martes, 15 de enero de 2019

¿Qué nos hace falta? parte 13

EL NIÑO Y SU LLANTO

Si el llanto es una función tan básica, ¿cómo es que lo perdemos? ¿Por qué a tanta gente se les dificulta llorar? El llanto de un niño es también un llamado dirigido a uno de los padres, ya que si bien, alivia la tensión, el llanto no quita lo que provocó la tensión, lo cual casi siempre, es la necesidad de contacto con uno de los padres. Si ese contacto afectivo no está próximo, la tensión persiste y también el llanto. Sin embargo, el llanto de un niño tiene un límite. No puede llorar indefinidamente; llega el momento en que no tiene más fuerzas para seguir llorando, por lo que se calla o se duerme, exhausto. Si siguiera llorando podría morir, ya que el niño tendría que recurrir a la energía que requiere para mantener sus funciones vitales. Esta experiencia es muy traumática, ya que establece en la mente del niño una asociación  entre el llanto profundo y la muerte.

Los infantes pueden llorar casi a partir del momento del nacimiento, y lo hacen con facilidad ante cualquier tensión externa que produzca un estado de tensión en el cuerpo. Los seres humanos son las únicas criaturas que pueden reaccionar de esta forma ante la tensión emocional y muscular.
Igualmente hay que reconocer que el llanto generalmente no es aceptable para los padres. A menudo los incomoda. Algunos creen que responder al llanto de un niño hace que éste tenga control sobre ellos. Consideran que se trata de una cuestión de poder. Otros padres son más abiertamente hostiles, le dicen al niño que si no se calla le van a dar una razón para que llore. Y de hecho, lo golpean para que deje de llorar. También están los padres que inculcan en el niño la idea de que nadie lo querrá si no sonríe. No es sorprendente que se tengan dificultades para llorar.
Por otro lado, lo que determina el alivio no es la cantidad de llanto sino lo profundo del llanto

LA CASTRACIÓN PSICOLÓGICA

Suprimir los sentimientos sexuales mediante la tensión crónica de la musculatura pélvica constituye realmente una castración psicológica. En otras palabras, significa la pérdida de la sensibilidad sexual en el cuerpo, especialmente en la pelvis, aunque se mantiene la sensibilidad en los genitales. Es la limitación de la respuesta orgástica.
Para volver a tener sensibilidad sexual en la pelvis, debe percibirse la tensión en esa zona y experimentar el miedo a la castración que eso representa.

El placer y la satisfacción sexual dependen de la descarga de la excitación y de la liberación de la tensión. El hombre debe rendir su erección para alcanzar el orgasmo. El énfasis en la potencia erectiva en vez de la orgástica proviene del compromiso de estar allí para la mujer. La satisfacción sexual propia se vuelve secundaria.
El narcisista utiliza el sexo como una defensa contra los sentimientos, los de necesidad de amor, el miedo al rechazo, la impotencia orgástica. Emplean el sexo como un substituto del amor y la intimidad. Tienen miedo a la intimidad, porque en ella se requiere que el yo se manifieste tal cual es. No se puede tener intimidad y a la vez ocultarse detrás de una máscara o una imagen. En consecuencia, el sexo se vuelve un acto mecánico entre dos cuerpos, mientras que los sentimientos son provocados por alguien que sólo existe en la fantasía y hacia ese ser fantástico se dirige la respuesta afectiva.

Toma tiempo ver a una persona. Si uno esta muy ocupado con la consecución de un objetivo, sólo ve a la otra persona como una imagen. Uno no dispone del tiempo necesario para cambiar el enfoque y permitir que aparezca con toda claridad la individualidad de la otra persona. Si lo hiciéramos, en ese momento la otra persona sería más importante que nuestra meta, pero eso es muy difícil para los narcisistas.
El consejo que yo le doy a la gente es que mire antes de tocar. Vea quien es la otra persona y dónde está antes de acercarse a ella, si lo que se desea es un verdadero contacto afectivo.

¿Qué es LO COMÚN?

Si no se renuncia a la imagen de ser especiales, no hay oportunidad de recuperar la sexualidad que es común a toda la gente.
Al decir esto, no niego que la gente tenga realmente dones especiales. Cada uno de nosotros es un ser único, con sus propias capacidades y talentos, diferentes a los de las demás personas. Pero eso no nos hace especiales, ya que aceptamos que también los demás poseen dones y talentos especiales que tal vez nosotros no poseemos. La verdadera identidad se deriva de la herencia común, no de lo especial que uno posee.
Lo que es común a toda la gente es el cuerpo y su funcionamiento. En un plano básico, todos los cuerpos funcionan de manera similar. Para ser especial, uno niega la identificación con su cuerpo y sus sentimientos, ya que esta identificación significaría que uno es como los demás. La persona especial tiene que estar por encima del cuerpo y los sentimientos.

La gente del vulgo se tiene una a otra; comparten la lucha común. Mientras que la persona especial vive en la nubes, en las imágenes, la gente común tiene sus raíces en la realidad de la vida. Esta gente ríe y llora, siente placer y dolor, conoce las penas y las alegrías. La persona especial imagina su vida. Y de esta manera la persona especial si que crea un destino especial -ver que su imagen se desmorona, como se desmoronó Dorian Gray cuando la realidad se le enfrentó.
Su necesidad real es aceptarse como es, lo que significa aceptar todos sus sentimientos -sus temores, su enojo, su tristeza e incluso su desesperación.
La verdadera belleza, tanto para el hombre como para la mujer, radica en una energía interna, no en la apariencia externa. 


martes, 8 de enero de 2019

¿Qué nos hace falta? parte 12

EL MIEDO A LA DEBILIDAD

Una vez que uno piensa en términos de poder, sólo queda la lucha por más poder. El poder no sirve para superar nuestra inferioridad, ni para aliviar el sentimiento interno de humillación, ni para proporcionar una potencia orgástica. Sólo sirve para negar estos sentimientos. Así que por su propia naturaleza, el poder incrementa el narcisismo de la persona y refuerza su inseguridad subyacente. De muchas maneras, el poder constituye la negación de la propia humanidad.
Una cierta debilidad es parte de la condición humana. Nos necesitamos mutuamente para contrarrestar la obscuridad, para resguardarnos del frío, para dar un sentido a la existencia. Los seres humanos somos criaturas sociales. Es con los demás como encontramos la calidez, la excitación y el reto de la vida. Y sólo dentro de la comunidad humana nos atrevemos a enfrentar lo desconocido que provoca miedo.

Los narcisistas no son la excepción y también necesitan a la gente, pero no se atreven a reconocer esta necesidad.
El pedir ayuda sería como volver a abrir la herida narcisista sufrida en la infancia, cuando, débiles y dependientes, fueron usados por los padres que tenían el poder.
El poder, según el narcisista, permite que uno obtenga contacto humano sin peligro de ser usado. Con el poder, uno puede atraer a los demás. En el interior de sus mentes, se consideran superiores y creen que no necesitan a nadie.

El esfuerzo terapéutico tiene como propósito ayudar a que los pacientes se abran y acepten sus sentimientos. Eso significa que deben aprender a ceder el control. Deben aprender a dejar que sus sentimientos y sus emociones los conmuevan, incluso, a dejarse llevar por sus respuestas emocionales, de otra manera nunca conocerán la gloria del amor y la exhuberancia del gozo.
Y este es el dilema: es precisamente este miedo a dejarse llevar por el sentimiento lo que frena a los narcisistas. Les origina un miedo a la locura, contra la cual movilizarán todas sus defensas. En las mentes de estos pacientes, el perder el control de sí mismo se equipara con volverse loco.

Seducción y manipulación
Es evidente que los narcisistas necesitan el poder para inflar la imagen de sí mismos, ya que sin él se vendría abajo como un globo vacío. Pero ¿Cómo desarrolla uno tal imagen grandiosa de sí mismo? ¿Qué sucede que destruye
la inocencia del niño, y más aún, lo despoja de su yo corpóreo y lo coloca en .
la posición especial de sentirse superior?
La secuencia de eventos sigue un orden preciso. Primero viene la experiencia humillante de no tener poder. Luego el proceso de seducción, en el cual se hace que el niño se vea como alguien especial. Un elemento adicional y que comúnmente acompaña a la humillación, es el rechazo. Después de ser rechazado y humillado, es más fácil que se seduzca al niño para que esté al servicio del padre o de la madre.

¿Qué quiero decir con seducción? La palabra proviene del latín seducere, “conducir aparte”. Decimos que la gente es seducida para que abandone su fe, sus principios y su lealtad. Es el empleo de palabras y promesas falsas para conseguir que la otra persona haga lo que de otra manera no haría.
Si consideramos al hombre macho, con su manifestación exagerada de virilidad, nos damos cuenta de que está siendo seductor, aunque no lo acepte.   Cualquier hombre que depende de una imagen para atraer a la mujer, no es sexualmente potente. 
La seducción siempre es una traición. Y esta traición es más dañina en la relación padre-hijo, en la cual es básica la confianza.

El significado de ser especial
La promesa de ser considerado alguien especial es el sueñuelo que emplean los padres en su esfuerzo por moldear al hijo de acuerdo con su imagen de lo que un hijo debe ser.
Para algunos padres, un hijo debe tener éxito en el mundo, a menudo como compensación por la sensación de fracaso del progenitor.

Con demasiada frecuencia, los padres buscan en sus hijos el afecto y el apoyo que sus propios padres no les dieron y que no obtienen de sus cónyuges. Igualmente, parece que muchos padres tienen la necesidad de ser superiores a sus hijos - para compensar la inferioridad que sintieron cuando eran pequeños y por lo cual todavía sufren inconscientemente. Los padres tienden a identificarse con sus hijos y a proyectar en ellos sus anhelos y deseos insatisfechos.
Por su parte, los hijos quieren ser libres - libres para crecer de acuerdo con su propias naturalezas. Esperan que sus padres estén allí para ellos, y no lo contrario. Cuando unos y otros están planteándose exigencias, rápidamente surge una situación de conflicto.

La seducción es una táctica que se emplea cuando el ego del niño se ha desarrollado al grado en que puede entender el trato. Evidentemente, el trato consiste en que se tratará o se considerará como especial al hijo si se somete al progenitor.
El ser alguien especial colorea la imagen y la pone más allá del alcance de lo común. Sin embargo, los valores asociados con la imagen son ilusorios; no hay superioridad o fuerzas reales en una imagen. Las virtudes reales pertenecen al ser íntimo, a lo humano de la persona, no a su imagen.
La actitud caracterológica del narcisista está compuesta por sentirse especial y superior, pensarse por encima del cuerpo y desaprobar o negar el sentimiento.
La negación del sentimiento se aplica especialmente a los sentimientos sexuales. La naturaleza inferior se refiere directamente a la parte inferior del cuerpo y sus funciones. Los actos de defecar, orinar y la sexualidad adquieren el estigma de sucios. Es posible que la desaprobación tenga sus raíces en el rechazo que la madre tiene hacia su propio cuerpo y a su naturaleza animal, que luego se hace extensivo al cuerpo del niño. Pero el hecho de desaprobar un sentimiento sexual no significa que desaparezca.

LA CASTRACIÓN PSICOLÓGICA
Suprimir los sentimientos sexuales mediante la tensión crónica de la musculatura pélvica constituye realmente una castración psicológica. En otras palabras, significa la pérdida de la sensibilidad sexual en el cuerpo, especialmente en la pelvis, aunque se mantiene la sensibilidad en los genitales. Es la limitación de la respuesta orgástica.
Para volver a tener sensibilidad sexual en la pelvis, debe percibirse la tensión en esa zona y experimentar el miedo a la castración que eso representa.
El placer y la satisfacción sexual dependen de la descarga de la excitación y de la liberación de la tensión. El hombre debe rendir su erección para alcanzar el orgasmo. El énfasis en la potencia erectiva en vez de la orgástica proviene del compromiso de estar allí para la mujer. La satisfacción sexual propia se vuelve secundaria.
El narcisista utiliza el sexo como una defensa contra los sentimientos, los de necesidad de amor, el miedo al rechazo, la impotencia orgástica. Emplean el sexo como un substituto del amor y la intimidad. Tienen miedo a la intimidad, porque en ella se requiere que el yo se manifieste tal cual es. No se puede tener intimidad y a la vez ocultarse detrás de una máscara o una imagen.
En consecuencia, el sexo se vuelve un acto mecánico entre dos cuerpos, mientras que los sentimientos son provocados por alguien que sólo existe en la fantasía y hacia ese ser fantástico se dirige la respuesta afectiva.

El propósito del análisis bioenergético es lograr la plena individualidad, lo que abarca la conciencia de sí mismo, la expresión propia y la posesión de sí mismo. El estar consciente de sí mismo significa estar en completo contacto con el cuerpo, pero esto sólo es posible si la persona logra claridad respecto de las motivaciones inconscientes de la conducta. La expresión propia denota la capacidad de percibir y expresar todos los sentimientos, mientras que la posesión de sí mismo significa que uno puede controlar conscientemente dicha expresión. Toda tensión muscular crónica impide esas tres funciones. El trabajo con el cuerpo tiene como objetivo ayudar a que la persona sienta ese bloqueo, lo entienda y lo desate. Esto es un proceso continuo, ya que la liberación de la tensión ocurre gradualmente al ir aprendiendo el organismo a tolerar e integrar los niveles de excitación mayores asociados con sentimientos más intensos.

miércoles, 2 de enero de 2019

¿Qué nos hace falta? parte 11

EL EXCESIVO ÉNFASIS QUE LA SOCIEDAD PONE EN EL PODER.

Hemos visto cómo la lucha por el poder del narcisista se origina en un profundo sentimiento de humillación que sufriera en la infancia.
En el mismo grado en que la cultura occidental contemporánea fomenta el narcisismo, en ese mismo grado es una cultura cuyo motor y cuya obsesión es el poder.
La tecnología ha proporcionado al hombre moderno un sentido de poder que antes no tuvo. La pregunta es ¿De qué manera ese poder afecta la psicología y la conducta de la gente? ¿Qué papel desempeña en la génesis del narcisismo? Sería fácil decir que el poder se sube a la cabeza, infla el ego y hace que uno se vuelva narcisista. Pero no es así como se desarrolla el narcisismo. Surge de la negación del sentimiento, de la pérdida del yo y de la proyección de una imagen compensatoria. ¿De que manera el poder fomenta este proceso? Para entender eso, debemos comenzar con la observación de que el poder tiene un encanto aparentemente irresistible. Casi todos quieren poder.
La ventaja más evidente de tener poder es la recompensa material que logra la persona que lo tiene. En todos los aspectos, su nivel de vida es superior al de la persona común y corriente. Sin embargo, no es esto su característica básica.

La lucha por el poder no siempre se da entre los que tienen y los que no tienen. En la época feudal, los poderosos guerreaban con el fin de incrementar su dominio y extender su control. El poder confiere posición social. Todos somos buscadores de posición social, y lo mismo ocurre con muchos otros animales. Entre las gallinas, por ejemplo, hay un orden de picoteo. En otros términos, el poderoso obtendría la mejor comida y la mujer más hermosa. La mujer más bella encierra la promesa de un mayor placer sexual para el hombre, al igual que el hombre más fuerte y más valiente encierra una promesa similar para la mujer. Esta promesas no son falsas cuando se basan en la realidad corporal de las personas. La asociación de la posición social con el poder hizo extensiva la imagen de potencia sexual a las personas con poder.

No habría ningún problema si el poder perteneciera al individuo superior. Generalmente no es éste el caso hoy en día. Lo contrario sucede frecuentemente. El hombre que necesita y busca poder es, en la mayoría de los casos, un tanto impotente en lo sexual. El poder constituye su forma de compensar una falta de potencia sexual.
En términos generales, el grado de narcisismo es inversamente proporcional a la potencia sexual. Sin embargo, para comprender esta afirmación, nuevamente tenemos que reconocer el nexo entre la potencia sexual y el sentimiento. Para el hombre, la potencia sexual no se mide por la frecuencia de la actividad sexual o por su potencia erectiva. La actividad sexual frecuente tal vez sea compulsiva, derivada de una necesidad de reafirmarse, o tal vez sea impulsiva, derivada de la incapacidad de contener la excitación sexual. La potencia erectiva, tal vez sea una maniobra de poder. En efecto, en un lenguaje corporal, el hombre podría estar diciendo a la mujer: Ve que poderoso soy. Desafortunadamente, este interés es a costa de su propio placer y su propia satisfacción. Lo que denota es la capacidad típicamente narcisista de aprobación y admiración. En última instancia, tampoco la mujer se satisface. La verdadera potencia sexual se mide por la profundidad del amor que se sienta por la otra persona. Estos sentimientos están muy reducidos en los narcisistas.

LA RELACIÓN CON LA ENVIDIA Y LA IRA

¿Por qué los que se dedican a la búsqueda del poder nunca sienten que ya tienen suficiente? El poder puede cargar de energía a la imagen, pero no hace nada por el yo y los sentimientos. Una dedicación excesiva de energía en la lucha por el poder reduce la que se puede destinar al placer sexual. Desviado de la verdadera fuente de la potencia sexual, la persona busca más poder.

Un aspecto importante de la naturaleza del poder es la envidia que provoca en los demás. La persona envidiosa ansía desesperadamente porque se siente inferior, poco importante e impotente. Si el poder provoca envidia, genera temor y conduce a la hostilidad.
Cuando el poder es grande, es fácil que uno se vuelva paranoide. El dicho: Intranquilo es el sueño de los poderosos, encierra una sabiduría antigua. Nunca pueden estar completamente seguros de quienes son sus amigos.
La envidia no es amor. La persona con poder es temida y por ello no puede ser amada.

La emoción correlacionada con el miedo es la ira. Pero los narcisistas son tan incapaces de sentir enojo como de expresar o sentir cualquier otro sentimiento.
La ira no es lo mismo que el enojo. Aunque en un arranque de ira hay un fuerte elemento de enojo, las dos expresiones no son idénticas. La ira tiene una cualidad irracional -simplemente recordemos la frase una ira ciega. El enojo, por el contrario, es una reacción con un objetivo; se dirige a quitar una fuerza que está actuando contra la persona. Cuando se quita o nulifica la fuerza, el enojo cesa. El enojo verdadero se mantiene proporcional a la provocación; es una respuesta racional a un ataque.

Sin embargo, la ira no va de acuerdo con la provocación; es excesiva. Tampoco cede la ira cuando ya no existe la provocación; continúa hasta que sale toda. Y la ira es destructiva, en lugar de constructiva.
Es significativo que un estallido de ira narcisista se relacione estrechamente con la experiencia de frustración, de no poder salirse con la suya; en otras palabras, de sentir que no se tiene poder. Cuando la ilusión se desvanece, la ira asociada con la traición original -un insulto más significativo que ocurrió en la primera infancia y al cual uno no puede responder en ese tiempo- se manifiesta como la erupción de un volcán. Pero como no es consciente, sino ciega, es ineficiente como remedio para la herida.
La provocación actual tal vez sea intrascendente, pero esa provocación evoca en el inconsciente de la persona el recuerdo de un antiguo insulto ante el cual no pudo responder cuando ocurrió.
Como hemos visto, esta experiencia de humillación es lo que está por debajo de la búsqueda de poder del narcisista. Ellos creen que mediante el poder pueden borrar el insulto. Toda amenaza a su poder o a su imagen los hace sentir sin poder y les recuerda el miedo de sentirse humillados.



viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Qué nos hace falta? parte 10

  Poder y Control

La lucha por el poder y el control caracterizan a todos los narcisistas. No todos los narcisistas obtienen poder ni todas las personas que tienen poder son narcisistas, pero la necesidad de poder es parte del conflicto narcisista.
En el capítulo anterior, vimos que el narcisismo se desarrolla a partir de la negación del sentimiento. Aunque la negación de sentimientos afecta a todos los sentimientos, especialmente dos emociones se someten a una severa inhibición : la tristeza y el miedo. Se singularizan porque su expresión hace que la persona se sienta vulnerable.
La expresión de la tristeza provoca una conciencia de pérdida y evoca la añoranza. La negación del miedo tiene un objetivo similar. Si uno no tiene miedo, no se siente vulnerable; supuestamente uno no podría ser herido. La negación de la tristeza y el miedo permite que la persona proyecte una imagen de independencia, valor y fuerza. Esta imagen oculta la vulnerabilidad de la persona. Pero la imagen por sí misma no tiene ninguna fuerza .Ésta, reside en la fuerza de los sentimientos de la persona.

Como carece de la verdadera fuerza de los sentimientos fuertes, el narcisista necesita y busca poder para compensar la deficiencia. El poder aparentemente fortalece la imagen del narcisista, le confiere una potencia que de otra manera no tendría. Con una bomba o una pistola, la gente más débil puede considerarse como una fuerza poderosa en el mundo.
Todos somos vulnerables a que nos lastimen, nos rechacen o nos humillen. Sin embargo, no todos negamos nuestros sentimientos, ni tratamos de proyectar una imagen de invulnerabilidad y superioridad ni luchamos por obtener poder. La diferencia puede radicar en nuestras experiencias infantiles.

 En la infancia, los narcisistas sufren un golpe a la autoestima que deja una cicatriz y moldea sus personalidades. Esta herida conlleva humillación, particularmente la experiencia de no tener poder mientras que la otra goza del ejercicio del poder y el control sobre uno. Una sola experiencia no moldea el carácter, pero cuando el niño está expuesto constantemente a la humillación de una manera u otra, el miedo a la humillación se integra en el cuerpo y en la mente. Una persona que haya pasado por esto fácilmente podrá decir: Cuando sea grande voy a tener poder y ni tú ni nadie podrá volver a hacerme esto.
Esto sucede frecuentemente ya que los padres utilizan el poder para controlar a sus hijos en función de sus propias metas.
El poder y el control son dos caras de la misma moneda. Juntas sirven para proteger a la persona de que se sienta vulnerable, de que se sienta sin poder para impedir una posible humillación.

Además del castigo físico, es frecuente que se critique a los niños de una manera que los hace sentir indignos, inadecuados o estúpidos. Este tipo de críticas no cumple ningún propósito útil; pretende, en mi opinión, demostrar la superioridad del padre. Algunos padres se ríen o se burlan de su hijo cuando comete un error o no logra dar una respuesta que los padres consideran que su hijo debería saber. Cuando el niño llora, los padres tal vez descarten los sentimientos del niño como si fueran falsos, haciendo un comentario sarcástico sobre las lagrimas de cocodrilo.

Es inevitable que surja la siguiente pregunta: ¿Por qué los padres se comportan de este modo? Los niños aprenden mejor mediante la comprensión y la ternura que mediante la fuerza y el castigo. Y si el castigo es necesario, puede hacerse en una forma que no humille al niño.
Los padres que se sienten sin poder ante el mundo pueden compensar este sentimiento siendo dictatoriales con sus hijos.

El énfasis en el poder paternal conduce inevitablemente a la rebelión o sumisión de los hijos. La sumisión cubre una rebelión y una hostilidad internas. El niño que se somete aprende que las relaciones se gobiernan mediante el poder, lo que establece el escenario para una lucha por el poder cuando sea adulto. Los niños aprenden rápidamente a jugar el mismo juego de sus padres -el juego del poder. La mejor manera de ganar poder sobre uno de los padres consiste en hacer algo que le moleste, como dejar de comer, ir mal en la escuela o fumar. Una vez que se establece la lucha por el poder entre uno de los padres y el hijo, ninguno cede y ninguno gana.

El conflicto entre padre e hijo generalmente surge del deseo que el padre tiene de formar al niño de acuerdo con alguna imagen que está en la mente del padre, así como de la oposición del niño a este esfuerzo. El empleo de una fuerza superior por el padre sólo es una de las tácticas empleadas en esta lucha. Al comienzo de su vida, fácilmente se les puede controlar mediante cualquier expresión fuerte de desaprobación paterna o mediante la fuerza física y el castigo. Con los niños de más edad, es posible que se utilice más la seducción como medio para mantener el control.

 El hijo a quien se le hace sentir especial se vuelve centro de la lucha por el poder entre los padres, y su posición se vuelve especialmente crítica durante el periodo edípico. Se encuentra atrapado en una situación desesperada. Siempre está el peligro de la hostilidad del progenitor del mismo sexo, por una parte, u por la otra el temor del incesto o del rechazo humillante si responde sexualmente a la seducción. 

Desafortunadamente, la única salida para el niño consiste en suprimir los sentimientos sexuales. El niño no suprime lo genital, sino la sexualidad, es decir, las sensaciones de fusión en la pelvis, que constituyen la base del amor sexual. Esta supresión del sentimiento equivale a una castración psicológica y deja a la persona impotente ante lo orgástico. Creo firmemente que esta impotencia es la base, en el nivel más profundo, de la búsqueda del poder.

Estar sujeto al poder de otra persona es una experiencia humillante. Este insulto al ego de una persona generalmente pretende borrarse revirtiendo la situación -es decir ganando poder sobre la persona que provocó la herida narcisista. Por supuesto, una persona puede someterse a la dominación, pero dicha sumisión encubre un odio profundo. Obviamente, no puede haber amor en una relación cuando el poder desempeña un papel importante.

Estas consideraciones nos ayudan a comprender las luchas por el poder que ocurren en el seno familiar. En estas luchas, rara vez el detonador es lo correcto o incorrecto de una acción, se trata más bien de ver quien se sale con la suya. En los primeros años de la vida de un niño, los padres son más fuertes y por lo general ganan. Sin embargo, en muchos casos, al crecer y ganar fuerza, el niño reta una y otra vez a su padre o a su madre. Estas luchas son extremadamente destructivas, empero, en tanto que el poder sea importante en la familia, son inevitables.
Los regímenes dictatoriales siguen un razonamiento similar para justificar el uso del poder para controlar a la gente.
En el mismo grado en que la cultura occidental contemporánea fomenta el narcisismo, en ese mismo grado es una cultura cuyo motor y cuya obsesión es el poder.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

¿Qué nos hace falta? parte 9

Supresión frente a negación de los sentimientos

Una emoción es un movimiento, - moción - significa acción y efecto de moverse o ser movido; el prefijo -e-  indica que el movimiento es en dirección hacia fuera. Todo movimiento se produce desde el centro hacia la periferia, donde se expresa en una acción. El sentimiento de amor, por ejemplo, se experimenta como un impulso para llegar hasta alguien; la ira, como el impulso de golpear; la tristeza, como el impulso de llorar. El impuso de la emoción debe alcanzar la superficie del cuerpo para que se pueda experimentar como un sentimiento. Sin embargo, cuando no es así, se produce una acción abierta.

La inhibición del movimiento a causa de la tensión muscular  crónica tiene el efecto de ahogar los sentimientos. Tal tensión produce una rigidez en el cuerpo, una muerte parcial del mismo. No es sorprendente que los soldados tengan que ponerse firmes y rígidos cuando se requiere su atención. Como hemos visto, un buen soldado tiene que suprimir gran parte de sus sentimientos y convertirse en realidad, en una máquina de matar.
Puede saberse cuales son los sentimientos que se han reprimido estudiando el patrón de las tensiones. Cuando ésta se concentra, por ejemplo, en los músculos de la mandíbula, se está inhibiendo el impulso de morder. Sin embargo, tales impulsos pueden salir a la superficie en forma de un sarcasmo mordaz. Una mandíbula apretada puede también bloquear el impuso de succionar, reprimiendo así el deseo de cercanía y contacto. El nudo que oprime la garganta impide llorar y así la persona ahoga los sentimientos de tristeza. La rigidez de la espalda y los hombros disminuye la intensidad de una reacción de ira.

La rigidez corporal general mata el cuerpo al restringir la respiración y disminuir la motilidad. Sin embargo, muchos narcisistas tienen un cuerpo bastante ágil y flexible. Su cuerpo aparenta tener vida y gracia, pero actúan sin sentimientos, lo que significa que para recortar los sentimientos existe otro mecanismo distinto al bloqueo del movimiento. Éste es el bloqueo de la función perceptiva.
Puesto que la percepción es una función de la conciencia, está generalmente sujeta al control del ego. Normalmente percibimos aquellas cosas que nos interesan e ignoramos las demás. También centramos deliberadamente la atención en ciertos objetos o situaciones cuando queremos percibirlos con mayor claridad. Pero, por el mismo proceso, rechazamos verlos o los ignoramos. A menudo ésta es una decisión subliminal, al margen de la conciencia. Por ejemplo, pocos son los padres que advierten la infelicidad en la cara de sus hijos. Y los niños aprenden con rapidez a no ver la ira y la hostilidad en los ojos de sus padres. No queremos ver la expresión de nuestra propia cara cuando nos miramos al espejo. Es posible que un hombre se recorte el bigote sin ver cuán apretados y crueles son los labios que hay debajo. En efecto, no vemos lo que no queremos ver.

No queremos ver aquellos problemas que nos parecen sin solución. Verlos nos colocaría en un intolerable estado de estrés y de dolor, que representaría una amenaza  para nuestra salud mental. De hecho, bloqueamos o negamos ciertos aspectos de la realidad a modo de autodefensa. Sin embargo, esta negación implica un reconocimiento previo de la situación. En primer lugar, vemos la situación que nos resulta dolorosa y, después, nos damos cuenta de que no podemos estar a su favor ni tampoco cambiarla, así que negamos su existencia. Cerramos los ojos a ella.
Al principio, pues, la negación es consciente. No obstante, con el tiempo, esa negación se vuelve inconsciente. En su lugar, creamos una imagen de una situación feliz o agradable, que nos permite ir tirando como si todo fuera estupendamente. El punto clave de tal tensión está en la base del cráneo, en los músculos que ligan la cabeza al cuello. Dicha tensión parece bloquear el flujo de las emociones que va desde el cuerpo hasta el interior de la cabeza, que queda así desconectada del sentimiento corporal.

La terapia es un proceso mediante el cual se amplía la conciencia, la expresión y la posesión del yo, que es la capacidad de contener y mantener los sentimientos intensos. La rigidez y las tensiones corporales tienen que irse reduciendo gradualmente, de forma que el cuerpo llegue a tolerar el alto nivel emocional que va asociado a la intensidad de los sentimientos. La mejor forma de enfocar este objetivo es combinar el análisis con el trabajo corporal intensivo.

El grado de sentimiento  

 La expresión de los sentimientos en los individuos narcisistas suele tomar dos formas: la rabia irracional y la sensiblería o sentimentalismo.
Probablemente, los padres que maltratan físicamente a sus hijos han pasado ellos mismos por una situación similar cuando eran niños. Han negado los sentimientos que generó aquella experiencia y por eso no los tienen ante sus hijos.

La terapia es un proceso de conexión con el yo. El enfoque que tradicionalmente se ha utilizado para ello ha sido el análisis. Toda terapia debe incluir un análisis exhaustivo de la historia del paciente para poder descubrir las experiencias que han moldeado su personalidad y determinado su conducta. Por desgracia, trazar la línea de la historia no es fácil. La supresión y negación de los sentimientos también lleva consigo la represión de los recuerdos significativos. La fachada que levanta una persona esconde su verdadero yo ante sí misma y ante el mundo. No obstante, el análisis puede trabajar con otras cosas, además de con los recuerdos. El análisis de los sueños es una forma de conseguir más información. Y también está el análisis de la conducta actual.

Conectar con el yo requiere algo más que el análisis. El yo no es un constructo mental, sino un fenómeno corporal. Estar conectado con el yo significa ser consciente de los sentimientos y conectar con ellos. Para conocer los propios sentimientos hay que experimentarlos en toda su intensidad, y esto sólo se consigue cuando se expresan. Si la expresión de los sentimientos está bloqueada o inhibida, estos se suprimen o se minimizan. Una cosa es hablar del miedo y otra sentirlo. Decir Estoy enfadado, no es lo mismo que notar como esta emoción agita el cuerpo. Para poder sentir plenamente la tristeza, por ejemplo,  hay que llorar.

martes, 11 de diciembre de 2018

¿qué nos hace falta?, parte 8


LA NEGACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

¿Qué significa no sentir? Para explicarlo, empecemos con un ejemplo extremo: un hombre en estado catatónico permanece parado en una esquina, inmóvil como una estatua durante horas. Ha suprimido todo sentimiento, incluyendo el dolor, y por eso puede permanecer estático durante largos periodos de tiempo. Este hombre se ha matado a sí mismo y de esta forma se ha anestesiado contra el dolor.
Todos los neuróticos, incluyendo los narcisistas, utilizan este mecanismo de aniquilación de partes de su cuerpo para suprimir los sentimientos. Se puede, por ejemplo, contraer la mandíbula para evitar el impulso de llorar. También se puede suprimir la cólera congelando, con una tensión que se convierte en crónica, los músculos de la parte superior de la espalda y los hombros.
Con todo, aunque los narcisistas utilizan este mecanismo, hay otra defensa típica de este trastorno que es mucho más importante: la negación de los sentimientos.

El sentimiento es la percepción de un cierto movimiento o suceso corporal interno. Si no existe tal suceso, no hay sentimiento porque no hay nada que percibir. Así, inhibiendo el movimiento, una persona se puede matar a sí misma, de una forma muy parecida a como le sucede al catatónico descrito anteriormente.
No obstante, hay otra forma de cortarles el acceso a la conciencia a los impulsos y a las acciones: bloqueando la función de percepción. Éste es el mecanismo que se usa para negar los sentimientos.
La necesidad de proyectar y mantener una imagen fuerza a la persona a bloquear el acceso a la conciencia de cualquier sentimiento que pueda estar en conflicto con la imagen. En las personas normales, las acciones van ligadas a los sentimientos que las motivan. Sin embargo, el los individuos narcisistas, la acción disociada del sentimiento o impulso, está justificada por la imagen.

Cómo afecta a la relación con los demás

Donde más se evidencia la negación de los sentimientos es en su forma de comportarse con los demás. Pueden actuar de manera cruel, explotadora, sádica o destructiva con otra persona, porque son insensibles al sufrimiento o a los sentimientos de ésta. Tal carencia de sensibilidad se deriva de la insensibilidad hacia sus propios sentimientos. Cuando no es posible sentir la alegría o el dolor de los demás, no se puede responder en consecuencia, y puede que incluso se acabe dudando de los sentimientos de la otra persona. Cuando uno niega los propios, niega también los de los demás.

Sólo así se puede explicar la cruel conducta de algunos narcisistas, como por ejemplo, ciertos altos ejecutivos que son implacables con sus empleados y los someten a una política de terror basada en la indiferencia por la sensibilidad humana y en los despidos indiscriminados, dejando al margen los sentimientos de la gente. Por supuesto, son igual de duros consigo mismos; su meta de alcanzar el poder y el éxito les exige idéntico sacrificio de su propia sensibilidad y sentimientos. Estos ejecutivos se consideran generales de su propia guerra, y la victoria está representada por el éxito en los negocios. Con tal imagen de sí mismos, el ansia de ganar sólo puede llevarles a tratar a sus empleados como soldados de usar y tirar.

Una de las formas de favorecer el narcisismo que tiene nuestra cultura es exagerar la importancia de ganar. Vencer es lo único que importa, reza un dicho popular. Tal actitud minimiza los valores humanos y subordina los sentimientos de los demás a un objetivo que esta por encima de todo: ganar, estar en la cumbre, ser el número uno. Sin embargo, el compromiso por esta meta también exige el sacrificio o negación de los propios sentimientos, porque nada debe obstaculizar el camino hacia el éxito.

Desde la violencia contra personas indefensas y la violación de mujeres desamparadas hasta la seducción y la explotación hay una línea que se extiende como un continuo. Lo que tienen en común un violador y un seductor, aunque no en el mismo grado, es la carencia de sensibilidad hacia su víctima o su compañera sexual, la inversión exagerada en su ego y la falta de sentimiento sexual desde el punto de vista corporal. Incapaz de acercarse a una mujer cuando está relajado, el violador se ve impulsado a una acción violenta, que a su vez expresa una intensa hostilidad hacia las mujeres. De manera similar, el seductor depende de una imagen para obtener excitación sexual: la imagen de un amante irresistible, dominante, controlador. Ambos tipos ejemplifican la conducta narcisista, porque no ven a sus víctimas como personas por derecho propio sino como imágenes.

Si nos desplazamos a lo largo de la línea hacia grados menores de narcisismo, encontramos al ejecutivo que seduce a su secretaria. Para el ejecutivo -seductor, el deseo sexual es a menudo intenso, porque considera que está en una posición social superior o dominante. La imagen de tal posición alivia el temor que siente hacia las mujeres y le permite sentirse muy excitado a nivel genital. Con todo, la carencia de sentimiento o de afecto hacia su pareja, la falta de respeto por los sentimientos de ella como ser humano, hace que el acto sea en gran medida una expresión narcisista. Se puede considerar una explotación.
El sexo para un hombre así tiene dos propósitos: aliviar la excitación del pene y estimular un ego inflado y débil por medio de la conquista y humillación de una mujer. Por supuesto, descargar la excitación sexual sienta bien, pero el placer de alivio es local, limitado a los genitales. El sentimiento sexual, al contrario de la excitación genital, es un sentimiento corporal total de excitación, calidez y fusión ante la perspectiva de contacto e intimidad con otra persona. Cuando todo el cuerpo responde sexualmente, el orgasmo se experimenta como un sentimiento de felicidad o de éxtasis.

martes, 4 de diciembre de 2018

¿Qué nos hace falta?, parte 7


La historia de Dorian Gray

El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, aun siendo un relato de ficción, es un estudio clásico de una personalidad narcisista. Del mismo modo que Narciso, Dorian Gray era un joven sumamente agraciado. Además, la belleza de su apariencia coincidía con la de su carácter. Era amable, considerado y se preocupaba por los demás. Quiso el destino que el físico de Dorian llamase la atención de un renombrado artista, y éste emprendió la tarea de pintar su retrato. También atrajo el interés del diletante Lord Henry, que se encargó de enseñar a Dorian los modos y maneras para desenvolverse en un mundo de sofisticación.
Con halagos, Lord Henry sedujo a Dorian y le hizo creer que era muy especial debido a su excepcional belleza física. Convenció al joven de que estaba obligado a conservarla. Una forma de proteger su hermosura era no permitir que ningún sentimiento intenso perturbara la paz de su mente ni dejara huellas en su rostro ni en su cuerpo.
Que pena, pensó, que la imagen del cuadro siempre le mostraría como un joven radiante, feliz y guapo, mientras que él envejecería y se iría deteriorando. Ojalá fuera al revés, rogaba él, y eso fue lo que sucedió.
El retrato envejecía por él y mostraba la fealdad de una existencia vivida sin sentimientos. Pero Dorian escondió el retrato y nunca lo miraba.

A falta de sentimientos, Dorian pasó su vida buscando sensaciones. Seducía a las mujeres y después las abandonaba. Inició en vicios y drogas a jóvenes que le admiraban, arruinando así sus vidas. Y todas esas cosas no generaban en él remordimiento alguno. Nunca miraba el retrato, no se enfrentaba con la realidad de su vida.
Cuando el artista quiso ver de nuevo el retrato, Dorian lo asesinó. Para ocultar su crimen, se sirvió del chantaje para obligar a un admirador suyo a deshacerse del cadáver , y éste acabó suicidándose. No obstante, al final Dorian sí quiso ver el retrato, no pudo resistir por más tiempo la curiosidad que sentía ni la inquietud creciente que le atormentaba por dentro. Se arriesgó a ir hasta el lugar oculto donde lo había escondido y descorrió el velo que lo cubría. La expresión retorcida y torturada del rostro envejecido que vio le causó tal horror que cogió un puñal y rasgó el lienzo. A la mañana siguiente, uno de sus sirvientes encontró a Dorian caído en el suelo frente al cuadro, con un puñal clavado en el corazón. (lo que halló fue un anciano con la expresión del rostro retorcida y torturada)

¿Cómo pudo un hombre tan hermoso llegar a tener un carácter tan horrible?
Se puede seducir al inocente con promesas de amor, de poseer riquezas o de alcanzar cierta posición social. Este tipo de seducción se produce constantemente en nuestra sociedad, y favorece así el desarrollo de la personalidad narcisista.
A pesar de que la historia de Dorian Gray es imaginaria, es la idea de que una persona pueda tener una apariencia que sea pura contradicción con su estado interior es perfectamente válida. A menudo me sorprende que la mayoría de narcisistas parece mucho más joven de lo que es. Este tipo de personas no permite que la vida les toque -es decir, no consciente que aspectos internos vitales afloren a la superficie física y mental. Esto es lo que yo llamo negar los sentimientos.

Cerramos los ojos a la carencia de armonía de las diversas partes del cuerpo y a la falta de gracia de los movimientos. Nos enseñan muy pronto a ocultar los sentimientos y a poner buena cara ante el mundo.
El papel que juega la imagen es compensar el socavado sentido del yo, pero el efecto conseguido es el contrario. Al dirigir todas las energías hacia el mantenimiento de la imagen, empequeñece el verdadero yo.

La imagen es realmente parte del yo. Es la parte del yo que se enfrenta al mundo, y toma su forma a partir de los aspectos superficiales del cuerpo ( la postura, los movimientos, las expresiones faciales, etc.). Debido a que esta parte del cuerpo está sujeta al control consciente por medio de la voluntad o del ego, puede modificarse para conformar una imagen concreta. Así, el trastorno básico es un conflicto entre la imagen y el yo corporal.

En mi enfoque terapéutico, llamado análisis bioenergético, la conexión del individuo con su yo corporal se consigue por medio de trabajar directamente el cuerpo. Se utilizan ejercicios especiales para ayudar a que la persona sienta las diferentas partes de su cuerpo, en las que la tensión muscular crónica bloquea la conciencia y la expresión de los sentimientos.
La gente que tiene problemas necesita llorar. El excesivo desarrollo muscular produce un cuerpo duro, tenso, que inhibe eficazmente la conciencia y la
expresión de sentimientos suaves o tiernos. En estos casos hay que trabajar mucho la respiración, para poder suavizar el cuerpo hasta el punto en que se produzca el llanto. Una vez que la persona se deja llevar y llora, ya no le resulta difícil evocar la cólera que ha reprimido.

El verdadero yo es el yo de los sentimientos, pero es un yo negado y escondido. Dado que el yo superficial representa la sumisión y la conformidad, el yo interior se siente indignado y desea rebelarse. Esta ira y deseo de rebelión que subyacen nunca se pueden suprimir del todo, porque son una expresión de la fuerza vital de la persona. Sin embargo, debido al mecanismo de negación, no se pueden expresar directamente y por esa razón se reflejan en el comportamiento impulsivo del narcisista, y se convierten entonces en una forma perversa.
Por tanto, la distinción más importante se halla entre la persona que se mueve en términos de imagen y la que se mueve en términos de sus sentimientos. La pérdida de sentimientos se debe a un mecanismo especial que yo llamo la negación de los sentimientos