lunes, 15 de septiembre de 2025

 La Experiencia del Placer, parte 7

CAPITULO 2

El placer de estar plenamente vivo

RESPIRACIÓN, MOVIMIENTO Y SENSIBILIDAD

Todos hemos experimentado alguna vez en nuestra vida el mero placer que acompaña a la recuperación de una enfermedad o de un accidente. El primer día en el que se restablece la salud normal, sentimos con intenso deleite la alegría de estar vivos. ¡Qué vivificante es respirar profundo! ¡Qué excitante es moverse cómoda y libremente! La pérdida de la salud hace que una persona sea consciente de su cuerpo y de la importancia de la buena salud.

Desafortunadamente, esta conciencia se pierde rápidamente y el bello sentimiento que la acompañó se desvanece pronto. Cuando la persona reanuda sus  actividades queda sometida a impulsos que la disocian de su cuerpo. Se preocupa por hechos y objetos del mundo exterior y rápidamente olvida la revelación de que el placer es la percepción de estar plenamente vivo en el aquí y en el ahora, lo cual significa estar plenamente vivo en el sentido corporal.

Habiéndose disociado de su cuerpo, ya no piensa en términos corporales. Ignora la simple verdad de que para estar vivo hay que respirar y que cuanto mejor respire, más vivo estará. Ocasionalmente puede darse cuenta de que su respiración está restringida y a veces, especialmente bajo el efecto del estrés, puede descubrir que está conteniendo el aliento, pero no le presta atención. Incluso puede recordar con una sonrisa de resignación que su agitado ritmo de vida no le deja tiempo para respirar. Sin embargo, cuando envejece descubre con tristeza que ésta, como otras  funciones del cuerpo, se deteriora si no se la utiliza apropiadamente. Cuando se dificulta la respiración, la persona daría cualquier cosa por poder respirar fácilmente.

Ahora sabe que respirar es una cuestión de vida o muerte o, para decirlo afirmativamente, la vida es una cuestión de respiración.

Otra verdad que deberá ser evidente es que la personalidad de un individuo se expresa tanto a través del cuerpo como a través de la mente. No puede dividirse a una persona en cuerpo y mente. A pesar de esta verdad, todos los estudios de personalidad se han concentrado en la mente, dejando relativamente de lado el cuerpo. 

El cuerpo de una persona nos dice mucho sobre su personalidad. Cómo se sostiene en pie, su mirada, su tono de voz, la posición de su mandíbula, de sus hombros, la comodidad de sus movimientos y la espontaneidad de sus gestos nos dicen no sólo quién es sino también si está disfrutando de la vida o si se siente desdichada o incómoda. Podemos cerrar los ojos a estas expresiones de la personalidad de otra persona tal como ella misma podría cerrar su mente al conocimiento de su cuerpo; pero las personas que lo hacen se engañan con una imagen que no guarda ninguna relación con la realidad de su existencia. La verdad del cuerpo de una persona puede ser dolorosa, pero al bloquear este dolor se cierra la puerta a la posibilidad de sentir placer.

Una persona comienza una terapia porque no disfruta de la vida. En el primer plano o en el fondo de su mente es consciente de que su capacidad de sentir placer ha disminuido o se ha perdido. Puede quejarse de tener depresión, ansiedad, sensación de inadaptación, etcétera, pero éstos son los síntomas de un trastorno más profundo: la incapacidad de disfrutar de la vida. En todo caso, puede  demostrarse que esta incapacidad tiene origen en el hecho de que el paciente no está plenamente vivo en cuerpo y mente. Este problema no puede resolverse totalmente mediante un enfoque puramente mental. Se debe afrontar a la vez en los niveles físico y psíquico. Sólo cuando una persona se siente plenamente viva se restablece su capacidad de sentir placer.

Los principios y prácticas de la terapia bioenergética se basan en la identidad funcional de la mente y el cuerpo. Esto significa que todo cambio real en el pensamiento de una persona, y por lo tanto en su conducta y sentimientos, está condicionado a un cambio en el funcionamiento del cuerpo. Las dos funciones más importantes a este respecto son la respiración y el movimiento. En las personas que tienen un conflicto emocional, ambas funciones son perturbadas por tensiones musculares crónicas que constituyen la contrapartida física de los conflictos   psíquicos. A través de estas tensiones musculares, los conflictos se estructuran en el cuerpo. Cuando esto sucede, los conflictos no pueden resolverse hasta que no se liberen las tensiones. Para liberarlas, la persona debe sentirlas como una limitación de su autoexpresión. No es suficiente ser consciente del dolor. Y la mayoría de las personas ni siquiera lo son. Cuando una tensión muscular se vuelve crónica, se la elimina de la conciencia y la persona deja de darse cuenta de la tensión.

La sensibilidad está determinada por la respiración y el movimiento. Un organismo siente sólo lo que se mueve dentro de su cuerpo. Por ejemplo, cuando un brazo está inmovilizado durante un tiempo, se entumece y pierde la sensibilidad. Para recuperarla debe restablecerse la motilidad. La motilidad de todo el cuerpo se reduce cuando se restringe la respiración. En consecuencia, contener el aliento es la manera más efectiva de cortar la sensibilidad.

Este principio se da también a la inversa. Así como las emociones fuertes estimulan y profundizan la respiración, la estimulación y la profundización de la respiración pueden causar emociones fuertes. La muerte se produce cuando se detiene la respiración, cesa el movimiento y se pierde la sensibilidad. Estar plenamente vivo es respirar profundamente, moverse libremente y sentir plenamente. No podemos ignorar estas verdades si valoramos la vida y el placer.



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