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martes, 7 de mayo de 2019

¿Qué es la fe? parte 2


La psicología de la fe.

Al hombre se le ha definido como un animal que construye historia. Esto significa que es consciente de su pasado y le preocupa su futuro. Sabe que es mortal (ningún otro animal tiene esta carga), y también sabe que sus raíces personales vienen de lo profundo de la herencia de su pueblo. Asimismo, está atado al futuro, que es su inmortalidad, sabiendo que a través de él se transferirá esa herencia a los que vengan detrás. Nadie puede vivir por y para sí mismo; tiene que sentir que haga lo que haga, por pequeño que sea, contribuye de alguna manera al futuro de su pueblo. Somos eslabones de la gran cadena de la vida tribal. Cada miembro es un puente viviente que conecta el pasado con el futuro.
Cuando la conexión vital de un pueblo con el pasado y el futuro se desvanece, pierden la fe, fe en ellos mismos y en su destino. Hemos visto que los pueblos primitivos se deprimen cuando se destruye su cultura. Éstos hombres, como cualquier persona deprimida, se dan a la bebida o pierden todo interés o deseo de seguir adelante.

Muchos aspectos de nuestra cultura actual sugieren un fenómeno paralelo. El pasado parece irrelevante. Nadie puede vivir hoy como vivían nuestros abuelos; los coches y los aviones lo hacen físicamente imposible. Pero el cambio ha afectado también a las relaciones humanas. Ha habido un relajamiento de los vínculos familiares y existe una moral sexual radicalmente nueva. Incluso, son distintas las maneras de ganarse la vida. Así, los problemas que surgen en las nuevas generaciones son diferentes de los de las anteriores.
¿Y el futuro? Huelga decir que estamos en un mundo donde los cambios están a la orden del día; el futuro es más incierto que nunca. El peligro de la situación actual es que estamos perdiendo la fe.

Hasta el siglo XX el hombre se había sentido siempre sometido a un poder superior. Hoy en día, ya no es así para mucha gente. El que Dios esté muerto o no, poco importa; está muerto en el pensamiento moderno. El hombre moderno no reconoce ya una autoridad suprema.
Mucha gente cree realmente en la ciencia y en sus posibilidades. Pero creer no es tener fe. Una creencia es un producto de la mente consciente, la auténtica fe es un asunto del corazón. 
A medida que el hombre se ha hecho más consciente de sí mismo como ser único, ha ido cortando los lazos que lo unían a la comunidad. No se siente ya parte de un orden superior del que depende su supervivencia. Sabe que la comunidad está ahí, pero la ve sólo como medio para sus fines. Es una sociedad que cultiva la filosofía de cada cual para sí mismo, el sentido de comunidad no existe como fuerza poderosa.

Si cada hombre es un mundo en sí mismo, entonces tiene razón al creer que en su mundo personal él es dios. Nadie puede decirle qué pensar o qué creer. Como los pollos de una incubadora, cada persona vive dentro de su propia cáscara. La gente en una sociedad masificada son como alubias en un saco; sólo cuentan como cantidad. Y aunque en una sociedad masificada cada persona es diferente de cualquier otra, no es un verdadero individuo, ya que no tiene voz en su futuro y no puede responsabilizarse de su destino.

La verdadera individualidad sólo puede existir en una comunidad donde cada miembro es responsable del bienestar del grupo y donde el grupo responde a las necesidades de cada miembro.
En una sociedad masificada sólo importa el sistema, puesto que cualquier persona se puede reemplazar por otra. El individuo masificado, esté arriba o abajo del montón, sólo es importante él mismo. Este sistema obliga a la gente a volverse egoísta y a dedicar sus mayores esfuerzos a ganar reconocimiento.

He dicho que la fe conecta el pasado con el futuro. A través de la fe el individuo queda conectado con la comunidad. Las comunidades se formaron con individuos que tenían una fe común, y cuando esa fe se perdió, aquéllas se desintegraron.
Una persona religiosa se siente parte de una comunidad humana, pertenece a la comunidad de la naturaleza y participa de la comunidad con Dios o con el Universo. Toda persona que siente de esta manera es religiosa, sea o no sea miembro de una iglesia. Puede decirse que todo individuo que tiene sentido de su respuesta y responsabilidad es religioso.

Las instituciones religiosas pierden su efectividad cuando dejan de satisfacer la necesidad del hombre de pertenecer a algo y de expresarse. En esta situación surgirán nuevos sistemas de pensamiento que satisfagan esas necesidades. Puede que no se llamen religiones, pero tendrán un componente religioso si se encuentra en ellos un sentimiento de comunidad y de responsabilidad. Para mucha gente la experiencia grupal de la terapia, especialmente el análisis bioenergético, que promueve los valores espirituales del cuerpo, satisface esas necesidades. Alguien cree que la terapia es la religión del futuro. Proporcionan a la persona un sentimiento de pertenencia, identidad, capacidad de autoexpresión y fe en la vida.

Egoísmo y fe son diametralmente opuestos. A un hombre egoísta sólo le importa su imagen; a un hombre con fe le importa la vida. Un egoísta se orienta hacia la consecución del poder. Un hombre con fe se orienta hacia el disfrute de la vida, y el placer que le da el vivir lo comparte con los que tiene alrededor. Para un egoísta, la imagen lo es todo, su única realidad. La verdadera fe es una entrega a la vida del espíritu -el espíritu que vive en el cuerpo de la persona- que se manifiesta a través del sentimiento y que se expresa en los movimientos del cuerpo.

Nuestra cultura, nuestra educación y nuestras instituciones sociales favorecen la posición del ego. Lo que se esconde detrás de la mayor parte de la publicidad es una llamada al ego. La educación promueve la postura del ego por su gran y (yo creo) exagerado énfasis en el pensamiento abstracto.
Los peligros que corremos con esta engañosa reducción de nuestra fe son dobles: al individuo le impone la amenaza de la depresión; dentro de la sociedad provoca la desintegración de aquellas fuerzas espirituales  y comunitarias que dan sentido y realzan la vida humana. Y lo probable es que la situación empeore.

La fe no se puede legislar, ni fabricar ni ensañar. Se puede forzar la sumisión a dogmas, pero cada acto de sumisión alimenta la llama interna de la rebelión, que inevitablemente acabará en cataclismo.
La afirmación de que no puede ensañarse quizás resulta chocante, porque realmente creemos en el poder de la educación. Pero la educación no intenta alcanzar el corazón de las personas; su finalidad es formar la mente, de modo que puede alterar las creencias sin afectar para nada la fe.

Aunque las creencias son un producto del pensamiento y la fe es un sentimiento del mismo genero que el amor, cabeza y corazón no tienen porque estar desconectados y lo que uno piensa puede reflejarse inmediatamente en lo que uno siente. Otras veces no es así.
Un hombre que proclama su creencia en Dios puede tener poca fe, como atestiguaría, por ejemplo, el hecho de que se deprime. Por otro lado, un ateo puede ser un hombre con una gran fe. Puede que no crea en un Dios sobrehumano que rige los destinos, pero su fe podrá estar relacionada con su identidad, con el amor a sus compañeros y con el amor por la vida.

Cuando las creencias surgen de una experiencia personal, sin estar influidas por ningún dogma, entonces tienen un impacto en la propia fe. El efecto de la experiencia sobre la fe puede ser positivo o negativo. Será positivo si abre el corazón y negativo si lo cierra.


martes, 16 de abril de 2019

Una epidemia de Depresión, parte 4


Recobrando el cuerpo

Mientras una persona esté fuera de contacto con su cuerpo, está condenada a la pérdida que produjo ese estado. Todos sus esfuerzos tienen la motivación inconsciente de anular esa pérdida. Se creará ilusiones para negar el carácter definitivo de la pérdida, pero con esa misma maniobra evitará que la pérdida ocupe el lugar que le corresponde en el pasado e impedirá así funcionar como un adulto responsable en el presente.
Toda ilusión impide que la persona esté en contacto con la realidad, particularmente, la realidad de su cuerpo, y así perpetúa el sentimiento de pérdida. Creo que esto explica el por qué tanta gente tiene miedo a que la abandonen y a estar sola.

Si bien es cierto que un terapeuta no puede dar al paciente el amor que perdió cuando niño, si puede ayudarle a recuperar su cuerpo. Lo cual, no disminuye el dolor; puede que de hecho lo haga más vívido, pero ya no será un dolor que amenace la integridad del individuo. El acepta la pérdida, y al aceptarla queda libre para vivir plenamente en el presente. En vez de tratar de recuperar la pérdida a base de conseguir amor, dirige sus sentimientos a ser amoroso o a dar amor. Este cambio de actitud no lo dicta la razón, sino las necesidades del cuerpo. El cuerpo busca el placer y encuentra su mayor placer en la autoexpresión.

Entre los numerosos caminos de la autoexpresión, el amor es el más importante y el que tiene una recompensa más agradable. Conectar con el cuerpo es conectar con la necesidad de amar.
He oído a muchos pacientes decir que a medida que contactaron con sus cuerpos fueron capaces de hacer el trabajo que sus madres no hicieron. Están deseosos y quieren asumir la responsabilidad de su propio bienestar. No buscan a los demás para que les den una sensación de viveza o un sentido de sí mismos. Pero lo más importante es el hecho de que este nuevo sentido de responsabilidad no se limita a uno mismo sino que se extiende al mundo.

La responsabilidad es, como lo dijo Fritz Perls, la capacidad de responder con sentimiento. No es equivalente a deber u obligación, ya que tiene una cualidad de espontaneidad que la relaciona directamente con el grado de vida o de apertura del organismo. Es una función corporal porque requiere sensación, y a este respecto difiere del deber, que es una construcción mental independiente de la sensación y que a menudo lleva a actuar en contra de las propias sensaciones. La responsabilidad es por tanto un atributo de la persona como cuerpo.

Nada promueve tanto el sentimiento de identidad común humana como el estar en contacto con el cuerpo.
Un taller bioenergético no es como un grupo de encuentro. Los participantes no están allí para conocerse o encontrarse. La finalidad del taller es llevarles a entrar en contacto con ellos mismos, es decir, encontrarse ellos mismos en el nivel del cuerpo. Hay ejercicios de grupo, pero el énfasis se pone en la experiencia individual. Sin embargo, al contactar con ellos mismos, como individuos, también contactan con los demás como individuos.

Lo que tenemos en común como personas es el cuerpo. La educación y las ideas pueden ser diferentes, pero somos iguales en el funcionamiento corporal. Si respetamos nuestros cuerpos, respetaremos a los demás. Si sentimos lo que funciona en nuestro cuerpo, sentiremos lo que funciona en el cuerpo del ser humano que tenemos cerca. Si estamos en contacto con los deseos y las necesidades de nuestro cuerpo, sabremos las necesidades y deseos de los otros. Por el contrario, si estamos desconectados de nuestro cuerpo, estamos desconectados de la vida.

Uno puede hacerse una idea del grado de desconexión que tenemos con la vida viendo la destrucción que hemos causado en el medio ambiente: Ahí esta el caso de la polución. Lleva gestándose durante años, y la hemos ignorado porque estábamos tan preocupados de la producción que no teníamos tiempo ni para respirar. Una persona que no es consciente de la respiración no puede darse cuenta de la polución del aire….al menos hasta que sea tan peligrosa que no te deje respirar. Lo mismo se puede decir de la naturaleza, de la eliminación de la fauna salvaje, de la porquería y la basura que abunda por todas partes. Al estar desconectados de nuestros cuerpos, nos hemos desconectado del medio ambiente. La mente parece que puede funcionar correctamente en una oficina o en una biblioteca, pero el cuerpo necesita un ambiente natural para que esté vivo y sensible.

Sin cuerpo no somos nadie, y no significamos otra cosa que un número en una civilización masificada que ignora los valores humanos. Somos parte de un sistema masificado, y sin embargo nos sentimos solos y aislados. No pertenecemos a la vida, pertenecemos al mundo de las máquinas; un mundo muerto. Y ni el dinero ni las palabras cambiarán esta situación. Sólo podemos volver a la vida contactando con nuestros cuerpos. Cuando lo hagamos, encontraremos que hay fe en la vida y que el cuerpo del hombre es el cuerpo de Dios y algo en lo que creer.   

martes, 9 de febrero de 2016

Ejercicios de bioenergética, parte 25

Parte III
Estableciendo un plan
regular de trabajo

Capítulo XIII
Ejercicios en el hogar

En el capítulo 7 ofrecimos algunos consejos acerca de hacer estos ejercicios solos y en casa. Aquí querríamos hacer algunas sugerencias respecto a los más fáciles de hacer, y los que producen mejores resultados.
Digamos que solo tienes tiempo de hacer un ejercicio al día. Entonces recomendamos que hagas el ejercicio 1. Es el ejercicio en el que te inclinas hacia delante y tocas el suelo con las puntas de los dedos. Este ejercicio está destinado a inducir vibraciones en las piernas. Si tus piernas vibran, respiras con más facilidad y profundidad. Pero tanto si aparecen vibraciones como si no, este ejercicio te ayudará a entrar en tus piernas y pies y a sentir más el contacto con el suelo. Es un ejercicio excelente para comenzar el día, pero puede hacerse en cualquier tiempo y lugar si sientes la necesidad de abandonarte ante un estado de tensión. Como mucho, este ejercicio solo lleva uno o dos minutos.

Si deseas hacer dos ejercicios, haz también el arco referido como ejercicio 4 de la serie. Comienza con el arco y mantenlo durante un minuto, respirando en el vientre. Luego sigue con la inclinación hacia delante (ejercicio 1) para poner tus piernas en vibración. Es más fácil que vibren si comienzas con la posición del arco.

La gente joven suele tener pocas dificultades para poner sus piernas en vibración. A la gente de más edad le resulta más difícil, pues sus piernas se han endurecido. Si ésta es tu condición, sugerimos que hagas el ejercicio 19 del grupo estándar tras los ejercicios precedentes. Aquí, desplazas el peso de una pierna, doblando plenamente esa rodilla. Permite que el peso descanse en ese pie hasta que la posición se vuelva incómoda, luego desplázalo al otro pie. Haz esto dos veces con cada pierna, y encontrarás una mayor sensación de viveza en tus piernas, y que tu centro de gravedad ha descendido. Te sentirás más cerca del suelo.

No hagas mecánicamente estos ejercicios simples. Lee las instrucciones y presta atención a las preguntas y comentarios después de cada ejercicio. Estás haciendo estos ejercicios para entrar en contacto con tu cuerpo, y eso requiere que dirijas tu conciencia a lo que está sucediendo en tu cuerpo. También has de mantener tu respiración en marcha, así que es importante que estés atento a dicha función.
Con estos tres simples ejercicios haciéndolos regularmente por la mañana, comenzarás el día con un mejor sentido de ti mismo y con mayor energía.
De aquí en adelante, la elección está abierta, y debería variar con tu sentimiento, tu necesidad y tu tiempo. Puedes, por ejemplo, desear aflojar la parte superior de tu cuerpo. No necesitas hacer el mismo ejercicio cada vez. Una vez te hayas familiarizado con estos ejercicios, haz los que te ayuden con tus tensiones particulares.

La mayoría de la gente tiene un montón de tensión en sus espaldas. Puede que te comportes como si cargaras un peso. El taburete es una gran ayuda para esta clase de problemas. Recomendamos el uso del taburete para todas las personas que siguen la terapia bioenergética. Intenta el primer ejercicio dado en la sección de trabajo con el taburete. Si eres nuevo en estos ejercicios, coloca el taburete contra la cama por razones de seguridad. Hazlo así hasta que adquieras seguridad con la práctica. Recuerda, tras utilizar el taburete, que debes inclinarte hacia delante en la posición de vibración.

Por otro lado, si estás en buena forma física y tu interés en estos ejercicios es el de ver si tu cuerpo puede sentirse más vivo. Puedes intentar todos los ejercicios del taburete, supuesto que no intentes probar que estás por encima de necesitarlos y de que puedes hacerlos a toda prisa. No hay nadie en nuestra cultura que esté libre de tensión. Si te sobrepasas al principio, puedes acabar sufriendo malestar y dolor. Se cuidadoso y procede lentamente. Si te mantienes en contacto con lo que está sucediendo en tu cuerpo, no hay peligro en ninguno de los ejercicios. Y con la práctica, las personas de más edad pueden hacerlos tan bien como otras más jóvenes.

Casi todo el mundo necesita una mayor autoexpresión. Dos de los ejercicios del capítulo 9 sobre ejercicios expresivos pueden ser hechos en casa con considerable provecho. Uno es el ejercicio de patear, el otro es el de golpear la cama. Estos ejercicio te ayudarán a desarrollar tu agresividad y autoafirmación. Deberían ser incluidos en tus ejercicios caseros si tienes tiempo. Lee las instrucciones y comentarios sobre estos ejercicios cuidadosamente antes de hacerlos.

Los ejercicios sexuales no resolverán tus problemas sexuales. Harán mucho, sin embargo, por aumentar tus sentimientos sexuales y tu placer. Puedes añadir cualquiera de estos ejercicios a tu repertorio, pero hazlos una vez hayas hecho los ejercicios preliminares que hemos recomendado aquí.

El tiempo y la energía que inviertas en tu cuerpo es la mejor inversión que puedas hacer. Te recompensarán en salud y placer, lo que es más valioso que el dinero o el poder. Estás realmente invirtiendo en ti mismo, pues tú eres tu cuerpo. Utilizamos la palabra ejercicio para describir cómo trabaja uno con su propio cuerpo para ayudarle a volverse más vivo. Pero ejercicio es una expresión errónea para estos procedimientos bioenergéticos. Lo que estás haciendo realmente es cuidar de tu cuerpo, y cuidar implica estar interesado y sentir con afecto. No ejercites tu cuerpo como si fuera una máquina. Sé tu cuerpo en sus movimientos, acciones y expresiones. Es de esto que trata este libro.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Ejercicios de bioenergética, parte 5


Capítulo V

Control de uno mismo y autoexpresión

La bioenergética, como otras terapias, pretende ayudar a una persona a desarrollar un mejor sentido del yo, esto es, a ser más persona. El yo, sin embargo, no es una cualidad abstracta; por el contrario, es la totalidad de nuestro funcionamiento. El yo no puede ser divorciado de la autoexpresión, pues es en nuestras actividades expresivas que percibimos el yo.
La parte más grande e importante de nuestra autoexpresión es inconsciente. Una gracia en las maneras, la chispa de nuestros ojos, el tono de voz, una viveza y una vibración generales, expresan quiénes somos mejor que las palabras o las acciones. Sin embargo, estas no son cualidades que podamos cultivar deliberadamente. Son manifestaciones de la salud emocional y física.

Si una persona está bloqueada en su capacidad de expresar sentimientos, traerá muerte a su cuerpo y reducirá su vitalidad. Es muy común ver a gente que es incapaz de llorar, que no puede encolerizarse, que tiene miedo de mostrar miedo, que no puede implorar ayuda, que no se atreve a protestar. Algunas personas pueden llorar con facilidad, pero no pueden mostrar ira; en otras, es al revés.
Los ejercicios bioenergéticos proporcionan a le gente una oportunidad para practicar la expresión del sentimiento de un modo organizado, y para familiarizarse con ella.
Pero igual que a una persona se le anima a expresar sus sentimientos en un ejercicio apropiado, también se le ayuda a obtener un control consciente sobre su expresión. El propósito de este control no es el de inhibir o limitar el sentimiento, sino el de hacer de su expresión efectiva, económica y apropiada. Un estallido histérico, por ejemplo, puede ser considerado como una expresión de sentimiento, pero es a menudo un derroche de energía y relativamente poco efectivo. No es realmente una forma de autoexpresión, pues la erupción se produce contra la intención consciente de la persona.

El control de uno mismo denota la capacidad de responder apropiadamente a una situación. El cronometraje es de la misma importancia. Cuándo actuar y cuándo hablar resulta tan crítico como lo que hagamos o digamos.
Todos admiramos a le gente con equilibrio: están listos para la acción y al mando de sí mismos. El equilibrio es por tanto un sinónimo para el control de uno mismo, la buena coordinación de sentimiento y acción, de los movimientos involuntarios o espontáneos y de los movimientos voluntarios o deliberados, del ego y del cuerpo.
El equilibrio se desarrolla aumentando nuestra coordinación en todas las acciones expresivas. Cuando hagamos un movimiento, debería implicar al cuerpo total. Si alguna parte del cuerpo no participa en el movimiento, la persona carece de coordinación. Experimentará, por tanto, una falta de equilibrio.

Sugerimos un ejercicio para ayudarte a confirmar tu grado de autoexpresión. Es el pataleo, que expresa la idea de la protesta. Más aún, implica a la parte inferior del cuerpo, que es pasiva en tanta gente. Si tienes dificultades en identificarte con esta acción, piensa en alguna injusticia que hayas experimentado. Todos, en esta cultura, tenemos algo por lo que patalear.

Ejrcicio 9. Pataleo

Tumbado en una cama, preferiblemente con un edredón y sin tope a los pies. Extiende ambas piernas. Manteniéndolas sueltas, con las rodillas extendidas pero no rígidas, patalea arriba y abajo rítmicamente. Tus tobillos deben estar sueltos, el golpe aterrizar sobre los talones y la pantorrilla. Haz el pataleo fácil al principio, y luego incrementa gradualmente la fuerza y la velocidad de tus movimientos. Finalmente, agarrado de los lados del colchón, patalea con toda tu fuerza y lo más rápido que puedas.
Esta acción es como el restallar de un látigo. Si estás coordinado, tu cabeza irá arriba y abajo con cada patada. Si tienes miedo de soltar tu cabeza, tus movimientos serán mecánicos. (ver figura 17)



¿Te detuviste bruscamente, o dejaste que los movimientos fuesen desapareciendo? Parar bruscamente es como echar los frenos, e indica el temor a permitir que el movimiento continúe hasta su conclusión natural.
¿Se doblaron tus rodillas, de modo que golpeabas sólo con los talones? Este tipo de movimiento resulta de un exceso de tensión en los músculos de la corva.
Por supuesto, te encontraste sin aliento al final. Es un ejercicio bastante violento. ¿te entró pánico ante la pérdida de aliento? ¿ te sentiste mareado al final? Tanto el pánico como el mareo se pasan al respirar de nuevo con facilidad.


Ejercicio 10. Diciendo “no” mientras se patalea

Para hacer el ejercicio más fuerte, trata de decir “no” mientras pataleas. El “no” ha de ser mantenido el mayor tiempo posible, y repetido varias veces durante el ejercicio. Ahora estás protestando.
  • ¿Era tu voz fuerte y plena, o débil y vacilante?
  • La utilización de la voz requiere una mayor coordinación. ¿te fue más difícil este ejercicio?
  • ¿ Te asustó el sonido de tu voz?
  • ¿Cuándo fue la última vez que pataleaste de este modo.
  • Si un ejercicio así te transforma, no lo repitas inmediatamente. Vete preparando para él, y desarrolla la coordinación y la expresión trabajando de un modo fácil y persistente. El procedimiento que recomendamos es hacer este ejercicio regularmente pero con facilidad, recalcando la ritmicidad y la soltura del movimiento.

Ejercicio 11. Desarrollando tu poder de pataleo.
 
Haz el mismo ejercicio sin el uso de la voz, y con una intensidad moderada. Da a la cama 50 patadas, y mira lo suaves y rítmicas que son tus acciones.
Si tus piernas se cansan o te quedas sin aliento antes de que des cincuenta patadas (contando cada pierna como una patada), comienza con veinticinco o treinta.
Cada día trata de añadir cinco o diez patadas más al ejercicio hasta alcanzar las cien. Cuando te sientas bien con 100 patadas, trata de pasar a 150. Luego intenta 200. Cuando seas capaz de dar 200 patadas de una vez, estarás consiguiendo poder de sostenimiento y coordinación.

Conforme continúes haciendo el ejercicio, encontrarás que cada vez te resulta más fácil, y que estás obteniendo mayor libertad en la parte inferior de tu cuerpo. Estás volviendo a entrar en posesión de partes de tu cuerpo que anteriormente no estaban disponibles.
En próximos capítulos describiremos otras acciones expresivas tales como golpear, estirarse, mirar y demás. Antes de que pases a estas, asegúrate de leer las palabras de advertencia y consejo dadas en el capítulo 7.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La entrega al cuerpo y a los sentimientos, parte 11


El corazón inteligente

El ser humano completo es aquel que de un estado enfermo, transmuta y trasciende hacia un estado de salud y sanación. Aquel que encuentra después del laberinto de la vida, su luz interior.
Aunar la razón y el corazón y formar así el corazón inteligente, para comprender y experimentar la realidad.

Si uno percibe su rigidez o tensión, puede darse cuenta de su temor, lo que liberará sus recuerdos infantiles.

Si queremos ayudar a que las personas se liberen de sus emociones negativas, es necesario comprender las fuerzas que dan origen a tales emociones; y para eso, primero debemos aceptar la realidad de esos sentimientos y no juzgarlos.

Al sacar a la luz la experiencia enterrada, se reduce la vergüenza, lo que permite sentir la herida y su miedo.

El equilibrio es un sinónimo para el control de uno mismo; la buena coordinación de sentimiento y acción, de los movimientos involuntarios o espontáneos; y de los movimientos voluntarios o deliberados; del ego y del cuerpo.
Si alguna parte del cuerpo no participa en algún grado en el movimiento, la persona carece de coordinación, experimentará, por tanto, una falta de equilibrio.

El hecho de juzgar destruye una relación basada en el amor.
El amor exige comprensión, el juzgar requiere  omnisciencia.
Si el sentimiento de igualdad no esta presente, la relación se convierte en la de amo y sirviente.
Como carecemos de fe, nos valemos de un sistema de premios y castigos para motivar el aprendizaje. Se cambia una relación amistosa por una de poder.
La autodisciplina debe reemplazar a una disciplina autoritaria y obsoleta.
Esto está en la línea de la autoconciencia y de la autoexpresión, que necesariamente incluyen conceptos de autodominio y autocontrol.
El niño que aprende a autorregularse a sí mismo tendrá fe en su propio cuerpo y en sus funciones, y se convertirá en una persona autodirigida y capaz de autodisciplina.
Las reglas no deben ser rígidas ni los límites inflexibles, ya que su finalidad es aumentar la seguridad del niño y no negar su libertad.

Toda persona depresiva está atrapada en los cuernos de un dilema.

La vida espiritual es en realidad la vida interna del cuerpo.
La plenitud del espíritu, solo el cuerpo puede ofrecerla
La reconciliación entre el cuerpo y el espíritu no puede alcanzarse negando en nombre del espíritu.
El sentimiento es la vida interior; la expresión es la vida exterior. Una vida plena requiere una rica vida interior (rica en sentimientos), y una vida exterior libre ( libre  para expresarse).
En las competencias atléticas, rendimos homenaje al cuerpo desespiritualizado, y en las aulas y oficinas reverenciamos una mente incorpórea.

Hablamos del amor, pero veneramos el poder.
En el acto de amar, uno abre su corazón a otro y al mundo.
El poder del amor, y de la resonancia energética, como importantes catalizadores del cambio. La comunidad como poderosa influencia de la transformación personal.
Esta en curso la revolución espiritual.

La vida es un proceso continuo, un constante desvelar posibilidades y potencialidades que están ocultas en el presente. Si no se tiene esperanza y compromiso hacia a el futuro, la propia vida se paralizaría, lo que sucede a los deprimidos.
Sentir esta sensación de estar conectado y actuar de acuerdo a esto, es la característica del hombre de fe, de un hombre que tiene fe en la vida. Con un lugar en su corazón para cada niño, y respeto por sus mayores.

miércoles, 30 de abril de 2014

Las bases biológicas de la fe y la realidad, parte 4



La psicología de la fe.

Al hombre se le ha definido como un animal que construye historia. Esto significa que es consciente de su pasado y le preocupa su futuro. Sabe que es mortal (ningún otro animal tiene esta carga), y también sabe que sus raíces personales vienen de lo profundo de la herencia de su pueblo. Asimismo, está atado al futuro, que es su inmortalidad, sabiendo que a través de él se transferirá esa herencia a los que vengan detrás. Nadie puede vivir por y para sí mismo; tiene que sentir que haga lo que haga, por pequeño que sea, contribuye de alguna manera al futuro de su pueblo. Somos eslabones de la gran cadena de la vida tribal. Cada miembro es un puente viviente que conecta el pasado con el futuro.
Cuando la conexión vital de un pueblo con el pasado y el futuro se desvanece, pierden la fe, fe en ellos mismos y en su destino. Hemos visto que los pueblos primitivos se deprimen cuando se destruye su cultura. Éstos hombres, como cualquier persona deprimida, se dan a la bebida o pierden todo interés o deseo de seguir adelante.

Muchos aspectos de nuestra cultura actual sugieren un fenómeno paralelo. El pasado parece irrelevante. Nadie puede vivir hoy como vivían nuestros abuelos; los coches y los aviones lo hacen físicamente imposible. Pero el cambio ha afectado también a las relaciones humanas. Ha habido un relajamiento de los vínculos familiares y existe una moral sexual radicalmente nueva. Incluso, son distintas las maneras de ganarse la vida. Así, los problemas que surgen en las nuevas generaciones son diferentes de los de las anteriores.
¿Y el futuro? Huelga decir que estamos en un mundo donde los cambios están a la orden del día; el futuro es más incierto que nunca. El peligro de la situación actual es que estamos perdiendo la fe.

Hasta el siglo XX el hombre se había sentido siempre sometido a un poder superior. Hoy en día, ya no es así para mucha gente. El que Dios esté muerto o no, poco importa; está muerto en el pensamiento moderno. El hombre moderno no reconoce ya una autoridad suprema.
Mucha gente cree realmente en la ciencia y en sus posibilidades. Pero creer no es tener fe. Una creencia es un producto de la mente consciente, la auténtica fe es un asunto del corazón.  
A medida que el hombre se ha hecho más consciente de sí mismo como ser único, ha ido cortando los lazos que lo unían a la comunidad. No se siente ya parte de un orden superior del que depende su supervivencia. Sabe que la comunidad está ahí, pero la ve sólo como medio para sus fines. Es una sociedad que cultiva la filosofía de “cada cual para sí mismo”, el sentido de comunidad no existe como fuerza poderosa.

Si cada hombre es un mundo en sí mismo, entonces tiene razón al creer que en su mundo personal él es dios. Nadie puede decirle qué pensar o qué creer. Como los pollos de una incubadora, cada persona vive dentro de su propia cáscara. La gente en una sociedad masificada son como alubias en un saco; sólo cuentan como cantidad. Y aunque en una sociedad masificada cada persona es diferente de cualquier otra, no es un verdadero individuo, ya que no tiene voz en su futuro y no puede responsabilizarse de su destino.
La individualidad en función de la autoexpresión; es decir, depende de la capacidad de responder libre y plenamente a los retos de la vida. Entre los seres humanos la autoexpresión no actúa aisladamente; cada acto de autoexpresión tiende a crear una impresión y evocar una respuesta. Pero la verdadera capacidad de respuesta y la responsabilidad personal no tienen cabida en una sociedad masificada.
A los sistemas les falta la capacidad de responder a las necesidades humanas, y es esta falta de respuesta la que fuerza a la gente a unirse en protestas masivas. Todas las reuniones de masas o manifestaciones, son realmente una protesta contra las condiciones de vida masificada.

La verdadera individualidad sólo puede existir en una comunidad donde cada miembro es responsable del bienestar del grupo y donde el grupo responde a las necesidades de cada miembro.
En una sociedad masificada sólo importa el sistema, puesto que cualquier persona se puede reemplazar por otra. El individuo masificado, esté arriba o abajo del montón, sólo es importante él mismo. Este sistema obliga a la gente a volverse egoísta y a dedicar sus mayores esfuerzos a ganar reconocimiento.

He dicho que la fe conecta el pasado con el futuro. A través de la fe el individuo queda conectado con la comunidad. Las comunidades se formaron con individuos que tenían una fe común, y cuando esa fe se perdió, aquéllas se desintegraron.
Una persona religiosa se siente parte de una comunidad humana, pertenece a la comunidad de la naturaleza y participa de la comunidad con Dios o con el Universo. Toda persona que siente de esta manera es religiosa, sea o no sea miembro de una iglesia. Puede decirse que todo individuo que tiene sentido de su respuesta y responsabilidad es religioso.
Las instituciones religiosas pierden su efectividad cuando dejan de satisfacer la necesidad del hombre de pertenecer a algo y de expresarse. En esta situación surgirán nuevos sistemas de pensamiento que satisfagan esas necesidades. Puede que no se llamen religiones, pero tendrán un componente religioso si se encuentra en ellos un sentimiento de comunidad y de responsabilidad. Para mucha gente la experiencia grupal de la terapia, especialmente el análisis bioenergético, que promueve los valores espirituales del cuerpo, satisface esas necesidades. Alguien cree que la terapia es la religión del futuro. Proporcionan a la persona un sentimiento de pertenencia, identidad, capacidad de autoexpresión y fe en la vida.

Egoísmo y fe son diametralmente opuestos. A un hombre egoísta sólo le importa su imagen; a un hombre con fe le importa la vida. Un egoísta se orienta hacia la consecución del poder. Un hombre con fe se orienta hacia el disfrute de la vida, y el placer que le da el vivir lo comparte con los que tiene alrededor. Para un egoísta, la imagen lo es todo, su única realidad. La verdadera fe es una entrega a la vida del espíritu -el espíritu que vive en el cuerpo de la persona- que se manifiesta a través del sentimiento y que se expresa en los movimientos del cuerpo.

Nuestra cultura, nuestra educación y nuestras instituciones sociales favorecen la posición del ego. Lo que se esconde detrás de la mayor parte de la publicidad es una llamada al ego. La educación promueve la postura del ego por su gran y (yo creo) exagerado énfasis en el pensamiento abstracto.
Los peligros que corremos con esta engañosa reducción de nuestra fe son dobles: al individuo le impone la amenaza de la depresión; dentro de la sociedad provoca la desintegración de aquellas fuerzas espirituales  y comunitarias que dan sentido y realzan la vida humana. Y lo probable es que la situación empeore.

La fe no se puede legislar, ni fabricar ni ensañar. Se puede forzar la sumisión a dogmas, pero cada acto de sumisión alimenta la llama interna de la rebelión, que inevitablemente acabará en cataclismo.
La afirmación de que no puede ensañarse quizás resulta chocante, porque realmente creemos en el poder de la educación. Pero la educación no intenta alcanzar el corazón de las personas; su finalidad es formar la mente, de modo que puede alterar las creencias sin afectar para nada la fe.

Aunque las creencias son un producto del pensamiento y la fe es un sentimiento del mismo genero que el amor, cabeza y corazón no tienen porque estar desconectados y lo que uno piensa puede reflejarse inmediatamente en lo que uno siente. Otras veces no es así.


Un hombre que proclama su creencia en Dios puede tener poca fe, como atestiguaría, por ejemplo, el hecho de que se deprime. Por otro lado, un ateo puede ser un hombre con una gran fe. Puede que no crea en un Dios sobrehumano que rige los destinos, pero su fe podrá estar relacionada con su identidad, con el amor a sus compañeros y con el amor por la vida.
Cuando las creencias surgen de una experiencia personal, sin estar influidas por ningún dogma, entonces tienen un impacto en la propia fe. El efecto de la experiencia sobre la fe puede ser positivo o negativo. Será positivo si abre el corazón y negativo si lo cierra.

miércoles, 23 de abril de 2014

Las bases biológicas de la fe y la realidad, parte 1

Resumen de algunos capítulos del LIbro "La Depresión y el Cuerpo" de Alexander Lowen, 1982, Ed. Alianza, Madrid.

“Las Bases Biológicas de la Fe y la Realidad”



Amor versus disciplina

El amor no se puede separar de la libertad y el placer. Nadie ama de verdad si limita en la persona amada la libertad de ser, para expresarse y para actuar por sí mismo. Si queremos a alguien, lo queremos ver feliz y alegre, no desgraciado y sufriendo. Otro punto importante es que las acciones amorosas vengan dictadas por el corazón, no por la cabeza.

Es difícil ver la manera de combinar amor y disciplina. La disciplina está tan metida en nuestra vida y en nuestro pensamiento que no podemos ver sus peligros. La civilización occidental iguala obediencia y deber con amor. “Quien bien te quiere te hará llorar”, se dice comúnmente. Por otra parte, ve al placer como pecado, mientras que el trabajo y la productividad son virtudes cardinales. De igual manera, considera el cuerpo como un aspecto inferior de la naturaleza humana.

Mi argumento principal en contra de la disciplina en el hogar se funda en la relación que se impone entre padres e hijos.  Cuando un padre se arroga el derecho de castigar, se coloca en el lugar del juez. El hecho de juzgar destruye una relación basada en el amor. El amor exige comprensión, el juzgar requiere omnisciencia.

¿El niño es igual a sus padres? En sabiduría, madurez y responsabilidad, por supuesto que no. Pero sí en el sentido de que sus sentimientos son tan importantes como los de los adultos. Lo característico de una relación amorosa es que la persona amada sea tan importante para nosotros como nosotros lo somos para ella. Si el sentimiento de igualdad no está presente, la relación se convierte en la de amo y sirviente.

Otra relación que ha degenerado hacia un status de inferior y superior es la que se da entre profesor y alumno. Educar por definición, significa conducir o guiar a alguien. Un profesor debería conducir a sus alumnos por el camino del aprendizaje y del conocimiento, no empujarlos con amenazas y castigos.
Como no tenemos verdadera fe en nuestro sistema, nos valemos de una fórmula de premios y castigos para motivar la conducta. No hay que pensar mucho para comprender por qué nuestros estudiantes odian casi universalmente la escuela.

No hace falta llevar las escuelas como instituciones penales. Cualquier niño que sea libre está ansioso de aprender lo que le interesa. El sistema de premios y castigos es innecesario. Además, este nuevo procedimiento restablece la relación natural entre profesor y estudiante, como iguales y amigos, en la aventura conjunta del aprendizaje.

La gran decepción en el juego que practican los padres con los hijos es el pretender que pueden amar y ser objetivos, implicarse y desligarse al mismo tiempo. Tal pretensión les permite negar sus sentimientos cuando resulte inconveniente admitirlos. Así, por ejemplo,  se puede acusar al niño de rebelde aun cuando sus acciones sean una respuesta a la hostilidad de sus padres, o pueden ser sordos e inflexibles ante un niño llorando a favor de la disciplina y la coherencia. Negarán placer al niño por envidia (a ellos se lo negaron de niños) y se enorgullecerán de no mimarlo.

Los padres se enganchan con este juego, porque muchos creen realmente que hacen lo mejor por el niño. Pero pensar que el administrar un castigo doloroso al niño tendrá un efecto positivo sobre su personalidad, es una forma de engañarse. Producirá temor, lo cual puede hacer que el niño sea mas sumiso, pero no mas amoroso. Los padres fueron también niños y seguramente víctimas de esa manipulación. ¿Por qué lo han olvidado?
 Para contestar, tenemos que averiguar lo que pasa con el niño sometido a este tratamiento.

Los niños no pueden escoger entre aceptar y rechazar los engaños que utilizan sus padres; no son agentes independientes, el amor y la aprobación de los padres es una cuestión de vida o muerte para ellos. La mayoría de los niños pasarán por  una época de rebeldía. Desgraciadamente, sus esfuerzos sólo sirven para alienar mas a sus padres, que acaban viendo al niño como un loco, un monstruo o un salvaje. Se le fuerza a ceder, lo que significa que finalmente aceptará la idea de que uno debe merecer el amor y debe ganarse el placer. Acabarán creyendo que no son queridos porque no lo han merecido.

 El niño que toma la decisión de seguir el juego, ha hecho un mal negocio; pues tendrá que reprimir sus sentimientos negativos y hostiles. Forzado a dejar de un lado sus derechos innatos, haga lo que haga no puede ganar.
Los padres que juegan a este juego piden lo imposible. Su motivación inconsciente es transferir al niño la culpa por no ser unos padres amorosos. Y el niño acepta la culpabilidad con el fin de alimentar la ilusión de que el amor de los padres sigue siendo asequible.

Toda persona depresiva está atrapada en los cuernos de un dilema. Una parte de él mismo le dice: “Lucha, sigue, es tu única oportunidad”. La otra: “Abandona, no tienes nada que hacer”.

Lo contrario de la disciplina no es la permisividad. Un padre permisivo es un padre confuso que tiene dudas sobre el uso de la disciplina, pero no sabe con que reemplazarla. Se verá sometido a prueba y desafiado por el niño, que tiene que saber exactamente dónde se encuentra.

La permisividad no es el equivalente del amor. Un niño educado en un hogar permisivo puede estar tan falto de amor como el del hogar autoritario, y aun podrá tener mayores dificultades para jugarlo, ya que las reglas son vagas y confusas. Al no encontrar por ningún lado la fe que necesita para vivir se deprimirá.
El problema con la permisividad es que no es una actividad positiva sino negativa. El padre o el profesor permisivo, han rechazado la tesis de la disciplina estricta, pero no la han reemplazado por una moral interior que les proporcione la seguridad y el orden necesarios para una verdadera libertad.
El padre permisivo está tan confuso con él mismo como lo está en sus relaciones con sus hijos. Y así no es de extrañar que se le venga el mundo encima.

Ni la permisividad ni la disciplina rígida son la respuesta a los tiempos difíciles que corren. La autodisciplina debe reemplazar a una disciplina autoritaria ya obsoleta. Esto está en la línea de la autoconciencia y de la autoexpresión, que necesariamente incluyen conceptos de autodominio y autocontrol.
El padre que se ejercita en la autodisciplina moverá a su hijo a adquirir la misma función, permitiéndole que tome mayor responsabilidad por la satisfacción de sus necesidades. El concepto que subyace aquí es el de autorregulación, que empieza en la primerísima infancia con lo que se llama alimentación por demanda.
El niño que aprende a regularse a sí mismo tendrá fe en su propio cuerpo y en sus funciones y se convertirá en una persona autodirigida y capaz de autodisciplina.

La autorregulación difiere de la permisividad en aspectos importantes. No representa un abandono de la responsabilidad de los padres. Los padres que creen en la autorregulación tienen la responsabilidad de estar “allí” siempre que el niño los necesite. La autorregulación acepta al niño como es, un organismo animal nuevo, y le permite ser único.
La autorregulación no significa que los padres se abstengan de dar algunas reglas o poner algunos límites a las acciones del niño. Si no fuera así, sería el caos. Un niño espera de sus padres guía y dirección. Pero las reglas no deben ser rígidas ni los límites inflexibles, ya que su finalidad es aumentar la seguridad del niño y no negar su voluntad. Y por encima de todo, no pueden ser arbitrarias; deben guardar relación directa con la forma de vivir de los padres; es decir, los padres deberían vivir según las mismas reglas básicas que imponen a sus hijos. No puede ser que haya unas reglas para los padres, que tienen el poder, y otras para los hijos, que no lo tienen.

Si los padres confían en su forma de vida, y esa forma de vida está basada en la fe, sus reglas y límites reflejarán esa confianza. Esto no lleva a preguntarnos ¿Qué es la fe?
Todo acto basado en la fe es una manifestación de amor. Una madre o un padre amoroso no es ni permisivo ni disciplinario; el calificativo que mas le cuadra es el de “comprensivo”. Comprende la necesidad que tienen el niño de un amor y una aceptación incondicional. Comprende también que no es una cuestión de palabras sino de sentimientos expresados en acciones.
Una madre amorosa es quién se da, quién da su tiempo, su atención, su interés. Para saber cuánto quiere una madre a su hijo, sólo es necesario saber el tiempo que le dedica y cuanto placer le da a su hijo. El placer que siente una madre con su hijo es exactamente igual al que siente el hijo por su madre. El amor está basado en un placer compartido. El placer de una persona aumenta el placer de la otra, hasta que el sentimiento entre ambos es de alegría.

Los padres amorosos quieren ver a su hijo feliz. Quieren que disfrute de la vida. Esta actitud y los sentimientos que la acompañan, dan al niño fe en la vida: primero fe en sus padres, después fe en él mismo y por último, fe en el mundo. Los padres pueden hacer esto por un hijo si ellos mismos tienen fe. Pero poca gente la tiene, nuestra civilización la margina. Hablamos del amor pero veneramos el poder.