LIBERAR LA TENSIÓN MUSCULAR
Toda contracción muscular crónica es una restricción de la libertad de movimiento y expresión del individuo. Es, en consecuencia, una limitación de la capacidad de sentir placer.
El objetivo de la terapia bioenergética es, entonces, restablecer la motilidad natural del cuerpo. La motilidad designa los movimientos espontáneos o involuntarios del cuerpo, sobre los cuales se superponen los grandes movimientos conscientes. La motilidad de una persona se refleja en la vitalidad de su expresión facial, en la calidad de sus gestos, en su espectro de respuestas emocionales. La motilidad del cuerpo es la base de toda espontaneidad, que es el ingrediente esencial del placer y de la creatividad. La espontaneidad es una expresión del niño que hay en nuestro interior y su pérdida indica que una persona está aislada del niño y separada de su niñez.
La terapia bioenergética comienza con la respiración, ya que ésta suministra la energía para el movimiento. Más aún, la restricción de la respiración impone un freno a la motilidad del cuerpo. Las ondas respiratorias asociadas con los movimientos de la respiración son las ondas pulsátiles básicas del cuerpo. Al pasar por el cuerpo, estas ondas activan todo el sistema muscular. Su libertad de movimiento garantiza la espontaneidad de los sentimientos y de la expresión. Esto significa que mientras la respiración sea completa y profunda, no habrá bloqueos al flujo de sentimientos. La respiración induce al movimiento, que es el vehículo para la expresión de la sensibilidad.
En todas las personas, la intensificación de la respiración crea vibraciones en el cuerpo. Estas comienzan en las piernas y, si son lo suficientemente fuertes, pueden expandirse a todo el cuerpo. Las vibraciones pueden realmente ser tan fuertes que la persona siente que va a “caerse a pedazos”. El temor a caerse a pedazos es la contrapartida física del temor a soltar las defensas del ego y a ser realmente uno mismo. Nadie se cae realmente a pedazos, ni las defensas del ego se desmoronan completamente, aunque sean sacudidas por la experiencia.
A través de estas vibraciones en el cuerpo una persona sehace consciente de las poderosas fuerzas de su personalidad que están inmovilizadas por las tensiones musculares crónicas. Y también experimenta cómo la liberación de estas fuerzas la hace sentirse más viva y contribuye a su placer.
Una personalidad sana es una personalidad vibrante. Un cuerpo sano es un cuerpo pulsátil y vibrante. En el estado de buena salud, las vibraciones del cuerpo son relativamente sutiles y continuas, como el zumbido de un automóvil que marcha suavemente. Cuando el motor de un coche se detiene, lo advertimos por la ausencia de vibración. De igual modo, se puede decir que las personas cuyos cuerpos no vibran están emocionalmente muertas.
Por el contrario, un cuerpo que se sacude muy violentamente es como un automóvil con las bujías descompuestas, con las válvulas corroídas o con la dirección sin lubricar. Cuando en un automóvil se corrigen estas fallas, la vibración se convierte en un ronroneo. El ronroneo es el sonido de un automóvil que marcha suavemente. Es también la sensibilidad de un cuerpo que funciona fluidamente, un cuerpo que se mueve con la facilidad y la gracia de un animal
Los “fallos” en un cuerpo humano son las tensiones musculares crónicas. Evolucionan como inhibiciones de impulsos y no se los puede resolver definitivamente salvo mediante la liberación del movimiento inhibido. Pero antes de que esto suceda, se debe ser consciente de ellos y cargarlos de sensibilidad. Esto es lo que logran las vibraciones. El músculo con tensión crónica es un músculo contraído que debe ser estirado para activar su potencial de movimiento. Al estirar un músculo contraído, que es un tejido elástico, el músculo comienza a vibrar. Esto puede variar desde una sutil fibrilación hasta una fuerte sacudida, según el grado de tensión y de estiramiento. Sea cual fuere su carácter, la vibración sirve para liberar la espasticidad crónica de los músculos. Con frecuencia, se dice que algunas personas necesitan una buena sacudida. Esto es lo que el cuerpo intenta hacer a través de sus vibraciones involuntarias y espasmos: sacudir a la persona para liberarla de sus patrones de movimientos fijos y rígidos.
Además de los movimientos vibratorios involuntarios, que son el fundamento del trabajo bioenergético con el cuerpo, se utilizan varios movimientos expresivos para movilizar y liberar impulsos y sentimientos reprimidos. Estos movimientos comienzan conscientemente y se realizan voluntariamente, pero con frecuencia pueden volverse involuntarios cuando una descarga emocional provoca el movimiento.
Confiar en uno mismo es ser consciente de que se puede expresar plena y libremente en cualquier situación con movimientos apropiados y armoniosos.
Puede parecer sorprendente que la espontaneidad y el autocontrol sean, a pesar de su aparente contradicción, las dos facetas de la motilidad natural. El autocontrol implica serenidad, que es el tributo de una persona que está en contacto con sus sentimientos y tiene el control de sus movimientos. Tiene autocontrol porque puede elegir cómo expresarse, ya que su motilidad no está limitada o constreñida por tensiones musculares crónicas. En esto se diferencia del individuo controlado, la personalidad compulsiva, cuyo comportamiento está dictado por sus tensiones, y de la persona impulsiva, cuyo comportamiento es la reacción a sus tensiones. En la terapia bioenergética hay una experiencia común que consiste en que cuanto más libres se vuelven los movimientos de la persona, más autocontrol logra.
La gracia es la cualidad del individuo cuyo cuerpo está libre de tensión crónica. Sus movimientos son graciosos porque son espontáneos aunque completamente coordinados y efectivos. Dado que la espontaneidad es un elemento esencial de la gracia, la verdadera gracia no puede alcanzarse con la práctica.
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