PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO
Generalmente se considera el pensamiento como opuesto al sentimiento. Se contrasta a la persona pensante con la impulsiva, es decir, el individuo que actúa según sus sentimientos sin pensar. “Detente a pensar” es la orden de la razón. Tal vez parezca una contradicción, en consecuencia, decir que lo que se siente está íntimamente vinculado a lo que se piensa. Sin embargo, si analizamos nuestros procesos de pensamiento, nos sorprenderá saber cuánto se relaciona nuestro pensamiento con nuestros sentimientos, cuántos de nuestros pensamientos tienen una base emocional.
La mayoría de nuestros pensamientos comunes son subjetivos. Necesitamos un esfuerzo de la voluntad para ser objetivos en nuestros procesos de pensamiento. El pensamiento juega un rol dual con respecto al sentimiento. Cuando una persona intenta pensar objetivamente, el pensamiento se opone al sentimiento. En otras ocasiones, el pensamiento es subjetivo y está altamente influido por los sentimientos. En el pensamiento subjetivo, la línea de pensamiento corre paralela al sentimiento. En el pensamiento objetivo, corre en dirección contraria al sentimiento, es decir, miramos al sentimiento en forma crítica. Este rol dual del pensamiento en relación con el sentimiento sugiere que existe una relación dialéctica entre estos dos procesos. Se puede ver que tienen un origen común en el inconsciente pero se desvían y se vuelven antitéticos en el nivel de la conciencia.
La identidad funcional del pensamiento y el sentimiento deriva de su origen común en el movimiento del cuerpo. Todos los movimientos del cuerpo que percibe la conciencia dan origen a un pensamiento y a un sentimiento. La conciencia del sentimiento ocurre en un lugar del cerebro diferente de aquel donde se forma un pensamiento.
Los centros del sentimiento, del placer o del dolor y las diferentes emociones están localizados en el cerebro medio y en el hipotálamo. Cuando los impulsos nerviosos, enviados por movimientos del cuerpo, alcanzan estos centros, la persona se hace consciente de los sentimientos. El impulso no se detiene en estos centros inferiores, sin embargo, sino que avanza por otros nervios hacia los hemisferios cerebrales, dónde tienen lugar la formación de la imagen y el pensamiento simbólico. Debido a que los hemisferios cerebrales son las porciones más nuevas y avanzadas del cerebro, se Justifica que consideremos que el proceso de pensamiento representa un nivel superior de conciencia.
Esto explicaría por qué podemos pensar en nuestros sentimientos pero no sentir nuestros pensamientos. Sin embargo, dado que la percepción es una función de la conciencia en general, en la medida en que seamos conscientes y nos movamos tendremos sentimientos y pensamientos.
El concepto según el cual los movimientos del cuerpo dan origen a sentimientos y pensamientos se opone al pensamiento corriente. Estamos acostumbrados a ver el movimiento como una consecuencia del pensamiento y del sentimiento y no a la inversa. Esto se debe a que vemos todos los hechos personales a través del ego, que ocupa una posición en la cima de la pirámide jerárquica de las funciones de la personalidad. Visto desde abajo, el movimiento no sólo precede sino que sirve de fundamento a nuestros sentimientos y pensamientos. Estos movimientos informativos son los movimientos corporales involuntarios.
Si no hay movimiento, la sensación desaparece. Si una persona no mueve el brazo durante un tiempo prolongado, éste se entumece y la persona no lo siente. Decimos que se duerme. Aun cuando conscientemente podamos moverlo, no lo sentimos. Sin embargo, al reactivarse la circulación, se restablece la sensibilidad. Este fenómeno se observa también en los estados esquizofrénicos, en los que puede haber pérdida de sensibilidad en todo el cuerpo. El paciente puede quejarse de que su cuerpo está muerto. Este síntoma, denominado despersonalización, puede superarse estimulando la respiración y el movimiento y restituyendo la conexión entre pensamiento y sentimiento.
Muchos autores han señalado la relación entre pensamiento y sentimiento. Sandor Ferenczi señaló que la actividad muscular es una ayuda para el pensamiento. Caminamos por una habitación cuando estamos tratando de resolver un problema. Silvano Arieti analiza el desarrollo del pensamiento desde, una representación interna simple de los movimientos y respuestas motrices a los conceptos complejos de la filosofía y de la ciencia. Se ha dicho que todo pensamiento es una acción incipiente y que nos permite ensayar la acción en nuestras mentes antes de embarcarnos en su realización. En esto, el pensamiento se diferencia del sentimiento, que impulsa a la persona a actuar inmediatamente.
Si el pensamiento deriva del movimiento, se sigue que la mayor capacidad de pensamiento del hombre proviene en última instancia de la mayor variedad de movimientos que es capaz de realizar. Para coordinar una mayor variedad de movimientos se necesita un mecanismo neuronal más complejo. En esta conexión es significativo que en el área motora del cerebro haya más espacio y más neuronas asignadas a los movimientos de la mano que a los de otras partes del cuerpo. Esto refleja los intrincados y complejos movimientos que la mano humana es capaz de realizar. Esta relación entre movimiento y pensamiento puede explicar por qué se dice que las personas retardadas mentales realizan movimientos descoordinados y torpes. Puede explicarse por el hecho de que los niños que sufren daños cerebrales no pueden desarrollar la coordinación motriz ni las destrezas de una persona sana. Pero se ha demostrado con claridad que, aun cuando haya daño cerebral, cualquier mejora significativa que pueda producirse en la coordinación motriz mediante ejercicios mejora el pensamiento general del niño.
La capacidad superior de pensamiento del hombre, comparada con la de otros animales, es también una función de su elevada conciencia. El hombre es más consciente de sí mismo y más consciente de su medio que cualquier otro animal. Si bien la totalidad del fenómeno de la conciencia es aún un misterio, la elevada conciencia del hombre no puede ser un desarrollo aislado. Se corresponde con una elevada sexualidad, en el otro extremo del cuerpo.
El hombre tiene deseo sexual con más frecuencia, sensaciones sexuales más fuertes y una capacidad de respuesta sexual mayor que la de cualquier otro animal. Tiene, en otras palabras, más energía sexual, pero dado que no hay una energía sexual específica, la conclusión de esto es que tiene más energía tanto para su sexualidad como para su conciencia.
SUBJETIVIDAD Y OBJETIVIDAD
El pensamiento objetivo busca definir las relaciones causales en términos de las acciones y no de los sentimientos, ya que las acciones son hechos públicos, visibles, mientras que los sentimientos son hechos privados e internos. Los sentimientos no pueden verificarse objetivamente y en consecuencia no tienen cabida en el pensamiento objetivo. La pregunta que surge es la siguiente: ¿Puede el pensamiento divorciarse completamente del sentimiento? De hecho, cuando se analiza su naturaleza, el pensamiento objetivo, es decir, el pensamiento no emocional, parece más contradictorio que el pensamiento emocional o pensamiento subjetivo. Si la mente está completamente divorciada del aspecto sensitivo del ser, se transforma en un ordenador que funciona sólo sobre la base de la información que se le suministra. Esto es pensamiento programado. En contadas situaciones, la mente humana puede funcionar de esta manera.
El pensamiento de un estudiante mientras realiza un problema de geometría se asemeja a las operaciones de un ordenador. El estudiante intenta tener a mano toda la información que ha adquirido sobre la geometría para la solución del problema. Si esta información es inadecuada, no puede resolver el problema, ya que ni sus sentimientos ni su experiencia personal le pueden servir de ayuda.
Mientras una persona esté viva, su cuerpo enviará impulsos a su cerebro, informando de sus actividades a ese órgano y produciendo sensaciones, sentimientos y pensamientos. Aun en medio de nuestras reflexiones más abstractas, nuestras mentes no están libres de la intrusión de consideraciones personales. Somos conscientes de que nos sentimos irritados, frustrados, excitados o relajados.
Estas intrusiones dificultan la tarea del pensamiento objetivo y con frecuencia se necesita un considerable esfuerzo de la voluntad para mantener la atención concentrada en un problema personal. Las intrusiones son mínimas cuando el cuerpo se halla en un estado de placer y el problema plantea un desafío creativo. En estas condiciones, la mente tiene menos tendencia a divagar.Pero tales condiciones son poco frecuentes en una cultura o sistema educativo que niega el rol del placer en el proceso creativo.
Cuando el individuo tiene que luchar contra sentimientos dolorosos que invaden su conciencia, el pensamiento objetivo se convierte en una cuestión de autodisciplina. Los sentimientos dolorosos siempre producen mayores trastornos que los placenteros, ya que el dolor se interpreta como una señal de peligro. Para pensar objetivamente cuando el cuerpo se halla en estado de dolor, o de falta de placer, se debe apaciguar el cuerpo para reducirla sensación de dolor. Este “apaciguamiento” disociala mente del cuerpo y toma el pensamiento mecánico o computarizado. El pensamiento creativo, que depende del libre flujo de las ideas inconscientes, actúa sólo cuando el cuerpo está más vivo y libre de cargas. No podemos evadir la conclusión de que la calidad del pensamiento, y probablemente también su contenido, no puede estar completamente divorciada del tono emocional del cuerpo.
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