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lunes, 14 de septiembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte3

Capítulo III

Respiración 


Una buena respiración es esencial para la salud vibrante. A través de la respiración obtenemos oxigeno necesario para mantener ardiendo nuestros fuegos metabólicos, los cuales nos proporcionan la energía que necesitamos.
A pesar de su importancia, la bioenergética no se concentra fuertemente en los ejercicios respiratorios. Nuestro foco está en ayudarte a sentir y descargar las tensiones que te impiden respirar de un modo natural. Un animal o un niño respiran correctamente, y no necesitan instrucciones ni ayuda para hacerlo así. Los adultos en cambio, tienden a tener patrones respiratorios perturbados, a causa de tensiones musculares crónicas que distorsionan o limitan su respiración. Estas tensiones son el resultado de conflictos emocionales que se han desarrollado en el curso de su maduración.
Los ejercicios respiratorios ayudan algo, pero no hacen nada por reducir las tensiones y restaurar los patrones respiratorios naturales.

El patrón de la respiración relajada (cuando no estamos en un estado de gran esfuerzo o de fuerte emoción) es hacia abajo y hacia afuera en la inspiración. El diafragma se contrae y desciende, permitiendo que los pulmones se expandan. De esta forma inhalamos la máxima cantidad de aire con el menor esfuerzo.
La respiración saludable es una acción corporal total; todos los músculos del cuerpo se hallan envueltos en algún grado. Especialmente los músculos pélvicos profundos, que rotan la pelvis ligeramente hacia atrás y hacia abajo durante la inspiración para ampliar el vientre. La expiración, sin embargo, es mayormente un proceso pasivo, cuyo mejor ejemplo es un suspiro.

Estos movimientos pélvicos son ilustrados en la figura 7, que acompaña a un ejercicio de respiración. En dicho ejercicio se te pedirá que rotes la pelvis para sentir el efecto de este movimiento sobre la respiración.
Deberíamos considerar los movimientos respiratorios como ondas. La onda inspiratoria comienza en la profundidad de la pelvis y fluye ascendentemente hacia la boca. Conforma pasa hacia arriba, las grandes cavidades del cuerpo se expanden para succionar el aire. Estas cavidades incluyen el abdomen, el tórax, la garganta y la boca. La garganta es especialmente importante: a no ser que se expanda con la inspiración, no podremos hacer una respiración profunda. En demasiadas personas, sin embargo, se halla severamente constreñida para estrangular los sentimientos, especialmente los de grito y llanto.

La onda expiratoria comienza en la boca y fluye hacia abajo. Cando alcanza la pelvis, dicha estructura se mueve ligeramente hacia adelante. La expiración  induce una relajación  de todo el cuerpo. Le gente temerosa de “soltarse” tiene dificultades para expirar plenamente. Incluso después de una expiración forzada su pecho permanece algo inflado.
El pecho inflado es una defensa contra el sentimiento de pánico, que se relaciona con el temor a no ser capaz de obtener suficiente aire. La persona tiene miedo de perder una ilusoria seguridad. Por otro lado, la gente que tiene miedo de acercarse al mundo activamente, tiene dificultades para inhalar. Pueden aterrorizarse si abren sus gargantas ampliamente para acoger una respiración profunda. Es, pues, una buena regla al hacer estos ejercicios, no forzar la respiración. Mira qué es lo que puedes hacer sin someterte a esfuerzo.

Hay otro patrón respiratorio que entra en juego cuando la necesidad de oxígeno se vuelve urgente, por ejemplo en caso de una actividad muy esforzada. Ahora la persona respira abdominal y torácicamente, como resultado de lo cual su respiración es más profunda y más plena.
Estos patrones son perturbados cuando una parte del cuerpo se mueve en oposición a la otra. En algunas personas, cuando el pecho se expande en la inspiración, el vientre es succionado. Esto produce un severo trastorno, pues a pesar del considerable esfuerzo, se obtiene poco aire. Más comúnmente, los movimientos respiratorios están limitados al área del diafragma, con poca participación del abdomen o del pecho. Esta es una típica respiración superficial.

Decíamos que el vientre contenido es atribuible a una inhibición sexual. Pero el vientre también es contraído y contenido para suprimir sentimientos de tristeza. Succionamos el vientre para controlar nuestras lágrimas y sollozos. Si lo soltamos, podremos tener un verdadero llanto de vientre. Pero entonces también abrimos la puerta a la posibilidad de una verdadera risa de vientre.
Tanto si lloramos como si reímos, es en el vientre que experimentamos la vida a nivel instintivo. Aquí es donde la vida es concebida y transportada. Aquí es donde nuestros más profundos deseos tienen su comienzo.
Si pretendes suprimir tus sentimientos, mantén tu vientre tenso. Pero entonces deberás aceptar el hecho de que no serás una persona vibrantemente viva. Y si te quejas de un vacío interior, deberías comprender que estás bloqueando tu propia plenitud de ser.

Las lágrimas son como la lluvia del cielo, y un buen llanto es como una tormenta que aclara el aire. Llorar es el modo básico de descargar la tensión. Nadie tiene porque avergonzarse de llorar, pues en el fondo, todos somos niños. Todos tenemos buenas razones para llorar. Llorar es tan terapéutico, que si una persona deprimida puede llorar, su depresión se irá inmediatamente.

La respiración también está conectada con la voz. Para hacer un sonido debes mover el aire a través de la laringe. Y mientras seas capaz de hacer un sonido podrás estar seguro de respirar. Desgraciadamente, mucha gente se ve inhibida para hacer un sonido fuerte. Algunos son víctimas del adagio de que los niños deberían ser vistos pero no oídos. Otros, suprimieron su llanto y su sollozo porque estas expresiones encontraron una respuesta hostil de parte de sus padres. Suprimir estos sonidos produce una severa constricción en la garganta, lo que limita seriamente la respiración. Por estas razones, las personas que hacen terapia bioenergética, son a menudo animadas a vocalizar o hacer un sonido sostenido mientras llevan a cabo los ejercicios o respiran. Un sonido claro, resonando en el cuerpo, causa una vibración interna similar a las vibraciones que inducimos en la musculatura.
Hay otros dos mandamientos en el trabajo bioenergético. No contengas tu respiración. Permítete respirar. Aunque no queremos que fuerces tu respiración, queremos que te percates cuanto no respiras. Si te percatas de que estás conteniendo tu respiración, da un suspiro.
El otro mandamiento es hacer un sonido. Que se te oiga. Si das un suspiro, hazlo audible. Mucha gente ha llegado a tener problemas porque de niños se les ordenó severamente estar quietos. Esta negación del derecho de usar su voz puede haber conducido a la creencia de que n o tienen voz en sus propios asuntos.
Ahora te pedimos que hagas unos pocos ejercicios respiratorios simples para que conozcas tu propio patrón respiratorio. Permítete gemir o quejarte cuando sientas que son tensos o dolorosos. Hacer un sonido disminuye tanto la tensión como el dolor.



Tal vez encuentres que esta respiración produce sensaciones de hormigueo en algunas partes del cuerpo, conocidas como parestesias. Son signos de una hiperventilación. Si se volviesen fuertes, simplemente detén los ejercicios y desaparecerán.



La hiperventilación es un exceso de respiración. Bioenergéticamente diríamos que tu cuerpo está sobrecargado. Conforme tu cuerpo se haya ido habituando
A un nivel más profundo de respiración, ya no te encontrarás sobrecargado. Las parestesias desaparecerán también si alguna emoción estalla: si empezaste a llorar, el hormigueo se detendrá inmediatamente, pues habrás descargado la emoción.







La importancia de la respiración no puede ser exagerada. La respiración se halla tan estrechamente conectada con la vida que ha sido identificada con el espíritu vital. De acuerdo con la Biblia, Dios, al crear a Adán, tomo un trozo de arcilla y le insufló vida. El discípulo de yoga hace ejercicios especiales para controlar y regular su respiración. “La respiración es vida” dice un viejo proverbio sánscrito, “y si respiras bien tendrás larga vida sobre la tierra”.Sin embargo, nuestro objetivo no es darte une experiencia religiosa o mística, sino ayudarte a sentirte más vivo, y más consciente de ti mismo y de tu entorno. Nuestro foco, por tanto, se halla en la respiración natural, una respiración sencilla, profunda y espontánea. No es cuestión de que te obligues a ti mismo a respirar, sino de que te permitas a ti mismo respirar. Toda perturbación en la respiración natural se debe a patrones inconscientes de contención o a tensiones musculares. Puede que no respires plenamente por el temor a la erupción de un chillido. Si tal es tu problema, busca un lugar privado y déjalo salir. Un coche en una autopista es un excelente lugar para gritar. Chillar es una vieja técnica de descarga que las damas victorianas conocían muy bien. Todavía obra milagros.










jueves, 16 de octubre de 2014

El amor, el sexo y la salud del corazón, parte 14


¿Es muy frecuente el deseo de morir?

 He oído a muchos pacientes que lo expresaban, y he aprendido a tomarlo en serio después que uno de ellos se suicidara. No considero a todo paciente que pronuncia estas palabras como un suicida en potencia, pero cada vez que las oigo tengo una aguda conciencia de la profundidad y la cantidad de dolor de la personalidad. Se también que la persona no quiere morir, que tiene el deseo de vivir. Ambos deseos, uno de vivir y otro de morir, pueden coexistir porque proceden de capas distintas de la personalidad. Al evaluar la posibilidad del suicidio, es necesario medir la fuerza de cada uno de estos sentimientos.

Cuando trabajo con mis pacientes veo que para todos ellos la vida es una lucha, que deja poco espacio para el placer y los goces verdaderos.
Muchos de nosotros estamos profundamente cansados de la lucha interminable de nuestra vida. Y, sin embargo, si queremos recuperar el sentimiento del gozo de vivir, debemos abandonar la lucha.
Aceptar la pérdida es doloroso, y supone reconocer el fracaso, pero la aceptación nos libera de nuestra implicación con el pasado. Sólo aceptando el pasado somos libres de avanzar hacia un futuro más satisfactorio.

En un nivel profundo, inconsciente, el paciente teme que abandonar o rendir la voluntad sea morir. Dado que ha sobrevivido mediante el uso de la voluntad, soltar la voluntad y ceder a sus sentimientos podría terminar en la muerte. Por supuesto, este resultado no es probable. Cuando se consigue que una persona sienta el deseo de vivir, el comportamiento autodestructivo disminuye o cesa.

La terapia pretende ayudar a una persona a establecer un contacto directo con su fuerza vital, de modo que pueda recurrir a ella para su propia satisfacción. Pero para establecer este contacto tiene que penetrar debajo de las dos primeras capas de su personalidad, a saber: la voluntad de vivir y el deseo de morir. La figura 13 ilustra la disposición de estas capas.



El primer paso, para el paciente, es ser consciente del conflicto entre su voluntad de vivir y su deseo de morir. Esta conciencia a veces puede obtenerse mediante un ejercicio bioenergético. La persona se tiende en el taburete bioenergético y espira lo más profundamente posible. Al final de la espiración se le dice que no aspire aire. La manera en que el paciente se comporta en esta situación nos da cierta información sobre su personalidad.
Como el cuerpo normalmente tiene una reserva de oxígeno en los pulmones y la sangre para dos o tres minutos, el pánico que siente el paciente no es resultado de una falta de aire u oxígeno, sino de la incapacidad de respirar libremente debida a una tensión crónica en el pecho. El pánico se asocia con una sensación de inseguridad y un miedo al abandono que evoca el espectro de la muerte.

Al hacer que una persona respire profundamente, sobre todo en la espiración, la función defensiva de la voluntad se pasa por alto, permitiendo que la persona se acerque al sentimiento de desesperación y al deseo de morir.

El deseo de vivir es el lado psicológico del instinto biológico de conservación. Se manifiesta, por ejemplo: en el latir del corazón, los movimientos peristálticos de los intestinos, la expansión y contracción de la respiración, más la miríada de actividades de los diferentes órganos, tejidos y células. La respiración es la más visible de estas funciones y puede servir, por tanto, de indicación de la intensidad de la fuerza vital. La profundidad de la respiración de una persona refleja la fuerza de su deseo de vivir.

¿Se extiende la ola de inspiración hasta el abdomen para alcanzar el fondo pélvico? Lo contrario de la respiración profunda es la respiración superficial, restringida o forzada. No es tanto cuánto aire puede uno inhalar con esfuerzo, sino de cuánto inhala sin esfuerzo. Cualquier experiencia infantil que haya debilitado la fuerza de este impulso también ha reducido la fuerza del deseo de vivir.

Muchísimos individuos de nuestra cultura viven en un estado constante de emergencia, aunque inconscientemente, están listos para luchar o para huir, pero no hacen ninguna de las dos cosas. Su rigidez les permite aguantar y sobrevivir, pero no pueden encontrar satisfacción. Y debido a la enorme tensión que soporta el cuerpo, el aguante no puede soportarse indefinidamente, lo que amenaza su propia supervivencia. Tarde o temprano, quedan agotados y desean abandonar. En este punto pueden ser presas de pánico (en otras palabras, pueden sentir el deseo de morir) y sufrir un ataque cardíaco.
Para evitar este desenlace, una persona debe someter su voluntad y experimentar libremente su dolor, su desesperación y su deseo de morir, de modo que pueda llorar la pérdida del amor y lamentar los años en que luchó.
Esta sumisión le permite establecer contacto con su fuerza vital.
El amor es el corazón de la vida, y el corazón es la fuente del amor. Uno debe penetrar en el núcleo de su ser para encontrar el amor, que es el sentido y la satisfacción de la vida.

La voluntad de vivir es eficaz sólo en tanto recibe energía de la fuerza vital del organismo. El hundimiento de esta fuerza vital a causa de agotamiento o el estrés socava la voluntad de vivir.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Bioenergética y Gestalt una visión integradora, parte 3


Tratamiento

Es labor del terapeuta saber cuales son las carencias y patologías que tiene la persona que le viene a pedir ayuda y le impiden actuar adecuadamente y alcanzar el placer de la vida. Este es el fin del diagnóstico.
El diagnóstico en bioenergética tiene un matiz de transitoriedad, de provisionalidad. Partimos de hipótesis, que facilitan la labor de ayuda, no de encasillamientos.
El diagnóstico además, tiene que facilitar el paso al autodiagnóstico. El paso de lo que dicen de mí, a lo que yo digo de mí, es capital. Se trata de que el paciente tome conciencia y experimente ese descubrimiento, ya que la curación depende significativamente de las actitudes y vivencias hacia uno mismo.

Según Lowen, la meta de la Bioenergética es ayudar a la gente a recuperar su naturaleza primaria, que es el estado de ser libre, el estado de ser agradecido y la cualidad de ser hermoso. La libertad, la gracia y la belleza son los atributos naturales de todo organismo animal.

La libertad, es la ausencia de límites interiores para el flujo de sentimientos, la gracia, es la expresión de ese flujo en movimiento, mientras la belleza es una manifestación de la armonía interior que engendra ese flujo.

En el tratamiento terapéutico, el cuerpo es la clave de todo. Del descubrir que se tiene cuerpo, se debe pasar a ser cuerpo, a vivir el cuerpo habitado de sensaciones, emociones y necesidades.

El proceso terapéutico es un trabajo de cooperación mutua entre el paciente y el terapeuta, que no se limita a la hora de la consulta. La labor del terapeuta consiste en ayudar al paciente a independizarse. Por tanto, puede darle tareas de respiración y ejercicios bioenergéticos para que haga en casa y pueda tomar conciencia de sus problemas, su origen y su posible solución sin necesidad de explicaciones teóricas.

Técnicas Bioenergéticas.

Aquí no sólo se habla tanto, sino se trabaja con el cuerpo mediante el contacto físico, la respiración, el movimiento expresivo y la postura.
El objetivo de todas las técnicas es elevar el nivel de energía y liberar los bloqueos del cuerpo. Pueden enumerarse: la respiración, los ejercicios bioenergéticos, el masaje y la meditación.

La Respiración: el primer paso en la ayuda terapéutica es aumentar la capacidad respiratoria del paciente.
Aunque se observa inmediatamente, y se experimenta enseguida el resultado de la respiración más profunda y plena, los ejercicios respiratorios no son suficientes para reducir las tensiones y restaurar los patrones respiratorios naturales. Hay que comprender esos patrones y saber por qué se ven trastornados y hay que aprender a descargar las tensiones que impiden el patrón respiratorio natural.

Los ejercicios bioenergéticos

Como psicoterapia corporal, la bioenergética se ha dado a conocer como un trabajo fuerte con el cuerpo, en el que el terapeuta provoca a sus pacientes para que surjan las emociones reprimidas por medio de las tensiones musculares. Para esto trabaja sobre los músculos contraídos, prescribe posiciones estresantes y movimientos expresivos al tiempo que exhorta a sus pacientes a que se abandone a las emociones que emerjan. Para todo ello se ayuda de los ejercicios bioenergéticos.

Difieren de otros ejercicios gimnásticos y atléticos por su base teórica y su finalidad. Los ejercicios bioenergéticos tienen como propósito diagnosticar los problemas psicológicos que originaron las tensiones que dificultan el flujo natural de la energía, y su objetivo es resolver los problemas que produjeron las tensiones a fin de que el paciente pueda gozar plenamente la vida. Los ejercicios de gimnasia pueden dar más fuerza y energía al cuerpo, pero no se pueden llamar bioenergéticos porque no guardan relación alguna con los problemas psicológicos que limitan la energía vital.

La simple práctica de los ejercicios bioenergéticos no es suficiente para reducir los patrones de tensiones y bloqueos musculares y resolver los problemas que produjeron las tensiones. Hay que comprender esos patrones y hay que aprender a descargar adecuadamente las tensiones. Esto se realiza por una doble vía. Por un lado la práctica de los ejercicios y por otro el análisis concienzudo de todos los factores que han contribuido al problema.

Uno de los ejercicios básicos es el de enraizamiento o de toma de tierra. Es un ejercicio básico porque es indispensable para que cualquier carga y descarga de la energía baje al suelo y no produzca síntomas neuróticos o psicóticos por la acumulación de energía en otras partes. La toma de tierra es la clave del trabajo bioenergético. Tomar tierra es un modo de decir que la persona tiene sus pies sobre el suelo. Puede también extenderse a significar que una persona sabe dónde se planta y por lo tanto sabe quién es. Tomando tierra una persona tiene una posición es decir, es alguien.

La toma de tierra supone que la persona descienda, que baje su centro de gravedad, que se sienta más cerca de la tierra. El resultado es el de aumentar su sentido de la seguridad. Conforme el centro de gravedad del cuerpo cae hacia la pelvis, con los pies sirviendo de soporte energético, podemos sentir nuestro ser centrado en el abdomen inferior, en el vientre. Cuando la persona está centrada en este punto, se dice que tiene hara, es decir, está equilibrada tanto psicológica como físicamente.

El vientre es literalmente el asiento de la vida. El cuerpo se asienta sobre el cesto de la pelvis. A través de la pelvis tenemos contacto con los órganos sexuales y con las piernas. La pérdida de contacto con este centro vital desequilibra a una persona y conduce a la ansiedad e inseguridad.

Para lograr el enraizamiento se recomienda mantener en todo momento las rodillas flexionadas. Bloquear las rodillas al estar de pie, convierte toda la parte inferior del cuerpo desde las caderas hacia abajo en una estructura rígida, que funciona entonces como un soporte mecánico o como un medio mecánico de locomoción. Esto nos impide fluir hacia la parte inferior del cuerpo e identificarnos con ella.
Para la bioenergética, las presiones psicológicas son el equivalente de los pesos físicos para el cuerpo. Si intentamos soportar estas presiones con rodillas bloqueadas, recibimos y cargamos esa fuerza en nuestra espalda.

Otra de las recomendaciones a la hora de trabajar el enraizamiento es dejar salir el vientre. El vientre adentro niega la autonomía, espontaneidad y sexualidad en una persona. Además hace la respiración abdominal muy difícil. El vientre metido hacia adentro elimina todos los sentimientos sexuales en la pelvis. Debajo existe una gran rigidez. Lo mismo que la barriga grande.

La calidad de la vibración en el cuerpo nos indica en qué estado está. Las vibraciones groseras son un síntoma de que la excitación o carga no fluye libremente. Las vibraciones demasiado groseras denotan que la corriente de excitación está fluyendo a través de músculos que son espásticos o que se hallan en un estado de tensión crónica. Cuando las tensiones son descargadas o el músculo se relaja, las vibraciones se vuelven más finas, apenas perceptibles sobre la superficie pero experimentadas como un ronroneo.

Una de las razones por las que el vientre es contenido adentro es para controlar y limitar el sentimiento sexual. Esta contención restringe también seriamente la respiración y reduce el sentido de toma de tierra. Si buscamos estar vibrantemente vivos, la pelvis debe ser liberada y el flujo de sentimiento sexual abierto.

Los ejercicios bioenergéticos de vibración, enraizamiento y de soltar la zona de la cadera permiten ponerse en contacto con la naturaleza sexual. Los recuerdos sexuales reprimidos de tiempos de la infancia pueden ser recuperados y las sutiles relaciones sexuales existentes entre padres e hijos desveladas.

Los ejercicios no resuelven esos temas que necesariamente han de ser tratados en terapia. Pero son esenciales complementos.

martes, 11 de junio de 2013

La Espiritualidad del Cuerpo, parte 8

Capitulo 10
La Tranquilidad de espíritu

En el nivel físico, el conflicto entre el yo y el cuerpo ocasiona una pérdida de armonía. El mismo conflicto resta tranquilidad de espíritu al individuo. Sin tranquilidad de espíritu, la plenitud de ser, que se manifiesta psicológicamente en una actitud de amabilidad, resulta imposible.
La mayoría de los problemas tienen origen en un conflicto entre el sentimiento y el pensamiento, entre lo que uno quiere hacer y lo que uno cree que debe hacer. Si tuviéramos fe en nuestros sentimientos y los obedeciéramos, como hacen los animales, tendíamos tranquilidad de espíritu.
Creyendo que sabe y pensando que tiene razón, el hombre se vuelve contra la naturaleza. Es una batalla que no puede ganar, pero tiene miedo de perder.
Debemos entender que la tranquilidad de espíritu proviene de la armonía dentro del yo y con la naturaleza.

Si no nos apaciguamos, no podemos acumular las reservas de energía que necesitamos para enfrentar las exigencias de la vida moderna. Y para apaciguarnos, debemos habitar plenamente nuestro cuerpo.
Un principio básico de la Bioenergía es que un individuo pierde contacto con cualquier parte del cuerpo que sostenga una tensión muscular. Cuanto más rígido está el cuerpo, menos sensaciones tiene el individuo y más se asemeja su cuerpo a una máquina. Al mismo tiempo, el cerebro se vuelve más activo y el individuo comienza a basar su sentido del yo en los procesos mentales. Hay muy poca vida en una persona así, y no mucha espiritualidad.

Los antiguos chinos eran muy conscientes de la necesidad de armonía entre posiciones antitéticas y fuerzas opuestas. Hoy en día, podríamos lograr esa armonía integrando las filosofías oriental y occidental. La vía occidental a la tranquilidad de espíritu se hace a través del proceso conocido como análisis o terapia. La vía oriental, a través de la meditación.

Es un error creer que los conflictos emocionales profundos se pueden resolver a través del mero razonamiento consciente. Las actitudes y conductas neuróticas se han incorporado en gran medida al cuerpo por medio de tensiones musculares crónicas sobre las cuales la mente no tiene ningún control. Estas tensiones deben ser eliminadas primero para lograr una verdadera solución al conflicto.
La Bioenergética ofrece una ruta más directa al inconsciente. Por vía de leer el lenguaje del cuerpo, se pueden determinar los conflictos de la personalidad, en las zonas de rigidez y tensión crónicas.
Trabajando con el cuerpo, se pueden percibir estas tensiones y a ponerse en contacto directo con el subconsciente.

Los sentimientos suprimidos son en general demasiado atemorizadores como para experimentarlos sin el apoyo y la comprensión de un terapeuta.
La experiencia terapéutica puede compararse con el relato que hace Dante en la Divina Comedia. Cuando el poeta se encuentra perdido en el bosque frente a tres animales feroces, apela a Beatriz, su protectora en el cielo. Como el camino al hogar pasa a través del infierno y el purgatorio, Beatriz le envía al poeta romano Virgilio para que lo guíe. Al atravesar el infierno Dante ve los castigos impuestos a los pecadores. El recorrido es peligroso porque un paso en falso lo dejaría atascado en alguno de los abismos del infierno. Sólo gracias a la guía de Virgilio puede Dante pasar a salvo a través del infierno y el purgatorio. El paciente en terapia atraviesa una experiencia similar en el camino hacia el autoconocimiento y la salud. Su propio infierno privado consiste en los sentimientos dolorosos que suprime para poder sobrevivir: desesperación, pánico, furia, humillación. Las tensiones musculares crónicas que acompañan a estos sentimientos no pueden aflojarse del todo hasta que los sentimientos son atraídos a la conciencia y expresados. Ese proceso requiere la ayuda de un terapeuta que hubiera enfrentado su infierno, que conociera sus peligros y atravesara su propia salida.

En su gran mayoría, las personas de hoy están suspendidas entre el cielo y el infierno, atisbando al uno o al otro ocasionalmente. Podemos experimentar momentos de júbilo, pero con demasiada frecuencia sentimos que podríamos caer en un abismo. La única salida a esta situación es hacer lo que hizo Dante. Explorando el infierno personal, descendiendo a las profundidades del propio ser con la luz de la conciencia, se elimina el infierno, que sólo puede existir en la obscuridad. De manera similar, cuando los sentimientos suprimidos son atraídos a la conciencia y aceptados, ya no pueden seguir atormentándonos.

Concebimos el infierno como un lugar en lo más hondo de las entrañas de la tierra. Nuestro infierno personal se sitúa en lo más hondo de las entrañas del cuerpo, en la cavidad pélvica que aprisiona la sexualidad. Aquí se encuentran las raíces de nuestra verdadera espiritualidad. Aquí, en la matriz, es donde empieza la vida y donde experimentamos por primera vez la gloria del paraíso. Cuando venimos al mundo, somos expulsados del paraíso. Podemos recuperar esa sensación de gloria cuando, en la seguridad de los brazos de nuestra madre, nos prendemos de su pecho. También la podemos tener cuando, en la seguridad del amor de nuestro compañero, nos unimos a él en un abrazo sexual. Hay otras ocasiones en las que experimentamos el júbilo de la plenitud, pero eso depende de que estemos en contacto con la parte más profunda de nosotros mismos. Reconocemos ese contacto cuando notamos esa onda de excitación fluir a través del cuerpo a la base pélvica y a través de las piernas hasta el suelo.

Las religiones orientales reconocen la importancia de que el individuo salga de su cabeza y descienda a las profundidades de su ser. La técnica usada es la meditación. El aquietar los ruidos parásitos de la mente nos permite escuchar los sonidos del alma.
La clave de la meditación consiste en respirar profundamente, lo que ayuda al individuo a relajarse.

Yo aplico un tipo de meditación que resulta muy útil. Mientras camino, centro la atención en el cuerpo para sentir cada uno de sus movimientos. Cuando puedo dejar que me lleven las piernas, siento una unión con el cuerpo, el suelo y el entorno. La respiración se hace espontáneamente más profunda, llegando a la pelvis. La mente deja de formar palabras a medida que persigue las sensaciones del cuerpo. La misma técnica es útil en los ejercicios bioenergéticos. El principio consiste en sentir el cuerpo y los ejercicios están diseñados para conseguirlo. Es un principio que se puede aplicar a todas las actividades.

Uno vive plenamente el presente cuando habita plenamente el cuerpo. Cuendo el estado de conciencia se extiende tan profundamente dentro del cuerpo uno siente la pulsión de la vida. Así es como funcionan los animales. Un gato tendido al sol que mira por la ventana es el cuadro perfecto de un organismo en paz consigo mismo y con el mundo. Nosotros, los seres humanos, experimentamos ese estado cuando nuestro presente incluye el pasado y determina el futuro, y la tradición sirve de eslabón conector.

En el centro mismo de cada uno de nosotros hay un alma animal en armonía con la naturaleza, con el mundo y con el universo. Si nos separamos de ella, nuestra mente sigue funcionando lógicamente, pero nuestros pensamientos tienen poco valor humano. Como escribió Saul Bellow: “En la más grande de las confusiones sigue habiendo un canal abierto al alma. Puede ser difícil de encontrar… pero el canal está siempre allí, y nos compete a nosotros mantenerlo siempre abierto, tener acceso a la parte más profunda de nosotros mismos… a esa parte que es consciente de un estado superior de conciencia”.

Ese canal no existe en la mente. Existe, en cambio, en el cuerpo, y es el canal a través del cual pasan las ondas de excitación a la pelvis. Luego, por ser pendular, la onda fluye hacia arriba tanto como antes corría hacia abajo. Un estado superior de conciencia se conecta con una conciencia más profunda. Un árbol puede tender al cielo sólo en la medida en que sus raíces se hunden en la tierra.