Capítulo 5 (continuación)
EL ROL DEL EGO EN EL DOLOR
El ego actúa con imágenes y sus satisfacciones se derivan de la concreción de sus imágenes. Su realización promete felicidad. Un hombre muy trabajador puede soñar con una vida de ocio, una madre puede soñar con el futuro de sus hijos, un escritor puede soñar con la gran novela que escribirá, etcétera. Las imágenes forman parte de la vida de todo individuo. Las crea el flujo de sentimientos hacia arriba y hacia afuera, hacia el ego y hacia el mundo. Agrandan nuestra vista y expanden nuestro espíritu. Excitan el cuerpo y crean sensaciones de placer, de placer anticipado porque el verdadero placer espera la concreción de la imagen y la descarga de excitación que entonces se produce.
Todos los proyectos que iniciamos implican una imagen. El hombre de negocios que comienza una nueva actividad se ve a sí mismo viviéndola. El ama de casa que planifica una nueva decoración se imagina conviviendo con ella. Estas imágenes son excitantes porque la persona prevé que la vida será más agradable después de su concreción. Pero esto puede no ocurrir.
Si el ego está disociado del cuerpo no se produce el flujo de excitación hacia abajo. No hay descarga de excitación placentera. La liberación de excitación a través del movimiento coordinado y armonioso del cuerpo queda bloqueada por las tensiones musculares crónicas que representan impulsos negativos y hostiles reprimidos.
Ansiedades sexuales reprimidas le impiden encontrar su salida natural en el amor. Se ve perturbado por inseguridades latentes, derivadas de la temprana relación con su madre, que más tarde afectan la relación con la tierra y el suelo, prolongaciones simbólicas de la madre. La persona que no está bien cimentada, literal y figuradamente, teme “soltarse” o “liberarse”. Está, como decimos hoy, “colgada”. El resultado es la incapacidad de experimentar placer y el aumento de los estados de Tensión y dolor.
La excitación, imposibilitada de fluir hacia abajo, sobrecarga el ego y crea nuevas imágenes que deben concretarse antes de poder experimentar placer. Se inician nuevos proyectos, se realizan mayores esfuerzos, pero su efecto es sólo el aumento de la tensión y del dolor. Es fácil ver cómo se desarrolla una espiral autodestructiva. Debemos trepar más y más arriba en la escala social, cada uno de cuyos pasos produce una satisfacción momentánea del ego que pronto se desvanece en el descontento.
Debemos ganar más dinero, comprar una casa más grande, alcanzar una posición política más alta, escribir más libros, etcétera. Cada movimiento hacia arriba que no va seguido de su correspondiente flujo hacia abajo y de descarga de excitación sirve sólo para aumentar el dolor, que luego aumenta la disociación entre el ego y el cuerpo.
El ego disociado confunde la imagen con la realidad. Ve la imagen como fin y no como medio hacia un fin. Sus metas se vuelven compulsivas y se pierde el placer de vivir. Es tristemente cierto, como lo señalan los psicólogos, que somos personas orientadas hacia metas. Confundimos la meta con el placer y no vemos que la meta es una promesa de placer, no una garantía de él. Tendemos a considerar el logro de la meta como la recompensa en sí misma. En consecuencia, inevitablementese reemplaza una meta por otra, mientras que el placer se posterga indefinidamente. El progreso per se se transforma en el objetivo final y nuestras vidas quedan atadas a una tabla o gráfico estadístico.
EGOTISMO
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