martes, 1 de septiembre de 2026

El Pensamiento Corporal

 El Pensamiento Corporal

Extractos del Libro de Susana Keselman del mismo nombre


  Todos los seres humanos tenemos conflictos, y  existe una forma saludable de resolverlos


MIS PIES ¿PIENSAN?... ¿SUEÑAN?

"Mi pie derecho no apoya en los mismos puntos que mi pie izquierdo: apoya más hacia el borde interno, y el izquierdo más hacia el centro. Tampoco los dedos apoyan igual: ni siquiera apoyan la misma cantidad de dedos en uno y otro pie. Podría decir, en términos generales, que un pie está más en el aire y que el otro me tiene más apegada a la tierra. No sé cuál de los dos va por la buena senda y me hace más caminable la vida. Lo que sí sé es que parece un pie más viejo que el otro, uno más cansado, uno más protestón, uno más distraído, uno más fuerte. A veces voy tan apurada que no alcanzo a oír lo que me dicen y me sorprendo viéndolos dar puntapiés, o tener tropezones, o negarse a caminar, olvidarse de movimientos serenos, y correr tras promesas inciertas sin que yo entienda razones..."

La impaciencia me distrae del descubrimiento de ser yo misma.


LA AUTOOBSERVACION

A través de la autoobservación es posible captar la conducta en el cuerpo y a la vez, adqirir cierto  grado de sensibilidad…..Asimismo,  la observación de la propia conducta "corporal",se puede  nutrir de la observación de la conducta en el cuerpo de otras personas. Estas sensaciones que son la base de emociones, de pensamientos y de acciones en el interior de sí mismo y hacia el entorno.

La observación de la conducta, instrumento privilegiado para el desarrollo de las ciencias del hombre, transforma a cada uno en un investigador de sí mismo, en un curioso de los comportamientos y sus consecuencias, en un escudriñador de los modos de hacer, en un elaborador de teorías personales, de hipótesis de trabajo. Es la posibilidad de ejercer y desarrollar una vida más libre de hábitos inútiles, de comportamientos sin sentido, y de construir con libertad nuestro modo de ser, al menos de construirnos a nosotros mismos con un poco más de libertad.

La autoobservación modifica el campo de lo observado.

EL MIEDO A LA SENSACION

El miedo a hacerse responsable por la sensación conforma un no del que quizás no se tenga conocimiento. Un no en la musculatura que es un no en las neuronas, un no en el psiquismo, para defenderse de la sensación. Se crea una verdadera resistencia a la sensación que desencadena mecanismos de defensa: el borramiento o la negación, de la sensación como resultado del temor a sentirla.  

Miedo enraizado en las leyes que contradicen nuestra naturaleza corporal — y que pueden estar escritas o no — en los mandatos sociales o familiares, en el temor a la enfermedad o a la locura. Temores, prohibiciones que se van inscribiendo en el cerebro, que se internalizan, que se adentran en el interior de nuestra mente y de nuestro cuerpo, y que "mágicamente" se apropian de nosotros, aunque nosotros creemos que nos apropiamos de ellos. 

Uno termina caminando con zapatos con taco demasiado alto o excesivamente cerrados, o muy ajustados. Zapatos que inhiben los movimientos de los dedos o el ejercicio pleno del volumen del pie; que dañan la piel, que tergiversan los apoyos, que limitan la sensibilidad. Este miedo a la sensación, que muy profundamente es un miedo al cambio, abre el capítulo de cómo las normas sociales, los fenómenos psicológicos, las necesidades corporales no escuchadas, modifican el comportamiento.

Como dije anteriormente, el registro de la sensación dejará una huella a la que es posible — no fácil — volver. Esta huella es la que modificará el campo total.  

Por otro lado el incremento de la sensibilidad, la apertura hacia el universo de la sensación, es muchas veces el contacto con el dolor y el sufrimiento. El darse cuenta, el estar sensibles, son procesos para el registro de distinto tipo de sensaciones, placenteras o dolorosas . Y el dolor es un mensaje de que algo no funciona bien. Son más temibles los dolores que uno ya no siente, no registra. Cuando registramos un dolor, cuando un dolor se hace presente en el cuerpo o, mejor dicho, una tensión se hace presente a través del dolor, nos descubre un conflicto que de otro modo no percibiríamos.

Este proceso de ponernos en contacto con el dolor obviamente es hiriente, y el cuerpo que comenzaba a abrirse puede volver a cerrarse. Incluso, la sensación dolorosa podría desaparecer... pero el dolor permanecería en nuestro interior. Este es el trabajo que cada uno tiene consigo mismo: permanecer abierto en el dolor, tarea verdaderamente difícil e incomprensible en muchos momentos para nuestra conciencia, como el único camino para la liberación de la tensión. No podemos deshacernos de una tensión que no sentimos.

1. Construimos corazas corporales como fortalezas, desde donde miramos la vida. Nuestros ojos ven lo que nuestras crispaciones les permiten. Vemos el engaño o la traición o la derrota desde una estructura de carácter — como diría Reich — o desde una postura corporal determinada que lleva en sus tensiones la incapacidad de ser libres de elegir la postura más saludable o los caminos para la liberación de la coraza.

2. Las corazas son conductas defensivas que nos protegen de sentimientos, de sensaciones que nos ponen en peligro, porque nos conectan con nuestras debilidades — provenientes tal vez de otros momentos de la vida — y que se actualizan en verdaderas armaduras musculares.

3. Hemos aprendido a construir defensas para inhibir nuestras sensaciones y sentimientos; pero, aun más, hemos aprendido a no sentir sensaciones y sentimientos y a construir corazas seguras, no sólo para resguardamos sino para ir dejando poco a poco de sentir.

4. Las corazas son palabras, movimiento, imagen, recuerdo, pensamiento agazapado en algún lugar del cuerpo.

5. El cuerpo acorazado ha perdido raíz, grounding,   tierra,  se ha ido separando de su realidad, ha perdido contacto consigo mismo. Se ha ido insensibilizando a sus sensaciones, tiene una pobre percepción de lo que pasa, poca receptividad para autoobservarse.

6. Un enraizamiento pobre lleva a la búsqueda corporal de otros soportes. Cuerpos que se sostienen desde los hombros o desde la cabeza o desde otros lugares corporales.

7. El cuerpo acorazado empobrece su respiración, la superficializa, y al empobrecer la respiración disminuye sus sensaciones en el interior del bajo vientre, en la pelvis.

La terapéutica inspirada en estas ideas buscará entonces:

a) enraizar, o sea permitir la liberación o la descarga de la energía. La carga energética se produce a través de la parte superior del cuerpo: el alimento y la respiración; y la descarga es función de la parte inferior del cuerpo a través del aparato sexual — en sentido amplio, no sólo genital — y ésta es la dirección de la cura;

b) profundización de la respiración con la idea de liberar las tensiones musculares crónicas a lo largo de la espalda, en la mandíbula, en la pelvis, en el vientre o en las piernas;

c) Ejercicios que llevan al cuerpo a un estrés que genera un movimiento espontáneo: temblores, vibraciones y otras manifestaciones corporales (náuseas, mareos, desequilibrios) mediante los cuales se busca devolver al cuerpo una onda de movimiento que lo vincule con las sensaciones y con los sentimientos.

Con esto se inicia un proceso en el que la catarsis o descarga es un paso (sólo un paso), desde donde se comenzará el trabajo de asentamiento de aquello que se despierta.


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