martes, 11 de noviembre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 17

 CAPITULO 4

Poder versus placer

EL HOMBRE MASA

La lucha natural de un organismo por el placer normalmente se suspende sólo en dos situaciones: en aras de la supervivencia y en busca de un placer mayor. En circunstancias que amenazan la vida de un hombre, el placer y la creatividad se convierten en valores irrelevantes.Lo importante es sobrevivir y una persona tolerará el dolor y renunciará al placer para mantenerse viva. Además de        esta  situación, un hombre postergará la satisfacción inmediata de una necesidad o deseo si esto lo conduce a un placer mayor en el futuro. También tolerará cierto grado de dolor para alcanzar un objetivo que le promete un placer significativo. El proceso creativo frecuentemente — conlleva algún dolor en el esfuerzo por lograr que una concepción dé frutos. En ninguna de las dos situaciones puede     considerarse que sacrificar el placer sea un acto destructivo.

El placer es todavía el principal objetivo del hombre. Sin embargo, se dice que existe sólo una situación que conduce a una conducta autodestructiva: esa situación es la aglomeración o, más precisamente, el hacinamiento. Se sabe que cuando un grupo de animales excede una densidad óptima en relación con el espacio en que vive, se ponen en movimiento fuerzas destructivas  Se ha demostrado experimentalmente que una aglomeración de ratas confinadas en un área limitada se vuelve autodestructiva cuando su densidad excede cierta cifra. Se desarrollan patrones de comportamiento neuróticos, hay una pérdida de interés en la limpieza, las ratas madres abandonan o destruyen a sus crías y los machos más fuertes atacan y matan a los más débiles.

La explicación que se da de este comportamiento es que a los animales los trastorna el número excesivo de contactos que tienen entre sí en el estado de densidad excesiva. Por una parte se sienten excitados y estimulados por estos contactos, pero por otra, la descarga y liberación de la excitación está restringida por el hacinamiento. En consecuencia, se vuelven temerosos, nerviosos y autodestructivos. El paralelismo entre el comportamiento neurótico de las ratas y el del hombre moderno, que también vive en condiciones de hacinamiento, no ha escapado a nuestra atención. Sin embargo, los psiquiatras dudan en aceptar el simple hecho del hacinamiento como la causa de las enfermedades emocionales que ven en sus consultorios. 

En primer lugar, estas enfermedades tambien se desarrollan en personas que no viven en condiciones de hacinamiento. En segundo lugar, no todas las personas de un área de alta densidad se vuelven autodestructivas. Y en tercer lugar, la mayoría de los problemas emocionales han sido definitivamente rastreados hasta experiencias familiares de la niñez temprana. El paralelismo es, sin embargo, tan sorprendente que no se lo puede ignorar. Más aún, numerosos estudios, han demostrado que la incidencia de las enfermedades emocionales es mayor en las áreas de alta densidad y con bajos ingresos. 

Yo sugeriría que el común denominador de todos los patrones de comportamiento neurótico es la disminución del sentido del Sí-mismo. Esto incluye una pérdida del sentido de identidad, una conciencia reducida de la propia individualidad, una disminución de la autoexpresión y una reducida capacidad de sentir placer. Seguramente, el hacinamiento contribuirá a esta limitación de  la personalidad como causa material, mientras que la situación familiar actúa como causa eficiente. La familia, como lo señaló Wilhelm Reich, es el agente operativo de la sociedad.

Aunque nadie sabe cuál es la densidad óptima para una población humana, no puede negarse que estamos viviendo en una sociedad de masas y que sus miembros exhiben cierto grado de comportamiento autodestructivo. En lugar de luchar por el placer, que es el patrón normal, se ven impulsados a alcanzar el éxito y están obsesionados con la idea del poder. Ni el impulso ni la obsesión fomentan un enfoque creativo de la vida. Son fuerzas destructivas de la personalidad. 

En una sociedad de masas el éxito es la marca que distingue al individuo de la masa. Se dice que la persona triunfadora "tiene el éxito asegurado”. Lo que ha hecho es ganarse un nombre. Habiendo obtenido esta distinción, entonces supuestamente podrá sentarse a disfrutar de la vida mientras el resto de la masa, los sin nombre, deben continuar en su lucha por el éxito. El individuo que tiene   éxito es envidiado por la masa, que ve en este éxito un aura de poder e imagina que para aquél los problemas desaparecerán o por lo menos se reducirán  significativamente.

Sabemos racionalmente que el éxito no posee propiedades mágicas. Sin embargo, emocionalmente todos estamos más o menos comprometidos con el éxito en una  forma u otra: financiera, política, atlética, social e incluso matrimonial. Sea cual fuere el campo de acción que elijamos, le asignamos tanta importancia al éxito que  generalmente se convierte en el impulso dominante de nuestras vidas. Esto es comprensible, ya que pensar en términos de éxito o fracaso es natural en nuestra cultura orientada hacia objetivos. Desde el momento en que ingresamos a la escuela, nuestra vida pública está marcada por el registro de nuestros éxitos y fracasos. El progreso en la escuela está representado por el logro de objetivos y  luego esto se convierte en el patrón de nuestra vida adulta.

El problema que nos concierne, sin embargo, es la creciente tendencia a que el éxito en sí se convierta en el objetivo dominante. Si, por ejemplo, planeo escribir un libro, mi objetivo es publicarlo. Cuando alcanzo este objetivo, puedo decir que he tenido éxito. Pero en la mente del público éste no es un éxito. Sin embargo, si por casualidad el libro entrara en la lista de éxitos de ventas, yo habría tenido éxito. Habría ganado el reconocimiento que de alguna manera es esencial para la imagen di éxito.

¿Puede decirse que la lucha por el éxito es una lucha por el reconocimiento? Hay bastantes pruebas que apoyan esta visión. En todos los campos de acción se han  desarrollado procedimientos y prácticas para brindar la aclamación que el éxito requiere. En cine, el Academy Award (Premio de la Academia) en el teatro de Nueva York, el Tony Award (Premio Tony), El béisbol tiene su Hall of Fame (Salón de la Fama); el fútbol, sus equipos All-Americans. El hombre de negocios que tiene éxito recibe homenajes en almuerzos y cenas; el artista, en recepciones e  inauguraciones. Todas estas actividades se realizan con la mayor publicidad posible, para ampliar la imagen del individuo de éxito.

Esta imagen, tal como se la presenta al público por Los medios de masas, muestra a la persona de éxito como un individuo feliz. Está rodeado por una familia sonriente, cuyos miembros parecen iluminados por el resplandor del éxito. Ninguna nube oscurece el horizonte de su buena suerte. Esta imagen puede empañarse más tarde, cuando los problemas de su vida personal irrumpan en la conciencia  pública, pero en ese momento otros individuos habrán acaparado la atención del público para darle nuevo lustre a la imagen del éxito. El público parece necesitar figuras a las cuales admirar y los medios de masas satisfacen esta necesidad. La persona de éxito es el héroe de la era tecnológica.

 Los héroes no son nuevos. Cada era produce su cuota de individuos que se distinguen de los demás miembros de su comunidad por algún logro. Su aclamación sirve para que los demás sigan su ejemplo. La imagen del héroe es la de un individuo que encama una virtud en su grado máximo. Esa virtud puede ser el valor, la sabiduría o la fe, pero siempre es un atributo personal que se hace  evidente por los logros del héroe. Este no lucha por el reconocimiento. La motivación de sus acciones no puede ser egotista; de lo contrario no sería un verdadero héroe.

En nuestra cultura, el éxito en sí no implica una virtud superior. Un libro no es necesariamente superior porque esté en las listas de éxitos en ventas. La mayoría de los libros que alcanzan esta distinción atraen al mercado de masas y generalmente están sostenidos por una amplia publicidad. Si bien en el mundo de los negocios el éxito puede requerir un alto grado de perspicacia, esta cualidad  nunca ha sido considerada una virtud personal. Hoy lo que importa es el logro, no las cualidades personales del individuo. A veces el éxito se logra por cualidades no  precisamente virtuosas. Hasta su caída, Hitler era considerado un hombre de éxito por muchas personas de todo el mundo. Por supuesto, el éxito puede alcanzar al  individuo con aptitudes superiores; sin embargo, lo que se reconoce no es su virtud personal sino su logro. Con frecuencia, el verdadero logro es relativamente poco  importante. El autor de seis buenos libros puede tener menos éxito que el escritor de un éxito en ventas. Lo que sí importa es el reconocimiento. Sin reconocimiento no podemos considerar que hemos tenido éxito ante el público.

Alcanzar el éxito significa sobresalir en la muchedumbre, destacarse sobre la masa de personas y ser reconocido como individuo. Para el escritor significa que lo que dice o escribe se considere importante. “Importa”, es la forma en que se definió a un autor de éxito. Antes de su éxito no “importaba”, aunque lo que hubiera escrito podría haber tenido más valor que su obra posterior. A través del éxito, se ha vuelto importante. Vemos esto todo el tiempo. Tan pronto una persona alcanza el éxito, se la escucha con respeto. Dado que “lo ha logrado”, sus palabras pueden decirnos a los demás, que aún estamos luchando, el secreto de la buena suerte. La persona de éxito es importante para todos los que desean emularlo.

El éxito es el reflector que ilumina a uno entre muchos. En realidad, en el mundo de hoy no es necesario lograr nada especial para tener éxito; si el reflector ilumina a un individuo, éste se encuentra en el camino hacia el éxito. Si en Life se publica un artículo sobre usted, con una fotografía suya, se podrá considerar que usted tiene éxito. Si usted aparece en un programa de televisión nacional, “tiene el éxito asegurado”. Los reflectores se han vuelto tan poderosos que la persona en la que se posan por un momento se distingue para toda la vida. Pero por el mismo   proceso, el resto de las personas queda en una sombra más profunda.
 
Si una sociedad de masas alimenta la lucha por el éxito, es igualmente cierto que la imagen del éxito se transforma en una de las fuerzas cohesivas de tal sociedad.
Los medios de masas no son la única fuerza que crea al hombre masa, es decir, la persona sin identidad pública. El entretenimiento masivo y la producción en masa son otras partes del sistema. ¿Qué individualidad se puede sentir al conducir un Ford o un Chevrolet? Hay cerca de un millón de cada una de estas marcas de automóvil en las autopistas de Estados Unidos. Para superar esta limitación algunos individuos agresivos intentan ser los primeros en tener el último modelo. Si nos obligan a comprar productos idénticos y a vivir en hogares idénticos, se cierran estas importantes áreas de la autoexpresión.

Pero la producción en masa nos  exige incluso que tengamos empleos idénticos. Podemos ser una de las veinte secretarias en una oficina, uno de los cien  vendedores de un sector, uno de los mil trabajadores de la producción en una fábrica; somos los hombres masa que pueden ser reemplazados sin alterar la rutina.

El entretenimiento masivo tiene un efecto aún más insidioso ya que irrumpe en nuestra vida privada. Como televidentes, ni siquiera se nos conoce. Nos sentamos en la semioscuridad a mirar una imagen y no nos relacionamos con el actor ni siquiera como cuando compramos una entrada. Se nos priva de la oportunidad de expresar nuestra respuesta otorgando o negando el aplauso. Somos el gran  público desconocido, que no importa salvo en términos de cifras. La única salida para nuestro ego es a través de la identificación con los individuos destacados, los que tienen éxito.

 

viernes, 7 de noviembre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 16

 EL TEMOR AL PLACER

Hablar del temor al placer parece una contradicción. ¿Cómo puede alguien temer algo que es beneficioso y deseable? Sin embargo, algunas personas evitan el placer, otras desarrollan ansiedad aguda en situaciones placenteras y otras realmente experimentan dolor cuando la excitación por placer se vuelve muy intensa. Cuando expuse este tema en una conferencia, alguien preguntó: “¿Cómo explica usted la expresión ‘Es tan bueno que me duele”. Esta pregunta me recordó un comentario de un paciente: “Me duele bien”.

Se sabe que algunas personas hallan placer en el dolor. Esta reacción aparentemente masoquista exige una explicación. Consideremos la situación de una persona que descubre que se ha quedado rígida por estar mucho tiempo en una misma posición; estirar sus músculos contraídos resulta doloroso, aunque al hacerlo se restablecerá la circulación y la hará sentirse bien. Otro ejemplo: una persona se aprieta un forúnculo con pus para liberar la presión. El procedimiento es doloroso, pero cuando el forúnculo estalla y descarga su contenido, la persona siente placer y satisfacción. En ambos casos, el placer deriva de la liberación de tensión, que no puede alcanzarse sin sufrir algún dolor. Casi todas las visitas al médico o al dentista implican dolor, que es voluntariamente aceptado para sentirse mejor. Soportar el dolor en aras del placer forma parte del principio de la realidad. No tiene nada de masoquista. Lo que buscamos es el placer, no el dolor.

El masoquista sexual que siente placer cuando le pegan tiene una motivación similar. Necesita el dolor para liberar la presión. Su cuerpo está tan concentrado y los músculos de los glúteos y de la pelvis están tan tensos que la excitación sexual no atraviesa los genitales con suficiente fuerza. Los golpes, además de su significado psicológico, quiebran la tensión y relajan los músculos dejando que fluya la excitación sexual. Reich, en su estudio sobre el masoquismo, muestra que al masoquista no le interesa el dolor per sé, sino que busca el placer al que se accede a través del dolor.

Lo que diferencia al masoquista de la persona normal es su necesidad de sentir dolor para experimentar placer. Una y otra vez soporta las mismas situaciones dolorosas en su desesperado intento de sentir placer. Parece no aprender de su experiencia. Su enfoque no es creativo.

El comportamiento masoquista está motivado más por el deseo de aprobación que por el de placer. La aprobación exige sumisión, que para el masoquista es el prerrequisito para el placer. La actitud sumisa que subyace a la personalidad masoquista socava cualquier actividad creativa. A su vez, su sumisión lo fuerza a tener un comportamiento desafiante que causa su castigo. Si no supera la culpa y el temor profundamente arraigados que invaden su personalidad, el masoquista da vueltas en el mismo círculo vicioso, buscando constantemente el dolor para obtener algo de placer, pero termina con más dolor que placer.

Es importante señalar que los traumas no siempre se perciben inmediatamente como dolorosos. Con frecuencia un corte infligido por un cuchillo afilado no se siente hasta unos minutos, después, cuando aparece un dolor repentino, mientras oleadas de sensaciones inundan la zona herida. El corte del cuchillo produce una perturbación localizada que deja al área lesionada momentáneamente entumecida. Lo mismo sucede con los traumas psíquicos. Generalmente, un insulto no se percibe inmediatamente. El dolor del insulto parece golpearnos más tarde y entonces reaccionamos con un arrebato de ira. Tal vez, el insulto nos cogió por sorpresa y no estábamos preparados para reaccionar, pero esta interpretación no explica la reacción retardada ante la herida física.

El dolor, como cualquier otro sentimiento, es la percepción de un movimiento. En contraposición al placer, en el que el movimiento fluye suave y rítmicamente, el movimiento que da origen a la sensación de dolor es intermitente y espasmódico. El corte es doloroso hasta que se establecen nuevos canales que permiten que la sangre fluya libremente por la zona herida. Luego, el dolor cede. El insulto es doloroso porque provoca una ira que no puede expresarse de inmediato. La liberación de la ira alivia el dolor. Hasta que no se restablezca el flujo normal de  sentimientos, habrá una situación de presión (una fuerza o energía crece detrás de un obstáculo) y esta presión o tensión se experimenta como dolor.

El mejor ejemplo de este concepto de dolor es el estado de congelamiento. El trauma del congelamiento generalmente es indoloro, pero la recuperación es muy  dolorosa. La persona que sufre congelamiento puede realmente no ser consciente del estado en que se encuentra hasta que no entra en un ambiente cálido. Entonces, comienza el dolor y se hace cada vez más severo, a medida que la sangre regresa a la extremidad congelada. Con frecuencia se utiliza el congelamiento de una parte del cuerpo como procedimiento anestésico porque elimina la sensación. En consecuencia, el dolor del congelamiento se debe a la presión que surge cuando los fluidos del cuerpo que producen energía, la sangre y la linfa, intentan abrirse paso hacia los espacios constreñidos de la extremidad  congelada.

El dolor es un aviso de trastorno, una señal de peligro. En el caso del congelamiento, es una señal de que el proceso de recuperación debe ser gradual para evitar cualquier lesión permanente en los tejidos. Si la presión se eleva demasiado, las células congeladas y contraídas estallan, provocando la necrosis del área afectada. Para tratar el congelamiento es necesaria una elevación  progresiva de la temperatura para evitar este peligro. Aun siguiendo este procedimiento, se padecerá algún dolor y esto es inevitable si se ha de restablecer la función.

El temor al placer es el temor al dolor que inevitablemente aparece cuando un impulso expansivo que fluye hacia afuera encuentra una zona del cuerpo contraída  y restringida. Reich había descrito el temor al placer del masoquista como el temor a estallar si la excitación se vuelve demasiado fuerte. Para comprender esta afirmación debemos mirar al individuo cuyo cuerpo está tenso y sujeto como si su estado fuera similar al del congelamiento. Está congelado por su inmovilidad y falta de espontaneidad. En una situación de placer está expuesto al calor producido por el flujo de sangre hacia la periferia de su cuerpo, a través de la acción de los nervios parasimpáticos. Su cuerpo trata de expandirse, pero la expansión se torna dolorosa cuando enfrenta la resistencia de los músculos crónicamente espásticos. La sensación puede incluso ser aterradora. El individuo siente que va a estallar o a “despedazarse”. Su impulso inmediato es salir de la situación.

Si una persona pudiera tolerar el dolor y mantenerse en la situación, dejando que los movimientos placenteros fluyan por su cuerpo, experimentaría el “despedazamiento” físicamente. Comenzaría a temblar y a sacudirse. Todo su cuerpo vibraría. Sentiría que pierde el control sobre su cuerpo. Sus movimientos se entorpecerían y su sensación de autodominio desaparecería. Cuando esto le sucede a personas que no realizan la terapia se ponen tan nerviosas que se sienten forzadas a retirarse de la situación.

Sin embargo, el temblor y la sacudida representan la ruptura de las tensiones musculares y de su complemento psíquico, las defensas del ego. Es una reacción terapéutica, un intento del cuerpo de deshacerse de las rigideces que limitan su motilidad e inhiben la expresión de los sentimientos. Es una manifestación de la propiedad de autocuración del cuerpo. Si se la alienta, por ejemplo con la terapia bioenergética, y se la deja actuar, generalmente termina en llanto. Un placer abrumador frecuentemente producirá llanto, ya que quiebra la rigidez del cuerpo. 

Hay numerosos ejemplos de esta reacción. Muchas mujeres lloran después de una experiencia sexual placentera. Las personas lloran cuando se encuentran con amigos o parientes a los que hacía mucho tiempo que no veían. La expresión es “Estoy tan feliz que lloraría”.

Como adultos, tenemos muchas inhibiciones frente al llanto. Lo sentimos como una expresión de debilidad, de feminidad, de infantilismo. La persona que bloquea el llanto, bloquea el placer. No puede “dar rienda suelta” a su tristeza y por lo tanto no puede “dar rienda suelta” a su alegría. Se vuelve ansiosa en situaciones de placer. Su ansiedad se origina en el conflicto entre el deseo de dar rienda suelta y el temor a hacerlo. Este conflicto surge cada vez que el placer es suficientemente fuerte como para amenazar su rigidez.

La descarga convulsiva del llanto es el mecanismo primario para la liberación de la tensión en el ser humano. La mayoría de los niños lloran cuando están angustiados y todos los niños lloran cuando sienten dolor. A un nivel interpersonal o psíquico su llanto es un llamado a la madre. Biológicamente, es una reacción ante el estado de
contracción del cuerpo. Si se observa a un bebé en estado de angustia o dolor, se notará que su cuerpo se ha vuelto tieso y rígido. Pero a diferencia de los adultos, su joven cuerpo vibrante y vivo no puede mantener esta rigidez. Primero, su mandíbula comienza a temblar, luego su mentón se sacude y un momento más tarde todo su cuerpo está convulsionado por los sollozos. Las madres saben que
el llanto de un bebé es una señal de angustia y se apresuran a eliminar lo que lo perturba. El bebé, sin embargo, no llora para llamar a su madre, ya que con
frecuencia continúa llorando cuando ella viene, sino para liberar la tensión.

La función del llanto de reducir la tensión se ve en la práctica psiquiátrica. Los pacientes invariablemente declaran que se sienten mejor después de haber llorado.
Algunos incluso dirán: “Necesito llorar”. Después de llorar, el cuerpo del paciente está más flojo, su respiración es más sencilla y profunda, sus ojos brillan más y su piel tiene mejor color. Se puede sentir que la tensión abandona el cuerpo del paciente, mientras éste se entrega al llanto.
Cuando el llanto no surte efecto es porque el paciente estaba demasiado inhibido como para permitir que los movimientos voluntarios del llanto lo dominen. En esta
situación, una palmada compasiva o un comentario comprensivo pueden eliminar la inhibición lo suficiente como para permitir una descarga total.

El temor al placer es el temor al dolor, no sólo al dolor físico evocado por el placer en el cuerpo contraído y rígido sino también al dolor psíquico de la pérdida, la frustración y la humillación. A medida que crecemos, superamos estos dolores reprimiendo nuestra tristeza, temor e ira. Durante el proceso, disminuimos nuestra capacidad de sentir amor, alegría y placer. Los sentimientos son reprimidos por
tensiones musculares en forma de espasticidades musculares crónicas. Lo que hacemos es, en efecto, reprimir todos los sentimientos, lo cual sienta las bases de una tendencia depresiva en la personalidad. Al ahogar el dolor, ahogamos el placer.

No podemos recuperar la capacidad de sentir alegría sin volver a experimentar nuestra pena. Y no podemos sentir placer sin pasar por el dolor del renacimiento. Y renacemos cuando tenemos el coraje de enfrentar los dolores de nuestras vidas sin recurrir a la ilusión. Este es el aspecto dual del dolor. Aunque es una señal de peligro y representa una amenaza a la integridad del organismo, representa
también el intento del cuerpo de reparar el efecto de una lesión y restablecer, la integridad del organismo.

Si le tememos al dolor, le temeremos al placer. Esto no significa que debamos buscar el dolor para-encontrar el placer, como lo hace el masoquista. Incapaz de afrontar el dolor en su interior, éste lo proyecta a situaciones externas.
Sí significa que no debemos huir del dolor de enfrentar honestamente nuestra propia realidad si deseamos tener alegría en nuestras vidas.

CAPITULO4
 
 

lunes, 3 de noviembre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 15

Capítulo 3 (continuación)


 Es más lógico definir el dolor en términos de placer que a la inversa. El placer, en forma de bienestar, es el estado normal del cuerpo sano. El dolor denota algún trastorno de este estado. En consecuencia, el dolor representa una pérdida de placer, así como la enfermedad es una pérdida de salud. Psíquicamente, experimentamos el dolor como pérdida de placer, como cuando decimos: “Me duele tu rechazo”. Por el contrario, cuando una relación no promete placer, su ruptura no es una experiencia tan dolorosa.

No existe ningún estado neutro en la naturaleza, ni condición neutra en el organismo humano que corresponda a una ausencia de placer o dolor. La ausencia de sentimientos es patológica. Este estado, que no es poco común, indica que se ha reprimido el sentimiento. La represión de sentimientos se produce por tensiones musculares crónicas que restringen y limitan la motilidad del cuerpo, reduciendo así la sensación. En la ausencia de movimiento no hay nada que sentir.

La rigidez caracterológica y física que surge de la tensión muscular crónica se desarrolla a partir de la necesidad de reprimir sensaciones dolorosas. Obviamente nadie querría reprimir las placenteras. Cuando se superan tensiones musculares crónicas durante la terapia bioenergética, es de esperar que los recuerdos y sentimientos dolorosos emerjan a la conciencia. La capacidad de un paciente de aceptar y tolerar estos sentimientos dolorosos determinará su capacidad de experimentar sentimientos placenteros. Debería interpretarse que el refrán “No hay placer sin dolor” significa que la capacidad de experimentar placer está   vinculada a la de sentir el dolor de una situación perturbadora.

LA REGULACIÓN NERVIOSA DE LAS RESPUESTAS

El organismo humano está equipado con dos sistemas nerviosos que integran y regulan sus respuestas. Uno, el sistema cerebroespinal, coordina la acción de los músculos voluntarios . Asimismo, regula el tono muscular y mantiene la postura. Este sistema actúa sobre los  músculos estriados del esqueleto.

El segundo es el sistema nervioso autónomo o vegetativo, que regula los procesos corporales básicos del cuerpo, tales como la respiración, la circulación, la acción del corazón, la digestión, la eliminación, la actividad glandular y las reacciones pupilares. Los músculos sobre los que actúa se denominan músculos lisos, porque no tienen las estrías características de los músculos del esqueleto, de mayor tamaño. Su acción no se halla bajo el control de la  conciencia, de ahí su nombre de “sistema autónomo”. Está compuesto de dos subdivisiones denominadas simpática y parasimpática, que actúan antagónicamente. Por ejemplo, los nervios simpáticos aceleran la acción del corazón, mientras que los parasimpáticos la aminoran.

En The Function of the Orgasm, Wilhelm Reich señala que “el parasimpático (está) activo siempre que hay expansión, elongación, hiperemia, turgencia y placer. A la inversa, el simpático funciona cada vez que el organismo se contrae, retira sangre de la periferia, cuando muestra palidez, ansiedad o dolor”. 

Las dos divisiones tienen efectos contrarios sobre la dirección del flujo sanguíneo. La acción parasimpática dilata las arteriolas periféricas, aumentando el flujo sanguíneo hacia la superficie y produciendo más calor en la superficie. El corazón aminora su ritmo hasta un latido relajado y cómodo. La acción simpática contrae las arterias, empujando la sangre hacia el interior del cuerpo para suministrar más oxígeno a los órganos vitales y a los músculos. En consecuencia, la acción parasimpática fomenta una expansión del organismo y una extensión hacia el medio, es decir una respuesta placentera. La acción simpática produce una contracción y una retirada con respecto al medio, una respuesta al dolor.

Las situaciones dolorosas son emergencias ante las cuales la persona reacciona por medio del sistema simpático-adrenal aumentando su estado de tensión y su percepción del medio. Esta tensión se origina en un estado de hipertonicidad en los músculos cuando se preparan para actuar. Es diferente de la tensión muscular crónica descrita en la sección anterior, que es inconsciente y representa la persistencia de un estado de preparación que surge de una  emergencia pasada. El aumento de la conciencia implica una participación activa de la voluntad. En una emergencia, un individuo no actúa espontáneamente; todas las acciones  son movimientos calculados, destinados a eliminar el peligro.

La voluntad es un mecanismo de emergencia. Se activa cada vez que se requiere un esfuerzo mayor que el natural para superar una crisis. La voluntad sirve a la función de supervivencia frente a las que parecen posibilidades abrumadoras. Cuando se activa la voluntad, los músculos voluntarios del cuerpo se movilizan, tal como los ciudadanos de una nación se movilizan en tiempos de guerra. Se suspende el comportamiento normal cuando el ego consciente toma el control total. En una emergencia, no se tiene ni inclinación ni tiempo para el placer. Los movimientos involuntarios armoniosos y rítmicos que expresan placer deben dar lugar a movimientos controlados que expresan la propia determinación. Puede ejemplificarse la diferencia con un jinete que ha disfrutado de su cabalgata, dándole a su caballo libertad de movimiento.

Frente a una emergencia, el jinete toma el completo control del caballo, que en consecuencia puede ser llevado más allá de sus límites naturales; pero en esta situación, el placer de cabalgar desaparece tanto para el jinete como para su caballo.

La voluntad es la antítesis del placer. Su uso implica que la persona se encuentra en una situación dolorosa que requiere una movilización de los recursos totales del organismo.  . Tanto si el objetivo es físico, tal como levantar un gran peso, como si es psíquico, tal como escribir un artículo dentro de un plazo, crea un estado de tensión que corresponde al sector de dolor del espectro. La conocida imagen del periodista frente a su máquina de escribir, tenso, nervioso, frustrado y fumando continuamente, muestra la intensidad del esfuerzo físico  que puede imponer un objetivo psíquico.

 Para muchas personas el logro de objetivos se convierte en una norma vital. Tan pronto como cumplen un objetivo se proponen otro. Cada logro brinda un estremecimiento de satisfacción momentáneo que pronto se desvanece, haciéndose necesario un nuevo objetivo: un automóvil nuevo, una casa más grande, más prestigio, más dinero, etcétera. Nuestra cultura se obsesiona con el éxito. Al luchar constantemente por alcanzar objetivos, al vivir  continuamente en un estado de emergencia, las personas necesariamente desarrollan una alta presión sanguínea, úlceras, tensión y ansiedad. Nos enorgullecemos de nuestro vigor olvidando que todo esfuerzo requiere la activación del sistema simpático-adrenal.

No todos los objetivos exigen una postergación del placer. Hemos visto que un estado de tensión puede ser placentero si está asociado a la perspectiva de su liberación y a la satisfacción de la necesidad o deseo subyacente. La anticipación del placer es en sí una experiencia placentera.

En estas condiciones el esfuerzo necesario es sencillo y relajado, la actividad avanza suavemente y los movimientos del cuerpo mantienen un alto grado de coordinación y ritmo. El trabajo de este tipo es placentero. Pero sólo se puede trabajar de esta manera cuando no hay desesperación, cuando la creatividad es tan importante como la meta y cuando el fin no domina los medios. No vivimos para producir, producimos para vivir. La preocupación por los objetivos y por el éxito es característica de las personas que temen al placer.

EL TEMOR AL PLACER

 

jueves, 23 de octubre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 14

 

Capítulo 3 La Biología del Placer (continuación)

Los individuos varían en cuanto a su capacidad de excitarse y de contener la excitación. Algunas personas son displicentes, muy serias y cerradas. Nada parece excitarlas. Otras son sobreexcitables, hipersensibles, inquietas e hiperactivas. No pueden contener la excitación y se entregan a todos los impulsos. Estas diferencias pueden estar relacionadas con los patrones de tensión muscular del cuerpo que determinan la estructura del carácter de una persona.  

El cuerpo vivo tiene motilidad intrínseca, porque es un sistema cerrado que contiene una carga o excitación interna. Está en constante movimiento, despierto o dormido. El corazón late, la sangre fluye, los pulmones se expanden y contraen, la digestión es continua, etcétera. Se mueve independientemente por el espacio. En otras palabras, está vivo. Cuando pierde su motilidad intrínseca, está muerto.

En los organismos superiores, especialmente en el hombre, los movimientos del cuerpo se dividen en dos clases: los movimientos voluntarios, que se realizan conscientemente y están dirigidos por el ego, y los movimientos involuntarios, de los cuales una persona puede ser o no consciente. Sin embargo, la diferencia entre estas dos clases de movimientos no es drástica. Todos los movimientos voluntarios se superponen con movimientos involuntarios subyacentes. La decisión de caminar,por ejemplo, se toma conscientemente; los    movimientos específicos que intervienen al caminar son en su mayoría involuntarios e inconscientes. Si nuestras respuestas a los estímulos o situaciones contienen un gran componente inconsciente o involuntario las definimos como espontáneas. La persona sana se caracteriza por su alto grado de motilidad y espontaneidad. La motilidad y la espontaneidad disminuyen en los estados depresivos.

Estas consideraciones muestran la conexión directa entre el proceso progresivo de la vida y el placer. Vida (proceso de energía)- excitación- movimiento- placer. Estas conexiones son directamente visibles en un niño, que literalmente salta de alegría cuando está excitado. En un estado de excitación no nos podemos quedar sentados. Nos sentimos movidos a bailar, correr o cantar. La experiencia de sentirnos movidos desde dentro, en contraposición a la acción deliberada del movimiento, es la base de toda sensibilidad.

EL ESPECTRO PLACER-DOLOR

Las sensaciones de placer y dolor reflejan el carácter de los movimientos involuntarios del cuerpo. Estos, a su vez, expresan el tipo y grado de la excitación interna. Existen estados de excitación dolorosos y placenteros. Cada estado se manifiesta en determinados movimientos involuntarios que permiten que el observador los distinga.

Subjetivamente, lo que se experimenta en el placer o en el dolor es el carácter de la motilidad del cuerpo. Esto es lo que se entiende por funcionamiento fluido o distorsionado de la maquinaria física. La hipótesis subyacente a éste concepto es que se puede sentir sólo lo que se mueve. Una sensación es una percepción sensorial de un movimiento interno.

El análisis de los movimientos que subyacen a las diferentes sensaciones en el espectro placer-dolor aclarará más este concepto. Este espectro se muestra a continuación. Va desde la agonía como extremo del dolor hasta el éxtasis como extremo del placer. El punto medio del espectro, “bienestar”, representa el estado normal del funcionamiento corporal.

Agonía-Dolor-Angustia-Bienestar-Placer-Alegría-Éxtasis

a. La agonía es el estado doloroso que excede la tolerancia del organismo. En la agonía, el cuerpo se tuerce y retuerce en una serie de movimientos convulsivos. La agonía final de la muerte es una convulsión de este tipo.

b. El dolor, a diferencia de la agonía, implica que el trastorno no ha excedido la tolerancia del cuerpo. En la agonía, la integridad del organismo está en peligro; en el dolor está sólo amenazada. El dolor se expresa en movimientos de contorsión y sacudida menos convulsivos que los de la agonía. Sin embargo, la diferencia está sólo en el grado.

c. La angustia es una forma más leve de agitación dolorosa. El cuerpo se contorsiona o retuerce de angustia, pero sus movimientos no son tan espasmódicos como los de los estados anteriores.

d. El “bienestar” representa un estado de serenidad y relajación del cuerpo, que se manifiesta con movimientos tranquilos y armoniosos. Este es el estado de placer básico expresado en la frase “Me siento bien”.

e. A medida que la excitación crece en el espectro hacia el placer, los movimientos del cuerpo se vuelven más intensos y rápidos, manteniendo, sin embargo, su coordinación y ritmo. En el placer, la persona se siente suave, vibrante y animada; sus ojos brillan y su piel está tibia. Puede decirse que su cuerpo ronronea de placer.

f. La alegría es la excitación placentera en la que el cuerpo parece bailar. Sus movimientos son vivaces y armoniosos.

g. En el éxtasis, la forma más elevada de excitación placentera, las corrientes del cuerpo son tan fuertes que la persona está “iluminada” como una estrella. Se siente transportada (de la Tierra al Cosmos). Se experimenta éxtasis en el orgasmo sexual pleno, en el cual los movimientos adquieren también un carácter convulsivo pero están unificados y son rítmicos.

La diferencia entre los movimientos de ambos extremos del espectro radica en la presencia o ausencia de coordinación y ritmo. En todos los estados dolorosos los movimientos del cuerpo son descoordinados y espasmódicos; en el placer los movimientos son suaves y rítmicos. El movimiento es el lenguaje del cuerpo. Por la calidad de sus movimientos puede determinarse cómo se siente una persona. Las madres pueden determinar, por la expresión y los movimientos del cuerpo del niño, si éste se halla en estado de angustia o si está cómodo y experimenta placer. La razón lógica de las diferencias marcadas más arriba es que la persona lucha para deshacerse del dolor, mientras que fluye hacia el placer.

Según este análisis es obvio que el placer no puede definirse como la ausencia de dolor. Si bien es verdad que el alivio del dolor frecuentemente produce una sensación de placer, éste es un fenómeno de reacción. El dolor ha hecho que la persona se haga consciente de su cuerpo y durante un breve tiempo después de su liberación es también consciente del placer de estar viva; tan pronto como olvida el dolor, desaparece el placer que sentía por haberse
liberado de él. Bajo la presión de los impulsos de nuestro ego por el éxito y el status, rápidamente perdemos la conciencia de nuestro cuerpo. Queda atado a la voluntad y
se reduce su motilidad y espontaneidad.

jueves, 16 de octubre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 13


CAPITULO 3

La biología del placer

EXCITACIÓN E ILUMINACIÓN

Todos sabemos que el placer es resultado de la satisfacción de necesidades. Comer cuando tenemos hambre y dormir cuando tenemos sueño son el tipo de experiencias placenteras que ilustran este principio. La necesidad crea un estado de tensión y cuando lo descargamos a través de la satisfacción de la necesidad produce una placentera sensación de alivio. Freud aceptó esta visión del placer. Sin embargo, un concepto de placer que lo limita a la descarga de tensión o a la satisfacción de necesidades, aunque obviamente válido, es demasiado estrecho para comprender el comportamiento humano.

En realidad, las personas disfrutan de ciertos tipos de tensión, en un grado determinado. Experimentan placer en situaciones de desafío tales como deportes competitivos, porque la tensión aumenta el grado de excitación. El aumento de la excitación es en sí mismo una sensación placentera cuando está asociada con la perspectiva de su liberación. En el sexo, la intensificación de la excitación se denomina placer inicial, en contraposición con el placer  final, o satisfacción de la liberación u orgasmo. Sin embargo, cuando no hay perspectivas de liberación o se posterga indebidamente la satisfacción, el deseo y la necesidad se transforman en estados de dolor. En consecuencia, tanto la necesidad como su satisfacción son aspectos de la experiencia del placer, cuando no hay conflicto ni preocupación.

Dado que las necesidades primarias de un organismo tienen que ver con la preservación de su integridad, el placer está asociado con la sensación de bienestar que surge cuando la integridad está asegurada. En su forma más simple, el placer refleja la realización sana de los procesos vitales del cuerpo. Leslie Stephen señala lo mismo cuando dice: “Debemos suponer, entonces, que el placer y el dolor se corresponden con ciertos estados que en general pueden ser vistos como el funcionamiento fluido o distorsionado del organismo y que dados estos estados, siempre debe de haber sensaciones”. No hay un estado neutro. Una persona se siente bien o mal, según su estado de funcionamiento físico. Si sus sentimientos están reprimidos, estará deprimida. El placer puede definirse, entonces, como la sensación que se desarrolla a partir del funcionamiento fluido del proceso de la vida.

Sin embargo, el proceso de la vida es algo más que la mera supervivencia, es decir, es algo más que lapreservación de la integridad física del organismo. Hallamos capacidad de sobrevivir en muchos individuos emocionalmente trastornados que se quejan de que no sienten el placer de vivir. En estos casos, los procesos de la vida han dejado de avanzar. El placer y la supervivencia no son idénticos. La vida incluye los fenómenos de crecimiento y creatividad. Es por eso que la novedad es un ingrediente tan importante del placer. La reiteración de experiencias idénticas es aburrida y utilizamos la expresión “muerto de aburrimiento” para indicar hasta qué punto la falta de excitación niega la vida.

Biológicamente, el placer está vinculado al fenómeno del crecimiento, que es una importante expresión del proceso de la vida. Crecemos incorporando el medio a nuestro ser tanto física como psíquicamente. Esto implica buscar y aspirar aire, alimentos e impresiones. Disfrutamos de la expansión y prolongación de nuestro ser: el aumento de nuestra fuerza, el desarrollo de la coordinación y de las aptitudes motrices, la ampliación de nuestras relaciones  sociales y el enriquecimiento de nuestras vidas. La persona sana tiene hambre de vida, de aprendizaje y de asimilación de nuevas experiencias en su personalidad.

La relación entre placer y crecimiento explica por qué la juventud, período de activo crecimiento físico y mental, está más próxima al placer que la edad madura. También explica  por qué los placeres de las personas mayores son más intelectuales, ya que este aspecto de su personalidad tiene todavía capacidad de crecimiento. Los jóvenes, como todos sabemos, tienen una mayor capacidad de excitación que las personas mayores.

El secreto del placer está oculto en el fenómeno de la excitación. Un organismo vivo tiene la capacidad intrínseca de mantener y aumentar su nivel de excitación, no pasa de la inercia a la sensibilidad, como una máquina cuando se enciende el motor o se conecta la corriente. Hay una excitación continua en el organismo vivo que aumenta o disminuye, en respuesta a los estímulos que provienen del medio. Hablando en general, el aumento de la excitación conduce al placer; su disminución, al aburrimiento y a la depresión.

Los fenómenos de excitación tienen lugar también en la naturaleza orgánica. En física, se dice que un electrón se excita cuando se mueve hacia una órbita externa, hacia un estado “más excitado”. El electrón cambia su posición capturando un fotón, una partícula de energía luminosa. Cuando el electrón libera energía, nuevamente en forma de luz, regresa a su órbita anterior, un estado menos excitado.

La iluminación de la atmósfera de la Tierra es otro ejemplo del proceso de excitación en la naturaleza. Cuando el Sol sale por encima del horizonte, su energía bombardea la envoltura gaseosa que rodea a nuestro planeta. Esta energía es recogida por los electrones de los átomos de la atmósfera, que se excitan y emiten luz. El hecho de que el espacio sea oscuro muestra que la luz del día es un proceso de excitación producido en nuestra propia atmósfera por la energía del sol. 

La iluminación es también un aspecto de la excitación de los organismos vivos. Nos iluminamos de placer, brillamos de alegría y resplandecemos de éxtasis. La irradiación de una persona viva se ve más en el brillo de sus ojos, pero puede manifestarse también en una      tez resplandeciente. Recuerdo la observación que hizo mi hijo cuando su madre comentó que él no había sonreído mientras le sacaban la fotografía de la escuela. “Pero mamá”, dijo, “mis ojos brillaban como diamantes.” En el intenso placer del orgasmo sexual pleno se desarrolla una sensación en el cuerpo que se percibe como un resplandor.

La irradiación de una persona enamorada es una expresión directa de su alegría. La iluminación del cuerpo humano no es sólo una expresión metafórica. El cuerpo humano está rodeado por un “campo de fuerza” que ha sido definido como aura o atmósfera. Lo han observado y descrito muchos escritores, tales como Paracelso, Mesmer, Kilner y Reich. Mi socio, el Dr. John C. Pierrakos, ha efectuado un estudio especial de este fenómeno durante los últimos quince años. Este campo o aura puede ser visto directamente por el ojo en  determinadas circunstancias. Aparece en antiguas pinturas del Renacimiento como un resplandor que rodea las cabezas de los santos.

Este campo es significativo para nuestra exposición porque refleja el nivel de excitación del cuerpo. A medida que la excitación interna aumenta, con sensaciones placenteras, el color del campo se toma de un azul más intenso y aumenta el espesor de la envoltura. Hay una depresión de todo el campo en los estados de dolor, probablemente debido a la acción del sistema simpáticoadrenal que retira la sangre de la superficie del cuerpo. El campo también late, es decir, aparece y desaparece con una frecuencia promedio de quince a veinticinco veces por minuto en condiciones normales. La frecuencia de los latidos, al igual que el color del campo, está relacionada con el grado de excitación del cuerpo. Cuando éste tiene movimientos vibratorios voluntarios como consecuencia de una respiración más profunda y de una mayor sensibilidad, la frecuencia de los latidos puede llegar a cuarenta o cincuenta por minuto; al mismo tiempo, el espesor del campo se amplia y su color se vuelve más brillante.

La excitación de un organismo vivo es diferente de la de la naturaleza inorgánica, generalmente porque aquél está con tenido dentro de un sistema cerrado. El organismo vivo tiene la capacidad no sólo de mantener el nivel de excitación por encima de la del medio, sino también de aumentar este nivel a expensas del medio. La vida va contra la segunda ley de la termodinámica, la ley de entropía. La evolución y el crecimiento de cada individuo son el testimonio de que la vida es un proceso hacia una mayor organización y hacia un aumento de energía.


jueves, 9 de octubre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 12


Capítulo 2  Sensibilidad y Autoconciencia (continuación) 

¿Qué rol juega el análisis en la terapia bioenergética?  Para un paciente es tan importante conocer el origen de sus conflictos como llegar a ser autoconsciente a través de la actividad corporal. Para que la terapia sea efectiva se deben sintonizar ambos enfoques. En la terapia bioenergética se utilizan todas las modalidades de la psicoterapia y del psicoanálisis para aumentar la autocomprensión y la autoexpresión. Esto incluye la interpretación de sueños y el trabajo con la transferencia de situación. A diferencia de otras formas de terapia, sin embargo, el trabajo con el cuerpo sirve de fundamento a las funciones de autocomprensión y autoconciencia del ego.

El concepto bioenergético básico es que cada forma de tensión muscular crónica debe ser tratada a tres niveles: 1) su historia u origen en la infancia, 2) su significado actual en relación con el carácter del individuo y 3) su efecto sobre el funcionamiento corporal. Sólo esta visión holística del fenómeno de la tensión muscular puede producir cambios en la personalidad que tengan un valor duradero. 

Esto conduce a varias proposiciones importantes:1. Todo grupo de músculos con tensión crónica representa un conflicto emocional no resuelto y probablemente reprimido. La tensión es la consecuencia de un impulso que busca expresarse y encuentra un freno basado en el temor. Una tensión en la mandíbula puede representar el conflicto entre un impulso de morder y el temor a que dicha acción conduzca a medidas punitivas del padre. La misma tensión podría asimismo estar relacionada con un impulso de llorar y con el temor a que éste provoque la ira o el rechazo del padre. Las tensiones tienen múltiples determinaciones, ya que todas las partes del cuerpo participan en todas las expresiones emocionales. Esto significa que todas las tensiones deben liberarse realizando todos los movimientos en que puede participar el músculo tenso. Si es posible, los conflictos específicos en los que está involucrado el grupo de músculos tensos deben hacerse conscientes en relación con el impulso que contienen pero también con el temor que representan.

2. Todo músculo con contracción crónica representa una actitud negativa. Dado que está bloqueando la expresión de algún impulso, está, en efecto, diciendo: “No, no lo haré”. Si no conoce el impulso y la tensión que lo bloquea, lo único que el individuo puede sentir es “No puedo”. Y sin conocimiento, realmente no puede mover la parte del cuerpo controlada por el músculo. El “No puedo” se transforma en “No lo haré” cuando la persona se hace consciente de la inhibición expresada en la tensión.

Expresando conscientemente su actitud negativa, libera al músculo de la tarea de bloquear inconscientemente el impulso y a través de esta maniobra obtiene la opción de expresar el impulso o detener su expresión. Por ejemplo, muchos pacientes tienen el llanto inhibido y no pueden entregarse a su tristeza. Les pido, entonces, que golpeen la cama con los puños, como se describió en la sección anterior, y que digan: “No lloraré”. Es sorprendente la frecuencia con que esto conduce al sollozo.

La actitud negativa generalizada, expresada al mantener los músculos tensos, se extiende e incluye al terapeuta y a la situación terapéutica. Está cubierta por una fachada de amabilidad y cooperación. Se puede penetrar a través de esta fachada mediante el análisis concienzudo de la transferencia o moverse inmediatamente haciendo que la expresión de la negatividad sea el primer paso de la terapia.

Todos los pacientes de la terapia bioenergética se enfrentan con su negatividad oculta trabajando con la expresión de hostilidad y negatividad, tanto física como verbalmente.

3. El aspecto biológico de la tensión muscular es su relación con la capacidad de sentir placer. La tensión total de la muerte manifestada en el estado de rigor mortis es la ausencia total de toda capacidad de sentir placer o dolor. En el nivel en el que las tensiones crónicas inmovilizan nuestro cuerpo, se reduce nuestra capacidad de sentir placer. Saber esto nos puede dar la motivación para la tarea a veces dolorosa de liberar estas tensiones. Si no lo sabemos y no comprendemos la dinámica bioenergética de la respiración, el movimiento y la sensibilidad, nos sentiremos incapaces de recuperar la alegría de vivir. Ante esta desesperación, desarrollamos la ilusión de que el éxito y el poder pueden transformar una existencia sin alegría en una vida placentera.

 


viernes, 3 de octubre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 11


SENSIBILIDAD Y AUTOCONCIENCIA

Uno de los axiomas del análisis bioenergético es que lo que una persona realmente siente es su cuerpo. No puede sentir el medio sino a través de la acción de éste sobre su cuerpo.

Siente cómo reacciona su cuerpo ante los estímulos provenientes del medio y luego proyecta esta sensación sobre los estímulos. En consecuencia, cuando siento que su mano apoyada sobre mi brazo está caliente, lo que siento es el calor que su mano produce en mi brazo. Todas las sensaciones son percepciones del cuerpo. Si el cuerpo de una persona no responde al medio, la persona no siente nada.

La autoconciencia es una función de la sensibilidad. Es la suma de todas las sensaciones del cuerpo al mismo tiempo. A través de su autoconciencia una persona sabe quién es. Es consciente de lo que sucede en todas las partes de su cuerpo; en otras palabras, está encontacto consigo misma. Por ejemplo,siente dentro de su cuerpo el flujo de sensaciones asociadas a la respiración y siente todos los movimientos espontáneos o involuntarios del cuerpo. Pero también es consciente de las tensiones musculares que restringen sus movimientos, ya que éstos también crean sensaciones. La persona que carece de autoconciencia tiene una percepción abstracta de sí misma. En lugar de experimentar el contacto con su cuerpo, lo ve, por decirlo así, como desde fuera, con los ojos de su mente. 

Al no estar en contacto con su cuerpo desde dentro, le resulta extraño y torpe, lo cual la hace sentirse como observadora de su expresión y movimiento.

En las personas que no tienen autoconciencia hay partes de su cuerpo que carecen de sensibilidad y por tanto no están en su conciencia. Por ejemplo, la mayoría de las personas desconocen las expresiones de sus caras. No saben si tienen rostro triste, irritado o disgustado. Algunas caras tienen una expresión tan obvia de dolor que al observador le sorprende que la persona la desconozca.

Otras partes del cuerpo que comúnmente desconocemos son las piernas, glúteos, espalda y hombros. Todos sabemos que tenemos piernas, glúteos, espalda y hombros, pero no los sentimos como partes vivas del cuerpo. No podemos decir si nuestras piernas están relajadas o contraídas, si nuestros glúteos están tensos o relajados, si nuestra espalda está derecha o encorvada, si nuestros hombros están levantados o caídos.

Dicha falta de autoconciencia implica que la persona ha perdido el espectro completo de la función de esas partes del cuerpo que no están en la conciencia. La persona que no siente sus piernas carece de sentido de la seguridad, porque no siente que sus piernas la sostienen. No está emocionalmente segura sobre sus propios pies y siente la necesidad de que alguien o algo la sostenga. Los glúteos funcionan como contrapesos para mantener la postura erguida normal. Cuando los glúteos están contraídos, la mitad superior del cuerpo tiende a desplomarse. Esto puede impedirse sólo sacando pecho y enderezando la espalda.

Los glúteos contraídos hacen que la postura se parezca a la de un perro con el rabo entre las piernas. La persona que se mueve en esta postura ha perdido su garbo natural, que sólo puede compensarse con una pose de ego exagerado basada en la rigidez. En cambio, si los glúteos están proyectados hacia atrás, la persona pierde la capacidad de mover la pelvis hacia adelante en forma sexualmente agresiva. Su cuerpo revela una lordosis, un hueco exagerado en la región lumbar de la espalda. Sufre inadaptación sexual debido a una incapacidad de descargar completa y libremente su energía sexual.

Normalmente, la pelvis se encuentra suspendida libremente y se mueve espontáneamente hacia adelante y hacia atrás, con la respiración. Este movimiento hacia adelante descarga la energía hacia los genitales. Las tensiones pelvianas crónicas, que restringen la movilidad de la pelvis, reducen la potencia orgásmica de la persona. Lo triste de estas tensiones es que también disminuyen el autoconocimiento de la persona, por lo que ésta no sabe qué sucede con su funcionamiento sexual. Puede culparse a sí misma o a su pareja, sin que comprenda la causa de sus dificultades.

Debido a las tensiones crónicas, la persona normal tiene escasa sensibilidad en la espalda. Comúnmente, descubrimos que la espalda está tan rígida que no se la puede inclinar o tan maleable que no ofrece sostén al cuerpo. En ambos casos la persona pierde la capacidad de “respaldar sus sentimientos” o de contenerlos. La excesiva rigidez conduce a la compulsión y la flaccidez excesiva, a la impulsividad. Carente de sensación en su espalda, no puede movilizar su ira para superar sus frustraciones. Es posible ver animales, tales como perros o gatos, subir literalmente el lomo cuando están irritados. Incluso el pelo del lomo se eriza cuando esta parte del cuerpo está cargada de sentimientos. Los seres humanos trastornados se vuelven irritables o tienen accesos de cólera, pero carecen de la capacidad animal de expresar la ira de forma directa.

La tensión en la espalda se asocia generalmente a las tensiones que inmovilizan los hombros. Las tensiones en los hombros afectan a dos importantes funciones. Una es la capacidad de estirarse y la otra, la de mover con fuerza los miembros. Cuando los hombros están fijos en la posición levantada, la persona está “colgada”, como en una percha.

Los hombros levantados son una expresión de temor, porque se elevan por temor. La persona con los hombros levantados está colgada por su incapacidad de estirar o mover los miembros y en consecuencia es incapaz de bajarlos.

La persona sin autoconciencia es también insensata. Su imagen de sí misma no coincide con la que muestra a los demás y su ingenua aceptación de esta imagen la deja abierta a respuestas inesperadas. El individuo que piensa que presenta un aspecto varonil porque su pecho está inflado se disgusta cuando descubre que los demás ven esto como una pose. Por la misma razón se deja engañar fácilmente por las poses “fachadas” que otras personas adoptan. Usted conoce a los demás sólo en la medida en que se conoce a usted mismo y sólo podrá comprender a otra persona en la medida en que usted mismo se sienta persona.

La tensión muscular crónica provoca la pérdida de autoconciencia. Esta tensión se diferencia de las tensiones normales de la vida en el hecho de que es una espasticidad muscular inconsciente que persiste y que se ha convertido en una parte de la estructura o forma de ser del cuerpo.

Debido a esto, la persona ignora que tiene esas tensiones crónicas hasta que éstas comienzan a provocarle dolor. Cuando esto sucede, la persona puede sentir la tensión subyacente, pero no es consciente de lo que esto significa ni de las causas de su desarrollo. Se siente completamente incapaz de hacer algo para aliviar la tensión. Sin embargo, cuando no siente dolor, la mayoría de las personas olvidan completamente el modo como deben erguirse o moverse.

Se sienten cómodas en sus actitudes estructuradas, ignorantes de las limitaciones que estas actitudes le imponen a su potencial de vida.

Un músculo se pone tenso sólo en una situación de estrés. Cuando un cuerpo se mueve fácilmente, no siente fatiga. Hay dos tipos de estrés: físico y emocional. El estrés físico consiste, por ejemplo, en soportar un gran peso, o en continuar un movimiento o actividad cuando un músculo está cansado. Cuando siente el dolor de la tensión, la persona abandona la actividad o deja el peso. Sin embargo, si no hay forma de eliminar el estrés, el músculo sufrirá un espasmo. 

El estrés emocional es igual al físico; los músculos están cargados de una emoción que no pueden liberar. Se contraen para sostener o contener la emoción tal como lo hacen para soportar un peso, y si la emoción persiste el tiempo suficiente el músculo sufrirá un espasmo porque no podrá deshacerse de la tensión.

Cualquier emoción que no puede ser liberada es un estrés para los músculos. Esto es así debido a que una emoción es una carga que presiona hacia afuera para liberarse. Algunos ejemplos ilustrarán estas ideas. Los sentimientos de tristeza o dolor se liberan con el llanto. Si se inhibe el llanto debido a una prohibición de los padres o por otras razones, los músculos que normalmente reaccionan en el llanto se ponen tensos. Estos músculos están situados en la boca, garganta, pecho y abdomen. 

Si el sentimiento que no se puede liberar es de ira, los músculos de la espalda y de los hombros resultan tensos. La inhibición del impulso de morder conduce a tensiones en la mandíbula, y la inhibición del impulso de patear, a tensiones en las piernas. La correlación entre la tensión en el músculo y la inhibición es tan exacta que se puede decir qué impulsos o sentimientos están inhibidos en una persona con un estudio de las tensiones musculares.

En lo que al músculo se refiere, hay escasa diferencia entre un estrés externo y uno interno. Ambos ponen al músculo en tensión. El estrés físico es generalmente más breve que el emocional, el cual tiende a persistir y se vuelve inconsciente.

 Las tensiones que surgen a través de la inhibición son tensiones crónicas que se desarrollan lentamente, a través de experiencias repetidas y en forma tan insidiosa que la persona casi no es consciente de la tensión, y si lo es, no sabe cómo liberarla. Tiene que convivir con ella y la única manera de hacerlo es olvidándola.

Un músculo relajado es un músculo cargado de energía. Es como un arma cargada, lista para disparar. El gatillo que descarga el músculo es un impulso lanzado desde su nerviomotor. La descarga del músculo produce una contracción, que se traduce en movimiento. El músculo contraído no puede moverse hasta que no se recarga con energía. Esta energía llega al músculo en forma de oxígeno y azúcar. Sin un suministro de energía adicional es imposible liberar músculos contraídos. El factor importante en este proceso es el oxígeno, ya que sin suficiente oxígeno el proceso metabólico en el músculo se detiene. Este hecho señala la importancia de respirar para relajarse y para suprimir las represiones. Cuando la respiración de un paciente se intensifica, sus músculos tensos entran en vibración al cargarse de energía.

En algunos pacientes, las vibraciones pueden transformarse en movimientos expresivos espontáneos cuando el cuerpo mismo libera sus impulsos reprimidos. Generalmente, los movimientos comienzan conscientemente y cuando alcanzan su mayor intensidad, hacen salir impulsos reprimidos. Un paciente puede comenzar pateando el diván como ejercicio, pero cuando se deja llevar por el movimiento, éste afecta a todo el cuerpo, produciendo una liberación emocional. 

Los músculos tensos sólo pueden liberarse con movimientos expresivos, es decir movimientos en los cuales la actividad expresa el sentimiento reprimido. En la medida en que el movimiento se realice mecanicamente, se contienen los impulsos repreimidos y no se libera ninguna tensión.