martes, 15 de enero de 2013
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 12
De la complejidad del ego
A la unidad y la armonía del Sí-mismo
Cuando miles de cosas son percibidas en su unidad.
Se vuelve al origen
Y se está donde siempre se ha estado.
Sengstan (maestro zen)
El ego consciente suele verse solicitado por multitud de emociones contradictorias (“Le amo y le odio al mismo tiempo“), deseos incompatibles (“me gusta la aventura, pero adoro la comodidad”), actitudes opuestas (“Deseo ser compasivo con los extraños, pero desconfío de ellos”), objetivos que los propios comportamientos contradicen (“Quiero adelgazar y dejar de fumar, pero como mucho y sigo fumando”), etc.
El ego es incapaz de solucionar estas contradicciones aparentes y estos conflictos, por lo que debe recurrir a la ayuda de una instancia superior, el Sí-mismo, que resolverá los problemas. La visión global del Sí-mismo y su poder unificador lograrán hacer de las fragmentaciones del ego elementos complementarios. Es la función de la “reconciliación de los opuestos”, función dominante del
Sí-mismo en el proceso de individuación de la persona o de “hacerse plenamente uno mismo”.
La estima del Sí-mismo y la eliminación del temor
No hay que tener miedo
de la pobreza ni del exilio
ni de la cárcel ni de la muerte,
pero sí hay que tener miedo al miedo.
Epicteto
“Hacerse espiritual es ir eliminando progresivamente los miedos”. El ego vive constantemente en el miedo: miedo a carecer de lo esencial, miedo a no ser aceptado ni apreciado, ni amado. Y su mayor terror es morir. Por su parte, el Sí-mismo vive fuera del tiempo y está en contacto con realidades inmutables, como la inteligencia creadora del Universo; goza de una visión más allá de la muerte. De hecho, atraviesa sin vacilación las adversidades de la vida e incluso la certeza de la muerte.
Mientras que el ego es presa del pánico ante la idea de la muerte, el Sí-mismo permanece sereno, porque sabe morir y se prepara para otra vida.
La estima del Sí-mismo
Y la adquisición de mayor autonomía
Cuanto menos sometido está el ego del individuo a la mirada, la aprobación y la admiración ajenas, tanto más autónomo se hace y tanto más confía en la sabiduría del Sí-mismo. El ego se va liberando poco a poco de las presiones de su estatus social y económico, de la opinión de su entorno y de su cultura. Una vez liberado de los dictados del medio y de las solicitaciones de la moda y la publicidad, se deja guiar más por las intuiciones y orientaciones del Sí-mismo.
Manifestaciones de la estima del Sí-mismo
En las relaciones humanas
Empezar por uno mismo, pero no acabar por uno;
tomarse como punto de partida, pero no de llegada;
conocerse, pero no preocuparse de uno mismo.
Martin Buber
Pueden observarse beneficiosos efectos sociales de la estima del Sí-mismo: un amor incondicional a uno mismo y a los demás, la curación interior, la sabiduría y una misión en pro de la comunidad, etc. El paso de la autoestima a la estima del Sí-mismo se refleja en las siguientes mejoras sociales:
Bajo la influencia del Sí-mismo, la persona tiene menos miedo, se siente más segura, se muestra menos a la defensiva. Tiene más audacia para darse a conocer tal como es, teme menos revelar su vulnerabilidad en sus relaciones humanas, y en espacial con sus amigos. Cultiva la intimidad sin temor a desvelar su interioridad e incluso sus debilidades.
Se muestra más dispuesta a recibir con gratitud que a dar; aunque se haya vuelto generosa, no se aprovecha para ejercer un sutil poder sobre los demás.
Deja de sentir la necesidad de compararse; es más ella misma en sus relaciones humanas. Al ser menos competitiva, se interesa por los demás con verdadera solidaridad.
Busca sobretodo relaciones vivificantes; evita mantener relaciones superficiales y utilitaristas con vistas a obtener reconocimiento, adulación, favores, etc.
Pierde la tendencia a juzgar a sus semejantes en función de criterios subjetivos; se abstiene de condenarlos, porque es consciente de no conocer todas sus intenciones y motivaciones.
Finalmente, la estima del Sí-mismo, que aporta curación interior y un plus de amor a la persona, será fuente de compasión y perdón para sí misma y para los demás.
Manifestaciones de la estima del Sí-mismo
en las relaciones con el Universo
La oración comienza cuando el poder termina.
Abraham Heschel (rabino)
La estima del Sí-mismo
Y el enfoque de la intención creadora
Cuando se han empleado en vano todos los medios posibles para realizar una tarea o llevar a buen puerto un proyecto, no queda más que confiar en la sobreabundancia del Universo. La actitud propia de la estima del Sí-mismo no es la derrotista, sino el abandono a la Inteligencia universal.
La intención creadora es una estrategia espiritual consistente en exponer la necesidad de manera muy concreta a la inteligencia del Universo (llamado también Dios). La presentación detallada de una necesidad o de un proyecto llevará a la persona a estar al acecho de todas las oportunidades favorables para su realización. Una vez expuesta su necesidad o proyecto al Universo, es importante que el ego deje de preocuparse por ello y que se distancie de su demanda, como si ya no fuese de su incumbencia.
Un médico contaba que el porcentaje de curación entre sus pacientes había aumentado desde que dedicaba unos momentos de meditación a pedir por su curación y los veía sanando. Al hacer esto, eliminaba de su persona cualquier ambivalencia, cualquier tentación inconsciente de mantener a su paciente en la dependencia y de considerarse único responsable de la curación.
La estima del Sí-mismo y la “simplicidad voluntaria”
Pasar de la autoestima a la estima del Sí-mismo significa también estar en mayor comunión con el Universo, es decir, ser más sensible a su conservación en un espíritu ecológico. Desde los años 80´s, existe un movimiento llamado de la “simplicidad voluntaria” que tiene por objeto favorecer a nuestro mundo, combatiendo el consumo excesivo, el agotamiento de los recursos del planeta y la contaminación mundial. Invita a la gente a ser responsable y respetuosa del medio ambiente, y promueve que los recursos naturales se compartan en beneficio de toda la colectividad y de las generaciones futuras.
Este movimiento se inspira en una espiritualidad basada en la estima del Sí-mismo.
La estima del Sí-mismo
Y la adopción de una visión espiritual del mundo
Cualquier problema pierde su fuerza
en la medida en que se desarrolla el hábito
de estar tranquilo y de mirar
observando revelarse la armonía divina.
Joël S. Goldsmith
La estima del Sí-mismo es especialmente útil en las situaciones difíciles. Sitúa los acontecimientos desdichados en un contexto mayor, hasta el punto de que pierden intensidad y a veces llegan incluso a adquirir un sentido positivo. Es lo que se denomina “reencuadre espiritual”. En lugar de sumirse en la desesperación, es posible descubrir el sentido positivo de cualquier acontecimiento, por negativo que sea. Se trata de apelar al Sí-mismo y buscar luz y consuelo en pensadores o guías espirituales.
El reencuadre espiritual es igualmente posible a través de la intención positiva. El método consiste en apelar a las motivaciones positivas ocultas en cualquier defecto, perversidad u obsesión. ¿Qué se pretende con el comportamiento destructivo?. Gracias a una serie de preguntas, puede desenterrarse el motivo espiritual primigenio que, por circunstancias desafortunadas, ha permanecido oculto y ha alimentado el comportamiento nocivo.
Por ejemplo: a una persona que padece alcoholismo se le pregunta ¿Qué te aporta la bebida?, responde: “un gran alivio en mi vida”. siguiente pregunta: ¿Qué aporta ese alivio? Respuesta: “cuando vivo ese gran alivio , soy por fin yo mismo, porque siempre he querido responder a las aspiraciones de mi padre”.
Así se logra descubrir el deseo de infinito y de sacralidad que brota del fondo del ser, del Sí-mismo. Ese deseo de absoluto, que permanece camuflado, puede revelarse bajo diversas formas: una profunda impresión de unidad interior, la sensación de ser uno mismo, el descubrimiento de una paz inalterable y la sensación de ser aceptado como se es, de ser amado y amar.
Conclusión
En resumen, la persona que se encuentre bajo la dirección del ego: persigue objetivos mediante esfuerzos voluntarios, y está motivada por la supervivencia y el miedo a carecer de cosas. Quien se orienta por el Sí-mismo, acoge el despertar espiritual y las experiencias- cumbre, y se abre a la abundancia de la creación.
Quien se maneja por el ego aspira a la competencia y al dominio de sí y de su entorno, busca retener lo adquirido. Lleva una máscara social, y se compara con los demás. Le angustia pensar en la muerte.
Quien se deja inundar por el Sí-mismo: Busca la paz y la armonía interior, busca el desapego. Se abre a la acción de la gracia que descubre a cada instante. Busca la colaboración y la solidaridad. Sabe como morir y tiene el convencimiento de renacer.
El audio en :https://www.dropbox.com/s/wxyfa3yuflytx46/Autoestima%2012.mp3
viernes, 4 de enero de 2013
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 10
¿Qué es el Sí-mismo?
Yo sabía que, con el mandala, había alcanzado
La expresión del Sí-mismo, el descubrimiento último
Al que me sería concedido llegar.
C.G. Jung
El concepto del Sí-mismo en Carl Jung
Carl Jung se desmarca de la teoría de Freud, su maestro en los primeros tiempos, al no admitir ya su concepción del inconsciente, del “ello” freudiano movido únicamente por fuerzas libidinales caóticas que pueden irrumpir en cualquier momento en el consciente y producir una psicosis. El inconsciente jungiano se muestra menos amenazador. Está constituido de arquetipos, núcleos de energía psíquica que se encarnan en la realidad para darle sentido. Estas formas universales gravitan idealmente en torno a un centro que es el Sí-mismo.
Mientras que Freud pide al yo que tenga una actitud defensiva respecto del inconsciente y le encarga levantar defensas para contenerle, Jung propone, por el contrario, una colaboración entre el yo consciente y el inconsciente. El descubrimiento del Sí-mismo le llevó a concebir para la persona un proceso de maduración cuyo objetivo es llegar a ser “Sí misma”, encontrar su propia identidad, y, con este fin, liberar a la persona de las influencias sociales alienantes.
Su planteamiento influirá en todas las escuelas de psicología transpersonal, que reconocerán el papel determinante de lo espiritual en la evolución de la persona.
El conocimiento intuitivo del Sí-mismo
El Sí-mismo se deja más adivinar que captar directamente. Se llega a conocerlo a través de experiencias-cumbre, que son irrupciones del Sí-mismo y permiten entrever al Sí-mismo en el curso normal de la vida.
El Sí-mismo, una realidad imposible de conocer directamente, se deja, sin embargo, descubrir por el consciente a través de símbolos: los sueños, los mitos y las leyendas.
Entre las imágenes simbólicas que representan más particularmente al Sí-mismo se cuentan ante todo las que expresan la totalidad y el infinito, como la piedra preciosa inestimable, el diamante indestructible, el agua viva, el fénix que resurge de sus cenizas, el elixir de la inmortalidad, la piedra filosofal, y el reino interior. Todos estos símbolos remiten a la idea de totalidad, perfección y finalidad del Sí-mismo, considerado como el alma humana habitada por lo divino.
Intentos de descripción del Sí-mismo
El alma es un santuario en el interior de la persona en el que se encuentra una fresca cascada en el seno de una selva tropical, un remanso de paz y serenidad que da cobijo a un gran sabio. Este sabio vive desde tiempo inmemorial. No es un anciano, no; digamos mejor que no tiene edad. Sabe vivir: sabe lo que es bueno para él. No se equivoca. Sabe gozar de la vida, sacando lecciones y adquiriendo poder a partir de ella. Es el centro del Sí-mismo “generativo”
Las características del Sí-mismo
El Sí-mismo, programador de la persona toda
El Sí-mismo preside una multiplicidad de centros orgánicos biológicos, mentales y espirituales, además de controlar la percepción que la persona tiene del Universo.
Tiene el papel de corregir y completar los contenidos conscientes o las actitudes del yo-persona. El Sí-mismo se ocupa de restablecer el equilibrio cuando el ego tiene un comportamiento desmesurado.
El Sí-mismo, principio central organizador
El Sí-mismo es un centro de control más amplio e importante que el yo consciente. Suele creerse equivocadamente, que el yo consciente y su persona forman lo esencial de la personalidad, pero es el Sí-mismo quien regula la evolución del yo consciente. El yo consciente no es más que un satélite del Sí-mismo, creado y dirigido por éste.
El modus operandi del Sí-mismo puede ser comparado al centro de un campo energético que pretende la realización plena de una vida y de un modo de personalidad que contiene múltiples potencialidades.
El Sí-mismo intemporal
El Sí-mismo es intemporal; no tiene edad. Dicho de otro modo, posee , gracias a su incesante novedad, tanto los atributos de la juventud como los de una vejez llena de sabiduría. Así, es representado tanto por el arquetipo del “niño eterno” como por el del “anciano sabio”.El tiempo propio del Sí-mismo no es el tiempo lineal del pasado, el presente y el futuro, sino el tiempo mítico de una duración comparable a la eternidad. Se asemeja a la corriente de un río: es un eterno presente. Un momento del tiempo lineal sería equivalente a un cubo de agua sacado de ese río.
El Sí-mismo y la sincronicidad
La sincronicidad del Sí-mismo designa esa misteriosa concordancia de la psique con el mundo exterior. El Sí-mismo actúa como un campo de energía unificador que comprende al mismo tiempo el mundo interior y el mundo manifiesto. Además, la sincronicidad operada por el Sí-mismo no respeta el tiempo lineal ni la secuencia de las causas. La respuesta esta en el viento.
El Sí-mismo andrógino
Dios no tiene sexualidad propia, sino que es la síntesis armoniosa de los atributos femeninos y masculinos. Por consiguiente, quien desee llegar a la comunión con el Sí-mismo deberá hacerlo desarrollando no sólo las características de su sexo, sino también las del sexo opuesto. El hombre tendrá que integrar su anima (su mujer interior), y la mujer su animus (su hombre interior).
El Sí-mismo sanador
Como hemos visto, el Sí-mismo desempeña el papel de principio central organizador de toda la persona. Por consiguiente, le corresponde integrar y armonizar todas las dimensiones de la misma. La mayor parte de las neurosis y psicosis se explican por una falta de coordinación entre las orientaciones conscientes del yo, y las inconscientes, del Sí-mismo. Por eso, el Sí-mismo se ocupa de establecer la armonía interior o de reestablecerla cuando sobreviene un desequilibrio. De ahí el aspecto sanador del Sí-mismo.
Si existen desequilibrios entre los objetivos conscientes y los del inconsciente, el Sí-mismo entra en acción para conciliarlos, y lo hace creando símbolos integradores que reestablecen la armonía entre las fragmentaciones del ser. Los símbolos del Sí-mismo se presentan en los sueños y en la imaginación activa en los momentos en que chocan con mayor violencia los puntos de vista opuestos.
El Sí-mismo en relación con el Universo
El Sí-mismo representa toda una paradoja: refleja la individualidad, al mismo tiempo que pone en contacto con el inconsciente colectivo. La realización del Sí-mismo, el “llegar a ser uno mismo”, consuma lo más personal y original que hay en la persona, reflejando e incluso abarcando simultáneamente el Universo. La individuación no excluye al mundo, sino que lo incluye.
Se trata de la “participación mística” del Sí-mismo en el Universo. ¿Quién no ha experimentado, en momentos privilegiados, una comunión íntima con el mundo exterior, incluso con las cosas inanimadas?
El Si-mismo permite igualmente tener una actitud “animista” hacia la naturaleza. El Sí-mismo no trata tanto de controlar la naturaleza cuanto de colaborar con ella, de ser co-creador. Cada vez es más claro que el Sí-mismo mantiene una conexión viva con ella. Y la ecología moderna se esfuerza por redescubrir este vínculo vivo.
El audio en:
https://www.dropbox.com/s/wx3dtm6twi5ws1f/Autoestima%2010.mp3
jueves, 3 de enero de 2013
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 11
3
Las relaciones entre el ego
Y el Sí-mismo
¿Es la muerte del ego condición esencial
para estimar al Sí-mismo?
Cabe reafirmar aquí, que la verdadera estima del Sí-mismo únicamente puede construirse sobre una autoestima elevada, es decir, sobre un ego que se estime firmemente, a falta de lo cual la persona estará condenada a permanecer espiritualmente inmadura y a nutrirse de quimeras.
El ego, reflejo del Sí-mismo
En la medida en que el ego reconoce su dependencia respecto del Sí-mismo y en que obedece las orientaciones de éste, el ego se le va pareciendo cada vez más, hasta ser un reflejo fiel e irse identificando cada vez más con el Sí-mismo. Por otra parte, si el ego niega su vínculo de dependencia respecto del Sí-mismo, ya sea por ignorancia, ya sea por suficiencia orgullosa, se aleja de su fuente vital y ya no se asimila al Sí-mismo. No será pues, más que una imagen deforme del Sí-mismo. Como consecuencia inevitable, perderá el sentido de su existencia y desarrollará una patología que podrá ir de la neurosis a la psicosis.
Una metáfora
sobre las relaciones entre el ego y el Sí-mismo
Comparemos al ego con un alcalde que, para su sorpresa, descubre la existencia en su ciudad de una autoridad superior a la suya. El descubrimiento le desconcierta. En adelante deberá someterse a las órdenes de un poder central misterioso que no habla el mismo idioma que él y que reside en algún lugar de una zona lejana. Su desasosiego aumenta al tomar conciencia de que una milicia local, independiente de su policía municipal, obedece leyes y órdenes dictadas por esa instancia superior.
¿Quién es esa autoridad misteriosa?: se trata del Sí-mismo.
Así que el ego, sin dejar de ser él mismo, debe dar su sitio al Sí-mismo.
La importancia del diálogo del ego con el Sí-mismo
Si el “yo” consciente confía en el Sí-mismo y en sus mensajes simbólicos, alcanzará un desarrollo mayor, porque estará en relación con su fuente espiritual. Así, el ego sabrá: que es aceptado y amado de manera incondicional; se sentirá en armonía con las profundidades del Sí-mismo y del Universo; adquirirá una sabiduría especial; podrá sanarse; y, finalmente, descubrirá la misión personal que le propone el Universo.
El realineamiento del ego en torno al Sí-mismo
Recordemos que el ego se cree dueño de la persona, pero en realidad es el Sí-mismo el que dirige sutilmente al ego. Es trágico que haya personas que ignoren la existencia en ellas del Sí-mismo y que vivan a nivel del ego. Es verdad que el ego tiene su ámbito propio de actividades, pero siempre orientado por las discretas directrices del Sí-mismo. Cuando el ego ignora las mociones del Sí-mismo o incluso se subleva contra ellas, se produce un desequilibrio y se corre el peligro de que se desarrollen enfermedades de orden físico, psicológico o espiritual. El ego no tiene más opción que consentir la dirección del Sí-mismo so pena de perecer.
4
Conversión de la perspectiva del ego
A la del Sí-mismo
El Sí-mismo no es sino ese “más allá de uno mismo”,
esa insaciabilidad del ser nunca totalmente realizado,
aunque constantemente imantado hacia la compleción.
Ysé Tardan-Masquelier
El paso de la autoestima a la estima del Sí-mismo, es una obra en colaboración, no en oposición. Los valores adquiridos del ego deben ponerse bajo la dirección del Sí-mismo. ¿Cómo dar este paso?
Manifestaciones internas de la estima del Sí-mismo
La estima del Sí-mismo
Y la conversión de la persona a la vida interior
Para mí, el viaje espiritual consiste
en volver al comienzo de nosotros mismos,
es decir, a la experiencia del Ser.
Richard Moss
La meditación es sin duda el principal medio susceptible de favorecer la toma de conciencia de la propia interioridad. Se apoya en concentrar la atención en los ritmos respiratorios o en la repetición de un mantra, y a continuación permite dejar emerger a la conciencia una oleada de palabras, imágenes y emociones, respecto de las cuales hay que tener cuidado en no concentrarse en ninguna de ellas. Se las deja, pues, pasar, como si se observasen nubes en el azul cielo. Se aprende así a distanciarse de los fenómenos interiores y a mantener un cierto control sobre su influencia. Entonces, lo que oculta la luz se desvanece, y el espíritu es capaz de concentrarse.
La estima del Sí-mismo y las experiencias-cumbre
El ego se contenta con la rutina cotidiana, las necesidades de la vida física y sus costumbres. Vive en un nivel de conciencia ordinario. Las experiencias-cumbre constituyen despertares repentinos del ego, irrupciones imprevistas del Si-mismo, que poseen un carácter de absoluto, no de medio.
Es difícil prepararse para el advenimiento de la experiencia-cumbre, porque llega de manera imprevista, debido a un proceso de búsqueda, un cuestionamiento, un “shock” físico, un gran vacío psicológico, etc.
Se trata de experiencias repentinas y excepcionales de fascinación y gozo inaudito, de euforia imprevista, de sentimientos inconmensurables, incontrolables y trascendentes, fuera del alcance del ego.
“Todo individuo que tiene en un momento dado una experiencia paroxística, presenta temporalmente las características que se encuentran en las personalidades en curso de realización”.
En el corazón de la experiencia-cumbre, la persona experimenta un sentimiento que es distinto de una simple percepción, una idea o una emoción pasajera. Dicho sentimiento crea una comunión y una sensación de infinito. Se está en contacto con una realidad trascendente: el amor, la luz, la belleza, la existencia, la vida, etc.
Estas experiencias imprevisibles son más corrientes de lo que cabría pensar. Una encuesta reciente muestra que más del 75% de la población manifiesta haber tenido una experiencia espiritual y religiosa. Desgraciadamente, la mayoría de la gente no es consciente de vivir experiencias-cumbre y no explotan los recursos que les permitirían vivir y madurar mejor.
La estima del Sí-mismo y el abandono espiritual
Recurrir a la fuerza espiritual del Sí-mismo resulta necesario en varias actividades de la vida corriente, en especial cuando se trata de curación. Es muestra de gran sabiduría saber discernir los momentos en que se debe actuar de manera voluntaria y los momentos en que hay que abandonarse a la fuerza del Sí-mismo.
Pongamos por ejemplo: la dependencia y el trabajo de la sombra.
Los esfuerzos desplegados por la voluntad para superar la dependencia del alcohol, las drogas, el tabaco, o la comida resultan inútiles si la persona no se abandona a la fuerza espiritual del Sí-mismo.
Del mismo, cuando se descubre en uno una sombra no integrada, es preciso abandonarse a la fuerza integradora del Sí-mismo.
Si, por ejemplo, tomo conciencia de que es mi propia agresividad reprimida la que se refleja sobre el otro, no tendré más opción que recurrir al Sí-mismo para reintegrarla. Únicamente el Sí-mismo, gracias a su fuerza unificadora, tiene la capacidad de conciliar mi extrema dulzura y mi agresividad reprimida. En consecuencia, en adelante podré emplear mi gran dulzura o mi agresividad, según las circunstancias.
La estima del Sí-mismo
y la búsqueda de la misión personal
Cabe distinguir misión de trabajo o empleo. La misión tiene una dimensión mayor que un mero trabajo. En un empleo, el ego trata de responder a las necesidades de la vida y de hacerse un hueco en la sociedad. El Sí-mismo por su parte, impulsa a adoptar la misión personal; inspira “el sueño del alma”, que se define por una pasión profunda por una actividad específica realizada por el bien de la comunidad.
Se da el caso de que algunas personas se ven ante la alternativa de tener que optar por el trabajo o por la misión. Optar por la misión, suele implicar la renuncia a ciertas ventajas….Pero estos sacrificios son fáciles de hacer si se piensa en el bienestar que se siente cuando se tiene la oportunidad de realizarse con entusiasmo constante en la misión personal. La situación ideal consistiría, naturalmente, en dar con una actividad que permita realizar la misión personal y, a la vez, ganarse la vida.
Nota: transcribo ahora el resumen completo, para el audio siga el enlace.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 9
Segunda parte
El paso de la autoestima
A la estima del Sí-mismo
Para acercarse al Sí-mismo- nuestra alma eterna- , estimularlo y cuidar de él, es necesario un yo fuerte.
Tengamos desde ahora presente la distinción entre la autoestima y la estima del Sí-mismo. La autoestima se ocupa de las imágenes, las palabras, y las miradas mediante las cuales emitimos juicio de valor sobre nosotros mismos.
Por su parte, la estima del Sí-mismo consiste en descubrir la propia alma y cuidar de ella. La primera es de orden psicológico y voluntario; la segunda es de orden espiritual y consiste en despertar a la acción del Sí-mismo. Finalmente la autoestima se ocupa del ego de la persona, de su supervivencia física, emocional, intelectual y social; la estima del Sí-mismo, por su parte, trata de encontrar el propio ser espiritual, es decir, el alma, y de dejarse guiar por ella para alcanzar un pleno desarrollo.
La autoestima y la estima del Sí-mismo:
Dos momentos de crecimiento en procesos opuestos
Existe paralelismo entre el desarrollo psicológico y el crecimiento espiritual. El trabajo psicológico y el trabajo espiritual exigen la integración de ambas dinámicas.
Hay una sabiduría propia del arte de conocer el momento preciso de detener los esfuerzos voluntarios y ponerse en estado de receptividad. Para realizar el desplazamiento hacia la estima del Sí- mismo se deben poner en marcha unas estrategias distintas de las empleadas para construir la autoestima, es decir, hay que echar mano de los recursos del inconsciente. Estas estrategias consisten en ponerse en estado de trance, especialmente mediante la autohipnosis, relajación, la meditación, la visualización, la afirmación, y sobre todo mostrándose disponible a las fuerzas y los símbolos del Sí-mismo, que facilitan la acción de éste, que encierra posibilidades de crecimiento que el ego no posee.
El crecimiento de la persona se lleva a cabo a partir del inconsciente. El inconsciente es el lugar privilegiado de todo posible crecimiento, por ser una fuente inagotable de creatividad.
El paso de la vida del ego a la vida espiritual
Nadie puede predecir exactamente cómo se efectuará en un individuo el paso del ego al Sí-mismo. Sin embargo, es posible identificar tres grandes categorías de personas que viven el paso del ego a la vida espiritual.
1) Hay quienes, desde su infancia, se sienten atraídos por las intimaciones del Sí-mismo y las siguen dócilmente.
2) Otros, sobre todo hacia la mitad de su vida, atraviesan una crisis existencial. Aunque hayan triunfado en su vida social y gocen de prosperidad, por lo que deberían experimentar verdadera euforia, están obsesionados por cuestiones y reflexiones existenciales: “¿De qué sirve todo esto?”; “¿Cuál es el sentido de mi existencia?”….Estas personas viven un verdadero malestar anímico.
3) Y unos terceros, finalmente, se ven obligados a hacerse grandes preguntas sobre la existencia como consecuencia de pérdidas importantes en su vida.
Para las dos últimas categorías, su despertar espiritual pasa por periodos de angustia, y si no se les orienta y previene, se desalientan enseguida y vuelven a su aburrida rutina y a la diversión de las distracciones. Si por el contrario, permanecen fieles a los llamamientos del Sí-mismo, podrán afrontar esos momentos difíciles y progresarán en la vía espiritual.
Los fenómenos de angustia en el crecimiento espiritual
La palabra “angustia” procede del latín, y su significado original es “pasaje estrecho”. Esta palabra remite a la típica sensación experimentada en la garganta y el pecho que hace que la persona se sienta oprimida por un bloqueo de su energía.
El hecho de que el ego se desista a favor del Sí-mismo, suscita una angustia muy particular, un miedo engendrado por el duelo de su seguridad que el ego debe hacer y el vértigo que siente ante lo desconocido del mundo espiritual.
El duelo de sus antiguas seguridades que el ego debe hacer produce en él una extraña sensación de novedad, e incluso de vacío; pero, en lugar de afrontar valientemente ese estado de malestar y confusión, la gente suele tener tendencia a volver a las posiciones seguras del ego. Piensan que se equivocan de camino, creyendo erróneamente que su evolución espiritual debería tener lugar fácilmente y en medio de la euforia.
El fenómeno de la “inducción”
La inducción es otra forma de angustia poco reconocida al principio del despertar espiritual y de la irradiación del Sí-mismo. Este término, tomado de la Física, describe la resistencia que soporta la corriente eléctrica cuando atraviesa un conductor metálico y éste se pone caliente e incluso arde. Esta metáfora se utiliza en psicología espiritual para describir la irradiación energética del Sí-mismo cuando empieza a iluminar las zonas obscuras del inconsciente. Este fenómeno revela aspectos inmaduros, carencias de juventud, transgresiones morales, y dimensiones del ideal personal. El Sí-mismo encuentra entonces una fuerte resistencia en forma de angustia.
El fenómeno de la inducción parece más evidente cuando nos comprometemos a vivir valores espirituales elevados.
Una persona que se haya hecho más sensible a los valores espirituales y, al mismo tiempo, más responsable, tendrá mayor propensión a sentir culpabilidad y una vergüenza sana ante determinadas actitudes y actos de su pasado. Si, en lugar de reprimir esa culpabilidad y esa vergüenza, las asume y las reintegra como haría con sus sombras, su yo experimentará una asombrosa expansión de conciencia y una sensación de sorprendente veracidad.
Dos vías para llegar a la estima del Sí-mismo
Al contrario de la autoestima, que crece a base de esfuerzos, aplicación y estrategias, la adquisición de la estima del Sí-mismo tiene lugar de una forma muy distinta. La vía consiste en una purificación realizada mediante las siguientes estrategias: la desidentificación, los duelos, la integración de las propias sombras y, finalmente, los desapegos voluntarios.
https://www.dropbox.com/s/fisfytt999b5qbd/Autoestima%209.mp3
El paso de la autoestima
A la estima del Sí-mismo
Para acercarse al Sí-mismo- nuestra alma eterna- , estimularlo y cuidar de él, es necesario un yo fuerte.
Tengamos desde ahora presente la distinción entre la autoestima y la estima del Sí-mismo. La autoestima se ocupa de las imágenes, las palabras, y las miradas mediante las cuales emitimos juicio de valor sobre nosotros mismos.
Por su parte, la estima del Sí-mismo consiste en descubrir la propia alma y cuidar de ella. La primera es de orden psicológico y voluntario; la segunda es de orden espiritual y consiste en despertar a la acción del Sí-mismo. Finalmente la autoestima se ocupa del ego de la persona, de su supervivencia física, emocional, intelectual y social; la estima del Sí-mismo, por su parte, trata de encontrar el propio ser espiritual, es decir, el alma, y de dejarse guiar por ella para alcanzar un pleno desarrollo.
¿La muerte del ego o el menosprecio de uno mismo?
Todavía hoy, buen número de autores espirituales sostienen que la espiritualidad se erige sobre las ruinas del ego y, por consiguiente, sobre el menosprecio de uno mismo. Sin embargo, es absolutamente necesario tener una autoestima sana para acceder a la estima del Sí-mismo.
En vez de decretar la muerte del ego, el paso de la autoestima a la estima del Sí-mismo debe hacerse mediante la conversión y el cambio de perspectiva, en el despertar de la persona a las realidades espirituales. La plenitud espiritual exige, en la medida de lo posible, la salud psicológica que proporciona el amor a uno mismo.
El paso se produce cuando el ego renuncia conscientemente a ubicarse en el centro de la persona y a la pretensión de controlarlo todo, es decir, cuando se sitúa bajo la dirección del Sí-mismo.
La autoestima y la estima del Sí-mismo:
Dos momentos de crecimiento en procesos opuestos
Existe paralelismo entre el desarrollo psicológico y el crecimiento espiritual. El trabajo psicológico y el trabajo espiritual exigen la integración de ambas dinámicas.
Hay una sabiduría propia del arte de conocer el momento preciso de detener los esfuerzos voluntarios y ponerse en estado de receptividad. Para realizar el desplazamiento hacia la estima del Sí- mismo se deben poner en marcha unas estrategias distintas de las empleadas para construir la autoestima, es decir, hay que echar mano de los recursos del inconsciente. Estas estrategias consisten en ponerse en estado de trance, especialmente mediante la autohipnosis, relajación, la meditación, la visualización, la afirmación, y sobre todo mostrándose disponible a las fuerzas y los símbolos del Sí-mismo, que facilitan la acción de éste, que encierra posibilidades de crecimiento que el ego no posee.
El crecimiento de la persona se lleva a cabo a partir del inconsciente. El inconsciente es el lugar privilegiado de todo posible crecimiento, por ser una fuente inagotable de creatividad.
El paso de la vida del ego a la vida espiritual
Nadie puede predecir exactamente cómo se efectuará en un individuo el paso del ego al Sí-mismo. Sin embargo, es posible identificar tres grandes categorías de personas que viven el paso del ego a la vida espiritual.
1) Hay quienes, desde su infancia, se sienten atraídos por las intimaciones del Sí-mismo y las siguen dócilmente.
2) Otros, sobre todo hacia la mitad de su vida, atraviesan una crisis existencial. Aunque hayan triunfado en su vida social y gocen de prosperidad, por lo que deberían experimentar verdadera euforia, están obsesionados por cuestiones y reflexiones existenciales: “¿De qué sirve todo esto?”; “¿Cuál es el sentido de mi existencia?”….Estas personas viven un verdadero malestar anímico.
3) Y unos terceros, finalmente, se ven obligados a hacerse grandes preguntas sobre la existencia como consecuencia de pérdidas importantes en su vida.
Para las dos últimas categorías, su despertar espiritual pasa por periodos de angustia, y si no se les orienta y previene, se desalientan enseguida y vuelven a su aburrida rutina y a la diversión de las distracciones. Si por el contrario, permanecen fieles a los llamamientos del Sí-mismo, podrán afrontar esos momentos difíciles y progresarán en la vía espiritual.
Los fenómenos de angustia en el crecimiento espiritual
La palabra “angustia” procede del latín, y su significado original es “pasaje estrecho”. Esta palabra remite a la típica sensación experimentada en la garganta y el pecho que hace que la persona se sienta oprimida por un bloqueo de su energía.
El hecho de que el ego se desista a favor del Sí-mismo, suscita una angustia muy particular, un miedo engendrado por el duelo de su seguridad que el ego debe hacer y el vértigo que siente ante lo desconocido del mundo espiritual.
El duelo de sus antiguas seguridades que el ego debe hacer produce en él una extraña sensación de novedad, e incluso de vacío; pero, en lugar de afrontar valientemente ese estado de malestar y confusión, la gente suele tener tendencia a volver a las posiciones seguras del ego. Piensan que se equivocan de camino, creyendo erróneamente que su evolución espiritual debería tener lugar fácilmente y en medio de la euforia.
El fenómeno de la “inducción”
La inducción es otra forma de angustia poco reconocida al principio del despertar espiritual y de la irradiación del Sí-mismo. Este término, tomado de la Física, describe la resistencia que soporta la corriente eléctrica cuando atraviesa un conductor metálico y éste se pone caliente e incluso arde. Esta metáfora se utiliza en psicología espiritual para describir la irradiación energética del Sí-mismo cuando empieza a iluminar las zonas obscuras del inconsciente. Este fenómeno revela aspectos inmaduros, carencias de juventud, transgresiones morales, y dimensiones del ideal personal. El Sí-mismo encuentra entonces una fuerte resistencia en forma de angustia.
El fenómeno de la inducción parece más evidente cuando nos comprometemos a vivir valores espirituales elevados.
Una persona que se haya hecho más sensible a los valores espirituales y, al mismo tiempo, más responsable, tendrá mayor propensión a sentir culpabilidad y una vergüenza sana ante determinadas actitudes y actos de su pasado. Si, en lugar de reprimir esa culpabilidad y esa vergüenza, las asume y las reintegra como haría con sus sombras, su yo experimentará una asombrosa expansión de conciencia y una sensación de sorprendente veracidad.
Dos vías para llegar a la estima del Sí-mismo
Al contrario de la autoestima, que crece a base de esfuerzos, aplicación y estrategias, la adquisición de la estima del Sí-mismo tiene lugar de una forma muy distinta. La vía consiste en una purificación realizada mediante las siguientes estrategias: la desidentificación, los duelos, la integración de las propias sombras y, finalmente, los desapegos voluntarios.
https://www.dropbox.com/s/fisfytt999b5qbd/Autoestima%209.mp3
Audio completo siguiendo el enlace:
https://www.dropbox.com/s/wx3dtm6twi5ws1f/Autoestima%2010.mp3
viernes, 23 de noviembre de 2012
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 8
Las fronteras psicológicas de la persona con alta autoestima son flexibles. Tiene ideas muy claras respecto a su identidad: sabe distinguir lo que tiene que ver o no con ella. Conoce los confines de su personalidad y no se deja definir por las opiniones ajenas. Sabe entablar con los demás unas relaciones plenificantes. Da y recibe muestras de atención y afecto, permaneciendo libre e independiente. Y se permite mostrarse vulnerable y manifestar una cierta dependencia respecto de las personas que ha elegido por su fidelidad y su solidez en la amistad.
La descripción de las enfermedades relativas a la autoestima no es muy alegre; pero, lo que si resulta alentador, es que mediante estrategias sencillas, aunque no siempre fáciles, como cambiar la manera de verse, modificar el diálogo interior y controlar las propias emociones y sentimientos, se tiene la capacidad de liberarse de ellas. La reeducación personal es siempre posible.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 7
Todo trabajo sobre la autoestima pretende asegurar al “yo” consciente una mayor autonomía, definida como la libertad de actuar en función de las propias decisiones. Ser autónomo es, pues, liberarse progresivamente de los condicionamientos instintuales, así como de los condicionamientos sociales y culturales aprendidos o “introyectados” en la propia persona. También es poder disponer la vida personal siguiendo las inclinaciones más auténticas y profundas del propio ser. Y, finalmente, es saber tomar decisiones conformes con la propia identidad. En suma, es ser uno mismo y realizar la misión personal correspondiente.
Es posible transformar una autoestima débil y deficiente en otra elevada y sana. Las enfermedades conectadas con la autoestima que describimos, pretenden sensibilizar a la persona respecto a los obstáculos a la calidad de su autoestima y de su autonomía.
El falso yo
En la periferia del yo consciente se sitúa la persona o yo social, cuya función consiste en adaptar al individuo a las expectativas y exigencias reales o imaginarias del medio. El niño aprende pronto a responder a las expectativas de sus primeros educadores, a intentar complacerlos para ser aceptado. El niño experimenta una necesidad fundamental de ser reconocido y de tejer lazos de pertenencia con su comunidad inmediata.
Pero en el curso de la formación normal de la persona se producen accidentes. Es lo que ocurre cuando los primeros educadores tienen comportamientos incoherentes, o bien porque envían al niño mensajes contradictorios, o porque no responden a sus necesidades básicas. En tales casos, el niño tiene dificultades de ajuste. Para sobrevivir tiene que ocultar quien es y emplear estrategias de adaptación defensivas y rígidas.
Para protegerse, adoptará entonces una fachada acomodaticia, un “falso yo”, que nace de los primeros esfuerzos de adaptación fallidos. En lugar de presentar una persona sana, un yo social adaptado, intentará engañar a ese mundo percibido como intrusivo, incoherente y amenazador.
El niño, y más tarde el adolescente, se construirá una persona armadura y ya no se atreverá a expresar sus verdaderos sentimientos y emociones, ingeniándoselas para manifestar únicamente las que él considere aceptables por su entorno. El drama consiste en que pierde la ocasión de adquirir una auténtica autoestima.
Para conocer los diversos disfraces neuróticos que revisten las falsas adaptaciones de la persona, siga el enlace:https://dl-web.dropbox.com/get/Autoestima%207.mp3?w=9bbfc817
viernes, 16 de noviembre de 2012
De la Psicología a la Espiritualidad, parte 6
Cuanto más se estima uno realmente, tanto más estimará a los demás; y cuanto más se menosprecie, mayor tendencia tendrá a menospreciar a los otros.
Las desastrosas consecuencias sociales de la auto desestima
La auto desestima engendra comportamientos antisociales como falta de confianza en los demás, actitud defensiva, propensión al aislamiento, dependencia excesiva de los otros y tendencia a manipularlos.
Sin amor a uno mismo, el amor a los demás tropieza con obstáculos insalvables. El perdón, don perfecto de un amor herido, se hace imposible si se descuida el amor a uno mismo y si no se sana la propia herida.
Muchas personas con baja autoestima viven en continua contradicción consigo mismas. Tienen necesidad de atención y ternura, pero no se sienten dispuestas a recibirlas. Es como si se estuvieran dejando morir de sed al lado de una fuente.
La persona que goza de verdadera autoestima no necesita recurrir a subterfugios dirigidos a disimular su pensamiento, sus sentimientos, sus intenciones y sus valores, sino que los expresa de la manera más auténtica y honesta posible.
Se ejercita en la transparencia, incluso en los acontecimientos cotidianos más intrascendentes. Evita las medias verdades, los tapujos, las mentiras inocentes, las fachadas artificiales y los juegos frívolos.
La persona que quiere aumentar su autoestima supera el miedo a revelar cómo es y se muestra más honesta y transparente para con su entorno.
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