martes, 16 de enero de 2018

La Relación de Pareja, parte 3


EL ESPACIO INTERACCIONAL

Cada integrante de la pareja se enfrenta, inevitablemente, a una polaridad que ha sido excluida de su propia vida consciente, pero que, indudablemente, le pertenece. Tal enfrentamiento produce constantes perturbaciones emocionales. Pero a la vez, ofrece la posibilidad de llevar a la conciencia esas polaridades ocultas. El espacio interaccional, es por tanto, un espacio que da la  posibilidad  de expandir la conciencia, y a la vez  es un espacio que propicia enfrentamientos en la pareja.

En el espacio interaccional, la pareja seguirá un proceso comparable al proceso que seguían los antiguos alquimistas en la transmutación de los metales. Para un hombre y una mujer que forman una pareja estable, es prácticamente imposible no sufrir una alteración en su composición psíquica.
El espacio interaccional, es como el crisol que sirve para fundir y calcinar algunas substancias, correspondientes a importantes elementos psíquicos de cada integrante de la pareja. Jung cita un texto que alude al proceso:

Y procura que tu puerta esté sólidamente cerrada para que no se pude escapar nada de adentro, y así, con la ayuda de Dios, llegarás a la meta. La Naturaleza actúa gradualmente, y yo quiero que hagas lo mismo: tu imagen debe regirse por la Naturaleza. Y observa, conforme a la Naturaleza, que cuerpos son los que regeneran en las entrañas de la  Tierra. E imagina esto de  una forma auténtica y no fantástica.

Se pretende que el interior sea protegido frente a la irrupción del exterior, así como para impedir su salida. En el enfrentamiento dialéctico entre contenidos conscientes e inconscientes, habrá una evolución.
Los problemas esenciales de una pareja: la organización, las reacciones emocionales desproporcionadas y las fantasías, se expresan a través del espacio interaccional. Estas situaciones van a seguir la forma arquetípica según la cual, la psique se va estructurando en su totalidad. Claro está, según lo permitan las resistencias articuladas por el ego.

LA ORGANIZACIÓN DE LA PAREJA

El relato de una relación de pareja, comprende aquellos rasgos que la hacen particular y que da respuesta a preguntas como: ¿Qué hacen? ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo viven? ¿Con quién se relacionan? ¿Qué lugares frecuentan? ¿Qué participación tiene cada uno en la organización de su vida? ¿Cómo invierten el tiempo libre?
La organización de la vida de la pareja responde a un imperativo relacionado con el desarrollo psicológico. Es el resultado de un campo de fuerzas. Si la finalidad de la pareja es la realización del andrógino, la organización de la pareja representa el camino que ha de elegido para consumarlo.
La organización de la pareja requiere de respeto. Se trata de comprender el mito que vive la pareja, asumiendo que está organizada según el diseño exacto que necesita.

REACCIONES EMOCIONALES DESPROPORCIONADAS

En la vida infantil, existieron vinculaciones frente a las cuales el niño reaccionaba de determinada manera. Y  así en las relaciones de pareja se producen reacciones emocionales que corresponden enteramente a reacciones infantiles primarias y muestran la tendencia a reproducir, en el esposo o en la esposa, las experiencias de la niñez. De esta manera, el individuo tiende a comportarse como se comportó en otro tiempo.
Las reacciones emocionales desproporcionadas en las relaciones de pareja, nada o muy poco tienen que ver con las intenciones del esposo o esposa. Representan una reedición de los antiguos conflictos, los cuales son transferidos a la situación presente. Los contenidos inconscientes son proyectados. El cónyuge es colocado en el papel singular de un progenitor o en el de hermano o hermana.

Estas reacciones desproporcionadas revelan, por lo tanto, un enfrentamiento del individuo consigo mismo. La proyección remueve las heridas que aún no han sido sanadas.
Estamos inclinados a pensar que el mundo y las personas son como los vemos. En realidad, proyectamos nuestra psicología sobre los demás. Con bastante frecuencia atribuimos al adversario las propias fallas inconfesadas, le reprochamos las deficiencias que son propias.
Las reacciones emocionales desproporcionadas se deben a nuestras proyecciones. Indican que hay una tarea por realizar: la de aceptar como propias las infamias atribuidas a la otra persona; la de separar las imágenes, la real y aquella con la cual la hemos investido; restituir la energía disipada, necesaria para el desarrollo.

LAS FANTASÍAS

 La actividad imaginativa que lleva a cabo el niño, establece un mecanismo para compensar las actitudes de la conciencia. Jung afirma que lo que ocurre en la fantasía es compensatorio con respecto al estado de la conciencia. Lo que podría ocurrir en la vida y no ocurre, se desarrolla en lo inconsciente y alimenta nuestras fantasías y nuestros sueños. Son anhelos, impulsos y acontecimientos simbólicos que la conciencia no puede implementar. Las fantasías cumplen, ante todo, una función compensatoria en relación con la vida consciente. Las fantasías representan la vida que pudo ser vivida, llenan el vacío relacionado con las necesidades y deseos del ego.

Los deseos y necesidades insatisfechos de la vida en pareja, se ven compensados en la fantasía. En ella quedan representados aquellos polos que no logramos integrar en la vida consciente: el control que no tenemos, las conductas que no manifestamos, los logros que no hemos merecido, o bien, imaginamos al hombre o a la mujer que es capaz de satisfacer plenamente nuestros deseos y necesidades. Algunas relaciones extramaritales son producto de la insatisfacción que sentimos en nuestra relación de pareja y de la necesidad de materializar nuestras fantasías.
Las fantasías eróticas permiten detectar importantes contenidos psíquicos que se encuentran en movilización. En ellas se encuentran latentes ricas posibilidades para reconocer y contactar a los arquetipos que han adquirido energía. La posible perversidad que se incluye en la fantasía no debe tomarse literalmente para su comprensión, debe tomarse simbólicamente para descubrir el significado profundo.

EL ESPACIO INTERACCIONAL SIMBOLIZADO EN ADÁN Y EVA

Es en el espacio interaccional donde es posible avanzar en el proceso de individuación, según los temas psicológicos que han adquirido energía.
Según el relato bíblico, Adán y Eva forman la pareja primigenia. Vivieron en un Paraíso hasta que fueron expulsados como castigo a su desobediencia. La pareja ha de evolucionar, en medio del espacio interaccional, hasta retornar al Edén. Al comer del fruto prohibido, el hombre ha venido a ser como los Dioses, en cuanto al conocimiento del bien y del mal, motivo por el cual es echado. La pareja vive en el paraíso en cuanto no toma conciencia. Una vez que lo hace, toma noción de su separatidad, es decir, de su desvalimiento ante fuerzas obscuras y desconocidas, de que morirá y morirán sus seres queridos.
Conductas que en un momento son inadvertidas, en otro momento son condenadas. El paraíso es como el enamoramiento, por ejemplo. Durante el enamoramiento, la aceptación es casi total entre hombre y mujer. Comemos entonces del fruto del bien y del mal, y el enamoramiento se desvanece. Las conductas son etiquetadas y aparece la conciencia sobre la desnudez. Aparece la vergüenza, el ocultamiento y el pecado y desaparece el Paraíso.
Durante esta operación en la relación de pareja, el ego siente que se le arrebata su ilusoria omnipotencia. Sufre hasta que se desmoronan las ilusiones y las convicciones sagradas. Es la operación más violenta. Crea las más grandes confusiones y dudas acerca del amor, del compromiso y del interés en el compañero o compañera.

Hombres y mujeres somos de naturaleza andrógina. En el hombre existe una mayoría de genes masculinos y una minoría de genes femeninos. En la mujer por el contrario, existe una mayoría de genes femeninos. En esta fase de la relación de pareja, vamos a recuperar el estado andrógino a partir de la división de sexos. Se contraponen los opuestos, el anima y el animus.
Cuando la pareja experimenta el espacio interaccional entre anima y  animus, se contraponen las más grandes contradicciones: debilidad-fortaleza, pasividad-actividad, dependencia-independencia, etcétera. Esta operación requiere de una sabia regulación del fuego.

La relación de pareja da la posibilidad de integrar materia y espíritu. Menciona el texto bíblico: Entonces Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.
El polvo es aquí la representación de la materia, de la simiente. El aliento divino es la representación del espíritu.
Recordemos la frase: La mujer es la vida y el hombre actúa sobre la vida. El vientre materno universal, generador de vida, está representado por la materia. Existe una asociación muy general entre la noción de cuerpo o de materia y la idea de la madre o principio femenino y entre la noción de mente, espíritu y la idea del padre y de la masculinidad.

ETAPAS EN LA VIDA DE LA PAREJA   

martes, 9 de enero de 2018

La Relación de Pareja, parte 2


Símbolos, Arquetipos e Inconsciente colectivo

Desde tiempos remotos el hombre cuenta con una instancia mediadora entre  lo oculto y lo revelado, entre lo que para él es inconsciente y lo que es consciente. Constituye un lenguaje universal con el que el inconsciente se manifiesta, es el lenguaje de los símbolos.
Es asombrosa la aparición de imágenes  simbólicas similares en tiempos y lugares diferentes, con una significación análoga. Un ejemplo de ello es la serpiente. Lo mismo aparece en el Jardín del Edén, que en el cuello de Coyolxauhqui. En ambos casos la serpiente se relaciona con el nacimiento en la consciencia de contenidos del inconsciente.

Cabe advertir al lector del peligro de pensar que los símbolos son fijos. La serpiente representa, con frecuencia, algo relativo al inconsciente, a los instintos, sin embargo, para comprender su significado es necesario analizar las circunstancias en que aparece.
El símbolo es una metáfora de la energía psíquica. Es la energía que se representa a sí misma, mediante imágenes. Es energía psíquica perceptible.
El conocimiento de los símbolos ha enriquecido notablemente a la psicología. Representan un acceso a un estrato de lo inconsciente que puede extenderse hacia el llamado inconsciente colectivo.

El ser humano llega a la vida con instintos y preformaciones heredadas, con independencia de las experiencias individuales vividas. El inconsciente colectivo -dice Jung - como conjunto de todos los arquetipos, es el sedimento de toda la experiencia vivida por el hombre. Y no se trata de un sedimento muerto, sino sistemas vivientes que determinan por vías invisibles -y por ello tanto más efectivas - la vida individual.
Muchos símbolos surgidos de lo inconsciente han dejado su huella en la historia y han quedado plasmados en lo que se han considerado símbolos universales.

Los grandes mitos atesorados por pueblos, culturas y religiones constituyen representaciones de aquellos temas psicológicos que se repiten una y otra vez. Las circunstancias individuales en ocasiones tienen un asombroso paralelo con un mito, porque el tema de ese mito está despierto en la psique individual. Tal pude ser el caso del profeta Jonás o el cuento de Blanca Nieves.
Arquetipo es el término utilizado para designar aquellas conductas que se repiten de modo típico, no en el individuo, sino en el ser humano. En términos de energía, el arquetipo es como el cable a través del cual viaja la energía psíquica. Los arquetipos son disposiciones, vías preestablecidas, lechos de ríos. Una presencia eterna como proyecto o plano fundamental.
Aunque es invariable en cuanto a su existencia, en cuanto a su modo de manifestación se transforma eternamente.

El inconsciente colectivo se manifiesta mediante los arquetipos. Representa un cosmos interior de idéntica infinitud al del exterior, posee una amplitud inconmensurable. La psique, representa una totalidad compuesta por la polaridad consciente-inconsciente.
La posibilidad de hacer consciente los contenidos de lo inconsciente es inmanente al ser humano, es una tendencia arquetípica orientada hacia una personalidad integrada y única. Para este fin, la psique toma del mundo exterior los elementos que le facilitan el proceso de desarrollo. La tendencia a la unión de los contrarios y a la integración de la personalidad, se encuentran articuladas en el inconsciente colectivo. Esta tendencia arquetípica da explicación, en su raíz, a la relación de pareja, al porqué nos sentimos atraídos por una persona y no por otras. A partir del arquetipo de la integración de los opuestos cabe entender también, el aspecto sanador de la psique. La enfermedad es producto de la división de los polos y la sanación adviene de la integración de los polos.

La vida psíquica se encuentra determinada por la relación dialéctica entre lo consciente y lo inconsciente. Cuando los contornos de los arquetipos van surgiendo y se van llenando de significado, entonces cabe la posibilidad de ser captados, comprendidos, elaborados y asimilados por la conciencia. Surge entonces una fuente de energía. Con ella, se va dando un acercamiento entre la conciencia individual y la experiencia ancestral de la humanidad. Así, volvemos a tocar, mediante la conciencia, las raíces de nuestra vida psíquica.
 Los Arquetipos... Son los grandes factores de ordenación que, si resultan transgredidos, acarrean caos. Puede considerárseles como infalibles provocadores de trastornos neuróticos.

La relación de pareja como hecho físico, es en sí misma un símbolo que representa al arquetipo de la integración de los opuestos, asimismo, a la unión de la conciencia con el inconsciente.
La fuente del impulso que mueve a hombres y mujeres a relacionarse en pareja, se encuentra en el inconsciente colectivo. Toma forma activa una vez que despierta el arquetipo en la conciencia. Si aparece en un sueño la imagen de una relación amorosa entre un hombre y una mujer, ha de comprenderse ante todo, como un llamado del inconsciente en busca de la unidad entre el principio masculino y el principio femenino.
La relación de pareja tiene como finalidad, revelar en la conciencia de las personas su realidad esencial, su naturaleza preexistente, es decir, facilitar el proceso de individuación.

Finalidad de la relación de pareja

El matrimonio es la unión de la díada separada. Originalmente eres uno. Ahora eres dos en el mundo. El reconocimiento de la identidad es lo que es el matrimonio. Es muy diferente a un amorío. Cuando la gente se casa pensando que inician un prolongado idilio, pronto se separan, porque los idilios terminan en desilusión. El matrimonio en cambio es el reconocimiento de una identidad espiritual.
 Si el matrimonio dura lo suficiente y te riges por él, en lugar de hacerlo por tu capricho individual, entonces llegas a confirmar que es cierto: los dos encarnan realmente  uno.

En la actualidad, los jóvenes no se preguntan ¿qué es el matrimonio? ¿qué es una pareja? ¿para qué nos relacionamos hombres y mujeres en pareja? Con frecuencia podemos observar que la relación de pareja es como un producto más de la sociedad de consumo: lo puedes tomar hoy, y desechar mañana.
Ciertamente hay que admitir la existencia de parejas equivocadas. En ciertos casos existen razones para justificar una separación. Si la pareja no está suficientemente cimentada, esa pareja no llegará a encarnar una unidad.
Veamos la finalidad de la relación de pareja con apoyo de la mitología, lenguaje universal del inconsciente colectivo.

El compañero o compañera es como un espejo. En ese espejo vemos ángulos de nosotros mismos que desconocemos porque no podemos verlos directamente. No queremos enterarnos de nuestros defectos. El cuerpo encarna zonas que nos dan orgullo pero también zonas que nos dan vergüenza.
El compañero refleja, a veces más fielmente de lo que quisiéramos, áreas de nuestro cuerpo psicológico. Ese reflejo nos perturba y nos hace levantar defensas. A la vez, representa un medio por excelencia para el autoconocimiento.
Todo aquello que vemos en el compañero y que nos produce una carga emocional (fascinación o repulsión), representa un reflejo de nosotros mismos. Un ángulo que no ha sido integrado en la conciencia.

La tendencia a relacionarnos en pareja es arquetípica. Es segur las señales del arquetipo de la integración de los opuestos, una vez que ha despertado en la conciencia.
En la mitología universal aparece repetidas veces el tema de la integración de lo masculino con lo femenino, especialmente representado en los seres llamados andróginos. El andrógino es una forma arcaica de la coexistencia de todos los atributos, comprendidos los atributos sexuales, en la unidad divina, así como en el hombre perfecto...Tanto el hombre como la mujer, son de naturaleza andrógina. Diversas mitologías presentan al andrógino como el estado inicial del hombre, y también como el estado final al que ha de volver. La perfección humana solo puede ser una imagen de la divina. El camino es el de la síntesis de los opuestos y de los complementarios.
Adán era de naturaleza andrógina, de otra manera Eva no podría nacer de él. Es conjurado a trabajar para reconquistar el estado original.

El estado andrógino hay que comprenderlo, en primer lugar, como una experiencia espiritual. Está por encima de los dos sexos. Los hombres dejan de aferrarse a sus convicciones y papeles tan estrictos. Las mujeres despiertan a espacios nuevos. El andrógino se pasea alegremente por el mundo del cambio, nivelando la acción y la inactividad.
El andrógino es el estado original del hombre y también es el estado final al que vuelve mediante un proceso de desarrollo psicológico. Es el símbolo que representa tanto el origen como el destino. Platón lo expresa de la siguiente manera: ... nuestra naturaleza primitiva era una, y éramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y prosecución de este antiguo estado.
Y en otra parte: ...estoy seguro de que todos seremos dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al amor, encontramos cada uno nuestra mitad, y así volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva.

La vida del hombre se inicia en un estado de indiferenciación, por lo menos en el plano psicológico. El inicio de la vida de pareja representa origen y destino. El proceso evolutivo de la relación está orientado a volver a la unidad, como una adquisición de la conciencia. Tal es el sentido de la relación de pareja. Constituye el vehículo que permite al hombre viajar hasta el estado andrógino, logrando así, la expansión de la conciencia.
Lo masculino y lo femenino unidos en indisoluble alianza, se convierten en una potencia.

El enamoramiento es, muchas veces, el inicio de la relación de pareja. Va acompañado de la sensación ilusoria de totalidad, de la sensación del estado andrógino. Una vez que termina el enamoramiento, la pareja inicia una vida que tiene como fin volver al estado andrógino, ahora mediante la expansión de la conciencia. Cada vez que la conciencia hace suyo un contenido del inconsciente, se produce una expansión. La pareja muestra constantemente al compañero (a) contenidos de lo inconsciente que pueden ser incorporados a la conciencia. Cuando la pareja alcanza el estado andrógino por expansión de la conciencia, dará lugar al arquetipo del sabio y la sabiduría estará presente en sus acciones y  en sus palabras.

Las parejas requieren de un intenso trabajo para alcanzar su gran riqueza. Necesitan mantener un roce constante, a veces doloroso, de las ásperas capas superficiales de cada parte, hasta que finalmente brillan como consecuencia de sus pulidas formas. Entonces hombre y mujer se aprecian, se aman y se respetan puesto que uno contiene al otro, ya no son dos, sino uno.

Si el fin del desarrollo psicológico consiste en la integración de los opuestos, entonces comprendemos que la separación de los integrantes de la pareja se traduce en debilidad. Un adulto que no tiene pareja, tiene menos posibilidades de ver los dos polos de un eje, y con facilidad caerá en la inflación del ego, puesto que éste se encuentra en identificación con un polo.
La convivencia por sí misma no asegura que se realice la integración de los opuestos. Algunas parejas mantienen excluidos de su vida consciente algunos polos fundamentales. Por ejemplo, niegan el principio femenino y dedican su energía a la confrontación y a la competencia.

Unidos por el amor, un hombre y una mujer están dotados para lograr una visión panorámica del mundo. Al mundo no se le puede comprender si se le ve desde un solo ángulo. La pareja puede ver los fenómenos desde distintos ángulos, por ejemplo: una visión objetiva más una visión subjetiva, el juicio lógico más el juicio sensible y humano. Ninguna es mejor, una y otra se complementan para lograr la visión panorámica. Las dificultades y los fenómenos evolucionarán hacia soluciones ideales si han sido enriquecidos con una visión extensa. Lo contrario consiste en buscar soluciones a partir de una visión parcial.
Mujer y Hombre son, ante todo, seres diferentes. Reconociendo este hecho, las parejas pueden participar activamente en su proceso de desarrollo. El camino no se allana negando las diferencias entre uno y otro, por el contrario, se dificulta. Se crean un abismo en el centro de la relación y, cada uno instalado en su propia orilla, se dedica a lanzar insultos, siempre con el interés de descalificar las actitudes, pensamientos, sentimientos y los deseos del otro.

Los matrimonios felices se han de cultivar. Y este trabajo será más fácil si se entienden cabalmente las diferencias. Los pensamientos, los sentimientos y los deseos, y en general, las argumentaciones de cada uno, tienen valor por derecho propio. La aceptación del punto de vista del otro no significa adherirse a ese punto de vista, solo significa otorgarle un valor. Si las parejas pueden hacer este cambio de actitud, acortarán el camino hacia la realización del arquetipo andrógino.
La expansión de la personalidad a la que nos lleva la vida en pareja, potencialmente, representa la necesidad de convertirnos en lo que realmente somos, en contraposición a lo que creemos que somos. La pareja es como un espejo en el que vemos el reflejo de aquellas polaridades que hemos excluido de la conciencia.

El ego cumple una función de importancia fundamental para el desarrollo de la pareja. Es una instancia que da lugar al desarrollo de la conciencia. En la primeras etapas, la personalidad requiere de fronteras claras para establecer su dominio. El ego necesita respuestas a preguntas como ¿Quién soy? ¿Cuál es mi papel? ¿Cuál es mi lugar? Y cualquier respuesta será ilusoria e incompleta.
La integración de los opuestos supone la trascendencia de las fronteras a las que está acostumbrado el ego, supone un proceso de desadaptación - transición - readaptación. Reconocemos este proceso de integración cuando es definido como: disolución del ego, o como expansión de conciencia.
El proceso se puede descomponer en tres partes:
1. Obstrucción de la conciencia. El ego toma el control.
2. Combate entre la conciencia y el ego. Nuestra  esencia se enfrenta a sus enemigos, los decapita e incinera.
3. Despertar de la conciencia. Nuestro ser resucita glorioso. Los valores de la conciencia se manifiestan.
Este proceso es inherente a la relación de pareja. Requiere del enfrentamiento con distintos contenidos del inconsciente colectivo. En un principio, viajamos por un camino buscando la integración desde las directrices del inconsciente colectivo. Esto da paso a ideas equivocadas acerca de la relación. El ego se impone con sus propias expectativas.
La relación de pareja cumple su función propiciando una cadena de transformaciones, en las que nuestro pequeño ego va redefiniendo sus fronteras al enfrentarse a los conflictos. Esta cadena de cambios activados en la pareja, representa a la vez una tendencia hacia la integración de los opuestos.

Muchos jóvenes de hoy han puesto su atención en las expectativas del ego, motivo por el cual, la vida en pareja está determinada por ciertos requisitos: obtención de un grado académico superior, seguridad económica. ¿Realmente esto contribuye al logro de una relación de mayor calidad? O bien representa una puerta de huída que los aleja del trabajo inherente a la vida en pareja.
En todo caso, las expectativas de la vida en pareja por una parte y la realidad de la vida de pareja, por otra, constituyen dos espacios, para ser llenados con frustración, en la medida de la distancia entre los dos niveles. Mayor distancia, mayor frustración.
Tal vez, el mayor índice de divorcios en nuestra época, refleja una respuesta a sentimientos de frustración intolerables relacionados con esta distancia entre las expectativas y la realidad de la vida en pareja.

martes, 2 de enero de 2018

La Relación de Pareja, parte 1


LA RELACIÓN DE PAREJA
Un camino al desarrollo
Síntesis del libro de Ubando, J.L., Instituto de Estudios de Pareja, México, 1997

Introducción

La relación de pareja cumple una función de desarrollo para las personas, entendiendo el desarrollo como el despliegue de las potencialidades humanas para convertirnos en lo que realmente somos.
La pareja comprende una riqueza, pero para acceder a ella, se necesita de un esfuerzo especial y una particular actitud: la de aprender y de hacer una suma de las características de ambos individuos.

La conciencia colectiva comprende arraigados estereotipos acerca de la vida en pareja y en mayor número del matrimonio. La vida en pareja comprende muchas cosas, unas agradables y otras no tanto. En todo caso, la pareja va a evolucionar con base a sus diferencias.
Para fines del desarrollo, los conflictos son lo más importante. Lo más negativo del conflicto es que queremos evitarlo.

Otro gran problema al que se enfrentan las parejas nace al querer borrar las  diferencias. De ignorar la regla de la polaridad, el principio femenino y masculino, las diferencias entre los cuerpos del hombre y de la mujer, los tipos psicológicos, etc. En la pareja hay dos seres fundamentalmente distintos. De las diferencias se pueden enriquecer, mientras que de la negación de las  diferencias se pueden destruir.
No hay pareja sin conflictos. Queremos erradicar el conflicto, y ese deseo es el principal conflicto. Si la pareja se inicia por una atracción complementaria, entonces la pareja es un conflicto. El conflicto no es algo negativo, es algo inevitable.

Especialmente en las clases acomodadas, estamos en presencia de generaciones muy dependientes. Los padres quieren resolver la vida de los hijos y los hijos quieren empezar con el nivel de los padres, no menos.
La resistencia al compromiso viene de la incapacidad de renuncia. Miedo a perder un sistema de vida, que le da seguridad al ego. Un compromiso conlleva pérdidas y no queremos sufrirlas.
Los medios de comunicación transmiten mensajes acerca de la planeación del matrimonio y de la familia. Entonces se fijan criterios, por ejemplo para los embarazos: el número de hijos que quieren tener, educar y financiar. ¿Y qué hay de las razones psicológicas y espirituales? ¿Nos dicen que hay una etapa en la que los hijos necesitan ante todo de la relación con su madre y otra etapa en la que lo importante es la relación con el padre? Es prácticamente imposible que los medios de comunicación, especialmente aquellos financiados por el gobierno y la iniciativa privada transmitan conceptos acordes con la psicología  profunda puesto que atienden a intereses muy distintos. Unos son los intereses del consumismo y la política y otros son los intereses de la ciencia y del conocimiento.

En un principio, nuestra vida de pareja está poblada de expectativas falsas. Buscamos en nuestra pareja una vida fácil y encontramos dificultades. El crecimiento y la evolución son dolorosos; también la vida en pareja porque facilita ambos. A través de la vida en pareja se va arrancando nuestra falsa identidad, algo parecido a que nos arrancaran una máscara hecha de nuestra misma piel. Dolorosa transformación que nos acerca a la realidad de lo que originalmente somos.

PAREJA Y POLARIDAD

La comprensión de la polaridad es requisito para entender las funciones de la pareja. Nuestro entendimiento nos obliga a diferenciar y dividir. Pero para estar sano hay que estar completo. Un proceso de maduración implica la superación de la polaridad.
La vida requiere del ritmo, es decir, de una continua alternancia entre un polo y otro. Si se destruye el ritmo, se destruye la vida. Es como la respiración, en la que se alternan los movimientos de inhalación y exhalación. Si se suprime uno, se suprime también el otro. Existe una absoluta interdependencia entre los contrarios.

Las polaridades son dos aspectos de una misma realidad que la conciencia ha de contemplar sucesivamente. La polaridad es como una puerta que en un lado tiene la palabra ENTRADA y en el otro SALIDA, pero siempre es la misma. Vemos uno u otro de sus aspectos según el lado en que nos acerquemos a ella.
La ventaja que nos da la polaridad es la facultad de discernimiento.  La conciencia comienza por establecer la polaridad. Pero el afán y la meta de la conciencia es superar su condición incompleta, para volver a la unidad. Todo camino de evolución va de la polaridad a la unidad.

Todo tiene un par de opuestos: luz y sombra, vida y muerte, adentro y afuera. En cada par de opuestos, un polo le da vida al otro polo. La polaridad femenino-masculino engloba a su vez un gran número de otros polos. Este par de opuestos se necesitan, uno al otro. El principio femenino le da vida al principio masculino, y el principio masculino da vida al principio femenino.
En el mundo ilusorio del ego, a veces se pretende erradicar la mitad de la realidad humana. Niega la existencia y la importancia de los polos opuestos. Una consecuencia de ello consiste en que el hombre pierde la dimensión de las cosas y pierde la capacidad para darle el mérito que justamente le corresponde a la perfección, apreciar con emoción la belleza, reconocer el éxito, valorar el apoyo, reconocer las diferencias entre lo masculino y lo femenino, desperar toda la sensibilidad del erotismo.

El proceso de aprendizaje requiere de la creación de la belleza, de la dignidad, del erotismo. Requiere de la separación de los opuestos, de la diferenciación entre masculino y femenino. El proceso de aprendizaje parte de la unidad, prosigue la división y vuelve nuevamente a la unidad.
Una vez que el hombre adquiere cabalmente su identidad masculina (lo cual supone la integración de la sombra), está en mejores condiciones para iniciar el proceso de integración en la conciencia de su parte femenina. La fecundación de lo masculino y lo femenino en el plano psicológico, ocurre sobre todo en la segunda mitad de la vida y da lugar al nacimiento de la experiencia espiritual.

¿Qué función cumplen los conflictos? ¿Qué tienen que aprender los miembros de la pareja, a fin de lograr mayor integración? Las dificultades y los síntomas de la pareja, como hechos reales, pueden ser considerados como hechos simbólicos que, como tales, representan las polaridades, y a la vez, representan el camino hacia la unidad.
La pareja constituye un camino que da la posibilidad, al ser humano, de ir de la polaridad a la unidad. Los conflictos de pareja revelan fielmente la existencia de divisiones internas en el individuo. La polaridad es la división artificial creada por la conciencia. Si la división es profunda, los polos son irreconciliables. Los problemas de pareja informan acerca de las divisiones internas. Si una pareja cae repetitivamente en una discusión acerca del dinero, por ejemplo, podemos pensar que esa pareja crea un problema exagerado, puesto que la carga emocional que le imprime no corresponde con la realidad de su estabilidad económica. Entonces podemos investigar el significado simbólico  del dinero y comprender que lo que se discute no son cantidades sino probablemente una lucha por el poder.

La forma femenina ha de comprenderse como la eternidad y la forma masculina como el tiempo. La unión de los dos engendra el mundo, en el cual todas las cosas son eternas y temporales al mismo tiempo. La mujer encarna la vida y el hombre actúa sobre la vida. La vida brota y se disuelve en una sucesión continua.
Al pasar de la polaridad a la unidad, los valores y las distinciones que en la vida normal parecen de importancia, desaparecen. Entonces las brujas se convierten en diosas y los dragones en guardianes. Al parecer el destino del hombre incluye esfuerzos para enseñar de nuevo, lo que ha sido enseñado correctamente y aprendido incorrectamente mil y mil veces. El hombre tiene que aprender solo y recorrer por sí mismo el camino del héroe, tiene que aprender viviendo.

La conciencia es como una luz sobre un fondo de sombra. Pero la realidad se compone tanto de lo iluminado como de lo sombreado. Cabe decir que aquello que ayer fue sombra, hoy se encuentra iluminado en parte por la conciencia.
El hombre y la mujer en la actualidad, suelen estar condicionados y adaptados a la conciencia colectiva. Son partícipes de las ventajas correspondientes, pero igualmente adolecen de las mismas carencias y limitaciones de tal conciencia
colectiva. El caso contrario corresponde a mujeres y hombres que se apartan totalmente de la conciencia colectiva. Acceden a un conocimiento sobre la naturaleza humana, no solo inaccesible para la sociedad, sino francamente considerado herético por la misma sociedad.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Psicología del Deporte. Integración Cuerpo-Mente, parte 10 (final)

9
Mantenerse en pista: evitar obstáculos

A pesar de contar con unos planes muy bien trazados, las cosas no siempre se desarrollan según lo previsto y, por ello, necesitamos estar preparados. Necesitamos contar con estrategias adecuadas para mantener nuestros esfuerzos en presencia de todo tipo de dificultades, fracasos, periodos fuera de temporada y lesiones, o durante épocas en que el rendimiento parece estar en regresión o estancado.

COMPROMISO

Solamente nosotros podemos determinar el grado de compromiso asumido para alcanzar nuestros objetivos. Casi ningún atleta alcanza un potencial máximo sin adquirir primero un compromiso serio y e importantes sacrificios.
Cuando se preguntó a varios miles de atletas sobre los motivos que los llevan a participar en el deporte, surgieron cuatro razones primarias. Una de ellas fue la de conseguir un logro. Otra fue la conveniencia de formar parte de un grupo y contar con una buena interacción social. El estímulo sensorial y las sensaciones derivadas del entorno deportivo fue otra razón importante. Añadir una dimensión de excitación, de reto, de flujo o de riesgo, es un aspecto importante para seguir implicado. Por último, conseguir una autodirección, el ser capaces de tomar decisiones por sí mismos, ser competentes, ser tratados en forma responsable al paso de asumir una responsabilidad por sí mismos respecto a su conducta.

Debemos pues, determinar el orden de prioridad de las razones de nuestro compromiso con el deporte, para poder establecer nuestros objetivos.
Nuestro compromiso respecto al logro perseguido determinará hasta que punto estamos dispuestos a dedicar tiempo y energía a la mejora del rendimiento. Si nuestro plan se ha establecido en forma eficiente, conseguiremos un refuerzo y una retroalimentación positivos. Si de nuestra participación no deriva interés y satisfacción, o cuando el deporte empieza a parecer una carga, no existe motivo alguno que nos lleve a proseguir.

CONFLICTO DE INTERESES

Cuando adoptamos nuestro compromiso inicial, no sabemos que otras posibilidades pueden surgir en nuestro camino. Estas oportunidades imprevistas dan lugar con frecuencia a un conflicto y requieren una renovación continuada del compromiso. Las prácticas deportivas quizás sean interesantes al principio pero acaban convirtiéndose en una carga  debido a las exigencias que nos apartan de cosas que nos gustaría hacer.
Las esperanzas depositadas en el adiestramiento también dan lugar a conflictos, especialmente cuando se interfieren en el camino de lo que nos gustaría hacer. Existe una monotonía y un tedio en los regímenes de adiestramiento difícil de contrarrestar. Los entrenadores deben ser conscientes de estos conflictos y ayudar a estructurar los objetivos y conductas que nos han de llevar hacia este fin, de forma realista y no amenazante. Es imposible incluir todos los conflictos potenciales de interés en este estudio. Debemos tener presente, por tanto, que hemos de reafirmar nuestro compromiso y revisar nuestros objetivos continuadamente, lo cual, junto con la comunicación de nuestro preparador y otras personas, nos servirá de ayuda para hacer frente a situaciones conflictivas.

EXCESO DE INFORMACIÓN

Con frecuencia, los entrenadores ponen de manifiesto la presión a la que están sometidos formulando mayores exigencias al atleta. Demasiadas sugerencias y peticiones que, en el mejor de los casos, sólo podrán  asimilar algunas. Generalmente, los mayores excesos se producen durante la competición, sin embargo, si realmente estamos concentrados en nuestro juego, no nos apercibiremos ni tampoco responderemos a cualquier sugerencia. Muchos entrenadores no se percatan de que con frecuencia son responsables de los errores cometidos en el juego, debido a que interrumpen nuestra concentración. Afortunadamente, no todos los atletas sufren distracciones a causa de las instrucciones que les llegan de la banda. Sin embargo, esto puede crear un problema pues el entrenador quiere que se le preste atención y se actúe según sus sugerencias.

Una de las formas más efectivas para evitar un exceso de instrucciones verbales durante el juego es idear unas palabras o expresiones breves y concisas  a guía de indicaciones. Deben elegirse conjuntamente durante las prácticas deportivas. Ahora bien, si consideramos que nos distrae el recibir instrucciones durante el juego, debemos comunicar esto al entrenador al objeto de que se pueda establecer un enfoque más efectivo.

ACTITUDES MENTALES

En determinadas circunstancias, cabe que cometamos el mismo error varias veces, lo cual crea una actitud mental en el entrenador y puede  hacer que éste nos identifique como: carente de empuje, no agresivo, no resiste la presión, comete errores mentales o alguna calificación.  En muchos casos, sin embargo, es dable que nuestra serie de errores no sea totalmente culpa nuestra. Cabe que lo hayamos hecho bien quince veces y cometido un error sólo una vez, pero ese error es el que sirve de soporte a la actitud mental del entrenador. Como resultado de ello, éste nos presta poca atención. Por tal motivo, comunicar nuestras preocupaciones al entrenador a través del capitán del equipo o directamente es una buena medida si la situación persiste.

Resulta fácil caer en el hábito de culpar a otras personas o a otras causas de nuestras faltas y defectos. En deporte, tendemos a culpar al árbitro, al clima, a las instalaciones, a los compañeros, o a cualquier otra cosa, excepto a nosotros mismos. Si nos descubrimos cargándole el muerto a otros, es que disponemos de escaso control sobre nuestra actuación, es decir, de que no asumimos la responsabilidad respecto a ésta cuando damos una serie de excusas. La fijación de objetivos con una evaluación regular evitará este problema en su mayor parte.

Los atletas, al igual que cualquier otra persona, aprenden a ritmos diferentes y con periodos de tiempo también diferentes, y, por consiguiente, no debemos sentirnos preocupados por el hecho de que otros adquieran los conocimientos con mayor rapidez que otros. Utilicemos nuestro propio avance, fijación de objetivos y evaluación para determinar si nos movemos en forma idónea. También podemos acudir al entrenador para la evaluación de nuestra técnica y asegurarnos de que nuestros esfuerzos se hallan orientados en la dirección correcta.

Con frecuencia, los periodos de baja forma tienen relación con nuestra perspectiva mental, es decir, la de que, después de experimentar un descenso en el nivel de rendimiento, esta circunstancia volverá a presentarse de nuevo. Preocuparse por ello contribuye a mantener la baja forma e incluso a empeorarla. Cabe señalar que esta situación también puede tener su origen en problemas físicos tales como la fatiga, falta de sueño, preocupación y ansiedad acerca de cuestiones no relacionadas con el deporte, o en un cúmulo de otras razones.
Para liberarnos de todo ello, después de eliminar cualquier causa física, es que aprendamos a no tomar en consideración las distracciones mentales, a cuyo fin valernos de la imaginación y ensayar mentalmente la forma en que acostumbramos a sentirnos y a vernos en nuestro elevado nivel previo nos resultará de ayuda.

ENVEJECIMIENTO DE LAS PRÁCTICAS DEPORTIVAS

La falta de motivación y los problemas de actitud constituyen generalmente la base del envejecimiento gradual de las prácticas deportivas. El aburrimiento puede conducir asimismo a esta situación. Valgámonos pues, de la estrategia de la fijación de objetivos y añadamos variedad a las prácticas deportivas para acentuar el interés y la motivación. No debe olvidarse que una nutrición inapropiada, un exceso de adiestramiento y la fatiga pueden provocar también dicho envejecimiento.

AGOTAMIENTO

El agotamiento surge como una ansiedad y una preocupación crónicas acerca de nuestras actuaciones. También puede reconocer como origen la frustración cotidiana. Algunos estiman que el agotamiento no es sino una palabra más para designar la depresión; sea como fuere, no es un estado en el que resulta agradable permanecer durante demasiado tiempo.

Practicar el relajamiento y la meditación es conveniente para conseguir que las cosas vuelvan a su perspectiva adecuada. Para otros, el apartarse temporalmente de la situación que ha dado lugar a la frustración y a la ansiedad constituye una solución. Sea como fuere, muchos atletas se alejan del deporte cuando la única retroalimentación que reciben es negativa.

RITUALES

Asociar el ganar con una conducta particular o el llevar una determinada pieza de vestir, desarrolla superstición o rituales. Algunas veces, la asociación de este tipo de conducta resulta tan fuerte que dicha conducta persiste mucho después de que se haya producido un cambio en el resultado. Así, tomar cierto tipo de comida, seguir una rutina específica antes de la competición, usar un número o un color y una multitud de conductas que no ejercen efecto alguno en el resultado de la competición siguen existiendo debido a una asociación de causa a efecto.

La superstición y la preocupación acerca de la actuación constituyen, generalmente, la base para establecer rituales. Éstos proporcionan una estructura y una rutina frente a la incertidumbre. No actúan como consecuencia de un valor mágico, sino debido a que nos ayudan a centrar nuestra atención en la certidumbre de nuestra preparación. También nos permiten reducir todos los aspectos desconocidos en uno solo, o sea, el resultado de la competición.
Los rituales encierran valor debido a que nos proporcionan un método sistemático para la preparación y nos sirven de referencia temporal a medida que se acerca la competición.

Todo lo que hacemos normalmente cuando se trata de comer, dormir, vestirnos, calentarnos, etc., puede incorporarse a una estructura de rutina regular. También nos cabe incluir una preparación sistemática y mental en términos de meditación, concentración e imaginación, pues cuanto más nos concentremos en este ritual regular de preparación, menos tiempo deberemos dedicar a pensamientos y conductas que nos desvíen de nuestro propósito.
 Podemos utilizar nuestros rituales y servirnos de ellos para estimular nuestra predisposición, y también como medio de revisión de nuestros objetivos en el proceso. Establezcamos pues, una norma que funcione para nosotros y ajustémonos a ella con regularidad, recurriendo a todo aquello que nos preste mayor control, dominio y disciplina en la preparación para la competición.

LA DERROTA

Inherente al deporte es el hecho de que siempre habrá más perdedores que ganadores. La victoria es fácil de aceptar, pero todos los atletas deben aprender a aceptar también perder, lo cual puede ser beneficioso si se lleva a cabo una evaluación apropiada de los objetivos del proceso.
Fijar objetivos en el proceso y evaluarlos sobre la base del avance conseguido, en lugar del resultado, es una de las mejores formas de mantener las cosas dentro de una perspectiva adecuada.

Son multitud de factores los que conducen a la victoria y, por consiguiente, mostrarse preocupado tan sólo por el resultado reduce la satisfacción que se deriva de aquélla. La actitud según la cual ganar no lo es todo, es lo único, conduce eventualmente a la de ¿es esto todo? La victoria se convierte entonces en un hecho hueco. Ser capaces de evaluar nuestros logros sin recurrir al resultado es esencial para gozar de la experiencia que supone el deporte de competición. Aprendamos de nuestras derrotas; con ello podemos establecer de nuevo otros objetivos que nos conducirán a la mejora de nuestras técnicas. En el análisis final, podemos aprender mucho más de las derrotas.
Tengamos presente que nuestra autoestima como individuos no viene determinada por el hecho de que ganemos o perdamos. Si actuamos uniformemente a un alto nivel y perdemos, esto nos permite analizar nuestros defectos, revisar o fijar nuevos objetivos y mejorar nuestras técnicas para alcanzar el éxito en la próxima competición. Nuestra autoestima queda con ello intacta y nos sentimos complacidos al reconocer nuestros propios esfuerzos, así como los de nuestro oponente. Aprendamos, por tanto, a asumir la responsabilidad de las mejoras en nuestras prácticas deportivas y actuaciones.

Para no permitir una racha perdedora, deberemos reorientar nuestros pensamientos y esfuerzos. Cuando el fracaso surge en forma reiterativa comenzamos a dudar de nuestra capacidad. Rápidamente, esto se convierte en una “profecía autorrealizada” y con ello nos vemos próximos a una racha perdedora. Entonces, para recuperar nuestra actitud positiva, necesitaremos valernos de las estrategias propias de la fijación de objetivos y de la meditación, así como de la imaginación, concentración y relajamiento. Sólo nosotros podemos determinar si debemos dejar que nuestra actuación anterior, buena o mala, siga influyendo sobre nuestra actuación presente y/o futura.

CUANDO EL DEPORTE DEJA DE SER LA PRIORIDAD NÚMERO UNO

¿Comienza nuestro verdadero reto cuando cesa nuestra implicación en el deporte? Detengámonos  a pensar cuánto tiempo hemos dedicado a la participación en el deporte durante toda nuestra vida. ¿Qué haremos con ese tiempo? ¿Qué ocupará su lugar?
Hay que dedicar tiempo para destacar en el deporte, pero, al mismo tiempo, también debemos mantener cierto equilibrio y cultivar algunos intereses al margen de él. No existe evidencia alguna de que debamos dedicar un 100% de nuestro tiempo a maximizar nuestro rendimiento y alcanzar la cima. Cuando alguien se compromete en forma total, pronto surgen obstáculos tales como el envejecimiento de las prácticas deportivas, periodos de baja forma, agotamiento, sobrecarga y pérdida de interés.

¿Cómo nos afectará el no participar, no practicar, no dedicar una buena parte de nuestro tiempo al deporte? Algunos atletas tropiezan con dificultades y no saben que hacer con su tiempo libre y acaban malgastándolo. Igualmente, las lesiones obligan a algunos atletas a abandonar de inmediato el deporte. Si no han hecho planes para esta eventualidad, recurren al alcohol, el juego, la depresión, la ira, el resentimiento y multitud de conductas desfavorables. Por ello, es necesario establecer un anteproyecto para cuando llegue la ocasión. Podemos encontrar otros intereses y amigos fuera del ámbito deportivo. Nosotros somos los únicos que podemos regular y establecer prioridades en nuestra vida para mantener un equilibrio, de modo que el deporte no sea lo único que determine nuestra autoestima o consuma todas nuestras horas.
Independientemente del grado de perfección con que tracemos nuestros planes, nos veremos enfrentados a un periodo de ajuste durante la transición. Para evitar una crisis de identidad cuando la implicación termina (sea cual fuere la causa), debemos asegurarnos de que cultivamos, en cierta medida, todas las dimensiones de nuestra vida. Podemos fijar objetivos en otros aspectos de nuestra vida así como lo hicimos para maximizar nuestro potencial en el deporte.

Establecer prioridades y compromisos resulta esencial para sobresalir en el deporte, pero también es importante desarrollar otros intereses al margen de él. Muchos atletas dedican todo su tiempo y energías al deporte, acaban poniendo todos los huevos en una misma cesta, y cuando el fondo cede, se dan cuenta de que no les queda nada. conviene por tanto, desarrollar otros intereses y otros contactos sociales al margen de nuestro mundo deportivo, ya que con ello se añadirá dimensión y gozo a nuestro estilo de vida. De esta forma, si nos vemos obligados a abandonar el deporte o reducir nuestras implicaciones por alguna razón, dispondremos de otros intereses para llenar el vacío en nuestra vida cotidiana.

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Verificación y control de nuestros progresos

Practicando regularmente las técnicas y estrategias descritas en este libro, pueden requerirse de entre cuatro y seis semanas de practica concentrada para que algunos atletas detecten diferencias en su rendimiento. De hecho, muchos de los cambios que se producen tienen un carácter sutil y pueden pasar inadvertidos. Es importante, por consiguiente, que desarrollemos procedimientos que nos ayuden a determinar nuestro progreso de modo que sea posible evaluar nuestros logros.
Los cuestionarios, listas de verificación y ejercicios que siguen a continuación han sido ideados para ayudarnos a determinar el punto donde es necesario aplicar un mayor esfuerzo para mejorar. Son un punto de partida para nosotros. Una vez hayamos asimilado los principios básicos implicados,  nada se opone a que ideemos practicas relevantes para nuestras  necesidades.
Pueden consultarse en : alekstena.blogspot.com.mx



martes, 19 de diciembre de 2017

Psicología del Deporte. Integración Cuerpo-Mente, parte 9


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Comunicación: cómo aprender a decir lo que realmente pensamos o pensar realmente lo que decimos  
 
Quizá la capacidad de preparación más importante que necesita desarrollarse sea la de la comunicación efectiva. Esto significa establecer unas conductas y unos conocimientos comunicativos que puedan ser explicados y comprendidos claramente.
La comunicación es dinámica y debe contemplarse como un proceso de doble dirección, es decir, un procedimiento que implica enviar así como recibir e interpretar mensajes. Asimismo, cabe destacar que ciertos aspectos vinculados con la actuación atlética, tales como esperanzas respecto a objetivos y actuación, no son fáciles de comunicar.

Existe la necesidad de desarrollar capacidades de comunicación que van más allá del proceso de adquisición de conocimientos y estrategias. A menos que existan unas líneas abiertas de comunicación en las que cada persona transmita unos mensajes claros acerca de las esperanzas y los objetivos que cada uno abriga respecto al otro, no sólo la comunicación se hallará ausente sino que las relaciones y la motivación en el equipo se verán afectadas junto con la actuación a nivel de competición.

Cuatro líneas de comunicación necesitan considerarse: la que media entre el preparador y el equipo; seguida de la existente entre el preparador y el atleta; el atleta y el preparador; y entre miembros del equipo. Estas cuatro líneas de comunicación ejercen impacto sobre la actuación. Si se emiten señales o mensajes confusos, es probable que surjan problemas.

Si el entrenador ha de introducir un cambio importante en el grupo, ¿se discute con los atletas implicados? El tomarse el tiempo suficiente para asegurarse de que cada atleta ha comprendido la lógica en la decisión suavizará muchas situaciones en las que una  mala interpretación crean gran alboroto. La comunicación evitará muchos problemas que desequilibran la armonía y la actuación del equipo.

Los entrenadores deben crear un ambiente que venga a estimular a los atletas para iniciar la comunicación, pues, con frecuencia, éstos han considerado al entrenador como una figura autoritaria que no admite reproche alguno. Muchos  problemas pueden vincularse con atletas que necesitan ser estimulados para que discutan sus preocupaciones. Si tememos al fracaso o tenemos algún  compañero que constantemente ridiculiza nuestra actuación, conviene informar al preparador de tal circunstancia para resolver el problema.

Los atletas han de tener el convencimiento de que las líneas de comunicación están abiertas y a su disposición. Si no se procede de este modo, nos exponemos a que, cuando la temporada no se desarrolle con éxito, los conflictos en el equipo se hagan evidentes. En cuanto a los atletas, ellos han de ser estimulados a solucionar algunos de sus conflictos sin la intervención del entrenador, si ello es posible.

El proceso de comunicación implica enviar un mensaje a alguien o a un grupo, y después evaluar el efecto ejercido por el mismo. El propósito de la comunicación puede ser para: a) persuadir, como en una comunicación previa al comienzo del juego; b) evaluar, como en la valoración de la actuación de un atleta; c) informar, como al demostrar una nueva técnica; d) motivar, como en las recomendaciones durante el periodo de descanso; e) resolver problemas, como enfrentarse con conflictos de equipo.
La información que deseamos transmitir se inicia en forma de una idea, emoción o sentimiento y es entonces transformada en una estructura mental, que se transmite a través de un canal,  sea verbal o no verbal , o ambos. El mensaje se dirige al correspondiente atleta, el cual recibe e interpreta el mensaje de acuerdo con su capacidad y dentro del marco de comunicación previa.

La comunicación no se produce a menos que el receptor se vea afectado, en alguna forma, por el mensaje que ha sido transmitido. La comunicación funciona en dos sentidos y el impartirla no supone culminación del propósito hasta que no se produce una reacción por parte del receptor.
Los preparadores y los atletas necesitan aprender a leer las reacciones mutuas. También debe tenerse en cuenta, que las experiencias pretéritas en comunicación influirán sobre las esperanzas de comunicación presentes y futuras. Además, la comunicación ha de ser relevante y significativa si ha de establecerse la comunicación. La afirmación no puedo oír lo que usted dice debido a los demás mensajes que envía resulta apropiada en este punto, pues todas las señales necesitan ser compatibles y coordinadas, de forma que un mismo mensaje sea transmitido a través de todos los canales.

Cuando uno se comunica, deben considerarse dos aspectos. La intención y el contenido. El elemento emocional del proceso de comunicación incluye la forma en que se expresó el mensaje. ¿Qué calidad de voz se utilizó? ¿Se expresó el mensaje en forma intensa, rápida, brusca o suave? Las expresiones faciales y el lenguaje corporal o el movimiento también influyen en la forma en que se interpreta el mensaje.
Muchos atletas han sufrido las iras del entrenador que, durante una competición muy reñida, pone de manifiesto más elementos emocionales que contenido informativo en la comunicación. Como consecuencia de ello, muchos atletas experimentan dificultades para centrarse en la competición. Tanto contenido como emociones, resultan importantes y, por ello, es necesario un equilibrio  para lograr una comunicación efectiva.

Los entrenadores prestan mucha atención a las comunicaciones verbales tales como las instrucciones, los estímulos y la evaluación de resultados,  pero a veces no se percatan de las conductas que acompañan a las observaciones hechas a viva voz. El canal verbal sirve primariamente para transmitir contenido o información. El no verbal se utiliza para apoyar al verbal, así como para comunicar actitudes  interpersonales, las cuales se transmiten a través del aspecto, los gestos, el movimiento corporal, la expresión facial y las relaciones espaciales. Un encogimiento de hombros, un volverse de espaldas o apretar los puños representan conductas no verbales que ponen de manifiesto sentimientos o actitudes. En algunos casos, los preparadores o los atletas pueden estar expresando estímulo verbalmente mientras su lenguaje corporal anuncia derrota, falta de interés o contrariedad.
No existe un sistema, método o técnica de carácter único más efectivo o de mejor comunicación, ya que el mismo mensaje puede ser transmitido a través de muchos niveles diferentes. Por ejemplo, el estímulo puede ser verbalizado, así como demostrado, mediante movimientos faciales y corporales. También puede expresarse en forma similar la irritación.

Resulta importante que tanto los atletas como los entrenadores compartan un interés en la creación de una comunicación abierta, honrada y comprensible, lo cual lleva a una mejor actuación. 

INTERRUPCIÓN EN LA COMUNICACIÓN

En el ámbito atlético, los periodos primarios para la comunicación giran en torno al tiempo programado de adiestramiento, así como al de la competición. Durante estos periodos, el entrenador y los atletas necesitan contar con una comunicación eficaz y uniforme. Cada uno debe ser consciente de la forma en que la comunicación puede cambiar, según sea el nivel crítico de la situación, y hacer todos los esfuerzos para mantearen un intercambio uniforme.

La sobrecarga en la información crea también otro problema. Determinar cuánta información puede manejar un atleta en un periodo dado de tiempo o en una situación específica es importante para el nivel de rendimiento. En los descansos, suele dárseles tanta información en un periodo tan breve, que los atletas vuelven al terreno de juego con la impresión de haber sido bombardeados.

También puede producirse una interrupción en la comunicación si los mensajes transmitidos son siempre negativos. Lo que los atletas necesitan realmente es un apoyo positivo a sus esfuerzos y una información que sea relevante respecto a la situación y qué, además, contribuya a la corrección de errores. Aun cuando el atleta es el primero en darse cuenta de su error, los preparadores son los primeros en recordárselo. Conviene no olvidar que la comunicación positiva casi siempre producirá mejores resultados que los mensajes negativos y que una sobrecarga de éstos contribuye muy poco a corregir o a motivar al atleta.

Hacer que uno se sienta bien, contribuye a que el esfuerzo sea más intenso, y saber cómo apretar los botones adecuados y tirar de los hilos correctos a través de la comunicación inducirá a cualquiera a esforzarse para alcanzar mayores cimas. Otros momentos en los que es probable un fallo en la comunicación son aquellos en que los jugadores o los preparadores interpretan equivocadamente o no comprenden el mensaje. Esto es frecuente cuando se actúa bajo presión. Las comunicaciones no verbales son también objeto de mala interpretación. También es posible que un atleta intercepte un mensaje dirigido a otro compañero. Si el mensaje es negativo, el atleta puede mostrarse preocupado y perder concentración.

Una comunicación infrecuente o insuficiente por parte del entrenador también resulta disruptiva para el progreso del atleta. Debe tenerse en cuenta, que algunos atletas requieren más atención, mientras que otros no se encuentran tan abiertos, lo cual implica, que una misma técnica no da resultado en todos los casos.  Incluso se da la circunstancia de que algunos atletas se apartan del deporte cuando se les ignora constantemente.
Todos necesitamos un apoyo para mantener nuestros esfuerzos a través del tiempo. Asegurémonos pues, de que prestamos apoyo y refuerzo positivo a los demás con regularidad.
Algunos atletas se dan cuenta de que los entrenadores dedican toda su atención a las estrellas y muy poca a los restantes, seguramente los que más las necesitan. Asegurémonos, por tanto, de que todos los participantes consiguen cierto reconocimiento.

Los atletas necesitan saber en qué posición se encuentran y de que forma progresan, lo cual significa que necesitan una retroalimentación tangible. Cuando ésta no se produce, la motivación cesa y el atleta se siente descontento.
La comunicación resulta ineficaz cuando el centro de atención se halla en un punto que no es el de la labor que se está llevando a cabo. Cuando el atleta está preocupado con otros pensamientos, las instrucciones tienen escaso valor. Y  aprender la técnica de concentrarse y practicar cambios de canal ayudará a dominar este problema.

Las comunicaciones que sirven para amonestar a un atleta o corregir su actuación deben ser objeto de cuidadosa consideración y no expresarlas cuando todavía flota en el ambiente la presión derivada de la competición. Con excesiva frecuencia , los atletas y entrenadores reaccionan bajo el influjo del calor emocional propio del momento, y por ello deben tomarse tiempo para situar la cuestión en la debida perspectiva. Reaccionar con precipitación puede destruir la confianza y la credibilidad.
No es posible establecer líneas de comunicación abiertas cuando se adoptan actitudes negativas. Es decir, si se adopta una idea fija respecto a determinada situación, la comunicación será del todo inútil y el mensaje llegará a unos oídos sordos.

Cuando el atleta tiene un conjunto de objetivos y esperanzas y el entrenador tiene otro, surgen de inmediato problemas de comunicación y, por ello, la fijación de objetivos es una de las mejores formas de abrir canales de comunicación. Hasta que se establece un diálogo, puede que el atleta no sepa qué es lo que se espera de él. Una comunicación temprana entre el preparador y el atleta contribuirá a eliminar numerosos malos entendidos.

Todos necesitamos trabajar nuestras técnicas de comunicación. Necesitamos, por tanto, una percepción clara de nuestras señales verbales y no verbales y asegurarnos de que decimos lo que queremos decir y de que queremos decir lo que decimos. Una buena comunicación entre todos los implicados en el ámbito deportivo resulta esencial, pues de fallar, se verán afectadas la motivación, el compromiso y la actuación.

LA COMUNICACIÓN DURANTE LA ACTUACIÓN 

La comunicación en las sesiones de entrenamiento crea menor número de problemas que durante la competición, debido principalmente al ambiente emocionalmente cargado en que tiene lugar esta última. Obviamente, aún más difícil si no lo están haciendo bien o van perdiendo.
Cuando a los atletas se les han enseñado las técnicas y estrategias adecuadas, tanto mental como físicamente, es poco lo que debe comunicarse durante un partido. Dirigir desde la línea de banda no es lo más adecuado. Si al atleta se le ha enseñado a concentrarse y a mantener su atención en lo que está ocurriendo, las instrucciones desde la banca no merecerán atención. De hecho, resulta contraproducente para el atleta suspender su concentración. En realidad, se han producido miles de situaciones en los que el atleta queda sumido en profunda confusión debido a que el entrenador interfirió en la concentración al comenzar a gritarle instrucciones.

Los atletas no prestan gran atención a lo que se dice cuando están preocupados y se concentran en el partido que está teniendo lugar. Los atletas necesitan que se les enseñe la forma de centrar su atención y, también, como desviarla de un punto a otro y volver al inicial cuando la situación así lo exija. (véase capítulo sobre concentración).
Existen momentos durante un partido en que las instrucciones resultan oportunas y apropiadas, y que pueden darse en forma efectiva si a los atletas se les ha enseñado cuando y cómo seguirlas.
Es conveniente, para poder comunicarse durante los momentos críticos en una competición, que se desarrollen estrategias que deberán ser objeto de consideración y practicadas como parte de la necesaria preparación. Procede además subrayar que durante la competición todas las comunicaciones deben tener un carácter sucinto, claro y relevante para la situación.

ETAPAS PARA MEJORAR LAS ESTRUCTURAS DE COMUNICACIÓN

Mejorar las técnicas de comunicación constituye un proceso continuado que requiere atención y empeño constantes. Hay que hacer un esfuerzo para conseguir unas estructuras de comunicación que no sólo impliquen la transmisión de mensajes, sino también recibirlos y comprenderlos. A continuación se detallan varias etapas que ayudarán a mejorar las estructuras de comunicación.
  • Los atletas y los entrenadores deben mostrarse receptivos a toda retroalimentación. Como se ha hecho observar, la comunicación es un proceso de doble dirección, lo cual supone que los mensajes no se envían sin que exista además el intento de determinar su impacto, y que los comunicadores deban mostrarse sensibles a la forma en que reacciona el receptor de ellos. Aprendamos a observar al receptor para determinar si el mensaje ha sido o no comprendido.  
  • Deben desarrollarse líneas de comunicación abiertas, es decir, mostrarse receptivo a los comentarios constructivos. Con frecuencia, la línea de comunicación relativa a la conducta del entrenador no muy amplia. Los atletas y los entrenadores deben crear un ámbito de comunicación que haga posible el intercambio en ambas direcciones sin sentirse amenazado, inferior o en peligro.
  • Debe existir un esfuerzo consciente orientado a mejorar la comunicación tanto verbal como no verbal. Dado que todos reaccionamos diferente, existe la necesidad de determinar cuál es el método de comunicación más efectivo para cada persona. Deben tenerse en cuenta las comunicaciones no verbales, pues si los preparadores y atletas no se percatan de lo que su canal no verbal expresa, dichas comunicaciones pueden resultar confusas y contradictorias.
  • No debemos asumir que el comunicador y el receptor van a interpretar la información de una forma similar. Es importante asegurarse de que la información se presenta bajo una diversidad de formas, para que aquellos que no entendieron la primera presentación cuenten con otra oportunidad.
  • Los atletas no necesitan ser informados negativamente cuando han actuado mal. La mayor parte de las veces ya lo saben. Es cierto que los comentarios constructivos son importantes para mejorar la actuación, pero hay que escoger el mejor canal y el momento adecuado para hacerlo. La evaluación de la actuación debe ser tratada con cuidado, pues si no se han establecido los canales de comunicación apropiados, dicha evaluación resultará carente de efectividad o disruptiva.

  • Mostrémonos positivos cuando comuniquemos. Los entrenadores deben evitar gritar, insultar y humillar a los atletas. Si no dan muestras de control, los jugadores aprenden rápidamente que tampoco ellos están obligados a tenerlo. La comunicación efectiva no tiene porque hacer que los atletas se sientan inferiores; al contrario, facilita un entorno constructivo. Es importante que los entrenadores y atletas no reaccionen de un modo precipitado ante situaciones de elevada presión. De hecho, es durante estos momentos cuando unas buenas sugerencias resultan importantes. Algunos entrenadores confían en provocar sentimientos de culpabilidad, pero, de este modo ¿Qué clase de entorno positivo se ha creado?
  • Comuniquémonos en forma coherente y justa. Todos los atletas necesitan ser tratados igual, se encuentren o no en el grupo de cabecera. Las comunicaciones verbales tienen que ser consecuentes con las no verbales. ¡Seamos conscientes de todos los mensajes que enviamos a través de los canales de que disponemos para comunicarnos!
  • Antes de la competición, la atención prestada a diversos puntos puede mejorar la comunicación. El entrenador debe modelar su entusiasmo en el vestidor y en el banquillo. Saturar a los atletas con información e instrucciones de última hora debe evitarse, así como conversar y hacer referencia a conflictos interpersonales. En lugar de ello, procede comunicar información relevante y pensamientos vinculados a la labor de los atletas. Estimulémosles , pues, para que se refuercen mutua y positivamente al entrar en acción.

Las comunicaciones durante la competición deben reducirse a un mínimo para evitar interrumpir la concentración del atleta. Ello implica que los procedimientos para comunicarse en momentos críticos deberán desarrollarse, comentarse y practicarse con anterioridad y que el mensaje deberá ser claro, sucinto y relevante. Los intentos de dar instrucciones a los atletas en cada jugada resultan inefectivos, pues para poder concentrarse en la acción, no deben distraerse. Hay que mantener la comunicación al mínimo y enseñar a los atletas cómo deben seguir las instrucciones en los tiempos muertos y descansos de una jugada. 

martes, 12 de diciembre de 2017

Psicología del Deporte. Integración Cuerpo-Mente, parte 8


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Fijación de objetivos: regulación de la motivación

Los conceptos unitarios de motivación que tuvieron su origen en la psicología, tales como los instintos, los impulsos, el condicionamiento, etc., no logran explicar nuestra persistencia en el esfuerzo en el deporte y, por ello, han sido substituidos por otros enfoques. Entre éstos objeto, y con carácter modesto, se halla la fijación de objetivos en el adiestramiento deportivo.

EL CONCEPTO DE FIJACIÓN DE OBJETIVOS

La fijación de objetivos es simplemente identificar lo que tratamos de hacer o llevar a cabo; básicamente, es el propósito conseguido con una acción o una serie de ellas. Esto supone que el estímulo para nuestra conducta ha de tener carácter interno y cognoscitivo, es decir, que debemos determinar previamente nuestros objetivos para contar con la motivación necesaria. La fijación de objetivos se considera, ante todo, como un mecanismo para la motivación. No sólo se crea un centro de atención y de acción, sino que además proporciona un propósito a nuestros esfuerzos. Supone orientar un esfuerzo a lo largo de un periodo de tiempo.

El efecto positivo y beneficioso que la fijación de objetivos ejerce sobre la actuación viene explicado por cuatro mecanismos de motivación: dirigir la acción, movilizar el esfuerzo, persistir en él, y generar motivación a fin de desarrollar unas estrategias relevantes para alcanzar los objetivos.
Obviamente, necesitamos contar con la capacidad de alcanzar o acercarnos a la consecución de nuestros objetivos. Debemos contar asimismo con cierto control sobre el ritmo de actuación, el enfoque y los métodos utilizados si buscamos mantener la motivación. Los objetivos siempre deben basarse en nuestra propia capacidad y actuación.

EXPOSICIÓN RAZONADA PARA LA FIJACIÓN DE  OBJETIVOS

Si el deporte supone contribuir al desarrollo de valores sociales y de conducta, resulta evidente que deberemos conseguir el éxito sobre una base regular. Así pues, la fijación adecuada de objetivos y la evaluación regular de los avances facilitarán dicho propósito.
Conviene  que el atleta y el preparador compartan un centro de atención común. Sin una dirección apropiada, pueden desperdiciarse muchas horas.
Los objetivos pueden y deben ser considerados como los reguladores de nuestra motivación. Por consiguiente, no puede subestimarse la importancia tales objetivos. Si se fijan de un modo adecuado, pueden facilitar la consecución  del éxito.

Todos los esfuerzos deben contener un propósito positivo asociado con la consecución de un objetivo. Los atletas que expresan sus objetivos en términos negativos, tales como no perder, por ejemplo, deben replanteárselos, pues tienden a convertirse en profecías autorrealizadas.
Ante todo, debemos determinar el grado de esfuerzo que estamos dispuestos a desarrollar. ¿Cuánto tiempo puede dedicarse? ¿Cuán comprometidos estamos? Además, las oportunidades disponibles también deben ser objeto de evaluación. ¿existen limitaciones al tiempo de práctica, al uso de instalaciones, al apoyo financiero, al clima, etc?  El progreso individual también ha  de ser debidamente considerado, pues la actuación futura viene determinada por la experiencia pretérita.

CRITERIOS PARA LA SELECCIÓN DE OBJETIVOS

Una vez se haya identificado un objetivo, deberán establecerse criterios para su fijación, y a este fin es un aspecto importante el que resulte medible.
Los objetivos necesitan ser realistas, pero también han de suponer un reto. Quizás debemos ocasionalmente reprogramar objetivos. Si los resultados deseados no se materializan, no se abandona el programa, simplemente se reestructura.

Debe quedar claro, que el preparador no puede establecer nuestros objetivos, ni tampoco debemos nosotros intentar establecerlos sin considerar debidamente al preparador.
En muchos casos, los atletas quieren fijar un número demasiado elevado de objetivos y el resultado es que se dispersan las energías o se concentran en menor grado. Además conviene establecer un orden de prioridad para su consecución. Pueden establecerse objetivos respecto al adiestramiento, la práctica deportiva, la competición y las actuaciones en equipo. Sin embargo, si nos encontramos sobrecargados con un exceso de objetivos, puede derivarse de ello una frustración y un fracaso.

Cualquier objetivo que nos fijemos ha de ser único para nosotros, y no tratar de conseguir algo que alguien más haya conseguido. En otras palabras, los objetivos deben ser aquellos que deseamos alcanzar por nosotros mismos. De otro modo habrá una carencia de estímulo, así como de satisfacción, en el caso de que se alcancen. Es igualmente importante tener presente  que la consecución o no de un objetivo no tiene nada que ver con nuestra propia valía como seres humanos, pues permitir que ésta venga definida por el éxito nos sitúa en una posición de inutilidad si fracasamos.

Muchos atletas evitan fijarse objetivos porque consideran que ello eliminaría el interés de participar, o que podrían correr el riesgo de obsesionarse y perder la espontaneidad. No es éste el caso, podemos gozar de todo lo que se cruce en nuestro camino y seguir conservando una fuerte inclinación hacia lo que realmente queremos y el camino que deseamos seguir.
El consenso en la consecución de un propósito resulta esencial para un equipo. Con una comprensión y un compromiso mutuos, le resulta posible al equipo aceptar lo que se espera de él. Nos será posible comprender claramente cuál es nuestro papel específico en cada entrenamiento y en cada competición.

SUGERENCIAS ESPECÍFICAS PARA LA FORMALIZACIÓN DE OBJETIVOS

Cuando se establecen objetivos, asegurémonos de que éstos son los realmente perseguidos o los que nosotros y nuestro entrenador establecimos juntos. Debemos creer en ellos y comprometernos a seguir las etapas. Sin un compromiso previo, los objetivos no servirán de mucho.
Fijemos los objetivos por escrito. Esto tiende a reflejar un compromiso personal. Asimismo, significa que hemos meditado el proceso que debemos seguir.
Los objetivos han de ser un reto alcanzable, mesurable, realista y manejable. Los objetivos inalcanzables  crearán una situación frustrante.
Cuando se establecen dos o tres objetivos, los mismos deben ser compatibles. La consecución de un objetivo no ha de impedir que se alcance otro. Debemos contar con un tiempo para prácticas y preparación suficientes.
Los objetivos han de ser lo suficientemente flexibles como para permitir su revisión e introducir cambios si es necesario. Deben examinarse periódicamente los objetivos y proceder a efectuar revisiones si se detectan deficiencias.

Los objetivos deben contar con unos márgenes de tiempo o fechas límite debidamente estructurados. las fechas límite sirven como realimentación y proporcionan una evidencia tangible para los esfuerzos propios.
Deben estructurarse prioridades para los objetivos. Entre nosotros y el entrenador debemos determinar cuáles son los más importantes y cuáles los más inmediatos.
Todos los factores vinculados con la consecución de objetivos deben ser tomados en consideración. Esto puede implicar objetivos paralelos. Tengamos presentes las pertinentes etapas que quizá deban seguirse para alcanzar nuestro objetivo primario al establecer nuestro plan general.
Los objetivos deben fijarse de forma que permitan una evaluación del esfuerzo así como de la actuación. El éxito con relación al esfuerzo desplegado puede alcanzarse antes que el éxito en la  actuación. Esto proporcionará un refuerzo positivo, hasta llegar al momento en que se alcance el nivel deseado de actuación.
Los objetivos deben guardar relación con el propósito general de la actuación. Todos los objetivos deben estructurarse para mejorar la actuación o, en algunos casos, para mantenerla.

Cuanto más aprendamos acerca de cómo controlar y dominar nuestras reacciones, tanto mayor resulta nuestra confianza.

martes, 5 de diciembre de 2017

Psicología del Deporte. Integración Cuerpo-Mente, parte 7


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Meditación, reflexión y actitudes 

Todos nosotros, en algunas ocasiones,  reaccionamos con una amplia gama de conductas ante situaciones y estímulos básicamente iguales. Se ha dicho, que la única diferencia entre la mejor actuación y la peor es la variación de nuestras meditación, nuestra reflexión y nuestras actitudes. Las variaciones en la actuación son consecuencia de fluctuaciones mentales.
Nuestro pensamiento puede oscilar entre estados agradables y otros que no lo son, y es obvio que esta conexión mental puede desaparecer algunas veces y conducir a resultados desastrosos.

MEDITACIÓN

Cada uno se entrega continuamente a la meditación o al proceso mental interno. Si ello tiene carácter preciso y se mantiene el contacto con la realidad, todo va bien. Si su carácter es irracional y falso, entonces surgen la ansiedad y el desequilibrio emocional y la actuación se ve gravemente alterada.
La meditación puede proporcionar un sentido de control sobre la situación, si aprendemos a tener percepción de nuestros pensamientos y los orientamos de un modo positivo. Podemos, por ejemplo, evaluar una situación potencialmente adversa como menos amenazadora cuando disponemos de un sentido de control sobre nuestros procesos mentales. El temor, la ansiedad o la depresión implican la forma en que interpretamos lo que ocurre y que clase de calificación asignamos a lo que está ocurriendo. Esto se conoce como meditación o reflexión.

Como ejemplo, si nos apercibimos de un aumento del ritmo cardiaco, de una mayor rapidez en la respiración, de sudoración o de deseos de orinar poco antes de la actuación, nos cabe interpretarlo como: Estoy asustado y no voy a actuar bien . En cambio, si tal reacción la interpretamos como: Estoy preparado y ansío actuar, mi cuerpo se haya dispuesto y estoy mentalmente preparado, siempre me siento así cuando actúo bien, resultará algo enteramente diferente.
Necesitamos tener conciencia de cuales son los pensamientos y convicciones que son objeto de proceso antes y durante la actuación. Identificar aquellos que aumentan la ansiedad y desarrollar estrategias para convertirlos en factores positivos y en pensamientos estimulantes.
Si nos interfieren pensamientos negativos, disipémoslos. Dejemos que pasen y volvamos a concentrarnos en las convicciones positivas que puedan servirnos de guía. Si esto puede dominarse, las situaciones jamás saldrán del todo fuera de control.

REFLEXIONES Y ACTITUDES

La percepción de los pensamientos y actitudes conduce a una reacción emocional, y es generalmente la mente la que establece la dirección y el control de dicha reacción de la conducta. Por tanto, regular nuestras reacciones requiere que regulemos también nuestros procesos mentales.  
Nuestras conductas y actuaciones vienen modeladas por la forma en que pensamos y lo que opinamos sobre nosotros mismos. Es posible influir sobre la actuación y conducta, orientando los pensamientos y acciones a través de esfuerzos conscientes.

Debemos aprender a controlar el pensamiento, a objeto de que podamos generar una mezcla de principios relevantes tanto para la labor como para la actitud mental, con el fin de mantenernos lo bastante motivados como para servir de apoyo a la concentración. Con este control, jamás nos sentimos aburridos, desvinculados, apáticos. Si esto ocurriera, podemos centrarnos de nuevo rápidamente y entrar otra vez en acción. Debemos aprender a cambiar de canal y enfocar de nuevo lo que está ocurriendo.

DETENCIÓN DEL PENSAMIENTO

La detención del pensamiento puede ayudarnos a impedir el desarrollo de una estructura mental que fomente inquietudes y dudas.
Aprender la técnica de detención del pensamiento implica concentrarse, por unos breves instantes, en el carácter indeseado, detenerlo súbitamente y clarificar después nuestra mente. Podemos para ello, valernos de un medio tal como decir alto en voz alta, chasquear los dedos o hacer un fuerte ruido para interrumpir los pensamientos desagradables. En primer lugar, debemos decidir si realmente queremos eliminar un determinado pensamiento y, a continuación, seleccionar aquel que deseamos suprimir. Cerremos los ojos y procuremos imaginar la situación en la que generalmente nos asalta dicho pensamiento. Entonces practiquemos su interrupción hasta que podamos desactivarlo por completo. Esto puede requerir cierto tiempo.

 Cuando hayamos cumplido con esta labor, practiquemos la substitución valiéndonos de un pensamiento positivo relevante para la situación. Generemos asimismo, una serie de pensamientos positivos alternativos para utilizarlos en caso de necesidad y lograr que no se pierda la efectividad del propósito perseguido. Esto requiere cierto tiempo, pues los pensamientos negativos volverán una y otra vez a interrumpirnos. Practiquemos el cambio de canales para centrarnos en otro pensamiento positivo y agradable. Cuanto más practiquemos, menor será la incidencia de pensamientos negativos. 

Se ha demostrado que los pensamientos negativos producen tensión y ansiedad, lo que obviamente, desequilibra la actuación. Albert Ellis, desarrolló lo que se llama Terapia Racional Emotiva, y consiste en que las emociones no tienen nada que ver con el hecho en sí, pues la meditación y la reflexión se producen en el espacio contenido entre el hecho y la reacción al mismo. Este proceso de reflexión puede ser racional o irracional, y son las reflexiones la que generan la reacción emocional ante el hecho. Sólo nosotros podemos controlar nuestros propios pensamientos y dirigirlos de forma que generemos reacciones emocionales deseadas. A continuación ofreceos cuatro sugerencias que nos ayudarán a generar pensamientos positivos. 

GUÍA PARA LA PROMOCIÓN DE PENSAMIENTOS POSITIVOS

  • No es la competencia lo que me pone nervioso; la situación no me hace nada. Yo mismo causo la inquietud debido a que digo o pienso cosas que me preocupan y me generan ansiedad. Debo pensar en forma positiva.
  • Pensar que las cosas deben ser siempre de una determinada manera es creer en la magia. Debemos ser objetivos  en nuestra forma de pensar.
  • Sentimos según pensamos; por consiguiente, debemos cambiar nuestra forma de pensar si deseamos cambiar nuestra manera de sentir.
  • Todos somos fiables. Aceptar este principio supone admitir los fracasos. Cuando los objetivos se consideran de este modo, ello nos sirve de refuerzo y apoyo en los momentos de fracaso.

BARRERAS PSICOLÓGICAS O PENSAMIENTOS DE AUTOLIMITACIÓN

 El nivel de rendimiento personal es cuestión de estar convencido de nuestras propias capacidades. El grado de compromiso es personal y debe establecerlo cada atleta por sí. Querer maximizar nuestras capacidades implica voluntad.
Existen, en la actuación atlética, ejemplos clásicos de barreras psicológicas. En los levantadores de pesos, abundan las historias de manipulación de pesos en la barra para engañar al levantador y hacer que levante más de lo que cree posible. El conocimiento psicológico de lo que es posible tiene mucho que ver con lo que podemos conseguir. Existe la necesidad de contar con un mejor discernimiento y una mayor comprensión del papel que las esperanzas de cada uno, respecto a la actuación, desempeñan en la consecución del resultado.

PERCEPCIÓN DEL DOLOR Y CONTROL DEL MISMO

Las emociones ejercen un claro papel en la percepción e interpretación del dolor. Así, algunos atletas pueden quedar tan absortos por la actividad deportiva que no sienten dolor alguno hasta que la prueba ha terminado. Algunos quizás se den cuenta, pero son capaces de adaptarse, debido a que su centro de atención se encuentra lejos de sí mismos.
También sabemos que las personas que esperan un alivio para su dolor, lo consiguen. Básicamente, éste es el motivo por el cual dan resultado los placebos. El dolor es relativo según la persona, lo cual supone que existe una amplia variación en la tolerancia al mismo.

La forma de describir el dolor varía de una persona a otra, pero el médico depende por completo de dicha descripción para determinar dónde se encuentra localizado y cuál es su intensidad. Se ha desarrollado una nueva especialidad médica llamada orología (la ciencia del dolor), que cuenta ya con programas estructurados para enseñar a las personas cómo soportar y dominar el dolor crónico. Las estrategias de domino se valen del control mental y cómo desviar el centro de atención a otro punto. Los principios se basan en la integración total de la mente y el cuerpo. Son los empleados por los tragasables, o los que se acuestan sobre la cama de clavos. Los yoguis adquieren estos conocimientos y, con años de práctica, aprenden a controlar la mayoría de sus funciones fisiológicas.

Independientemente del nivel de control que consigamos, existe una sensibilidad normal al dolor cuando no estamos activando mentalmente los recursos requeridos para dominar la situación. Es evidente que se requiere contar con una preparación y una concentración en el centro de atención a fin de prepararse para resistir el dolor, y que una de las formas para comenzar a adquirir un control es aprender a centrarnos en nuestra respiración, dado que la misma siempre se haya presente. Practiquemos respirar a ritmo con el pulso siguiendo una relación de 1:6, y concentrándonos en dicho ritmo. A medida que respiramos, imaginemos que cada inspiración aporta energía para contrarrestar el dolor y con cada exhalación nos deshacemos de él. Repitamos este ejercicio varias veces con varios minutos de duración cada vez, terminando con una expulsión prolongada, lenta y relajada. Centrémonos en la actitud de dejar que ocurra.

Aquellos atletas que han sido adiestrados en técnicas de regulación psíquica pueden aplicar su preparación al control del dolor. Con la práctica un atleta puede lograr que aparezca un sentimiento de entumecimiento, de frialdad o de aumento en el ritmo de flujo sanguíneo, y elevar la temperatura de los dedos con cierta rapidez mediante la realimentación con un termómetro digital. Así, los atletas se aperciben del control que podrán conseguir con la práctica y se ven motivados.

EXPERIENCIA COLECTIVA 1

Con un termómetro digital para cada atleta, sujetémoslo con cinta adhesiva a la yema del dedo medio. Dejemos que transcurran unos minutos para estabilizar la temperatura. Entonces los atletas han de echarse sobre la espalda, en una posición cómoda y se les dirá que se relajen y que se concentren en incrementar el flujo sanguíneo de sus manos. Después de 15 minutos aproximadamente, los atletas han de verificar la temperatura de sus dedos para determinar si ha cambiado. Algunos atletas, que quizás tengan las manos calientes, habrán de concentrarse en reducir el flujo sanguíneo y enfriar sus manos. Obviamente, no pueden aumentarla si ya es de 36° C.

EXPERIENCIA COLECTIVA 2

Otra experiencia interesante es la del agua de hielo. Este experimento debe efectuarse después de haberse adiestrado en relajamiento, concentración e imaginación. Se proporciona a cada atleta un cubo con hielo flotando en agua hasta una altura de 15 cm. Hagamos que introduzcan un pie en el agua de hielo y lo mantengan ahí tanto como puedan. (max. 15 min.). Se anota el tiempo de resistencia.
Los que resisten más tiempo son aquellos que vienen preparados. Cada atleta desarrolla sus propias estrategias. Cuando el experimento haya terminado, preguntemos a cada uno cómo ha utilizado el relajamiento. Algunos quizás se hayan valido de la imaginación y se situaron en una playa abrasadora; otros quizás se hayan centrado en algo alejado como por ejemplo trabajar en un complicado problema matemático, o interpretar música mentalmente. El hecho importante es que las estrategias han sido aprendidas y practicadas con mucha anticipación. Esto, combinado con una actitud positiva y un sentido de confianza, asegurará mayor dominio.

AUTOHIPNOSIS

Los atletas describen como cimas las experiencias destacadas en deporte que se producen en forma espontánea. Algunos lo han descrito como estar en trance o sentir que son capaces de ejecutar cualquier cosa que deseen. Señalan sensaciones de contar con una energía excepcional, un gran sentimiento de alivio y de flujo de la actuación. Los atletas estiman que si pudieran reproducir estas experiencias según su voluntad, siempre alcanzarían el éxito. A tal fin se ha utilizado la hipnosis pues, si ha ocurrido antes, debería ser posible reproducirlas de nuevo. Sin embargo, conviene recordar que la hipnosis no es un fenómeno sobrenatural y bajo sus efectos no podemos hacer nada que no seamos capaces de efectuar fisiológicamente. Pero puede ayudar a romper una barrera mental,  a salvar un punto de atasco o una falta de confianza.

Si aprendemos la forma de desarrollar nuestro potencial con estrategias autorreguladoras, podemos aparecer ante los demás como si estuviéramos en trance. De hecho, las experiencias que los atletas han calificado como cimas pueden ser aquellas en que se hallaban tan concentrados que creyeron estar experimentando un estado de alteración.
       
Como ocurre muy a menudo, para encontrarnos a nosotros mismos salimos de nuestro cuerpo para obtener información acerca de lo que llevamos dentro y con ello somos culpables de ignorar nuestro potencial corporal. Está búsqueda puede llevarnos al consumo de drogas, así como a la hipnosis, pero ninguno de estos medios ha dado lugar a la cima que ha podido conseguirse reuniendo juntos todos nuestros recursos internos. De hecho, el llamado estado alterado puede ser el medio a través del cual se supone que funcionan, pero son tan pocos aquellos que logran descubrir sus propios recursos, que, si ello llega a ocurrir, creemos que se trata de un hecho excepcional. En la práctica , quizá podamos materializar dicho estado y subordinarlo a nuestro control. Quizá también, sea ésta la manera en que funcionan los seres humanos.

¿Cuál es la esencia de este estado alterado? Parece ser que se trata de una combinación de autoestima acentuada, mayor autoeficacia, elevado sentido de percepción del cuerpo y la capacidad de centrar e integrar la función en forma más ajustada, todo ello unido  a un acusado sentido de alivio y libertad. El ámbito deportivo puede ser, por tanto, el mejor centro de enseñanza para adquirir todos estos conocimientos, pues los jóvenes gozan con la práctica y se sienten motivados. Dado que parece que cabe ensañar todos los componentes de este estado alterado, el deporte supone el entorno ideal para llevarlo a cabo. Incluso en el caso de que los jóvenes no sigan para llegar a un elevado nivel de rendimiento, habrán adquirido conocimientos que podrán aplicar a las experiencias cotidianas durante el resto de sus vidas.
Los preparadores y profesores pueden ayudar a los jóvenes a desarrollar la integración de la mente y el cuerpo. Los atletas entenderán fácilmente en que forma la ansiedad afecta su actuación. Cuando la mente y el cuerpo se hayan totalmente absorbidos e integrados, la experiencia resulta altamente gratificante y agradable. Cuando las personas, atletas o no, aprendan a acudir a sus propios recursos y a regularlos, no existirá necesidad alguna de la hipnosis, pues cada uno podrá maximizar su  potencial.

Pensemos en cómo se podría contribuir al crecimiento y desarrollo humano, si estos conocimientos fuesen enseñados muy pronto a los jóvenes en sus prácticas deportivas. Requeriría tiempo y práctica, pero bien valdría la pena y los conocimientos adquiridos durarían más allá de la vida activa del atleta.

AMNESIA DEPORTIVA

En algunas ocasiones, los atletas parecen sufrir una amnesia selectiva e incluso total, sin poder recordar nada respecto a su actuación, aun cuando haya sido excepcionalmente buena. La explicación cabe hallarla en el hecho de que, debido a haber sido adiestrados en forma tan intensa y estar tan capacitados atléticamente, podrían ejecutar todos sus movimientos sin apenas prestar atención a lo que les ataba ocurriendo. Como es bien sabido, un conocimiento bien adquirido se convierte en automático. Es algo similar a lo que ocurre con aquellas personas que andan en sueños e incluso conducen un automóvil mientras duermen. Las tareas les son tan familiares que las llevan a cabo sin que exista un foco de atención.

Pero para maximizar nuestra actuación, la concentración durante la competición debe ser tal que nuestros pensamientos mantengan de continuo una forma clara y activa. Hemos de ser capaces de recordar nuestra actuación con todo detalle si estamos libres de preocupaciones y ansiedades y nuestro centro de atención se encuentra donde debe estar. Enseñar a los atletas a controlar su ansiedad dará lugar a unas actuaciones mucho más uniformes a través del tiempo.

PENSAMIENTOS DE LOS GANADORES EN CONTRAPOSICIÓN A LOS DE LOS PERDEDORES

El diálogo interior del ganador difiere considerablemente del diálogo del perdedor antes, durante y después de la competición. Nuestros pensamientos internos expresan diferentes percepciones y sentimientos que, a su vez, acostumbran a convertirse en profecías autorrealizadas. Conseguir una percepción de cada uno de ellos resulta esencial. Una vez que hemos aprendido a controlar nuestra ansiedad, nos resulta fácil dirigir nuestra atención al proceso mental que tiene lugar en forma continua.
Llevemos un diario privado de nuestros pensamientos antes de las sesiones de adiestramiento y de las competiciones. Esto nos ayudará a orientar nuestra atención hacia lo que pensamos. También nos ayudará a recuperar sentimientos y conductas que se hayan asociados con actuaciones superiores así como con otras de carácter mediocre. A medida que desarrollemos la costumbre de retener esos sentimientos y conductas antes de una competición y después relacionarlos con el grado de perfección con que hemos actuado, pronto observaremos que existe una pauta para determinados pensamientos, sentimientos y conductas conducentes a una actuación superior, mientras otras llevan a una actuación más pobre. Observaremos cuál es el tipo de preparación y de estado mental que da lugar a una actuación excepcional. Entonces, con el debido esfuerzo, cabe ordenar y dirigir estas condiciones como parte de la preparación regular.