martes, 18 de agosto de 2026

La Experiencia del Placer, parte 43


 LA PERDIDA DE LA INTEGRIDAD

La dualidad de la naturaleza del hombre, que es la responsable de su autoconocimiento y de su potencial creativo, es también la causa que lo predispone a sus actitudes de autonegación y autodestrucción. Al actuar conscientemente y responder inconscientemente en el drama de la vida, el hombre está sujeto a una tensión interna cuando se separan estos dos lados de su personalidad. El grado de tensión que puede tolerar una personalidad antes de que se quiebre su unidad depende de su energía vital, que es la fuerza cohesiva del organismo.

Una personalidad cuyo nivel de energía es bajo se dividirá ante un grado de tensión que una personalidad más fuertemente  cargada puede soportar. Cuando se produce una división, un aspecto de la personalidad se vuelve contra el otro, provocando un comportamiento autodestructivo.

El ego es el aspecto de la personalidad que funciona como actor consciente, mientras que el cuerpo es el aspecto de la personalidad que responde involuntariamente a las situaciones. Generalmente, estas dos modalidades  diferentes de comportamiento, actuar y reaccionar, están armónicamente integradas. Cuando una persona come, por ejemplo, participan ambas modalidades de comportamiento. Su respuesta inmediata al olor y al sabor de la comida es puramente involuntaria. Será placentera o desagradable. Si es placentera, actuará conscientemente llevándose la comida a la boca. Si es desagradable, alejará el plato. Estas últimas acciones se realizan conscientemente, es decir, están dirigidas por el ego.

Normalmente no surge ningún conflicto entre ellas. Pero imaginemos que la persona sentada a la mesa es un niño al que no le gustan las verduras y que está sentado frente a él un padre que insiste en que debe comerlas porque le hacen  bien. En esta situación, el niño afronta un dilema. Si no come las verduras, tendrá un conflicto con su padre. Si las come, tendrá un conflicto con sus sentimientos. Este simple ejemplo ilustra el tipo de tensión a la que generalmente está sujeta una persona en nuestra cultura. La diferencia entre el comportamiento humano y el comportamiento animal en una situación similar está representada en el aforismo según el cual se puede llevar un caballo al agua, pero no hacer que la beba.

La civilización es un proceso que supone la imposición de frenos conscientes a las respuestas involuntarias del cuerpo. Sin embargo, no es un fenómeno antinatural; todos los aspectos del aprendizaje, sean de una habilidad motora o de una comprensión intelectual, dependen de él. En el capítulo seis señalé que gran parte de nuestro pensamiento consciente requiere una inhibición preliminar de las  respuestas involuntarias (“de tente a pensar”). Sin embargo, existen límites en la cantidad de tensión que puede tolerar una personalidad. Cuando se exceden  estos límites, las fuerzas polares de la personalidad rompen su unidad y se transforman en funciones independientes. Esto produce un estado esquizofrénico.

Para comprender esta evolución imagine que el ego (actor consciente) y el cuerpo (procesos involuntarios) son dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas de un resorte. Generalmente, la cantidad de fuerza ejercida por el ego no es constante y, en consecuencia, la tensión en el resorte fluctúa. Incluso puede estar  completamente ausente en algunos momentos, por ejemplo durante el orgasmo total, cuando los procesos involuntarios del cuerpo toman posesión de toda la personalidad. El aumento y disminución normal de la tensión en el resorte corresponden al aumento y disminución del nivel de excitación. Si las dos fuerzas  están adecuadamente equilibradas, el ascenso y descenso de la tensión produce sentimientos de placer.

Si el resorte se estirara más allá de su nivel de tolerancia perdería su elasticidad. Esto puede suceder cuando se estira demasiado el resorte o cuando la tensión  apenas tolerable se mantiene durante demasiado tiempo. Si desaparece la elasticidad del resorte, se rompe la conexión vital entre el ego y el cuerpo. Ya no tienen una relación dinámica. Esta analogía quedaría incompleta si no señalara  que puede debilitarse la fuerza elástica del resorte, lo cual correspondería a una reducción de la fuerza cohesiva entre el ego y el cuerpo, en la personalidad humana.

La dualidad de la naturaleza del hombre tiene muchas facetas. Estas pueden agruparse bajo los títulos “Ego” y “Cuerpo”. Sigue una lista parcial.

Ego:

a) Respuestas involuntarias

b) Logro

c) Pensamiento

d) Adulto

e) Individualidad

f) Cultura

Cuerpo:

a)Actividad consciente

b) Placer

c) Sentimiento

d) Niño

e) Comunidad

f) Naturaleza

Ya hemos estudiado la relación polar que existe entre b

y c. En esta sección trataré a), d), e) y f).

a) No existe ninguna persona cuyo comportamiento esté enteramente controlado por la conciencia. No obstante, hay algunos individuos en quienes las respuestas involuntarias del cuerpo están tan reprimidas que tienen aspecto de autómatas y actúan como tales. Los casos más extremos se encuentran en instituciones mentales. 

En mi libro The Betrayal of the Body se describen casos menos perturbados como individuos esquizoides. Esta perturbación se manifiesta por una falta de espontaneidad, un embotamiento de la personalidad y una capacidad disminuida de sentir placer. La depresión es bastante común y los sentimientos suicidas están frecuentemente presentes.

Estas personas comúnmente se quejan de un vacío interno, que es bastante comprensible en vista de la reducida motilidad de sus cuerpos y de la correspondiente ausencia de sensibilidad.

Lo que es menos comprensible es la visión ampliamente difundida según la cual tales perturbaciones son puramente mentales y el problema es puramente psíquico. Cuando la personalidad se identifica con la mente o el ego, el cuerpo se reduce a un mecanismo. Esta actitud destruye la integridad de la personalidad, dado que niega la interrelación de todas las funciones de la personalidad.

Imposibilita cualquier esfuerzo terapéutico significativo de cambiar la estructura de la personalidad. Este no es un enfoque creativo de la terapia ni de la vida. Es igualmente desastroso que una persona pierda totalmente el control consciente de su comportamiento, es decir que pierda el autodominio y se reduzca a una masa temblorosa de protoplasma. He visto esto y no es una imagen placentera. No puede ser la meta terapéutica. Lo que se quiere es una interacción de lo consciente y lo involuntario y esto sólo puede suceder cuando todos los actos conscientes estén imbuidos de sentimiento y cuando se perciban conscientemente y se comprendan todas las respuestas involuntarias. 

Este es el significado de la expresión “estar en contacto con el cuerpo” y es la vía hacia el autodominio.

d) La polaridad adulto-niño es la clave de la Personalidad creativa. Asociamos con el adulto todas las cualidades del ego: autoconciencia, logro, racionalidad,  individualidad y cultura. El niño es el símbolo de las cualidades asociadas al cuerpo: espontaneidad, placer, sentimientos, comunidad y naturaleza. En el fondo de la personalidad de todo adulto está el niño que fue. Su madurez es sólo una capa superficial que, con mucha frecuencia, se transforma en una rígida fachada  estructurada. Cuando esto sucede, una persona pierde el contacto con el niño que hay dentro de ella. Se evidencia que el niño aún está vivo, sin embargo, por las ocasionales regresiones al comportamiento infantil que se producen cuando la fachada cede ante el estrés. Estos arranques infantiles son de carácter destructivo y representan, hablando poéticamente, la ira del niño por estar aprisionado por un ego atemorizado pero dictatorial.

En la personalidad integrada, el adulto y el niño están en comunicación permanente, el niño a través del sentimiento y el adulto a través de la inteligencia. Se apoyan y fortalecen mutuamente, el niño agregando imaginación al realismo del adulto y este último proporcionando el conocimiento que aclara las respuestas  intuitivas del niño. Puede interpretarse que la afirmación de que la persona creativa busca en lo profundo de su inconsciente respuestas imaginativas a los problemas,  significa que consulta al niño que hay dentro de ella. Y dado que el niño se identifica con el cuerpo, estar en comunicación con el niño es lo mismo que estar en contacto con el cuerpo.

Es significativo que casi todos los pacientes de la psicoterapia tienen muy pocos recuerdos de su infancia. En algún momento de su crecimiento se formó una barrera alrededor de las experiencias de la infancia y los sentimientos asociados a ellas. Las experiencias se reprimen de la memoria. Los sentimientos se suprimen de la conciencia. El bloque se produce porque se hizo que el niño se sintiera mal a causa de sus sentimientos. Nació como un animal inocente de todos los deseos pero para sentir placer y ser dichoso. Pero la civilización, representada por sus   padres, demandaba que desarrollara el control, se volviera racional y se sometiera a la autoridad. La lucha entre voluntades que se libra en la crianza de la mayoría de los niños es demasiado conocida para que sea necesariorepetirla. En esta lucha, el niño siempre pierde y su sumisión está marcada por la negación de su naturaleza animal.

En aras de la supervivencia, un niño no tiene otra alternativa que reprimir sus sentimientos y erigir una fachada de comportamiento que sea aceptable. La fachada se estructura en el cuerpo y la mente; en el cuerpo como postura y en la mente como imagen del ego. El ego se identifica con esta imagen y se disocia del cuerpo.

Enmascarado por esta imagen, el individuo se ve a sí mismo como una persona inocente, que no sabe que en su inconsciente abriga sentimientos hostiles y negativos asociados a las experiencias traumáticas de su niñez temprana. Las emociones reprimidas se manifiestan y ocasionalmente salen a la luz, haciéndose necesaria una serie completa de racionalizaciones y autojustificaciones para sostener la imagen. 

Estas son las defensas de su ego, mientras que sus tensiones musculares representan lo que Wilhelm Reich denominaba “armadura del cuerpo”.

Habiendo logrado pasar de sentirse mal a sentirse bien y habiéndose atrincherado tras los muros de su fortaleza, el ego se ve a sí mismo como amo de su dominio, el sí-mismo consciente. Ha abandonado el cuerpo, al niño y al inconsciente en su retirada. Esta imagen de dominio que desarrolla el ego es una presunción. Se la encuentra en todas las personas perturbadas emocionalmente. En el  esquizofrénico paranoico llega a delirios de grandeza. En la personalidad esquizoide se manifiesta como arrogancia. Se expresa como un orgullo exagerado en el individuo narcisista y como fariseísmo en el masoquista.

El ego engreído, aparentemente seguro en su fortaleza imaginaria, domina la personalidad como un tirano. Al igual que un tirano, lucha por eliminar todas las fuerzas que podrían amenazar su poder. No obstante, la persona siente su aislamiento, su alienación y su soledad. Estos sentimientos la fuerzan a someterse a una terapia. Sin embargo, su sumisión es condicional. Su ego no está dispuesto a exponer sus simulaciones, bajar sus defensas y enfrentarse a la negatividad subyacente. En cambio, intenta dominar sus debilidades con la ayuda del terapeuta.

Fracasará en este esfuerzo. Sólo frente al fracaso, la persona abandonará una posición del ego que aparentemente aseguraba su supervivencia. Cuando se enfoca la personalidad desde el punto de vista del cuerpo, se llega directamente al niño. Cuando se moviliza el cuerpo a través de la respiración, lo primero que se produce es un temblor involuntario que generalmente comienza en las piernas y se extiende por el cuerpo. En general, el temblor se transforma casi espontáneamente en sollozo y el paciente comienza a llorar. Puede no saber siquiera por qué llora. El sonido parece brotar desde dentro, sorprendiendo al paciente. Este llanto se producirá muchas veces durante la terapia hasta que se vuelve infantil y el  paciente puede sentir el gemido del niño aprisionado.

Cada tensión muscular crónica representa la inhibición de un impulso. La contracción está destinada a impedir que se expresen estos impulsos. El impulso inhibido tiene una valencia negativa, por lo cual primero se lo reprime. Los sentimientos de ira, temor y tristeza están vinculados con todas las tensiones musculares crónicas. Los impulsos que se liberan durante la terapia son: llanto, grito, chillido, golpe, pataleo, mordisco, etcétera. Estos se canalizan hacia el diván y no se hace víctima de ellos a otra persona. Lo que siempre emerge es un niño herido e irritado que necesita expresar sus sentimientos negativos antes de poder  expresar honestamente los positivos.

La espasticidad muscular crónica es una limitación inconsciente de la motilidad y de la autoexpresión que dice en realidad: “No puedo”. Transformando esto en un “No lo haré” expresado conscientemente, la tensión se libera. De igual modo, hacer que un paciente sienta y exprese su hostilidad con un “Te odio”, le hace posible decir “Te amo” con sinceridad. Cuando estos sentimientos llegan a la superficie vuelven los recuerdos reprimidos de la infancia.

En consecuencia, el trabajo con el cuerpo debe ir acompañado por un análisis apropiado para llenar el vacío entre el pasado y el presente.

Penetrar a ambos niveles simultáneamente, el físico y el psíquico, permite al paciente identificarse con el niño perdido, aceptarlo e integrarlo con la comprensión adulta de la vida.
Esto profundiza su autoconocimiento y libera su potencial creativo.

e) La persona que está en contacto con el niño que tiene adentro es un verdadero ser comunitario. No es casual que los hombres primitivos, que tienen un fuerte sentido de la vida comunitaria, sean infantiles. Los niños tienen una mayor capacidad natural de proximidad e identificación que los adultos. El sentido de la individualidad es una función del ego que apunta a promover la unicidad y la
independencia de la persona. Cuando el ego está disociado del cuerpo, el adulto está divorciado del niño que fue. En este estado, la individualidad se transforma en aislamiento, la unicidad en alienación y la independencia en soledad.

La conciencia social es el sustituto, elaborado por el ego, de la cualidad infantil de pertenecer y formar parte de un grupo o comunidad. Es una compensación de la
alienación y aislamiento del hombre moderno y no es un verdadero recambio del sentimiento de comunidad que tanta falta hace hoy. El sentimiento de comunidad tiene un elemento personal basado en la participación física en un esfuerzo común. Los pioneros, soldados y grupos militantes pueden tenerlo, pero es algo muy diferente de una identificación basada en la culpa y la donación de dinero.

f) Los niños están también más adaptados a la naturaleza que los adultos. Están más próximos en espíritu a los fenómenos naturales, ya que aún se sienten parte del mundo natural. La explotación de la naturaleza para satisfacer los deseos del ego no forma parte de su modo de vida. Cuando el hombre pierde su conexión vital con el niño que hay en su interior, pierde también la consideración y la admiración que siente el niño por la vida natural.

Todo amante de la naturaleza tiene un corazón de niño. Todo artista creativo es en parte un niño. Toda persona alegre es un niño en éxtasis. Pues la alegría y la creatividad se encuentran en el corazón de la naturaleza.

Una persona creativa tiene un sentimiento cálido por los niños, dado que reconoce el candor de su espíritu y el de ellos. Se regocija con los niños, propios y ajenos, porque todo niño es un nuevo ser, cuyos entusiasmos frescos añaden excitación a la propia vida. Comparte sus placeres con los niños, ya que esto aumenta su propio placer. Quiere que todos los niños conozcan la alegría de vivir que fluye
espontáneamente cuando nos sentimos libres para seguir nuestros impulsos naturales. Ha conocido esta alegría. No puede ver a un niño herido sin sentir su dolor, pues él tiene un corazón de niño.


 

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