lunes, 4 de agosto de 2014

El poder de las emociones, parte 2


Clasificación de las emociones

Las emociones son muchas y muy variadas. Si las detectamos a tiempo, las podemos orientar para nuestro beneficio y desarrollo personal. El dilema es que usualmente no estamos conscientes de ellas porque no nos han enseñado como hacerlo. Necesitamos reeducarnos y aprender de ellas.
Toda emoción es parte integral del ser humano, todo lo bueno y lo que juzgamos malo. El sentimiento dura, en gran medida, lo que tu decidas que dure, y en cada persona es diferente. El punto principal reside en estar conscientes de lo que sentimos, porque la conciencia coexiste con el sentimiento, ambos funcionan juntos.

 Si nos aferramos a nuestros estados emocionales y sentimientos, nos limitamos para seguir adelante, ya que no nos percatamos de que vivimos anclados en el pasado. Lo ideal es fluir con el presente, vivir el aquí y el ahora, conscientes para escuchar nuestras emociones y aprovecharlas como nuestra fuerza más poderosa.
En realidad, lo que todos queremos es sentirnos cada día mejor con nosotros mismos. Las emociones son excelentes mensajeros para detectar lo que nos gusta y lo que no, representan a nuestros mejores amigos.

Los estados emocionales se guardan en la memoria de acuerdo al grado de impresionabilidad, la cantidad e importancia, y su durabilidad.
Por un lado, existen las emociones “naturales”, que surgen como una respuesta casi inmediata a un estímulo del exterior. Las tenemos programadas para responder apenas suceda algo. Éstas son miedo, ira, tristeza, odio, alegría y aceptación.
Y por otro están las “aprendidas”, son emociones un poco más complejas. Estas son: culpa, envidia, frustración, rechazo, humillación, resentimiento.

Todas las emociones son útiles en el contexto adecuado. Sin embargo, si te permites manejarte por las negativas, y que permanezcan en ti más de dos minutos, se vuelven perjudiciales; te ocasionan desde malestares a enfermedades.
En todos los casos, la emoción te deja enseñanzas. Revertir las emociones con efectos negativos implica firmeza. Las grandes maestras para implantar nuevas costumbres son la determinación y la práctica.
Analicemos las emociones naturales comenzando con la:

Ira
La ira o cólera se experimentan con furor. Es poderosa y nos lleva a actuar con energía. La ira surge cuando no se cumplen las expectativas que tenías. Estás en desacuerdo con lo que sucede porque no va con tus criterios y normas.
Antes de que la ira te maneje como si fueras el jinete de un caballo desbocado, evita motivos para engancharte. Si hay necesidad de expresarla que sea sin que te tiranice. Si la reprimes te daña; si la expresas sin ton ni son, perjudicas a otros y luego te arrepientes de lo que hiciste.

Es posible que sean tus expectativas las causas de tu ira.
La ira con raíz en la soberbia dice : “Yo que soy tan bueno, no merezco este maltrato”. “mi querer y mi parecer deben ser respetados”.
La ira con raíz en la amargura dice: “Todo el mundo está en mi contra”.
La ira cuya raíz esta en el dolor actúa: “Este dolor es intolerable”, “he sufrido demasiado en mi vida”.
Hay ira con raíz en la intolerancia, y se manifiesta desde quien se cree superior y desacredita a quien juzga, al decir, por ejemplo, “no lo soporto”. En niveles más altos, desencadena guerras y genocidios.

La tolerancia es la convivencia armónica de las diferencias. Nuestro poder  frente a la intolerancia pertenece a nuestra actitud y nuestra estructura mental. La autonomía de expresión emocional es liberadora. Sentir y expresar enojo en forma apropiada, sin odios, ni insultos, es saludable y se convierte en un antídoto para el veneno de la hostilidad retenida que después se transforma en venganza, agresividad y otras enfermedades.

Miedo
Todos somos vulnerables al miedo. A muchos no nos gusta admitir que lo sentimos porque lo relacionamos con fragilidad, sin embargo, el miedo es una emoción natural y, en el contexto adecuado, suele ser muy útil.
Para hablar del miedo, damos rodeos y decimos que tenemos muchas cosas, menos miedo, porque no sabemos como enfrentarlo. Algunas veces evadimos la situación y creemos que el miedo se ira por sí mismo. Pero no se va a ir, porque es tan natural en nosotros como sentir tristeza, alegría o ternura. Nuestro verdadero problema es cuando nos paraliza y no nos deja reaccionar.

El miedo es sólo un estado emocional. Es una fase mediante la cual la mente se activa y nos alerta para evitarnos la pena, el ridículo, el dolor del fracaso o incluso y más importante: un peligro.
Precisamente porque no solemos aceptar que sentimos miedo, le ponemos un sinnúmero de nombres o lo disfrazamos con frases como:”estoy estresado”, “mi pareja no me comprende”,” estoy muy nervioso porque no encuentro trabajo”, “que va a ser de mis hijos”, “estoy tan lleno de trabajo”.
Resulta entonces en un estado de temor constante el cual se representa en una inquietud enfermiza casi permanente. Todo esto implica intranquilidad y nos arrebata la paz interior. Lo que nos preocupa y nos aflige, al final termina por ser un tormento abrumador que lo hacemos más grande.

Pero el miedo puede ser un estado verdaderamente poderoso. Lo podemos usar para estar completamente despiertos, pues agudiza los sentidos: nos mantiene en estado de alerta. La verdadera función del miedo es disponernos para pelear o correr, ya que nos asegura que tenemos los recursos necesarios para entrar en acción. Aquello a lo que temes, tal vez, es precisamente lo que debes hacer.

El miedo puede ser irracional, con sus variantes, o racional. El miedo irracional, es el pavor a lo desconocido. De aquí se desprenden los demás miedos irracionales. Nos escondemos para impedir que nos señalen nuestras fallas. Éste es el miedo a vernos tal y como somos, a reconocer y descubrir la realidad; de allí el pánico al ridículo. Este miedo provoca que el peligro se vea mayor de lo que es. Nos paraliza y limita para entrar en acción.
Estos miedos, por lo regular, son invenciones de nuestra mente, son fantasías; no obstante, piensa que, así como le das poder al miedo, le puedes otorgar poder a la confianza. ¿Cuáles son nuestros principales miedos?

Cuatro manifestaciones de inseguridad que impiden el equilibrio son los miedos siguientes.
Miedo al fracaso: Es el miedo a no ser suficientemente bueno. Se necesita tener una visión pesimista y de poca valía para que nos acobarde una situación, para creer que se es un fracasado. El fracaso en sí, es imposible. Existe sólo si tu lo crees: si tu te evalúas como fracasado, entonces lo serás.
Pensar en no hacer algo porque crees que fracasarás, sólo te servirá para detenerte.

Este miedo puede haberse generado desde que eras pequeño, cuando te equivocabas y los adultos te regañaban de tal forma que tu inconsciente lo grabó como un fracaso. Es por ello que evitábamos intentar algo otra vez, porque si nos volvíamos a equivocar, nos regañarían de nuevo y eso sería otro fracaso.
Es inteligente reconocer que nos podemos equivocar. Podemos aprender de cada error y corregirlo. Error no es sinónimo de fracaso; es, más bien, sinónimo de oportunidad. Renueva tus definiciones de éxito y fracaso para poder cambiar el resto de tus patrones de conducta.

Miedo al éxito: es el miedo a rebasar las creencias que te han impedido enfrentarte a nuevos y mayores retos. ¿Qué es el éxito para ti?, ¿lograr el reconocimiento de los demás? o ¿alcanzar tu propio reconocimiento? ¿Tienes miedo de equivocarte porque no toleras tus propios errores y debilidades?, ¿por qué tienes miedo a que te vean tal como eres y no como quisieras que te vieran?, ¿por qué todavía quieres seguir viviendo detrás de las máscaras que te inventaste?. Si es así, la única persona a la que engañas es a ti.
Reconsidera tu actitud ante el éxito y en todo lo que puedes perder si no te arriesgas. Dejar atrás ese miedo te impulsará a conseguir tus metas y a consolidar tu autoestima. De otra manera, desencadenas el llamado autosabotaje.
Auto sabotearte por  miedo a “no dar el ancho” es distinto a fallar simplemente debido a malos hábitos. Viene de la idea de que continuar o hacer algo traerá dolor. Lo que hay que hacer es retomar el control y no hacer caso a la creencia de que ciertas cosas sólo te ocasionarán sufrimiento. Educa a tu mente para que no vuelva a confundir una situación favorable con una potencialmente dolorosa.

Miedo a hablar en público: el terror de hablar en público, el conocido pánico escénico, ha sido calificado por los expertos como uno de los mayores miedos de los seres humanos. Es el temor de no saber como vamos a hablar y actuar frente a un grupo especialmente numeroso. Sentimos riesgo de perder nuestra imagen y quedar en ridículo.

Miedo a ti mismo: se manifiesta por la angustia que nos causa el miedo a conocernos, a vernos tal y como somos, a reconocer y descubrir la realidad; de allí el pánico al ridículo. De este miedo se desprenden otros: al compromiso, a estar solo, al cambio y al rechazo.

El miedo al compromiso es una exigencia a que respetes la palabra que das ya que, sin compromiso, no hay acuerdos. Es un pacto contigo mismo, sigues siendo libre y ahora destinas la libertad hacia lo que tú mismo has prometido.
El camino del compromiso esta lleno de obstáculos, de contrastes, de sinsabores; y todo esto es aprendizaje. Es un contrato que demanda de ti la decisión de ampliar tus criterios y progresar con firmeza en el manejo de tus emociones.

El miedo a estar solo es, en realidad, un sentimiento de vacío por dentro. Alucinas que debes llenar ese hueco con algo o alguien más. Has estado huyendo de ti mismo. Necesitas comunicarte con tu ser interno. Te falta vincularte contigo mismo y con otros sin intentar impresionar, imponer o manipular.
Tenemos miedo de estar solos y nos saturamos de distracciones externas: el cine, la televisión, los videojuegos, la red de internet, los pasatiempos. Creemos que estar solos es lo peor que nos puede suceder. Cuando estamos solos, brotan un sinfín de emociones. Y si estas dispuesto a escuchar abiertamente sin juicios esos maravillosos mensajes, vas a comunicarte contigo mismo, a enriquecerte, y como resultado, te conocerás mejor y te fortalecerás.
Busca y disfruta tu soledad. Saborea la riqueza de comprender y amarte a ti mismo. Entonces comprenderás que no dependes emocionalmente de los demás para sentirte bien.

Sentimos miedo al cambio aun cuando sabemos que la vida cambia a cada momento, y sin embargo, tendemos a apegarnos a la que consideramos nuestra mejor época. Incluso, llegamos a hacernos intolerantes con respecto a los demás. Somos intolerantes al cambio.
Algunos,, por ese mismo miedo al cambio, son monótonos hasta el aburrimiento.

La flexibilidad implica fluir como lo hacen los niños. Es estar atento a las emociones del momento, ¿qué te quieren decir las emociones? Es sensato aprender a mantenernos flexibles ante la realidad: comprender el punto de vista del otro e interpretar lúcidamente los nuevos acontecimientos.

El miedo al rechazo es no sentirse aceptado tal como eres: si te equivocas ¿Qué van a pensar? Es una preocupación constante que puede ir en aumento, convirtiéndose en ansiedad o en pánico. En realidad es un miedo a no sentirse amado.

Por otra parte, el miedo racional,  es el que mantiene la mente despierta para la acción e implica una serie de cambios fisiológicos, que nos previenen físicamente para tomar una decisión frente a un peligro potencial.

viernes, 1 de agosto de 2014

El Poder de las Emociones, parte 1

Resumen del libro: Figueroa G. D. "El poder de las emociones", Ed. Talento Zeta, México, 2010. 


El Poder de las Emociones

Todos alguna vez nos hemos sentido frustrados, abrumados y enojados; también hemos experimentado euforia, entusiasmo y asombrosos deseos de vivir. Las emociones nos pueden enfermar y destruir, o nos pueden embellecen la existencia. El secreto no consiste en negarlas, sino en usarlas como una palanca para nuestro beneficio.
Las emociones son el cimiento en la creación de nuestro bienestar y éxito en la vida. Desafortunadamente, en la infancia recibimos muy poca instrucción para comprender y usar la energía de las emociones. Cuando nos preguntan “¿ Por qué estás tan feliz?”, es como si tuviéramos que justificar ese maravilloso momento para sentirlo; si nos dicen: “No estés triste”, asumen  que sabemos el camino para entrar y salir de ese humor; o nos reprenden: “¡Estás enojado todo el tiempo!”, como si ese sólo comentario nos pudiera cambiar; luego nos engatusan “No hay nada a lo que haya que tenerle miedo”, como si eso nos garantizara que podemos cambiar el terror que sentimos.

Las emociones te mueven y te motivan, te quitan o te dan ánimo. Las emociones son reacciones complejas del cuerpo a diversos estímulos. Los sentimientos son secuelas profundas de dolor o de placer que te dejan las emociones en la mente y te suben o bajan la moral. Las sensaciones son las impresiones que te producen las emociones en los sentidos. Te estimulan y provocan cambios, (como la relajación o tensión de los músculos; la sudoración, palpitaciones, temblores y cambios en la respiración, entre muchos otros).
Mediante tus sentidos, el cerebro recibe señales y procesa esa información. Reaccionas a ese estímulo con emociones de miedo, ira, alegría o sorpresa. Así, te das cuenta de que te urge cambiar y te previenes para renovarte.

Cada emoción te deja una huella. Por ejemplo: la cólera y la culpa te dejan resentimiento; la alegría y la gratitud te producen satisfacción. Todas te legan un aprendizaje si resuelves beneficiarte de ellas.
De la misma manera que para ser un experto en medicina o abogacía estudias una carrera universitaria, si se desea ser experto en el manejo de las emociones es imprescindible profundizar en el conocimiento de ellas; por ejemplo:¿ qué te provoca dolor?, para poder remediarlo ,y/o en el de cómo creas tu propio bienestar.

Emociones

Antes de clasificar las emociones, conozcamos los hábitos emocionales, cómo los enfrentamos y cómo los grabamos.

Hábitos emocionales

Estamos inmersos en hábitos conscientes e inconscientes que prácticamente nos controlan. Aunque creemos conocerlos, en realidad no los dominamos. Vivimos sin reparar en los efectos que repercuten en nuestros patrones de conducta. Por ejemplo, quizá acostumbres posponer, o lo primero que haces es criticar a los demás o mentir. Estas reacciones suelen ser automáticas porque no las analizas. Parecen tan “normales” que no te percatas de cómo estas conductas te vulneran.
Parte del trabajo para hallar las estrategias adecuadas para avanzar consiste en distinguir los patrones de conducta que te lo impiden.
Si aprendes a darle órdenes claras e inteligentes a tu mente, puedes convertir tus hábitos en aliados.
Por ejemplo: Si estás en una reunión, cada vez que critiques o te quejes, aun mentalmente, exprésales a los demás tu deseo de quitarte lo criticón o quejumbroso que eres.
Adopta el hábito contrario. Reconoce con sinceridad, sin halagos, las cualidades de los otros. Cada vez que veas a una persona, acostúmbrate a observar qué cualidades le destacan y menciónaselas. Es un obsequio de calidad.
Cada vez que te quieras quejar de algo, vete al otro extremo, aprecia lo bueno.

Evita la pésima costumbre de posponer las cosas. Se honesto, elimina tus propios pretextos y frases como: “Yo quisiera”, “Si pudiera”, “ Yo debiera”, “Después”. Crea, en su lugar, el hábito de decir: “Yo quiero”, “ Yo puedo”, “Voy a hacer”, “Ahora”.
Imagínate diez o veinte años adelante, sin haber logrado tus metas. ¿Qué sentimientos te ocasiona verte así?, ¿cuáles son las consecuencias?
Ahora, visualízate en el futuro habiendo superado los retos que antes tenías. Contémplate alcanzando tus sueños. Mira hacia atrás, ¿qué satisfacción te produce una firme decisión?. Conserva estas imágenes.

Recuerda una emoción negativa que experimentas regularmente, por ejemplo: frustración, desánimo, tristeza. Reconoce tus hábitos para crear y sentir esta emoción: ¿Qué piensas, que caras haces, que partes del cuerpo tensas, cómo es tu respiración y que te dices mentalmente?
Ahora, destina unos minutos con los ojos cerrados. Evoca todas las cosas por las cuales te sientes agradecido. Recrea nuevamente las escenas en tu mente. Vuelve a sentir la alegría por todo lo que has recibido. Repasa los dones que has heredado, tus superaciones y éxitos.

Al terminar, tu respiración y tu cuerpo estarán renovados. Tus gestos serán relajados y amables, te veras agradecido, alegre y dispuesto a lo que siga.
Encuentra las estrategias apropiadas para exterminar los hábitos nocivos, distingue los patrones de conducta que te impiden avanzar. Tu mismo puedes construir sólidos hábitos emocionales para enriquecer la calidad de tu vida.

¿Cómo nos enfrentamos a nuestras emociones?

En primer lugar, intentamos negarlas. Pretendemos no hacerles caso, aunque nos estén abordando en forma insistente, y afirmamos: “Yo no tengo miedo”; o cuando nos cuestionan y contestamos: “Pero si yo no soy así”. Otras veces, fingimos sentirnos bien cuando en realidad nos sentimos incómodos y heridos. ¡Tan fácil que sería expresar lo que sentimos!: “estoy molesto por….”; sin embargo, en lugar de eso, negamos nuestras emociones.

Algunas veces nos sugestionamos por fanatismo, ira, tristeza, rencor; por sentirnos aceptados o por otros factores. Ni siquiera alcanzamos a razonar y actuamos desde el instinto.
Nos dejamos llevar por el miedo y queremos refugiarnos en el exceso de alimentos, las drogas o el alcohol. Asimismo, nos sugestionamos al engañarnos con pretextos o al cometer actos que no van con nuestro código de ética como mentir, calumniar o robar, nos justificamos mencionando: “Era necesario”, “no podía ser de otra manera”, “el fin justifica los medios”.
También existe la sugestión positiva, como cuando nos dejamos llevar por el efecto placebo. O, incluso, nos sugestionamos cuando nos damos ánimos antes de un examen, una competencia o cualquier suceso significativo.

Otras veces nos identificamos con ellas. Hay frases que son muy comunes como: “Soy enojón, así que ¿Qué me ves?”, “soy avaro, así soy y ni modo” o “soy miedoso, yo no lo puedo hacer”. Es claro cómo en vez de buscar la forma de ser mejores, nos colocamos en una posición conformista que sigue hundiéndonos en el error. No se trata de negar cómo somos, sino de reconocerlo y hacer algo para poder solucionarlo.

Cuando aprendes a identificar y escuchar el mensaje de tus emociones, logras ponerte en contacto contigo mismo. Tus apoyos son la autoobservación, el firme deseo de mejora continua y la práctica constante de ejercicios.
Si un resentimiento antes te duraba tres años, posteriormente tres meses, luego dos días y, finalmente, sólo unos minutos, notaras un gran adelanto. Si no acostumbrabas enfrentar el miedo y ahora, desde que lo percibes, empiezas a enfrentarlo, tu avance ha sido extraordinario.

 Con el resto de las emociones es similar: mantente alerta de sus mensajes desde el principio. Destruye inmediatamente su efecto negativo: “Mata al monstruo cuando todavía es pequeño“.
Cada emoción tiene un propósito y te abre una ventana de posibilidades para mejorar. Descubre los mensajes, fluirás con más facilidad, te nutrirás de confianza para lograr lo que buscas.

martes, 29 de julio de 2014

El poder simbólico de los chakras, los sacramentos y las sefirot, parte 4

Nivel seis: La fusión del chakra de la mente (Ajna), el sacramento del orden y las sefirot de Biná y Jojmá. El poder generado por estas cuatro fuerzas arquetípicas transmite al sistema energético la verdad sagrada "Busca solamente la verdad". Del chakra de la mente recibimos la energía para buscar las respuestas a los misterios que se nos presentan. Es un designio divino el que nos impulsa a preguntar: “¿Por qué?”, y a desear saber más de lo que sabíamos ayer. La energía que irradia este chakra nos orienta constantemente a evaluar la verdad e integridad de nuestras creencias. Como sabemos instintivamente desde que nacemos, tener fe en algo o en alguien que carece de integridad contamina el espíritu y el cuerpo.
Maduramos en nuestras creencias paso a paso, experiencia en experiencia. La energía del sexto chakra es implacable: nos empuja a abandonar las percepciones que no son ciertas. Cuando actuamos en contra de esta energía, impidiendo conscientemente que entren verdades más profundas en nuestro campo mental, se nubla u obscurece nuestro sistema perceptivo.

El sacramento del orden sagrado, en su sentido literal, es el acto por el cual una persona se hace sacerdote y asume oficialmente la tarea de canalizar lo sagrado. Todos deseamos contribuir a que las vidas de otras personas sean valiosas y tengan sentido; es una manera de sentir que lo que hacemos es sagrado. (En el budismo, a esto se le llama “bien vivir”). Sea cual fuere la tarea que uno tiene en la vida -sanador, progenitor, científico, agricultor, buen amigo-, todos podemos ser transmisores de la energía divina. Logramos simbólicamente la ordenación sacerdotal cuando las personas con quienes vivimos o trabajamos reconocen que nuestras contribuciones son beneficiosas para su crecimiento personal o espiritual. El esfuerzo por apoyar y no juzgar a las personas con quienes vivimos o trabajamos crea en nuestro interior un canal para la energía divina. A las personas que irradian apoyo y amor se las reconoce justamente como poseedoras de una energía ordenada. Son arterias de la intervención divina.
La sefirá de Jojmá nos ayuda a equilibrar el razonamiento y el juicio, a mantenernos adheridos a la verdad y a tomar decisiones que creen las mejores consecuencias, para nosotros y para aquellos con quienes nos relacionamos.
Respaldando la energía de Jojmá está la sefirá de Biná, que infunde en la energía del razonamiento humano, con frecuencia endurecida, el poder más suave del entendimiento divino, más ligado a las emociones.

Sólo es posible lograr una auténtica paz respecto a la vida desprendiéndonos de la necesidad de saber el porque de las cosas desde el punto de vista del razonamiento humano y adhiriéndonos al razonamiento divino. “Hazme saber lo que soy capaz de saber, y confiar en que detrás de todos los acontecimientos, por dolorosos que sean, existe una razón, de la cual puede salir lo bueno.

Nivel siete: La fusión del chakra del espíritu (Sahasrara), el sacramento de la extremaunción y el sefirá de Keter. El poder generado por estas tres fuerzas arquetípicas transmite a nuestro sistema energético la verdad sagrada"Vive en al momento presente". Dado que en esencia somos seres espirituales, las necesidades espirituales son tan importantes para nuestro bienestar  como las necesidades físicas, e incluso tal vez más.
El chakra del espíritu nos dice que nuestro espíritu es eterno. Permitir que nuestro pensamiento viva demasiado tiempo en el pasado es antinatural para nuestro diseño divino; ese desequilibrio origina deformaciones del tiempo que obstaculizan nuestra capacidad de vivir en el presente y recibir una orientación espiritual cada día. Si vivimos totalmente en el momento presente, esos misterios del ayer se desentrañarán poco a poco.
El espíritu de la persona se siente instintivamente atraído hacia esa verdad sagrada. De ella recibe la inspiración que la eleva al éxtasis. Prosperamos, y sanamos, en momentos de éxtasis, cuando el espíritu se hace más fuerte que el cuerpo y el cuerpo puede responder a los mandatos del espíritu.

La necesidad de vivir en el momento presente es apoyada por el sacramento de la extremaunción. En su sentido literal, este sacramento fue creado para ayudar a las personas a liberar su espíritu antes de la muerte. En su sentido simbólico, este sacramento reconoce la necesidad de recuperar, de rescatar nuestro espíritu, para concluir los asuntos que quedaron inconclusos en diversos momentos de la vida. La energía de este sacramento nos proporciona la capacidad de soltar nuestras experiencias pasadas para no llevar “la muerte a cuestas”. El poder y simbolismo de este sacramento, por lo tanto, no se limitan al final de la vida. Necesitamos, biológica y espiritualmente, poner un cierre a todas las cosas, y podemos recurrir a esta energía sacramental para que nos ayude a hacerlo. Después de cualquier experiencia dolorosa y traumática, siempre recibimos una orientación interior que nos ayuda a desprendernos del pasado y continuar viviendo. Cuando elegimos mantener el pasado más vivo que el presente, obstruimos la circulación de la fuerza vital. Distorsionamos el “presente”, porque comenzamos a ver todo lo que ocurre “hoy” a través del pasado, debilitando así el cuerpo y el espíritu. Enfermamos por “llevar lo muerto a cuestas” durante demasiado tiempo.

De la sefirá de Kéter, que simboliza nuestra conexión con el mundo de lo infinito, recibimos el conocimiento de que no existe la muerte; sólo existe la vida.

Las verdades contenidas en las escrituras de las diferentes tradiciones religiosas tienen por finalidad unirnos, no separarnos. Cuando alejamos la atención del mundo externo y la dirigimos al mundo interno, aprendemos a desarrollar una visión simbólica. Por dentro, todos somos iguales, y los desafíos espirituales con que nos encontramos son los mismos. Nuestras diferencias externas son ilusorias y temporales, meras propiedades físicas.

La fusión de las tradiciones hindú, cristiana y judía en un solo sistema con verdades comunes constituye un potente sistema de orientación que puede expansionar la mente y el cuerpo y enseñarnos el modo de gobernar nuestro espíritu en el mundo.

viernes, 25 de julio de 2014

El poder simbólico de los chakras, los sacramentos y las seffirot, parte 3


Poder interno

Nivel  cuatro: La fusión del chakra del poder emocional (Anahata), el sacramento del matrimonio y la sefirá de Tiféret.
El poder generado por estas tres fuerzas arquetípicas nos transmite la verdad sagrada "El amor es poder divino". Es el punto central del poder dentro del sistema energético humano, la puerta simbólica de acceso a nuestro mundo interno.
La energía de este chakra nos comunica el conocimiento de que el amor es el único poder auténtico. No sólo la mente y el espíritu necesitan amor para sobrevivir, crecer y prosperar; también lo necesita el cuerpo físico. Violamos esta energía cuando actuamos de modo no amoroso con los demás. Cuando albergamos emociones negativas hacia los demás o hacia nosotros mismos, o cuando producimos dolor a otras personas intencionadamente, envenenamos nuestro sistema físico y espiritual. El veneno más potente para el espíritu humano es la incapacidad de perdonarnos a nosotros mismos o de perdonar a otros. Esto inhabilita los recursos emocionales de la persona. El desafío propio de este chakra es perfeccionar nuestra capacidad de amar a los demás y a nosotros mismos, y desarrollar el poder del perdón.

En su sentido simbólico, el sacramento del matrimonio introduce en nuestra vida la necesidad y la responsabilidad de explorar el amor. Primero hemos de amarnos a nosotros mismos, y nuestro primer matrimonio debe ser simbólico: el compromiso de atender conscientemente a nuestras necesidades emocionales, para así poder amar y aceptar a los demás incondicionalmente. Aprender a amarnos es un desafío para todos. Nadie nace amándose a sí mismo; es algo que debemos trabajar. Cuando nos desatendemos emocionalmente, no sólo nos envenenamos nosotros, sino que también inyectamos ese veneno en todas nuestras relaciones, en particular la conyugal.
La sefirá de Tiféret, que simboliza el corazón y el sol que hay dentro del cuerpo humano, late y nos transmite las energías de la compasión, la armonía y la belleza, las cualidades tranquilas del amor. Somos seres compasivos por naturaleza, y prosperamos en un ambiente de tranquilidad y armonía. Estas energías son esenciales para la salud física, así como para el desarrollo emocional y los “actos de corazón”. Cuando el corazón no rebosa de las energías vitales del amor y la armonía, ni el dinero ni el poder, por mucho que sea, le permiten estar en paz. Un corazón vacío genera una vida vacía, y la consecuencia de ello suele ser una enfermedad, la expresión concreta de la falta de armonía que, en el mejor de los casos, atraerá la atención de la mente. Es necesario rectificar las violaciones al corazón; si no, será imposible la curación.

Nivel cinco: La fusión del chakra del poder de la voluntad (Vishuddha), el sacramento de la confesión y las sefirot de Jésed y Gueburá.
El poder generado por estas cuatro fuerzas arquetípicas nos transmite la verdad sagrada"Entrega tu voluntad a la voluntad divina. Esta entrega es el acto más importante que podemos realizar para dar estabilidad espiritual a nuestra vida. Todos y cada uno de nosotros tenemos cierta conciencia que hemos nacido para una finalidad concreta, que la vida contiene un plan divino. El quinto chakra es el centro de esta conciencia y de nuestro deseo de contactar con el plan divino.
Esa sola elección, hecha con fe y confianza, permite que la autoridad divina entre en nuestra vida y convierta nuestros esfuerzos en éxitos y nuestras heridas en fuerzas.

En su sentido simbólico, el sacramento de la confesión nos comunica el conocimiento de que distorsionar la verdad va en contra de nuestro diseño natural. Mentir es una violación del cuerpo y del espíritu, porque el sistema energético humano identifica la mentira como un veneno. El espíritu y el cuerpo necesitan sinceridad e integridad para prosperar. La confesión simboliza la depuración de todo lo que no es honrado en nuestro interior. Sana el daño que creamos por el mal uso de nuestra fuerza de voluntad. Limpiar el espíritu es el paso esencial del proceso de curación. La confesión recupera, rescata al espíritu del dominio del mundo físico y lo reorienta hacia el mundo divino.

De la sefirá de Jésed, que significa “grandeza” y “amor”, recibimos el instinto natural y la directriz espiritual de hablar de forma que no hagamos daño a otras personas. En realidad, no debemos confesar nuestras faltas o incorrecciones a otras personas si hacerlo va a hacerles aún más daño. El sentido de confesarlas es poder reorientar nuestra energía hacia actos y comportamientos positivos. No estamos hechos para criticar a los demás ni a nosotros mismos; sólo pensamos mal de otras personas por miedo. Decir palabras hirientes a alguien contamina a la persona a quien van dirigidas y a la que las dice, y el cuerpo físico de esta última la hará responsable de esa forma de destrucción (en el Budismo éste es el precepto de Bien hablar). Nuestro conocimiento innato de la responsabilidad genera la culpabilidad que solemos sentir por nuestros actos negativos, y por eso nos sentimos impulsados a confesarlos, para sanar.
La sefirá de Gueburá, que significa “juicio y poder”, transmite a nuestro sistema energético el conocimiento de que jamás debemos juzgar intencionadamente a otra persona ni a nosotros mismos de modo negativo. Los juicio negativos generan consecuencias negativas, tanto en el cuerpo como en el ambiente externo.

miércoles, 23 de julio de 2014

El poder simbólico de los chakras, los sacramentos y las sefirot, parte 2


Nivel dos: La fusión del chakra de las relaciones (Svadisthana), el sacramento de la comunión y la sefirá de Yesod.
El poder generado por estas tres fuerzas arquetípicas transmite a nuestros sistemas la verdad sagrada Respetaos mutuamente.  Del chakra de las relaciones recibimos el poder de actuar con responsabilidad y honradez en todas nuestras relaciones. Esta energía es particularmente activa, ya que vibra en todas las actividades financieras y creativas. La integridad y el honor son necesarios para la salud. Cuando alguien viola de alguna manera su honor o compromiso, contamina su espíritu o cuerpo físico.
En el sentido simbólico, el sacramento de la comunión infunde a nuestro sistema energético la verdad de que cada persona “con la que compartimos una unión” es una parte de nuestra vida. Cuando “partimos el pan” con alguien, reconocemos simbólicamente que todos formamos parte de una sola familia espiritual, la que sabemos que existe por designio divino, y que todos nos necesitamos mutuamente para enriquecer nuestras vidas. El hecho de que algunas de estas “uniones” resulten dolorosas es una necesidad. El desafío es madurar lo suficiente para reconocer esta verdad y vivir conforme a ella. Desde el punto de vista espiritual, es antinatural considerar enemigas a las demás personas o ser enemigo de sí mismo. Las relaciones negativas generan energía negativa, la cual obstruye la visión simbólica. No podemos ver la finalidad divina en una unión que decidimos interpretar negativamente.

La sefirá de Yesod representa la energía comunitaria. Yesod es el falo, la necesidad procreadora de sembrar las simientes de vida, de crear materia de la energía. Yesod simboliza la necesidad energética de formar uniones sagradas con otros seres humanos, uniones de las cuales procede la continuación de la vida. Nos sentimos espiritualmente impulsados a conectar con la sagrado que hay en otras personas, a fundir el alma con una pareja.
Violamos nuestro espíritu cuando no honramos los votos o las promesas que hemos hecho a otras personas dentro de una unión sagrada. A veces la vida nos exige reconsiderar nuestros contratos, y se producen divorcios en el matrimonio y otras uniones. El acto de divorciarse no es deshonroso en sí mismo; pero debemos ser conscientes respecto al modo en que nos comportamos al retractarnos de una promesa.

Nivel tres: La fusión del chakra del poder personal (Manipura), el sacramento de la confirmación y las sefirot de Hod y Nétzaj. El poder generado por estas cuatro fuerzas arquetípicas nos transmite la verdad sagrada Respetate a ti mismo.  Las cuatro fuerzas arquetípicas de este nivel nos impulsan hacia el desarrollo de la estima y el respeto propios.
El chakra contiene nuestro “instinto de supervivencia”, la intuición que nos protege cuando estamos en peligro físico y nos avisa de la energía y los actos negativos de otras personas. Violamos esta energía cuando no hacemos caso de nuestros instintos viscerales.
El sentido simbólico del sacramento de la confirmación es aceptar la responsabilidad de la calidad de la propia persona. Es una experiencia de “iniciación” o una ceremonia de “mayoría de edad”. El espíritu necesita una experiencia o ceremonia así, a modo de señal o marca del paso a la edad adulta; cuando falta este marcador, queda una impresión negativa o vacío, consciente o inconsciente, que se manifiesta en debilidades físicas. Algo así como: la necesidad de recibir la aprobación de otras  personas; la incapacidad de valorarse, y la incapacidad de desarrollar un sentido de sí mismo como persona individual. La capacidad de obtener orientación intuitiva del propio espíritu está en un fuerte sentido del yo y del respeto por ese yo.
Igualmente importante es el papel de la estima propia, o autoestima, en la curación y en el mantenimiento de un cuerpo sano. Cuando no nos respetamos a nosotros mismos, nuestras relaciones con los demás son estados de intimidad temporal y frágil.
La confirmación propia, es decir, el desarrollo y reconocimiento conscientes de un código personal de honor, es importantísima para la creación de un cuerpo sano. No hay salud sin honor.

El sentido simbólico de la sefirá de Nétzaj es la resistencia, que es un poder para conservar la fuerza y la vitalidad. Este poder despierta cuando aceptamos nuestra vida tal como es, y lo perdemos cuando nos centramos en lo que nos falta o cuando pensamos que la vida es hueca, que carece de sentido. El sentido simbólico de la sefirá de Hod es majestad o integridad, energía que nos permite trascender las limitaciones del yo y activar nuestra conexión espiritual con la autoridad divina. La energía de Hod se fortalece desarrollando una actitud de valoración y gratitud por todo lo que tenemos y por el don de la vida misma.
Juntas, Nétzaj y Hod son las piernas simbólicas del cuerpo humano. Junto con las energías masculina y femenina del tercer chakra, sugiere la necesidad de crear una unión espiritual de la dualidad interior, y el hecho de que sin autoestima y honor personal jamás podremos afirmarnos sobre nuestros pies, por así decirlo, sea en lenguaje literal o simbólico.

lunes, 21 de julio de 2014

El poder simbólico de los chakras, los sacramentos y las sefirot, parte 1

Elaborado a partir del libro "Anatomía del Espíritu, la curación del cuerpo a través del alma" de Caroline Myss

“El Lenguaje de la Energía”

Todo lo que vive late de energía, y toda esa energía contiene información. Los físicos cuánticos reconocen la existencia de un campo electromagnético generado por los procesos biológicos del cuerpo. El tejido vivo genera energía.
Mediante este sistema estamos en constante “comunicación” con todo lo que nos rodea. El campo energético humano contiene y refleja la energía de cada persona. Nos rodea y lleva con nosotros la energía emocional generada por nuestras experiencias interiores y exteriores, tanto las positivas como las negativas. Las emociones quedan almacenadas en el cuerpo, y de ahí parte nuestra salud.
Somos creaciones biológicas de diseño divino. Una vez que esta verdad forma parte de nuestra conciencia, no podemos seguir llevando una vida corriente.

El sistema de chakras es una representación arquetípica del proceso de maduración de la persona a través de siete fases claras y diferentes. Los chakras están alineados verticalmente desde la base de la columna hasta la coronilla, lo que sugiere que ascendemos hacia lo divino dominando poco a poco la seductora atracción del mundo físico. En cada fase perfeccionamos un poco más el entendimiento del poder personal y espiritual, puesto que cada chakra representa una enseñanza de vida o un desafío común a todos los seres vivos. A medida que la persona va dominando cada chakra, va adquiriendo un poder y un conocimiento de sí misma que se integra a su espíritu y la hace avanzar por el camino que conduce hacia la conciencia espiritual.

De igual forma, la iglesia cristiana primitiva identificó siete sacramentos, o ritos, ceremonias sagradas que desean imprimir caracteres concretos de “gracia o energía divina”. en su sentido simbólico, cada sacramento representa también una fase de capacitación que invita a lo divino a entrar en el espíritu de la persona.
Los sacramentos presentan tareas simbólicas para crecer hasta una madurez espiritual y para obtener la curación.

Las diez sefirot, o árbol de la vida de la cábala, comprenden una enseñanza compleja que fue evolucionando a lo largo de muchos siglos, una enseñanza increíblemente análoga a la de los chakras y sacramentos. En la cábala medieval, las diez sefirot describen las diez cualidades de la naturaleza divina. Dado que tres de estas cualidades están emparejadas con otras tres, en realidad las diez cualidades se pueden agrupar en siete planos o niveles. Estas cualidades son poderes que se nos manda desarrollar y purificar en nuestro viaje por la vida.

Incluso con una simple mirada podemos ver que los sentidos arquetípicos de los chakras, los sacramentos y las sefirot son idénticos. Esto nos da una visión profunda de las necesidades del espíritu y cuerpo. Aquello que sirve al espíritu, enaltece al cuerpo. Aquello que mengua el espíritu, mengua el cuerpo.
Estas tres tradiciones sostienen que dejar suelto el espíritu en el mundo físico por miedo o negatividad es un acto desleal, que antepone la voluntad personal a la voluntad del cielo.
Somos materia y energía al mismo tiempo. Para comprendernos y estar sanos en cuerpo y espíritu, hemos de entender que nos quita la fuerza vital del cuerpo y como podemos rescatarlo de los falsos dioses del miedo, la rabia y la tendencia a aferrarnos al pasado.

Todo ser humano se encuentra con una serie de dificultades que ponen a prueba su lealtad para con el cielo. Todos tendemos a mirar hacia arriba cuando sentimos que nos falta el suelo bajo los pies.

Emparejando el sistema de chakras con los sacramentos y las sefirot, disponemos de un programa para el desarrollo de nuestra conciencia y de un lenguaje espiritual de curación, a modo de mapa simbólico vital de los inevitables desafíos que encontramos en el proceso de curación.  

Las siete verdades sagradas:

Poder externo

Nivel uno: La fusión del primer chakra (Muladhara), o chakra tribal, el sacramento del bautismo y la safirá Shejiná .
El poder generado por estas tres fuerzas arquetípicas transmite a nuestro sistema energético y biológico la verdad sagrada Todos somos uno. Estamos conectados con toda la vida y entre nosotros.
El chakra tribal se hace eco de nuestra necesidad de honrar los lazos familiares y de tener un código de honor en nuestro interior. En la familia podríamos también aprender que “Todos formamos parte de una sola familia divina”. El lazo con la familia biológica simboliza la conexión con todos y con todo lo que vive.
Profanar o violar este lazo energético, considerando, por ejemplo, que aquellos que son diferentes a nosotros son inferiores, crea conflicto en el espíritu y por lo tanto en el cuerpo físico. Aceptar y actuar conforme a la verdad fundamental Todos somos uno es un reto espiritual universal.

En la celebración del sacramento cristiano del bautismo, una familia hace un doble compromiso. El primero es aceptar una responsabilidad física de la nueva vida que ha nacido, y el segundo, aceptar la responsabilidad de enseñar a ese niño o niña los principios espirituales. El cumplimiento de esas responsabilidades crea un fuerte cimiento de fe y verdad en la cual la persona puede confiar toda la vida.
Para el adulto espiritual, el sacramento del bautismo en su sentido simbólico supone otros dos compromisos. El primero, la necesidad espiritual de aceptar totalmente que nuestra familia de origen ha sido “divinamente elegida” para que nos enseñe las lecciones que necesitamos aprender en esta vida. El segundo, el de aceptar la responsabilidad personal de vivir honradamente como miembro de la tribu humana. Al cumplir estos dos compromisos, lo que hacemos en esencia es bautizarnos y honrar nuestras propias vidas. Renegar de este compromiso, por ejemplo, considerando de modo negativo a nuestra familia de origen, resta muchísimo poder a nuestro sistema energético.

La sefirá de Shejiná, cuyo nombre significa “presencia divina”, es la conciencia divina que crea y protege a la comunidad mística. Es también la puerta de acceso a lo divino. Sugiere que para ascender en la verdad espiritual, primero hemos de honrar a nuestra familia y a todas las comunidades humanas.

viernes, 18 de julio de 2014

Poder Popular, parte 3


 La creación de nuestra propia verdad 

¿Cómo crear un movimiento libertario que nos conduzca hacia una nueva forma de organización social, democrática y ecológica? Tenemos que ser capaces de organizar una sociedad que funcione en base a la democracia política directa, así como a la democracia económica, la democracia en el ámbito social y la democracia ecológica.
Se hace necesario aumentar el nivel de conciencia comunitaria de los ciudadanos.
La creación de nuestra propia verdad. El proyecto de romper el cerco a nivel colectivo.

Pero hay que tener poder antes de llegar al poder. Al lado del poder de las clases dominante, se genera un poder autónomo que forja sus propias instituciones, desarrolla una cultura propia, con sus propios discursos, sus propios símbolos, sus propias instituciones y prácticas. Así, al lado del poder, se va construyendo un poder paralelo, que también puede crecer organizadamente.
El poder popular, debe mantener su autonomía y plantear el nivel de organización de la lucha.
El poder popular no es mandar sobre otros, sino es la idea de “poder hacer”, de poder construir. Recuperar nuestra palabra. Insertarnos en el proceso histórico.
Generando conciencia y organización popular con la practica revolucionaria.
El poder popular es una relación que se construye de manera fraternal y cotidiana.

Vale considerar que si no se interviene en la realidad, la realidad nos interviene a nosotros.
Aunque haya que desarrollar el poder popular en un ecosistema hostil, y tengamos que disfrazarlo para que no sea abolido.

Hay que pensar minuciosamente acerca de los métodos más efectivos para desintegrar las dictaduras con éxito y con el menor costo posible en vidas y sufrimiento.
En ningún momento debe asumirse que el desafío contra los dictadores será una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas de lucha tienen sus complicaciones y costos.

Las dictaduras, en particular, tienen características especiales que las hacen vulnerables al desafío político diestramente implementado.
A pesar de la apariencia de fuerza, todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas, sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales defectuosos, y sus conflictos entre organizaciones y distritos.

El intento de golpe de Estado de línea dura en la URSS en agosto de 1991, por ejemplo, fue bloqueado en unos días por el desafío popular. De ahí en adelante muchas de las naciones bajo un dominio semejante, recuperaron su independencia en sólo días, semanas o meses.

Haría falta calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de las fuerzas militares, tanto soldados como oficiales, y determinar si son susceptibles de ser influidos por las fuerzas democráticas. ¿Pudieran los soldados comunes y corrientes ser unos presos descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría poner en contra del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los soldados y oficiales vulnerables a la subversión democrática?

Como puede verse, la lucha noviolenta es una compleja técnica de acción social, que comprende una multitud de métodos, una serie de mecanismos de cambio y unos requisitos conductuales específicos.
Para un desafío político exitoso contra una dictadura, es esencial que la población capte la idea de la nocooperación. Como se ilustró en el cuento del “Amo de los Monos” ,  la idea básica es sencilla. Si un número suficiente de subordinados se rehúsa a seguir cooperando por un tiempo suficiente a pesar de la represión, el sistema opresivo se debilitará y acabará por desplomarse

El grado de libertad o tiranía que existe bajo cualquier gobierno es un reflejo de la determinación de los súbditos a ser libres, y de la voluntad y capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los esfuerzos que el gobierno haga para esclavizarlos.