LA ILUSIÓN DEL PODER (Cápítulo 4, conclusión)
La atracción del poder parece enorme especialmente para aquellos que se sienten privados de él. Las personas parecen dispuestas a luchar y morir por el poder; no pueden o no se comprometen de esta manera con el placer. ¿Cuál es la mística del poder?
Observemos el significado de poder. Hablando en general, el poder es la capacidad de manipular, controlar el medio. En este sentido, los animales ejercen algún poder, todos manipulan el medio para satisfacer sus necesidades. El castor construye un dique, la marmota excava un pozo y el pájaro construye su nido. El hombre es el manipulador más grande, pero mientras su poder se mantuvo como un poder personal no era diferente de los demás animales. Cuando el hombre cazaba con lanzas, o arcos y flechas, no se alteraba el equilibrio de la naturaleza. La situación cambió cuando el poder se convirtió en una fuerza impersonal que el hombre podía atar a su voluntad.
El crecimiento del poder es la historia de la civilización.
La civilización y el poder comenzaron con la domesticación de los animales y el desarrollo de los agricultores, es decir, con la producción de riqueza. El primer poder real estuvo en manos de un gobernante y radicaba en su control sobre las reservas de alimentos que estaban bajo su dominio. A través de este control podía ejercer el dominio sobre sus súbditos, que luego le prestarían sus energías para sus propósitos a cambio de la seguridad que él ofrecía. El poder creció gradualmente cuando el hombre aprendió a controlar las fuerzas naturales y a dirigir sus energías hacia sus fines.
Y aumentó más a medida que las tribus se convirtieron en estados y los estados se unieron para formar naciones. Creció más rápido cuando el hombre descubrió el motor a vapor y aprovechó la energía latente del carbón. Luego vinieron, en rápidos pasos, el motor de combustión interna, la electricidad y la energía nuclear.
La cantidad de poder que el hombre tiene a su disposición es escalofriante. A esta altura de su historia, creo que ha liberado un genio que podría fácilmente destruirlo si no comprende su modo de operar. Hay un viejo refrán según el cual el poder corrompe a una persona. Esto generalmente se ha aplicado a gobernantes o personas en posiciones de autoridad, ya que éstas eran las únicas que tenían poder en el pasado, pero el adagio es suficientemente amplio como para abarcar otros aspectos del poder. Cuando pensamos en los aspectos destructivos del poder, imaginamos los horrores de la guerra: napalm granadas y, últimamente, las armas nucleares. A pesar de lo atemorizante que resultan, me preocupan más los efectos insidiosos del poder sobre la personalidad humana.
El poder es la antítesis del placer. Guarda la misma relación con el placer que el ego con el cuerpo. El placer deriva del libre flujo de sentimientos o energía dentro del cuerpo y entre el cuerpo y su medio. El poder se desarrolla a través del bloqueo y control de la energía. Esto describe la distinción básica entre el individuo placer y el individuo poder. El poder se desarrolla a partir del control y actúa a través de él. No tiene otro motivo de actuar. El viento no tiene poder; es sólo una fuerza. Tiene energía. Es cuando controlamos la fuerza del viento haciendo que mueva un molino que generamos poder. De un modo similar, un río rápido no tiene poder. El poder surge cuando se canaliza y dirige la fuerza del agua en movimiento para mover las ruedas de una turbina.
El placer es la sensación de armonía entre el organismo y su medio. Este no es un concepto estático, ya que el medio constantemente cambia o es cambiado, brindando así oportunidades para nuevos y mayores placeres. El poder, en cambio, controla y disocia. Erige una pared entre el hombre y su medio natural. Lo protege pero también lo aísla. La persona que vive en un piso moderno en una ciudad, con calefacción en invierno y aire acondicionado en verano, y va a trabajar a una oficina similar, es como un animal en un zoológico o un pez en un acuario. Su supervivencia está asegurada y se le brindan comodidades, pero se le niegan la excitación y el placer del campo abierto, el estímulo de las estaciones cambiantes y la libertad del espacio ilimitado. Es un pobre pez que cambiaría la seguridad del acuario por la libertad y los peligros del mar y del río.
Al ganar poder sobre la naturaleza, el hombre se ha sometido a los mismos controles que le ha impuesto al medio. El peligro insidioso del poder es su efecto disociador sobre las relaciones humanas. La persona que detenta poder se vuelve una figura superior, mientras que la persona sometida al poder queda inversamente reducida a un objeto. El uso del poder niega la igualdad de los hombres y forzosamente lleva al conflicto y a la hostilidad. Esto sucede especialmente en las relaciones personales íntimas en un hogar. En el momento en que la cuestión del poder entra en la relación entre marido y mujer, la pareja tiene problemas. La persona más débil siempre se siente amenazada y se desarrolla una lucha secreta por el poder que corroerá los buenos sentimientos y el afecto que cada uno siente por el otro.
Pero es en la relación entre padres e hijos donde se hallan los efectos más dañinos del poder. Siempre se utiliza poder para controlar a un niño, supuestamente por su propio bien, pero en realidad por el bien de los padres. El efecto del poder, y todo castigo es un ejercicio de poder, niega la individualidad del niño, reprime su autoexpresión y le niega el derecho a disentir.
Con frecuencia, me consultan padres que se quejan de que sus hijos no tienen criterio y no saben lo que quieren. Un joven traído por sus padres no tenía capacidad de decisión. La historia que se descubrió fue la siguiente. De niño, el joven debía someter todos los deseos que tuviera a la opinión de sus padres y justificarlos con un buen motivo. Si quería algo, debía explicar por qué lo quería. Su deseo de placer no era suficientemente importante. En nombre de la racionalidad, sus padres usaban el poder para controlar sus acciones y el resultado era la represión de su lucha por el placer y, con ella, la del impulso creativo de su personalidad. He visto esta historia repetida en demasiados hogares.
Los padres ejercen el poder para controlar a sus hijos porque ellos fueron controlados del mismo modo en su juventud. Habiendo sido objetos de poder, ahora están decididos a ejercer poder, incluso sobre sus hijos, que es la manera más sencilla de ejercer el poder. El ejercicio del poder parece restablecer, en sus mentes, la idea de que son personas que tienen el derecho de efectuar demandas y expresarlas.
La teoría psicoanalítica nos ofrece alguna interpretación de cómo se desarrolla esta asociación. En el pensamiento psicoanalítico, está generalmente aceptado que el bebé llega al mundo con un sentido de omnipotencia. Este sentimiento deriva de su experiencia intrauterina, donde sus necesidades se satisfacían automáticamente. El sentimiento de omnipotencia se fortalece más con el amamantamiento. La joven conciencia del niño ve el mundo en función del seno. Si lo tiene a su disposición, siente que posee el mundo. Más tarde se dará cuenta de que hay otro seno, que acariciará con sus manos mientras se alimenta con el primero. A esta altura literalmente tiene el mundo en sus manos. Su conciencia en expansión lo hará percibir gradualmente a su madre. El cuerpo de ella, que él al principio percibe como prolongación del suyo, se transforma en un objeto independiente. Pero mientras su madre responda plenamente a sus demandas teniéndolo en sus brazos y amamantándolo, todavía se sentirá omnipotente en cuanto a su capacidad de regir este mundo más grande.
En una sana relación madre-hijo, el placer que el niño experimenta en el pecho es compartido por ella. Ella también disfruta de la experiencia. Y cuando los ojos del bebé se encuentran con los de su madre, el sentimiento que fluye entre ellos puede definirse como de alegría y de placer. Ningún otro contacto entre madre e hijo puede ser tan íntimo o tan satisfactorio como el amamantamiento.
Cuando el niño crezca, necesariamente será apartado del pecho materno. El destete puede ser o no una experiencia traumática, pero es tan inevitable como el trauma del nacimiento. El niño ingresa entonces en un mundo nuevo en el que lentamente reconoce que ya no es omnipotente, que hay otros individuos con necesidades que deben satisfacerse y que se hace necesaria la cooperación mutua. En la medida en que el amamantamiento haya satisfecho sus necesidades orales, aceptará este nuevo mundo con sus diferentes condiciones y sus expectativas de placeres diferentes.
El niño que no está satisfecho de esta manera es un niño desgraciado. Está emocionalmente desprovisto del placer, que es el derecho de todo niño, y está psíquicamente desprovisto del sentimiento de importancia y omnipotencia. La privación disminuye si la madre sostiene al bebé y le brinda una atención cariñosa, pero en cualquier caso la pérdida del placer en el pecho es una privación.
Puede afirmarse que hablo demasiado del amamantamiento. Se sostuvo que Freud y Reich le daban excesiva importancia al sexo. Pero el amamantamiento y el sexo son las expresiones primarias de nuestra naturaleza de mamíferos. Rechazarlos es negar nuestra herencia animal y esto constituye una negación del cuerpo. He visto las ventajas del amamantamiento en mi propio hijo y en los hijos de algunas de mis pacientes. No puedo sostener que resuelve todos los problemas. Afirmaré categóricamente que el niño satisfecho causa menos problemas que el niño desgraciado.
Cada vez que un niño se sienta desprovisto de placer, luchará por obtenerlo. Esto fácilmente puede originar un conflicto con los padres. El asunto rápidamente se transforma en un problema de poder. Los padres, sintiendo que se está desafiando su derecho de controlar la situación, no dudan en utilizar su poder superior para forzar su voluntad. Pueden recurrir al castigo o al uso de la amenaza de negarle su amor para lograr la sumisión del niño. Cuando esto sucede, ya se ha esbozado una lucha por el poder entre padres e hijos que continúa intermitentemente durante muchos años, en los cuales los niños son siempre los perdedores porque dependen de sus padres. Finalmente, los padres también serán perdedores. Perderán el profundo afecto y amor que sólo se desarrollan compartiendo el placer y la alegría. Cuando crecen en estos hogares, los niños esperan el día en que tendrán poder para hacer lo que deseen.
La imagen del éxito es una satisfacción ilusoria de la privación infantil del seno. La persona que busca el poder y lucha por el éxito tiene una fijación a nivel infantil. Su sueño es que cuando alcance el poder, o tenga éxito, pueda echarse y hacer que los demás satisfagan sus deseos. Tendrá el poder de regir su medio para satisfacer sus necesidades. Podrá darse los gustos como no podía hacerlo cuando era joven. Su objetivo es regresivo, y cuando cumpla la meta, ésta resultará una decepción amarga. Habiendo obtenido el reconocimiento y el poder, su fantasía inconsciente es recurrir a su madre para satisfacerse. Pero es demasiado tarde. La leche ha desaparecido de los senos y el impulso de succión se ha congelado en su boca dura.
Dado que el poder es la antítesis del placer, puede aumentar la experiencia de placer. Para hacerlo deberá estar en una relación creativa con el placer. A través del poder podemos hacer más bello nuestro alrededor, podemos realizar más fácilmente muchas de las tareas de la vida y podemos ampliar nuestros contactos con el universo. El poder amplía y ensancha el ego del hombre. Esto puede ser un desarrollo positivo si el ego sigue identificándose con el cuerpo y orientándose hacia la expresión y satisfacción de sus instintos animales. En consecuencia, no estoy abogando por un retorno a la naturaleza. Probablemente no podríamos renunciar, y de hecho no renunciaríamos, al poder. Puede ser constructivo así como destructivo. Las personas que ejercen el poder constructivamente, sin embargo, son aquellas que han sido satisfechas en su infancia y saben cómo disfrutar de la vida.
El poder conlleva la enorme responsabilidad de no abusar de él en beneficio del ego. En nuestra ambición, podríamos fácilmente destruir la belleza de la Tierra. No estamos muy lejos dehacerlo ahora. Cuando el poder cae en manos de una persona insatisfecha, la situación es peligrosa. Ya sea que él poder implique dinero, un automóvil de gran potencia o un rifle, el riesgo para el bienestar humano es grande. La persona insatisfecha adora el poder; sus nuevos ídolos son personificaciones del poder: James Bond, Superman, etcétera. ¿Qué son éstas sino las fantasías que fluyen por la mente de una persona insatisfecha?
Las raíces del placer deben, en proporción con el crecimiento del poder, hundirse más profunda y firmemente en la tierra. En esta dirección va nuestra esperanza
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