martes, 19 de enero de 2016

Ejercicios de bioenergética, parte 22


Ejercicio 93. Golpeando con el trasero  

Esta posición implica llevar el trasero hacia detrás de modo que se cargue y movilice para el movimiento hacia delante. Este movimiento hacia delante debería de provenir de los pies, no del trasero. Empujar hacia delante desde el trasero lo tensa, y corta mucho la sensación sexual.

Túmbate plano sobre el vientre en una colchoneta, en la cama o sobre el suelo.
Coloca las manos planas, luego dobla y extiende los codos de modo que tu pecho quede contra la colchoneta. Gira la cabeza a un lado.
Hunde los dedos del pie en la colchoneta, de modo que puedas presionar sobre ellos. Dobla las rodillas ligeramente, y mantenlas contra el suelo.

Quédate en esta posición y presiona fuertemente con los dedos de los pies, respirando con facilidad y profundidad.
Balancea la pelvis rápidamente contra la colchoneta mientras presionas hacia abajo con los dedos de los pies y las rodillas.

                         
  •  ¿Pudiste sentir el vientre presionando contra la colchoneta? ¿Fuiste capaz de respirar en el vientre?
  •  ¿Se desarrollaron vibraciones en la pelvis durante este ejercicio?
Para movilizar toda la carga sexual, es importante que las piernas tomen tierra. Esto solo puede hacerse si los pies están presionando contra algún soporte durante el acto sexual. Hemos recomendado que la persona que se halla en la posición superior en el acto sexual presione sus pies contra el tablón de la cama que queda en la zona de los pies, a fin de obtener la suficiente base para el impulso. Es ausencia de un tablón así, has de hundir los dedos de los pies en el colchón como en el ejercicio de arriba.

La gente que ha intentado este ejercicio refiere que aumenta grandemente la cantidad de la sensación sexual. Este ejercicio es un modo de experimentar la acumulación de carga para el impulso.

Ejercicio 94. Vibración pélvica


Haz este ejercicio enfrente de un taburete bioenergético, una silla o una mesa. Razón para esto es que te coloca en una posición en la que se inducirán fuertes vibraciones en las piernas. Estas vibraciones pueden ser extendidas a la pelvis.
Ponte de espaldas a un taburete, silla o mesa, con los pies apuntando rectos hacia delante y separados unos 15 cm.
Coloca una manta doblada sobre el suelo enfrente de tus rodillas, por si te dejas caer.

Coloca ambas manos detrás de ti, tocando el taburete ligeramente para mantener el equilibrio. No debería recaer ningún peso sobre las manos.
Dobla ambas rodillas y arrójate ligeramente hacia delante de modo que los talones se levanten ligeramente del suelo. Deberías hacer recaer el peso sobre los metatarsianos de los pies.
Balanceándote en esta posición por medio de las manos sobre el taburete, arquea el cuerpo hacia atrás, y haz que la pelvis apunte también hacia detrás sin romper el arco.

Mantén la posición, respirando profundamente, hasta que tus piernas comiencen a vibrar.
Una vez que tus piernas estén vibrando, mueve la pelvis suavemente hacia delante y hacia atrás. El movimiento debería provenir de las piernas y los pies. Las vibraciones deberían comenzar arriba en la pelvis, y puedes experimentar algunas oscilaciones pélvicas espontáneas.

                                         
Si la posición se vuelve demasiado dolorosa en los muslos, deberías dejarte caer sobre las rodillas. Luego levántate, camina alrededor de la habitación, y repite la maniobra.
  •  ¿Se movió tu pelvis espontáneamente? ¿Te atemorizó este movimiento?
  •  ¿Descubriste que tus rodillas temblaban  de uno a otro lado en vez de vibrar arriba y abajo? Este temblor de lado a lado de las piernas es una expresión de temor.
  •  ¿Sientes ahora tu pelvis más viva?
Estos ejercicios pueden ayudarte a aumentar la carga sexual de tu pelvis. Dicha carga viene indicada por el desarrollo de movimientos pélvicos espontáneos. Sin embargo, si no puedes contener la carga, la pelvis responderá demasiado rápidamente. Mantener la pelvis atrás en cualquiera de los ejercicios permite que la carga se acumule hasta una superior intensidad antes de que los movimientos involuntarios de descarga tengan lugar.











martes, 12 de enero de 2016

Ejercicios de bioenergética, parte 21



                                        Capítulo XI
                                   Ejercicios sexuales

Estos ejercicios están destinados a llevar una mayor sensación al área pélvica, y a soltar la pelvis para un mayor placer en el sexo. No envuelven a los órganos genitales ni inducen ninguna excitación genital. La cantidad de placer sexual, esto es, de placer orgásmico, que experimentes dependerá de cuánta excitación sexual puedas acumular en la pelvis antes de la descarga. En cierto sentido, pues, la pelvis funciona como un condensador. Su capacidad está determinada por su amplitud interna y su movilidad. Las tensiones musculares dentro de la pelvis limitan su capacidad, mientras que las tensiones en los músculos externos reducen su capacidad para descargar la excitación.

La pelvis debería estar suelta de modo que pueda oscilar libremente cuando la corriente de excitación pasa a través del cuerpo. La respiración abdominal profunda es el factor crítico para ampliar el reservorio pélvico. La respiración profunda es pues, un objetivo primario en todos los ejercicios, especialmente los sexuales. Por añadidura, a través de estos ejercicio sexuales buscamos liberar las tensiones que inhiben la movilidad pélvica, e integrar los movimientos pélvicos con las ondas respiratorias.

Se obtendrán los mejores resultados si se practican en conjunción con los otros ejercicios de este manual. El cuerpo es una unidad; la tensión en cualquier parte interfiere y restringe los movimientos naturales de todas las otras partes. Esto es particularmente cierto de la tensión del cuello. Si la cabeza es mantenida rígida por músculos del cuello tensos por temor a “perder la cabeza”, la pelvis no podrá moverse libremente. En estos ejercicios, mantén tu cabeza atrás y déjala ir; no se caerá. Si te aturdieras o te pusieras ansioso, detén el ejercicio, adopta una posición de descanso, y permite que tu respiración se aquiete. Luego intenta el ejercicio de nuevo, pero no te esfuerces contra tu temor o dolor.

Ejercicio 89. Oscilación o balanceo pélvico


Este ejercicio implica el uso del taburete. Es presentado aquí como un ejercicio sexual porque se enfoca principalmente sobre el movimiento de la pelvis.
Túmbate sobre el taburete con el rollo de la manta contra la parte superior de tu espalda.
Extiende ambas manos hacia atrás a una silla detrás del taburete. Debe ser una silla bastante pesada.

Mantén los pies planos sobre el suelo. Mucha gente deja que los pies abandonen el suelo, perdiendo así contacto con éste.
Al mismo tiempo, trata de mantener tu asidero sobre la silla. De este modo quedarás anclado en ambos extremos.
Balancea la pelvis rítmicamente arriba y abajo. Comienza lentamente, luego muévete más rápido conforme tu cuerpo se suelta. El ritmo es importante.
Trata de mantener la respiración siguiendo el ritmo de los movimientos pélvicos.




  •  ¿Pudiste conseguir que tu pelvis oscilase en esta posición?
  •  ¿Experimentaste algún dolor i inmovilidad en la parte inferior de la espalda? Esto inhibe la oscilación natural.
  •  ¿Pudiste mantener un ritmo? Estaba tu respiración coordinada con los movimientos pélvicos?
  •  ¿Mantuviste las nalgas sueltas cuando tu pelvis oscilaba hacia arriba?
  •  ¿Mantuviste los talones sobre el suelo?
El elemento importante en este ejercicio es el de permanecer anclado en tu asidero sobre la silla y en tus pies. Si ambos extremos del arco de tu cuerpo se hallan anclados de modo seguro, el movimiento será correcto. No es un ejercicio fácil. El balanceo natural de la pelvis se halla inhibido en la mayoría de las personas, que tienden a levantar la pelvis hacia arriba más que ha dejarla oscilar.
Otra tendencia es la de tensar el trasero, lo que bloqueará cualquier sensación sexual. Cuando trabajes este ejercicio, trata de mantener tu trasero suelto.
Después de este ejercicio dóblate hacia delante en la posición de toma de tierra, dejando que se desarrollen las vibraciones en las piernas.

Ejercicio 90. Estiramiento y relajación de los músculos del lado interior del muslo

Estos músculos (abductores) actúan para acercar los muslos. Antes se les llamaba los músculos de la moralidad, pues a la mayoría de las muchachas se les enseñaba a sentarse con las piernas presionando entre sí. Estos músculos se hallan bastante contraídos en mucha gente (tanto hombres como mujeres). Estirarlos ayuda a relajar el fondo pélvico.

Túmbate sobre la espalda en el suelo con una manta enrollada cocol cada bajo los lomos. Tu trasero debería descansar sobre el suelo. Si esto te resulta difícil, reduce el tamaño del rollo.
Dobla las rodillas y lleva las plantas de los pies una contra otra.
Deja que tus brazos yazcan a cada lado o reposen ligeramente sobre la cara interna del muslo (los músculos abductores). Que tu cabeza se gire hacia atrás lo más lejos que llegue.

Presiona hacia abajo con el trasero contra el suelo, y separa las rodillas, manteniendo las plantas de los pies en contacto una con otra.
Mantén esta posición durante varios minutos mientras respiras profundamente en el abdomen. Tu vientre debe salir hacia fuera.
 Quita el rollo de la manta si sientes dolor en la parte inferior de la espalda. En este caso, puedes hacer el mismo ejercicio sin el rollo de la manta, aunque resulta menos efectivo.


  •  ¿Sentiste algún estiramiento en los músculos abdominales? ¿Temblaron o comenzaron a vibrar?
  •  ¿Pudiste separar tus rodillas ampliamente al tiempo que mantenías tu trasero presionado contra el suelo?
  •  ¿Pudiste respirar en el vientre?
  •  ¿Pudiste mantener el trasero suelto y el ano abierto durante el ejercicio?Finalizado el ejercicio, elimina el rollo de la manta y lleva las rodillas arriba de modo que los pies descansen planos sobre el suelo. Entonces estarás preparado para el siguiente ejercicio.


Ejercicio 91. Vibrando la parte interna de los músculos de los muslos

A partir de la posición anterior, coloca los pies planos sobre el suelo separados unos 45 a 60 cm. Separa lentamente las rodillas sin mover los pies. Trata de mantener los pies planos mientras haces esto. El movimiento debería ser muy sencillo y carente de esfuerzo. Separa las rodillas lo más que puedas, manteniendo los pies bastante planos.

Lenta y fácilmente, junta tus rodillas hasta que se toquen. Es importante moverse lentamente y con facilidad para inducir la aparición de las vibraciones.
Separa ahora las rodillas de nuevo del mismo modo fácil, y vuelva a juntarlas otra vez.
Cuando sientas que las vibraciones comienzan, continúa con los movimientos de modo que aquellas sigan y se vuelvan más fuertes. Encontrarás estas vibraciones muy placenteras. Acuérdate de respirar.

                        
  •  ¿Pudiste conseguir que tus piernas vibrasen en esta posición?
  •  ¿Advertiste cómo tu respiración se volvió espontáneamente más profunda conforme las vibraciones se desarrollaban?
  •  ¿Experimentaste algunas sensaciones placenteras en los muslos y en el fondo pélvico?
Ejercicio 92. El círculo o arco pleno

Este ejercicio proporciona un fuerte estiramiento de los músculos de la parte frontal de los muslos; puede ser doloroso si estos músculos se hallan tensos. Esta tensión del músculo impide que la pelvis oscile libremente. En este ejercicio, la pelvis es suspendida entre los pies y los hombros, lo que le permite vibrar libremente si puedes relajarte en esta posición.

Túmbate sobre la espalda sobre una colchoneta o una cama, dobla las rodillas y mantén  ambos pies separados  unos 30 cm.
Agarra ambos talones con tus manos, y arquéate hacia arriba impulsándote hacia delante con las manos y dejando que la cabeza caiga hacia atrás. Solo la cabeza, hombros y pies deberían tocar la cama o colchoneta.
Empuja las rodillas lo más adelante que puedas.
Deja que tu pelvis cuelgue libremente. No tenses el trasero. Trata de mantener el ano abierto en éste y en todos los otros ejercicios.
Si el arco resulta doloroso, no mantengas la posición y vuelve a caer sobre la cama. Luego trata de arquearte una vez más.

                         
  •  ¿Fuiste capaz de mantener el arco y respirar en el vientre mientras lo hacías?
  •  ¿Desarrollo tu pelvis alguna vibración en esta posición? ¿Pudiste mantener el trasero suelto?
Ejercicio 92-A. Variación

Si tienes dificultades en esta posición, como le ocurre a mucha gente, trata de oscilar atrás y adelante sobre tus pies mientras estás en ella. Cuando osciles hacia delante, trata de tocar la cama con las rodillas. Cuando oscilas hacia detrás, la tensión se ve aliviada. De este modo puedes lentamente estirar los músculos de la parte frontal del muslo.

Ejercicio 92-B. Variación

Adopta la posición del arco como arriba, pero coloca las muñecas bajo los talones.
Presiona hacia abajo con los talones, pero no osciles hacia detrás. Mantén las rodillas apuntando hacia delante y hacia abajo.
Balancea la pelvis con varios movimientos rápidos para ponerla en vibración, si esto no sucede espontáneamente.
Mantén el trasero suelto; no lo empujes o tenses. (fig. 60)


  •  ¿Desarrollaste alguna vibración en la pelvis?
  •  ¿Fuiste capaz de respirar en el vientre?
  •  ¿Pudiste mantener el trasero suelto?

En estos ejercicios las bolas de los pies actúan como pivotes para la acción de palanca que elevará la pelvis. Se ejerce presión a través de los talones presionándolos hacia debajo. Si las rodillas son mantenidas hacia delante y hacia abajo, la fuerza resultante hará oscilar la pelvis hacia arriba sin que se tensen el trasero o el abdomen.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 20

Ejercicio 84. Diferentes posiciones sobre el taburete

El taburete bioenergético se utiliza para estirar y relajar todos los músculos de la espalda. En los ejercicios 83 y 83-A la presión se enfocó sobre la parte superior de la espalda. Pero la presión puede dirigirse a otras áreas simplemente moviéndose arriba o abajo sobre el taburete. Si te tumbas con el rollo de la manta a la mitad de la espalda, el estrés afectará al diafragma, que tiene su inserción en las vértebras medias. El taburete puede ser colocado a lo largo de la cama para darte una sensación de seguridad cuando te inclinas hacia atrás.


Coloca el taburete a lo largo de la cama como en la figura 53.
Pon las manos sobre el taburete que hay detrás de ti, y deja que la parte media de tu espalda descanse sobre el rollo de la manta.
Si el estrés parece demasiado grande, vuelve a la posición de descanso descrita arriba. Luego trata de tumbarte de nuevo sobre el taburete. Dado que la tensión es una expresión del temor, encontrarás el ejercicio más fácil de hacer conforme te familiarices con él.

Si puedes hacerlo, deja que tus brazos pasen por encima de tu cabeza y toquen la cama que hay detrás de ti.
Permanece en esta posición hasta un minuto, respirando y sintiendo tu cuerpo.
Vuelve a subir a la posición de descanso y mantenla durante unos treinta segundos.
  •  ¿Fue el estrés demasiado para ti? ¿Pudiste sentir la tensión en la parte media de la espalda?
  • ¿Tuviste dificultades para respirar en esta posición? ¿Pudiste sentir la tensión en el diafragma?
Cuando abandones el taburete, inclínate hacia delante como en el ejercicio 1, el ejercicio básico vibratorio, y deja que tus piernas vibren durante un rato.

Ejercicio 85. Estiramiento de la parte inferior de la espalda

Este ejercicio lo usamos regularmente en las sesiones de terapia para relajar los músculos de la parte inferior de la espalda y para abrir la pelvis.
El taburete deberá estar a lo largo de la cama. Si la cama es baja, coloca una almohada sobre la cama para descansar la cabeza. De espaldas al taburete, coloca las manos sobre el rollo de la manta, y pon ahí la parte inferior de la espalda.


Inclínate hacia atrás sobre el taburete y permite que tu cabeza descanse sobre la cama o la almohada.
Apoya los brazos sueltamente sobre las asas del taburete hasta que te sientas relajado. Trata de mantener los pies planos sobre el suelo.
Abandónate respecto al dolor, y respira con facilidad y profundidad.
Deja que tu pelvis caiga. No permanezcas en esta posición más de un minuto, y sube a la posición de descanso cuando el dolor sea demasiado fuerte.

  • ¿Pudiste relajarte en esta posición durante treinta segundos? Tu capacidad para tolerar el estrés depende de lo libre de tensiones que se halle la parte inferior de tu espalda.
  • ¿Sentiste como si tu espalda se fuera a romper? Esa sensación representa un miedo intenso
  •  ¿Pudiste respirar en tu pelvis? Cuanto más puedas relajarte en esta posición, más profunda será tu respiración?
  •  ¿Pudiste dejar que tu pelvis cayera manteniendo los pies sobre el suelo?

martes, 22 de diciembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 19


Capítulo X

Trabajando con el taburete bioenergético

Tumbarse sobre un taburete bioenergético es parte importante del trabajo corporal bioenergético. Ayuda a estirar los tensos músculos de la espalda, lo que resulta difícil conseguir de otro modo. Te ayuda a respirar más profundamente sin hacer un esfuerzo consciente demasiado grande. Si te tumbas sobre el taburete y te relajas en medio de la tensión, tu respiración se profundizará de modo espontáneo. Similarmente, la posición por sí misma estira y descarga los tensos músculos de la espalda.

El taburete en sí tiene 60 cm de altura, y se atan al taburete una o dos mantas tensamente enrolladas que añaden unos 15 a 20 cm. La figura 50 muestra su aspecto, una clavija de madera de una pulgada de grueso se adhiere a la parte inferior de la plataforma, y se extiende 12 a 15 cm a cada lado. Esto proporciona un asidero para levantarse del taburete.



Hay muchas maneras de trabajar con el taburete. El ejercicio primario es el de yacer tumbado con la espalda sobre el taburete, con la manta al nivel del extremo inferior de los omóplatos, que es el mismo nivel que el de una línea que uniese ambos pezones. Este nivel se halla próximo al lugar en que el bronquio principal (conducto de aire) se divide en dos ramas, cada una de las cuales va a un pulmón distinto. Es un área de severa constricción en la mayoría de la gente. Tumbada sobre el taburete, la persona extiende sus manos hacia atrás de una silla que se halla justo detrás del taburete.



Ejercicio 83. Tumbado sobre el taburete

Para tumbarse sobre el taburete con facilidad, ponte de espaldas a él y coloca ambas manos sobre el rollo de la manta. Luego haz descender lentamente tu espalda hasta que se repose sobre el rollo, y suelta las manos. El taburete soportará tu peso. Ahora alza los brazos y extiéndelos hacia atrás hasta la silla. Dobla las rodillas, manteniendo los pies planos sobre el suelo.

Permanece tumbado sobre el taburete durante todo el tiempo que razonablemente puedas de un minuto por primera vez. Trata de sentir que está sucediendo en tu cuerpo.
Una vez que te levantes, no te retires del taburete de inmediato. Alza la cabeza y coloca ambas manos por detrás de ella, sosteniéndola, como en la figura 52. Esta es la posición de descanso, que permite continuar la respiración profunda sin estrés.



  •  ¿Fuiste capaz de alcanzar la silla tras de ti? ¡Sentiste algún dolor en la parte superior de la espalda, donde apoyaba sobre el taburete?
  •  Si tenías la espalda muy rígida y tensa, es posible que no hayas sido capaz de tocar la silla, y el estiramiento puede haber sido bastante doloroso. Levántate e inténtalo de nuevo. El dolor generalmente desaparece con la práctica, conforme los músculos de la espalda se relajan. Con el tiempo, los ejercicios se vuelven placenteros.
  • Si tienes bursitis en un hombro, puede resultarte imposible estirar ese brazo hacia atrás para tocar la silla. No lo fuerces. Haz el ejercicio estirando hacia atrás sólo un brazo. Sin embargo, en todos los casos con los que hemos trabajado, los ejercicios de los hombros descritos en el capítulo 8 junto con el uso continuado del taburete, dieron como resultado un maravilloso alivio de la bursitis
  •  ¿Sentiste alguna tensión en el diafragma o los músculos abdominales? Cuando el abdomen se halla tensamente contraído, el estiramiento de los músculos abdominales en esta posición puede ser algo doloroso. Este dolor desaparece conforma dichos músculos se relajan con la respiración profunda. ¿Sentiste algún dolor en la parte inferior de la espalda? También esto es signo de una considerable tensión en dicha área.
  •  ¿Pudiste sentir los pies sobre el suelo? Si así fue, tal vez te hayas percatado de alguna carga o excitación fluyendo a su interior, manifestada por un hormigueo u otras parestesias (una sensación como de alfileres). ¿Experimentaste algún hormigueo en brazos y cara?
  •  ¿Tuviste algún problema para respirar? ¿Sentiste que tu garganta se tensaba o algún atragantamiento? Esto es un signo de que inconscientemente te estás conteniendo de respirar profundamente. Puedes superar este problema en cierta medida haciendo un sonido cuando exhalas. La sensación de asfixia puede también ser causada por el bloqueo de un impulso de gritar, es decir, por ahogarlo. Si sientes este impulso, trata de expresarlo.

Oscila hacia detrás y hacia delante repetidas veces, tratando de estirar los brazos un poco más cada vez.
Si sientes que tus músculos se han relajado algo, trata de agarrar la parte de atrás de la silla de treinta segundos a un minuto.
Alzate a la posición de descanso con las manos por detrás de la cabeza, respira con facilidad por un tiempo.
Cuando decidas dejar el taburete ( no deberías estar en él más de dos minutos por vez), coloca ambas manos sobre la manta o sobre las asas, e impúlsate con los pies hacia abajo.

Ejercicio 83-A. Variación

Si la posición descrita en el ejercicio 83 te es difícil de mantener, hay un ejercicio de balanceo que  utilizamos para reducir el estrés.
Con la espalda sobre el taburete, mantén los brazos hacia arriba. Llévalos hacia atrás lo más lejos que puedas, y luego hacia arriba. Que tu cabeza siga el movimiento de los brazos. De este modo, solo colocarás  un estrés momentáneo sobre la espalda y los hombros en vez de experimentar el estrés continuo del primer ejercicio.

Repite el Ejercicio 1. Ejercicio básico vibratorio y de toma de tierra

Tras estar sobre el taburete, en cualquier posición, la persona debería invertir el arco hacia atrás doblándose hacia delante (fig. 2). Puedes haber advertido que en todos los ejercicios bioenergéticos un movimiento en una dirección es seguido por un movimiento en la dirección opuesta. Esto aumenta la flexibilidad del cuerpo y, por extensión, la flexibilidad de la personalidad.  

martes, 15 de diciembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 18



Ejercicio 76. Un berrinche

Este ejercicio no debería hacerse sólo. Ni debería utilizarse en la clase, a no ser que los participantes hayan tenido una considerable experiencia en el trabajo bioenergético. Lo utilizamos en las sesiones de terapia, donde ayuda a que una persona se abandone. Es poderoso, tanto emocional como físicamente.
Lo incluimos aquí para dar al lector una idea del alcance de los ejercicios expresivos. No es un ejercicio peligroso, pero puede llevar al aturdimiento si te hayas tensamente controlado.

Yace sobre el colchón de la cama o sobre una colchoneta en el suelo. Dobla las rodillas de modo que los pies queden planos.
Comienza por golpear con cada pie sobre el colchón, alternativamente, con las rodillas dobladas.
Lleva las rodillas bien hacia atrás sobre el cuerpo, y conforme lo haces aporrea con los puños alternativamente sobre el colchón. Ahora estás utilizando tus brazos y tus piernas.

Repite el procedimiento de arriba, y deja que tu cabeza gire hacia izquierda y derecha con el movimiento del cuerpo.
En voz alta y sostenida grita o chilla “no quiero” mientras haces el ejercicio.
La clave de este ejercicio es la coordinación entre los movimientos de las piernas, brazos y cabeza. Cuando el ejercicio es ejecutado adecuadamente, el cuerpo se mueve como una unidad. La pierna izquierda y el brazo izquierdo se mueven juntos; esto es, ambos golpean el colchón al mismo tiempo. La cabeza gira hacia el lado del golpe. Si el brazo izquierdo es movido al tiempo que la pierna derecha, es como si la persona tuviese propósitos encontrados. Hecho correctamente, el cuerpo se mueve como una perinola. Es bello de observar. Extrañamente, no sentirás ningún aturdimiento si haces el ejercicio adecuadamente. El aturdimiento aparece cuando no sigues plena y libremente el movimiento; existe un inconsciente contenerse contra la expresión.

Ejercicio 77. Extensión hacia fuera con labios y brazos

Esta experiencia permite a una persona sentir el anhelo de un niño por su madre. Puede volverse muy emocional si se utiliza la palabra “mamá” y es evocado el anhelo.
Túmbate en el suelo con las rodillas dobladas y los pies planos. Respira con sencillez y profundidad en el vientre.
Extiende hacia arriba los brazos y hacia delante tus labios, como en la figura 39.
Dí “mamá”, y trata de ver cuanto sentimiento puedes poner en tu voz y en tus brazos.
  •  ¿Sentiste alguna contención del sentimiento?
  •  ¿Te sentiste desconcertado? ¿Te sentiste estúpido actuando como un niño? Recuerda que todos somos niños en el fondo, y que tuvimos dos padres a quienes siempre estaremos apegados en nuestros corazones.
  •  ¿Trajo el ejercicio consigo un sentimiento de tristeza? Si así es, ¿puedes llorar, o te sientes atragantado?
Ejercicio 78. Exigiendo

En vez de extenderte hacia fuera como en el ejercicio precedente, haz dos puños y elévalos enfrente de ti.
Agita ambos puños con fuerza. Dí “¿por qué?”, “¿por qué no estabas ahí?”, “¿por qué no te preocupaste?”. Puedes utilizar cualquier otra expresión que te parezca adecuada.
  •  ¿Pudiste poner emoción en la expresión? Si no pudiste quiere decir que te estás conteniendo, bien porque la situación no sea apropiada o bien porque estés inhibido.
Ejercicio 79. Expresando ira

Una persona debería ser lo bastante libre para poder expresar físicamente su ira cuando sea apropiado. La mayoría de la gente tiene demasiado miedo a la violencia para ser capaz de expresar la ira de un modo físico sin una provocación extrema. Existe en nuestra cultura el tabú en contra de dar golpes, lo que es desafortunado, pues ello opera mayormente haciendo que las personas inocentes se vuelvan desvalidas frente a los avasalladores.

De pie frente a la cama. Es mejor si la cama tiene un colchón de hule-espuma, de modo que no te dañes ni a ti ni a tu cama. Este es un ejercicio indispensable si sufres de tensión en la franja de los hombros, pues estas tensiones se relacionan mayormente con inhibiciones en el uso de los brazos para golpear. Hay distintas variaciones del ejercicio.

De pie con ambos pies separados unos 45 cm y las rodillas dobladas ligeramente.
Haz dos puños y elévalos por encima de tu cabeza.
Eleva los codos y échalos lo más hacia atrás que puedas.
Ahora golpea fuertemente la cama con ambos puños, pero de un modo relajado, sin forzar el movimiento.
Dí cualesquiera de las palabras que expresen un sentimiento de ira. Por ejemplo: “¡no!”, “¡no quiero!”, “¡déjeme en paz!”, “¡Te odio!”, etc.
  •  ¿Puedes sentir que tus golpes son efectivos, o los sientes impotentes?
  •  ¿Puedes sentir alguna emoción con el ejercicio? No es necesario tener un sentimiento fuerte para que este ejercicio cobre sentido.
  •  ¿Te atemoriza tu propio potencial para la violencia? En tal caso, un uso repetido del ejercicio reducirá tu ansiedad y te dará un mayor control sobre tu ira.


Ejercicio 80. Utilizando una raqueta para expresar la ira

El mismo ejercicio se puede hacer utilizando una raqueta de tenis en vez de los puños. La raqueta añade una sensación de poder, y ayuda a superar un sentimiento de impotencia.
Eleva la raqueta por encima de la cabeza, y da golpes repetidos con la superficie plana de la raqueta contra la cama.
Pronuncia palabras que expresen cualesquiera sentimiento que tengas. Recuerda que no estás dañando a nadie con este ejercicio.
  •  ¿Te proporcionaron tus golpes un sentimiento de satisfacción?
  •  ¿Te asustó el sonido del golpe? ¿Te pareció demasiado violento? ¿Tuviste miedo de que pudieras matar a alguien?. Si puedes aceptar y expresar este sentimiento (“te mataré”) mientras golpeas la cama, descargarás algo de tu rabia asesina y obtendrás control sobre el sentimiento. Habrá menos posibilidades, pues, de que descargues esa rabia en una situación de la vida real.

Ejercicio 81. Golpes rítmicos

Este es un ejercicio que hemos utilizado personalmente y que muchos pacientes usan regularmente. Es como el pataleo rítmico y sirve para fortalecer los brazos, desarrollar la coordinación de sus movimientos, y descargar las tensiones en la franja de los hombros.

Alza ambos puños, o la raqueta de tenis, y descarga veinte golpes sobre la cama.
Los golpes deberán ser rítmicos, ni demasiado lentos ni demasiado rápidos.
Inhala mientras tus brazos van hacia atrás, y luego exhala plenamente conforme descienden.
Estira los brazos plenamente detrás de tu cabeza con el fin de movilizar la máxima energía para el golpe. Advierte que una ley bien conocida de la acción del músculo es la de que cuanto más lo estires, más efectiva y poderosa será la contracción resultante. No tienes por qué golpear con dureza. El poder del golpe proviene del estiramiento y del ritmo. Piensa en cómo se dispara una flecha. Similarmente, no hay que empujar el golpe. Si haces un estiramiento pleno, el golpe se desarrollará espontáneamente conforme te abandonas. Una vez que puedas descargar veinte golpes sin esfuerzo, aumenta el número regularmente hasta que puedas dar cuarenta o cincuenta golpes.

Ejercicio 81-A. Variación


Puede golpearse la cama de un modo distinto haciéndolo con un brazo detrás del otro. Este ejercicio implica un estiramiento del cuerpo, utilizando músculos a los que no llegaba el ejercicio anterior. Una vez más, lo importante es:
Mantener suelto y plenamente estirado cada brazo antes del golpe.
Inhalar durante el estiramiento pleno y exhalar con la descarga.
Tratar de llevar cada puño hacia atrás por encima de la oreja del otro lado del cuerpo, a fin de conseguir la máxima tensión para el golpe.

Ejercicio 82. Agresión

La palabra en sí misma significa “moverse hacia”. La gente la utiliza como denotando “yendo a por lo que uno quiere”. una persona agresiva es alguien que se mueve hacia el cumplimiento de sus necesidades. La falta de agresión significa pasividad; aguardar en vez de ir por algo.

Un buen ejercicio para la agresión es el de retorcer una toalla. Toma una toalla turca de tamaño medio y enróllala. Luego retuércela lo más fuerte que puedas con ambas manos.
Conforme retuerces la toalla, dí, “dámelo”. sigue retorciendo la toalla diciendo
“dámelo”.
  •  ¿Llegaste al punto en que sentiste que podías obtener lo que necesitabas?
  •  ¿Aflojaste tu agarre tras cada demanda, o fuiste capaz de mantenerlo?
  •  ¿Tienes la impresión de que puedes obtener lo que quieres? ¿Acaso no sería agradable tener esa sensación?
Toda acción expresiva es un acto agresivo en el sentido de que es un “moverse hacia fuera”, hacia el mundo, con nuestros sentimientos o energía. No deberíamos pensar en la agresión sólo en los términos negativos de la ciencia política. Abrirse hacia fuera para amar o buscar amor es una acción agresiva. Decir “te amo” es tan agresivo como decir “te odio”. la agresión se encuentra en la acción de ir hacia fuera o hablar, no en el contenido de las palabras. Por otro lado, tener un sentimiento que no somos capaces de expresar es un signo de pasividad. Todo acto de autoexpresión supone algún grado de agresión.

Para ser plenamente auto expresivos, el cuerpo ha de verse libre de sus tensiones, y específicamente de las tensiones que bloquean nuestra agresividad natural. Dado que nuestra agresividad ha sido bloqueada desde la infancia, se requiere un considerable esfuerzo para liberarla. El uso repetido de estos ejercicios puede ser de considerable ayuda en este empeño.

martes, 8 de diciembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 17

Capítulo IX

Los ejercicios expresivos  

Estos ejercicios están destinados a ayudar a la persona a que exprese sus sentimientos, mientras que los ejercicios estándar se concentran en entrar en contacto con el cuerpo, y en relajar sus tensiones sin una carga emocional acompañante. Inhibir la expresión del sentimiento conduce a menudo a la pérdida del mismo, y la pérdida de sentimiento es una pérdida de viveza. Los sentimientos son la vida del cuerpo igual que los pensamientos son la vida de la mente.

Los niños suprimen muchos de sus sentimientos a fin de adaptarse a la situación en su hogar. Empiezan por contener la expresión del temor, la ira, la tristeza y el gozo, pues creen que sus padres no son capaces de enfrentarse a estos sentimientos. Como resultado se vuelven sumisos o rebeldes; ninguna de estas actitudes representa una genuina expresión del sentimiento. La rebelión es a menudo una tapadera para la necesidad; la sumisión, a menudo una negación de la ira y el temor.

Los sentimientos surgen como impulsos o movimientos espontáneos procedentes del núcleo del individuo. Para suprimir un sentimiento, hay que frenar o restringir la viveza o motilidad del cuerpo. Por tanto, el esfuerzo de suprimir un sentimiento sirve para disminuir todo sentimiento. Sin embargo, mientras haya vida en el cuerpo, hay el potencial de sentir.

Trabajar con la expresión del sentimiento en la terapia, o en una clase de ejercicios, o en casa, ayuda a una persona a entrar en contacto con algunos de sus sentimientos suprimidos de su personalidad. La pregunta importante es: ¿puede manejar estos sentimientos conforme surgen a través del trabajo corporal? Existe cierto peligro, pero hay también una salvaguarda inherente: la mayoría de la gente no consentirá que se desarrolle más sentimiento del que puedan manejar.
Estar bajo terapia es otra salvaguarda, dado que un terapeuta competente ayudará a una persona a contener y manejar sentimientos que son nuevos y atemorizantes. Puede ayudar a una persona a entender de dónde vino el sentimiento, impidiendo así que sea puesto en acción.

Un sentimiento es puesto en acción cuando surge en un contexto pero es expresado en otro. Por ejemplo, si un hombre es humillado por un superior en el trabajo y no se atreve a expresar su resentimiento, puede ir a casa y golpear a sus hijos. Sentimientos que surgieron en situaciones de la infancia son a menudo puestos en acción en la vida adulta para detrimento de todas las personas envueltas. Una mujer que se resintió de la indiferencia de su padre hacia ella cuando era niña puede expresarlo sobre su marido.

Expresar un sentimiento en la situación controlada de una sesión de terapia a menudo descarga suficientemente la excitación como para que el sentimiento pueda ser mantenido dentro de límites apropiados.
He aquí un ejemplo de cómo esto puede también hacerse en el hogar. Muchas de las mujeres que se encargan del hogar encuentran intolerables las frustraciones y desilusiones de sus vidas diarias. A menudo vierten esta ira sobre sus hijos. Las madres que siguen una terapia bioenergética han descubierto que ir a un dormitorio y sacudir la cama con una raqueta de tenis descargará su desazón o enojo sin dañar a personas inocentes. Una vez descargado el sentimiento, su comportamiento se vuelve más razonable. De este modo evitan volverse extremadamente tensas tratando de contener su ira. Esta es una práctica corriente de la bioenergética. Uno de los mejores consejos que la bioenergética ofrece es el de golpear sobre una cama con una raqueta de tenis o los puños , en vez de sentarse a incubar los sentimientos o chillar a los niños.

Ejercicio 70. Pataleando desde la cadera

También este ejercicio se realiza desde la misma posición.
Las rodillas son alzadas al pecho.
Agarrando la manta con las manos, patea fuertemente hacia delante con el talón izquierdo.
Lleva la rodilla del mismo lado hacia atrás y patea con el talón derecho.
Repite una serie de veces, alternando cada pierna. La patada debe ser hacia delante en línea con el cuerpo, no hacia arriba.


  •  ¿Vino el movimiento de la cadera en vez de la rodilla? Para conseguir el necesario movimiento de la cadera, lleva tu rodilla hacia atrás hasta el pecho.
  •  ¿Te sentiste como si estuvieses diciendo “Vete”? Utilizando estas palabras, se convierte en un ejercicio expresivo.
Ejercicio 71. Extensión hacia fuera

La posición para este ejercicio es la misma que la del primer ejercicio de esta sección, el ejercicio respiratorio.
Extiende ambos brazos hacia arriba, como un bebe que solicita a su madre.
Haz un esfuerzo por alargar cada vez más la extensión a cada expiración.
  •  ¿Sentiste que te contenías?
  •  ¿Decaen tus manos, como en un gesto de futilidad?
  •  ¿Sientes que te abres hacia fuera con tus brazos?
Ejercicio 72. Extendiéndose hacia fuera con los labios

Deja que tus brazos te caigan a los lados, y extiende los labios hacia fuera como para succionar, igual que el ejercicio 62, fig. 39.
Mantén la boca abierta y las mandíbulas colgando sueltamente.
Retrae los labios y extiéndelos de nuevo hacia fuera.
  •  ¿Cuándo los labios van hacia delante, va tu mandíbula también hacia delante con una expresión de desafío?
  •  ¿Puedes mantener tu respiración profunda y fácil mientras te extiendes hacia fuera con los labios?
  •  ¿Vibran tus labios o sientes algún hormigueo en ellos?
  •  ¿Evoca el ejercicio algún sentimiento de anhelo?
Muchos de los ejercicios estándar del capítulo 8 pueden funcionar como ejercicios expresivos si añades a tus movimientos un sentimiento vocal apropiado. El ejercicio de extenderse hacia fuera, por ejemplo, se vuelve expresivo (y puede volverse m uy emocional) si decimos “mamá” o “papá” mientras hacemos la extensión. El los seminarios de introducción que hemos hecho, este ejercicio suele hacer que muchos individuos lloren. La mayoría de las personas de nuestra sociedad tienen un considerable anhelo suprimido de estar cercanos a ambos padres, algo que no fueron capaces de expresar mientras eran niños. Si el anhelo no se halla suprimido muy fuertemente, movilizar el cuerpo a través de los otros ejercicios y cargarlo a través de la respiración a menudo llevará este sentimiento hacia la superficie.

Si podemos despertar un sentimiento mientras hacemos un ejercicio, y expresamos ese sentimiento en palabras, el proceso entero puede volverse bastante intenso y cargado.

Ejercicio 73. Pateando la cama

Haz este ejercicio sobre una cama sin tope en los pies, o sobre un colchón colocado sobre el suelo. Yace tumbado con las piernas extendidas. El pateo es hecho alternativamente elevando cada pierna y bajándola con fuerza sobre el colchón. La pierna entera debe hacer contacto con el colchón, no sólo el talón. Mantén las piernas bastante rectas mientras haces el ejercicio, pero no tensas o rígidas.

Patea la cama alternativamente con cada pierna, de manera rítmica; una pierna asciende mientras la otra baja.
Trata de que el movimiento venga de la cadera más que de la rodilla. Haz esto elevando la pierna lo más posible antes de comenzar el pateo, sin doblar la rodilla.
Di “no” a cada patada, en voz alta y determinada.

Ahora pronuncia un “no” sonoro y sostenido mientras ejecutas fuertemente una serie de patadas.


  •  ¿Parecían efectivas tus patadas, o te sentías impotente?
  •  ¿Tenía tu voz un tono de convicción, o sonaba vacilante y asustadiza?
  •  ¿Pudiste mantener fuertemente el pataleo, o decayó tras un gesto inicial?
  •  ¿Hubo un ritmo coordinado entre la expresión vocal y el movimiento?
Ejercicio 73-A. Variación

Ahora utiliza la expresión “¿por qué?” en vez de “no”. Para mucha gente, tiene más significado que el “no”, probablemente porque de niños se les dijo que no tenían derecho a cuestionar los dictados de sus padres.
Trata de prolongar el sonido “¿por qué?” mientras pateas. Puede que llegue a convertirse espontáneamente en un grito, en cuyo caso el sentimiento habrá alcanzado un clímax. Posteriormente te sentirás relajado y aliviado.

Ejercicio 74. Pateo rítmico

Este es un ejercicio expresivo sólo parcialmente pues se hace sin expresión vocal. Esta destinado a proporcionarte la sensación de que tus piernas pueden servir como órganos de autoexpresión. Este ejercicio sirve para fortalecer las piernas y cargarlas. Asimismo, mejora la respiración.

Haz el pateo rítmico exactamente igual que en el ejercicio precedente, contando las patadas. El movimiento de cada pierna cuenta como uno.
Da tantas patadas como puedas, de modo rítmico. Digamos que sesenta es tu límite. Haz el ejercicio dos veces.
Al siguiente día, haz el mismo ejercicio, añadiendo diez patadas más. Tendrás que regularte tu mismo a este respecto. Si diez son demasiadas, añade sólo cinco.
Cada uno o dos días, trata de aumentar el número  de patadas. Si puedes llegar a 200 es suficiente.

La gente de edad tiene mayores dificultades con este ejercicio porque sus piernas se hayan más tensas y sus músculos son menos flexibles. El proceso de envejecimiento parece golpear a las piernas antes que a cualquier otra parte del cuerpo. Haciendo este ejercicio regularmente puedes ayudar a tus piernas a permanecer más suaves y más vivas. Es uno de los ejercicios que se recomiendan a los pacientes de la terapia bioenergética que hagan en su casa, y será incluido en la sección  sobre ejercicios en casa del capítulo 13.

Ejercicio 75. Golpeando con los brazos

Este ejercicio es muy fácil de hacer. Túmbate sobre el colchón con las rodillas dobladas y los pies planos.
Haz dos puños con las manos y elévalos por encima de la cabeza.
Golpea con ambos puños hacia abajo a lo largo del cuerpo, y dí “no” a cada golpe.
Repite la maniobra una serie de veces.
  •  ¿Parecían efectivos los golpes? ¿Fue convincente tu “no”?
  •  ¿Sentiste que tenías derecho a decir “no”?
Ejercicio 75-A. Variación

Repite el mismo movimiento que en el ejercicio 75, pero di “no quiero” en vez de “no”. esta es una expresión más fuerte, con más ego (yo) en ella.

viernes, 4 de diciembre de 2015

ejercicios de bioenergética, parte 16




Ejercicios tumbado

La posición de tumbado es importante al hacer ejercicios, pues elimina el estrés de la gravedad. En añadidura, esta posición tiene un aspecto regresivo, por cuanto sugiere un retorno a una actitud corporal infantil, lo que facilita el “abandono” del control.
La posición básica es la de yacer sobre la espalda, con los brazos a lo largo de los lados, y las rodillas dobladas de modo que los pies queden planos sobre el suelo y separados unos 45 cm. El suelo debería estar cubierto por una espesa alfombra. Echa la cabeza hacia atrás hasta donde llegue, de modo que no te observes a tí mismo.

Ejercicio 63. Respiración básica

Deja salir el vientre hasta donde llegue, y trata de respirar abdominalmente.
Coloca ambas manos ligeramente sobre el abdomen, y siente la elevación y caída de la pared abdominal conforme inhalas y exhalas.
Haz esto durante un minuto, pero no fuerces la respiración.

  •  ¿Se movía tu vientre hacia arriba con la inspiración y hacia abajo con la expiración? Si no sucedió así, no estabas respirando abdominalmente.
  •  ¿Sentiste alguna tirantez en la garganta? ¿En el pecho? ¿En el diafragma?
  •  ¿Vibran tus piernas? Esto puede suceder si haces el ejercicio después de todos los otros. Para entonces tus piernas estarán ligeramente cargadas.
Ejercicio 64. Vibraciones en las piernas

Este es un ejercicio simple para poner las piernas en vibración. La vibración es inducida por un estiramiento y una relajación de los tendones de la corva.

Tumbado sobre la espalda, eleva ambas piernas en posición recta pero no bloquees las rodillas.
Manteniendo las rodillas ligeramente dobladas, flexiona los tobillos y empuja hacia arriba con los talones.
Si es necesario, dobla y endereza las rodillas sin bloquearlas, para poner en marcha las vibraciones.
Respira con facilidad, y deja que las piernas vibren durante aproximadamente un minuto. Mira la fig. 41.


Ejercicio 64-A. Variación


Haz lo mismo que en el ejercicio precedente, pero sostén los dedos de cada pie con una mano.

Ejercicio 65. Aflojando los tobillos

Con las piernas alzadas, como en el ejercicio precedente, flexiona y extiende los pies una serie de veces.
Rota los pies en un movimiento circular, girándolos uno hacia el otro, y haz una serie de círculos.
Coloca los pies planos sobre el suelo. Extiende una pierna. Agita el tobillo vigorosamente. Repite con la otra pierna.

Ejercicio 66. Arqueando la espalda

Coloca una manta enrollada bajo la región lumbar, y yace tumbado con las rodillas dobladas y los pies planos sobre el suelo. Procura mantener las nalgas en contacto contre el piso.
Respira con facilidad en la profundidad del vientre.
Deja que la cabeza caiga para atrás.
Mantén la posición hasta que se vuelva dolorosa.

  •  ¿Sentiste algún dolor en la región lumbar al comienzo del ejercicio? Si así fue, es un signo de tensión en dicha región, lo que es común en mucha gente.
  •  ¿Fuiste capaz de mantener tus nalgas sobre el suelo? Si tu región lumbar está tensa y rígida, serás incapaz de hacer esto.
  •  ¿Fuiste capaz de relajarte en medio del dolor? Si puedes hacerlo, verás cómo el dolor se alivia hasta desaparecer.
Ejercicio 67. Invirtiendo el arco

Coloca la manta doblada bajo las nalgas, y eleva las rodillas hasta tu pecho.
Coloca tus brazos alrededor de las rodillas y deja que la parte inferior de la espalda se curve hacia delante.
Advierte que esta posición proporciona una gran sensación de relajamiento tras la precedente.

Ejercicio 68. Haciendo botar la pelvis

Este ejercicio se hace a partir de la posición yacente con las rodillas dobladas y los pies planos sobre el suelo. Coloca una manta enrollada bajo tus nalgas.
Alza la pelvis por encima de la manta y hazla rebotar hacia abajo sobre la manta con suficiente fuerza para proporcionar al cuerpo una ligera sacudida.

Haz esto una serie de veces para agitar la pelvis hasta que se suelte. Este ejercicio puede también ser hacho utilizando la voz como ejercicio expresivo. Esto será descrito en el capítulo siguiente.

Ejercicio 69. Estirando la parte interna de los muslos


La posición es la misma que en el ejercicio precedente, con las nalgas descansando sobre la manta enrollada.
Extiende ambas piernas a los lados lo más lejos que puedas.
Agárrate a la manta con las manos.
Impulsa los talones hacia arriba.