lunes, 15 de diciembre de 2025

La Experiencia del Placer, parte 21

 CAPITULO 5

El ego: autoexpresión versus egotismo

AUTOEXPRESIÓN

El proceso de la evolución en los animales ha conducido, a través de una creciente complejidad y una mayor organización de la estructura, a un elevado sentido de la  individualidad. El efecto concomitante de este desarrollo es la necesidad de expresar esta individualidad. En el capítulo anterior vimos que cuando esta necesidad se ve frustrada por condiciones de la vida social, tales como el  hacinamiento o la formación de una sociedad de masas, se desarrollan tendencias autodestructivas. En estas condiciones la necesidad de autoexpresión en el hombre adquiere formas neuróticas. Se transforma en una lucha por el éxito y en un deseo de poder.

Los biólogos están comenzando a reconocer que la necesidad de autoexpresión es algo sólo levemente menos importante que la necesidad de supervivencia. Si nos  preguntamos: “¿Supervivencia para qué?”, la única respuesta con sentido es el placer y la alegría de vivir, que no pueden ser disociados de la autoexpresión.La autoexpresión es la manifestación de la existencia individual.El comportamiento de los animales, no puede ser evaluado exclusivamente en cuanto a su capacidad para la supervivencia. La supervivencia y la autoexpresión son funciones que están estrechamente relacionadas.  

 Siguiendo las observaciones de Konrad Lorenz, los biólogos han llegado a considerar que el canto de los pájaros cumple la función de proclamar un territorio y no sólo la de expresar un sentimiento interno. A aquellos que nos hemos deleitado con el canto de los pájaros, nos agrada saber que cumple ambas funciones.

Lo que se expresa en el exterior refleja lo que sucede en el interior del organismo. La autoexpresión como aspecto manifiesto de la individualidad corresponde al  autoconocimiento y a la autopercepción como aspectos internos o psíquicos de la existencia individua. “un aspecto saludable (entre los animales) es siempre una reflexión del mundo interior”.Pero este mundo interior no es exclusivamente un fenómeno mental.

 A nivel consciente, la autoexpresión es una función del ego y del cuerpo. Por lo tanto se diferencia de las formas de autoexpresión inconscientes, porque éstas son manifestaciones sólo del sí-mismo corporal. El color del cabello o de los ojos es una forma de autoexpresión corporal, en la que no participa el ego. Todas las acciones creativas, sin embargo, son necesariamente conscientes, y en consecuencia el ego juega un rol importante en la formulación y ejecución del impulso creativo. Sin embargo, este impulso no nace en el ego. Tiene su origen en el cuerpo; su motivación es la lucha por el placer y se inspira en el inconsciente.

La autoexpresión, la creatividad y el placer están estrechamente relacionados. Toda forma de autoexpresión tiene un elemento creativo y conduce al placer y a la satisfacción. Todos los proyectos que emprendemos y realizamos brindan estas satisfacciones duales, una a nivel físico a través del placer de la actividad y la otra a nivel del ego a través de una conciencia del logro. Esta doble recompensa corresponde a la dualidad de la naturaleza del hombre. Por una parte, somos actores conscientes del teatro de la vida y en consecuencia conocemos nuestro rol de individuos. Sin  embargo, con demasiada frecuencia, esta autoconciencia nos impide ver que, por otra parte, al igual que los animales, formamos parte del esquema de la naturaleza, ya que vivimos en nuestros cuerpos y dependemos para nuestro placer corporal de una relación armoniosa con la naturaleza.

Cuando estamos cegados de esta manera, nos volvemos conscientes de nuestro ego, es decir egotistas. El egotista confunde el ego con el sí-mismo y cree que todo lo que fomenta su ego aumenta el interés del sí-mismo. Esto es cierto sólo dentro de estrechos límites, que definiré más adelante. Poniendo el ego en primer lugar, se invierte la relación normal entre el ego y el sí-mismo corporal, lo cual puede conducir al comportamiento destructivo. El sí-mismo corporal es el fundamento sobre el cual se apoya el ego.

Fortaleciendo esta base, se mejora toda la estructura de la personalidad. Arreglar el techo hace poco por el cimiento. Cuando se sacrifica el placer por un impulso del ego, tal como el éxito, el resultado puede ser desastroso.

Piense, por ejemplo, en la persona que vive más allá de lo que sus medios le permiten para impresionar a sus vecinos. Poseer una gran casa o un costoso automóvil dilatará su ego, pero también le provocará considerable dolor y angustia cuando tenga que pagar su mantenimiento.

Podrá ignorar el dolor sólo disociándose de la realidad. Si suprime el dolor, también elimina toda posibilidad de sentir placer. El sacrificio del placer torna cuestionable el valor de la satisfacción que el ego obtiene de sus posesiones. 

Aun cuando una persona pueda obtener con sus esfuerzos el dinero necesario para comprar y mantener una residencia lujosa, las satisfacciones del ego que aquélla le brindará apenas justifican la inversión de tiempo y dinero.Una cosa es trabajar para algo que brindará verdadero placer; otra distinta es cuando el objeto sirve simplemente para ampliar la imagen de la persona. Dado que los humanos somos seres autoconscientes con ego, no somos ajenos a la imagen que ofrecemos; La imagen es importante porque representa a la persona, pero no es la persona. El individuo que se identifica con su imagen y no con su    Sí mismo corporal es egotista.

Ninguna imagen es suficientemente grande como para brindar las satisfacciones corporales que le dan sentido a la vida. El ego que no se alimenta por sus raíces con placer corporal desarrolla un hambre insaciable. El individuo dominado por un ego insaciable está bajo constante presión para expandir su imagen. El impulso de su ego asume un carácter implacable que avasalla todas las consideraciones  personales para alcanzar sus objetivos. La persona que comienza a andar en esta dirección no puede detenerse. Si gana un millón de dólares, debe luchar en forma igualmente ardua para ganar un segundo millón, después un tercero, etcétera. El dinero adicional difícilmente pueda aumentar su seguridad o contribuir materialmente a su placer, aunque el impulso de continuar ganando dinero parece hacerse más fuerte con cada incremento de la riqueza. Su ego es como un globo de gas que debe elevarse más y más, agrandándose mientras lo hace hasta explotar.

El dinero es una fuerte atracción para el ego porque representa poder. Cada aumento de riqueza o poder da un grado de satisfacción al ego. Le permite al ego pensar que es el dueño del mundo. Puede parecer que hay sólo una corta distancia entre la adquisición de conocimientos y destrezas y la conquista de la naturaleza, pero es la diferencia que separa al hombre integrado del hombre  egotista y alienado, obsesionado por el poder. La necesidad de poder es un reflejo de la inseguridad del hombre y una señal de la inadaptación de su ego. Si bien el poder y la riqueza pueden añadir algo al placer de la vida, lo hacen sólo cuando no son las metas de la vida.

El dinero no es la única área en la que actúan los impulsos del ego. El campo de los deportes con público está altamente cargado de intereses del ego y podemos  hacemos una mejor idea de la naturaleza de estos intereses mediante un análisis de este fenómeno. Un espectador de un evento deportivo que es simpatizante de uno de los equipos obtiene considerable satisfacción con la victoria de su equipo. Si es un hincha, ni siquiera es necesario que vea el evento personalmente o por televisión. La sola idea de que el equipo gane o pierda le acarrea una fuerte carga  emocional. Para un hincha, el placer de ver el espectáculo es generalmente un valor secundario. Si su equipo pierde, puede hundirse en una depresión que elimina completamente su placer.

Dado que en el hincha participa sólo el ego, su compromiso es limitado y su papel se reduce al de espectador, pero reacciona emocionalmente como si estuviera completamente involucrado. Está, de hecho, expresándose a través de las identificaciones de su ego.

Muchas personas se identifican con sus escuelas y sienten que los logros o fracasos de sus graduados se reflejan en ellas. Si bien en algunos casos esta identificación puede ser excesiva, como en el vínculo con la antigua escuela, tiene una base legítima por el hecho de que, como miembro del cuerpo estudiantil, esa persona participaba activamente en los programas y asuntos de la escuela. El patriotismo en el Estado moderno es otra identificación del ego que tiene una base real, porque deriva del hecho de ser miembro de una comunidad.

A través de las identificaciones del ego, un individuo siente que forma parte de la sociedad, que participa en sus luchas y comparte sus logros y fracasos. Sin esas
identificaciones del ego, una persona se sentiría apartada de las corrientes y movimientos de una situación social y aislada de los intereses de la comunidad. Se vería forzada a buscar placer y sentido dentro de las fronteras de su propia  personalidad, algo que nadie puede hacer completamente, ya que el placer depende de una relación armoniosa con el medio. Con estas identificaciones, el ego extiende las fronteras del sí-mismo, aumentando así las posibilidades de
experimentar placer y satisfacción.

Los problemas surgen cuando una persona se extiende demasiado, es decir cuando las identificaciones de su ego compensan una falta de autoidentificación. En una persona sana, el ego está cimentado en las sensaciones del cuerpo y
se identifica con el sí-mismo corporal. La autoexpresión existe entonces en la forma de vida creativa y sólo secundariamente a través de identificaciones del ego.
Cuando la identificación con el cuerpo es débil y tenue, la identidad de una persona es vaga y su autoexpresión en la vida creativa se reduce. Ese individuo, que está alienado de su sí-mismo corporal, debe buscar una identidad y medios de autoexpresión a través de las identificaciones del ego.

Esto se convierte en su principal modo de autoexpresión y, en este caso, es un mal sustituto del objeto real. Una inversión demasiado grande en identificaciones del
ego desvía energía del sí-mismo, que se agota más cuanto más se dilata el ego. Las satisfacciones del ego que se obtienen de estas inversiones no contribuyen al goce de la vida. Al igual que las ilusiones, otra función del ego disociado, pueden sostener el espíritu, pero no hacen nada por el cuerpo. He oído a muchas personas de éxito quejarse de que no han experimentado “auténtica satisfacción” con su aparente éxito.

Hay otro aspecto del rol del ego en la autoexpresión: la necesidad de reconocimiento. Todo acto consciente de autoexpresión parece incompleto mientras no provoque una respuesta de otros miembros de la comunidad. Si la
respuesta es favorable, la persona obtiene un grado adicional de satisfacción por el logro. Si es negativa, se reduce la satisfacción. Una acción creativa que pasa
inadvertida, generalmente le deja a la persona un sentimiento de frustración. Un escritor se decepciona si nadie lee su libro, un artista se siente desalentado si nadie reacciona ante sus pinturas, una cocinera es desdichada si su trabajo pasa inadvertido. Aparentemente, todos necesitamos algún reconocimiento de nuestra
individualidad. Sin este reconocimiento, es difícil mantener la propia identidad o sostener el sentido del sí-mismo.

Al tener un ego, somos conscientes de que somos individuos, pero también de que estamos aislados y solos. Así como queremos ser individuos, queremos también que se nos acepte como integrantes del grupo. El primer deseo se satisface a través de un acto de autoexpresión; el segundo, a través del reconocimiento dado al acto. Dado que ambos deseos fluyen a través del ego, su satisfacción conduce a satisfacciones para el ego. Podemos también distinguir un factor cuantitativo en este proceso. Un ego más fuerte está asociado a un mayor grado de individualidad, a una mayor necesidad de autoexpresión y a una necesidad más intensa de reconocimiento. Un ego más débil tiene un menor impulso hacia la autoexpresión y se contenta con menos reconocimiento.

El deseo de reconocimiento subyace al fenómeno del status. El grado de reconocimiento determina el propio status y el impulso hacia el status deriva de la necesidad de reconocimiento del ego. El status es un fenómeno que los seres humanos compartimos con muchos animales. La ley del más fuerte entre las aves del corral, el orden de alimentación en una jauría de caza, la prioridad en la  selección de parejas, generalmente están determinados por el status. Para las especies, el status sirve para asegurar la supervivencia del más apto. En cuanto al individuo, aumenta su sentido de la identidad y sostiene su ego. En la medida en que el ego se identifique con el cuerpo, como en el animal, el status refleja las dotes físicas del individuo.

Entre los seres humanos, sin embargo, muchos factores no relacionados con el cuerpo determinan la posición o status del individuo en la comunidad. La posición hereditaria, riqueza, forma de hablar, relaciones familiares, juegan importantes roles en la determinación del status. Cuando no es una verdadera indicación de las cualidades personales del individuo, actúa como fuerza disociadora, separando el
ego del cuerpo. El status moldea la imagen del ego. Cuanto más elevado sea el status, más grande será la imagen, ya que nos vemos a nosotros mismos sólo a través de los ojos de los demás.

Pero nos sentimos nosotros mismos desde dentro si estamos en contacto con nuestros cuerpos. No surge ninguna dificultad cuando la imagen corresponde a la realidad del cuerpo, es decir cuando la manera en que nos vemos a nosotros mismos se corresponde con lo que sentimos. La falta de correspondencia trastorna nuestro sentido de la identidad. Nos sentimos confundidos con respecto a quienes somos. La conciencia se siente tentada a identificarse con la imagen y a rechazar la realidad del cuerpo. Esta disociación del ego y el cuerpo conduce a una vida irreal. La persona se obsesiona con su imagen, se preocupa por su posición y se dedica a la lucha por el poder a fin de elevar su status. El placer y la creatividad se desvanecen en el fondo de su vida.

 EL ROL DEL EGO EN EL PLACER

 

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