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miércoles, 2 de enero de 2019

¿Qué nos hace falta? parte 11

EL EXCESIVO ÉNFASIS QUE LA SOCIEDAD PONE EN EL PODER.

Hemos visto cómo la lucha por el poder del narcisista se origina en un profundo sentimiento de humillación que sufriera en la infancia.
En el mismo grado en que la cultura occidental contemporánea fomenta el narcisismo, en ese mismo grado es una cultura cuyo motor y cuya obsesión es el poder.
La tecnología ha proporcionado al hombre moderno un sentido de poder que antes no tuvo. La pregunta es ¿De qué manera ese poder afecta la psicología y la conducta de la gente? ¿Qué papel desempeña en la génesis del narcisismo? Sería fácil decir que el poder se sube a la cabeza, infla el ego y hace que uno se vuelva narcisista. Pero no es así como se desarrolla el narcisismo. Surge de la negación del sentimiento, de la pérdida del yo y de la proyección de una imagen compensatoria. ¿De que manera el poder fomenta este proceso? Para entender eso, debemos comenzar con la observación de que el poder tiene un encanto aparentemente irresistible. Casi todos quieren poder.
La ventaja más evidente de tener poder es la recompensa material que logra la persona que lo tiene. En todos los aspectos, su nivel de vida es superior al de la persona común y corriente. Sin embargo, no es esto su característica básica.

La lucha por el poder no siempre se da entre los que tienen y los que no tienen. En la época feudal, los poderosos guerreaban con el fin de incrementar su dominio y extender su control. El poder confiere posición social. Todos somos buscadores de posición social, y lo mismo ocurre con muchos otros animales. Entre las gallinas, por ejemplo, hay un orden de picoteo. En otros términos, el poderoso obtendría la mejor comida y la mujer más hermosa. La mujer más bella encierra la promesa de un mayor placer sexual para el hombre, al igual que el hombre más fuerte y más valiente encierra una promesa similar para la mujer. Esta promesas no son falsas cuando se basan en la realidad corporal de las personas. La asociación de la posición social con el poder hizo extensiva la imagen de potencia sexual a las personas con poder.

No habría ningún problema si el poder perteneciera al individuo superior. Generalmente no es éste el caso hoy en día. Lo contrario sucede frecuentemente. El hombre que necesita y busca poder es, en la mayoría de los casos, un tanto impotente en lo sexual. El poder constituye su forma de compensar una falta de potencia sexual.
En términos generales, el grado de narcisismo es inversamente proporcional a la potencia sexual. Sin embargo, para comprender esta afirmación, nuevamente tenemos que reconocer el nexo entre la potencia sexual y el sentimiento. Para el hombre, la potencia sexual no se mide por la frecuencia de la actividad sexual o por su potencia erectiva. La actividad sexual frecuente tal vez sea compulsiva, derivada de una necesidad de reafirmarse, o tal vez sea impulsiva, derivada de la incapacidad de contener la excitación sexual. La potencia erectiva, tal vez sea una maniobra de poder. En efecto, en un lenguaje corporal, el hombre podría estar diciendo a la mujer: Ve que poderoso soy. Desafortunadamente, este interés es a costa de su propio placer y su propia satisfacción. Lo que denota es la capacidad típicamente narcisista de aprobación y admiración. En última instancia, tampoco la mujer se satisface. La verdadera potencia sexual se mide por la profundidad del amor que se sienta por la otra persona. Estos sentimientos están muy reducidos en los narcisistas.

LA RELACIÓN CON LA ENVIDIA Y LA IRA

¿Por qué los que se dedican a la búsqueda del poder nunca sienten que ya tienen suficiente? El poder puede cargar de energía a la imagen, pero no hace nada por el yo y los sentimientos. Una dedicación excesiva de energía en la lucha por el poder reduce la que se puede destinar al placer sexual. Desviado de la verdadera fuente de la potencia sexual, la persona busca más poder.

Un aspecto importante de la naturaleza del poder es la envidia que provoca en los demás. La persona envidiosa ansía desesperadamente porque se siente inferior, poco importante e impotente. Si el poder provoca envidia, genera temor y conduce a la hostilidad.
Cuando el poder es grande, es fácil que uno se vuelva paranoide. El dicho: Intranquilo es el sueño de los poderosos, encierra una sabiduría antigua. Nunca pueden estar completamente seguros de quienes son sus amigos.
La envidia no es amor. La persona con poder es temida y por ello no puede ser amada.

La emoción correlacionada con el miedo es la ira. Pero los narcisistas son tan incapaces de sentir enojo como de expresar o sentir cualquier otro sentimiento.
La ira no es lo mismo que el enojo. Aunque en un arranque de ira hay un fuerte elemento de enojo, las dos expresiones no son idénticas. La ira tiene una cualidad irracional -simplemente recordemos la frase una ira ciega. El enojo, por el contrario, es una reacción con un objetivo; se dirige a quitar una fuerza que está actuando contra la persona. Cuando se quita o nulifica la fuerza, el enojo cesa. El enojo verdadero se mantiene proporcional a la provocación; es una respuesta racional a un ataque.

Sin embargo, la ira no va de acuerdo con la provocación; es excesiva. Tampoco cede la ira cuando ya no existe la provocación; continúa hasta que sale toda. Y la ira es destructiva, en lugar de constructiva.
Es significativo que un estallido de ira narcisista se relacione estrechamente con la experiencia de frustración, de no poder salirse con la suya; en otras palabras, de sentir que no se tiene poder. Cuando la ilusión se desvanece, la ira asociada con la traición original -un insulto más significativo que ocurrió en la primera infancia y al cual uno no puede responder en ese tiempo- se manifiesta como la erupción de un volcán. Pero como no es consciente, sino ciega, es ineficiente como remedio para la herida.
La provocación actual tal vez sea intrascendente, pero esa provocación evoca en el inconsciente de la persona el recuerdo de un antiguo insulto ante el cual no pudo responder cuando ocurrió.
Como hemos visto, esta experiencia de humillación es lo que está por debajo de la búsqueda de poder del narcisista. Ellos creen que mediante el poder pueden borrar el insulto. Toda amenaza a su poder o a su imagen los hace sentir sin poder y les recuerda el miedo de sentirse humillados.



martes, 7 de noviembre de 2017

Psicología del Deporte. Integración Cuerpo-Mente, parte 3



3
Aprender a relajarse

¡No podemos mantenernos en tensión y relajados al mismo tiempo! Dado que la más ligera actividad mental o corporal incluye la contracción de algunos músculos, resulta interesante fijarse en nuestra actividad muscular. ¿Cuántos y cuáles de nuestros músculos están tensos? ¿Estamos usando otros músculos que no son los necesarios? ¿Estamos sentados en forma rígida? ¿Tenemos el ceño fruncido? ¿Qué  podemos decir de los músculos de nuestra espalda, cuello y hombros?  ¿No podemos relajarnos un poco más? Tenemos músculos que trabajan en exceso. A lo largo del día, esas pequeñas tensiones causan presiones e irritabilidades que conducen a cometer errores, a experimentar fatiga y otras dificultades.

¿Cuántas tensiones innecesarias existen en nuestros músculos? ¿Cómo sabemos si estamos demasiado tensos? Si somos de aquellos que, antes de quedarnos dormidos, notamos que nuestros músculos saltan, entonces es que tenemos una excesiva tensión.

Cuando un músculo se tensa en nuestro cuerpo, su opuesto en el par desarrolla una tensión contraria para mantener la parte implicada en la posición adecuada. Cuando un músculo trabaja interrumpidamente sin descanso alguno, ello se traduce en dolor.
El llamado temor a actuar en público, la imposibilidad de poder hablar en un momento dado, fallar un gol, reconocen como origen una excesiva tensión. Y un exceso de tensión interfiere la ejecución del  movimiento.
Cuando un músculo se halla tenso, se contrae o se acorta. Esta contracción afecta también a algunos nervios, que se utilizan para alertar los músculos o llevar mensajes al cerebro. El exceso de tensión nerviosa viene acompañado de un exceso de tensión muscular. Si podemos aprender a percibir nuestras tensiones musculares y ser lo bastante sensibles como para regularlas, entonces evitaremos la sobrecarga y reducir nuestra tensión. La naturaleza nos ha dotado, a este fin, de un tranquilizante incorporado que debemos aprender a usar. Se trata del relajamiento, el cual nos ha de permitir controlar nuestra tensión muscular sin necesidad de medios externos.

¿QUÉ ES EL RELAJAMIENTO?

El relajamiento significa abandonarse y no hacer nada absolutamente con nuestros músculos.  El relajamiento es lo contrario del movimiento, es la reducción de la actividad de los músculos voluntarios e involuntarios. El relajamiento significa no desarrollar ninguna actividad muscular o llegar lo más cerca posible a la actividad cero.
El relajamiento es una aptitud que debe aprenderse. Durante el proceso cabe que desarrollemos una sensibilidad mucho mayor para nuestros sentimientos y reacciones corporales. Una vez hayamos aprendido a dialogar con el cuerpo, podremos pasar a considerar nuestro entorno  en forma activa y efectiva. Contaremos con un control y podremos regular nuestras reacciones ante situaciones problemáticas. Obviamente, el relajamiento no es la panacea para todo y existen situaciones en las que el estímulo, la tensión y la preocupación mental sean necesarias.
Sin embargo, una vez hayamos llegado al convencimiento de que un exceso de dicha reacción puede resultar contraproducente, necesitaremos aprender a como regular nuestra reacción de modo que alcance el nivel justo para maximizar nuestra actuación.

El relajamiento facilitará asimismo la recuperación cuando el tiempo del que dispongamos para descansar sea breve. El relajamiento también promueve el sueño. Si no podemos dormir, el relajamiento ayudará. Pero, quizá, la aportación  más importante que el relajamiento puede hacernos como atletas es enseñarnos cómo regular nuestro nivel de estímulo de modo que no sobrecarguemos el sistema. Para aprender a relajarnos debemos practicar en forma regular, tal como haríamos para cualquier otra técnica deportiva.
En general, las técnicas de relajamiento pueden dividirse en dos: aquellas que se consideran van desde el músculo a la mente, como el relajamiento progresivo de Jacobson, cuyo objeto es adiestrar los músculos para que sean sensibles a cualquier nivel de tensión. La segunda categoría actúan de la mente al músculo, como la meditación trascendental, el adiestramiento autogénico y la imaginación.
Cualquier enfoque resulta efectivo, pero necesitamos experimentarlo para descubrir cual de ellos resulta mejor para nuestro fines.

RELAJAMIENTO PROGRESIVO: DEL MÚSCULO A LA MENTE

 Es una técnica desarrollada por el doctor Edmund Jacobson. Se llama progresiva porque se avanza desde un grupo de músculos a otro, a medida que vamos asimilando el conocimiento. A tal fin, se induce una fuerte tensión a un  grupo de músculos, esforzándonos en identificar como se percibe la misma y liberándola inmediatamente después. Ahora bien, una vez adquirido este conocimiento, es decir, después de que hayamos conseguido ser sensibles a cualquier tipo de tensión, automáticamente la identificaremos y la liberaremos. Este es el objetivo básico del adiestramiento en relajamiento progresivo.

Hagamos un pequeño experimento. Extendamos al máximo la mano hacia atrás. Quizá experimentemos una sensación de dolor en la muñeca y también sentiremos algo más en el músculo: tensión. Dejemos que ésta desaparezca permitiendo a la mano que descienda de nuevo, completamente relajada. Repitamos la acción de nuevo, pero aplicando sólo la mitad a la tensión del músculo. Intentemos determinar a cuánto equivale la mitad, identifiquémosla, y luego aflojemos una vez más. Volvamos  a hacerlo ahora con una cuarta parte de la tensión en los músculos, retengamos por un momento y aflojemos después. Ahora, apliquemos al músculo sólo la tensión suficiente para sentirlo. Cabe que requiramos una atención máxima. Básicamente, éste es el principio del relajamiento neuromuscular. Llegaremos a ser sensibles a la tensión, de la misma manera que una persona ciega desarrolla una sensibilidad al punteado en relieve del alfabeto Braille.  Aprenderemos a detectar la más leve tensión y comenzaremos a ajustar automáticamente. Durante el proceso de aprendizaje, seguiremos creando tensión y aflojando, hasta reconocer la diferencia.

No nos es posible pensar sin tensión. Pensamos con nuestros músculos. No soñamos ni pensamos sin que ocurra cierta tensión muscular. Cuando hayamos aprendido a relajar los músculos faciales, los músculos oculares, la lengua , las cuerdas vocales y los músculos de la garganta, podemos dejar de pensar por completo.

Otra ventaja de aprender a relajarnos con esta técnica es la capacidad de detener lo que llamamos doble pensamiento. Aprendiendo a relajar todos los músculos, excepto los que se necesitan para desarrollar la labor emprendida, podemos detener el doble pensamiento y desembarazarnos de toda la carga sensorial y de la actividad nerviosa que esta bloqueando el programador. De hecho, no sólo podemos valernos del relajamiento para quedarnos dormidos, sino que también podemos utilizarlo para ayudar a concentrarnos. Con ello,  podemos estudiar en forma más efectiva.
También existe el relajamiento diferencial, el cual supone aprender a relajar todos los músculos, excepto los que se necesitan para la labor en curso, significando un considerable ahorro de energía. Son pocos los que pueden hacer esto; la mayoría de los atletas implican todo su cuerpo cuando, en realidad, es sólo un grupo muscular el que debiera entrar en acción.

Cuando aplicamos un control consciente podremos darnos cuenta de ligeros espasmos o contracciones en nuestros músculos. Son producidos por el aflojamiento de fibras encogidas y tensas. A medida que nos adiestramos en el relajamiento, descubrimos que no desarrollamos tanta tensión residual y que, como resultado de ello, nos encontramos más descansados durante el día. Podemos adquirir el arte de conservar energías y con ello habremos aprendido un nuevo tipo de autocontrol, que se convertirá en una reacción habitual a la tensión innecesaria.

COMO DESARROLLAR EL RELAJAMIENTO PROGRESIVO

Busquemos un sitio relativamente tranquilo y libre de distracciones, que goce de una temperatura agradable. Aflojemos la ropa y podemos quitarnos los zapatos. Si hay un músculo lesionado, evitemos generar demasiada tensión en él.
Coloquémonos  en una posición cómoda, preferiblemente echados de espalda sobre una alfombra en el suelo. Relajemos caderas, muslo y piernas, de tal modo que nuestros pies se inclinen hacia nosotros por el lado del dedo pequeño. Los brazos deben encontrarse a lo largo del cuerpo, ligeramente flexionados en los codos. Las manos también ligeramente flexionadas. Cabe una almohada bajo nuestras rodillas. Un apoyo para el cuello puede aumentar la comodidad.

Manos y Brazos (Lección 1)
  •  Doblemos la mano del brazo dominante hacia atrás, dedos rectos, como si tratáramos de colocar el reverso de la mano sobre el antebrazo.
  • Mantengamos esta posición aproximadamente 10 segundos, relajémonos y aflojemos.
  • Identifiquemos el punto en que se siente la tensión. Repitamos.
  • Ahora doblemos la mano tratando de tocar con los dedos la parte inferior del antebrazo. Mantengamos esta posición, sintamos la tensión, relajémonos y aflojemos. Repitamos.
  • Repitamos toda la secuencia con el otro brazo.
  • Repitamos toda la secuencia con ambos brazos, con la mitad de tensión, relajándonos lentamente.
  • Repitamos toda la secuencia con solo la tensión suficiente para identificarla, mantengamos la posición, relajémonos y aflojemos.
  • Partiendo de los músculos del antebrazo, movámonos hacia el brazo dominante repitiendo la secuencia, doblando el codo para introducir tensión en los bíceps. Empecemos con tensión máxima, relajémonos y repitamos.
  • Repitamos de nuevo con la mitad de tensión, relajémonos y repitamos.
  • Repitamos con la tensión suficiente para identificarla, relajémonos y repitamos.
  • Repitamos la secuencia con el brazo no dominante.
  • Repitamos la secuencia con ambos brazos.
  • Centrando la atención en los músculos extensores del brazo, hagamos presión contra el suelo con ambas muñecas, mantengámonos en esa posición y relajémonos. Repitamos la secuencia con la mitad de tensión, y después con la suficiente para identificarla.
  • Utilizando ambos brazos, aumentemos ligeramente la tensión desde los extremos de los dedos hasta los hombros, sin movernos. Intensifiquemos la tensión un poco más, todavía más y sigamos aumentándola gradualmente hasta una intensidad máxima, con los puños cerrados fuertemente. Mantengamos y lentamente aflojemos la tensión un poco cada vez, hasta que los brazos estén libres de ella. Sigamos relajándonos más y más.
  • Repitamos la tensión y el relajamiento con solo la mitad de la tensión y, después, solo con la suficiente para identificarla.
La lección 2, es para pies y piernas. La 3 debe comprender abdomen, espalda y nalgas.  En la 4 trabajamos hombros y cuello, en la 5 los músculos faciales y oculares y en la 6 mandíbulas y garganta. Cada una de 30 minutos aprox. Pueden consultarse en: alekstena.blogspot.com.mx

INSTRUCCIONES PARA EL RELAJAMIENTO PROGRESIVO
  •  Para alcanzar los mejores resultados, hagamos que alguien nos lea las instrucciones. Si no es posible, grabemos una cinta.
  •  Al leer las instrucciones, mantengamos un nivel de voz normal, espaciándolas para efectuar los ejercicios a medida que vamos leyendo. Asegurémonos de que mantenemos la tensión durante el tiempo suficiente para percibirla e identificarla, y después relajemos. Hagamos una pausa entre las instrucciones. Tensemos los grupos de músculos grandes más tiempo que los de músculos pequeños.
  •  Recordemos que la producción de tensión tiene como fin aprender la técnica de relajamiento. Una vez que hayamos aprendido a identificar cualquier nivel de tensión en el músculo, podremos relajarnos a partir de este punto sin producir una tensión adicional.
  •  Una práctica fiel resulta esencial. Practiquemos siempre que podamos
  • Si nos sentimos inquietos e incómodos, esto es una indicación de excesiva tensión corporal.
  •  Si consideramos que no podemos tolerar 30 minutos sin hacer nada, necesitamos centrar nuestra atención en nuestra respiración y tratar de liberar nuestra tensión en los grupos musculares. La impaciencia, la irritabilidad y el desasosiego son todos ellos signos de excesiva tensión.
  •  Quedaremos sin expresión facial cuando los músculos estén completamente relajados.   Perderemos la noción del tiempo y no sabremos sin han transcurrido 10 minutos o media hora.
  •  La repetición es la clave del aprendizaje.
  •  A algunas personas les produce ansiedad el  relajamiento porque creen que pierden el control.   Esto no debe preocuparnos. Cuando aprendemos a relajarnos, adquirimos control en lugar de   perderlo.
  •  Terminemos la sesión efectuando cinco inhalaciones profundas. Sintamos como fluye la energía, y como nos percibimos despiertos y descansados.
 En resumen, el relajamiento no es una magia, sino un conocimiento que debe adquirirse y practicarse para que resulte efectivo. Teóricamente, nunca deberíamos sufrir una crisis nerviosa una vez estemos adiestrados en relajamiento, dado que nunca alcanzaremos dicho punto de sobrecarga.