lunes, 29 de junio de 2026

La Experiencia del Placer, parte 38

 RITMOS DE FUNCIONES NATURALES

Filogenéticamente, la vida comenzó en el mar y para la mayoría de las personas regresar a la playa es una ocasión de bienestar y placer. Cerca del océano, nos sentimos liberados y más en contacto con las fuerzas elementales de la naturaleza. Generalmente, no se aprecia que ontogenéticamente cada vida se inicia también en un medio acuático que se asemeja a la composición química de los antiguos mares. Durante nueve meses, el embrión humano se desarrolla en un medio fluido en el cual se mece suavemente con los movimientos del cuerpo de la madre.

Pasa progresivamente de la etapa unicelular por todas las fases del desarrollo evolutivo hasta convertirse en un feto humano. Al nacer sufre una transición catastrófica, cuando se convierte en un mamífero que respira aire en un medio  seco.

La transición se suaviza en alguna medida por el hecho de que no pierde contacto con la fuente de su fortaleza, el cuerpo de su madre. Ésta lo coloca junto a su seno para que succione. Lo sostiene cerca de su cuerpo, donde siente su calor y se mece al compás del latido del corazón. En las guarderías se ha utilizado una grabación del sonido del corazón humano para mecer a los niños que están privados del contacto con sus madres. Sin embargo, debería reconocerse que el mejor biberón, la temperatura apropiada y la grabación de los sonidos del corazón son sucedáneos imperfectos de lo real. El cuerpo de una madre afectuosa es la raíz más importante del placer y la alegría del niño.

Las actividades rítmicas del cuerpo se clasifican en tres categorías. Algunas son completamente involuntarias y están fuera del control de la conciencia. El corazón late y la sangre circula sin la dirección o control de la voluntad. La digestión, la asimilación, la producción de orina y la secreción de hormonas y enzimas son otros ejemplos de actividades completamente involuntarias. Existen otras actividades que se encuentran en el límite entre las involuntarias y las voluntarias. Normalmente no son actividades voluntarias, aunque se puede ejercer algún grado de control sobre ellas. Las funciones de alimentación y deglución, respiración y sueño pertenecen a esta categoría. Podemos evitar la deglución conscientemente,  podemos inhibir nuestra respiración y podemos evitar dormirnos. Esta segunda categoría está fuertemente influida por la relación de la persona con su madre. 

Hay una tercera categoría de actividades, en la cual la conciencia juega un rol dominante. Ninguna forma de autoexpresión que implique movimiento corporal, tal como bailar, cantar, trabajar o jugar, se produciría sin intención consciente. La afirmación según la cual la respiración está vinculada con la relación a la madre se basa en la observación de que en la respiración sana, el aire es literalmente succionado por los pulmones. He visto que el paciente cuyo impulso de succión  está deprimido respira pasiva y superficialmente. Y Margaretha Ribble, en su importante estudio The Rights of Infants demostró que todo debilitamiento del impulso de succión deprime la función respiratoria. En el paciente esquizoide típico, cuya dinámica de la personalidad y del cuerpo se analiza en The Betrayal of the Body, el pecho está constreñido y la inspiración se reduce marcadamente. Bajo  este trastorno subyace un sentimiento de desesperación que comúnmente se expresa como: “¿De qué sirve? No había nadie”. Ese “nadie” es siempre la madre.

Se cree erróneamente que respiramos sólo con los pulmones, pero de hecho la respiración se realiza con todo el cuerpo. Los pulmones juegan un rol pasivo en el proceso respiratorio. Su expansión se produce por un ensanchamiento de la cavidad torácica y su contracción cuando la cavidad se reduce. En una respiración correcta participan todos los músculos de la cabeza, cuello, tórax y abdomen, además de la musculatura involuntaria de la laringe, tráquea y bronquios. La inspiración es un estiramiento activo para inhalar el medio gaseoso, tal como un pez abre la boca para succionar su medio líquido. La calidad de nuestra respiración depende de cómo ejercitemos estos movimientos de succión con todo nuestro  cuerpo.

Es necesario acentuar enfáticamente la importancia de la respiración. Proporciona oxígeno para los procesos metabólicos; literalmente mantiene el fuego de la vida. A unnivel más profundo, el aliento, como pneuma es también el espíritu o alma. Vivimos en un océano de aire como un pez en un espacio de agua. A través de nuestra respiración, nos adaptamos a la atmósfera. En todas las filosofías orientales y místicas, el aliento guarda el secreto de la suprema felicidad.

El sistema respiratorio está estrechamente relacionado con el sistema digestivo, dado que los pulmones se desarrollan embriológicamente como una protuberancia del primitivo tubo alimentario y permanecen conectados con él durante toda la vida por la abertura común de la boca y la faringe. Ambas funciones tienen como base común los movimientos de succión y ambas están asociadas con la madre. Se reconoce la comida como símbolo de la madre.

Muchas madres expresan su amor dándole comida a un niño y consideran su aceptación de la comida como equivalente al amor a la madre. Generalmente los problemas alimentarios pueden rastrearse analíticamente hasta encontrar perturbaciones en la relación madre-hijo. Yo señalé, en The Betrayal of the Body,que ponerse a régimen siempre produce bienestar porque representa un rechazo simbólico de la madre.

Las funciones corporales relacionadas con la comida — ingestión, digestión y eliminación— normalmente siguen un patrón rítmico regido por las necesidades de energía del organismo y su estado de desarrollo. Los bebés muy pequeños maman cada dos horas y mueven el intestino varias veces al día. En el adulto, el patrón tiende a estabilizarse en tres comidas y un movimiento intestinal por día. Comer es un placer cuando se adecúa a un ritmo interno. 

Sin embargo, hay demasiados comedores impulsivos. Sus hábitos de alimentación guardan escasa relación con su ritmo metabólico. Comen antes de tener hambre, probablemente para evitar esa sensación, dado que ésta está vinculada a sensaciones de vacío que atemorizan a los individuos hambrientos de afecto. El tubo alimentario que va de la boca al ano es un sistema de órganos con pulsaciones rítmicas que funciona según el principio del gusano. La comida se mueve de un extremo al otro del tubo mediante ondas peristálticas similares a las  que pasan por el cuerpo de un gusano u oruga mientras avanza. A lo largo del canal alimentario hay reducciones y ensanchamientos, tales como el estómago, que facilitan el proceso digestivo y modifican la frecuencia y forma del bolo pero no cambian su carácter esencial. Dado que esta actividad peristáltica está siempre presente, hay una excitación constante en las vías digestivas, que es mayor en las horas de comida y menor durante el sueño. Cuando esta excitación se mantiene dentro de los límites, la persona experimenta bienestar en el cuerpo. Un estado hiperactivo en cualquier lugar del sistema, hiperacidez o colitis, por ejemplo, produce sensaciones dolorosas. La hipotonicidad, o pérdida del tono, en cualquier segmento conduce a la inflamación y producción de gases, con el consecuente  sentimiento de angustia.

Generalmente una persona no es consciente del funcionamiento normal del canal alimentario, que se extiende desde el esófago hasta el recto. El placer consciente de comer se debe a su capacidad de excitar los receptores olfatorios, las yemas gustativas, las glándulas salivales y el reflejo de la deglución, es decir, el área desde la nariz y la boca hasta el esófago. Esta excitación, sin embargo, pasa por el canal alimentario, agilizando sus ritmos y estimulando sus secreciones. En consecuencia, el placer inicial del gusto se transforma en el gozo de la comida. 

Cuando hay tensiones en el tubo, el flujo constante de ondas peristálticas se altera y la persona se niega esta satisfacción. Puede incluso perder su apetito o tener malestar estomacal.

Pocos estados hacen que una persona se sienta tan desdichada como las sensaciones de náuseas. El cuerpo parece revolverse al intentar vomitar una sustancia nociva. Las náuseas provocan fuertes ondas peristálticas en sentido  contrario, que aumentan su intensidad hasta que el cuerpo expulsa la sustancia ofensiva. El vómito produce una sensación de alivio que generalmente es tan grande como el malestar anterior. El procedimiento, sin embargo, nunca es placentero, porque las ondas peristálticas se mueven en contra de su dirección normal.

El mecanismo del vómito es un reflejo protector contra sustancias dañinas o perturbadoras que han sido tragadas por error. Pero el reflejo puede ser provocado también por estados de tensión, especialmente por el malestar dé un conflicto emocional provocado durante la comida. Casi todos hemos tenido experiencias de este tipo. La sabiduría del cuerpo se revela en un incidente que le ocurrió a mi hijo  cuando tenía un año. Habíamos terminado un almuerzo apresurado y estábamos saliendo apurados hacia una cita. Mientras mi esposa vestía al bebé, él repentinamente se introdujo un dedo en la boca y vomitó la comida. Me sorprendió que un niño tan pequeño supiera cómo aliviar su malestar provocándose arcadas.

Muchos pacientes de la terapia bioenergética desarrollan sensaciones de náuseas durante sus esfuerzos por respirar más profundamente. La respiración más  profunda activa tensiones musculares crónicas en el diafragma y en el estómago, que el cuerpo busca aliviar vomitando. En esta situación, le recomiendo al paciente tomar un vaso lleno de agua y luego vomitarlo, utilizando el pulgar para estimular las arcadas. A algunos pacientes les resulta difícil vomitar. Generalmente es necesario un trabajo considerable con el reflejo nauseoso y la respiración antes  de que las tensiones de la garganta y el diafragma se liberen lo suficiente como para permitir que esta función se cumpla normalmente. Puede ser necesario que sigan este procedimiento todas las mañanas antes del desayuno durante un breve período para quebrar este bloqueo.

El valor de este procedimiento se ilustra con el siguiente caso. Vi que un joven homosexual que me consultó tenía el cuerpo duro y rígido. Su mandíbula estaba tensa, su respiración restringida, su tez lívida y su aliento tenía olor amargo. Después de trabajar con su respiración durante untiempo, le hice tomar un poco de agua y vomitar. El efecto inmediato fue una sensación de liberación y una respiración más fácil. Siguiendo mi recomendación, estimuló el reflejo nauseoso todas las mañanas durante aproximadamente un mes. Cuando lo vi nuevamente, el olor amargo había desaparecido, su tez había mejorado algo y su cuerpo estaba más flojo. Uno de los resultados de este procedimiento es la eliminación de la acidez estomacal crónica, que sufren tantas personas. En la mayoría de los casos, la liberación de estas tensiones con esta maniobra restablece el placer que producen las actividades básicas de alimentación y digestión y facilita una respiración más profunda.

El origen de estas tensiones está, en parte, en experiencias de alimentación en la infancia. Generalmente se fuerza a los niños a comer alimentos que no les gustan o en cantidades que no quieren. Se han hecho muchas bromas sobre madres que sobrealimentan a sus hijos en nombre del amor. En otros hogares, como me relataron mis pacientes, se les prohibía levantarse de la mesa hasta que no hubieran acabado toda la comida que había en sus platos. Con frecuencia no sólo se obliga al niño a ingerir comida en contra de su voluntad, sino que se lo avergüenza y castiga si la vomita. Para mantenerla en su interior, el niño debe poner en tensión la garganta y el diafragma para bloquear el impulso de vomitar.

La comida no es lo único que una persona puede tener que tragar contra su voluntad. Traumas psicológicos tales como insultos y humillaciones pueden también tener que ser “tragados” cuando se teme a quien insulta. La expresión “No puedo tragarlo” indica el efecto del sometimiento a situaciones dolorosas, sobre el estómago. Además, generalmente, se fuerza a los niños a tragarse sus lágrimas o a contener su llanto, lo cual conduce a tensiones crónicas en la garganta y el diafragma. El vómito es un rechazo de la comida y, en consecuencia, un rechazo simbólico de los aspectos negativos de la madre. Elimina los bloqueos a la        experiencia plena de placer de la función básica de alimentarse.

Tanto el funcionamiento del extremo superior del canal alimentario como el del extremo inferior del tubo se ven afectados por experiencias traumáticas de la infancia. Un entrenamiento para ir al retrete demasiado temprano o severo conduce a tensiones crónicas en el colon, el recto y el ano. El estreñimiento, la diarrea y las hemorroides son síntomas comunes que se derivan de tales circunstancias. A mi juicio, el entrenamiento del intestino no debería iniciarse antes de los dos años y medio. Dado que el nervio que rige el esfínter anal no está completamente mielinizado hasta esa edad, el patrón normal de control anal no está desarrollado y deben utilizarse mecanismos sustitutivos. Estos incluyen tirar hacia arriba la superficie pelviana y contraerlos músculos del glúteo. Su efecto es la perturbación de las funciones del placer del extremo inferior del cuerpo, incluyendo la sexualidad. 

Otra actividad rítmica que pertenece a esta categoría, debido a que en ella interviene la relación del niño con su madre, es el sueño. Durante el día estamos conscientes y activos; de noche la conciencia se rinde y se reduce la actividad. El cuerpo se renueva con el sueño, pero el fenómeno del sueño es aún  un misterio. En algunos aspectos el sueño es como un regreso a la existencia intrauterina.

El sueño es un estado de excitación difusa y reducida. Durante el sueño, muchas funciones vitales manifiestan un ritmo reducido: el corazón late más lentamente, la presión sanguínea baja, el ritmo respiratorio disminuye, baja el nivel de azúcar en la sangre y hay un descenso de la temperatura corporal. Los electroencefalogramas indican que existen ciclos en el sueño, un sube y baja rítmico en el nivel de excitación que cambia la profundidad del sueño. Si no se  altera el proceso del sueño, la persona se despierta con la sensación de haberse refrescado, con ganas de comenzar las actividades del día y, normalmente, con deseos de comer. Al levantarse después de haber dormido bien durante la noche, la persona siente una clara sensación de placer, como si el cuerpo fuera consciente de su funcionamiento armonioso. De igual modo, irse a dormir cuando uno está cansado pero relajado es una sensación deliciosa.

El simple placer de dormir escapa a muchas personas, a juzgar por la demanda de píldoras inductores del sueño. Estas personas se quejan de estar cansadas y su necesidad de dormir es evidente, pero no concilian fácilmente el sueño cuando se van a dormir. En estos casos, obviamente sucede algo malo con los procesos autorreguladores del cuerpo. La incapacidad de dormir es una forma de ansiedad; el temor a entregarse, una preocupación por la pérdida de la conciencia. Para un niño pequeño la transición del estado de conciencia al de inconciencia puede ser atemorizante. El ego inmaduro del niño experimenta la rendición de la conciencia como una vuelta a la oscuridad y esto da origen al temor a la muerte, la gran desconocida.

Los bebés de pecho se duermen sobre el seno, sintiéndose seguros en este contacto con su madre. Y aun después de finalizado el amamantamiento, el niño quiere que haya alguien cerca de él o en la misma habitación mientras pasa por la zona sombría entre la conciencia y la inconciencia. Dado que el sueño es una rendición al inconsciente, la Gran Madre, se necesita alguna seguridad de que “ella’’ será cálida y acogedora. Las pesadillas que tantos niños tienen sugieren que esta seguridad no existe.

Es una seguridad que la madre le da a su hijo a través de su aceptación y apoyo. Los temores de un niño respecto a su madre se ocultan durante el día, pero surgen mientras duerme, en los sueños. Otros temores, tales como un padre hostil, puede perturbar el sueño de un niño, pero estos temores pueden ser mínimos si el niño se siente seguro en su relación con su madre.

La incapacidad de dormir refleja fácilmente la persistencia de un estado de excitación en las capas conscientes de la personalidad. A veces, esta excitación es  una tensión sexual no descargada, pero con más frecuencia se debe a conflictos no resueltos que no están completamente reprimidos. A pesar de los mejores  esfuerzos del individuo por distraer su mente, ésta vuelve una y otra vez al problema, incapaz de triunfar, pero no dispuesta a aceptar la derrota.

Cuando se reprimen los conflictos se desarrolla un foco de excitación en el inconsciente y en el cuerpo, que posteriormente surge en los sueños. Freud señaló que los sueños tienen la función de proteger el estado de sopor liberando esta excitación. Sin  embargo, la excitación puede ser tan fuerte que la persona se despierta debido al sueño, o la tranquilidad de su reposo se ve alterada por la intensidad del sueño. La persona que conoce el placer del reposo inalterado y tranquilo es bienaventurada.


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