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viernes, 15 de noviembre de 2013

Encuentro con la Sombra, parte 6

1. EL GRAN SACO QUE
TODOS ARRASTRAMOS
Robert Bly

A los dos o tres años de edad todo nuestro psiquismo irradia energía y disponemos de lo que bien podríamos denominar una personalidad de 360°. Un niño corriendo, por ejemplo, es una esfera pletórica de energía. Un buen día, sin embargo, escuchamos a nuestros padres decir cosas tales como:  « ¿Puedes estarte quieto de una vez?» o « ¡ Deja de fastidiar a tu hermano!» y descubrimos atónitos que les molestan ciertos aspectos de nuestra personalidad. Entonces, para seguir siendo merecedores de su amor comenzamos a arrojar todas aquellas facetas de nuestra personalidad que les desagradan en un saco invisible que todos llevamos con nosotros. Cuando comenzamos a ir a la escuela ese fardo ya es considerablemente grande. Entonces llegan los maestros y nos dicen: «Los niños buenos no se enfadan por esas pequeñeces» de modo que amordazamos también nuestra ira y la echamos en el saco.

En la escuela secundaria nuestro lastre sigue creciendo. La paranoia que sienten los adolescentes respecto de los adultos es inexacta pues ahora ya no son sólo estos últimos quienes los oprimen, sino también nuestros mismos compañeros.

Somos una esfera de energía que va menguando con el correr del tiempo y al llegar los veinte años no queda de ella más que una magra rebanada. Imaginemos a un hombre de unos veinticuatro años cuya esfera ha enflaquecido hasta el punto de convertirse en una escuálida loncha de energía (el resto está en la bolsa). Ese par de lonchas -que ni siquiera juntas llegan a constituir una persona completa- se unen en una ceremonia denominada matrimonio. No es de extrañar, por tanto, que la luna de miel suponga el descubrimiento de nuestra propia soledad. A pesar de ello, mentimos al respecto y cuando nos preguntan «¿Qué tal ha ido la luna de miel!» no dudamos en responder automáticamente «¡ Extraordinaria! »

Al parecer, pasamos los primeros veinte años de nuestra vida decidiendo qué partes de nosotros mismos debemos meter en el saco y el resto lo ocupamos tratando de vaciarlo. En ocasiones, sin embargo, este intento parece infructuoso porque el saco parece que estuviera cerrado herméticamente.

Todo lo que echamos en esa bolsa regresa e involuciona hacia estadios previos del desarrollo. Supongamos que un joven cierra el saco a los veinte años de edad y no vuelve a abrirlo hasta quince o veinte años más tarde. ¿Qué es lo que ocurrirá entonces cuando abra nuevamente el saco? Lamentablemente, la sexualidad, la violencia, la agresividad, la ira o la libertad que había arrojado al saco habrán sufrido un proceso de regresión y cuando aparezcan de nuevo no sólo asumirán un aspecto rudimentario sino que también mostrarán una manifiesta hostilidad. Es normal que quien abra el saco a los cuarenta y cinco años de edad se atemorice como lo haría quien vislumbrara la amenazadora sombra de un gorila recortándose contra el muro
de un oscuro callejón.

Así pues, cuando nos negamos a aceptar una parte de nuestra personalidad, ésta termina tornándose hostil. Casi podríamos afirmar que es como si se alejara y organizara un motín en contra de nosotros.

Nuestros psiquismos son proyectores naturales y cuando se activan de la manera adecuada, se despliega en el exterior la imagen que durante tantos años habíamos guardado en la oscuridad. De este modo, por ejemplo, la ira que hemos almacenado durante veinte años puede terminar revelándose el día menos pensado; en el rostro de la esposa; una mujer puede descubrir cada noche a un héroe en su marido o, como sucede con Nora en Casa de Muñecas, darse cuenta súbitamente de que su esposo es un tirano.

Pero la proyección -como señala sabiamente Marie -Louise von Franz en algún lugar- también constituye un mecanismo extraordinario. « ¿Por qué tendemos a valorar negativamente la proyección?» -pregunta- «Entre los junguianos decirle a alguien "estás proyectando" se ha convertido en una acusación. Pero hay proyecciones que son útiles e incluso adecuadas».

Marie -Louise von Franz nos recuerda que si no podemos proyectar tampoco podemos conectar con el mundo. En ocasiones las mujeres se quejan que los hombres suelan proyectar sus aspectos femeninos ideales sobre una mujer. Pero si no lo hicieran ¿cómo podría abandonar la casa materna o su habitación de estudiante? El problema no radica tanto en el hecho de proyectar sino en el tiempo que permanecemos proyectando.

Hablemos ahora de los diferentes tipos de saco. Cuantas más cosas echamos en nuestro saco personal, cuanto más repleto se halla, menor es la energía de la que disponemos. Ciertamente hay personas que tienen más energía que otras pero todos poseemos más energía de la que normalmente podemos
utilizar. Si en la infancia arrojamos la sexualidad en el saco o si una mujer se despoja de su masculinidad y la arroja en el costal, desperdicia con ello una gran cantidad de energía. Es razonable, pues, suponer que nuestro saco contiene gran cantidad de energía inaccesible. Si, por ejemplo, consideramos que no somos creativos, es porque hemos arrojado toda nuestra creatividad al saco. ¿Qué significa, pues, decir «Yo no soy creativo» o «Dejemos que lo hagan los expertos»?

Todos nosotros arrastramos nuestro propio saco personal pero cada pueblo, cada grupo humano, arrastra también su propio saco.
Es como si el colectivo tomara la decisión grupal de despojarse de ciertas energías y tratara de entorpecer cualquiera intento de sacarla del saco.
De este modo las comunidades humanas interfieren con nuestro proceso personal y, en este sentido, bien podemos decir que resulta más comprometido vivir en sociedad que permanecer aislado en la naturaleza.

Por otra parte, los odios feroces que en ocasiones se desatan en las pequeñas comunidades humanas pueden facilitar la toma de conciencia del proceso de la proyección. La comunidad junguiana no es una excepción a este respecto y, como todo grupo humano, tiene también su propio saco y suele recomendar a sus miembros que arrojen en él la vulgaridad y el interés económico del mismo modo que la comunidad freudiana suele aconsejarles que se despojen de su vida religiosa.

Existe también un saco nacional y el nuestro es particularmente grande. Rusia y China tienen defectos evidentes para nosotros pero si a un ciudadano norteamericano le interesa conocer el contenido de su saco nacional en un determinado momento no tiene más que escuchar cualquier crítica oficial del Departamento de Estado sobre la Unión Soviética. Según Reagan, nosotros somos honrados, pero los demás países soportan dictaduras ininterrumpidas, tratan brutalmente a las minorías, lavan el cerebro de sus jóvenes y quebrantan los acuerdos. Los rusos, por su parte, pueden descubrir su propio saco nacional leyendo cualquier artículo de Pravda sobre los Estados Unidos. Estamos hablando de un entramado de sombras, de un patrón de interferencias entre sombras proyectadas desde ambos lados que confluyen en algún lugar del espacio. Soy consciente de que con esta metáfora no estoy diciendo nada nuevo sino que tan sólo pretendo señalar claramente la distinción existente entre la sombra personal, la sombra comunitaria y la sombra nacional.

Pero dado que nuestro saco está cerrado y las imágenes permanecen ocultas en la oscuridad sólo podemos percatarnos de su contenido proyectándolo inocentemente -por así decirlo- sobre el mundo. Entonces es cuando las arañas son malignas, las serpientes astutas y los machos cabríos lascivos; entonces los seres humanos son unidimensionales, las mujeres son débiles, los rusos carecen de principios y los chinos parecen iguales. Pero no olvidemos que es precisamente gracias a este artificio engañoso, complejo,
dañino, devastador e inexacto que llegamos a establecer contacto con ese sitio, donde el lodo y el cuervo encuentra un lugar donde posarse.



lunes, 21 de octubre de 2013

Bioenergética y Gestalt una visión integradora, parte 8

Gestalts inacabadas

El trabajo sobre las gestalts inacabadas es un ejemplo típico de la atención que presta la terapia gestalt a las huellas del pasado. Se trata de integrar el elemento del pasado en un conjunto significativo, como si constituyera una de las polaridades de la existencia del cliente.
La gestalt inacabada aparece cuando el ciclo de satisfacción de necesidades no se ha desarrollado de forma completa. La situación puede quedar inacabada y pasa a constituir un elemento preconsciente de presión interna ya sea movilizador o fuente de neurosis.
Algunos gestaltistas consideran la transferencia como una gestalt inacabada: figuras parentales del pasado que se interponen en una relación actual cuya autenticidad queda enturbiada.

 La neurosis en Gestalt

La terapia gestalt adoptó el punto de vista  de la salud en lugar del criterio patológico. En este sentido, la neurosis supone un oscurecimiento de la conciencia, un deterioro del darse cuenta con distintos grados de perturbación.

Perls parte de un punto de vista que no es psicológico sino holístico y no sigue el pensamiento causal que explica el presente según los acontecimientos del pasado. Para él, la neurosis es una perturbación del ritmo contacto/retirada y un cúmulo de gestalts inconclusas. Ambas cosas confluyen en la autorregulación orgánica.
Para Perls, en el neurótico, su ritmo de contacto-retirada está descompuesto. No puede decidir por si mismo cuándo participar y cuándo retirarse, porque todos los asuntos inconclusos de su vida, todas las interrupciones de los procesos en transcurso, han perturbado su sentido de la orientación.

Perls describe también la neurosis a través de una de sus funciones, la habilidad de manipular: la neurosis es la sustitución del autoapoyo por apoyo ambiental (manipulación frente autoapoyo). El neurótico carece en gran medida de una de las  cualidades esenciales que promueven la supervivencia: el autoapoyo.

La consecuencia de la manipulación es el juego de la autotortura. Se trata de una guerra interna entre aspectos de uno mismo. A estas partes Perls las llamó “perro de arriba” (topdog) y “perro de abajo“ (underdog). El perro de arriba se expresa en forma autoritaria, virtuosa, ejemplar, siempre tiene la razón, exige y amenaza. Tras él resuena lo social, la norma interiorizada, lo superyoico. El perro de abajo se muestra defensivo, adulador, víctima. Se justifica y pospone compromisos. Tras él resuena lo orgánico, el impulso emocional, la inclinación genuina. Cada uno intenta controlar al otro, y así se perpetúa la autotortura. Ninguno es mejor que el otro, puesto que como juego neurótico ambos se necesitan y por ambas partes se intenta mantener la contienda. La  integración o cura sólo se puede lograr cuando cesa la mutua necesidad de control entre ambos. Solo entonces se escucharán el uno al otro.

Mecanismos de defensa

En gestalt la palabra resistencia o mecanismos de defensa se emplea en un sentido distinto del que lo hace el psicoanálisis donde designa una resistencia inconsciente al tratamiento y tiene una connotación negativa. En gestalt no toda defensa es necesariamente disfuncional: puede que se trate de un mecanismo de defensa o de urgencia especialmente bien adaptado a la situación. Sólo los mecanismos anacrónicos, rígidos o repetitivos dan a entender un funcionamiento patológico.

Las principales resistencias son cinco: CONFLUENCIA, INTROYECCIÓN, PROYECCIÓN, RETROFLEXIÓN Y DEFLEXIÓN. Funcionan como mecanismos de defensa, es decir como  reflejos provisionales de seguridad, pero que a menudo resultan excesivos, inoportunos y anacrónicos, de manera que la armadura, considerada como una protección, ha acabado siendo un estorbo y más molesta que útil.

Introyección 

Consiste en incorporar sin ningún filtro selectivo lo que recibimos del entorno. No llegamos a integrarlo sino que lo tragamos pasiva e indiscriminadamente. Pueden ser mandatos familiares, normas o máximas culturales, valores morales…

La tarea principal para deshacer la introyección consiste en establecer dentro del individuo un sentido de las elecciones que le son accesibles, y fortalecer su capacidad para diferenciar el “yo” del “tu“.El introyector está falto de una adecuada discriminación entre lo propio y lo ajeno. Por eso Perls habla de la “asimilación” como antídoto. La asimilación significa cuestionar, confrontar, masticar y digerir lo introyectado, que está gobernado por los “debería” morales de los otros.

Una forma creativa y paradójica de asimilar el introyecto es rescatar el aspecto saludable de la introyección. Y este aspecto es la Tradición. Reconocer la tradición, lo que nos viene dado, supone una economía de energía y significa aprovechar lo  recibido (origen, programación, incluso patología familiar heredada).
Otro modo de reconversión creativa de los mecanismos es movilizarla energía entre opuestos. Mediante el trabajo de polaridades logramos amplificar la conciencia y desbloquear la fijación. En este caso sería introyección vs proyección.

Proyección

Es la cara inversa de la introyección. Es la tendencia a hacer responsables a los demás, al mundo, de lo que es propio, de modo que nos hace posible renunciar a aquellos aspectos de nuestra personalidad que encontramos difíciles, ofensivos  y poco atractivos.
Es decir se proyectan sentimientos, intenciones o acciones de las que uno no se hace cargo. La proyección es una patología de la retirada, puesto que al proyectar algo propio fuera, además de desconectarse de sí, la persona evita el contacto real con los demás.

Lo que perciben en el otro es la realidad propia no reconocida. Dice Perls, el proyector hace a los otros lo que les acusa que le están haciendo a él.
El antídoto por excelencia de la proyección es reapropiarse de lo proyectado, es decir, ampliar la capacidad de darse cuenta de si mismo y del mundo.
El aspecto sano de este mecanismo es el conocimiento tanto de aquél sobre el que se proyecta, como del propio proyector si se detiene a reapropiarse de lo que proyecta. Las proyecciones serían pistas de conocimiento para ir a la búsqueda de lo propio, que no sabemos que es nuestro hasta no encontrarlo fuera.

Otro abordaje paradójico consiste en movilizar la energía entre opuestos, en este caso la relación polar entre introyección- proyección. El introyector traga sin masticar lo extraño a él incorporado del ambiente, mientras que el proyector vomita como extraño, como perteneciente al ambiente aquello que es propio. Jugar con estas polaridades es ya una pauta terapéutica. Así, discriminar entre los introyectos y aquellos otros valores propios, ayuda a reincorporar lo proyectado, pudiéndose reconocer más fácilmente como algo que le pertenece.
También se puede plantear un juego de movilización de energía ente proyección- retroflexión.

viernes, 18 de octubre de 2013

Bioenergética y Gestalt una visión integradora, parte 7


¿Que es la terapia Gestalt?  (continuación)

Las fronteras del contacto entre el individuo y su entorno - el ajuste creativo

Es en las fronteras del contacto donde tienen lugar los hechos psicológicos. La frontera donde se sitúa la experiencia no separa al organismo de su entorno, limita al organismo, lo contiene y lo protege y al mismo tiempo toca su entorno. La frontera pertenece al mismo tiempo al interior y al exterior: forma parte de dos mundos distintos pero interrelacionados.
Todos los trastornos del contacto o resistencias pueden considerarse como problemas.

La salud se traduce en un ajuste creativo permanente en las fronteras del contacto entre el organismo y su entorno. No se trata de un simple ajuste adaptativo; tampoco de una creatividad individual que no tenga en cuenta el contexto, sino que se trata de
“Un ajuste creativo“, es decir, de un compromiso o más bien de una síntesis que permita a cada uno existir a su antojo pero teniendo en cuenta las normas locales y temporales. Trata de conciliar la adaptación social y la creatividad individual, la situación y su lectura personal...

Enfoque holístico del hombre

El hombre es aprehendido en su globalidad, en sus cinco dimensiones principales: física, afectiva, racional, social, espiritual. Desde esta perspectiva global, holística (del griego holos, el todo) la terapia de la Gestalt aspira pues al mantenimiento  y desarrollo de un bienestar armonioso en esas cinco dimensiones y no a la curación o la reparación de un problema concreto.

El derecho a la diferencia

Este respeto por la originalidad del funcionamiento psíquico de cada uno es una de las piedras de toque del enfoque gestaltista. Soy yo quien otorga un sentido a cada acto de mi vida y si deseo  cambiar, debe ser siendo yo mismo, yo mismo pero de otra manera y nadie más que yo mismo: es la famosa teoría paradójica del cambio del gestaltista Arnold Beiser.

La experimentación

En la búsqueda de las hipotéticas causas pasadas de los problemas, Perls sustituye el saber por qué, por la búsqueda experimental de soluciones: experimentar el cómo a través de eventuales puestas en acción. La puesta en acción favorece la toma de conciencia, el darse cuenta, a través de una acción tangible re-presentada y experimentada en todas sus polaridades.

La experiencia permitirá saborear antes de engullir, evitando así alimentar las introyecciones que paralizan nuestra espontaneidad y ponen trabas a nuestra originalidad... todo el mundo experimenta por si mismo aquello que le conviene, teniendo en cuenta su historia, su educación, su medio social y sus opciones ideológicas.

El ciclo de contacto-retirada

Toda acción individual o interacción relacional se desarrolla a través de varias fases, constituyendo el ciclo de la experiencia, también llamado “ciclo de satisfacción de las necesidades“. Se trata de la descripción paso a paso del proceso que acontece cuando una necesidad orgánica emerge y pugna por su satisfacción. Es una explicación dinámica que sigue una gestalt en su tendencia a completarse.

El ciclo empieza a partir de una situación de reposo o punto 0, a partir de ahí emerge la necesidad en forma de SENSACIÓN (paso 1). La sensación es difusa, todavía no tiene nombre, se registra en forma de señales sensoriales más o menos inconcretas que señalan un estado de déficit del organismo. El siguiente evento (paso 2) es el DARSE CUENTA, LA TOMA DE CONCIENCIA, que no es sino darle nombre a la sensación. Le sigue la movilización de energía o ENERGETIZACIÓN (paso 3) que es un estado de excitación corporal, una preparación para entrar en acción. El cuarto paso es la ACCIÓN: comienza el movimiento o la conducta dirigidos a satisfacer la necesidad. Le sigue el CONTACTO (paso 5), donde la necesidad del organismo se resuelve intercambiando con el entorno y el último paso (paso 6) es la RETIRADA o vuelta al estado de reposo una vez satisfecha la necesidad hasta que emerja el nuevo ciclo.

En términos operativos el ciclo tiene dos estadios: una parte preparatoria (sensación- conciencia-energetización) y una parte resolutoria (acción-contacto-retirada).
Este ciclo no siempre se desarrolla de una forma regular. Cuando dicho proceso se interrumpe y bloquea, se trabajan los mecanismos neuróticos que perturban las diferentes secuencias. Perls definía al neurótico como una persona que se entrega de forma crónica a la auto-interrupción en el ciclo.

Estas son las distintas resistencias que aparecen para interrumpir el ciclo:
La introyección, que interfiere entre sensación y conciencia.
Todos los introyectos en cuanto normativa moral se oponen a lo orgánico. El introyecto fundamental es “no sientas tu organismo“, que remite a la represión o “cambia la conciencia de tu impulso y ponle otro nombre” (falseamiento).

Entre conciencia y energetización actuaría la deflexión que es una desenergetización, un apagar los motores antes de que se calienten.

Entre energetización y acción interfieren las proyecciones en cuanto que su función es precisamente :desresponsabilizarse de la movilización propia, no actuarla, sino proyectarla en la acción del otro.

Entre acción y contacto ubicamos la retroflexión, cuya esencia es no contactar con el exterior sino volverse contra si. Es una acción autopunitiva, para evitar la inter-relación
Entre contacto y retirada interfiere la confluencia.

Hay personas cuya dificultad neurótica tiene más que ver con la primera parte: son expresivas, actúan, contactan pero con muy poca conciencia de si, así que la actividad terapéutica debería dirigirse más explícitamente hacia uno de los pilares de la gestalt, el darse cuenta.
Otras personas tienen más capacidad de introspección pero les falta la acción así que la terapia tiene que dirigirse más a plasmar en el mundo (acción-contacto) lo que han descubierto de si.