La Experiencia del Placer, parte 3
Capítulo1(continuación)
La negación de la realidad interior es una forma de enfermedad mental. La diferencia entre imaginación e ilusión, entre simulación creativa y autoengaño, depende de la habilidad para permanecer fiel a la propia realidad interior, de saber lo que uno es y lo que siente. Es la misma diferencia que separa la diversión como placer de la denominada diversión como huida de la vida.
En mi imaginación, puedo verme como un gran científico, un intrépido explorador o un dotado artista. Pero creo que no me hago ilusiones en cuanto a estas imágenes mentales. Mi imaginación puede explorar las posibilidades de lograrlo; mis percepciones deben confirmar los hechos de mi existencia. Mis pensamientos pueden volar, mis pies deben permanecer sobre la tierra. Sólo si una persona está segura de su identidad y es consciente de la realidad de su cuerpo, la simulación es una diversión. Sin un adecuado sentido de la propia personalidad, la simulación de la fantasía se transforma en el delirio de la paranoia y eso no es diversión.
Una de las razones de la falta de placer en nuestras vidas es que intentamos divertimos con cosas serias, mientras que actuamos seriamente cuando deberíamos divertimos. Un juego de pelota o de cartas son actividades que generalmente no traen consecuencias serias; podrían jugarse por diversión, pero muchas personas toman estas actividades seriamente como si la vida o la muerte dependieran del resultado. El problema no está en que jueguen seriamente, porque también los niños lo hacen: es la seriedad con que consideran el resultado lo que disipa el placer. (¡Cuánto placer se pierde en un partido de golf, por ejemplo, debido a que el resultado no satisfizo las expectativas!)
Por otra parte, actividades realmente serias, tales como el sexo, el consumo de drogas y la conducción a alta velocidad, se practican a menudo como diversiones.
El énfasis que se pone actualmente en la diversión es una reacción ante el aspecto siniestro de la vida. Esto explica por qué Nueva York, que puede ser justificadamente descrita como una de las ciudades más siniestras, se ufana de ser la “Ciudad de la Diversión”. La búsqueda de diversiones se origina en la necesidad de huir de los problemas, conflictos y sentimientos que parecen insoportables y abrumadores. Es por eso que la diversión de los adultos está tan asociada al alcohol. Para muchos, la idea de la diversión es achisparse, embriagarse o huir de su opresiva sensación de vacío y aburrimiento a través de la droga.
Los jóvenes frecuentemente se escapan para dar riendasuelta a sus resentimientos frente a una realidad que ha reprimido su imaginación y limitado su placer. Cuando las aventuras son realmente inocentes, es decir, cuando no representan ningún peligro ni son destructivas, forman parte de la diversión de la adolescencia y sirven para atravesar el período que va de la niñez a la edad adulta. Sin embargo, cuando no es éste el caso, la aventura pierde su carácter de diversión y se convierte en un desesperado movimiento de huida de la realidad. La búsqueda de diversiones de los adultos socava su capacidad de sentir placer. El placer exige una actitud seria hacia la vida, un compromiso con la propia existencia
Sandor Rado señaló que “el placer es la cuerda que nos ata”. En mi opinión, esto significa que el placer nos ata a nuestros cuerpos, a la realidad, a nuestros amigos y a nuestro trabajo. Si una persona piensa que siente placer en su vida diaria, no deseará huir.
La moral de la diversión reemplaza a la moral puritana que rigió el comportamiento de muchos norteamericanos durante varios siglos. El puritanismo era un estricto credo que desaprobaba la frivolidad. Por ejemplo, el juego y el baile estaban prohibidos.
La vida no fue sencilla para los pilgrims*y sus descendientes. Su lucha por sobrevivir les dejaba poco tiempo para la diversión o la simulación. Sin embargo, sería un error pensar que la forma de vida puritana estaba desprovista de placer. Sus placeres eran simples, consistían en los buenos sentimientos que se tienen cuando la vida fluye suavemente y en armonía con el ambiente. El encanto tranquilo de un pueblo de Nueva Inglaterra, que aún hoy puede apreciarse, ofrece un claro testimonio de los placeres que conocían.
Las reacciones llegan a extremos. Hoy, la moral de la diversión está basada en la creencia de que “todo vale”. Según los partidarios de esta perspectiva, la persona que se aparta es un renegado o un traidor. No sólo empaña el entusiasmo de los demás sino que también coloca un manto de duda sobre su afirmación básica. Por otra parte, los puritanos miraban al amante de la diversión con la misma sospecha, pero como un seguidor del diablo. Este, se sostiene, posee toda la diversión y obviamente en nuestras vidas hay un lugar para el diablo y sus diabluras.
La verdadera diversión agrega mucho a la alegría de vivir. Pero si hemos de evitar convertimos en demonios, no debemos adoptar la moral de la diversión del “todo vale” como código de conducta.
Hemos visto que el placer es un ingrediente esencial de la diversión, pero que no todo lo que sucede por diversión es placentero. La felicidad está también relacionada con el placer. En la próxima sección exploraremos el significado de la felicidad y su relación con el placer.