miércoles, 20 de agosto de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 3

El viaje de autodescubrimiento

El objetivo de la terapia  es el autodescubrimiento, que implica recuperar el alma propia y liberar el espíritu. A ese objetivo se llega en tres etapas. La primera es la conciencia de sí, que significa percibir todas las partes del cuerpo y los sentimientos que en ellas puedan surgir. Me sorprende comprobar cuánta gente ignora la expresión de su rostro y su mirada, pese a que se mira en el espejo todos los días. Por supuesto, la razón es que no quieren verse. Piensan que no pueden hacerse frente, y que los demás tampoco podrán. Se ponen entonces una máscara, una sonrisa estereotipada que proclama al mundo que todo anda bien, cuando no es así. Si dejan caer la máscara, generalmente se asiste a una expresión de tristeza, dolor, depresión o temor. En la medida en que la llevan puesta no pueden sentir su propio rostro, pues está congelado en la sonrisa fija. Sentir dicha tristeza, dolor o temor no produce gozo, pero si esas emociones suprimidas no se sienten, tampoco se las podrá liberar. Uno queda aprisionado detrás de una fachada que impide que el sol llegue a su corazón.
Cuando el individuo avanza y deja atrás esa obscura celda, tal vez al principio el sol sea enceguecedor para él, pero una vez que se habitúa, ya no quiere volver más a su prisión tenebrosa.

La segunda etapa es la expresión de sí. Si los sentimientos no se expresan, se los suprime y uno pierde contacto con sí mismo. Cuando a los niños se les veda expresar ciertos sentimientos, como la ira, o se les castiga si lo hacen; los ocultan y a la larga pasan a formar parte del sombrío mundo subterráneo de la personalidad. Gran cantidad de gente está aterrada de sus propios sentimientos, a los que considera peligrosos, atemorizantes o alocados. Muchos tienen una furia asesina que, según piensan,  deben mantener sepultada por el temor a su destructividad potencial. Esta furia es como una bomba que no ha explotado y uno no se atreve a tocar; pero tan pronto se le hace estallar en un sitio seguro, se torna inocua; uno puede liberar los sentimientos asesinos en el seguro medio terapéutico. Una vez liberada, la furia puede manejarse por vía racional.

La tercera etapa es el adueñamiento de sí. Implica que el individuo conoce lo que siente, que está en contacto consigo mismo. Que es capaz además de expresarse adecuadamente para promover sus mejores intereses. Que es dueño de sí. Han desaparecido los controles inconscientes que provenían del temor a ser él mismo. Han desaparecido la vergüenza y la culpa sobre lo que él es o siente. Han desaparecido las tensiones musculares de su cuerpo que bloqueaban su expresión  y limitaban su conciencia de sí. En su lugar hay autoaceptación y  libertad para ser.
La terapia es un viaje de autodescubrimiento. No es rápido ni sencillo, y en él no faltan los momentos de miedo. En algunos casos puede llevar toda la vida, pero su retribución es saber que no se ha vivido ésta en vano. Uno descubre el sentido de la vida en la experiencia profunda del gozo.  

lunes, 18 de agosto de 2014

La entrega al cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 2


Enraizamiento y realidad.

La entrega al cuerpo se asocia a la renuncia a las ilusiones y al descender a la tierra y la realidad. De un individuo muy conectado con la realidad suele decirse que “tiene los pies sobre la tierra”. Esto significa que siente la conexión existente entre sus pies y el suelo donde está parado. Los sujetos excesivamente  erguidos o “colgados de los hombros” no experimentan este contacto con el suelo porque sus pies están relativamente entumecidos. Han retirado esa energía excitatoria de la parte inferior del cuerpo como reacción frente al temor. Si éste es muy intenso, la persona retirará de hecho todos sus sentimientos del cuerpo, y su conciencia se limitará a la cabeza. Vivirá entonces en un mundo de fantasía.
Muchas personas viven más en su cabeza que en su cuerpo a fin de evitar sentir el dolor o el terror que éste alberga.

El contacto con la realidad no es un estado de “todo o nada”. Algunos estamos en mayor contacto y otros estamos más escindidos. Dicho contacto con la realidad es la condición de la cordura, y por lo tanto también de la salud física y emocional;  pero muchos se confunden acerca de la realidad, equiparándola con la norma cultural más que lo que siente en su cuerpo. Por supuesto, si falta el sentimiento o éste se encuentra muy reducido, uno busca el sentido de la vida en el mundo exterior.
Los individuos cuyo cuerpo está vivo y vibrante pueden experimentar la realidad de su ser, el ser de una persona que siente. El grado de vivacidad y de sentimiento que uno tiene, mide su contacto con la realidad. Los seres que sienten son personas “con los pies sobre la tierra”. Decimos que están enraizadas.

Estar enraizados, pues, significa tener los pies sobre la tierra. Casi todos los adultos los tienen, en el sentido mecánico de que sus pies los sustentan y desplazan; pero cuando el contacto es puramente mecánico, no se experimenta la relación con el suelo o la tierra de un modo vivo y significativo, ni se siente que las relaciones con los demás procedan de los sentimientos. No se siente tampoco el cuerpo dotado de vida y significación. Uno se vincula con él como con su automóvil, como un objeto que le es esencial para su actividad y movilidad. Quizás lo cuide, como lo haría con su auto, pero no se identifica con él. Tal vez tenga grandes triunfos en la vida, pero ésta será irreal. Quizá goce de las satisfacciones que brindan el poder y el dinero, pero no sentirá alegría. No estará enraizado en  la realidad, como no lo está su automóvil. La capacidad de gozo depende de este enraizamiento, ó sea, literalmente, de tener los pies sobre la tierra y de estar en contacto con ésta.

Para sentir la tierra, las piernas y los pies tienen que estar cargados de energía. Tienen que estar vivos y móviles, es decir, presentar ciertos movimientos espontáneos e involuntarios, como las vibraciones. Si los pies de una persona parecen carentes de vida y sus piernas se mantienen fijas e inmóviles, es que no tienen contacto con el suelo. Cuando en cambio, están plenamente vivos, el individuo puede sentir que fluye por ellos una corriente de excitación, calentándolos y haciéndolos vibrar.

El enraizamiento es un proceso energético en el que la excitación fluye a lo largo de todo el cuerpo de la cabeza a los pies. Si ese flujo es intenso y pleno, la persona siente su cuerpo, su sexualidad y la tierra sobre la cual está parada: está en contacto con la realidad. El flujo de la excitación se asocia con las ondas respiratorias, de tal modo que cuando la respiración es libre y profunda, la excitación fluye análogamente. Si la respiración o el flujo se bloquean, la persona no siente su cuerpo por debajo del lugar en que ese bloqueo se produjo. Limitado el flujo, se reduce el sentimiento. Como el flujo de excitación es pulsátil ( o sea, baja hasta los pies y luego sube a la cabeza, al igual que las oscilaciones del péndulo), excita los diversos sectores del cuerpo: cabeza, corazón, genitales y piernas. Dado que al descender atraviesa la región pelviana, toda perturbación sexual importante bloqueará ese fluir hacia las piernas y los pies. Si el individuo está desenraizado, también lo estará su comportamiento sexual.
 Estar enraizado implica pararse sobre sus propios pies y denota asimismo, un estado de independencia y madurez.

Este análisis nos ayuda a comprender el atractivo que ejerce un culto que demande de sus miembros la entrega de sus respectivos egos al líder. La entrega a un líder equivale  a una regresión a la infancia, y está asociada con una abdicación del poder y de la responsabilidad. “Protegido” por el líder y sin verse entorpecido por la necesidad de elegir entre lo que está bien y lo que está mal, el miembro del culto tiene un sentimiento de libertad e inocencia. Como resultado de ello, siente un gozo que fortalece su adhesión al culto. La cuestión es si esta alegría es ilusoria o real. Las ilusiones pueden producir sentimientos reales pero éstos no se sostienen cuando la ilusión se derrumba, como inevitablemente sucede. En el caso del culto, la ilusión es que el líder es el padre amante y todopoderoso que se hará cargo de los devotos como un buen padre se haría cargo de sus hijos. La realidad es la opuesta, ya que los líderes de estos cultos son individuos narcisistas que necesitan seguidores para sustentar las imágenes grandiosas que tienen de sí mismos. Además, necesitan tener poder sobre otros para compensar su impotencia. Por supuesto, estos líderes sólo atraen a quienes están buscando inconscientemente un padre-líder poderoso.

viernes, 15 de agosto de 2014

La Entrega al Cuerpo y el regreso a los sentimientos, parte 1

La Entrega al Cuerpo

La idea de “entrega” no goza de popularidad entre los individuos modernos, que conciben la vida como una batalla, una lucha o al menos una situación competitiva. Para muchos, la vida es una actividad que apunta a alguna realización o logro, algún éxito. La identidad está más ligada a la actividad que uno realiza que a su propio ser.
Esto es típico de una cultura narcisista en la que la imagen es más importante que la realidad. En una cultura narcisista el éxito perece aumentar la autoestima, pero sólo lo hace porque agranda el ego. El fracaso tiene el efecto opuesto: achica el ego. En esta atmósfera, la palabra “entrega” se equipara con derrota, pero en rigor, sólo es una derrota del ego narcisista.
Sin una entrega del ego narcisista, no hay entrega al amor, y sin esta entrega, el gozo es imposible.

Debemos admitir que el cuerpo posee una sabiduría derivada de miles de millones de años de historia evolutiva, que la mente consciente apenas puede imaginar. El misterio del amor, por ejemplo, está más allá del alcance del conocimiento científico. La afirmación de Pascal,”El corazón tiene razones que la razón no conoce”, es cierta.
La parte obscura e inconsciente de nuestro cuerpo es la que mantiene el fluir de la vida. No vivimos por obra de nuestra voluntad. La voluntad es impotente para regular o coordinar los complicados procesos bioquímicos y biofísicos del cuerpo. Este concepto es muy tranquilizador, ya que si ocurriera lo inverso, ante la primera falla de la voluntad la vida acabaría.

Y sin embargo, los seres humanos tenemos la arrogancia de suponer que sabemos más que la naturaleza. Yo tengo fe en el poder del cuerpo viviente para curarse a sí mismo. La terapia es un proceso de curación natural en el que el terapeuta da su apoyo a la función sanadora del cuerpo.
¿Pero por qué  cuando nos deprimimos,  no nos curamos en forma espontánea?
La razón es que persiste la causa subyacente. Esa causa es la inhibición de la expresión de los propios sentimientos de temor, tristeza o ira. La supresión de estos sentimientos y la tensión concomitante reducen la motilidad del cuerpo, lo que origina una merma de la vivacidad.
 La depresión desaparecería si pudiera sentir y expresar lo que siente. La expresión del sentimiento alivia la tensión, permitiendo que el cuerpo recobre su motilidad y por tanto aumente su vivacidad. Este es el aspecto mecánico del proceso terapéutico. Por el lado psicológico, es preciso develar la ilusión y comprender su origen infantil y su papel como mecanismo de sobrevivencia.

Junto a ello está la ilusión de que uno será amado por ser bueno, obediente, exitoso, etc. Esta ilusión contribuye a mantener el ánimo del individuo en su afán por conquistar el amor ajeno, pero como el verdadero amor no puede adquirirse ni ganarse con ninguna actuación, tarde o temprano la ilusión se derrumba y el individuo se deprime
Todos los pacientes padecen de alguna ilusión, en diverso grado. Algunos tienen la ilusión de que la riqueza les traerá felicidad, o de que la fama les asegurará el amor, o de que la sumisión los protege contra una posible violencia. Nos forjamos estas ilusiones en una época temprana de nuestra vida, como medio de sobrevivir a una situación infantil penosa, y ya adultos tememos renunciar a ellas.
Las ilusiones son defensas del ego contra la realidad, y si bien nos ahorran el dolor que puede causarnos una realidad aterradora, nos hacen prisioneros de la irrealidad. La salud emocional consiste en la capacidad para aceptar la realidad, no para huir de ella.

Y nuestra realidad básica es nuestro cuerpo. Para conocernos, tenemos que sentir nuestro cuerpo. La pérdida de sentimiento en algún lugar del cuerpo es la pérdida de una parte de nosotros. En nuestra cultura casi todos estamos disociados de ciertas partes del cuerpo. Algunos no tienen sensación alguna de su espalda (en especial aquellos de quienes se dice “carecen de espina dorsal); otros no sienten sus vísceras (los que revelan su falta de coraje). Cuando todas las partes están cargadas de energía y vibran, nos sentimos más vivos y gozosos. Pero para que esto ocurra tenemos que entregarnos al cuerpo y sus sentimientos.
Dicha entrega implica permitir que el cuerpo esté plenamente vivo y libre. Implica no controlarlo, no hacer con él como si fuera una máquina que uno debe poner en marcha o detener. El cuerpo tiene una mente y sabe lo que debe hacer. De hecho, lo que entregamos es la ilusión del poder de la mente.

Para comenzar, lo mejor es hacerlo por la respiración. La respiración es quizá la función corporal más importante, se caracteriza por ser una actividad natural involuntaria pero al mismo tiempo sujeta al control consciente.
Los estados emocionales afectan en forma directa la respiración. Cuando una persona se enoja mucho, su respiración se acelera. El temor tiene el efecto opuesto: hace que la persona retenga la respiración. Si el temor se convierte en pánico, la respiración se vuelve rápida y muy superficial. En estados de terror, uno apenas respira, ya que el terror tiene sobre el cuerpo un efecto paralizante. En estados de placer, la respiración es lenta y profunda. Estudiando la respiración de una persona, el terapeuta comprende su estado emocional.

miércoles, 13 de agosto de 2014

El poder de las emociones, parte 6


Confianza

El sentimiento de certeza nos hace sentir tranquilos y con determinación; es la fe, el conocimiento sereno de sentirse seguro.
Y dado que existen imprevistos, siempre existirá el desconcierto que puede tomarnos desprevenidos, causarnos miedo y una sensación de desamparo; a pesar de ello, la confianza es la convicción de que todo pasa para mi bien mayor, todos los problemas están hechos a tu medida porque tienes la capacidad de resolverlos.

Confía en ti, pues aunque te equivoques, si aprendes de tus errores, tu seguridad se consolidará.
Cuando aparezcan dudas, déjalas pasar, es como decirles “gracias por participar”, sin necesidad de contemplarlas como adversarias.
La confianza se robustece cuando superas innumerables obstáculos que parecían imposibles. Es muy gratificante fomentar fe en uno mismo.

Aprendidas

Amor

En definitiva, amor abarca todo lo bueno y bello del mundo. A tu pareja la tratas bien y le procuras por amor, lo mismo que a tu familia y a quien quieres. La gente que ayuda a extraños lo hace por amor a su prójimo, sea éste quien sea.
El amor se siente tanto al exterior como al interior; es decir, hacia la gente y cualquier cosa que nos rodea (incluso la naturaleza que implica un respeto y amor para cuidarla). Sobre todo, debe surgir de nosotros mismos, para así poderlo irradiar en todos los sentidos.

¿Cuántas veces le demuestras a la gente que la amas con acciones concretas? Improvisa y se creativo. Demuestra amor diario. Considera todas las formas en las cuales hoy mismo puedes demostrar amor a quienes tienes cerca y a la gente que te ama: a tu pareja, a tus padres, a tus hijos, al colaborador, al jefe, al vecino, al taxista, a la persona que se encuentra junto a ti….
¿Cuántas de esas maneras en que yo estoy dispuesto a demostrar amor las dirijo hacia mi persona? Primero, debo de amarme a mi mismo para poder manifestar amor a los demás.    

Todas las religiones y filosofías sostienen que el amor es la más grande expresión humana. Constituye el único modo de comprender a otro en lo más profundo de su ser: nadie puede conocer la esencia de otro ser humano si no le ama. Por el acto espiritual del amor, se es capaz de ver las características y cualidades esenciales de la persona amada; y lo que es más, conocer su potencial: todo lo bueno que puede llegar a ser, lo que aun no se ha revelado, lo que ha de mostrarse. Mediante su amor, la persona que ama motiva al amado a convertir en realidad todas los posibilidades.

La aceptación del otro es un reflejo de la propia capacidad de aceptarnos a nosotros mismos. Al comprender y entender que somos creaciones maravillosas, tenemos la capacidad de abrazar las cualidades igualmente maravillosas del mundo en el que vivimos y de quienes nos rodean. El amor es un fenómeno fundamental, básico y, además, sublime.

Gratitud

Ser agradecido te invita primero a una completa aceptación de todo: lo bueno, lo que juzgas malo, lo que te duele, lo que viene, lo que quieres; tu salud, tu hogar, familia, amigos, posesiones….
Muchas personas que están pasando por un momento difícil juzgan “Como estar agradecidos en un trance así”. Sin embargo, todo lo que nos pasa responde a un porqué y para qué, nada es eterno, ni siquiera ese dolor tan profundo que llegamos a sentir. Tampoco lo bueno dura para siempre.

Regálate unos minutos para iniciar y terminar el día agradeciendo. Rememora los buenos momentos. Agradece a Dios, a tus padres, a tus antepasados, a tus maestros, amigos  y a todas aquellas personas lo que te han legado. Siempre que puedas, demuéstrales gratitud con acciones y palabras; también, reconoce todos los acontecimientos que han contribuido a la etapa de madurez en que te encuentras.
Agradece a diario los pequeños detalles, tus órganos vitales que obedientes te sirven; las características que posees gratuitamente y el maravilloso don de la vida. El sentimiento que te contagia es mágico.

Cuando des, hazlo por el placer de dar, y con alegría, sin esperar nada a cambio.
La gratitud es una de las enseñanzas esenciales del buen vivir. Es la puerta para recibir dones mayores, se manifiesta en auténticos milagros.

lunes, 11 de agosto de 2014

El poder de las emociones, parte 5


Emociones Positivas

Disfrutas del buen vivir cuando aprovechas lo mejor de ti y cultivas emociones positivas, sin depender de lo exterior.
Para generar las emociones positivas se conjugan dos factores:  El uno: Cuando tú creas tus emociones, es decir, antepones tu voluntad. Ésta es la forma natural y espontánea. Es simplemente cómo te quieres sentir contigo mismo. La dicha no depende de lo que te falta. Lo único que necesitas es abrir los ojos y sentirte lleno de energía. Al aceptar la realidad, sin peros, compruebas lo sencillo que es generar las emociones positivas por ti mismo. En un instante, puedes cambiar. Sentirte feliz es una cuestión de actitud, porque te sientes contento, porque este día no lo has vivido, porque cada momento es un aprendizaje.
Escoge sentirte bien a pesar de las circunstancias adversas: del calor, la lluvia, el tráfico, la enfermedad, las pérdidas, los accidentes, la escasez de dinero, el despido injustificado, el divorcio. Para conseguirlo, recuerda momentos gratificantes y cómo en el pasado venciste las dificultades.

 El otro factor es: cuando recibes un estímulo del exterior. Los estímulos exteriores pueden ser una buena noticia, si te vas de vacaciones, si tu amor crece, si te reúnes con tus amigos y ríen de buena gana. Es un aliciente que nos puede desatar una emoción positiva, ya sea que te lo hayas ganado, te lo regalen o por una sorpresa.

Felicidad
La idea de la felicidad ha sido motivo de estudio e investigación desde tiempos ancestrales. Todos pretendemos ser felices y es por ello que trabajamos, buscamos una pareja, amigos y diversos satisfactores que nos llevan a sentirnos así.
Es usual que digamos: “Voy a ser feliz cuando tenga ese trabajo” o “voy a ser feliz cuando me case y tenga una familia” o “voy a ser feliz cuando tenga esa casa”. Pero si ese sentimiento de plenitud y felicidad se basa en alguien o en algo externo a ti, te va a decepcionar si no llega tal como lo deseas.

Como seres humanos, aplazamos nuestra felicidad “hasta que tenga algo” o “hasta que sea alguien” o “hasta que este con alguien”, porque siempre estamos ávidos de “algo más“.
Las expectativas irreales son fuente de tensión y neurosis. La realidad es que la felicidad se logra con el esfuerzo y el ánimo de crearla todos los días. no por arte de magia, ni comprándola en el supermercado. Aristóteles la definió como el fin último.

La felicidad se confunde con risas, alegría, buenos deseos; ganar en competencias, conseguir el puesto deseado, recibir el título esperado.
Las fuentes reales de la felicidad son muchas: ser auténticos, aceptarnos tal como somos, así como a las circunstancias; renovar nuestros ideales y respaldarlos con actitudes creativas; aprender a manejar las fricciones externas e internas; soltar los apegos; servir a otros. Si a pesar de numerosos tropiezos, nos levantamos con determinación y los resolvemos lo mejor que podemos, entonces mostramos autoridad sobre las emociones.

Alimentamos la conciencia de que la felicidad es natural cuando el bienestar surge del interior y no depende de nada ni de nadie. Es así como nos acercamos a nuestro Ser.  “La felicidad no es un fin, sino una persona con una serie de actitudes”.
Para ser tu proveedor consistente de paz interior y de satisfacciones, fomenta emociones positivas.

Emociones naturales

Aceptación

¿Cómo vas a poder ser feliz si reniegas de ti mismo y de todo lo que sucede? La aceptación radica en la aprobación de quien eres y lo que tienes.
¿No te es suficiente? Claro que sí, sólo que no lo sientes así. Si logras aceptar verdaderamente y dar gracias por todo lo que tienes y todo lo que eres vas a conseguir ser feliz mucho más rápido.

En el fondo, muchos no nos aceptamos por miedo a que los demás reconozcan quienes somos realmente. Nos comparamos constantemente con nuestros hermanos, amigos o con quien destacan. Así nos evaluamos.
Un requisito para amarte es aceptar quien eres y lo que tienes. La ruta más corta para ser feliz está en aprobarte verdaderamente y dar gracias por todo lo que tienes y todo lo que eres.
El sentimiento de “no ser suficientemente bueno” es un obstáculo. Contémplalo como la oportunidad para cambiar, ser mejor y no cometer los mismos errores.

Aceptar no quiere decir soportar ni auto flagelarte o consentir lo que no quieres. Si algo no te gusta, es precisamente el punto de partida para modificarlo; podrás mejorar rápidamente a partir de lo que aceptes. Si no estas de acuerdo con alguna característica del otro, permítete aceptarlo, y repítete: “así es y no lo voy a cambiar”. Respétalo y no dejes que te afecte. Esa sutileza es la diplomacia.

Alegría

¿Qué tiene que suceder para que te sientas alegre? ¿Tuviste un buen día en el trabajo? ¿Conseguiste salir con esa persona especial? ¿Resolviste un asunto al que llevabas dando vueltas los últimos meses?
La alegría es poderosísima y nos cambia el semblante, la rigidez de las articulaciones, los latidos por minuto y la perspectiva del día. Ya que ésta es una de las emociones básicas del ser humano, todos la hemos sentido un sinfín de veces.

Una de las manifestaciones de la alegría es la risa: una sonrisa sincera que deje escapar una carcajada de vez en cuando. Ríe siempre que puedas, aun cuando estés triste, preocupado o enojado. Ningún dolor es para siempre y, en muchas ocasiones, tiempo después, éste nos da risa y hasta nos burlamos de nosotros mismos.
Es un arte alegrarte; en especial, donde hay tensiones. De la alegría se desprende el entusiasmo, ése es el lazo que el líder irradia por los sitios que recorre.

viernes, 8 de agosto de 2014

El poder de las emociones, parte 4


Enfermedades aprendidas

El vacío existencial está gritando dentro de ti que te atrevas a enfrentarte a lo que te exige, a tu propia búsqueda. Es relativamente sencillo aprender a sentirte bien, sin necesidad de nada externo a ti, sólo con tus propios pensamientos y emociones. Pero si te vas por la ruta “fácil” de evadirte y llenar artificialmente esos vacíos con excesos puedes destruirte. Por eso muchos buscan suplir estas carencias emocionales con comida, tabaco, bebida, fármacos, sexo o, incluso el juego. Éstas son conocidas como enfermedades aprendidas.
Veamos con más detenimiento cómo estas enfermedades sociales nos pueden afectar.

Depresión

La depresión aparece cuando no vemos realizadas nuestras expectativas en la forma en que pensamos. Implica un sentimiento de pérdida real o imaginario. Nos alejamos de nuestros sentimientos y nos sentimos afligidos o decaídos. Usualmente, la depresión ocurre cuando nos concentramos en la parte dolorosa de nuestro pasado o en un futuro sombrío.
Recuerda: la pérdida dura lo que tardes en aceptarla. Saldrás del duelo si diriges tu mente hacia las posibilidades que puedes construir en el presente.

Escúchate con paciencia, porque tu cuerpo y tu mente te están avisando que algo anda mal. Trata de comprender tus patrones emocionales y rompe con preguntas la conducta depresiva:¿Qué quieres?, ¿qué te detiene para tener la vida y las relaciones que quieres?, ¿para que la necesitas?
Genera alternativas de solución, busca ayuda. Prioriza lo que quieres cumplir y dale sentido de urgencia a las actividades que decidas hacer. Al principio, te puede parecer que eso demanda energía extra. Es más sencillo, sólo atrévete a un nuevo comportamiento. Conforme avances, notarás el progreso.

Estrés

Cuando nos sentimos agobiados, nos parece que “el mundo se nos viene encima” y solemos terminar agotados, frustrados, enojados y con una serie de malestares físicos, es el estrés el que nos agota.
El estrés es parte de la cotidianidad y existen el positivo y el negativo.
El positivo nos mantiene alerta y activos para realizar nuestros deberes diarios. Es una especie de tensión que va de la mano con las funciones físicas, mentales y emocionales. Si no existiera, probablemente no nos levantaríamos de la cama; no obstante, cuando la tensión es demasiada y nos alteramos de más, el estrés se vuelve negativo.

El estrés negativo (distress) nos quita la tranquilidad, nos lleva a sentirnos exhaustos. Parece que algún extraño nos haya quitado los deseos de disfrutar, pero fuimos nosotros quienes lo producimos.
Hay muchas fuentes de distress: saturarnos de actividades y detalles; decir “no” a nuestras propias exigencias o a las de los demás; la ilusión de hacer las cosas perfectas, en vez de hacerlas con el mayor esfuerzo, capacidad e inteligencia. O, hacer lo mismo esperando resultados diferentes.

Prioricemos: coloquemos primero las necesidades y después los deseos, aprendamos el arte de delegar. Programemos las actividades, que beneficios perseguimos y como deseamos sentirnos al concluir el día.

El estrés positivo (eustress) puede ser detonado desde ir a trabajar, o de vacaciones, comer tu platillo favorito, conocer amigos, ir de compras o a fiestas divertidas.
Por supuesto, también un reto puede generarnos eutress. Es lo que nos anima a hacer las cosas de buena gana. Los desafíos, aunque estresantes, son incentivos para ser mejores.
Al entender la realidad y asimilarla, elevamos el nivel de conciencia y nos anima una fuerza maravillosa que nos proyecta hacia donde queremos.

Soledad  

Soledad significa aislamiento, falta de contacto con otras personas. Es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía. También es un sentimiento totalmente natural de pesar y melancolía por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo, de un sueño, o de una ilusión.
La soledad, si es durante periodos cortos, es sana. Muchas veces, para concentrarnos, pedimos que nos dejen solos y disfrutamos de esos ratos de silencio, paz y quietud. Es muy conveniente darse tiempo para estar con uno mismo. De hecho, es imprescindible para el avance espiritual.

Pero si la soledad dura periodos más largos, suele ser desagradable, porque  nos empezamos a aislar y, como resultado, hay una incapacidad para relacionarnos con los demás.
Sólo requieres crear oportunidades de una sobresaliente relación contigo mismo y con los demás.

Resumen:
Lo que controla tu vida no es la realidad en sí, sino tu percepción de la realidad.
Para transformar cualquier sentimiento negativo, modifica alguno de los tres factores, idealmente cambia los tres.
A). Percepción, varía tu respiración, endereza tu postura; dale movimiento a los ojos, sacude las manos y gesticula.
B).Asociación, transforma tu interpretación de los hechos y tus expectativas.
C). Enfoque, rectifica tu perspectiva, ¿qué piensas, como te comunicas y que acciones eliges?


miércoles, 6 de agosto de 2014

El poder de las emociones, parte 3


Sorpresa
Sí queremos las sorpresas, siempre y cuando sean agradables para nosotros. Porque a las sorpresas que nos disgustan les llamamos problema. No obstante, mucho de lo que hoy valoramos implicó incertidumbre, obstáculos y problemas.

Tristeza
De vez en cuando, si nuestras expectativas no se cumplen, tenemos un sentimiento apesadumbrado y melancólico. Estar triste es comprensible cuando nos parece que la vida nos niega lo que creemos merecer.
De vez en cuando, este sentimiento viene acompañado de ganas de llorar, pérdida de apetito y desánimo. La tristeza puede ser “disparada” porque perdimos algo o a alguien, porque estamos separados de los seres queridos o porque nuestras metas no se han cumplido

Emociones aprendidas
Culpa: La culpa es consecuencia de una acción especialmente incorrecta. Es un efecto que se le atribuye a alguien, y el culpable es el causante de un acto nocivo, puedes ser tu mismo o alguien más.
La psicología la considera la acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.
La culpa, más que hacerse responsable de los propios errores, es recriminarse a uno mismo o a alguien más, durante mucho tiempo y en cualquier ocasión.

La culpa contra los demás implica un resentimiento. La culpa contra nosotros mismos implica autoflagelación. Es mucho más saludable asumir nuestra responsabilidad sobre lo que hacemos y responder por nuestras acciones, sean buenas o malas. Dejemos de echar culpas a nosotros mismos y a los demás. Es natural sentir culpa si fallaste a tu palabra o fuiste irresponsable, lo que no puedes permitir es que te domine y obstruya tu camino a la felicidad.

Frustración
Es el sentimiento desagradable que tenemos cuando no podemos conseguir algo que anhelamos. Demanda mucho esfuerzo superar frustraciones tales como desilusiones amorosas porque nos sitúan a la defensiva para entablar una nueva relación; así como las que sufren quienes no pueden acceder a una educación universitaria o parecen impedidos para consolidar sus metas y su economía personal.
Esta emoción puede desencadenar problemas psicológicos si se mantiene por mucho tiempo.

Las ilusiones que nos creamos son representaciones sin una base de realidad, sugeridas por la imaginación, y nos esperanzamos en que se nos cumpla algún deseo especialmente atractivo.
No es lo mismo tener fe que ilusionarse. Cuando la ilusión sobrepasa la fe, el encanto nos envuelve y perdemos la perspectiva real de las cosas.
Es necesario reconsiderar nuestras ilusiones y deseos para reubicarlos de manera que sean realizables, buscar con acciones prácticas la forma de concretar los sueños. No es malo soñar, lo malo es no distinguir entre lo que es sueño y la realidad.

Humillación
La humillación es un estado en el cual nos sentimos abatidos, despreciados e insultados. Una humillación puede llevarnos a ser tímidos, a tener miedos inexplicables, a estar incómodos, a dejar de luchar.
Si te dejas llevar por la humillación que te ocasiona una situación desagradable, una vez más estás perdiendo el timón frente a circunstancias que puedes controlar.
Nadie puede lastimarte si tu no lo permites. Nadie puede agredirte ni hacerte sentir mal si tu no te dejas. Una autoestima con valores firmes es aprueba de humillación.

Odio
El odio es antipatía hacia una persona, cosa, situación o incluso hacia un sentimiento. La ira que no se deja fluir, se convierte en veneno en nosotros. De ese veneno nace el odio.
La traición a la amistad, el abandono o la ofensa, se quedan en la memoria emocional y no se olvidan como a veces creemos.
Uno de los remedios para evitar dolorosas secuelas y para depurar nuestro organismo es el perdón. Es una cura emocional, mental y espiritual. Perdonar te rescata del dolor que te causa un fuerte agravio, te libera de las pesadas cargas del odio, resentimiento, ira y de las enfermedades que ocasionan.

Rechazo
El rechazo es la acción opuesta a la aceptación. El rechazo es un estado de negación de un hecho, de una persona o hacia nosotros mismos.
La falta de aceptación es un desprecio y es doloroso porque somos seres sociales.
El miedo al rechazo es común, pues a nadie le gusta sentirse despreciado o humillado; sin embargo, se puede combatir. Empieza por decidir que el rechazo no te va a controlar.
Cuando te conozcas , te aceptaras con tus defectos y cualidades. Te apoyarás en lo que sabes hacer bien y también admitirás la realidad que se expresa en los hechos. De otra manera, sufrirás las consecuencias.
Todos tenemos la facultad de ser los motores del cambio y destruir los miedos irracionales.

Resentimiento
El resentimiento es producto de una ira no “digerida” contra un hecho, una persona, incluso contra nosotros mismos. Significa seguir sintiendo hostilidad hacia alguien por falta de la reciprocidad que esperábamos. Si no lo sanamos, significa que estamos atados al pasado y nos impide ser libres.
Esta emoción, también conocida como rencor, es negada con frecuencia porque se lleva muy dentro.
Si estamos resentidos nos amargamos y nos sentimos desdichados, en vez de darnos cuenta de lo sencillo y natural de mostrar tolerancia y armonía. El resentimiento daña sólo al resentido y lo enferma al grado de causarle cáncer. El remedio esta en perdonar de corazón.

Al seguir el rastro emocional, empezamos a sanar, estamos más a tono con las emociones y nos acercamos a mejorar.
Hay muchos a quienes realmente no les interesa cambiar. Dicen algo así como: “Yo soy así. Que me quiera quien quiera”. Estas personas consideran que los demás deben ajustarse a sus caprichos, hasta que aprendan la lección.

Las enfermedades y las emociones
Todo cuanto sentimos tiene su origen. Nacemos con cierta “programación” genética que nos da un cierto color de piel, de cabellos, ojos, etc. Conforme crecemos, constituimos nuestra personalidad, creamos hábitos, costumbres, y nos convertimos en nuestros programadores: proyectamos nuestro estilo personal con los pensamientos, actos y sentimientos. Y así continuamos programándonos hasta nuestra última etapa.
Las enfermedades pueden generarse ya sea por herencia, y porque uno las crea.
Es posible que no nos demos cuenta de las partes negativas que heredamos de la familia. Los malos hábitos y manías se aprenden por imitación, pero decimos que “se heredan”. De manera que si, por ejemplo, el papá es gruñón, el hijo sigue esa tendencia porque lo ha aprendido y lo ve “normal”.
Así como aprendimos a dejar las cosas fuera de su lugar, también hemos aprendido a tragarnos los corajes o las lágrimas. Y lo que puede resultar de eso es una colitis, afecciones de la garganta o un malestar ocular.

Tu forma de ser se configura con tu forma de pensar, de actuar y con tus hábitos alimentarios.
Cuando ciertos padecimientos se presentan en forma frecuente, nuestro cuerpo quiere decirnos que estas condiciones son consecuencia de que no estamos aceptando del todo nuestra realidad.
En buena medida, una enfermedad tiene origen emocional.
Las enfermedades no son del todo negativas. Lo arriesgado radica en que estamos desconectados de la sabiduría que nos ofrecen las alarmas instaladas en el cuerpo.

Entre otras cosas, también el estrés nos lleva a enfermarnos. Es normal que cuando debemos dar nuestro máximo esfuerzo, nos exijamos mucho y, entonces, el desgaste físico y emocional puede resultar excesivo. De seguir con ese tren de pretensiones, el cuerpo reaccionará y nos obligará a tomar descanso.
Es absolutamente necesario que tomemos descansos, que nos divirtamos y que aprendamos a relajarnos. De esta manera, estaremos preparados para enfrentar los retos, porque las tensiones son los “disparadores” de los malestares físicos y una manifestación del desorden emocional por el que estamos pasando.

Enfermedades aprendidas