Capítulo 3 La Biología del Placer (continuación)
Los individuos varían en cuanto a su capacidad de excitarse y de contener la excitación. Algunas personas son displicentes, muy serias y cerradas. Nada parece excitarlas. Otras son sobreexcitables, hipersensibles, inquietas e hiperactivas. No pueden contener la excitación y se entregan a todos los impulsos. Estas diferencias pueden estar relacionadas con los patrones de tensión muscular del cuerpo que determinan la estructura del carácter de una persona.
El cuerpo vivo tiene motilidad intrínseca, porque es un sistema cerrado que contiene una carga o excitación interna. Está en constante movimiento, despierto o dormido. El corazón late, la sangre fluye, los pulmones se expanden y contraen, la digestión es continua, etcétera. Se mueve independientemente por el espacio. En otras palabras, está vivo. Cuando pierde su motilidad intrínseca, está muerto.
En los organismos superiores, especialmente en el hombre, los movimientos del cuerpo se dividen en dos clases: los movimientos voluntarios, que se realizan conscientemente y están dirigidos por el ego, y los movimientos involuntarios, de los cuales una persona puede ser o no consciente. Sin embargo, la diferencia entre estas dos clases de movimientos no es drástica. Todos los movimientos voluntarios se superponen con movimientos involuntarios subyacentes. La decisión de caminar,por ejemplo, se toma conscientemente; los movimientos específicos que intervienen al caminar son en su mayoría involuntarios e inconscientes. Si nuestras respuestas a los estímulos o situaciones contienen un gran componente inconsciente o involuntario las definimos como espontáneas. La persona sana se caracteriza por su alto grado de motilidad y espontaneidad. La motilidad y la espontaneidad disminuyen en los estados depresivos.
Estas consideraciones muestran la conexión directa entre el proceso progresivo de la vida y el placer. Vida (proceso de energía)- excitación- movimiento- placer. Estas conexiones son directamente visibles en un niño, que literalmente salta de alegría cuando está excitado. En un estado de excitación no nos podemos quedar sentados. Nos sentimos movidos a bailar, correr o cantar. La experiencia de sentirnos movidos desde dentro, en contraposición a la acción deliberada del movimiento, es la base de toda sensibilidad.
EL ESPECTRO PLACER-DOLOR
Las sensaciones de placer y dolor reflejan el carácter de los movimientos involuntarios del cuerpo. Estos, a su vez, expresan el tipo y grado de la excitación interna. Existen estados de excitación dolorosos y placenteros. Cada estado se manifiesta en determinados movimientos involuntarios que permiten que el observador los distinga.
Subjetivamente, lo que se experimenta en el placer o en el dolor es el carácter de la motilidad del cuerpo. Esto es lo que se entiende por funcionamiento fluido o distorsionado de la maquinaria física. La hipótesis subyacente a éste concepto es que se puede sentir sólo lo que se mueve. Una sensación es una percepción sensorial de un movimiento interno.
El análisis de los movimientos que subyacen a las diferentes sensaciones en el espectro placer-dolor aclarará más este concepto. Este espectro se muestra a continuación. Va desde la agonía como extremo del dolor hasta el éxtasis como extremo del placer. El punto medio del espectro, “bienestar”, representa el estado normal del funcionamiento corporal.
Agonía-Dolor-Angustia-Bienestar-Placer-Alegría-Éxtasis
a. La agonía es el estado doloroso que excede la tolerancia del organismo. En la agonía, el cuerpo se tuerce y retuerce en una serie de movimientos convulsivos. La agonía final de la muerte es una convulsión de este tipo.
b. El dolor, a diferencia de la agonía, implica que el trastorno no ha excedido la tolerancia del cuerpo. En la agonía, la integridad del organismo está en peligro; en el dolor está sólo amenazada. El dolor se expresa en movimientos de contorsión y sacudida menos convulsivos que los de la agonía. Sin embargo, la diferencia está sólo en el grado.
c. La angustia es una forma más leve de agitación dolorosa. El cuerpo se contorsiona o retuerce de angustia, pero sus movimientos no son tan espasmódicos como los de los estados anteriores.
d. El “bienestar” representa un estado de serenidad y relajación del cuerpo, que se manifiesta con movimientos tranquilos y armoniosos. Este es el estado de placer básico expresado en la frase “Me siento bien”.
e. A medida que la excitación crece en el espectro hacia el placer, los movimientos del cuerpo se vuelven más intensos y rápidos, manteniendo, sin embargo, su coordinación y ritmo. En el placer, la persona se siente suave, vibrante y animada; sus ojos brillan y su piel está tibia. Puede decirse que su cuerpo ronronea de placer.
f. La alegría es la excitación placentera en la que el cuerpo parece bailar. Sus movimientos son vivaces y armoniosos.
g. En el éxtasis, la forma más elevada de excitación placentera, las corrientes del cuerpo son tan fuertes que la persona está “iluminada” como una estrella. Se siente transportada (de la Tierra al Cosmos). Se experimenta éxtasis en el orgasmo sexual pleno, en el cual los movimientos adquieren también un carácter convulsivo pero están unificados y son rítmicos.
La diferencia entre los movimientos de ambos extremos del espectro radica en la presencia o ausencia de coordinación y ritmo. En todos los estados dolorosos los movimientos del cuerpo son descoordinados y espasmódicos; en el placer los movimientos son suaves y rítmicos. El movimiento es el lenguaje del cuerpo. Por la calidad de sus movimientos puede determinarse cómo se siente una persona. Las madres pueden determinar, por la expresión y los movimientos del cuerpo del niño, si éste se halla en estado de angustia o si está cómodo y experimenta placer. La razón lógica de las diferencias marcadas más arriba es que la persona lucha para deshacerse del dolor, mientras que fluye hacia el placer.