martes, 13 de enero de 2026

La Experiencia del Placer, parte 26

 

PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO 

Generalmente se considera el pensamiento como opuesto al sentimiento. Se contrasta a la persona pensante con la impulsiva, es decir, el individuo que actúa según sus sentimientos sin pensar. “Detente a pensar” es la orden de la razón. Tal vez  parezca una contradicción, en consecuencia, decir que lo que se siente está íntimamente vinculado a lo que se piensa. Sin embargo, si analizamos nuestros procesos de pensamiento, nos sorprenderá saber cuánto se relaciona nuestro pensamiento con nuestros sentimientos, cuántos de nuestros pensamientos tienen una base emocional.

 La mayoría de nuestros pensamientos comunes son subjetivos. Necesitamos un esfuerzo de la voluntad para ser objetivos en nuestros procesos de  pensamiento.  El pensamiento juega un rol dual con respecto al sentimiento. Cuando una persona intenta pensar objetivamente, el pensamiento se opone al sentimiento. En otras ocasiones, el pensamiento es subjetivo y está  altamente influido por los sentimientos. En el pensamiento subjetivo, la línea de pensamiento corre paralela al sentimiento. En el pensamiento objetivo, corre en dirección contraria al sentimiento, es decir, miramos al sentimiento en forma crítica. Este rol dual del pensamiento en relación con el sentimiento sugiere que existe una relación dialéctica entre estos dos procesos. Se puede ver que tienen un origen  común en el inconsciente pero se desvían y se vuelven antitéticos en el nivel de la conciencia.

La identidad funcional del pensamiento y el sentimiento deriva de su origen común en el movimiento del cuerpo. Todos los movimientos del cuerpo que percibe la conciencia dan origen a un pensamiento y a un sentimiento. La conciencia del sentimiento ocurre en un lugar del cerebro diferente de aquel donde se forma un pensamiento.

Los centros del sentimiento, del placer o del dolor y las diferentes emociones están localizados en el cerebro medio y en el hipotálamo. Cuando los impulsos nerviosos, enviados por movimientos del cuerpo, alcanzan estos centros, la persona se hace consciente de los sentimientos. El impulso no se detiene en estos centros inferiores, sin embargo, sino que avanza por otros nervios hacia los hemisferios  cerebrales, dónde tienen lugar la formación de la imagen y el pensamiento simbólico. Debido a que los hemisferios cerebrales son las porciones más nuevas y avanzadas del cerebro, se Justifica que consideremos que el proceso de  pensamiento representa un nivel superior de conciencia.

Esto explicaría por qué podemos pensar en nuestros sentimientos pero no sentir nuestros pensamientos. Sin embargo, dado que la percepción es una función de la  conciencia en general, en la medida en que seamos conscientes y nos movamos tendremos sentimientos y pensamientos.

El concepto según el cual los movimientos del cuerpo dan origen a sentimientos y pensamientos se opone al pensamiento corriente. Estamos acostumbrados a ver el movimiento como una consecuencia del pensamiento y del sentimiento y no a la inversa. Esto se debe a que vemos todos los hechos personales a través del ego, que ocupa una posición en la cima de la pirámide jerárquica de las funciones de la personalidad. Visto desde abajo, el movimiento no sólo precede sino que sirve de fundamento a nuestros sentimientos y pensamientos. Estos movimientos  informativos son los movimientos corporales involuntarios.

Si no hay movimiento, la sensación desaparece. Si una persona no mueve el brazo durante un tiempo prolongado, éste se entumece y la persona no lo siente. Decimos que se duerme. Aun cuando conscientemente podamos moverlo, no lo sentimos. Sin embargo, al reactivarse la circulación, se restablece la sensibilidad. Este fenómeno se observa también en los estados esquizofrénicos, en los que puede haber pérdida de sensibilidad en todo el cuerpo. El paciente puede quejarse de que su cuerpo está muerto. Este síntoma, denominado despersonalización, puede superarse estimulando la respiración y el movimiento y restituyendo la  conexión entre pensamiento y sentimiento.

Muchos autores han señalado la relación entre pensamiento y sentimiento. Sandor Ferenczi señaló que la actividad muscular es una ayuda para el pensamiento.  Caminamos por una habitación cuando estamos tratando de resolver un problema. Silvano Arieti analiza el desarrollo del pensamiento desde, una representación interna simple de los movimientos y respuestas motrices a los  conceptos complejos de la filosofía y de la ciencia. Se ha dicho que todo pensamiento es una acción incipiente y que nos permite ensayar la acción en nuestras mentes antes de  embarcarnos en su realización. En esto, el pensamiento se diferencia del sentimiento, que impulsa a la persona a actuar inmediatamente.

Si el pensamiento deriva del movimiento, se sigue que la mayor capacidad de pensamiento del hombre proviene en última instancia de la mayor variedad de movimientos que es capaz de realizar. Para coordinar una mayor variedad de  movimientos se necesita un mecanismo neuronal más complejo. En esta conexión es significativo que en el área motora del cerebro haya más espacio y más neuronas asignadas a los movimientos de la mano que a los de otras partes del cuerpo. Esto refleja los intrincados y complejos movimientos que la mano humana es capaz de realizar. Esta relación entre movimiento y pensamiento puede explicar  por qué se dice que las personas retardadas mentales realizan movimientos descoordinados y torpes. Puede explicarse por el hecho de que los niños que sufren daños cerebrales no pueden desarrollar la coordinación motriz ni las destrezas de una persona sana. Pero se ha demostrado con claridad que, aun cuando haya daño cerebral, cualquier mejora significativa que pueda producirse en la coordinación motriz mediante ejercicios mejora el pensamiento general del niño.  

La capacidad superior de pensamiento del hombre, comparada con la de otros animales, es también una función de su elevada conciencia. El hombre es más  consciente de sí mismo y más consciente de su medio que cualquier otro animal. Si bien la totalidad del fenómeno de la conciencia es aún un misterio, la elevada conciencia del hombre no puede ser un desarrollo aislado. Se corresponde con una elevada sexualidad, en el otro extremo del cuerpo.

El hombre tiene deseo sexual con más frecuencia, sensaciones sexuales más fuertes y una capacidad de respuesta sexual mayor que la de cualquier otro animal. Tiene, en otras palabras, más energía sexual, pero dado que no hay una energía sexual específica, la conclusión de esto es que tiene más energía tanto para su sexualidad como para su conciencia.

SUBJETIVIDAD Y OBJETIVIDAD

El pensamiento objetivo busca definir las relaciones causales  en términos de las acciones y no de los sentimientos, ya que las acciones son hechos públicos, visibles, mientras que los sentimientos son hechos privados e internos. Los sentimientos no pueden verificarse objetivamente y en consecuencia no tienen cabida en el pensamiento objetivo. La pregunta que surge es la siguiente: ¿Puede el pensamiento divorciarse completamente del sentimiento? De hecho, cuando se analiza su naturaleza, el pensamiento objetivo, es decir, el pensamiento no emocional, parece más contradictorio que el pensamiento emocional o pensamiento subjetivo. Si la mente está completamente divorciada del aspecto sensitivo del ser, se transforma en un ordenador que funciona sólo sobre la base de la información que se le suministra. Esto es pensamiento programado. En contadas situaciones, la mente humana puede funcionar de esta manera. 

El pensamiento de un estudiante mientras realiza un problema de geometría se asemeja a las operaciones de un ordenador. El estudiante intenta tener a mano toda la información que ha adquirido sobre la geometría para la solución del problema. Si esta información es inadecuada, no puede resolver el problema, ya que ni sus sentimientos ni su experiencia personal le pueden servir de ayuda.

Mientras una persona esté viva, su cuerpo enviará impulsos a su cerebro, informando de sus actividades a ese órgano y produciendo sensaciones, sentimientos y pensamientos. Aun en medio de nuestras reflexiones más  abstractas, nuestras mentes no están libres de la intrusión de consideraciones personales. Somos conscientes de que nos sentimos irritados, frustrados, excitados o relajados.

Estas intrusiones dificultan la tarea del pensamiento objetivo y con frecuencia se necesita un considerable esfuerzo de la voluntad para mantener la atención  concentrada en un problema personal. Las intrusiones son mínimas cuando el cuerpo se halla en un estado de placer y el problema plantea un desafío creativo. En estas condiciones, la mente tiene menos tendencia a divagar.Pero tales condiciones son poco frecuentes en una cultura o sistema educativo que niega el rol del placer en el proceso creativo.

Cuando el individuo tiene que luchar contra sentimientos dolorosos que invaden su conciencia, el pensamiento objetivo se convierte en una cuestión de autodisciplina. Los sentimientos dolorosos siempre producen mayores trastornos que los placenteros, ya que el dolor se interpreta como una señal de peligro. Para pensar  objetivamente cuando el cuerpo se halla en estado de dolor, o de falta de placer, se debe apaciguar el cuerpo para reducirla sensación de dolor. Este “apaciguamiento”  disociala mente del cuerpo y toma el pensamiento mecánico o computarizado. El pensamiento creativo, que depende del libre flujo de las ideas inconscientes, actúa sólo cuando el cuerpo está más vivo y libre de cargas. No podemos evadir la conclusión de que la calidad del pensamiento, y probablemente también su contenido, no puede estar completamente divorciada del tono emocional del cuerpo.

El pensamiento objetivo se dificulta aún más cuando una persona intenta ser objetiva con respecto a su propio comportamiento. Dado que el comportamiento está mayormente determinado por los sentimientos, una persona tiene que conocer sus sentimientos para evaluar su comportamiento objetivamente. Por ejemplo, si una persona no es consciente de su agresividad explicará su reacción negativa como reacción a la animadversión de los demás hacia ella. No ve sus acciones como las ven los demás y en consecuencia es incapaz de evaluar su rol cuando provoca una respuesta negativa. Sin conciencia de las propias emociones y motivos, no se puede ser completamente objetivo consigo mismo. El ojo del intelecto sólo puede evaluar la lógica del propio razonamiento sobre la base de
los sentimientos percibidos. Pero si una persona es consciente de sus sentimientos y puede expresarlos subjetivamente, puede verdaderamente asumir una posición objetiva. Puede decir, por ejemplo: “Siento que soy agresivo y comprendo por qué muchas personas reaccionan negativamente conmigo”. La verdadera objetividad exige una adecuada subjetividad.

Somos mucho más objetivos al considerar el comportamiento de otras personas que al pensar en el nuestro propio. Al asesorar a matrimonios he descubierto que cada cónyuge ve claramente los fallos del otro, pero ignora los propios. Un antiguo proverbio francés dice que las personas son como el cartero que lleva una alforja de correspondencia sobre sus hombros. En la bolsa de adelante están los fallos de los demás; la bolsa de atrás contiene sus propias debilidades. Esto implica que cada uno de nosotros está ciego a sus propios defectos. Literalmente no podemos vernos a nosotros mismos; sentimos sólo lo que sucede en nuestros cuerpos. Por esta razón, he convertido en una práctica personal no discutir con nadie que critique mi comportamiento. Noto que la crítica siempre tiene algún acierto.

Para ser verdaderamente objetivos, debemos reconocer y declarar nuestra propia actitud personal y sentimientos. Sin esta base subjetiva, el intento de ser objetivo es finalmente pseudoobjetividad. El término psicológico para pseudoobjetividad es racionalización. El mecanismo de la racionalización consiste en negar el sentimiento subjetivo que motiva un pensamiento o acción y en justificar la propia
actitud o comportamiento con un razonamiento causal. Cuando una persona dice: “Hice esto porque está atribuyendo la responsabilidad de su comportamiento a una
fuerza exterior. A veces esto puede ser válido, pero con más frecuencia es una excusa por un fracaso o error. Sólo rara vez estas justificaciones satisfacen a la otra persona. En lugar de dar razones, es mejor expresar los propios sentimientos y deseos. Will Durant observa que “la razón, como nos diría cualquier escolar, puede ser sólo la técnica para racionalizar el deseo”.

El pensamiento objetivo ofrece escasa ayuda en la multitud de problemas y conflictos que enfrentamos diariamente. Ninguna madre podría responderle a su hijo sobre la base del pensamiento objetivo. Si interpreta correctamente el llanto de su bebé será porque percibe la sensación que motiva el llanto y responde con sentimiento a la necesidad del bebé. La madre que intenta ser objetiva con sus hijos rechaza su función natural y efectivamente los abandona. Ya no es una madre sino una fuerza impersonal.
No podemos relacionarnos con otra persona objetivamente, ya que la relación objetiva reduce a las personas a objetos. El pensamiento nunca puede divorciarse del sentimiento. Dado que todo lo que hace una persona está determinado por su deseo de placer o su temor al dolor, ningún acto puede ser enteramente imparcial, ninguna acción puede carecer de interés personal. Todo pensamiento está relacionado con un sentimiento al cual aprobará, o bien se opondrá, según la estructura del carácter del individuo.

En un individuo sano el pensamiento y el sentimiento siguen líneas paralelas, reflejando la unidad de la personalidad. En el individuo neurótico, generalmente el pensamiento se opone al sentimiento, especialmente en aquellas áreas en las que hay conflictos. El estado esquizofrénico se caracteriza por la disociación del pensamiento y el sentimiento, lo cual es uno de los síntomas típicos de la
enfermedad.

Lo que resulta evidente en todo trabajo psiquiátrico es la impotencia del pensamiento puramente objetivo para resolver los problemas emocionales de un individuo. Tal pensamiento es en realidad una forma de resistencia al esfuerzo terapéutico, ya que mantiene el estado de disociación que subyace al trastorno emocional. Todos los procedimientos analíticos, desde el psicoanálisis hasta el
análisis bioenergético, apuntan a superar la pseudoobjetividad del paciente frente a sus sentimientos. Hasta que esto se logre, la comunicación entre paciente y  médico se mantiene como un ejercicio intelectual que no surte efecto en el comportamiento del paciente. El paciente más difícil de tratar es generalmente el que mantiene un distanciamiento intelectual con respecto al esfuerzo terapéutico.

Me pregunto por qué el pensamiento objetivo está tan bien visto y por qué se considera el pensamiento abstracto como el logro más elevado de la mente humana. El mayor énfasis en nuestro esfuerzo educativo está dirigido al desarrollo de esta capacidad. Pero aún mientras me hago estas preguntas, surgen razones para explicar esta actitud popular. El pensamiento objetivo, especialmente el
abstracto, es la materia prima del saber, y saber es poder. Las sociedades civilizadas son jerarquías de poder. La persona que tiene poder, o puede dar poder, ocupa una posición superior en tales sociedades. El poder del conocimiento es también una ventaja muy importante para la seguridad de una comunidad. Tiene escaso valor, sin embargo, en la determinación del bienestar emocional del  individuo.

El pensamiento creativo, en cambio, está profundamente arraigado en la actitud subjetiva. Todos los grandes pensamientos filosóficos contienen una fuerte
inclinación subjetiva, que se manifiesta al lector sensible. Esta orientación personal o subjetiva no sólo le añade sabor a los escritos filosóficos sino que transforma el trabajo intelectual en un documento humano. La literatura que carece de esta cualidad es árida y poco atrayente. Todas las demás formas de pensamiento creativo, sea en las ciencias, las artes, o la simple vida, comienzan con una base
subjetiva. La persona creativa no es incapaz de pensar en forma abstracta; muy por el contrario. Sin embargo, sus abstracciones surgen de sus sentimientos y los reflejan. La base subjetiva y el desarrollo abstracto del pensamiento creativo constituyen una unidad orgánica que no existe en el denominado pensamiento puramente objetivo.

Las personas no piensan en forma creativa porque su pensamiento subjetivo esté trastornado. Les han enseñado: 1) a considerar ese pensamiento como inferior; 2) a desconfiar de sus sentimientos y a justificar sus acciones con razones y 3) que el placer no es un objetivo suficiente en la vida. Debido a este trastorno, utilizan sus capacidades intelectuales para racionalizar su comportamiento o las desvían hada asuntos impersonales. Es común ver a un buen pensador abstracto que carece del denominado sentido común.

El pensamiento surge con el sentimiento y se desarrolla a partir de la necesidad de adaptar nuestras acciones a la realidad de nuestra situación. Termina con la sabiduría, que es la apreciación de la relación del hombre con el universo del cual forma parte. La esencia de la sabiduría, como lo señaló el gran Sócrates, es conocerse a sí mismo. La persona que no se conoce a sí misma no puede pensar por sí misma y no puede pensar en forma creativa.
 
 

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