martes, 4 de junio de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 6


Capitulo 8
La dinámica estructural
Del cuerpo

El cuerpo humano está equilibrado energética y estructuralmente. Energéticamente, se mantiene en equilibrio entre dos fuerzas opuestas, una actúa desde arriba e impulsa al organismo a ascender, y otra que actúa desde abajo y lo mueva a descender. Una vez más viene a colación el ejemplo del árbol: las ramas crecen hacia arriba, hacia el sol; mientras las raíces se extienden dentro de la tierra.
La vida se desarrolló en la superficie de la tierra, donde la energía del sol interactuó y se unió con la energía de la tierra. La unión de los opuestos para crear vida es el principio de la reproducción sexual.

El equilibrio de fuerzas opuestas es inherente al fenómeno de la pulsación, en el que se basa la vida misma. La pulsación, que consiste en un proceso de expansión y contracción, se manifiesta en la respiración, la peristalsis, los latidos del corazón y otras funciones corporales.
Este modelo también es aplicable a la conducta: la alternancia de tender hacia los demás y retraerse es una forma de pulsación. Abrirse a los demás produce el contacto entre el mundo exterior y el yo, y el retraimiento conduce al contacto con el yo. No hay estado que sea superior al otro, y ambos son necesarios para la buena salud. Quedarse atascado en cualquiera de los dos es patológico, porque la vida depende de la pulsación, de la capacidad de tender hacia afuera o de replegarse, según lo requiera la situación.

En el organismo humano, todo impulso expansivo carga de energía cada uno de los extremos por igual, (la cabeza, las manos, los pies y los genitales) así como toda contracción retira la energía de todos ellos. En las personas expansivas y sociables, estos puntos encierran más energía que en los individuos retraídos o deprimidos.

La estructura corporal de todos los organismos superiores está basada en la del gusano, un tubo dentro de otro tubo, y compuesta de segmentos. El tubo interior consta de los sistemas respiratorio y alimentario. El tubo exterior funciona como sistema muscular voluntario. Un gusano se mueve cuando recorren su cuerpo ondas de excitación que producen expansiones y contracciones en sucesivos segmentos. En el cuerpo humano, en el curso de la evolución, diversos segmentos se fusionaron para formar tres segmentos mayores -la cabeza, el tórax y la pelvis- y dos segmentos menores: el cuello y la cintura.

La dinámica estructural nos permite comprender el fenómeno de la escisión, un grave trastorno del cuerpo relacionado con un trastorno igualmente significativo de la personalidad.
Hay muchas personas cuya cabeza no está conectada con el corazón y cuyo corazón no está conectado con sus genitales. En todos estos casos, se comprueban tensiones en los músculos del cuello y la cintura que limitan la corriente de excitación entre los segmentos mayores.

Las experiencias de vida de una persona estructuran su cuerpo, que a su vez, moldea el carácter. De este modo, el pasado de una persona vive en su presente. Para liberarse de las restricciones del pasado, un individuo debe hacer conscientes las experiencias que dieron lugar originalmente a esas restricciones. Esta es la tarea del análisis, que suministra un marco de referencia dentro del cual se puede efectuar una reestructuración. La reestructuración requiere un trabajo directo con el cuerpo para reducir las tensiones musculares. El análisis y la reestructuración deben avanzar en forma conjunta.

La personalidad es vulnerable al proceso de escisión debido al conflicto entre la mente racional y el cuerpo animal, entre el impulso de dominar y la necesidad de pertenecer. Este conflicto es inherente a la naturaleza humana. El resultado en la vida de un individuo depende de la gravedad del conflicto y de la profundidad de la escisión. Depende también de la sociedad en la que vive el individuo y cómo maneja su propia escisión entre cultura y naturaleza. Traspuesta al terreno de la familia, la escisión de la sociedad se convierte en una guerra: entre marido y mujer y entre padres e hijos. En esta situación, el niño suele quedar hecho pedazos.

Todo individuo en nuestra cultura sufre de algún grado de escisión. Cuando no es severa, esta escisión va acompañada de rigidez. En la medida en que un individuo está escindido, se ve despojado de su armonía y privado de la experiencia espiritual de identificarse con lo universal. Pues así como la voluntad separa la cabeza del cuerpo, también separa al individuo de la comunidad.
Pensamos que es importante lograr determinadas cosas, tener éxito o superarnos, sin darnos cuenta de que no hay nada que superar en la vida salvo nuestro miedo a la vida misma. Cuanto más miedo tenemos, más rígidos nos hacemos.

Para aflojar el control, la cabeza debe someterse al cuerpo. ¡Que difícil es esto para la mayoría de las personas en el mundo industrializado! Demasiados de nosotros vivimos en nuestra cabeza y no con nuestro cuerpo. ¿Cómo detener la incesante actividad de nuestra mente?

jueves, 30 de mayo de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 5

Capitulo 7 “Arraigarse: la conexión
con la realidad


La calidad de las sensaciones sexuales de un individuo dependen  de la cantidad de energía o excitación que contenga su cuerpo, pues una energía reducida significa una menor sensibilidad. También depende del grado de armonía que tenga el cuerpo, que permite que la carga energética fluya libre y plenamente. Por último, depende de lo conectado que esté el individuo a la tierra, energéticamente, de su arraigo. Si un sistema energético (un circuito eléctrico, por ejemplo) no está conectado a tierra, existe el riesgo de que lo haga estallar una fuerte sobrecarga. Del mismo modo, los individuos desarraigados corren el riesgo de que las sensaciones fuertes, sexuales u otras, los  sobrecarguen y abrumen.
Para evitar que suceda, los individuos desarraigados deben reducir todas las sensaciones, porque si se ven abrumados, se aterrorizan. En contraste, un individuo arraigado puede soportar una fuerte excitación, que experimentará como una sensación de gozo y trascendencia.

Los humanos somos como los árboles, arraigados a la tierra en un extremo y tendiendo al cielo desde el otro. Cuán alto podemos tender depende de la fuerza de nuestro arraigo. Si se desarraiga un árbol, mueren sus hojas; si se desarraiga una persona su espiritualidad se convierte en una abstracción carente de vida.
Como criaturas de la tierra, estamos conectados al suelo a través de las piernas y los pies.
Cuando decimos que un individuo está enraizado o que tiene los pies en la tierra, eso significa que sabe quién es y dónde está parado.

La ausencia de sensaciones en las piernas hace que el contacto con el suelo sea sólo mecánico. No basta con saber que uno tiene los pies en el suelo. Lo que se requiere es el proceso energético en el que la onda de excitación descienda por el cuerpo hasta las piernas y los pies. Nos sentimos enraizados cuando la onda de excitación llega al suelo, invierte su dirección y fluye hacia arriba, como si la tierra nos empujara para mantenernos erguidos.
Dado que los seres humanos pensamos constantemente mientras permanecemos despiertos, podríamos preguntarnos si la distracción no es natural. Pero normalmente la atención oscila con suficiente rapidez como para que sea posible tener conciencia de lo que sucede en la mente y en el cuerpo simultáneamente. El éxito de esta práctica depende de la presencia de una pulsación energética en el cuerpo que conecte sus dos extremos.

La calidad del enraizamiento de un individuo determina su sensación interna de seguridad. Si está bien enraizado, se siente firme sobre sus piernas. Lo que importa no es lo fuerte que sean sus piernas sino la sensibilidad que tengan.
La sensación básica de seguridad de un individuo está determinada por su relación primera con la madre. Las experiencias positivas - cuidados, cariño, apoyo, afecto, aprobación- dejan el cuerpo del niño en un estado suave, natural y gracioso. El niño experimentará su cuerpo como una fuente de placer y de gozo, identificándose y sintiéndose conectado con su naturaleza animal. Por el contrario, cuando un niño sufre la falta de atención afectiva por parte de la madre, su cuerpo se tensa. La madre es nuestra tierra personal, así como la tierra es nuestra madre universal.
Cualquier inseguridad que sienta el niño en la relación con su madre quedará registrada en su cuerpo. Una vez que se ha registrado ésta, el individuo queda atrapado en un círculo vicioso, ya que continuará sintiéndose socavado mucho después de haber dejado de depender de la madre.
El problema de la inseguridad es insoluble si el individuo no cobra conciencia de su desarraigo. Quizá crea estar seguro de sí mismo porque tiene dinero, una posición y una familia, pero carecerá de una sensación interna de seguridad si no está enraizado.

Además de la relajación muscular, es esencial que el cuerpo mantenga un correcto alineamiento  para que la excitación lo recorra libre y plenamente. Ese alineamiento comienza en el pie, en donde el arco actúa como un mecanismo de resorte que absorbe los golpes que se producen al caminar. Los pies planos ocasionan una pérdida del efecto de resorte en el paso e indican que los pies están insuficientemente cargados de energía. Los arcos elevados, por su parte, suelen observarse en individuos con piernas extremadamente delgadas. Criados por madres inaccesibles u hostiles, esos individuos se sienten obligados a despegarse del suelo.
La posición de los pies es importante también para el alineamiento apropiado. Debemos aprender a pararnos con los pies derechos y separados unos veinte centímetros, y las rodillas ligeramente flexionadas y en línea con la parte media de cada pie.

Es importante que el individuo perciba sus piernas y sus pies esté caminando, de pie o sentado. Al estar sentado, es importante que cobre noción de sus asentaderas.
Los individuos que no están enraizados padecen problemas lumbares. Los que están enraizados y son armoniosos se mantienen erguidos por obra de una fuerza vital que corre desde el suelo a través de los pies, las piernas, los muslos, la pelvis, la espalda, el cuello y la cabeza. La existencia de esta fuerza o energía vital es reconocida en la disciplina yoga, se llama Kundalini y se dice que fluye del sacro a la cabeza a lo largo de la columna vertebral cuando el discípulo medita en la posición del loto. De pie o caminando, uno experimenta este movimiento energético que proviene del suelo.

Al igual que los árboles, los seres humanos miramos al cielo como fuente de energía vital, pero también dependemos de la tierra para nuestra substancia. Si nos disociamos de nuestra naturaleza animal (y de la mitad inferior del cuerpo), perdemos nuestro enraizamiento. Para estar enraizado hay que ser una persona sexual. Y para que uno sea un adulto sexual, los movimientos de la pelvis deben ser libres.
En general, nuestros movimientos son armoniosos sólo si permitimos que la onda de excitación fluya hacia arriba, sin impedimentos, desde el suelo. Para esto es imprescindible que la pelvis esté relajada. Cuando la pelvis se mueve libremente, uno se siente elevado, desenvuelto y lleno de gracia.

Uno podría preguntarse cómo se aplica el principio del enraizamiento al acto sexual cuando dos personas yacen una sobre la otra en la cama. Si el hombre se coloca encima, puede enraizarse presionando sus pies contra los pies de la cama o contra la pared. Con las rodillas flexionadas, la pelvis se moverá naturalmente. Si la cama no tiene barandilla y no hay ninguna pared al alcance, el hombre puede enterrar los dedos de los pies en el colchón de modo que el movimiento pélvico parta de los pies. Si la mujer se coloca bajo, puede enraizarse presionando los pies en el colchón o colocando las piernas alrededor de su compañero de modo que su propio cuerpo se convierta en suelo. (Desde luego, ambos pueden intercambiar las posiciones.) La aplicación de este principio a los movimientos sexuales del coito constituye una importante diferencia en la calidad e intensidad de las sensaciones. La excitación aumenta debido a que toda la parte inferior del cuerpo participa activamente en el acto sexual, y no sólo el aparato genital. Si uno está enraizado en el acto sexual, le es más fácil entregarse a la descarga orgásmica.

Cuando la terapia tiene éxito, los pies del paciente se agrandan, las piernas se ablandan, la pelvis se afloja, la respiración se hace más profunda y los hombros descienden. El individuo ya no se impulsa a sí mismo hacia arriba sino que deja que lo sostenga el suelo.
Lamentablemente, nuestra cultura se está alejando del cuerpo como fuente de sentimientos y espiritualidad. Nuestros programas de acondicionamiento físico no están diseñados para aumentar la sensibilidad del cuerpo sino para pulirlo como si fuera una máquina. De este modo, resultan individuos aptos sólo para cubrir la carrera de la vida. Si la meta es llegar a la cima, supongo que los programas de acondicionamiento físico serán útiles. Pero si la meta es experimentar la alegría de estar cabalmente vivo, la excitación de sentirse parte del universo pulsante y la profunda satisfacción de ser una persona armónica y agradable, entonces habrá que buscar otro medio.

Es difícil aminorar el ritmo cuando el mundo pasa corriendo a nuestro lado. Es difícil arraigarse cuando la cultura misma está desarraigada, cuando niega la realidad y fomenta la ilusión de que el éxito representa un estado superior y que la gente de éxito lleva una vida más rica y plena. De todos modos, los verdaderos valores en la vida son valores “terrenos”: la salud, la gracia, la conexión, el placer y el amor. Pero estos valores cobran significado sólo si se tiene los pies firmemente asentados en la tierra.

lunes, 27 de mayo de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 4

Capítulo 6  “Sexualidad y Espiritualidad”

Muchas personas creen que la sexualidad y la espiritualidad son diametralmente opuestas. A su entender, la espiritualidad se registra en la cabeza, y la sexualidad tiene lugar en la parte inferior del cuerpo. Este punto de vista distorsiona la realidad del ser humano, un individuo sexualmente diferenciado en cada célula de su cuerpo. Análogamente, la espiritualidad también es una función de todo el cuerpo.
 La espiritualidad disociada de la sexualidad se convierte en una abstracción, y la sexualidad disociada de la espiritualidad en un acto puramente físico.

Cuando el sentimiento de amor ocupa la cabeza, uno percibe su propia conexión con el Universo y lo universal. Cuando ocupa la pelvis y las piernas, uno se siente conectado con la Tierra y lo particular.
Un principio Bioenergético básico establece que la corriente de excitación hacia arriba y hacia bajo en el cuerpo es pulsátil, lo que significa, en lo que atañe a la sensibilidad, que no podemos ser más espirituales de lo que somos sexuales.
Cuando nuestro espíritu interviene plenamente en cualquier acto, ese acto asume una cualidad espiritual. Puede experimentarse del modo más vívido en el acto sexual, que lleva a la fusión de dos personas en la danza de la vida. Cuando se produce esta fusión, los amantes trascienden las fronteras del yo para convertirse en una unidad con las principales fuerzas del universo.

El amor es la clave de esa fusión. La intimidad entre un hombre y una mujer está motivado por el mismo sentimiento de amor que une a la madre y el hijo, a una persona con su mascota, al ser humano y su prójimo. El amor es un estado de excitación placentero que varía en intensidad según la situación. Esa misma excitación se produce en la unión mística de una persona y su dios.

Desde luego, la excitación que sienten dos amantes cuando están juntos contiene una dimensión adicional, que fluye hacia bajo por el cuerpo y excita con fuerza los órganos genitales. Cuando esto sucede, la excitación y la tensión alcanzan tal grado que la persona  siente la imperiosa necesidad de un contacto más íntimo y la descarga de la excitación.
 El gozo del sexo contiene dos vertientes: 1) el placer que obtiene la persona de la excitación del contacto y 2) la plenitud que brinda la descarga genital de la excitación. El placer inicial es sensual y anticipatorio; el placer de la descarga orgásmica es puramente sexual y notablemente satisfactorio. En el clímax, llega al nivel del éxtasis.
Tras una fuerte descarga orgásmica, la persona siente una profunda calma. Puede invadirla el sueño antes de que recobre la conciencia del yo. A este adormecimiento de la conciencia los franceses lo describen como le petit mort, la pequeña muerte. Uno siente que ha renacido tras la experiencia.
 
Un hecho generalmente no reconocido es que el acto sexual fue la fuente de inspiración del método primitivo de obtención del fuego. La secuencia de: fricción, calor, llama; es común a ambas acciones, cuya finalidad es producir una hermosa llama. Lamentablemente, pera la mayoría de la gente, el acto sexual culmina en unos cuantos chispazos, y no en la llama que consume la carne, convirtiéndola en puro espíritu. En eso consiste la trascendencia.

Todo acto creativo contiene cierto grado de trascendencia. Se requieren dos factores para producir esta trascendencia: inspiración y pasión. La inspiración de una obra artística contiene siempre algún toque del espíritu divino, que le permite al artista renunciar a su yo y fundirse con su obra. A través de esta renuncia y fusión, nace algo nuevo que siempre es superior al artista mismo, ya sea una gran pintura o una gran composición musical, y que contiene un espíritu capaz de conmover profundamente a los ejecutantes y al público. Estas creaciones parecen tener vida propia.

Un individuo no experimentará el misterio y la grandeza del sexo, a menos que se deje llevar por la pasión divina del amor.
En muchos casos, esta pasión es sofocada muy pronto en la vida por ciertas experiencias dolorosas en los periodos oral y edípico del desarrollo.
Las sensaciones sexuales se limitan cuando son causa de dolor, humillación y/o peligro. La pesadez y pasividad de la parte inferior del cuerpo es una forma que suele adoptar ese daño.
Generalmente, los individuos no son conscientes de su pelvis inmovilizada, pero la capacidad de entregarse al orgasmo se ve particularmente afectada por la tensión de la base pélvica.

Dado que la actividad sexual, como la defecación y la micción, es una de las funciones más estrechamente asociadas con nuestra naturaleza animal, tal vez resulte difícil aceptar que existe una conexión entre la espiritualidad y la sexualidad. Si no advertimos esa conexión, es porque hemos perdido el contacto con aquello que las une: el corazón del cuerpo. Cuando amamos a nuestro compañero sexual con todo el amor que tenemos en el corazón, la unión es tanto espiritual como sexual. Esta noción puede parecer una herejía pero la actividad sexual ha sido utilizada desde hace mucho tiempo en los ritos religiosos de las culturas primitivas para conectar con la divinidad.
 Cualquiera que sea el medio empleado para establecer una conexión sensible con lo infinito, debe incluir al cuerpo si se pretende que sea algo más que una idea que se tiene en la cabeza. Todas las religiones reconocen que un hombre debe renunciar a su yo para unirse a su dios. No hay modo mejor ni más directo que experimentar esta renuncia, que el acto de amor sexual.

viernes, 24 de mayo de 2013

La Espiritualidad del cuerpo, parte 3

Capitulo 5 “Sensación y Sentimientos”

Una sensación no es sólo una idea o una creencia; es más que un proceso mental, ya que incluye al cuerpo. Hay una fuerza unificadora que conecta la mente consciente con la actividad corporal.
Por otra parte, es posible que el cuerpo esté activo sin que se produzcan sensaciones si hay una división entre el órgano perceptor, el Yo, y el objeto de percepción, el cuerpo. Este trastorno es típico de la personalidad narcisista.

El impulso de conectarse con el entorno representa el deseo de placer y plenitud. El impulso de replegarse es una respuesta al hecho de experimentar o prever dolor y da lugar a un sentimiento de temor.
Cuando un impulso llega a la superficie, provocando una disposición a actuar, el sentimiento surge llévese o no la acción. Uno puede estar colérico sin atacar, temeroso sin huir, o triste sin llorar.
Algunas personas hablan de amor sin sentir el impulso de buscar contacto con otra de un modo cálido y tierno. En este caso, el amor es un pensamiento, no una sensación

La salud, no es la ausencia de dolor sino la presencia de una condición básica de placer en el cuerpo.
Nuestros cuerpos resuenan con otros cuerpos vivientes (empatía). Si no resonamos, es porque no resonamos dentro de nosotros mismos. Quien suprime su propia sensación de estar vivo, suprime también todo sentimiento por otros seres, humanos y otros.

Nuestras acciones no están determinadas exclusivamente por los estímulos que recibe el cuerpo. También respondemos a impulsos que surgen espontáneamente de nuestro interior.
El Yo puede dirigir o bloquear la expresión de un impulso por vía de la contracción de los músculos necesarios. Una persona puede bloquear conscientemente un impulso para evitar su expresión.

En nuestra cultura, el cuidado de los hijos entraña a menudo una confrontación en la que la libertad del niño se ve frecuentemente coartada y su espíritu doblegado.
Cuando se retiene conscientemente un impulso, la contracción resultante es aguda. Cuando la tensión se hace crónica, los músculos quedan inmovilizados y la retención del impulso se vuelve inconsciente. No puede abrirse paso a un movimiento espontáneo.

La supresión de un sentimiento tiende a reducir la sensibilidad en general. Si se suprime la ira, también tiende a decrecer el amor, la tristeza y el temor.
Las emociones son la expresión directa del espíritu de una persona. Cuando uno se mueve con sensibilidad, el movimiento tiene gracia porque es el resultado de una corriente energética en el cuerpo. Por lo tanto, la sensibilidad es la clave de la gracia y la espiritualidad del cuerpo.

Toda persona cuyo espíritu ha sido doblegado retiene una furia suprimida que queda enquistada en la tensión muscular de la parte superior de la espalda y los hombros.
La postura erguida es el símbolo distintivo del espíritu libre.  
Mientras el espíritu esté doblegado el individuo tendrá furia en su interior, sea o no consciente de ello. Y mientras esa furia siga sin expresarse, el individuo continuará doblegado.
Exteriorizar la furia en contra de aquellos que no han sido quienes doblegaron el espíritu de uno, no establece un efecto positivo, porque uno no puede sentirse satisfecho de esa conducta. Sino que provoca sentimientos de culpa y aumenta la tensión.
Debemos aprender a expresar nuestra ira, lo cual, a diferencia de la furia, es una acción armoniosa porque constituye un movimiento fluido. Expresarnos no con la idea de aplastar o destruir sino al mismo tiempo, de resguardar nuestra integridad y proteger nuestro espíritu.
La expresión apropiada de la ira libera el espíritu.

El temor tiene un efecto paralizante sobre el espíritu. Congela el cuerpo, contrayendo los músculos. Cuando persiste ese estado, el cuerpo se entumece y el individuo ya no siente el temor.
La tarea es lograr que la persona tome consciencia de su temor haciéndole sentir las tensiones del cuerpo.
Si la tensión física del temor es crónica, su alivio sólo puede lograrse convirtiéndolo en ira.

Casi todos nosotros también le tenemos miedo a la tristeza que llevamos dentro. Nuestra tristeza tiene fondo, pero justo antes de tocarlo, experimentamos un sentimiento de desesperación. El terapeuta puede ayudar haciendo ver que la misma está originada y relacionada con las experiencias de la infancia.
No se trata de llorar mucho sino de llorar profundamente.

Hay estados de sensibilidad generalizada que no llegan a ser emociones. Uno de éstos es la humillación, que al igual que las emociones, puede ser suprimida para no ser consciente de ella. Pero este estado suele expresarse en el cuerpo por una postura encorvada y la tendencia a agachar la cabeza. Muchos fuimos sometidos a una constante humillación como respuesta a cualquier expresión manifiesta de sexualidad.
El abuso sexual, bajo cualquiera de sus formas, es una experiencia muy humillante, así como las palizas. De hecho, toda forma de abuso tiene un efecto humillante sobre el espíritu.
Dado que la sexualidad no puede ser negada, la sensación de humillación asociada con la sexualidad esta constantemente presente.

Otro estado de sensibilidad pertinente es la culpa. Se asocia con la sensación de haber hecho algo malo. En mi opinión, está relacionada con la sensación general que se tiene en el cuerpo.
Los pacientes que se sienten culpables frente a sus padres, pierden su sentimiento de culpa cuando expresan su cólera hacia el progenitor en la terapia.

Sentir es la vida del cuerpo, así como pensar es la de la mente. Conocer y sentir cuánto nos han herido puede provocar dolor.
En muchos casos, tomar conciencia de lo que se siente conduce a la expresión espontánea del sentimiento y a una descarga resultante de la tensión.

Suprimimos nuestros sentimientos por temor a no poder manejarlos cuando afloran. Pero éste temor se deriva de nuestra experiencia infantil. Tener conciencia de la propia ira proporciona cierto grado de control y por tanto, seguridad.
Para mejorar la salud, hay que determinar cuanta sensibilidad tiene cada parte del cuerpo.
Cualquier región del cuerpo que esté crónicamente tensa e insensible es una zona potencialmente problemática que puede sufrir daños.
Para recuperar la armonía y la salud, necesitamos sentir cada zona del cuerpo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 2


Capítulo 3 “La Respiración”

El derecho como persona comienza con nuestro primer respiro. La fuerza con que sentimos ese derecho se refleja en la respiración.
Respirar no es simplemente una operación mecánica, es un aspecto del ritmo corporal subyacente de expansión y contracción, que también se expresa en los latidos del corazón.
La respiración esta conectada con los estados de excitación del cuerpo. Cuando una situación es estimulante y nos entusiasma, nuestra respiración es fuerte y aumenta la energía.
Respirar profundamente sirve para distender el cuerpo.
Es importante tener conciencia de nuestra respiración. La persona que respira de forma casi inaudible está inhibiendo en gran medida su derecho a vivir.

La respiración natural abarca todo el cuerpo. No todas las partes intervienen activamente, pero son afectadas por las ondas respiratorias. Cuando inspiramos, la onda parte de un punto profundo de la cavidad abdominal y fluye hacia arriba a la cabeza. Cuando espiramos, la onda se mueve de la cabeza a los pies. La respiración profunda envuelve la cavidad abdominal, que se expande al inspirar y se encoge al espirar.

Respirar profundamente es sentir profundamente. Cuando el individuo toma conciencia de que no respira profundamente, puede proponerse ejercicios para activar su respiración. El efecto será movilizar sentimientos suprimidos de tristeza y sexualidad. Si podemos aceptar estos sentimientos (y si podemos llorar profundamente) todo el cuerpo cobrará vida.
El hecho de experimentar la espiritualidad del cuerpo no depende de efectuar algo sino de sentir una fuerza dentro de Yo que es más grande que el ego consciente.

La supresión de un sentimiento, hace que se le cobre miedo a ese sentimiento. Y se convierte en un secreto oculto que uno no se atreve a encarar. Cuando se saca a la luz en la terapia, se suscita el sentimiento, que nunca es tan atemorizador como se creía.

El individuo cuyo anhelo a sido aplastado tiene razones de sobra para sentir ira, pero le falta la energía necesaria para elevar y mantener ese sentimiento hasta llevarlo a un nivel de intensidad que lo convierta en una fuerza eficaz.
A medida que uno se deje ir y se entregue al misterioso poder del cuerpo, se recobrará la armonía y la salud.
El modo como se respira debe depender de la situación, y no de cómo cree uno que tiene que comportarse. El cuerpo sabe reaccionar de forma adecuada y se puede confiar en que lo hará si se le deja hacerlo.
La acción de estirar los miembros nos permite respirar más profundamente. Cuando nos encojemos sobre nosotros mismos al estar sentados, nuestro abdomen está contraído y nos es imposible respirar profundamente. Para enderezar un abdomen encogido yo empleo el taburete bioenergético.

Aspirar aire al respirar es sinónimo de inspiración. Inspirar es infundirle a alguien una fuerza animosa, vivificante o exaltante, que produce la inhalación de oxigeno.
Cuando respiramos profundamente, es fácil sentir lo bueno que es el mundo, lo justo y lo hermoso. Estamos inspirados.
Es trágico que tan pocas personas respiren libremente y bien.


lunes, 20 de mayo de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 1

Nota: Se trata del resumen de algunos capítulos del libro: "La Espiritualidad del Cuerpo". " Bioenergetica, un camino para alcanzar la armonía y el estado de gracia". Escrito por Alexander Lowen, Ed. Paidós, 1994, Barcelona.



“La Espiritualidad del Cuerpo”
Bioenergética, un camino para alcanzar la armonía y el estado de gracia.

La Bioenergética es una disciplina psicológica basada en las corrientes de energía existentes en el cuerpo.
Ciertos traumas mentales pueden bloquear las vías de energía.
Ejercicios combinados con terapia pueden reestablecer el flujo y conducir a la serenidad psíquica.
La espiritualidad es una armonía de cuerpo, mente y emociones que se denomina “estado de gracia”.

La sensación subjetiva de salud es un sentimiento de animación y deleite en el cuerpo, que aumenta en los momentos de alegría. Nos sentimos hermanados con todas las criaturas vivientes y reconocemos nuestra unión con el mundo.
El dolor, por el contrario, nos aísla y separa de los demás.
La salud se manifiesta objetivamente en la gracia de los movimientos del cuerpo. Cuanto más elásticos y flexibles somos, más cerca estamos de la salud. A medida que nos anquilosamos, nos acercamos a la muerte.

A. Huxley describe tres formas de armonía: la armonía espiritual entraña la sensación de estar conectados con un orden superior. La humana, se refleja en la conducta de una persona hacia su prójimo. Con la armonía animal, nos familiarizamos con la observación de criaturas libres y salvajes. Los humanos adquirimos esa armonía animal cuando nos entregamos a la “virtud del sol y el espíritu del aire” y no abusamos de nuestros cuerpos o interferimos nuestra innata inteligencia animal.

La naturaleza del hombre determina que debe llevar una vida autoconsciente en el tiempo;… “la armonía animal ya no es suficiente para dirigir la vida y debe complementarse con opiniones deliberadas entre el bien y el mal”. Pero aunque la armonía animal no sea suficiente, si que es necesaria.
Cuando mente y cuerpo se separan, la espiritualidad se convierte en un fenómeno intelectual -en una creencia y no en la fuerza vital que es-, mientras que el cuerpo pasa a ser solo carne.

La vida no siempre fluye suavemente, pero cuando uno tiene que arrastrarse a través de los días, algo anda mal en la dinámica del cuerpo y predispone a la enfermedad.
La verdadera armonía no es algo que se aprende, es una de las dotes naturales del hombre. Una vez perdida, sin embargo, sólo se puede recuperar restableciendo la espiritualidad del cuerpo.
El movimiento, la sensación y el pensamiento deben integrarse en acciones plenas.
El hecho de restablecer la armonía como un criterio de salud nos permitirá entender muchos de los problemas emocionales que asolan a los seres humanos y desarrollar la armonía que fomenta la salud.
Espíritu y materia se unen en el concepto de armonía.
El espíritu divino es experimentado como la gracia natural del cuerpo y se expresa en la gentileza de la actitud de la persona hacia todas las criaturas. El estado de gracia es también de salud.

jueves, 16 de mayo de 2013

La Lucha Sexual de los Jóvenes, parte 6



4. LAS DIFICULTADES EN LAS 
   RELACIONES DE CAMARADERÍA
    ENTRE LOS JÓVENES

¿Qué entiende el burgués por camaradería? El burgués no puede conocer la camaradería entre los sexos, porque defiende el orden sexual establecido. El adolescente burgués a dividido su sexualidad en afecto y sensualidad, pues la moral de doble faz le prohíbe el acto sexual con muchachas de su medio. En consecuencia, para él existen dos clases de muchachas: una para el cuerpo y otra para el “alma”. “Adora” a una muchacha de su propia clase, a la que no le impondría jamás la humillación de una relación sexual. Y satisface su cuerpo con hijas del proletariado, ya con prostitutas, ya con muchachas del servicio, ya con empleadas de oficina. Cuando ama, no debe tener relaciones sexuales, y cuando tiene relaciones sexuales, no puede amar. Esta dualidad de la sexualidad es con frecuencia tan importante, que muchos jóvenes burgueses son impotentes cuando desean tener relaciones sexuales con una joven “decente”. En tanto que la mujer satisface antes del matrimonio el lado corporal o sensual de la sexualidad, es un objeto sexual de explotación.
Si la muchacha “adorada” se casa finalmente, pronto pierde la consideración de que gozaba, pues independientemente de los conflictos conyugales, el marido típicamente burgués no llega a desprenderse de la idea de que el acto sexual es para la mujer un acto degradante. Y así, la sexualidad queda igualmente dividida en el matrimonio. El marido burgués continúa la mayor parte de las veces saciando su sexualidad con mujeres a las que paga.
La vida sexual burguesa siempre se encuentra entre contradicciones.

En tanto que la educación en la familia y en la escuela continúe siendo la misma, ( y continuará tanto tiempo como subsista el capitalismo), no podrá haber una verdadera camaradería entre los sexos, salvo los casos en que se tome conciencia.
Por supuesto que rechazamos el acto sexual desprovisto de afecto que no sea más que descarga sexual, sin tener en cuenta a la persona y el lugar. Esto no es más, en efecto, que moral burguesa invertida. Queremos retornar a una sexualidad completa y sana.  Una sexualidad sana va siempre acompañada de sentimientos de afecto y amistad. Quien goza de un desarrollo sexual normal sería incapaz de relaciones sexuales sin lazos personales tiernos y de camaradería.
Estamos convencidos de que la mujer no es inferior por naturaleza al hombre, sino que aquélla ha sido situada en un real estado de inferioridad como resultado de una represión económica y sexual milenaria.
Por camaradería se entiende, bien una relación basada en una comunidad de intereses intelectuales, bien una buena amistad establecida sobre la armonía sexual. Puede existir también una buena camaradería entre muchachos y muchachas sin relaciones sexuales, pero cuando estas existen, la camaradería intelectual acrecienta particularmente la satisfacción sexual.
La responsabilidad sexual existe automáticamente en una vida sexual sana y satisfactoria.
La represión, las predicaciones morales y los ocultamientos no engendran sino dificultades, sin impedir realmente las relaciones sexuales.

Yo preguntaba un día a los jóvenes del grupo “Fichte” sobre la situación relativa a las relaciones sexuales. Los jóvenes respondieron que carecían de ocasiones y de la falta de medios anticonceptivos: añadieron que lo que les producía mayores dificultades era que las muchachas “contaban muchas historias” y se hacían rogar excesivamente, cosa que los jóvenes no tenían ni ganas de hacer ni tiempo disponible, y que ellos sufrían. Entonces rogué a las muchachas que defendieran su punto de vista. Una muchacha afirmó que ellas admitirían gustosamente las relaciones sexuales si no tuvieran  generalmente miedo a que los muchachos se comportasen habitualmente como bestias salvajes, a que simplemente se arrojasen sobre ellas, y que después no se preocupasen más, o bien que hablasen entre ellos mal de las muchachas.
Tales cosas no se producirían si no existiese una moral sexual de doble faz; si los jóvenes hubiesen aprendido a tiempo que la satisfacción sexual no es solamente la satisfacción de una necesidad, como el hambre y la defecación, sino que su desarrollo espiritual, su alegría de vivir, su capacidad para el trabajo y su entusiasmo en la lucha están esencialmente condicionados por el modo de vida tanto sexual como material.

Sería un gran error creer que éstos son asuntos privados sin interés, pues las contradicciones están enraizadas en el orden sexual y en la educación capitalista: éstos corrompen a la juventud y la hacen cada vez con mayor frecuencia incapaz de luchar.


5. Significación de la represión
de la vida sexual de los jóvenes
en el capitalismo    

¿Cuál es la significación de la represión sexual de la juventud?
La mayor parte de los jóvenes aceptan el hecho de la represión de su vida sexual como una cosa natural, normal e inconmovible. Los jóvenes que tienen ideas claras  sobre los problemas sociales , se revelan abiertamente contra el hogar , la escuela y la Iglesia, mientras que los jóvenes sexualmente inhibidos, son generalmente “muy prudentes”, tanto muchachos como muchachas. Esto no ocurre por azar, tiene una verdadera significación. En efecto, en nuestro tiempo la familia y la escuela, desde el punto de vista político, no son otra cosa que talleres del orden social burgués destinados a la fabricación de sujetos discretos y obedientes. El padre, según la imagen tradicional, es el representante de las autoridades burguesas y del poder del Estado en la familia. La Autoridad del Estado exige de los adultos la misma actitud obediente y sumisa que impone el padre a sus hijos cuando éstos son  niños. La falta de espíritu critico, la prohibición de la protesta, la ausencia de opinión personal caracterizan las relaciones de los hijos fieles a la familia con los padres,  así como la de los empleados y funcionarios consagrados a las autoridades con el Estado, la de los obreros con el director de la fabrica.

El vínculo con la represión sexual es el siguiente: la represión de las tensiones y de los deseos sexuales requieren de una gran dosis de energía psíquica en todo individuo. Esto inhibe y lesiona el desarrollo de la actividad, de la razón, de la crítica. Por el contrario, cuanto más se desenvuelve la sexualidad sana y vigorosamente, el individuo se siente más libre, activo y crítico en su comportamiento general.
La moral de la abstinencia es exigida de forma particularmente severa durante la pubertad, porque en general la juventud comienza a esa edad a rebelarse contra la familia; las necesidades sexuales de cada individuo se enfrentan a los opresores.

Examinaremos de cerca el ámbito donde se expresa más intensamente la autoridad de los padres: el de la vida sexual de sus hijos. La intimidación y la atrofia sexuales, así como el despertar en los hijos el miedo a la autoridad por sus deseos, pensamientos y actos sexuales, constituyen el nudo del aparato psíquico con ayuda del cual la familia esclaviza a la juventud al capital.
Importa poco que el éxito de esta represión y de esta sumisión se produzca mediante la brutalidad o el convencimiento. El resultado es siempre la falta de independencia en los jóvenes.
La miseria psíquica y sexual de los hijos es la primera consecuencia de la represión sexual por parte de los padres, a la cual se añade la represión intelectual por la escuela, el embrutecimiento espiritual por la Iglesia y finalmente, la opresión y la explotación material por los empresarios y los patronos.

Mientras, a su vez, la escuela impone respecto de los padres la sumisión intelectual de la juventud, la Iglesia persigue ante todo la represión sexual que representa -no se repetirá esto lo suficiente- el fundamento individual más importante del oscurecimiento clerical del espíritu de crítica por el aparato capitalista.
No es casual -esto tiene una significación clara- que la “confirmación” coincida en los jóvenes católicos casi en el comienzo de la maduración sexual.
Mientras que desde sus primeros años los niños están ya bajo la influencia de la Iglesia, al llegar a la pubescencia caen completamente bajo su acción por los medios de la confirmación y del poderosísimo instrumento de la confesión. No es un secreto para nadie que, durante la confesión, el problema de saber si se ha robado o no carece de importancia, sino la cuestión de saber si se han realizado o no actividades “impuras”, es decir, si el joven se ha masturbado o no, o si se han tenido relaciones sexuales extraconyugales o no. La confesión significa la reactivación permanente de los sentimientos de culpabilidad sexual que los padres han inculcado en la primera infancia a los hijos, a fin de reprimir su curiosidad y sus inquietudes sexuales. Durante la confesión se repite siempre que la sexualidad es un grave pecado y que Dios ve todo y castigará todo lo malo. De aquí nace su miedo a la masturbación, que los agota y enferma; es a partir de aquí cuando se desarrollan los estados de angustia y los graves síntomas hipocondríacos, y finalmente se consolidan los futuros trastornos sexuales.