viernes, 10 de octubre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 12

La voluntad de vivir y el deseo de morir

El comportamiento autodestructivo es uno de los fenómenos más difíciles de comprender. Este tipo de comportamiento es relativamente raro en los animales, pero bastante común en los seres humanos. Las personas que beben, fuman, toman drogas o comen en exceso saben a cierto grado que su conducta es perjudicial. Conocí a una persona que describía cada cigarrillo como un clavo de su ataúd; acabó muriendo de cáncer. En estas personas también actúa, aunque de forma inconsciente, la cólera reprimida. El suicidio es el mejor ejemplo de ello. La mayoría de los psicólogos reconocen que el impulso de matarse contiene en su núcleo un deseo de matar a otra persona.
La represión de ese deseo a causa del sentimiento de culpabilidad vuelve el impulso asesino contra uno mismo.

Los individuos de tipo A muestran marcadas tendencias autodestructivas. ¿Acaso el hombre del tipo A que sufre un ataque cardíaco quiere ponerse enfermo? Sorprendentemente, algunos reconocen tener esos sentimientos. “Es tan fantástico esto de estar aquí tendido sin tener responsabilidades y con estas enfermeras tan guapas que me cuidan”, dijo uno de ellos.

Para algunas personas, un ataque al corazón puede parecer el único modo de escapar de las tensiones y fatigas de una existencia llena de presiones. Después, algunos hacen en su vida el tipo de cambios que podrían haber evitado el ataque.
¿Hay en estas personas una necesidad de sufrir, originada tal vez en algún profundo sentimiento de culpabilidad, de modo que sólo después de haber pagado un precio son libres de tomar alguna iniciativa positiva en su vida?

Dado que las fuerzas que han motivado este comportamiento son internas y en gran parte inconscientes, son resistentes a la voluntad consciente. Pero hasta que no se comprenden y se explica su origen, reducen a la impotencia a la voluntad consciente.    

Los psiquiatras saben que la enfermedad a menudo proporciona compensaciones secundarias. La persona enferma recibe un grado de cuidados del que quizá nunca había gozado y se le complace como a un niño sin responsabilidades. Algunas enfermedades se pueden considerar como una regresión emocional inconsciente, como un intento de obtener amor que uno no recibió de niño. Si la enfermedad es el precio que hay que pagar para recibir esta atención, se trata de un precio excesivamente alto.

Los que albergan pensamientos suicidas tienen un deseo consciente de morir, que en realidad atribuyen al dolor y a la desesperanza de su vida. Pero el suicidio también tiene otro significado. Quiere la aceptación y el amor incondicionales que no recibió de sus padres y siente que necesita. Si no los recibe, se siente pobre y lleno de rabia. Esta rabia es retroalimentada por el sentimiento de que los demás esperan cosas de él que él no puede satisfacer. Al mismo tiempo, alberga un gran sentimiento de culpabilidad por su cólera. Como se siente incapaz e indigno de amor, vuelve su cólera contra sí mismo. Al destruirse a sí mismo, también trata de herir a los demás. Está convencido de que sufrirán y frecuentemente lo hacen.











miércoles, 8 de octubre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 11


La rigidez

La rigidez es el principal mecanismo del control inconsciente del sentimiento. Se efectúa tensando los músculos voluntarios del cuerpo, de modo que a los impulsos se les niegan sus canales de expresión. Para bloquear un impulso de llorar, el rostro está tenso; para reprimir un impulso de golpear, los hombros y la espalda se ponen tensos. Cuando estas tensiones se vuelven crónicas, el impulso bloqueado no llega a la superficie del cuerpo o de la conciencia. El conocimiento de sí mismo se ha limitado. La rigidización equivale a un amortecimiento del cuerpo.

Cuando no hay ningún movimiento espontáneo en el cuerpo, no hay nada que sentir. Las emociones son actividades involuntarias del cuerpo. Nos vienen. Las emociones y los sentimientos no son funciones del yo, que controla las acciones voluntarias.
Las emociones son impulsos que surgen en el centro de nuestro ser, estrechamente conectadas con el corazón.
La rigidez puede extenderse hasta las profundidades del organismo, afectando los músculos blandos, involuntarios. Se encuentran estos espasmos en los músculos lisos de los intestinos, los bronquios y las arterias. La rigidez en los vasos sanguíneos periféricos causa hipertensión, que impone un esfuerzo enorme al músculo del corazón y es un factor de riesgo reconocido para las enfermedades de las arterias coronarias.

La negación

Si queremos comprender el papel que desempeñan las emociones en la producción del estrés, tenemos que examinar otro mecanismo de control inconsciente del sentimiento. Este mecanismo es conocido con el nombre de negación. La negación no opera amorteciendo el cuerpo, sino bloqueando la percepción del impulso. Un caso típico de negación es la persona que en una discusión empieza a gritar, pero que, cuando se le pregunta si está enfadada, niega airadamente que lo esté. La negación actúa disociando las funciones de percepción de la cabeza y el yo respecto de las funciones centrales de formación de impulsos. En realidad, ambos mecanismos, la negación y la rigidez, existen en la mayoría de los individuos en grados diversos.

Cuando se reprime la cólera, se crean resentimientos. Cuando también éstos se reprimen, la cólera subyacente arde sin llama como un volcán inactivo, manifestando su existencia con pequeñas bocanadas de vapor -en forma de irritabilidad o de comentarios críticos- que se escapan por las grietas de la corteza. En muchas de estas personas, las frustraciones continuadas pueden incrementar la energía del fuego interno hasta un nivel explosivo, del que puede brotar una respuesta irracional y exagerada. Esta explosión, no libera a estas personas, porque su reacción es tan arbitraria que las hace sentirse culpables, lo cual aviva de nuevo las llamas de su hostilidad.

¿Por qué la retención de la cólera es tan perjudicial para el corazón? Lo que sucede es que la cólera es una reacción constructiva, que incluye cierto sentimiento de afecto y amor. Cuando expresamos nuestra cólera damos a entender que nos interesa una persona y que queremos reestablecer la relación en un nivel en que el amor y la amistad se puedan sentir y expresar. Tendemos a no enfadarnos con personas que significan poco para nosotros porque, si su comportamiento nos perjudica, podemos apartarnos de ellas.

En el transcurso de los años he oído relatos de pacientes en el sentido de que una pelea limpia, con expresión abierta de cólera entre una pareja, a menudo termina en un acto de amor. En cambio, cuando hay cólera inexpresada entre los amantes, es casi imposible consumar una unión sexual.

El tratamiento de Friedman para la personalidad de tipo A, consiste en hacer que la persona sea consciente de su estado de tensión, de su hiperactividad y de su impulso apremiante de triunfar. En la medida en que se responda a este tratamiento, la persona se sentirá más relajada y menos impelida, lo que aliviará parte del estrés del corazón. Pero este planteamiento tiene sus problemas. No sólo no reconoce las tensiones musculares crónicas de que sufre el individuo hiperactivo, sino que no va a lo esencial del problema.

Lo esencial del problema es el amor, y el lugar del problema es el hogar. Las tensiones del trabajo pueden ser grandes, pero se pueden controlar cuando una persona tiene una relación segura, estable y amorosa. Lo que ocurre en el hogar es lo que crea el estrés que afecta más seriamente al corazón.

Creo que todos queremos ser libres, amar incondicionalmente, darnos enteramente en el amor y el sexo. Teniendo en cuenta las experiencias de nuestra infancia, no es fácil conseguir este estado.
Yo he realizado bastante terapia para ser consciente de las tensiones de mi cuerpo y de los temores asociados con ellas. Mi temor más grande era el de ser abandonado si no satisfacía las esperanzas de mis padres. Había un elemento de pánico en ese miedo, que traté de no sentir manteniendo mi cuerpo tenso y rígido. También percibí una profunda tristeza relacionada con la pérdida del pecho de mi madre en una edad temprana. Aun cuando tenía conciencia de este sentimiento, llorar era difícil. Para mí, llorar significaba derrumbarme y sentirme desamparado, sentimiento al que me resistía con fuerza, y que se manifestaba en la rigidez de mi espalda y mi cuello. Trabajé de modo intensivo con mi cuerpo para ablandarlo a fin de que el llanto pudiera irrumpir con mayor facilidad. Liberé gran parte de la tensión de la zona superior de mi espalda golpeando regularmente la cama con los puños mientras verbalmente daba expresión a la cólera. Es necesario trabajar con el cuerpo así como con la mente para lograr los cambios que asegurarán la salud del corazón.

lunes, 6 de octubre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 10


Estrés en el trabajo y en el hogar

Por los estudios que hemos descrito, parece que hay dos tipos distintos de estrés que pueden afectar al corazón. Uno es consecuencia de las situaciones agitadas del mundo, las más veces del lugar de trabajo, y se asocia con la conducta de tipo A. El otro procede de situaciones del hogar, donde se asocia con la discordia matrimonial y una falta o pérdida de amor. Pero, estas situaciones ¿no están relacionadas? Hemos observado que la conducta del tipo A está motivada por la necesidad de una mayor autoestima, necesidad cuyo origen puede remontarse a una falta de amor incondicional en la infancia. Sin embargo, necesitamos amor incondicional incluso cuando somos adultos. Parece improbable que los que experimentan de este amor sucumban tan fácilmente al estrés como los que no lo hacen.

Aunque las situaciones de discordia marital lleven con tanta frecuencia a la hostilidad, no tienen por qué hacerlo necesariamente. La alternativa es que los cónyuges tengan una buena pelea. Ciertos conflictos se pueden discutir y resolver con calma, pero no los que tienen que ver con las cuestiones más profundas del poder y el amor propio que perturban a la mayoría de los matrimonios. Una mujer puede sentir, por ejemplo, que su esposo la utiliza, no hace caso de sus sentimientos o la humilla. Un hombre puede sentirse agobiado por la dependencia de su esposa, humillado por sus comentarios críticos o rechazado por su falta de deseo sexual. Los resentimientos de este tipo conducen a la hostilidad si no se expresan.

 Pero la expresión de sentimientos negativos generalmente provoca cólera, lo cual está muy bien si los cónyuges están dispuestos a pelearse. No todos lo están. Muchas parejas tienen miedo a expresar su cólera, porque ello trastorna la relación. A otras personas incluso les cuesta encolerizarse porque la emoción fue reprimida tan profundamente en la infancia que, de adultos, está fuera de su alcance. Sí, por una parte, sus padres se peleaban constantemente, tienden a evitar las disputas por el ambiente desagradable que crean sin resolver necesariamente nada. Mis padres nunca desahogaban su cólera entre sí, y por esto sentían una hostilidad perpetua. En consecuencia, tuve que trabajar duro en mi propia terapia para hacer más accesible mi cólera.  

Las cargas emocionales

¿Es estresante por sí misma la expresión de la cólera? Muchas personas creen que todas las emociones lo son y que el mejor modo de evitar la tensión es permanecer en calma, no permitir que la emoción nos domine y dejar que las situaciones perturbadoras pasen como se desliza el agua por el lomo de un pato. Pero no reaccionar requiere un esfuerzo, puesto que la tendencia natural es hacerlo. Los seres humanos somos organismos sensibles cuyas reacciones ante su entorno están motivadas por sus sentimientos y guiadas por sus pensamientos.

Sólo podemos reducir el sentimiento amorteciéndonos o endureciéndonos, lo cual no sólo reduce el impacto del ambiente, sino también nuestra capacidad de responder o de salir de nosotros mismos, es decir, de amar. Naturalmente, esto se convierte en una insensibilidad tanto de las fuerzas positivas como de las negativas, hacia el amor así como hacia la hostilidad. Este blindaje nos abruma y, al agotarnos, nos hace aún menos resistentes al estés.  

 Muchas personas se quejan de sufrir cargas emocionales; su cuerpo muestra tensiones similares a las que imponen los pesos físicos. Sus hombros están encogidos, su espalda, curvada y sus músculos están fuertemente contraídos, a veces hasta un punto doloroso. Las cargas emocionales son agentes estresantes tan poderosos como las cargas físicas y actúan de modo muy similar.
El cuerpo puede arreglárselas muy bien con cierta cantidad de estrés. No obstante, cuando la carga es incesante o el refrenamiento crónico, el estrés se vuelve perjudicial. El daño más grande se produce cuando dejamos de ser conscientes de los pesos que llevamos o de las restricciones que nos hemos impuestos, porque ya no sentimos la tensión en nuestro cuerpo.
A menudo es necesario controlarnos o modificar conscientemente nuestra conducta para adecuarla a la situación inmediata.
Pero antes de poder controlar conscientemente nuestras acciones debemos conocer los sentimientos que determinan una respuesta determinada, y debemos tener la capacidad de expresarlos.
En las personas neuróticas, el control inconsciente de la conducta actúa de forma que reduce su dominio de sí mismas. Este control inconsciente se manifiesta en su dificultad para decir “no”, para pedir ayuda, para llorar cuando los hieren o para enfadarse cuando los insultan.

viernes, 3 de octubre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 9


La cólera reprimida

Otros varios estudios han sugerido que la hostilidad puede ser un factor determinante  de la aparición de enfermedades del corazón. Descubrieron que los niveles altos de potencial de hostilidad y “cólera interna”  - en otras palabras, cólera reprimida- “estaban en estrecha correlación con una mayor gravedad de la arteriosclerosis coronaria (CAD)”.

Estas emociones producen un exceso de norepinefrina, que actúa para movilizar todos los órganos del cuerpo, incluido el corazón, para hacer frente a una amenaza o una crisis. Si una persona actúa de forma adecuada para enfrentar a la crisis, la hormona, tras cumplir su cometido, no tiene efectos perjudiciales para ninguna parte del cuerpo. Pero la cólera contenida mantiene a una persona en situación de crisis todo el tiempo. El corazón es puesto en la situación de ser estimulado constantemente mas con imposibilidad de actuar.

Y la mayoría de las personas de nuestra cultura tienen un grado u otro de cólera reprimida. ¿En qué punto se convierte en una amenaza para la vida?
¿Por qué un ataque ocurre cuando ocurre? ¿Qué tensión inmediata de una vida individual puede desencadenar un ataque?
Se ha dicho que la pérdida de un empleo con frecuencia actúa como causa precipitante de un ataque cardíaco. La pérdida de un ser querido a causa de la muerte también puede desencadenarlo. Dado que el corazón está implicado en el amor, pero no directamente en la hostilidad y la cólera, es razonable pensar que los trastornos en el amor están en la base de la enfermedad del corazón. En este caso, una crisis inmediata en la vida amorosa de una persona puede ser un factor central para precipitar un ataque cardíaco.

El propio Friedman ha llegado a la conclusión de que la falta de amor es responsable de la conducta de tipo A. “Creemos ahora”, ha escrito, “que una de las causas que más contribuyen a fomentar la inseguridad es el hecho de que la persona de tipo A no recibiera, en los primeros años de su infancia, amor incondicional, afecto y estímulo por parte de uno de los padres o de ambos“. En esta situación, el individuo de tipo A no tiene más que una salida: embarcarse en “una lucha continua, en un intento incesante de realizar o triunfar, cada vez más, en cada vez menos tiempo”.

James Lynch también ha sugerido que una falta de amor puede causar la enfermedad del corazón. Lo que impulsó a Lynch a estudiar las “consecuencias médicas de la soledad” fue la observación de que el contacto humano puede tener un efecto positivo en el corazón de animales estudiados en el laboratorio, así como en el corazón de pacientes de las unidades coronarias.

El contacto humano

El contacto humano afecta la circulación de la sangre. Los seres humanos necesitan algún tipo de contacto amoroso. Muchas personas buscan este contacto en el matrimonio, pero no todas lo encuentran. A causa de su miedo al amor, los cónyuges con frecuencia se tratan uno al otro como adversarios y se enzarzan en luchas de poder.
Se disponen de pruebas suficientes para establecer una conexión entre las discordias matrimoniales y la aparición de enfermedades coronarias y la muerte prematura.
Sin embargo, no todos los hombres cuyo matrimonio era difícil sufrieron ataques al corazón. Es lícito suponer por tanto, que unos hombres supieron enfrentarse mejor que otros a la tensión de la discordia matrimonial.

Muchos de nosotros vivimos con las tensiones del conflicto matrimonial y con la realidad o la amenaza de ruptura de relaciones como un hecho de la vida moderna. Es importante comprender la naturaleza de estas tensiones si queremos hacerles frente con eficacia.

martes, 30 de septiembre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 8



El amor, el estrés y el corazón 

Hemos estudiado la naturaleza del amor y hemos examinado su relación directa con el corazón. Hemos visto que muchas personas, en nuestra cultura, sufren una pérdida de amor en la infancia que las deja con el corazón partido. En interés de la sobrevivencia, reprimen el dolor blindándose a sí mismas -en otras palabras, dando rigidez a los músculos del pecho-. Esta rigidez restringe y limita la respiración, el movimiento y los sentimientos, e impone una tensión continua al cuerpo y al corazón. La existencia de esta clase de tensión es, en mi opinión, lo que predispone a tantas personas a las dolencias cardíacas.

En la segunda mitad de este libro exploraremos la relación existente entre la angustia y las enfermedades del corazón.
Una enfermedad importante no es un hecho casual, sino que está relacionado con el estilo de vida y sugerimos como hay que hacerle frente a fin de crear una vida relativamente libre de estrés grave. La idea básica, como veremos, es ésta: sólo la persona que no tiene miedo de amar puede estar razonablemente segura de que su corazón permanecerá sano.

Hoy en día la mayoría de las personas aceptan la idea de que un estrés excesivo puede ser causa de enfermedad. ¿pero, por qué el estrés perjudica gravemente al corazón en una persona, mientras que en una segunda produce artritis y, en una tercera, cáncer. Por decirlo de otro modo, ¿cuál es la naturaleza del estrés que afecta negativamente al corazón, y qué clase de personas son particularmente vulnerables?

Personalidad de tipo A

En las primeras investigaciones, pudo observarse que casi todos los pacientes coronarios mostraban una semejanza en su expresión facial, sus gestos corporales y su manera de hablar. La mandíbula apretada y los músculos de la boca tensos, junto con una postura tensa del cuerpo, un rápido golpeteo con los dedos o movimiento de las rodillas, los puños apretados durante la conversación ordinaria, el rechinar de dientes, los movimientos rápidos del cuerpo, la manera rápida de hablar y la impaciencia con la manera de hablar lenta de los demás; también una mueca como de gruñido en la comisura de los labios.
Personas muy competitivas, con un intenso impulso de ganar; fácilmente irritables cuando otros no están de acuerdo con ellos; tenían opiniones fijas; se impacientaban cuando el tráfico las detenía o tenían que hacer cola; comían y andaban de prisa; y no podían tolerar la inactividad.  

Friedman y Rosenman calificaron a las personas que mostraban todos o algunos de estos rasgos como individuos del tipo A, y a los que estaban libres de ellos, individuos del tipo B. Describieron al individuo del tipo A como una persona extremadamente tensa, afectada de un sentimiento de urgencia temporal, que albergaba una hostilidad fluctuante de la que no era consciente y que luchaba contra una autoestima reducida, que compensaba con los éxitos. Estudios posteriores demostraron la existencia de una conexión directa entre las actitudes, la conducta y las dolencias cardíacas. Los sentimientos y pensamientos de una persona influyen realmente en la evolución de las dolencias cardíacas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 7

La pérdida de la integridad

En la parte inferior del cuerpo ocurre un fenómeno similar, causado por un anillo de tensión alrededor de la pelvis. La tensión aparece en edad temprana debido a experiencias de vergüenza, temor y culpabilidad en relación con las sensaciones sexuales y su expresión. El niño aprende pronto que puede ser profundamente herido si se abandona a sus deseos e impulsos sexuales. No puede evitar que se produzca la excitación sexual, porque ésta tiene lugar en un nivel situado por debajo del control consciente. No obstante, puede bloquear la fusión del yo por el calor de la pasión, lo que constituye una efectiva renuncia al amor. Esto se realiza mediante tensiones musculares en la parte inferior de la espalda y la pelvis que impiden el flujo descendente de la excitación hasta el vientre y los genitales. Una vez que ocurre esto, el sexo no tiene conexión con el corazón, al igual que éste no tiene conexión con la mente.

La unidad del cuerpo se mantiene en el nivel biológico profundo; la escisión antes descrita afecta a nuestro yo consciente, destruyendo el sentimiento de ser todo de una sola pieza, de estar integrado, de ser una totalidad.
En semejante situación, la conciencia de sí mismo queda confinada a la cabeza. El yo que reside en el cerebro posee todavía un corazón y unos genitales, pero no se identifica con ellos porque, cuando uno vive en la cabeza, el cuerpo es visto como un instrumento del yo. En este estado de cosas, la actividad sexual se convierte en una actividad destinada a demostrar habilidad masculina o femenina. No se experimenta como una expresión de amor.

Esta escisión funcional de la unidad del cuerpo, que se representa en la fig. 6, separa la conciencia de la cabeza y sus funciones de los sentimientos del corazón y de la actividad sexual de los genitales. Esto tiene lugar debido a una constricción de los pasadizos de conexión: el cuello, que conecta la cabeza y el tórax; y la cintura, que conecta el tórax y la pelvis.
Como un corazón tan separado del mundo languidecerá, este estado de cosas puede tener graves consecuencias para la salud del corazón.



La pulsación del corazón y las arterias es una de las fuerzas que sirven para unificar el cuerpo en un nivel inconsciente. Esta función es asumida en el nivel consciente por la respiración, que también es una actividad pulsátil. Los movimientos respiratorios forman oleadas que atraviesan el cuerpo de un extremo a otro. Cuando estas oleadas no sufren obstrucción por parte de anillos de tensión en el cuerpo, podemos sentirnos a nosotros mismos desde la cabeza hasta la punta de los pies. Sin embargo, las tensiones musculares como las descritas anteriormente restringirán la respiración en uno o dos segmentos del cuerpo. Estas pautas se acentúan con el estrés, y a menudo se transforman en sensaciones de malestar. Esta clase de respiración puede afectar negativamente al corazón.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 6


El factor erótico

La excitación sexual puede saturar todo el cuerpo hasta el punto de que llegue al corazón. Cuando esto ocurre, el contacto en cualquier parte de los dos cuerpos posee una cualidad erótica, aunque la carga sea más fuerte en las zonas erógenas. Cuanto mayor es la amplitud corporal que participa en la descarga de excitación, mayor es el placer y la satisfacción del orgasmo. Con la participación total del cuerpo se tiene un orgasmo pleno que abarca al corazón. Un orgasmo así se acerca al éxtasis.

Por desgracia, semejante respuesta es rara. Para la mayoría de los hombres, el clímax sexual se limita a la eyaculación. Para muchas mujeres, el clímax no ocurre. Cuando lo hace, se limita, de modo similar, al clítoris. Los clímax varían, y es correcto caracterizarlos como de implicación total, mediana, o muy pequeña. Pero esta descripción de cómo responden los individuos en el sexo se aplica también a otras actividades. En el mundo de los negocios de hoy en día la cabeza es más importante que el corazón. No nos implicamos totalmente en nuestro trabajo, que en la mayoría de los casos no es una labor de amor. ¿Qué tiene que ver el corazón con el hecho de ganar dinero?

Segmentación entre cabeza, corazón y genitales

Cuando el trabajo era una actividad física intensa, una parte mayor de nuestro ser participaba en él. Implicarse emocionalmente en un trato de negocios es una manera segura de perder. En efecto, lo que hemos hecho ha sido aislar los tres segmentos principales de nuestro cuerpo y nuestra personalidad. La cabeza y los genitales no tienen nada que ver con el corazón o entre sí. La cabeza es para hacer dinero, los genitales para divertirse, y el corazón -el pobre corazón- ha perdido su conexión con el mundo porque ha sido aislado de la cabeza y los genitales.

Las tensiones en los sistemas musculares voluntarios están bajo el control del yo, que a menudo anula el deseo del corazón y crea una oposición entre la cabeza y el corazón.
Temeroso del rechazo, uno deja de tender las manos para tocar, los brazos para abrazar, los labios para besar, la boca para chupar (como hace un bebe) y los ojos para ver. Estos movimientos son restringidos o inhibidos por tensiones en el anillo óseo del hombro, el cuello y la mandíbula. La tensión en los hombros, como ya hemos visto, se produce por la necesidad de suprimir el impulso de golpear por cólera o rabia. Una expresión de boca apretada y labios delgados significa desconfianza y desaprobación del afecto., y la mandíbula apretada denota determinación de no ceder al anhelo de amor, proximidad y contacto, por miedo de la desilusión o al rechazo.