viernes, 22 de marzo de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 10


Diez
Trabajo Preliminar para una
Democracia Duradera

La desintegración de la dictadura es, por supuesto, causa de gran celebración. La gente que por tanto tiempo ha sufrido y ha pagado un precio tan alto, merece un tiempo de gozo, relajamiento y reconocimiento.
Desafortunadamente, esta no es una oportunidad para reducir la vigilancia. Se deben tomar muchas precauciones para impedir que surja un nuevo régimen opresivo durante la confusión que acompaña al derrumbamiento del viejo. Es necesario establecer las bases constitucionales y legales así como las normas de comportamiento de una democracia duradera.

Nadie debe creer que con la caída de la dictadura inmediatamente va a aparecer una sociedad ideal. Los serios problemas políticos, económicos y sociales seguirán durante años, y hará falta la cooperación de muchas personas y grupos para buscarles solución.

Amenazas de una nueva dictadura

Aristóteles advirtió hace tiempo “……que la tiranía puede cambiar y convertirse en tiranía”. La Historia nos da muchos ejemplos de cómo algunas personas o grupos consideraron el derrumbamiento de un régimen opresivo meramente como la oportunidad de convertirse en los nuevos amos. La nueva dictadura puede ser aún más cruel que la anterior y ejercer un control más asfixiante.

Cerrándoles el paso a los golpes de estado

Hay maneras de derrotar los golpes de estado que se intenten contra una sociedad recientemente liberada. A veces basta un conocimiento previo de esa capacidad de defenderse para impedir el intento.
El primer principio básico que hay que esgrimir para defenderse contra el golpe es negarles la legitimidad a los golpistas.
Los golpistas también necesitan que los líderes civiles y la población los apoye, que estén confundidos o que sencillamente se mantengan pasivos. También requieren que multitud de personas que manejan el sistema político, las instituciones sociales, la economía, la policía y las fuerzas militares se le sometan pasivamente y lleven a cabo sus funciones habituales tal como las hayan modificado las órdenes y políticas de los golpistas.

El segundo principio de la defensa contra el golpe de estado es el de resistir a los golpistas por medio de la nocooperación y el desafío político. Debe negársele la cooperación y asistencia que necesitan. El golpe muere de inanición política, y se habrá restaurado la oportunidad de construir una democracia.

Redactando una constitución

El nuevo sistema democrático va ha requerir de una constitución que establezca la estructura deseada del gobierno democrático.
La redacción de la constitución debe ser fácilmente comprendida por toda la población. No debe ser tan compleja ni tan ambigua como para que sólo los abogados u otras élites puedan decir que la comprenden.  

Una política democrática de defensa

El país liberado puede tener que enfrentarse a una amenaza extranjera, para lo cual se necesita una capacidad defensiva.
Debemos recordar que algunos grupos van a ignorar cualquier disposición constitucional en su afán de convertirse en los nuevos dictadores. Por consiguiente, la población necesita asumir la tarea permanente de aplicar el desafío político y la nocooperación  contra cualquier dictador en potencia y de preservar las estructuras, los derechos y los procedimientos democráticos.

Una responsabilidad meritoria

Los efectos de la lucha noviolenta son no solamente debilitar y quitar al dictador sino también dotar de poder al oprimido. Esta técnica habilita a las personas que previamente sentían que no servían más que como víctimas. Esta experiencia de lucha tiene consecuencias psicológicas importantes que contribuyen a aumentar la autoestima y la confianza en sí mismos entre los que antes carecían de todo poder.
La sociedad  estará más apta para manejar los problemas recurrentes y futuros. La población, experimentada en el uso del desafío político, será menos vulnerable a la acción de una dictadura en el futuro.

Los pensamientos expresados en este examen del desafío político o la lucha noviolenta tienen como fin tratar de ayudar a todas las personas y grupos que buscan liberar a sus pueblos de la opresión dictatorial y establecer un sistema democrático duradero que respete las libertades humanas y la acción popular para mejorar la sociedad.
Tres conclusiones principales se derivan de las ideas bosquejadas aquí:

-Es posible liberarse de las dictaduras;

-Una reflexión cuidadosa y una planificación estratégica muy meticulosa son indispensables para lograr la liberación y:

- Se necesita vigilancia, mucho trabajo arduo y una lucha disciplinada a veces a un precio muy alto.

Es cierta la multicitado frase: “La libertad no es gratis”. La gente tendrá que aprender cómo conseguir esa libertad por sí misma. No será fácil.
La libertad que se gana por medio de una lucha de este tipo puede ser duradera y ser mantenida por un pueblo tenaz comprometido a conservarla y enriquecerla.





viernes, 15 de marzo de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 9


Nueve
Desintegrando la Dictadura    

El efecto acumulativo de estas exitosas campañas de desafío político bien dirigidas sería el fortalecimiento de la resistencia y el establecimiento y expansión de áreas de la sociedad donde la dictadura se encuentra con los límites de su control efectivo. También proporcionan una gran experiencia que será de gran ayuda cuando llegue el momento de una nocooperación y un desafío masivos.

Tal como se discutió en el capítulo Tres, la obediencia, la cooperación y la sumisión son esenciales para que un dictador sea poderoso. Sin acceso a las fuentes del poder político, el poder del dictador se debilita, y finalmente se esfuma.  

Los actos simbólicos de repudio y desafío se encuentran entre los medios disponibles para minar la moral del régimen y su autoridad política, es decir, su legitimidad. Es necesario retirarle la cooperación y la obediencia para negarle al régimen el acceso a las otras fuentes de poder. Las huelgas, el boicot, y la creciente autonomía en algunos sectores de la economía, las comunicaciones y el transporte, debilitarán al régimen.
Si la población está preparada, como en la guerra, para arriesgarse a serias consecuencias como precio del desafío, la efectividad de las sanciones aplicables por la dictadura se verá drásticamente disminuida; es decir, la represión de los dictadores no logrará el sometimiento deseado. En segundo lugar, si la policía y hasta las mismas fuentes militares se manifiestan descontentas, puede ser que individualmente o en grupo evadan o francamente desacaten las órdenes de arrestar, golpear o disparar contra los de la resistencia. Si los dictadores ya no pueden confiar con la policía y las fuerzas militares, la dictadura está seriamente amenazada.

La escalada de la libertad

A medida que las instituciones civiles de la sociedad se fortalecen en relación con la dictadura, entonces, sin importar lo que quieran los dictadores, la población está construyendo de manera creciente una sociedad independiente fuera del control de aquélla. Si la dictadura va a intervenir para frenar este “aumento de la libertad”, cuando lo haga, se puede aplicar la lucha noviolenta en defensa de este espacio recientemente ganado, y la dictadura se verá confrontada por otro “frente” más en la lucha.

Con el tiempo, esta combinación de resistencia y construcción de instituciones puede conducir a una libertad de facto. El derrumbamiento de la dictadura y la instauración formal de un sistema democrático se hará innegable.

Desintegrando la dictadura

Mientras se lleva a cabo la transformación institucional de la sociedad, el movimiento de desafío y nocooperación pueden ir en escalada. Los estrategas de las fuerzas democráticas pueden moverse más allá de la resistencia selectiva y lanzar el desafío masivo.

Con el tiempo, la combinación de un desafío político vigoroso y la construcción de instituciones independientes, es posible que atraiga una amplia atención internacional a favor de las fuerzas democráticas.

Durante el curso de la lucha de liberación, las victorias, aunque sean pequeñas, deben de celebrarse. Los que han ganado una victoria deben ser reconocidos. La celebración, acompañada de la vigilancia, también contribuye a mantener la moral en alto, y esto es muy necesario para las futuras etapas de la lucha.      

Manejando el triunfo responsablemente

Los planificadores de la gran estrategia deben calcular por adelantado los modos posibles y preferibles de cómo una lucha victoriosa puede concluirse de la mejor manera a fin de impedir el surgimiento de una nueva dictadura y de asegurar el establecimiento gradual de un sistema democrático duradero.
Un total vacío de poder podría abrirle el paso al caos y a una nueva dictadura.
Deberá haber planes específicos para la transición a la democracia que deberán ser aplicados cuando la dictadura esté debilitándose o se derrumbe.

Cuando los dictadores tengan que enfrentarse a una población cuyo poder cada vez es mayor y al crecimiento de grupos democráticos e instituciones independientes - a ninguno de los cuales podrá ya controlar la dictadura- los dictadores se encontrarán con que su poder se está desbaratando.

No todos los esfuerzos triunfarán, y en especial, nunca lo harán fácilmente, y sólo rara vez, pronto. Debemos recordar que tantas son las guerras militares ganadas como las perdidas. Sin embargo, el desafío político ofrece una verdadera posibilidad de victoria. Esto puede ser por medio del desarrollo de una gran estrategia, un arduo trabajo y una lucha tanto valiente como disciplinada.        





miércoles, 13 de marzo de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 8


Ocho
Aplicando el Desafío Polític

En situaciones en que la población se siente impotente y asustada, es importante que las tareas iniciales para el público sean acciones de poco riesgo, que le desarrollen confianza en sí mismo. Esta clase de acciones, -tales como vestirse con atuendos diferentes- pueden interpretarse públicamente como una opinión disidente y brindar una oportunidad para que el público participe significativamente en un acto de disensión.
Los estrategas deben escoger un asunto cuyos méritos sean ampliamente reconocidos y difíciles de rechazar. El éxito en tales campañas limitadas puede ser no sólo corregir malestares específicos sino convencer a la población de que en verdad tiene potencial para ejercer el poder.

Al contemplar una serie de campañas específicas para implementar la gran estrategia, los estrategas del desafío tienen que considerar cómo las campañas del comienzo de la lucha, las de la mitad o las ya próximas a su conclusión se diferenciarán unas de otras.

Resistencia selectiva

En los momentos iniciales de la lucha las campañas separadas con distintos objetivos específicos pueden ser muy útiles. Estas campañas selectivas pueden hacerse una tras otra. Ocasionalmente dos o tres pueden ocurrir al mismo tiempo.

Por principio, los estrategas tienen que planificar la estrategia para la primera campaña. ¿Cuáles han de ser sus objetivos limitados? ¿Cómo van éstos a ayudar a la realización de la gran estrategia? Sería prudente formular por lo menos los lineamientos generales para una segunda y acaso hasta una tercera campaña.

El reto simbólico

Las primeras y más específicas acciones deben estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la población e influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través de la nocooperación y el desafío político.
La acción inicial podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un acto simbólico de nocooperación limitada y temporal.
Aún cuando estas acciones tengan un tremendo impacto moral y sicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer a la dictadura, porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de la dictadura.

Distribuyendo las responsabilidades

El escalonar las campañas de resistencia según los motivos y el sector de la población que ha de actuar les permitirá a otros sectores descansar un poco mientras la resistencia prosigue.

La importancia de la resistencia selectiva consiste en defender la existencia y autonomía de los grupos políticos, económicos y sociales así como a las instituciones fuera del control de la dictadura. Estos centros de poder proporcionan las bases institucionales  desde las cuales la población puede ejercer presión o resistirse a los controles dictatoriales.

Apuntando al poder del dictador

A medida que la lucha a largo plazo se desarrolla más allá de las estrategias iniciales hacia fases más ambiciosas y avanzadas, los estrategas han de calcular cómo limitar más las fuentes de poder del dictador. El objetivo será usar la nocooperación popular a fin de crear una nueva situación más ventajosa para las fuerzas democráticas. La idea es propiciar una parálisis política y por último el fin de la dictadura y su desintegración.

Durante la planificación e implementación del desafío político y la nocooperación, es muy importante prestar atención a todos los defensores y auxiliares de los dictadores, inclusive a su camarilla interna, al partido político, la policía y la burocracia, pero especialmente al ejército.

Haría falta calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de las fuerzas militares, tanto soldados como oficiales, y determinar si son susceptibles de ser influidos por las fuerzas democráticas. ¿Pudieran los soldados comunes y corrientes ser unos presos descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría poner en contra del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los soldados y oficiales vulnerables a la subversión democrática?

Los oficiales simpatizantes pueden jugar papeles vitales en la lucha democrática tales como difundir entre las fuerzas militares el descontento y la nocooperación, y calladamente hacer caso omiso de las órdenes, manteniéndose firme en su decisión de no reprimir.

El ejército es uno de los recursos de poder más importante de los dictadores porque éstos pueden usar las unidades militares disciplinadas y su armamento para atacar directamente a la población desobediente y castigarla.
Las estrategias orientadas a subvertir la lealtad de las huestes del dictador deben gozar de una prioridad especial de parte de los planificadores democráticos.

Las fuerzas democráticas no deben pedirle a los soldados y oficiales que se amotinen inmediatamente; en lugar de eso, debe aclarárseles que hay múltiples formas de “desobediencia disimulada”. Por ejemplo, los policías o los soldados de tropa pueden entorpecer el cumplimiento de las órdenes de distribución, no acertar a encontrar a las personas buscadas, advertir a los de la resistencia acerca de las órdenes de represión que se han dictado contra ellos así como de los arrestos y deportaciones, y pueden dejar de transmitir información importante para sus oficiales superiores. Por su parte, los oficiales descontentos con el régimen pueden no transmitir, o demorar la transmisión de las órdenes de represión a los mecanismos encargados de ejecutarlas. Pueden disparar por encima de las cabezas de los manifestantes. Los funcionarios del estado pueden perder o traspapelar las instrucciones, trabajar deficientemente, o “enfermarse” para tener que permanecer en casa hasta “curarse”

Cambios en la estrategia

Los estrategas del desafío político tienen que estar constantemente evaluando cómo la gran estrategia y las estrategias de campaña específicas se están implementando. Es posible, por ejemplo, que la lucha no marche tan bien como se hubiera esperado. En ese caso, hay que pensar que cambios se necesitan en la estrategia. En una situación así habrá que identificar el problema, volver a realizar el cálculo estratégico, si es posible, darle la responsabilidad de la lucha a un sector distinto de la población, movilizar recursos adicionales de poder y desarrollar acciones alternativas.

Sí, por el contrario, la lucha ha marchado mucho mejor de lo previsto y la dictadura está desmoronándose antes de lo que se había calculado, ¿cómo podrán las fuerzas democráticas capitalizar esas victorias inesperadas y avanzar hacia la paralización de la dictadura? Exploraremos esta problemática en el capítulo siguiente.

jueves, 7 de marzo de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 7



SIETE
Planificando la Estrategia   

Es crítico determinar el verdadero propósito de la lucha.
En particular, los estrategas tienen que dar respuesta a muchas interrogantes fundamentales como estas:

-¿Cuáles son los principales obstáculos para lograr la libertad?

-¿Qué factores facilitarían el alcanzarla?

-¿Cuáles son los puntos fuertes de la dictadura?

-¿Cuáles son las diversas debilidades de la dictadura?

-¿Hasta que punto son vulnerables las fuentes de poder de la dictadura?

-¿Cuáles son los puntos fuertes de las fuerzas democráticas y de la población en general?

-¿Cuáles son los puntos débiles de las fuerzas democráticas y de la población en general, y cómo pueden corregirse?

-¿Cuál es la posición de terceraspersonas no inmediatamente involucradas en el conflicto que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la dictadura, bien al movimiento democrático y cómo podrían hacerlo.

Escogiendo los medios
Para llevar a cabo esta selección, los estrategas necesitan considerar interrogantes como las siguientes:

-¿Estará el tipo de lucha que se escoja dentro del marco de las capacidades de los demócratas?

-¿Utilizará la técnica escogida la fuerza de la población?

-¿Enfoca la técnica escogida las debilidades de la dictadura, o busca golpearla donde está más fuerte?

-¿Los medios que se usen ayudarán a los demócratas a cobrar más confianza en sí mismos, o dependerán de terceras personas o de proveedores externos?

-¿Qué historial tienen los medios escogidos de haber servido para el derrocamiento de otras dictaduras?

-¿Producirán un aumento, o una disminución en la cantidad de víctimas y otras perdidas que podrían ocurrir en el conflicto venidero?

Es necesario excluir los tipos de acción que se consideren contraproducentes para el desarrollo de la gran estrategia. Los estrategas tendrán que analizar la dinámica de sus conflictos particulares, y determinar si el desafío político responde afirmativamente a las interrogantes anteriores.

Planificando para la democracia 

Debemos recordar que el objetivo de la gran estrategia contra la dictadura no es simplemente la caída de los dictadores sino establecer un sistema democrático y hacer imposible el surgimiento de una nueva dictadura. Para alcanzar estos objetivos será necesario que los medios de lucha que se escojan contribuyan a cambiar la distribución del poder efectivo de la sociedad. Si no se corrige el desequilibrio , la nueva camarilla, si así lo quisiere, podría se tan dictatorial como la anterior. Una “revolución palaciega” o un golpe de estado, por consiguiente, no es bienvenido.

El desarrollo de una capacidad de lucha noviolenta significa que la capacidad de represión violenta de la dictadura ya no va a producir la intimidación ni la sumisión de la población tan fácilmente. Ésta va a tener a su disposición poderosos medios de acción para contrarrestar y, a veces, hasta bloquear el ejercicio del poder de los dictadores. Además, la movilización de poder popular por medio del desafío político va a fortalecer las instituciones independientes de la sociedad. La experiencia de haber ejercido alguna vez un poder efectivo no se olvida fácilmente. El conocimiento y adiestramiento que se adquieren en la lucha harán que la población sea menos propensa a que los futuros dictadores la dominen en el futuro. Este cambio en las relaciones de poder hará mucho más probable el establecimiento de una sociedad democrática duradera.

Ayuda del exterior
Como parte de la preparación de la gran estrategia, se necesita calcular que papel han de jugar la resistencia interna y las presiones externas en la desintegración de las dictaduras.
Como un complemento muy limitado, se pueden hacer esfuerzos por movilizar la opinión pública mundial contra la dictadura desde un punto de vista humanitario, moral o religioso.
Se puede trabajar para lograr que los gobiernos y las instituciones internacionales apliquen sanciones diplomáticas, políticas y económicas contra la dictadura.

Formulando una gran estrategia
Las siguientes interrogantes, de una manera más específica que antes, plantearán los considerandos que han de tenerse en cuenta al diseñar una gran estrategia para una lucha mediante el desafío político.

-¿Cuál es la mejor manera de empezar una lucha a largo plazo?

-¿Cómo podría la población oprimida acumular suficientes fuerzas y confianza en sí misma para desafiar la dictadura, aunque inicialmente sea de manera limitada?

-¿Cómo puede aumentarse con el tiempo y la experiencia la capacidad de la población de aplicar la no cooperación y el desafío político?

-¿Cuáles deberán ser los objetivos a alcanzar en una serie de campañas limitadas, dirigidas a recuperar el control democrático de la sociedad y a limitar el de la dictadura?

-¿Quedan aun instituciones independientes que hayan sobrevivido la dictadura y que puedan usarse en la lucha por establecer la libertad?

-¿Cómo puede desarrollarse la fuerza organizacional de la resistencia?
¿Cómo puede adiestrarse a los participantes?

-¿Qué recursos (financieros, materiales, etc.) se requerirán a lo largo de la lucha?

-¿Qué simbolismos se usarán para movilizar a la población?

-¿Cómo puede la población que resiste persistir en el desafío y a la vez mantener la necesaria disciplina noviolenta?

_¿Cómo podrá la población satisfacer sus necesidades básicas durante el curso de la lucha? ¿Cómo se podrá mantener el orden social en medio del conflicto?

-¿Qué hará la resistencia democrática, a medida que se aproxime la victoria, para seguir construyendo las bases de la sociedad de la post-dictadura y lograr que la transición sea lo menos brusca posible?

Cuando la gran estrategia para la lucha ha sido cuidadosamente planificada, hay razones de peso para darla a conocer ampliamente.
Las grandes cantidades de gente que hace falta que participen estarán más dispuestas y aptas para actuar si entienden la concepción general así como las  instrucciones específicas.

Cuando haya abundante evidencia de que la gran estrategia escogida fue mal concebida, o cuando las circunstancias de la lucha hayan cambiado fundamentalmente, es posible que los planificadores tengan que alterar la gran estrategia. Aún entonces, deberá hacerse solamente después de que el cálculo  fundamental se haya hecho de nuevo, y se haya desarrollado y adoptado una estrategia nueva más adecuada.

Planificando las estrategias de campaña    
Una gran estrategia desarrollada para acabar con la dictadura no se ejecuta por sí sola. Hará falta que se desarrollen estrategias particulares para orientar las principales campañas orientadas al socavamiento del poder de los dictadores. Las tácticas y los métodos de acción específicos deben escogerse cuidadosamente para que contribuyan a alcanzar los objetivos de cada estrategia particular.

Los estrategas del desafío político tienen que considerar varios puntos y problemas, entre los cuales se encuentran los siguientes:

-Determinación de los objetivos específicos de la campaña y de cómo éstos contribuyen a hacer efectiva la gran estrategia.

-Consideración de los métodos específicos o armas políticas que mejor se puedan emplear para implementar la estrategia escogida. El alcanzar los objetivos mayores vendrá como resultado de haber escogido cuidadosamente, e implementado específicamente, los pasos menores.

-Determinación de como los asuntos económicos  deben relacionarse con la lucha total, que es esencialmente política.

-Determinación de qué clase de estructura de liderazgo y sistema de comunicaciones funcionaría mejor al comienzo de la lucha de resistencia.

-Comunicación de las noticias de la resistencia a la población, las fuerzas del dictador y la prensa internacional.

-Planes sobre actividades constructivas independientes -económicas, sociales o educativas- que aumenten la confianza de las personas en sí mismas, para que sean capaces de responder a las necesidades de su propia gente durante el conflicto que va a producirse.

-Determinación de qué clase de ayuda exterior es deseable para apoyar una campaña específica o la lucha de liberación en general.

Difundiendo la idea de la nocooperación 
Para un desafío político exitoso contra una dictadura, es esencial que la población capte la idea de la nocooperación. Como se ilustró en el cuento del “Amo de los Monos” (ver cap.3), la idea básica es sencilla. Si un número suficiente de subordinados se rehúsa a seguir cooperando por un tiempo suficiente a pesar de la represión, el sistema opresivo se debilitará, y acabará por desplomarse.
Las fuerzas democráticas deben deliberadamente difundir y comunicar a todos los estratos sociales la idea de la nocooperación. Así, la gente podrá entender la relevancia que van a tener en el futuro los llamados a practicar la nocooperación contra la dictadura.

Ya con la ventaja de una planificación estratégica previa, se pueden preparar los lineamientos para la resistencia y diseminarlos. Estos pueden indicar los motivos por los cuales y las circunstancias en que la población debe protestar y suspender la colaboración, y cómo puede esto llevarse a cabo.

La represión y las contramedidas
Los planificadores de la estrategia tienen que calcular las posibles respuestas y la represión, especialmente el umbral de violencia de la dictadura de cara a las acciones de la resistencia democrática. Será preciso determinar cómo enfrentarlas y contraatacarlas, o evitar el posible incremento de la represión sin someterse.
Los planificadores han de considerar qué medidas han de tomarse para mantener la disciplina noviolenta, y para sostener la resistencia a pesar de las brutalidades. Los dirigentes tienen que estar siempre alerta ante la presencia de agentes provocadores cuya misión será incitar a los manifestantes a la violencia.

Adhiriéndose al plan estratégico
Una vez que un concienzudo plan estratégico se pone en marcha, las fuerzas democráticas no deben dejarse distraer por los movimientos menores que emprendan los dictadores, y que pueden tentarlos a abandonar la gran estrategia o alguna campaña en particular. Tampoco deben permitir que la emoción del momento -quizás en reacción a las nuevas barbaridades efectuadas por la dictadura- permita desviar la resistencia democrática de su gran estrategia o de su estrategia de campaña. Las barbaridades pueden haber sido perpetradas precisamente para provocar que las fuerzas democráticas abandonen su plan bien fundado y hasta lleguen a cometer actos violentos, a fin de que los dictadores puedan derrotarlos más fácilmente.

En tanto el análisis básico se considera acertado, la tarea de las fuerzas pro-democráticas es la de llevarlo adelante paso a paso. Por supuesto que van a producirse cambios de táctica y de objetivos intermedios. La minuciosa implementación de la gran estrategia que se haya decidido y de las estrategias de las campañas particulares, va a contribuir grandemente a la victoria.  



jueves, 28 de febrero de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 6


Seis
Necesidades de la Planificación Estratégica

Las campañas de desafío político contra las dictaduras pueden empezar de varias maneras. En el pasado, estas luchas casi nunca se planeaban y eran de hecho accidentales. A veces una acción específica de parte de la dictadura ha enfurecido a la población de tal manera que ésta se ha precipitado a la acción, sin tener la menor idea de cómo podía acabar la insurgencia. Otras veces, un individuo valiente, o un pequeño grupo, puede haber iniciado una acción que atrajo apoyo. Un malestar específico puede ser reconocido por otros, que sufren semejantes injusticias en ellos mismos, y éstos también podrán, en consecuencia, sumarse a la lucha. A veces un llamado a la resistencia por parte de un pequeño grupo o de una persona puede encontrar inesperadamente una inmensa acogida.

Aunque la espontaneidad tiene algunas cualidades valiosas, a menudo ha ofrecido desventajas. Con frecuencia los de la resistencia democrática no han previsto las brutalidades de la dictadura. A veces, la falta de planificación por parte de los demócratas ha dejado las decisiones cruciales al azar, con resultados desastrosos. Aun cuando el sistema represivo haya sido derribado, la falta de planificación en cuanto a cómo manejar la transición a un sistema democrático ha facilitado el surgimiento de una nueva dictadura.

Planificación realista
Es posible calcular los modos más efectivos de dar al traste con una dictadura, determinar cuando la situación política y el sentir popular están maduros, y cómo decidir la manera de iniciar una campaña.
 Se requiere un juicio muy cauto, basado en un cálculo realista de la situación y de las capacidades del pueblo, para seleccionar las maneras más efectivas de conquistar la libertad en tales circunstancias.

Si uno desea lograr algo, es de sabios planear cómo hacerlo. La planeación estratégica aumenta la probabilidad de que todos los recursos que puedan conseguirse se movilicen y empleen de la manera más efectiva.
Adviértase aquí, que el objetivo no es simplemente destruir la dictadura en curso, sino establecer un sistema democrático. Una gran estrategia que limite su objetivo sólo a destruir la dictadura en boga corre un terrible riesgo de producir otro tirano.

Obstáculos para la planificación
Constantemente acosados por la dictadura y agobiados por sus responsabilidades inmediatas, los líderes de la resistencia no tienen ni la seguridad ni el tiempo para desarrollar las destrezas de cómo pensar en base a lo estratégico. El patrón común es simplemente reaccionar a las iniciativas de la dictadura. Así la oposición está siempre a la defensiva, tratando de defender las libertades limitadas o los bastiones de la libertad; en el mejor de los casos, demorando el avance de los controles dictatoriales.

La acción basada en la “idea genial” que alguien haya tenido también es limitada. Lo que se necesita en lugar de eso es la acción basada en un cálculo minucioso de los “siguientes pasos” que hay que dar para derrocar la dictadura. Sin un análisis estratégico, los líderes de la resistencia a menudo no sabrán cuál deberá ser ese “siguiente paso”, porque no han pensado seriamente en los pasos sucesivos que hay que dar para alcanzar la victoria.

El resultado de esa incapacidad de planear estratégicamente suele ser drástico: se dispersan las fuerzas, las acciones son inefectivas, se dilapida la energía en asuntos sin importancia, y los sacrificios no sirven para nada.
Una mezcla de acciones no planeadas ni integradas, no va a llevar adelante ningún esfuerzo de resistencia significativo. En lugar de ello, lo más probable es que le permitan a la dictadura aumentar sus controles y su poder.

Cuatro términos importantes para la planificación estratégica
A fin de ayudarnos a pensar estratégicamente, es importante percibir con claridad que significan cuatro términos básicos.
La gran estrategia : es la concepción que sirve para coordinar y dirigir el uso de todos los recursos apropiados y disponibles (económicos, morales, políticos, organizacionales, etc.) de un grupo que busca alcanzar sus objetivos en un conflicto.
La gran estrategia, escoge entre las técnicas de acción más apropiadas cuál ha de emplearse en la contienda. Más adelante, la gran estrategia tendrá que ocuparse de las decisiones sobre las condiciones y el momento apropiado en que las campañas de resistencia, iniciales y subsecuentes, deben echarse a andar.
La gran estrategia, además, determina a cuáles grupos específicos se les encomendarán tareas generales así como la distribución de los recursos que se han de emplear en la lucha.

Comprende el hábil desplazamiento de los grupos de acción particulares, en operaciones menores. La planeación de una buena estrategia, tiene que considerar que se requiere una técnica de lucha, escogida para el éxito de la operación. La necesidad de claridad y definición se aplica igualmente a la planificación táctica.

Las tácticas y los métodos de acción se usan para llevar a cabo la estrategia. La táctica se refiere al mejor uso de las propias fuerzas, para obtener la máxima ventaja, en una situación limitada. Las victorias tácticas que no refuerzan la consecución de los objetivos estratégicos, pueden, al final, convertirse en energía despilfarrada. Una táctica en particular sólo puede ser comprendida como parte de la estrategia total de una batalla o de una campaña. Las tácticas se aplican por un periodo de tiempo más breve que las  estrategias, en áreas más reducidas, por un número más limitado de personas, o para lograr objetivos más limitados.

Es muy importante, por consiguiente, que aquellos a quienes se ha dado la responsabilidad de planear y ejecutar las operaciones tácticas tengan la habilidad de discernir la problemática de la situación y escoger los procedimientos más adecuados para enfrentarla.

El método o procedimiento se refiere a las armas específicas o medios de acción.
El desarrollo de un plan estratégico responsable y efectivo, para una lucha noviolenta, depende de la selección y formulación minuciosa de la gran estrategia, las estrategias de campaña, las tácticas y los métodos.
Para liberarse de una dictadura, se requiere de un uso calculado de nuestro propio intelecto para planificar cuidadosamente la estrategia. El empleo efectivo de nuestras capacidades intelectuales puede trazar el rumbo de un curso estratégico que juiciosamente utilice nuestros recursos disponibles para impulsar a la sociedad hacia los objetivos de la libertad y la democracia.

viernes, 22 de febrero de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 5


5
Ejerciendo el Poder

En el Capítulo Uno advertimos que la resistencia armada contra la dictadura no las afecta donde son más débiles sino más bien donde son más fuertes. Al escoger competir en el campo de las fuerzas militares, los movimientos de resistencia tienden a situarse donde están en clara desventaja. Hemos también subrayado el peligro de confiar en los poderes extranjeros para la salvación. En el Capítulo Dos examinamos los problemas que conlleva confiar en las negociaciones como un modo de quitarse las dictaduras de encima.

¿Cuáles son los medios disponibles que ofrecerán a la resistencia democrática una clara ventaja y que lograrán agravar las debilidades identificadas de la dictadura? ¿Qué técnica de acción va a aprovechar la teoría del poder político que discutimos en el Capítulo Tres? La alternativa a escoger es el desafío político.
El desafío político tiene las siguientes características:

-No acepta que los resultados sean decididos por los medios de lucha escogidos por la dictadura.

-Es difícil para el régimen combatirlo.

-Puede agravar extraordinariamente las debilidades de la dictadura y negarle acceso a sus fuentes de poder.

-Puede dispersarse ampliamente en cuanto a la acción, pero también puede concentrarse en un objetivo específico.

-Conduce a errores de juicio y de acción por parte de los dictadores.

-Puede utilizar a la población como un todo, y a los grupos e instituciones de la sociedad en la lucha y acabar con el dominio brutal de unos pocos.

-Sirve para acrecentar la distribución del poder efectivo en la sociedad, haciendo que el establecimiento y mantenimiento de una sociedad democrática sea más viable.

La dinámica de la lucha noviolenta  
La dinámica del desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas técnicas son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy distintos y con distintas consecuencias.
La lucha noviolenta es una técnica mucho más variada y compleja que la violencia. Es una lucha que emplea armas políticas, económicas, sociales y sicológicas aplicadas por la población y por las instituciones de la sociedad.
A estas armas se les ha conocido bajo diversos nombres como protestas, huelgas, desobediencia o no cooperación, boicot, descontento y poder popular. El desafío político, a diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo para negarle acceso al régimen a sus fuentes de poder.

Las armas y la disciplina noviolentas
Existe una multitud de procedimientos que les permiten a los estrategas de la resistencia tanto concentrar como dispersar la resistencia, según haga falta.
Se han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos de acción  noviolenta, y por supuesto, hay muchos más. Estos procedimientos se clasifican en tres grandes categorías: protesta y persuasión, no cooperación e intervención. Los métodos noviolentos de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones simbólicas, que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos). La no cooperación se divide en tres sub-categorías: a) de no cooperación social (16 métodos), b) de no cooperación económica: el boicot inclusive (26 métodos) y huelgas (23 métodos), y c) de no cooperación política (38 métodos). La intervención noviolenta, mediante procedimientos psicológicos, sociales, económicos y políticos tales como el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno paralelo (41 métodos), es el último grupo. Una lista de 198 de estos métodos se incluye en el apéndice de ésta publicación.

Es probable que a cualquier régimen ilegítimo le cause graves problemas el uso de un número considerable de estos métodos -cuidadosamente escogidos, aplicados persistentemente y en gran escala, fundidos en  el contexto de una sabia estrategia y de tácticas apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable a todas las dictaduras.

Por ejemplo: ya que el problema que presenta una dictadura es esencialmente político, sería muy importante aplicar las formas políticas de la lucha noviolenta. Esto incluiría la negación de la legitimidad a los dictadores y la no cooperación con el régimen. A veces, el obstaculizar el trabajo o demorarlo, puede realizarse en silencio, o aun secretamente, mientras que otras veces, la franca desobediencia o las desafiantes manifestaciones públicas y las huelgas, pueden ser vistas por todos.

Por otra parte, si muchos de los agravios del pueblo son económicos, entonces la acción económica, como el boicot o las huelgas, puede ser el comportamiento adecuado para la resistencia. Los esfuerzos del dictador por explotar el sistema económico pueden contrarrestarse mediante huelgas generales limitadas, demoras en el ritmo de trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) por parte de los expertos.

Algunas tácticas de la lucha noviolenta requieren que la gente realice actos que no estás relacionados con su vida normal, tales como volantear,  manejar una imprenta, ponerse en huelga de hambre o sentarse a media calle
Por el contrario, otros métodos de lucha noviolenta requieren que la gente continúe llevando su vida normal, aunque con algunas diferencias. Por ejemplo, pueden ir a trabajar en vez de ponerse en huelga, pero una vez allí, deliberadamente trabajar más lentamente o con menos eficacia que siempre. Se puede proteger a los niños de la propaganda de los atacantes mediante la instrucción en casa. Uno puede negarse a pertenecer a cierta organización “recomendada”. Uno puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal acto expresa no sólo las convicciones religiosas sino también las políticas.

Hasta una violencia limitada sería contraproducente durante una campaña de desafío político, porque desviaría la lucha hacia un campo donde los dictadores tienen una ventaja abrumadora. La disciplina noviolenta es clave del éxito, y debe persistirse en ella a pesar de las provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
La disciplina noviolenta es también extremadamente importante en el proceso del jiu jitsu político. En éste, la pura brutalidad del régimen contra los activistas claramente noviolentos rebota políticamente contra la posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y fomentando el apoyo a los de la resistencia de parte de la población en general, de los que generalmente defienden al régimen y de terceras personas.

La historia indica que aún cuando se espera que haya víctimas, tanto muertos como heridos, en el desafío político las habrá en número mucho menor que las que se producirían en la contienda armada.  Es más, este tipo de lucha no contribuye al ciclo interminable de matazón y brutalidad.

La lucha noviolenta requiere una pérdida del miedo y un mayor control sobre sí mismo, por una parte, y tiende a producir este efecto frente al gobierno y su represión brutal. Esa pérdida del miedo, o el control sobre sí mismo, es un elemento clave para destruir el poder que los dictadores tienen sobre la población en general.

Franqueza, clandestinidad y comportamiento intachable.
La clandestinidad, el engaño y la conspiración subterránea le plantean problemas muy graves a un movimiento que emplee la acción noviolenta. Al contrario, la franqueza en cuanto a planes e intenciones contribuirá a dar la imagen de que el movimiento de resistencia es en extremo poderoso. Por supuesto, hay aspectos significativos de las actividades de la resistencia que van a requerir el secreto.

En todas las etapas del conflicto es necesario mantener un comportamiento intachable en la acción noviolenta. Factores como el no tener miedo y el mantener la disciplina noviolenta deben estar siempre presentes. Es importante tener en cuenta que va a necesitarse un gran número de gente para efectuar grandes cambios. Esa cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener manteniendo el más alto nivel de comportamiento.

Cambios en las relaciones de poder
Los estrategas necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el desafío político es un campo de lucha siempre cambiante, con un continuo juego de ataques y contraataques. Nada es estático. Las relaciones de poder están sujetas a cambios rápidos y constantes.
Las acciones específicas de los de la  resistencia, por lo general, tienen consecuencias que van más allá del lugar y el momento en que ocurren.
Además, el grupo noviolento puede, por sus acciones, influir sobre el aumento o disminución de la fuerza relativa del grupo contrario. Por ejemplo, la resistencia noviolenta, disciplinada y valiente, frente a la brutalidad de los dictadores puede producir desazón, descontento o desconfianza, y, en situaciones extremas, hasta el amotinamiento entre los propios soldados y el personal al servicio de la dictadura. Esta resistencia también puede dar lugar a que aumente la condena internacional de la dictadura. Además, el empleo del desafío político disciplinado, persistente y bien adiestrado, puede hacer que más y más gente, que normalmente apoyaría tácitamente a los dictadores o que por lo general permanecerían neutrales en el conflicto, participe en la resistencia.

Cuatro mecanismos de cambio
La lucha noviolenta produce cambios de cuatro maneras. El primer mecanismo es el que se consideraría menos probable, aunque si ha ocurrido. Cuando los miembros del grupo contrario se conmueven emocionalmente por los sufrimientos que la represión ha infringido a los valientes activistas de la resistencia, o racionalmente se persuaden de que la causa de los de la resistencia es justa, llegan  a aceptar los objetivos de los de la resistencia. A este mecanismo se le llama conversión. Los casos son raros, y en la mayor parte de los conflictos esto no ocurre de manera alguna.
Con mucha más frecuencia la lucha noviolenta obra cambiando la situación del conflicto y de la sociedad, de modo que el adversario simplemente no puede hacer lo que le viene en gana. Es este cambio el que produce los otros tres mecanismos: la acomodación, la coerción noviolenta y la desintegración. Cuál de éstos ocurra dependerá del grado en que las relaciones de poder hayan cambiado a favor de los demócratas.

Si las cuestiones a debatir no son fundamentales, las exigencias de la oposición en una campaña limitada no se consideran amenazantes, y la confrontación de fuerzas ha alterado las condiciones de poder en alguna medida, el conflicto inmediato puede terminar por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada parte algo. A este mecanismo se le llama acomodación. Por ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera. El gobierno puede percibir que un arreglo semejante trae algunos beneficios positivos, tales como disminuir la tensión, dar una impresión de “equidad”, mejorar la imagen internacional del régimen.

La lucha noviolenta puede ser mucho más poderosa de lo que indican los mecanismos de conversión y acomodación. La no cooperación masiva y el desafío pueden cambiar la situación política o social, especialmente las relaciones de poder, de tal manera que los dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos económicos, sociales y políticos del gobierno y la sociedad. Las fuerzas militares del adversario pueden volverse tan poco confiables que ya simplemente no obedezcan las órdenes de reprimir a los de la resistencia. Aunque los dirigentes del gobierno permanezcan en sus posiciones y sigan firmes en cuanto a sus objetivos originales, han perdido la capacidad de actuar con efectividad. A esto se le llama coerción noviolenta.  

En algunas situaciones extremas, las condiciones que ha producido la coerción noviolenta van aún más lejos. La dirigencia adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad de actuar, y se viene abajo toda su estructura de poder. La autoconducción, la nocooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan perfectos que sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de control sobre ellos. La burocracia del adversario se niega a obedecer a su propia dirigencia. Las tropas de los adversarios y su policía se amotinan. Los simpatizantes y colaboradores del poder adverso repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho alguno a mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera poder suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.

Al planificar las estrategias para la liberación, estos cuatro mecanismos han de tenerse en cuenta. La selección de uno o más mecanismos dependerá de numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de los grupos contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo noviolento.

Efectos democratizadores del desafío político
El empleo de las técnicas de la lucha noviolenta contribuye a democratizar la sociedad de varias maneras.

Una parte del efecto democratizador es negativo, esto es, en contraste con los medios armados, no hay represión. Los líderes de un movimiento de desafío político pueden presionar a sus seguidores, pero no pueden ni encarcelarlos ni ajusticiarlos si disienten o escogen otros líderes.
Otra parte es positiva, la lucha noviolenta le  da a la población armas para la resistencia, que podrán usar para defender sus libertades tanto contra los dictadores que existe como contra los que puedan existir. A continuación, mencionamos varios de los efectos democratizadores positivos que tiene la lucha noviolenta:

-La experiencia de aplicar la lucha noviolenta puede hacer que la población confíe más en sí misma, en cuanto a desafiar las amenazas del régimen.

-La lucha noviolenta entrega las armas de la no cooperación y el desafío, mediante las cuales la población puede resistirse a los controles no democráticos.

-La lucha noviolenta se puede usar para defender la práctica de las libertades democráticas, tales como la expresión, la prensa libre, las organizaciones independientes y el derecho a reunirse enfrentándose a controles represivos.

-Contribuye a la supervivencia, renacimiento y fortalecimiento de los grupos e instituciones independientes de la sociedad. Estas movilizan la capacidad de poder de la población e imponen límites al poder efectivo de cualquier dictador en potencia.

-La lucha noviolenta suministra armas mediante las cuales la población logra concentrar su poder contra la acción represiva, policiaca o militar, ejercida por un gobierno dictatorial.

-La población y las instituciones independientes pueden, en interés de la democracia, restringirle o negarle los recursos de poder a la minoría gobernante y por lo tanto, amenazar su capacidad de seguir ejerciendo la dominación.

La complejidad de la lucha novilenta
Como puede verse, la lucha noviolenta es una compleja técnica de acción social, que comprende una multitud de métodos, una serie de mecanismos de cambio y unos requisitos conductuales específicos. Para que resulte efectivo, el desafío político requiere preparación y planeación. Los probables participantes tendrán necesidad de comprender qué se espera de ellos. Hace falta que haya recursos disponibles. Los estrategas tendrán que haber analizado cómo se puede aplicar la lucha noviolenta con más efectividad. Ahora dirigiremos nuestra atención hacia ese elemento crucial: la necesidad de una planeación estratégica.  

martes, 19 de febrero de 2013

De la Dictadura a la Democracia, parte 4


Cuatro
Las Dictaduras Tienen Puntos Débiles

Por lo general, las dictaduras parecen invulnerables. Las agencias de inteligencia, la policía, las fuerzas militares, las prisiones, están controlados por unos pocos con mucho poder. Las finanzas de un país, sus recursos naturales y su capacidad de producción a menudo son saqueados por los dictadores y usados para apoyar la voluntad de los dictadores.
En comparación, las fuerzas democráticas con frecuencia aparecen como extremadamente débiles, ineficaces e impotentes.
Sin embargo, esto no agota el tema.

Identificando el talón de Aquiles
Los dictadores más desalmados también pueden ser vencidos si sus debilidades pueden identificarse y se concentra en ellas el ataque.

Puntos débiles de las dictaduras

1. Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer funcionar el sistema.

2. La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del sistema pueden perder su solidez.

3. Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y hostilidades personales pueden dañar, y aun interrumpir, las operaciones de la dictadura.

4. Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse por las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y la represión.

5.El pueblo en general, puede, con el tiempo, volverse apático y hasta hostil al régimen.
6. Los subordinados, temerosos de no complacer a sus superiores, pueden no proporcionar todos los detalles de la información  que los dictadores necesitan para tomar decisiones.

7. Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar para lograr sus propios objetivos.

8. Si el gobierno está buscando evitar estos peligros, su control de los puntos clave para el poder pueden deteriorarse aun más.


Atacando las debilidades de la dictadura
La conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza, todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas, sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales defectuosos, y sus conflictos entre organizaciones y distritos.

Esto no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir sin riego ni víctimas. Cualquier curso de acción posible para lograr la liberación incurrirá en riesgo y sufrimiento potencial, y tomará tiempo para poder ponerse en marcha. Sin embargo, los tipos de lucha que tienen por objetivo las debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidades de éxito que aquellos en que se busca combatir la dictadura allí donde a todas luces ésta es más fuerte. La pregunta es: ¿Cómo ha de conducirse esta lucha?