SENSIBILIDAD Y AUTOCONCIENCIA
Uno de los axiomas del análisis bioenergético es que lo que una persona realmente siente es su cuerpo. No puede sentir el medio sino a través de la acción de éste sobre su cuerpo.
Siente cómo reacciona su cuerpo ante los estímulos provenientes del medio y luego proyecta esta sensación sobre los estímulos. En consecuencia, cuando siento que su mano apoyada sobre mi brazo está caliente, lo que siento es el calor que su mano produce en mi brazo. Todas las sensaciones son percepciones del cuerpo. Si el cuerpo de una persona no responde al medio, la persona no siente nada.
La autoconciencia es una función de la sensibilidad. Es la suma de todas las sensaciones del cuerpo al mismo tiempo. A través de su autoconciencia una persona sabe quién es. Es consciente de lo que sucede en todas las partes de su cuerpo; en otras palabras, está encontacto consigo misma. Por ejemplo,siente dentro de su cuerpo el flujo de sensaciones asociadas a la respiración y siente todos los movimientos espontáneos o involuntarios del cuerpo. Pero también es consciente de las tensiones musculares que restringen sus movimientos, ya que éstos también crean sensaciones. La persona que carece de autoconciencia tiene una percepción abstracta de sí misma. En lugar de experimentar el contacto con su cuerpo, lo ve, por decirlo así, como desde fuera, con los ojos de su mente.
Al no estar en contacto con su cuerpo desde dentro, le resulta extraño y torpe, lo cual la hace sentirse como observadora de su expresión y movimiento.
En las personas que no tienen autoconciencia hay partes de su cuerpo que carecen de sensibilidad y por tanto no están en su conciencia. Por ejemplo, la mayoría de las personas desconocen las expresiones de sus caras. No saben si tienen rostro triste, irritado o disgustado. Algunas caras tienen una expresión tan obvia de dolor que al observador le sorprende que la persona la desconozca.
Otras partes del cuerpo que comúnmente desconocemos son las piernas, glúteos, espalda y hombros. Todos sabemos que tenemos piernas, glúteos, espalda y hombros, pero no los sentimos como partes vivas del cuerpo. No podemos decir si nuestras piernas están relajadas o contraídas, si nuestros glúteos están tensos o relajados, si nuestra espalda está derecha o encorvada, si nuestros hombros están levantados o caídos.
Dicha falta de autoconciencia implica que la persona ha perdido el espectro completo de la función de esas partes del cuerpo que no están en la conciencia. La persona que no siente sus piernas carece de sentido de la seguridad, porque no siente que sus piernas la sostienen. No está emocionalmente segura sobre sus propios pies y siente la necesidad de que alguien o algo la sostenga. Los glúteos funcionan como contrapesos para mantener la postura erguida normal. Cuando los glúteos están contraídos, la mitad superior del cuerpo tiende a desplomarse. Esto puede impedirse sólo sacando pecho y enderezando la espalda.
Los glúteos contraídos hacen que la postura se parezca a la de un perro con el rabo entre las piernas. La persona que se mueve en esta postura ha perdido su garbo natural, que sólo puede compensarse con una pose de ego exagerado basada en la rigidez. En cambio, si los glúteos están proyectados hacia atrás, la persona pierde la capacidad de mover la pelvis hacia adelante en forma sexualmente agresiva. Su cuerpo revela una lordosis, un hueco exagerado en la región lumbar de la espalda. Sufre inadaptación sexual debido a una incapacidad de descargar completa y libremente su energía sexual.
Normalmente, la pelvis se encuentra suspendida libremente y se mueve espontáneamente hacia adelante y hacia atrás, con la respiración. Este movimiento hacia adelante descarga la energía hacia los genitales. Las tensiones pelvianas crónicas, que restringen la movilidad de la pelvis, reducen la potencia orgásmica de la persona. Lo triste de estas tensiones es que también disminuyen el autoconocimiento de la persona, por lo que ésta no sabe qué sucede con su funcionamiento sexual. Puede culparse a sí misma o a su pareja, sin que comprenda la causa de sus dificultades.
Debido a las tensiones crónicas, la persona normal tiene escasa sensibilidad en la espalda. Comúnmente, descubrimos que la espalda está tan rígida que no se la puede inclinar o tan maleable que no ofrece sostén al cuerpo. En ambos casos la persona pierde la capacidad de “respaldar sus sentimientos” o de contenerlos. La excesiva rigidez conduce a la compulsión y la flaccidez excesiva, a la impulsividad. Carente de sensación en su espalda, no puede movilizar su ira para superar sus frustraciones. Es posible ver animales, tales como perros o gatos, subir literalmente el lomo cuando están irritados. Incluso el pelo del lomo se eriza cuando esta parte del cuerpo está cargada de sentimientos. Los seres humanos trastornados se vuelven irritables o tienen accesos de cólera, pero carecen de la capacidad animal de expresar la ira de forma directa.
La tensión en la espalda se asocia generalmente a las tensiones que inmovilizan los hombros. Las tensiones en los hombros afectan a dos importantes funciones. Una es la capacidad de estirarse y la otra, la de mover con fuerza los miembros. Cuando los hombros están fijos en la posición levantada, la persona está “colgada”, como en una percha.
Los hombros levantados son una expresión de temor, porque se elevan por temor. La persona con los hombros levantados está colgada por su incapacidad de estirar o mover los miembros y en consecuencia es incapaz de bajarlos.
La persona sin autoconciencia es también insensata. Su imagen de sí misma no coincide con la que muestra a los demás y su ingenua aceptación de esta imagen la deja abierta a respuestas inesperadas. El individuo que piensa que presenta un aspecto varonil porque su pecho está inflado se disgusta cuando descubre que los demás ven esto como una pose. Por la misma razón se deja engañar fácilmente por las poses “fachadas” que otras personas adoptan. Usted conoce a los demás sólo en la medida en que se conoce a usted mismo y sólo podrá comprender a otra persona en la medida en que usted mismo se sienta persona.
La tensión muscular crónica provoca la pérdida de autoconciencia. Esta tensión se diferencia de las tensiones normales de la vida en el hecho de que es una espasticidad muscular inconsciente que persiste y que se ha convertido en una parte de la estructura o forma de ser del cuerpo.
Debido a esto, la persona ignora que tiene esas tensiones crónicas hasta que éstas comienzan a provocarle dolor. Cuando esto sucede, la persona puede sentir la tensión subyacente, pero no es consciente de lo que esto significa ni de las causas de su desarrollo. Se siente completamente incapaz de hacer algo para aliviar la tensión. Sin embargo, cuando no siente dolor, la mayoría de las personas olvidan completamente el modo como deben erguirse o moverse.
Se sienten cómodas en sus actitudes estructuradas, ignorantes de las limitaciones que estas actitudes le imponen a su potencial de vida.
Un músculo se pone tenso sólo en una situación de estrés. Cuando un cuerpo se mueve fácilmente, no siente fatiga. Hay dos tipos de estrés: físico y emocional. El estrés físico consiste, por ejemplo, en soportar un gran peso, o en continuar un movimiento o actividad cuando un músculo está cansado. Cuando siente el dolor de la tensión, la persona abandona la actividad o deja el peso. Sin embargo, si no hay forma de eliminar el estrés, el músculo sufrirá un espasmo.
El estrés emocional es igual al físico; los músculos están cargados de una emoción que no pueden liberar. Se contraen para sostener o contener la emoción tal como lo hacen para soportar un peso, y si la emoción persiste el tiempo suficiente el músculo sufrirá un espasmo porque no podrá deshacerse de la tensión.
Cualquier emoción que no puede ser liberada es un estrés para los músculos. Esto es así debido a que una emoción es una carga que presiona hacia afuera para liberarse. Algunos ejemplos ilustrarán estas ideas. Los sentimientos de tristeza o dolor se liberan con el llanto. Si se inhibe el llanto debido a una prohibición de los padres o por otras razones, los músculos que normalmente reaccionan en el llanto se ponen tensos. Estos músculos están situados en la boca, garganta, pecho y abdomen.
Si el sentimiento que no se puede liberar es de ira, los músculos de la espalda y de los hombros resultan tensos. La inhibición del impulso de morder conduce a tensiones en la mandíbula, y la inhibición del impulso de patear, a tensiones en las piernas. La correlación entre la tensión en el músculo y la inhibición es tan exacta que se puede decir qué impulsos o sentimientos están inhibidos en una persona con un estudio de las tensiones musculares.
En lo que al músculo se refiere, hay escasa diferencia entre un estrés externo y uno interno. Ambos ponen al músculo en tensión. El estrés físico es generalmente más breve que el emocional, el cual tiende a persistir y se vuelve inconsciente.
Las tensiones que surgen a través de la inhibición son tensiones crónicas que se desarrollan lentamente, a través de experiencias repetidas y en forma tan insidiosa que la persona casi no es consciente de la tensión, y si lo es, no sabe cómo liberarla. Tiene que convivir con ella y la única manera de hacerlo es olvidándola.
Un músculo relajado es un músculo cargado de energía. Es como un arma cargada, lista para disparar. El gatillo que descarga el músculo es un impulso lanzado desde su nerviomotor. La descarga del músculo produce una contracción, que se traduce en movimiento. El músculo contraído no puede moverse hasta que no se recarga con energía. Esta energía llega al músculo en forma de oxígeno y azúcar. Sin un suministro de energía adicional es imposible liberar músculos contraídos. El factor importante en este proceso es el oxígeno, ya que sin suficiente oxígeno el proceso metabólico en el músculo se detiene. Este hecho señala la importancia de respirar para relajarse y para suprimir las represiones. Cuando la respiración de un paciente se intensifica, sus músculos tensos entran en vibración al cargarse de energía.
En algunos pacientes, las vibraciones pueden transformarse en movimientos expresivos espontáneos cuando el cuerpo mismo libera sus impulsos reprimidos. Generalmente, los movimientos comienzan conscientemente y cuando alcanzan su mayor intensidad, hacen salir impulsos reprimidos. Un paciente puede comenzar pateando el diván como ejercicio, pero cuando se deja llevar por el movimiento, éste afecta a todo el cuerpo, produciendo una liberación emocional.
Los músculos tensos sólo pueden liberarse con movimientos expresivos, es decir movimientos en los cuales la actividad expresa el sentimiento reprimido. En la medida en que el movimiento se realice mecanicamente, se contienen los impulsos repreimidos y no se libera ninguna tensión.
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