domingo, 7 de diciembre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 19

 Capítulo 4 (continuación)

VERDADERA INDIVIDUALIDAD  

En la sección anterior he descrito algunos de los factores sociológicos que actúan en el desarrollo del hombre masa. Afortunadamente, ningún ser humano es totalmente hombre masa. Cada uno de nosotros retiene alguna porción de su individualidad que el sistema no ha destruido. Cada uno de nosotros es capaz de experimentar algún grado de placer y, en consecuencia, de distinguir lo que tiene  significación personal de la propaganda de “cómo tener éxito”. Sin sentido del placer, la discriminación es imposible.

No estamos acostumbrados a pensar en el placer como el fundamento de la individualidad. Para el público, el individuo es la persona que se distingue de la  muchedumbre. Pero el público no conoce a la persona; está familiarizado sólo con la imagen. Magnificada por los medios de masas, la imagen parece grande e  impresionante. Se produce un choque al descubrirse que la persona real no es igual a su imagen. El autor famoso resulta ser un orador tímido y vacilante. La actriz famosa es retraída y emocionalmente insensible fuera del escenario. El  hombre de negocios afortunado tiene poco que ofrecer fuera de los detalles de su vida en los negocios, etcétera. Si no nos dejamos deslumbrar por la imagen, pronto  advertiremos que falta algo en la vida privada de estos individuos. No pocas veces, su éxito es una compensación por la falta de objetivos en su vida privada.  

Como psiquiatra he tenido la oportunidad de tratar a muchas personas a las que se podría considerar “de éxito”. El hecho de que necesitaran mi ayuda era la señal de que habían perdido el sentido de sí mismos, el sentido de individualidad y de identidad personal. En una ocasión me consultó un conocido artista que había llegado al punto de preguntarse: “¿Quién soy?”. Su trabajo era considerado  personal y expresivo. Gozaba de buena fama y se le respetaba, pero en su interior se sentía confundido e inseguro de su identidad y tenía un deficiente sentido del Sí mismo.

Se sentía irreal porque no estaba en contacto con su cuerpo. Y si bien su trabajo artístico le brindaba un alto grado de satisfacción a su ego, no sentía el placer de estar vivo que, por sí solo, le da sentido a la existencia.

También he conocido a muchas personas que experimentaban un sentimiento de excitación ante la vida. No eran entusiastas que proclamaran su devoción por la  vida. Se sospecha que dichas proclamas son intentos de convencerse a uno mismo de que la vida merece ser vivida.

No eran seguidoras de una causa ni fanáticas de algún credo. No estaban consagradas a un gran logro. Lo significativo de ellas era que cuando uno las conocía, sabía de inmediato que estaba ante la presencia de un individuo.

No era lo que decían o hacían lo que daba esta impresión sino algo en la persona, algo físico. Irradiaban un fuerte sentimiento de placer. Sus ojos brillaban, su actitud era alerta. Miraban con interés y escuchaban con atención. Cuando hablaban, expresaban sus sentimientos y lo que decían tenía sentido. Se movían con facilidad ya que sus cuerpos estaban relajados. Si uno observaba sus cuerpos, era consciente de una vitalidad interior manifestada por una buena piel y un buen tono  muscular. Intuitivamente, se sabía que éstas eran personas que disfrutaban de la vida y que, por supuesto, no necesitaban tratamiento.

Cuando digo que estas personas irradian placer, quiero expresar el hecho de que uno se siente bien en su compañía. Es un placer estar con ellas, así como es   deprimente estar con una persona deprimida, triste estar con una persona triste,—etcétera. Después de todo, el placer es una vibración rítmica que se transmite a la  atmósfera y afecta a quienes están alrededor. También podría describir a tales individuos como personalidades vibrantes, ya que es esta cualidad la que nos permite reconocerlos. Debería darse por sentado que son individuos, ya que no hay dos organismos con patrones rítmicos idénticos. Cada uno es único en las sutiles variaciones con que la naturaleza dota a cada nuevo ser.

Igualmente importante es el hecho de que dichas personas sienten su individualidad y conocen sus identidades. Están directamente en contacto con sus  sentimientos en todo momento y en consecuencia saben lo que quieren y lo que no quieren. Cuando hablan, sus opiniones son siempre especiales, ya que no hay dos  personas con sentimientos idénticos. Y al saber lo que sienten, son pocas las ocasiones en que no saben cómo expresar la razón subjetiva de una opinión personal. Esto se expresa: “Me gusta la obra porque...” o “No me gusta la actriz; es demasiado autoconsciente, demasiado dura y demasiado dependiente de manierismos”, etcétera. Estas personas tienen gusto. Quien no tiene gusto, no puede afirmar que es un individuo. Los verdaderos individuos no se distinguen en la muchedumbre, se apartan de las muchedumbres.

Hay otras personas que poseen lo que se denomina personalidades “magnéticas”. Nos atraen con el poder que emana de ellas. Dominan todas las reuniones porque  vencen en cualquier competencia. Hay una tensión en sus cuerpos que crea una aureola de suspenso en la atmósfera. Uno se siente excitado, como si algo importante fuera a suceder y se vuelve tenso y algo ansioso. Estos individuos  también resplandecen, pero el resplandor no es placentero.

Es una fuerza que está constreñida y su efecto es constreñir a su audiencia. El poder crea un sentido de la individualidad, pero sólo con respecto a otras personas. La personalidad “magnética” o, como lo llamaré de aquí en adelante, el individuo poder, se achata cuando está solo, ya que la fuerza no puede experimentarse salvo por su poder de atracción. Se torna hostil cuando la respuesta es negativa, ya que una respuesta negativa es una negación de la “individualidad” de esta persona. Estos individuos deben formar parte de una muchedumbre, de la cual se distinguen por su dominio. Sin embargo, no son verdaderos individuos, ya que fuera de su rol de dominar no tienen una identidad real.

La característica distintiva del individuo poder es el egotismo. Proyecta la imagen de una persona superior, una especie de superhombre, y todas sus acciones están  destinadas a agrandar su imagen. Debe tener éxito, ya que el fracaso es impensable; es demasiado humano y, en consecuencia, una expresión de debilidad. Este tipo de individuo no se identifica con su cuerpo, que puede parecer  estar en un excelente estado. No puede tener otro aspecto si ha de sostener su imagen. Es un instrumento de su voluntad y está perfeccionado como una máquina para el trabajo que debe realizar, es decir, sostener al ego que se apoya en él. 

Puede ser un ejecutivo de éxito, generalmente tiene éxito como deportista y siempre tiene éxito como amante. Lo que no ve es que ha fracasado como ser  humano.

Háblele a un egotista sobre el placer y él enumerará sus hazañas. Exprésele sus sentimientos y él le describirá sus planes y proyectos. Siempre encuentra palabras con las cuales hablar de sí mismo, pero nunca al nivel íntimo en el que dos personas intercambian sus sentimientos más profundos. También he conocido a algunas de estas personas. Ocasionalmente vienen a consultarme. Ninguna se ha convertido en mi paciente. Pensar en someterse a otra persona, aun a un terapeuta, es demasiado espantoso para esos egos de papel maché.


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