuos lloren. La mayoría de las personas de nuestra sociedad tienen un considerable anhelo suprimido de estar cercanos a ambos padres, algo que no fueron capaces de expresar mientras eran niños. Si el anhelo no se halla suprimido muy fuertemente, movilizar el cuerpo a través de los otros ejercicios y cargarlo a través de la respiración a menudo llevará este sentimiento hacia la superficie.

Si podemos despertar un sentimiento mientras hacemos un ejercicio, y expresamos ese sentimiento en palabras, el proceso entero puede volverse bastante intenso y cargado.

Ejercicio 73. Pateando la cama

Haz este ejercicio sobre una cama sin tope en los pies, o sobre un colchón colocado sobre el suelo. Yace tumbado con las piernas extendidas. El pateo es hecho alternativamente elevando cada pierna y bajándola con fuerza sobre el colchón. La pierna entera debe hacer contacto con el colchón, no sólo el talón. Mantén las piernas bastante rectas mientras haces el ejercicio, pero no tensas o rígidas.

Patea la cama alternativamente con cada pierna, de manera rítmica; una pierna asciende mientras la otra baja.
Trata de que el movimiento venga de la cadera más que de la rodilla. Haz esto elevando la pierna lo más posible antes de comenzar el pateo, sin doblar la rodilla.
Di “no” a cada patada, en voz alta y determinada.

Ahora pronuncia un “no” sonoro y sostenido mientras ejecutas fuertemente una serie de patadas.


  •  ¿Parecían efectivas tus patadas, o te sentías impotente?
  •  ¿Tenía tu voz un tono de convicción, o sonaba vacilante y asustadiza?
  •  ¿Pudiste mantener fuertemente el pataleo, o decayó tras un gesto inicial?
  •  ¿Hubo un ritmo coordinado entre la expresión vocal y el movimiento?
Ejercicio 73-A. Variación

Ahora utiliza la expresión “¿por qué?” en vez de “no”. Para mucha gente, tiene más significado que el “no”, probablemente porque de niños se les dijo que no tenían derecho a cuestionar los dictados de sus padres.
Trata de prolongar el sonido “¿por qué?” mientras pateas. Puede que llegue a convertirse espontáneamente en un grito, en cuyo caso el sentimiento habrá alcanzado un clímax. Posteriormente te sentirás relajado y aliviado.

Ejercicio 74. Pateo rítmico

Este es un ejercicio expresivo sólo parcialmente pues se hace sin expresión vocal. Esta destinado a proporcionarte la sensación de que tus piernas pueden servir como órganos de autoexpresión. Este ejercicio sirve para fortalecer las piernas y cargarlas. Asimismo, mejora la respiración.

Haz el pateo rítmico exactamente igual que en el ejercicio precedente, contando las patadas. El movimiento de cada pierna cuenta como uno.
Da tantas patadas como puedas, de modo rítmico. Digamos que sesenta es tu límite. Haz el ejercicio dos veces.
Al siguiente día, haz el mismo ejercicio, añadiendo diez patadas más. Tendrás que regularte tu mismo a este respecto. Si diez son demasiadas, añade sólo cinco.
Cada uno o dos días, trata de aumentar el número  de patadas. Si puedes llegar a 200 es suficiente.

La gente de edad tiene mayores dificultades con este ejercicio porque sus piernas se hayan más tensas y sus músculos son menos flexibles. El proceso de envejecimiento parece golpear a las piernas antes que a cualquier otra parte del cuerpo. Haciendo este ejercicio regularmente puedes ayudar a tus piernas a permanecer más suaves y más vivas. Es uno de los ejercicios que se recomiendan a los pacientes de la terapia bioenergética que hagan en su casa, y será incluido en la sección  sobre ejercicios en casa del capítulo 13.

Ejercicio 75. Golpeando con los brazos

Este ejercicio es muy fácil de hacer. Túmbate sobre el colchón con las rodillas dobladas y los pies planos.
Haz dos puños con las manos y elévalos por encima de la cabeza.
Golpea con ambos puños hacia abajo a lo largo del cuerpo, y dí “no” a cada golpe.
Repite la maniobra una serie de veces.
  •  ¿Parecían efectivos los golpes? ¿Fue convincente tu “no”?
  •  ¿Sentiste que tenías derecho a decir “no”?
Ejercicio 75-A. Variación

Repite el mismo movimiento que en el ejercicio 75, pero di “no quiero” en vez de “no”. esta es una expresión más fuerte, con más ego (yo) en ella.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 8



La expresión de sentimientos.

Si una persona está bloqueada en su capacidad de expresar sentimientos, traerá muerte a su cuerpo y reducirá su vitalidad.
Al igual que a una persona se le anima a expresar sus sentimientos en un ejercicio apropiado, también se le ayuda a obtener un control consciente sobre su expresión. El propósito de dicho control no es el inhibir o limitar el sentimiento, sino el de hacer su expresión efectiva, económica y apropiada.
El control de uno mismo denota la capacidad de responder apropiadamente a una situación. El cronometraje es de la misma importancia: cuando actuar y cuando hablar, resulta tan crítico como lo hagamos o digamos.

Lo que vuelve loco al niño es el doble mensaje: seducción y rechazo; amor y odio
Contener es lo contrario de “soportar”. Aprendemos a soportar situaciones dolorosas o perturbadoras cercenando los sentimientos. En el caso de la contención, aceptemos el  sentimiento, y lo integramos a la personalidad; y esto le cuesta mucho trabajo a aquellas personas cuya personalidad está condicionada por la sobrevivencia., puesto que la sobrevivencia depende de la supresión de sentimientos.

Los sentimientos son la vida del cuerpo, igual que los pensamientos son la vida de la mente.
Una persona debería ser lo bastante libre para poder expresar físicamente su ira cuando sea apropiado.
Una persona agresiva es alguien que se mueve hacia el cumplimiento de sus necesidades.
Toda acción expresiva es un acto agresivo en el sentido de que es “moverse hacia afuera”. Abrirse para amar, o buscar amor es una acción agresiva.
Por otro lado, tener un sentimiento que no somos capaces de expresar es un signo de pasividad.

Para ser plenamente auto expresivos, el cuerpo ha de verse libre de sus tensiones. Dado que nuestra agresividad ha sido bloqueada desde la infancia, se requiere un considerable esfuerzo para liberarla.

El control consciente

La imposición de un control consciente permite que la persona adapte su comportamiento para lograr objetivos mayores.
Cuando actuamos de acuerdo a nuestros pensamientos, no somos espontáneos, lo que elimina la alegría y limita el placer.
Como el control consciente se hace con el fin de obtener un mayor placer en el futuro, constituye un modo de reacción sano y natural. Se convierte en una pauta neurótica, cuando el control se vuelve inconsciente y arbitrario, y no se lo puede entregar.
El control inconsciente afecta a muchos individuos a los que les resulta muy difícil expresar sus sentimientos o hacer valer sus deseos. Tienden a ser pasivos.
El núcleo de las neurosis es la supresión de sentimientos.
El desarrollo del control consciente de las sensaciones es un factor importante del dominio de sí mismo.
La contención le permite al individuo expresar los sentimientos en forma positiva y constructiva, pero solo se logra si los acepta plenamente.
La actuación sexual o airada, por ejemplo, deriva del temor de no poder contener la excitación de ese momento intenso, a no soportarla. El comportamiento compulsivo no es signo de pasión, sino de temor: temor a la demencia, que es lo mismo que temor a la intimidad.

viernes, 11 de octubre de 2013

Bioenergética y Gestalt una visión integradora, parte 4

Los ejercicios bioenergéticos (continuación)

Los ejercicios no resuelven esos temas que necesariamente han de ser tratados en terapia. Pero son esenciales complementos.

No solo es suficiente con liberar a una persona de las ansiedades sexuales que pueda tener en su mente. Es también necesario liberar a su cuerpo de la tensión y restaurar la movilidad de su pelvis.
Para ser efectivo, debe comenzarse con alguna actividad vibratoria de las piernas. Tarde o temprano esto se extenderá hacia arriba hasta incluir la pelvis.

 A continuación es importante desarrollar el sentimiento de estar tomando tierra puesto que la sexualidad adulta se halla relacionada con le sentido de independencia y plantarse sobre los propios pies. La toma de tierra da a una persona el sentimiento de independencia y madurez que hace de su expresión sexual una actividad responsable de su ser total.

Finalmente la respiración de un individuo ha de ser abierta y profunda en el vientre de modo que los movimientos pélvicos estén coordinados con las ondas respiratorias. Igualmente es sumamente importante no poner rígido el trasero. Estas tensiones representan el temor de abandonarse.

El ejercicio general recomendado por Ramírez para mantener las piernas y los chakras del tórax con energía y buen tono es trotar durante 20 o 30 minutos.

Otros ejercicios van encaminados al desbloqueo emocional.
Si una persona está bloqueada en su capacidad de expresar sentimientos traerá muerte a su cuerpo y reducirá su vitalidad. Los ejercicios proporcionan a la gente una oportunidad para practicar la expresión del sentimiento de un modo organizado y para familiarizarse con ella.

Pero igual que se le anima a expresar sus sentimientos también se la anima a obtener un control, consciente sobre su expresión. El propósito de este control no es el inhibir o limitar el sentimiento sino el de hacer su expresión efectiva, y apropiada. Por ejemplo un estallido histérico puede ser considerado como una expresión de sentimiento pero es a menudo un derroche de energía y relativamente poco efectivo. No es realmente una forma de autoexpresión pues la erupción se produce contra la intención consciente de la persona.

 Lowen  proporciona medios de expresión en el marco terapéutico. Anima al paciente a que llore y a que diga cosas que tenían que decirse pero no se decían. No basta con decir al terapeuta lo que se debería haber dicho...´ Lowen hace que la persona lo diga y lo sienta.

La expresión y liberación de las emociones negativas no se hace casualmente, sino sistemáticamente dentro del contexto de la estructura de carácter predominante en el paciente. Se utilizan ejercicios como golpear una cama con las manos o con una raqueta mientras se gritan cosas que tenían que decirse para expresar y desvigorizar el enfado; también puede retorcerse una toalla...

Movilizar toda la potencia de voz es uno de los caminos más efectivos para evocar sentimientos. Muchos pacientes han suprimido sus lloros y gritos al descubrir que esta situación provocaba a menudo una reacción hostil en sus padres. Incluso bajo el estres de un fuerte dolor son capaces de frenarse antes de llorar con lo cual el dolor queda estructurado dentro del cuerpo como tensión muscular.

Un grito produce una reacción vibratoria intensa que libera temporalmente al cuerpo de parte de su rigidez. Para ayudarle a los pacientes se suele aplicar una presión sobre los músculos escalenos anteriores del cuello. La espasticidad de estos músculos inhibe el llanto y el grito.

martes, 26 de junio de 2012

La entrega al Cuerpo

Se que prontamente muchos etiquetarán al blog como “otro de superación personal”. Pero una cosa es cierta, sin un profundo y sincero trabajo interior, nunca llegaremos a amarnos, y por lo tanto, no amaremos a nadie. Pasaremos nuestras vidas en “standby”

El miedo real puede se a sentir. A vivir con las emociones libres y educadas. Esa labor es gravosa. Como nos educan para obedecer, y no para nuestro desarrollo, retomar el camino es esfuerzo de titanes.

Algo así trata este audio subliminal, que es un micro resumen de la Terapia Bioenergética del Maestro Alex Lowen, que bien puede servir de introducción.
Me permití producirla en dos versiones. La única diferencia esta en la música.
La primera es con música de Pink Floyd.
La segunda es con obras de Claudio Aquiles Debussy, y de Beethoven, para que escojan a su gusto.https://www.dropbox.com/s/oehpoxnpqifnde2/Entrega%20al%20cuerpo%20%28PF%29.mp3
¡Quiero continuar con mi viaje de autodescubrimiento!